Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, Shiori Teshirogi y Toei Animation.
Las cosas no habían salido como esperaban que salieran. Aioria diría que eso fue por no invitar a Mū, como había sugerido, Milo diría que fue porque Shaka no estaba dónde se suponía que debía estar, y el rubio diría que fue porque no le avisaron que lo buscarían.
Ambos amigos iniciaron su viaje con éxito; compraron sus boletos, mintieron con maestría, Aioria incluso se tomó su tiempo para desayunar con su madre y fingir que ya estaba algo enfermo, asegurándole a la mujer que no tenía nada de qué preocuparse. Ėl quería volver a acercarse a ella, y una de las formas de hacerlo era que Sasha confiara en su palabra y no interviniera a menos que fuera sumamente necesario, y un simple resfriado no era algo para preocuparse.
Todo el grupo había arreglado sus papeles y pasaportes después de que Shaka se fuera, todos esperando algún día ser invitados a una de las impresionantes residencias Jenkins del Reino Unido, o de Asia, o de América… o de cualquier otro lugar dónde tuvieran algún terrenito.
Ambos subieron al avión sin problemas, expectantes, nerviosos. Era la primera vez que Aioria se subía a un avión y apenas estuvieron lejos de la seguridad de la tierra supo que el vuelo no era lo suyo; Milo por su parte sólo se rió de él y revisó sus mensajes cuando pudo para asegurarse de que todo estuviera en orden.
Fue un vuelo corto que ambos aprovecharon para dormir, o intentar en el caso de Aioria porque las minúsculas turbulencias le dieron la impresión de que en cualquier momento el avión explotaría como en cualquier película hollywoodense.
—No es divertido Milo, ese avión se movía de un lado al otro, el piloto no sabe volar, voy a meter una queja con derechos humanos por atentar contra mi vida.
—Querrás decir con derechos gatunos, ahora sé que los gatos no vuelan, ¿quién diría que la canción me mintió?
Aioria evitó un resoplido, desde que su pleito con el gato de su madre se había propagado, Milo se había burlado de él señalandolo como un miembro más de esa terrible especie, sólo un gato podía pelear con otro gato.
La nula experiencia turista de Aioria y los únicos viajes de Milo a Francia y de vuelta provocaron que pronto olvidaran su pelea. Era la primera vez que estaban en ese lugar, era la primera vez que hacían un viaje de esa naturaleza, ellos solos, sin decirle a nadie. La emoción recorrió cada fibra de su ser, el sueño desapareció y la expectativa los tenía algo ansiosos; Aioria se sintió levemente nervioso cuando algunas personas del aeropuerto se dirigieron a él en inglés, nunca había sido bueno con el idioma, pero Milo supo manejar la situación en los momentos indicados.
Después de llegar el peliazul de inmediato llamó a Hysminai, querían sorprender a su amigo y sabían que la pelinegra no le diría nada porque teóricamente no trabajaba para él.
—Milo, sabía que algún día caerías, pero, ¿no crees que es demasiado tarde para declararme tu adoración? ¿No puedes esperar seis horas más? Mi magnificencia no cambiará nada.
Hysminai extrañaba Atenas, pero también disfrutaba la vida en Londres, o Inglaterra, a veces pasaban algunos días fuera de la capital, donde ella tenía que cubrir a su jefe de todas las trampas que su familia intentaba hacerle, ya había olvidado todas las veces que intentaron cambiar su rojo cabello o se deshicieron de sus elegantes trajes hechos a la medida por un sastre profesional que sólo trabajaba para ellos. Era feliz cuando regresaban a su ciudad natal, aún más cuando veía a uno de sus connacionales y aún muchos cuando ese era un conocido en el extranjero; pero felicidad no fue exactamente lo que sintió cuando Milo la llamó para decirle que estaba en la ciudad, con Aioria, buscando a su rubio amigo.
Ella les aseguró que les enviaría un auto para que pudieran moverse y media hora después el dúo estuvo sobre un Rolls-Royce Phantom rumbo a Tite Street, la calle más cara en toda la isla.
—Creí que Londres se vería más animado —murmuró Aioria, después de haber jugado con todos los botones se había pegado a su ventana para ver la ciudad.
—Son las tres de la mañana, en un par de horas veremos la ciudad más movida, le diremos a Shaka que nos dé un tour.
Ambos en realidad no vieron mucho una vez que llegaron a su destino, ni siquiera de la casa a la que llegaron puesto que Hysminai los esperó en la entrada, enfundada en una bata que dejaba ver sus largas piernas, para mostrarles su habitación.
—No pude arreglar dos habitaciones, tendrán que compartir, a menos que uno quiera irse conmigo, o los dos…
—Buenas noches Hysminai, disculpa las molestias, nos veremos en tres horas.
Aioria no estaba acostumbrado a escuchar proposiciones de esa naturaleza, y, en el momento, no sentía que estuviera preparado para un coqueteo descarado; todo lo que quería era ver a su amigo y pasar un rato entre las calles londinenses, cómprale algo a su familia, aunque ellos nunca supieran de dónde provenían esos obsequios.
Estaban algo cansados, el vuelo, el desvelo, la adrenalina proveniente de la emoción, todo se juntó y desvaneció apenas se acostaron en la cama matrimonial.
—Este es el colchon más suave en el que alguna vez me he acostado —murmuró el castaño—. Siento que estoy en una nube.
—Nunca volveré a dormir igual en algún otro lugar, este es el cielo —concordó Milo, quien con su última energía programó su alarma.
No tenían más ropa que la que llevaban puesta, y cayeron dormidos de inmediato, sin más planes o preocupaciones por esa mañana. No sólo el cansancio de ese día, sino de toda su vida desapareció en las doce horas que estuvieron tumbados en esa cama.
Doce horas completas, ni siquiera el despertador pudo levantarlos; sólo se despertaron porque el estómago de Milo comenzó a exigir su ración diaria de alimento y Aioria estaba siendo ahorcado por el cabello suelto y salvaje de Milo.
—Mira como dejaste mi cabello, tendré que pedirle a Shaka algo de su acondicionador… al fin sabré qué rayos se pone para tener ese cabello de princesa.
—Es natural, la leyenda dice que el tatara, tatara, tatara, tatara, tatara… ¿Tatara? John IX hizo un trato con el mismo demonio a cambio de cabello fabuloso.
Milo y Aioria intercambiaron una mirada antes de bajar corriendo las escaleras; habían reconocido la voz casi de inmediato. Sentado en la mesa, con una taza de té frente a él y una enorme carpeta, Shijima los miró con una ceja levantada. La ventana estaba detrás de él y la luz del Sol vespertino se filtraba de forma que parecía más temprano, además de que el pelirrojo tenía una taza y un plato de galletas, dando la ilusión de que estaba desayunando, no en el postre después del almuerzo.
—¡Shijima! —expresaron ambos, a punto de lanzarse para saludar al mayor.
Se detuvieron justo antes de llegar a la mesa, ambos percatándose del contexto que rodeaba al hombre que conocían desde hacía varios años. Shijima usaba una impecable camisa con corbata, incluso traía tirantes, estaba perfectamente sentado en un comedor amplio, elegante, la porcelana de la taza y la tetera de veía fina, en un esquina había dos sirvientas esperando órdenes. Era un contexto diferente, refinado; ambos se sintieron como extraños con sus pantalones de mezclilla, junto con la chaqueta de Milo de la misma tela y la sudadera de Aioria que casualmente tenía impresa la imagen de un gato.
El castaño lentamente comenzó a agacharse, recordando que Shaka le había mencionado alguna vez que su familia tenía títulos nobiliarios. Él no sabía mucho de eso, pero había visto suficientes películas como para saber que debía inclinarse ante la realeza.
Milo lo detuvo antes de que llegara al suelo, no creyendo que eso fuera necesario.
—Señor Galanis, señor Lampropoulos —murmuró Shijima antes de darle un sorbo a su taza de té—. Un placer volver a verlos, ¿cómo estuvo su viaje?
—Bien, gracias —murmuró Milo—. También es un gusto verte, lamentamos haber entrado en tu casa sin tu autorización…
—¡Fue idea de Milton! ¡No nos mandes a la horca!
—Mi familia no ha mandado a nadie a la horca desde el siglo XV… creo que teóricamente todavía puedo hacerlo, hasta podría ser divertido verlo.
—Eso es algo que Aiacos diría —murmuraron ambos, obteniendo una sonrisa del pelirrojo.
Suponiendo que era temprano, ambos pideron un desayuno típico inglés, para entrar en ambiente, y se sentaron a hablar con Shijima, tranquilos. En su desayuno-almuerzo descubrieron que Shaka había partido, seis horas antes, a Estados Unidos, justo despues de preguntarle al pelirrojo por su amigo.
—Se parece a su señoría, demasiado en realidad, crea la falsa ilusión de que negocian con él y nada se le niega a su señoría.
—Creí que había venido contigo para cuidarte de no hacer ninguna tontería —señaló Milo—, no para que lo enviaras a hacer negocios, él no sabe negociar.
—Solo va a cerrar el trato, además, no necesito niñera.
Milo y Aioria intercambiaron una mirada, ninguno dando señales de creer esa declaración, irritando levemente al mayor, que entrecerró los ojos ante la afrenta de los amigos.
—¿A qué debo el horror de su visita? —preguntó, cerrando sus carpetas de un manotazo, estaba enfundado en su traje de hombre de negocios y heredero millonario, en ese sentido no toleraría malas palabras sobre él.
—A Aioria lo dejaron, así que vinimos a embriagarnos para superarlo.
—¡Milton! ¡Acordamos que no diríamos eso!
—Bien, el gato extrañaba a Shaka asi que vinimos a verlo para emborracharnos.
—¿Por qué no se emborracharon en Atenas con su pandilla?
—Queremos la experiencia V.I.P.
Ese fue el segundo momento donde las cosas se torcieron. Aioria diría que fue culpa de Milo por olvidar que sus teléfonos se habían quedado sin batería durante el vuelo, Milo no diría nada excepto que lamentaba no recordar mucho de esa noche, que él pensó, probablemente porque su cerebro nunca terminó de despertar después de relajante noche, era mañana.
Ese fue el inicio de su aventura, una que duró más de dos días.
Comentarios:
¡Gracias por leer!
Antes que nada, dos datos importantes:
*Rolls-Royce Phantom. Esta limusina es la reina de todas las limusinas, como debe ser al tratarse del Rolls-Royce. La marca Klassen, conocida por alargar vehículos de lujo para convertirlos en limusinas, es la responsable de semejante creación. Este Rolls-Royce mide siete metros de largo, poco más de cuatro de ancho, blindaje antibalas, sistema de sonido, centro multimedia y control a través de un iPhone.
*Tite Street. Tite Street se encuentra al norte del rio Támesis, en Chelsea, que está el distrito real de Chelsea y Kensington. El año pasado y antepasado fue una de las calles más caras para vivir en Londres; como dato curioso, Oscar Wilde vivió en esa calle.
Faltan tres capítulos más (si mi memora no me falla).
De nuevo, y como siempre, gracias por leer!
