Señoras y señores, damas y caballeros, con todos ustedes... ¡El cuarto capítulo del fic! No puedo creer que esta vez esperase a tener todo escrito para empezar a publicar. Debo estar madurando. En fin, espero que os guste la vitalidad.

He notado que estos capítulos son más cortitos que los dos primeros, pero espero que los disfrutéis igual

Disclaimer: Audrey y Percy, así como el resto de personajes que puedan aparecer, son de J.K. Rowling.


Cuando Percy encontró a Audrey


Vitalidad

Si Percy tuviera que definir a Audrey diría que es un torbellino.

Audrey es divertida, curiosa, deportista y siempre está ansiosa por saber algo más sobre el mundo de los magos. Y, aunque a él le guste hablar abiertamente sobre la magia con ella, es consciente de que esto se ha convertido en un tema peligroso. Porque Audrey, con su sonrisa permanente y sus constantes ganas de aprender, puede ser tan cabezota como Percy. O puede que más.

―Te digo que no es posible.

Él frunce el ceño.

―Y yo a yo a ti te digo que lo es.

―No me lo creo. Necesito pruebas.

Percy bufa, desesperado. Supone que estas son las desventajas de salir con una estudiante de historia.

―Audrey, te lo he dicho mil veces. Isaac Newton era un mago.

―Me niego a creerlo. Te digo que no es posible que todos los grandes acontecimientos de la historia hayan sido perpetrados por magos. La física es una ciencia normal y, por tanto, Isaac Newton no podía ser mago ―mueve la cabeza, de un lado a otro, como si así impregnara sus palabras de mayor fuerza―. Esas ínfulas de superioridad que os gastáis los magos son las que hacen que tergiverséis la historia ―concluye.

A Percy no se le pasa por alto que Audrey ha vuelto a evitar usar la palabra muggle, pero prefiere no decir nada al respecto. En su lugar, murmura un simple "cabezota", deseando terminar de una vez con la decimoctava discusión sobre "quién ha hecho qué".

La joven se levanta del sofá y da un par de vueltas alrededor de la habitación, sumida en sus pensamientos, para, más tarde, encararse a su novio.

―En fin―suspira―. Supongo que, prepotentes o no, los magos me siguen cayendo bien. Sobre todo tú ―añade con una sonrisa pícara.

Percy sonríe porque sabe lo que ocurrirá a continuación. Ella se acercará a él y lo besará. Luego reirá, con esa alegría que él tanto admira, y se dispondrá a buscar otro acontecimiento o personaje histórico con el que poder rebatir su teoría. Porque ella es así: enérgica, vital. Incansable.

Y a él le encanta.


Y hasta aquí podéis leer. La vitalidad es difícil de plasmar y muy interpretable. En este caso, he querido hacer ese pequeño guiño a las ganas de aprender de Audrey y su cabezonería.