Disclaimer, personajes de J.K Rowling no mios por desgracia, historia basada en libros de Charlaine Harris

Buenas Noches, es el primer cap de la historia, espero les guste, aqui empieza la historia entre la pareja principal.


Capitulo 1

Por fin se había acabado la fiesta de Nochevieja. Ginny y luna me habían invitado a ir a pasar el ultimo día del año a un Bar muggle.

Hacia tiempo que no me la pasaba también con mis amigas, y más por que días atrás acaba de recibir mi paga del ministerio. Tenía un ahorro en la casa de más de 300 galeones porque quería tomarme unas bien merecidas vacaciones en el Caribe. El ruido y el caos de la fiesta, las constantes idas y venidas a la barra por bebidas para nosotras. Era un tremendo lio el poder pasar entre la gente sin que se te caiga nada. Todo aquello me había agotado. Al final estaba demasiado cansada para proteger mi mente y había captado muchos pensamientos.

El haber aprendido la Legeremancia y el que ya sea permanente para uno es muy difícil, y, sobre todo, no es nada divertido. Maldigo el día en que sucedió ese error de haber aprendido de mas le poder de la Legeremancia.

Esa noche había sido la peor de todas, ya que mucho de los que estaban en el Bar estaban desinhibidos y pensaban cada sandeces de cosas. Fue en ese momento que nos encontramos a Neville.

- Hola chicas como están?

- Neville que sorpresa- dijo la pelirroja- cuanto tiempo sin verte, que haces aquí en Londres muggle?

- Vine a visitar a unos tíos y mi primo es me invito, anda por alla- dijo señalando el lado derecho de él.

- Que bueno Neville, te sientas con nostras- invito Luna.

- O no puedo chicas tengo que estar con él, con eso de que yo no conozco, no deseo perderme. Cuídense nos hablamos.- antes de irse volvió a girarse para ver a Hermione.

S- upe que Ron se ha ido a Sudamérica, debes sentirte muy sola, verdad?

- ¿Estás tal vez ofreciéndote para ocupar su lugar, Neville?- todos en la mesa empezaron a reírse.

- Muy buena broma Herms, bueno nos vemos, hasta luego.- diciendo esto se giro y fue directo a su primo.

Estaba segura de quela mayoría de la población de Londres, no sabía que Ron y no nos habíamos separado hace tiempo. Ron no tenía la costumbre de chismorrear sobre su vida privada, y tampoco yo. Ginny y Luna estaba mínimamente enteradas de porque mi separación con Ron, si Ginny se enterara de que me dejo porque me puso el cuerno con Lavander, va lo busca y se lo corta – hipotéticamente claro- de modo que cualquiera que viniera a contarme que Ron se había ido del país, imaginando que yo no lo sabía aún –dejando de lado a Neville- lo hacía simplemente por malicia.

Hasta la reciente visita de Ron a mi casa, la última vez que lo había visto había sido para llevarle las cosas que tenia suyas en mi casa. Se lo había llevado al anochecer, para que no se quedaran en el porche toda la noche. Le había colocado todas sus cosas en una caja grande. Él había salido justo cuando yo arrancaba el coche para irme, y definitivamente no me detuve.

Una mujer mala hubiera tirado, quebrado, quemado o hasta conservado los discos de Ron, y de encargarme a la mañana siguiente cambiaria la chapa de mi casa y modificaría los hechizos.

Ginny me dice a menudo que soy demasiado buena para que me vaya bien, aunque yo le aseguro que no es cierto. Abatida me di cuenta de que era muy posible que en el transcurso de aquella agitada noche Ginny se enterara del engaño de Ron.

De todos modos, a ese frio cabrón de pacotilla no lo necesitabas para nada - me dijo Ginny dándome golpecitos en la espalda - ¿acaso el hizo algo por ti?

Asentí débilmente para darle a entender lo mucho que valoraba sus palabras de apoyo. Pero entonces nos dimos cuenta que nuestras bebidas habían desaparecido de nuestra mesa, asi que me dirigí a la barra para obtener otro tres "sexo en la playa" que tanto les encanto a Luna y Ginny. Una vez entregadas las bebidas, me formule la misma pregunta "¿Qué había hecho Ron por mi?".

Me había enseñado lo que era el sexo, y me encantó. Me había salvado la vida cuando el ataque en Hogwarts. Me hacia reír con tanta frecuencia que día a día me confirmaba mi amor por él. Al igual que yo le había salvado un par de veces su vida en la clases y al hacer sus deberes, asi que la deuda a sido saldada. Me había llamado "cariño" y cuando lo decía lo sentía de verdad, pero pensándolo bien fue también en el tiempo en que estuvo con esa hija de p… asi que la verdad ya no se en que creer de mi pasado con él.

- Nada – murmure, limpiando un poco de la bebida que me había caído en el escote de mi vestido. – en realidad, no ha hecho nada. – había tanto ruido que era imposible entender nada, lo que fue una suerte para mí.

Pero me alegraría cuando Ron regresara. Al fin y al cabo, fuimos novios por demasiado tiempo.

- ¿Que deseos tienen para el año nuevo, señoritas? Nos pregunto Ginny. Luna estaba observando a un chavo que estaba en la barra.

- Salud y encontrar al hombre adecuado- dijo con dramatismo Luna, llevándose las manos al corazón sin dejar de ver al hombre de la barra. Las tres no echamos a reír. Luna había encontrado dos hombres anterior, pero seguía en búsqueda de su Mago Azul. "Oí" a Luna pensando en Nott que podría ser el hombre ideal. Me quedé perpleja; ni siquiera me había dado cuenta de que lo mirase.

La sorpresa debió de quedar reflejada en mi rostro, pues luna me dijo con voz insegura y soñadora.

- ¿Crees que debería dejarlo ir?

- Claro que no – contesté enseguida, reprendiéndome por no aprender a controlar mis expresiones y las leídas de mente involuntariamente. Sería porque estaba muy cansada-. Será este año, seguro, Luna. – sonreí.- y tu Ginny cual es tu deseo de año nuevo.

- Yo siempre deseo que haya paz entre hombres y mujeres, y que pueda tener otro hijo con Harry.

- Caray – dijo Luna, su cabello rubio contrasto con el rojo fuego de Ginny. – otro hijo no te basta con los dos demonios que tienes en casa. Asi es que quieres otros, de plano estás loca Ginny ese cabello rojo de tu cabeza te afecta y veo que es de familia tener más de dos hijos jajá, - rio sinceramente, viendo como Ginny se ponía roja de la vergüenza.

- Y tu Herms que deseas para este año nuevo.-pregunto luna.

- Tengo todo lo que necesito- respondí- he decidido seguir tal y como soy. Trabajo de maravilla en el ministerio, estoy soltera y sin malas compañías, en pocas palabras alejarme completamente de los hombres.

Luna y Ginny se quedaron sorprendidas, no sabía que decir de sus expresiones. Asi que para suavizar las cosas las abrace a ambas.

Nos empezamos a encaminar a la salida del Bar para cada quien dirigirse a su casa, como yo era la que vivía en Londres muggle, yo tenía mi propio carro, me acompañaron a el auto, nos despedimos y en un abrir y cerrar de ojos desaparecieron. Yo abrí la puerta de mi mini Cooper inicie mi camino a casa.

En la avenida para ir a mi casa, que estaba a unos 5 kilómetros del bar en dirección al norte. La sensación de alivio al estar por fin sola era inmensa y empecé a relajarme mentalmente. Los faros delanteros del coche iluminaban los troncos de los árboles frondosos de las orillas del parque.

La noche era extremadamente oscura, fría y solitaria. En las carreteras locales, para rumbo a mi casa, no hay farolas. Tampoco había nadie, por supuesto. Aunque me repetía para misa dentro que vigilase y mantuviera mi varita a la mano por si se le ocurría cruzar la carretera algún ciervo o persona, conducía como si llevase puesto el piloto automático. Sólo pensaba en lavarme la cara, ponerme mi pijama más cálido y cómoda, que encontrara y meterme en la cama.

Los faros de mi mini Cooper alumbraron una cosa de color blanco.

Sofoque un grito y me desperté de repente de mi dulce ensueño de calor y silencio.

Un hombre corriendo: a las 3 de la mañana de 1 de enero, corriendo por la carretera local, como si se le fuera la vida en ello.

Aminoré la marcha, intentando pensar qué podía hacer. En realidad, yo no era más que una mujer sola, pero eso si con varita en mano. Y si a él le perseguía algo malo, era posible que también acabaran persiguiéndome a mí. Por otro lado, no podía dejar a nadie sufriendo si podía serle de ayuda. Antes de detenerme delante del hombre, me di cuenta de que era alto, rubio y que iba vestido solo con unos pequeños y verdes trusas. Puse el freno de mano y me incliné para bajar la ventanilla del lado del pasajero.

- ¿Puedo ayudarle en algo?- le dije. Me lanzó una mirada de pánico y siguió corriendo.

En aquel momento caí en la cuenta de quién era. Salte del coche y eche a correr tras él.

- ¡Malfoy! – grite -. ¡Soy yo!

Se volvió de repente, siseando, con los ojos completamente dilatados. Me paré tan bruscamente que casi me caigo y extendí los brazos en son de paz. Naturalmente, si Malfoy decidía atacarme, era mujer muerta. Eso me pasaba por jugar a la buena samaritana.

¿Por qué no me reconocía Malfoy? Lo conocía desde inicio de clases en Hogwarts, hace 16 años. Era uno de los Ex mortifagos perdonados por el ministerio por su participación contra la guerra. Una de las personas más importantes en todo Londres mágico. Tenía una de las empresas más grandes en cultivo de plantas extranjeras para elaboración de pócimas, llamada "CyssyPlants". Era uno de los empresarios con más auge. Además era atractivo, y capaz de besar como nadie – por lo que han dicho – pero no era eso lo más relevante en ese momento. Yo solo veía sus pupilas dilatas y los puños cerrados. Malfoy estaba completamente alerta, pero parecía tenerme tanto miedo como yo se lo tenía a él. No se lanzo a atacarme

- Mantente alejada, mujer – me avisó. Su voz sonaba como si tuviera la garganta herida, abrasada y en carne viva.

- ¿Qué haces aquí?

- ¿Quién eres tú?

- Sabes perfectamente bien quién soy yo, o no te bastaron 7 años para hacerme la vida imposible en el colegio, hurón. ¿Qué te pasa? ¿Qué haces aquí en el Londres Muggle?

- ¿Me conoces? ¿Quién soy?

Empecé a comprender. Al parecer no bromeaba, asi que le respondí con cautela.

- Claro que te conozco, Malfoy. A menos que tengas un gemelo idéntico, con buen carácter y que no odie a los Sangre sucia como te gusta llamar a los hijos de muggle. No lo tiene ¿verdad?

- No lo sé.- dejó caer los brazos, los puños se relajaron y sus ojos volvieron a la normalidad, lo que me hizo imaginar que nuestro encuentro se había relajado un poco.

- ¿No sabes si tienes un hermano? – la verdad es que no sabía que hacer.

- No. No lo sé. ¿Me llamo Malfoy?- bajo el resplandor de los fajos del coche daba auténtica lástima.

- Caray, -no se me ocurrió otra cosa que decir- tu nombre es Draco, Draco Lucius Malfoy. ¿Qué haces aquí?

- Tampoco lo sé.

Intuí que allí pasaba algo.

- ¿De verdad? ¿No recuerdas nada?- intente ir más allá de estar segura de que en cualquier momento me sonreiría, me lo explicaría todo y se echaría a reír se burlaría de mi diciéndome "no podía ser una mejor broma para una sangre sucia, jajá eres una ingenia ratita de biblioteca" y se me ocurrió que podía meterme en algún problema que acabaría conmigo…, recibiendo una buena paliza.

- De verdad- se acerco un paso más, y su pecho desnudo me hizo estremecer y sentir carne de gallina. Me di cuenta también (ahora que ya no estaba aterrorizada) de que parecía realmente desesperado. Era una expresión que no había visto nunca el rostro de Malfoy y que me provocaba una sensación de tristeza devastadora.

- Sabes que eres una de las personas más importantes en Londres Mágico y que eres Mago. ¿No?

- Lo intuyo- pareció sorprenderse de que se lo preguntara- y tu no lo eres.

- Si y no, yo solo soy trabajadora en el ministerio y si soy una muy buena bruja -ahí va la modestia andando-, pero principalmente necesito saber que no es una broma de muy mal gusto. Aunque a estas alturas ya podrías haberte burlado de mi. Pero créeme, aunque no lo recuerdes, podría decirte que somos enemigos por naturaleza, Malfoy.

- No es ninguna broma.

Me recordé que probablemente ciento o miles de personas habrían oído esas palabras antes de que Malfoy lo engañara o burlara de ellos. Pero la verdad no tiene la necesidad de engañar a la gente teniendo todo lo que le plazca, una familia como la suya, funcionaba mal anteriormente pero él se a encargado de volver a levantar su apellido honradamente.

- Entra en mi coche antes de que te congeles – le dije. Volvía a tener esa sensación de que de un momento a otro iba a succionarme, pero no sabía que otra cosa hacer.

- ¿De verdad te conozco?- pregunto, como si estuviera dudando si entrar en el coche con alguien tan formidable como una mujer veinticinco centímetros más bajita, con muchos kilos menos de peso.

- Si- respondí, incapaz de reprimir cierta impaciencia. No me sentía demasiado satisfecha conmigo misma porque aun tenía la sensación de que estaba engañándome por algún motivo o apuesta inescrutable. – Vamos, Malfoy. Estoy congelándome, y tú también. – no es que él como norma, perciba la temperatura extrema, pero se veía que incluso Malfoy tenía la piel de gallina.

Le cogí la mano; me permitió acercarme lo suficiente para poder hacerlo y percatarme que no era ninguna broma ya que él nunca me tocaría de ninguna forma. Me dejo que lo guiara hasta el coche y lo instalara en el asiento del acompañante. Le ofrecí que subiera la ventanilla mientras yo rodeaba el coche para entrar por mi lado, y después de un largo minuto de estudiar el mecanismo, lo consiguió.

Alargué el brazo hasta el asiento trasero para coger una manta vieja que tenía en el coche para el invierno y lo envolví en ella. No temblaba, pero no podía soportar tanta carne expuesta a la tentación femenina y menos con la temperatura que hacía. Puse la calefacción a tope.

La piel desnuda de Malfoy nunca me había hecho sentir frio' siempre que me topaba a Malfoy en el baño de prefectos medio desnudo había sentido de todo, menos eso-. Estaba demasiado aturdida y no pude evitar reír antes de censurar mis pensamientos

Él se quedó sorprendido y me miró de reojo.

- Eres la última persona que esperaba encontrarme.- le dije- ¿Venias a ver a Ron? Porque no sé si sabes que se fue y por un buen rato no podrás surtirle ingredientes.

- ¿Ron?

- Uno a los cuales le surtes ingredientes para el departamento de creación de pociones y mi antiguo novio.

Negó con la cabeza. Volvía a estar completamente aterrado.

- ¿No sabes cómo has llegado hasta aquí?

Volvió a negar con la cabeza.

Me esforcé en pensar; pero no fue más que eso, un esfuerzo, intentaba leerle la mente pero la tenia completamente en blanco y bloqueada no sabía a que se debía eso, o supongo que ha de ser porque estoy muy cansada. Aunque había tenido un subidón de adrenalina al divisar a una figura corriendo rápidamente. Llegue al desvío que conducía a mi casa y gire ala izquierda, serpenteé entre los bosques silenciosos y oscuros avanzando por el pulcro camino de acceso. Aun viviendo a las afueras de Londres en una bonita casa de campo, que fue herencia en vida de mis padres, para asi poder independizarme yo.

Y ahora me encuentro con que Malfoy mi enemigo #1 estaba allí sentado en el coche a mi lado, en lugar de seguir corriendo en plena noche como un conejo blanco gigante.

- Ya llegamos- le dije, aparcando en la parte trasera de mi casita de campo. Apague el motor. Por suerte no reinaba la oscuridad más absoluta porque por la tarde, al -salir de la casa, al salir de la casa para ir a trabajar, me había acordado de dejar las luces encendidas del exterior.

- ¿Vives aquí?- observo el claro donde se alzaba la casa, nervioso por tener que salir del coche para llegar hasta la puerta trasera.

- Si - conteste exasperada.

Me lanzó una mirada con aquellos ojos grises que tanto contrastaban con el blanco que los rodeaba.

- Venga, sal – dije, un poco cansada. Salí del coche y subí las escaleras del porche trasero, quite los hechizos de protección y entre encendiendo la luz de la cocina – puedes pasar- le ofrecí, para que cruzara el umbral. Corrió tras de mi, aun envuelto en la manta.

Malfoy daba verdadera lástima bajo la luz del techo de la cocina. No me había dado cuenta que tenía los pies ensangrentados.

- Oh, Malfoy- suspire apenada. Cogí una cacerola del armario y deje correr el agua caliente del fregadero. Se curaría muy rápido ya que era solo rasguños por corres descalzo por el bosque y la carretera. Subí rápidamente a la recamara de huéspedes para ver si tenía algo para prestarle. Encontré unos shorts que eran de mi padre y una camiseta algo vieja que utilizaba yo para dormir en el verano, baje rápidamente y se lo ofrecí – póntelo- le dije, consciente de que si le lavaba los pies después de que se los pusiera.

Sin el menor indicio de vergüenza, y sin dar ninguna pista de que se lo estuviese pasando en grande con aquello, Malfoy se quito los calzoncillos quedando ahora si completamente desnudo. Abrí demasiado los ojos que parecía que se me saldrían de las orbitas, para cuando reaccione vi que esta sonriendo pícaramente, me puse roja de la vergüenza y me voltee – cámbiate de una buena vez para curarte los pies – le dije, pero en ese instante los aventó y cayeron a un lado mío, pudiendo observar que eran de seda, por lo que intuí que él sería el típico chico que usaría calzoncillos de seda para estar cómodo

- Ya puedes voltear.

- Gracias, ¿Por qué hiciste eso?- le pregunte aun estando roja de la vergüenza.

- Porque sentí que era cómodo y me molestaban mucho, no sé cuando tiempo abre estado con ellos por el bosque.

Tiene lógica pero sin alardes, y sin comentarios doblo pulcramente la manta y la deposito en el sillón mas cercando. Mmm. Estaba convencida de que algo le pasaba, pues ninguna otra prueba podría habérmelo dejado claro. Malfoy tenía un cuerpazo de más de un metro noventa de pura magnificencia (si bien una magnificencia de mármol blanca) y él lo sabe.

Le señale una de las sillas de respaldo recto que había junto a la mesa de la cocina. Obediente, tiro de ella y tomo asiento. Me agaché para depositar la cacerola en el suelo y guié con cuidado sus pies hasta el agua. Malfoy gruño cuando el agua caliente entró en contacto con su piel. Cogí un trapo limpio de debajo del fregadero y jabón liquido y le lave los pies. Me tomé mi tiempo, pues mientras estuve pensando qué hacer a continuación.

- Estabas en la carretera a media noche – observo él, tanteándome.

- Volví a casa después de irme a un Bar con mis amigas para disfrutar del año nuevo.

- Las mujeres no deberían andar solas a estar horas de la noche- dijo con un tono de desaprobación- como bruja debe de haber otras manejas para llegar más rápido a casa sin la necesidad de andar sola.

- Claro que la hay, pero como fue en el Londres Muggle, y es mi ambiente, prefiero pasar el mayor tiempo posible asi. – le dile- pero si tiene razón.

- Las mujeres son más propensas que los hombres a verse sorprendidas por cualquier tipo de ataque, de modo que deberían andar más protegidas, o aparecerse como lo dices tú.

- Si tienes razón, pero no necesito clases de cómo se comporta un hombre al ver a una mujer sola en la noche, lo sé perfectamente bien.

- A ok muy bien ya lo entendí, discúlpame en verdad, no quise molestarte.

- No te apures, lo entiendo en verdad, gracias por preocuparte.- le dije dándole una sonrisa muy sincera. Una de sus heridas no tenia buena pinta, , puse más agua caliente en el recipiente para calentar el resto. Después intente quitar toda la suciedad más que pude. Hizo una mueca cuando pasé con delicadeza el trapito por los bordes de la herido. Lo cortes más pequeños y lo moretones no estaban tan mal como el otro. Oí el calentador a mis espaldas, un sonido familiar que sirvió para tranquilizarme.

- ¿Y vives sola?- me pregunto aun viendo sus pies.

- Por el amor de Morgana, Malfoy, ya te lo había dicho, pero bueno no importa. Ahora lo más primordial será hablarle a Parkinson.

- ¿Parkinson?

Era como estar con un niño de dos años especialmente pesado.

- Pansy Parkinson, tu segunda de abordo, tu mano derecha, tu mejor amiga y no quiero saber que más podría ser ella de ti.

Estaba a punto de formular otra pregunta, lo noté. Levante la mano antes de que lo hiciera.

- Espera un momento, primero tenemos que hablarle a Parkinson y averigüe que sucede.

- ¿Y si se ha vuelto contra mí?

- En ese caso, también deberíamos saberlo. Cuanto antes, mejor.

Agarre un pedazo de pergamino y le escribí a Parkinson

"Hola Parkinson, solo me entro la curiosidad a altas horas de la madrugada. Quería saber si de ¿casualidad si todavía tenias Jefe?",

H. Granger

Le mande hablar a Luca (mi nueva lechuza Negra que me regalo Luna en mi cumpleaños) se la amarre en la pata y le dije hacia donde debía dirigirse – Mansión Parkinson o con la Srta. Parkinson- dicho esto la lechuza se perdió entre la oscuridad.

- ¿Mansión Parkinson? – dijo una voz masculina con acento marcado.

En un par de minutos mas tarde recibí la respuesta de Parkinson:

Nunca en mi vida me hubiera imaginado una carta en medio de la madrugada, y mucho menos tuya Granger. Respondiendo a tu pregunta, si todavía lo sigo teniendo pero… estamos en su búsqueda.

¿Que acaso lo tiene secuestrado tu? ¿Que hechizo usaste para poder atraparlo, o eres tan idiota para dormirlo y llevártelo?

P.P.

Apreté con tanta fuerza el pergamino, por el coraje de la incredulidad de esa estúpida mujer, pero enojarse en estos momento no servía ya que tenia a mi peor enemigo en mi casa, con pérdida de memoria y usando ropa de mi padre. Cogí otro pedazo de pergamino y le respondí:

Ni te imaginarias lo que encontré en medio de la calle, alrededor de una hora, caminando campantemente en canzolcillos verde esmeralda, muy Slytherin. (y que la verdad no estaba nada mal). Pero respondiendo a tus preguntas.

Primera secuestrado no está, tengo muy por seguro, ya que somos enemigos por naturaleza, pero no es para secuestrarlo.

Segundo, hechizo no utilice solo le pedí amablemente que subiera al auto antes de que se convirtiera en palera de vainilla con un pedazo de kiwi en la parte baja en medio de la carretera.

Volviendo al punto central, si está en mi casa, porque me lo encontré en la carretera de Londres Muggle caminando desnudo y con lo mas inusual del mundo, SIN memoria. Asi que si quieres puedes venir cuando quieras por él. Porque no sé cómo atenderlo a sus necesidades de riquezas.

H.G

Le ate a la lechuza de nuevo el pergamino y le pedí que fuera a donde mismo.

- ¿Que ha pasado?- pregunto

- Nada importante por el momento

- Gracias.

Me provoco un estremecimiento tan diferente a que él me diera las gracias, sentí tan diferente a cuando otros me las daban en mis 26 años de vida.

La lechuza entro rápidamente Luca y se poso delicadamente en el reposabrazos de una de las sillas de la cocina. Retire el pergamino y empecé a leer:

Malditos Brujos de Mierda, estúpidos mortifagos reprimidos. Mantenlo escondido, se que fueron ellos quienes provocaron todo esto. Te resumiré la situación.

Draco había estado recibiendo vociferadores con amenazas de que le harían daño de la peor manera, sin necesidad de torturarlo, que tuviera cuidado porque estaban cerca.

Y Puf! Hay esta la amenaza se ah hecho realidad.

Mantenlo en tu casa, estoy fuera de Londres, pero al momento de llegar te avisare para poder aparecerme en tu casa.

Granger será la primera y última vez que confió en ti. Cuídalo.

P.P

Maldita sea, ahora tendré que ser niñera de este niñote. Pero bueno que tanto podrían ser dos días como máximo. Me gire para ver a Malfoy y me percate que se había parado para ir hacia la sala. Me acerque a él y le dije:

- Muy bien Malfoy este será el Pacto te quedaras aquí hasta nuevo aviso de Parkinson, que vendrá a recogerte y podrás irte a tu lujosa mansión. Y ella te contara que es lo que ah ocurrido.

- ¿No dejaras que entre nadie?- pregunto. Me di cuenta de que no estaba tan retraído como antes, lo cual era un alivio.

- Malfoy, hare todo lo posible para que estés seguro.- dije, muy amablemente. Me frote la cara con las manos. Tenía la sensación de que iba a quedarme dormida de pie-. Ven le ofrecí, cogiéndolo de la mano. Sin soltar la manta que le había dado anteriormente, me siguió por el vestíbulo, un gigante blanco muy bien parecido y musculoso caminando tomado de mi mano.

Mi vieja casa se había ido ampliando con los años, pero nunca había pasado de ser una humilde casa de campo. Con el cambio de siglo se edificó un piso más, con dos dormitorios pero últimamente subo allí. Mantengo la planta cerrada para mantener más caliente la casa. Abajo hay dos dormitorios, el más pequeño, que utilizaba mientras veníamos de fin de semana mis papas y yo, pero ahora uso el grande, y cada vez que vienen mis padres me voy al chico. Acompañe a Draco al dormitorio más chico, me percate de que todo estuviera en su lugar, pude ver que había varias cosas de Ron todavía y me crearon nostalgia.

Tuve que alejar mis pensamientos sobre Ron. Tuve que explicarle a mi invitado forzoso el funcionamiento de la habitación y que mañana le enseñaría el funcionamiento del resto de la casa.

- ¿Tengo que dormirme ahora?- pregunto.

Draco pidiéndome algo: el mundo se había vuelto del revés.

- No – le dije, intentando fingir que me importaba cuando en realidad sólo podía pensar en meterme en la cama.- no tiene por qué. Puedes dormir a la hora que gustes.

- ¿Puedo quedarme contigo en tu habitación?- me dijo tan inocentemente.

Oh, Morgana, con esa mirada de cachorrito. Y eso que era una de las personas con mejor porte que había conocido con metro noventa. Aquello era demasiado. No me quedaban energías para reír, de modo que me limité a una sonrisita triste.

- Ven- le dije, con una voz tan apática como mis piernas. Apague la luz de la habitación pequeña, crucé el vestíbulo y encendí la luz de mi dormitorio, amarillo y blanco, limpio y calientito. Desplegué la colcha, la manta y la sabana. Mientras Draco se sentaba con aire melancólico en una sillita baja al otro lado de la cama, me quite los zapatos y los calcetines, saque un camisón de un cajón y case al baño. Salí en diez minutos con la cara y los dientes limpios y envueltos en un camisón de franela muy viejo y muy suave de color beige con florecitas azules. Tenía las cintas deshilachadas y los volantes del bajo en un estado un poco penoso, pero me seguía sirviendo. Cuando hube apagado las luces recordé que llevaba el cabello recogido en una cola de cabello, de modo que me quité la goma que lo sujetaba y sacudí mis rebeldes chinos para dejarlo suelto y cómodo. Noté que incluso se me relajaba el cuero cabelludo y suspire de puro placer.

Cuando me encaramé a mi vieja cama, aquella especie de mosca que llevaba pegada a mí hizo lo mismo. ¿Le habría dicho que ´podía acostarse en la cama a mi lado? Bien, decidí, acurrucándome bajo las suaves sábanas, la manta y el edredón, si a Draco le apetecía… Yo estaba demasiado cansada como para ponerme a discutir.

- ¿Mujer?

- ¿Hmmm?

- ¿Cómo te llamas?

- Hermione, Hermione Granger

- Gracias, Hermione.

- De nada Draco

Viéndolo tan perdido- el Draco que yo conocía nunca habría hecho otra cosa que asumir que todo el mundo estaba a su servicio-, palpé bajo las sabanas en busca de su mano. Cuando la encontré, posé mi mano sobre ella. La palma de su mano recibió la mía y sus dedos se entrelazaron con los míos.

Y aunque nunca habría creído posible quedarme dormida cogida de la mano del hombre mas importante en el mundo mágico, y eso fue exactamente lo que hice.


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