Capítulo 1: Vasco.
¿Quién lo diría? De ser un simple Nauta capitaneando un modesto barco con, no obstante, una tripulación excepcional, acabaría combatiendo en tierra con un grupo de gente tan diferente contra enemigos de nivel deidad.
Estaba en el límite, la Almirante Cabral se encuentra inconsciente en el suelo y Derdre, completamente drenada de magia pelea contra un Nadaig. Le sorprende el temple y la fuerza de esa mujer. A pesar de ser conducida por la venganza contra los Renaigse, es una excelente líder y posee una preocupación muy honesta por Teer Fradee y su gente.
Una última estocada contra un tenlan y la bestia corrompida cae al suelo, por lo que el hombre decide hacer acopio de sus últimas fuerzas para atraer la atención del guardián. Quizá le dé el tiempo suficiente a Derdre para realizar un último ataque antes de sucumbir al cansancio.
Determinado, comienza a correr hacia el enemigo hasta que se ve sorprendido por lo que ve. El Guardián cae de rodillas antes de exhalar su aliento final y perecer. Vasco no lo entiende, Derdre no pareció atacar, ¿Podría haber sido Siora? Se sorprendió pensando hasta este momento en ella, por lo que comenzó a buscarla con la mirada. Al encontrarla, la Insular se dirigía con presteza hacia el lugar en donde se albergaba En On Mil Frichtimen.
"¡Siora, espera!" Le grita el Nauta mientras comienza a correr con igual prontitud. "De Sardet, espero que esto sea obra tuya, amigo mío".
Al llegar a la cámara principal de la cueva, ambos compañeros comenzaron a buscar la presencia de su líder. Vasco sintió el aire abandonar sus pulmones al detectar dos hombres tirados en el suelo, frente al gran árbol.
"¡ON OL MENAWI!" Gritó la chica aproximándose tan rápido como pudo y con la poca fuerza que le quedaba, Vasco igualó su carrera. Y al por fin acortar distancia... Quedó petrificado. De Sardet no respiraba...
"No... Por favor no..." Alcanzó a exclamar en un suspiro el hombre, mientras desesperadamente intentaba buscar cualquier signo de vida en el diplomático.
Fue inútil. Constantin yacía muerto a causa de una daga enterrada profundamente en el abdómen, mientras que De Sardet, si bien no tenía una herida tan pronunciada, aparentemente había llegado al límite de su fuerza, falleciendo debido al extremo agotamiento que seguramente produjo su pelea contra su primo.
Todo se volvió borroso para el Nauta. Incluso los gritos y sollozos desesperados de Siora se volvieron un ruido apenas perceptible.
La alianza de Teer Fradee triunfó, pero pagando el más alto de los precios.
...
3 años después.
Comandante de su propia flota, una armada de tamaño descomunal y completamente leal a él, Vasco se sentía orgulloso del rumbo que había tomado el porvenir de los Nautas.
Entendiendo la necesidad de dejar tanto secretismo en aras de una mejor relación con las diferentes regiones y facciones, los leones del mar comenzaron, de a poco, a recibir a más voluntarios, con un notable interés por parte de los insulares de conocer los mares, a la par que compartieron parte de sus métodos de medición y previsión de los elementos, generando estrechas relaciones especialmente con la región de Hikmet y su congregación de erúditos. No le preocupaba, pues dicho grupo era comandado por la bella Aphra, compañera suya de probada confianza y valía.
Todo pintaba maravilloso para el futuro. Tantos esfuerzos casi valieron la pena...
Casi...
Por mucho que el destino les sonría, Vasco no puede, y sabe que no podrá sentirse plenamente feliz, no sabiendo que dicho porvenir llegó a costa de la vida de De Sardet. Su amigo, su hermano de navío... y secretamente su Tormenta.
Porque sí, el Nauta se enamoró profundamente de ese hombre, a pesar de que sabía que no podría ser correspondido dado los afectos que el hombre profesaba hacía su compañera nativa desde que se conocieron. Se contentaba con tenerlo al lado, con poder mirarle, con sorprenderse de su bondad para con la población a pesar de ser noble, y admirar la habilidad y la fortaleza de que hacía gala al arremeter contra sus oponentes con un poder que la mayor de las olas envidiaría.
Pero hace tres años que esa Tormenta había desaparecido de su vida.
Vasco, el Nauta, lo recuerda cada día, lo mira en el reflejo que el mar le devuelve, y se arrepiente con toda su alma de no haberle confesado sus sentimientos, por lo menos.
"Siempre pensé que el mar me traería el amor. Paradójico fue que lo encontrara en tierra. Donde quiera que estés, espero que estés orgulloso de lo que aquí lograste. Te honraré dirigiendo mi flota y contribuyendo a los Nautas tanto como pueda.
Te amé, te amo, te amaré por siempre... Mi Tormenta".
...
Dicen: la mar es triste. ¡Qué señal
hace cada ola, cuando quiebra!
Y veo una mar triste, pero en medio
tú, como una perla.
Dicen: la tierra es triste.
¡Qué señal hace la hoja!
Apenas osa.
Vea la tierra triste, pero en medio
tú, como una rosa.
-María Mànent-
