Muchas gracias por haberme esperado. Lamento no haber continuado con este fanfic en su momento y haberlo pospuesto, pero aquí lo tenéis. Realmente os lo agradezco.

Eso si: los capítulos no serán muy largos.

Saludos a yami-chan, Estefania y fannyhikari :))

Disclaimer: Death Note no me pertenece, solo esta historia y los correspondientes OCs.

LIFE NOTE II- Guerra Santa

El autobus iba terriblemente lleno para ser un dia entre semana. Ni siquiera podía creer que una línea de segunda tan poco usada como aquella pudiera todavía recibir presupuesto, pero bueno, aquello era lo que lo salvó de ir a mendigar un coche por ahí.

Era mediados de octubre, realmente hacia mucho frío, y conforme ibas adentrándote en la plana y saliendo, por ende, de la montaña, veías como un mar de niebla se amontonaba en cualquier valle o desnivel del terreno. Nadie sabia que él iba allí.

-¿Dónde vas?- Preguntó Light cuando subió al autobús ligero de equipaje.- Llevas unos días sin abrir la boca.

-¿Acaso eso te preocupa? Deberías permanecer callado, no quiero que me tomen por loco solo respondiendo tus estúpidas preguntas.

El shinigami, contrario a su orgullo, obedeció. No tenía ni la más remota idea de lo que sucedía, normalmente Albert estaba de mal humor, pero jamás era tan estúpido como para hablarle a un Dios de la muerte de ese modo. O eso, o simplemente tenía la cabeza llena de pensamientos estúpidos sobre esa chica rubia a la que vió por última vez un tiempo atrás.

Laia habia citado a Albert para poder hablar con él. Sabia que lo ponía en peligro si también moría o le hacían algun daño, pero ese "tienes que hablar con él cueste lo que cueste" que se instaló en su cabeza no la dejaba descansar.

-¿Al fin has accedido a salir conmigo?- Fue lo primero que preguntó en su tono burlón y casi faltándola al respeto. Ella, sin embargo, ya estaba acostumbrada.- Es toda una sorpresa.

-No se trata de eso, idiota.- Las palabras de su cabeza se desvanecieron y solo tuvo ganas de asestarle un buen golpe.- Sólo queria hablar de algo, no sé... ultimamente no me contestas.- ¿Será que ha encontrado a alguien?, pensó la rubia.

El joven se quedó por un momento sorprendido, y una amplia sonrisa apareció en su rostro. Si ese era el caso, podían ir a dar una vuelta por allí a ver qué tal y comer algo de regreso. Aquel plan le gusto a la rubia y no hicieron otra cosa que hablar, hablar hasta el cansancio, y cuando Laia regresó a casa, se sintió bien consigo misma. Y Albert no demasiado. Sólo hablar nunca era suficiente.

-Esto es...- Light bajó detrás de Albert en aquella desértica parada. El autobús cerró las puertas y partió, siguiendo su recorrido asignado, y siendo él el único pasajero que se bajó en ese lugar. Y Light no pudo atar cabos hasta que recordó algo.- ¿Podría ser que fuera...?

-Silencio.- Realmente el rubio parecía estar de muy mal humor, se dijo. Miró a Ryuk, quién estaba divertido con aquello. Entonces se encogió de hombros y lo siguió hasta la recepción. Todo era gris. Había alambre por todas partes y varios reclusos lo miraban amenazantes. Sin embargo, él no tenia miedo.

-Soy Albert.- Dijo a secas a una mujer mayor y con un cuerpo robusto. Era mejor no enfadarla, al menos aquello era lo que estaba escrito en el aura que emanaba.- Vengo a ver a Amanda. Tengo cita para las cuatro.

-Aún faltan cinco minutos para las cuatro, mocoso.- Dijo cabreada.- Espera allí hasta que te avisen.

Obedeció serio, sin mostrar ninguna mueca de descontento por ese trato tan despectivo que acavaba de recibir. Él podía manejar ese tipo de situaciones.

Tuvo suerte de que apenas iba a sentarse en uno de los desgastados asientos de plástico alguien lo llamó desde una puerta metálica. El vigilante parecía tener una lista y, con el consentimiento de la recepcionista, lo llevo caminando hasta una sala dividida en dos por un cristal, donde los presos se sentaban en un lado y los visitante en el otro. Amanda lo vió con asombro, sin creerse lo que estaban viendo sus ojos. Una vez los dejaron solos, él empezó a hablar.

-Mi hermana fue quién mató a Rebecca.- Soltó sin más, paralizando a la pelinegra que estaba al otro lado del cristal.- Sé que nunca encontraron al culpable.

-...- No podía decir nada. Habia imaginado que si Albert se plantaba en ese lugar no era por mero gusto, pero jamás pudo pensar que se trataria de algo como aquello, que hace tanto tiempo se habia decidido a enterrar.- ¿P-Por qué tú...?

-Tu conoces lo que es una Death Note.- Comenzó a contarle.- La cual cosa me soluciona bastantes problemas.- Dió un suspiro e hizo memoria para recordar todo lo sucedido anteriormente.- Encontré una caja con cuadernos dónde narraba todo lo que Marina pensaba de sus víctimas. Uno de ellos contenía el nombre de tu hermana y lo leí.

-Y... ¿qué encontraste?

Albert tragó saliva.

...

El autobús de vuelta estaba a punto de llegar, y el rubio permanecía de pie apoyado en una señal vieja y oxidada dónde se indicaba que aquel lugar era la parada correspondiente. Cuando el vehiculo aparcó para que subiera, miró una última vez a la cárcel donde estaba Amanda. Ahora se sentía bien, y había calmado los nervios y las ganas de hablar de aquello con alguien que tanto lo atormentaban.

Aun así, el camino de regreso a casa se le hizo eterno. Tenía mucho sueño, sin duda alguna, y ganas de calmarse con lo que fuera. Necesitaba de algún modo hacer algo y no sabía el qué.

-Pareces estar muy ansioso.

-Solo quiero llegar a casa.- Respondió, apoyando su cabeza en el cristal. Había sido un día extraño incluso para él, quien ya era de ese modo por naturaleza. Habia resuelto varios asuntos que lo perturbaban y una vez terminó con ellos solo quería olvidarse de todo por unas horas.

Light lo despertó cuando llegaron al pueblo. Bajó apresuradamente y respiró hondo el aire frío que lo envolvía.

Comenzó a caminar lentamente hacia su casa, observando el lugar. No parecía que hubiera cambiado nada y, aunque sabia que nada pasaría en poco menos de doce horas, sintió un gran alivio.

-¿Dónde has estado?- Se encontró con la rubia japonesa cuando llegó a casa. Parecía que estuviera esperándola desde hacia un rato, y aquella incertidumbre que lo acosaba anteriormente se desvaneció, sintiendo enseguida lo que quería hacer para calmarse a sí mismo.- Pensé que ya no vendrías.

Albert sonrió algo lujurioso, haciéndole comprender a Misa qué era lo que buscaba. Pareció entenderlo al instante y, mientras el rubio giraba la llave apresuradamente para entrar en casa, ella se iba desvistiendo.

-Mañana los vecinos me mirarán mal...- Dijo con una media sonrisa. Ella hizo caso omiso y lo besó con pasión nada más escuchó como se cerraba la puerta.

Se dirigieron hacia el cuarto del joven mientras se deshacían de la ropa en el proceso, y terminaron besándose contra la estantería, sin molestarse en ir a la cama. Hubo un par de movimientos furtivos, al menos los suficientes como para que la rubia tuviera que aguantarse a duras penas gracias a los libros que Albert tenía, tirando algunos cuando los dedos de él hacían placenteras filigranas en su cuerpo.

-Lo siento.- Dijo entre beso y beso.

-No importa. Ahora me lo vas a pagar.- Sonrió contra sus labios, y ella hizo lo mismo, dejándose llevar. No tardaron ni cinco minutos en necesitar un preservativo urgentemente.