Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, Shiori Teshirogi y Toel Animation.
Shaka se removió entre las cobijas que lo cubrían, intentó estar bien tapado para no sentir frío y poder volver a dormir, pero después de un par de minutos con los ojos cerrados supo que el sueño se había escurrido entre sus manos. Abrió los ojos con pesar y soltó un tenue gruñido, no quería estar despierto, no todavía. Puesto que era un invitado, se tomó su tiempo para levantarse por completo, al salir de su habitación se saltó la sala de meditación y caminó a las afueras del templo, donde uno de los monjes más jóvenes parecía también haberse saltado la meditación matutina.
Pronto se encontró con su viejo amigo de camino al pueblo en su vieja camioneta, en búsqueda de suministros para ese mes. Aunque el pueblo está relativamente cerca, los monjes viajaban pocas veces a él, así que Shaka en realidad estaba teniendo un día de suerte.
—¿Tuviste un buena noche? —preguntó el monje sin retirar la mirada del camino— te ves cansado.
Shaka miró de reojo a Dharma; él había sido su primer amigo, el niño con el que jugó serpientes y escaleras hasta que ambos tomaron caminos separados; a pesar del tiempo y distancia, habían mantenido correspondencia y en los pocos viajes que Shaka tuvo a la India para ver a su padre siempre se pasó por el templo para ver a su amigo y ser reprimido por su antiguo maestro por alejarse tanto del camino al nirvana.
—Es el jet lag —justificó, o mintió en realidad.
Shaka llevaba días, o tal vez meses sin poder dormir bien, comer o concentrarse.
Shaka llevaba días, o tal vez meses pensando en Dysnomia.
Despertaba sin recordar su sueño, pero con la certeza de que ella había estado en él; apenas abría los ojos para recibir al nuevo día, el primer pensamiento que lo asaltaba era ella; mientras revisaba los libros de la biblioteca en la casa familiar, esquivaba los intentos de asesinato capilar o Shijima le modelaba su nuevo traje, ella llegaba a su mente, atravesando el firmamento de sus pensamientos, fugaz y a la vez recurrente. Pensaba en ella todo el tiempo, a veces sin que se diera cuenta de que lo hacía.
No recordaba una palabra, momento o acción específica, sólo pensaba en ella; y cuando lo hacía sentía confusión y algo de temor, sentía paz y un cosquilleo en el pecho que le quitaba la respiración. Pero cuando profundizaba, cuando pensaba en su oscuro cabello, en los aretes que cambiaba cada semana, en sus labios pintados de negro, sus manos pequeñas y algo rasposas, sus abrazos suaves, o su aroma a miel, su mente parecía amar atravesarlo en el pecho al mostrarle la imagen de ella besando a Mū. Una y otra vez, diciéndole que no añonara algo que ya no tenía.
Para distraerse por ese día, acompañó a Dharma por casi todo el pueblo, llamando la atención de pobladores y visitantes; y mientras caminaban Shaka tuvo uno de esos episodios memoristicos, un momento donde todo su ser temblaba. Tratando de ignorarlo, intentó concentrarse en otras cosas, el cielo despejado, los niños caminando a su alrededor, Dharma bromeando con un par de señores, el cabello de Milo…
Shaka se detuvo. Regresó dos pasos y miró a su derecha. Una pequeña casa estaba frente a él, y en la puerta de entrada, justo bajo el marco, había una cabellera que el rubio conocía bien.
—¿Milo? —interrogó en voz alta, llamando la atención del aludido.
Milo no pudo responder, Aioria rápidamente lo hizo a un lado y gritó el nombre de su rubio amigo antes de correr para abrazarlo. El dúo acababa de llegar y justo en ese momento Agora los estaba presentando con el hombre que los llevaría al templo; ninguno esperaba que su larga y alcohólica travesía terminara ahí, con Shaka justo a sus espaldas.
—¡Benditos los ojos que te ven! —expresó Milo, en lo que Aioria le daba un par de palmadas en la espalda.
—¡Oye! Fuiste a ver a Milo y no a mí, creí que yo ocupaba un lugar especial en tu corazón.
—Ni siquiera Shijima lo ocupa.
—Cruel.
Shaka intentó rodar los ojos, pero terminó por sonreír mientras correspondía el abrazo al que ahora también se sumó Milo.
El dúo había hecho un largo viaje hasta ese lugar. Habían visto lugares que nunca pensaron ver e hicieron cosas que no pensaron hacer, cómo usar turbantes o comer comida vegetariana por iniciativa. Si bien estaban algo agotados, cuando llegaron al poblado intentaron no verse muy ansiosos por ver a su amigo, olvidando por completo su larga travesía y su agotamiento.
—¿Qué están haciendo aquí? —cuestionó Shaka.
—Queríamos verte —respondió Aioria.
—Para eso existen las videollamadas.
—En persona.
—Pudieron decirme y yo habría ido a Grecia, aprovecharía para ver a mi papá y a June…
—Pero no te tendríamos para nosotros…
—Dejaron al gato y creímos que estar los tres juntos sería lo que Aioria necesitaba para reponerse —interrumpió Milo, pasando un brazo por los hombros de Aioria y Shaka—. Cómo en los viejos tiempos, ya sabes.
—¿Te refieres literalmente a hace un año… o dos?
—Exacto, los viejos tiempos, ya pasó mucho tiempo desde que estuvimos juntos.
—Sí, nosotros tres… —murmuró Aioria, entrecerrando los ojos de inmediato— Shaka, ¿quién es ese sujeto?
Milo y Shaka temieron que Aioria tomara una actitud retadora con Dharma, pero apenas el monje y el griego intercambiaron palabras fue evidente que congeniaron bastante bien, tanto que en el viaje de vuelta al templo el castaño prefirió irse al frente para continuar charlando con Dharma.
—Hablando en serio, Milo, ¿qué están haciendo aquí?
—Hablando en serio, queríamos verte así que no seas mal agradecido y mínimo danos un tour.
Después de llegar al templo, presentarse con algunos de los monjes, disculparse por su abrupta llegada y ofrecerse a unirse a la meditación, donde Milo terminó durmiendo y Aioria creyó encontrar la iluminación, el dúo vió el atardecer en la cima de la pequeña montaña en la que estaba el templo.
El valle Spiriti era impresionante; las grandes montañas a su alrededor que daban la impresión de mantenerlos apartados del mundo, el camino que se veía a la lejanía y se extendía, angosto, la única conexión con el mundo exterior, dejaron al dúo sin aliento;y la zona verdosa a la lejanía que colindaba con el río, junto con las cimas de las montañas que parecían tener nieve, creaban paisajes diversos a dónde quiera que miraran.
Estaban sorprendidos y conmovidos. Ninguno era una persona espiritual, pero estando ahí, viendo la belleza de ese lugar, sintieron que algo en su interior se removía, algo que les causó paz y tranquilidad.
Para la mañana siguiente se ocuparon recorriendo desde temprano el monasterio y las contrucciones pintadas de blanco a su alrededor; aunque pareciera que estaban en su propio rinconcito espiritual, se encontraron con varios turistas que en momentos se unieron a su recorrido liderado por Dharma, que no desaprovechaba cada oportunidad para bromear sobre la renuncia de Shaka al monasterio.
—Empiezo a creer que no debí presentarlos —murmuró Shaka cuando Aioria y Milo se unieron a los comentarios jocosos.
—No es nuestra culpa que nuestro deporte favorito sea molestar al rubio.
—Creí que los monjes eran más serios —señaló Aioria al escuchar el comentario del monje, sin poder evitar comparar al relajado hombre que tenía en frente con esa idea de un monje serio, impariendo sabiduría con cada frase.
Dharma miró a los dos extranjeros con una sonrisa tranquila, puesto que Milo también había asentido, tampoco esperando que existiera otra persona que disfrutara practicar singular deporte.
—El humor es algo natural, inherente de nuestra humanidad, puedo asegurarles que nadie presume de no poseerlo o practicarlo.
—Como el fútbol, el lenguaje universal.
Milo de inmediato se fijó en un grupo de niños que correteaba detrás de un balón cerca de ellos. Sin perder tiempo, y aún con la barrera lingüística, no tardó en unirse a ellos y armar un pequeño partido de fútbol al que también se unió Aioria como portero del equipo contrario de su amigo. Agora y Shiva (quien estuvo viajando con Shaka todo ese tiempo), que venían detrás de ellos, también terminaron por unirse.
Más tarde, después de la comida, el dúo se dedicó a contarle a Shaka su travesía a través de tres continentes para localizarlo, los trajes que Shijima les mandó a hacer, su recorrido por la calle más lujosa de Londres, el pesado encuentro con Fudō, sus nuevos adornos faciales, su llegada a la casa en la que había vivido Asmita, y sus propias desventuras en su capital.
—Es una lástima que sólo hayamos podido verte un día y medio, pero considerando todo lo que hicimos este fin de semana es un milagro que estemos bien —argumentó Aioria recostado sobre el colchón que había compartido con Milo la noche anterior.
—Sí, aunque apretados, apenas y lograremos llegar a casa mañana temprano, justo para iniciar la semana.
Shaka asintió con un aire distraído ante las afirmaciones que no tardó en quitar cuando pensó en las palabras de sus amigos, ese día era viernes, era imposible que tardaran dos días en llegar a Grecia a menos que decidieran quedarse en Nueva Delhi por ese fin de semana. Justo cuando estaba por decirles que se iría con ellos, para ahorrar el viaje, dos suaves toques a su puerta interrumpieron la charla.
—Disculpe, su… Shaka —se interrumpió Shiva, mientras abría la puerta y se asomaba—, me temo que tenemos un pequeño pro…
Antes de que el hombre pudiera terminar su oración, la puerta fue abierta por completo y él fue empujado hacia adentro. Afuera, justo debajo del marco, una visión aterradora se presentó frente a Milo y Aioria, dos figuras se materializaron frente a ellos como mensajeras de la muerte, dos demonios salidos del infierno para llevarse sus almas.
Calvera fue la primera en moverse, adentrándose en la habitación, su hijo sólo pudo tragar saliva; Sasha, más taciturna y con una menor expresión asesina, la siguió, mirando fijamente a su hijo menor, Aioria comprendió de inmediato a lo que se refería Aioros, su padre y Kaiser cuando le decían que su madre también tenía cierto carácter contra el que era mejor no atentar.
El pesado silencio previo a una ejecución fue interrumpido por dos gritos de agonía que no pudieron interrumpir la meditación de los monjes en el lugar, y el comentario que Afrodita soltó, que naturalmente también había hecho el largo y pesado viaje junto con las dos madres y sus nueve amigos restantes:
—Les dije que valdría la pena venir.
Sería demasiado explícito exponer los sucesos de esa tarde en una de las habitaciones del monasterio, sólo habría que decir que a la mañana siguiente, desde muy temprano, Milo y Aioria fueron los voluntarios (forzosos) para ayudar en las tareas diarias del Monasterio, limpieza profunda, cocinas, cargar las cajas con los alimentos de la próxima semana, todo mientras sus madres y amigos se maravillaban con la belleza del lugar donde estaban.
Sin duda ese fue un viaje que jamás podrían olvidar; a excepción de motivo, el rompimiento de Aioria quedó en el olvido cuando, revisando sus trajes, encontró más papelitos con números de teléfono.
Comentarios:
¡Gracias por leer!
Dos datos extras:
*Monasterio Key. El monasterio Key, como se dijo en el capítulo anterior, se encuentra en el valle Spiti, muy cerca de los Himalayas. Es un monasterio relativamente conocido, donde las visitas turísticas son permitidas; se puede llegar a él a través de un viaje en carretera (también hay transporte público) o por aeropuerto, y carretera. Sobre el valle Spiti, es un valle montañoso, desértico y frío ubicado en lo alto del Himalaya, en la parte noreste del estado de Himachal Pradesh, al norte de la India. El nombre "Spiti" significa "La tierra media", es decir, la tierra entre el Tíbet y la India, Sobre el monasterio (Kie, Key, o también llamado Clave en español), este el más grande del valle y un centro de formación religiosa para lamas, que inician su entrenamiento desde su más tierna edad. En los últimos tiempos, el monasterio también ha albergado la "Sociedad de Ancianos - Discapacitados Kachen Dugyal Memorial", que brinda alojamiento a una serie de personas mayores y discapacitadas. Según leí, estuvo cerrado al público durante los últimos dos años (pandemia, ya saben), pero para este las visitas ya comienzan a regularse de nuevo.
*Dharma. Nombre de origen budista, significa "ley" o "decreto.
Aunque me salió un capítulo extra, este ya es el último. La próxima semana publiaré algo corto algo relacionado con estos muchachones y después los dejaremos en paz por un tiempo (no tan largo espero).
De nuevo, y como siempre, gracias por leer!
