Vuelvo nuevamente aquí. Cala y Near aun no han aparecido pero tranquilos: en estos capítulos Albert requiere más atención porque es un personaje muy importante en esta segunda parte de Life Note.

Y, como olvidarlo, gracias por los reviews y por leer mi historia :))

Disclaimer: Death Note no me pertenece, solo esta historia y mis OC's.

LIFE NOTE II- Guerra Santa

Aquel día hacia mucho sol. Estaban a mediados de octubre y llevaban varios días malos, con tormentas y chubascos constantes, además de nevar en momentos puntuales. Por eso, cuando se percató de aquel cielo azul, sintió como si sus fuerzas se renovaran.

-Después de todo no somos lagartijas.- Su acompañante también se habia despertado y miraba por la ventana, pensando justamente igual que él. Sonrió cuando sintió sus brazos rodear su cuello.- Buenos días.

Misa Amane ya llevaba bastante tiempo en ese lugar y Albert se preguntaba si su carrera como modelo no se vería afectada por eso. El problema era que cuando se lo preguntaba, ella no queria responder y le provocaba palpando su entrepierna, una acción bastante efectiva, por cierto.

-Buenos días.

Miró a su alrededor. La noche anterior habían ido con muchas prisas y habian esparcido varios libros y libretas por el suelo. Su corazón se aceleró de repente cuando, entre todos esos cuadernos, se encontraba la Death Note. No destacaba, apenas era una triangulo negro el que se veía, pero no queria que Misa lo viera.

-¿Por qué no vas a darte una ducha?- Le propuso para alejarla de allí.- Mientras yo preparo el desayuno.

La rubia lo miró por un momento, asintiendo después y dirigiéndose al baño obediente. Albert esperó a que escuchara el grifo del agua para moverse de la cama y arreglar todo aquel desorden, especialmente escondiendo el cuaderno de la muerte entre varias libretas de cuando hacia bachillerato que, por algún motivo, aun conservaba. Luego cumplió con su palabra y fue a hacer el desayuno.

...

En otro lugar ligeramente lejos de allí, la típica rutina para Cala, Near, Matt y Mello no habia hecho nada más que empezar. Matt era bastante tranquilo por las mañanas: apenas se despertaba, comía algo y ya se enfrascaba en alguna aventura o carrera increible en cualquiera de sus videojuegos. Mello solía despotricar un poco antes de volver a la investigación junto a Near, quién se limitaba a darle un beso de buenos días mientras bebía su vaso de leche.

Cala no hacía nada del otro mundo: los observaba, estaba con Matt un rato y, cuando llegaba la hora, se iba a trabajar a la tienda, donde se encontraba con Laia y hablaban de lo que quiera que fuera, puesto que se entendían muy bien entre ellas. Aunque la castaña, en el momento que entró por la puerta ese día, no tenía ni idea de lo que le sucedía a su amiga.

-¿Estás bien?- Quiso saber. Laia levantó la cabeza y le sonrió.

-Claro. ¿Por qué no habría de estarlo?

Vistiéndose con la ropa adecuada, Cala se sentó a su lado tras revisar los pedidos que debería hacer aquel día.

-No lo sé, por eso pregunto. Ha sido entrar y verte muy rara.

-No me pasa nada.- Era mentira. Ambas lo sabían, pero la castaña prefirió dejarlo pasar. Ya se lo diría cuando fuera el momento adecuado, sin embargo, no sería cercano.- La jefa me ha dicho que hagas estos encargos mientras yo me ocupo de la tienda. Dice que tiene un compromiso y que no vendrá hasta la tarde.

-Si, compromiso...- Bromeó ella. Al ver que su amiga no se reía, cogió los papeles y salió a enfrentarse al frío, aunque también a bañarse en aquella luz del Sol que hacia días que no veía.- Creo que esto me va a tomar toda la mañana.

-Está bien, puedo encargarme yo de esto.

-Entonces, me marcho.- Y cumplió con su palabra; se fue. Laia la vió girar la esquina y se dejó caer en el mostrador agotada. Aquella noche habia dormido poco y mal, y ahora se tenía que enfrentar a toda una jornada de trabajo con todo el cansancio acumulado. No fue hasta pasadas dos horas que la visita de alguien llamó su atención.

Era japonesa. Tenía el cabello de un vivo rubio, no como el suyo, que parecía desgastado por el Sol y mal cuidado. El suyo no. El de esa chica era llamativo. Vestía ropas compradas en esa tienda, estaba convencida, puesto que ella misma la habia atendido.

-¿En qué puedo ayudarla?- Preguntó con su mejor sonrisa.

-¿Conoces a L?

Silencio...

Silencio...

-¿...Qué...?- Aquella japonesa habia preguntado por el vivin que vivía casi de gorra en su casa, que se presentaba cuando le daba la gana y comía cantidades anormales de azúcar. No era posible que lo conociera, puesto que por lo que sabía él realmente estaba muerto.- ¿Perdón?

-L. Un... chico.- Miró dubitativa a la dependienta. No podía haberse equibocado de ningún modo.- Cabello negro, algo despeinado y largo. Ojos negros, ojeras, come mucho azúcar y tiene la costumbre de morderse el dedo pulgar mientras piensa. ¡Ah! Y camina algo encorvado.

-E-estoo~... ¿De qué lo conoces?

-¡Ah! ¡Entonces no me he equibocado de persona!

-Perdona, pero es que no entiendo nada de lo que me estás diciendo.- Y eso que realmente aún no ha empezado a decirme nada.- ¿Podrías explicármelo?

La recién llegada la miró un momento y sonrió, mientras le pedía que llamara al vivin para poder informarle de ago sumamente importante. Antes hubiera estado muy feliz de saber aquello, pero sin duda alguna habia cambiado y su percepción del mundo también. Aunque ahora ella...

-Claro.- El hilo de sus pensamientos se cortó y sonrió al escuchar eso. Laia trató de llamarlo, y en poco rato el nombrado hizo acto de presencia. Misa lo observó de arriba a abajo. Habia pasado tanto tiempo... sin querer soltó una lágrima, pero se la secó al instante.

-Qué curioso encuentro.- Dijo L.

-Sabes dónde está Light, ¿verdad?- Observó como asentía.- Pues tengo algo por contarte que realmente os incumbe a todos aquí. Light ya no es un shinigami.

La sorpresa no tardó en llegar al rostro del pelinegro. Laia, quién no entendía nada, se sentó en una silla, con miedo a preguntar.

-En el primer caso Kira, Light fue quién me mató, usando una Death Note. Misa era la segunda Kira, y la única que terminó viva al final.

-Si, pero...

-Light se convirtió en un shinigami y yo en un vivin.- Cortó L a la japonesa. Laia abrió los ojos. El pelinegro habia contado eso para ella, sin siquiera preguntar nada o pedirlo. Qué detalle. Asintió seriamente con la cabeza mientras Misa retomaba su relato.

-Vine aquí con el propósito de encontrar a Light. Sabía que estaba en este lugar, puesto que tiene unos antecedentes peculiares, así que con la excusa de hacer una gira por este lugar conseguí instalarme durante un tiempo. Mis guardias hacen el papel de managers, pero eso ahora no es lo que realmente importa.- Misa movió las manos frenéticamente.- Encontré a Light.- Continuó calmadamente.- Cuando por casualidad conocí a un chico llamado Albert al salir de esta tienda.

-¿¡A Albert!?

Ella asintió.

-Me mantuve cercana a él cuando empecé a notar la presencia de shinigamis cerca, pero jamás imaginé que al final terminaria de esta forma.

-No nos interesa como terminara, si es posible que fueras al grano seria más provechoso para ambos.- L parecía ligeramente molesto.

-Si. El caso es que... Albert de repente... parece haberse vuelto distinto. Y... además de eso.- Parecía costarle decir lo que tenia en mente.- Él, con uno de los cinco deseos imposibles de su Death Note SS, ha asesinado a Light.

Silencio de nuevo.

-Pero, ¿no se habia convertido en un shinigami? ¿Como puede un Dios de la muerte morir?- Laia parecía ser la más confundida allí.

-Con uno de esos deseos, puedes matar o revivir. Sin condiciones. Nada.

-En ese caso, tendremos que hacer algo.

...

Ryuk observó petrificado, por primera vez en su larga y aburrida vida, como un shinigami se desvanecía en el aire. No podía creer lo que veían sus ojos, y de algún modo tenía miedo de averiguar qué diablos era aquello.

-¡Mal-maldito! ¡Albert!- Y sus gritos fueron borrados por la nada.

¿Qué diablos es esto? Ryuk decidió que lo mejor y lo más seguro sería regresar al mundo Shinigami por el momento. Seguro que el rey tendría alguna explicación para eso.

-Con esto... nadie... nadie.- Escuchó decir a Albert. Pero él se apresuró en irse de allí lo antes posible. No le gustaba como estaban yendo las cosas.