Capítulo 5: Siora
Siempre fue una mujer con una curiosidad muy grande con respecto a la vida fuera de su aldea, y sobre aquellos individuos tan opuestos a ellos y tan misteriosos a sus ojos, pero ni la más excéntrica de sus fantasías de niña y de adolescente podrían haberla preparado para lo mucho que cambiaría su vida en el momento en que su madre, la reina Bládnid, le solicitó conseguir el apoyo del nuevo gobernador de Nueva Serene, Constantin D'Orsay, en la guerra que se estaba preparando entre Vedrhais y los Renaigse.
No pensó que uno de esos tipos tan despreciados por todas las aldeas terminaría haciendo tanto no solo por ellos, sino por todo Teer Fradee, sin mayor exigencia por su parte que una sonrisa y el observar cómo las cosas mejoraban para quienes ayudaba. Así mismo, bajo toda esa bondad se escondía un guerrero de lo más formidable, capaz de hacerle frente a Nàdaig de todo tipo, por dar un mínimo ejemplo, sin permitir que el miedo o la duda estorbaran al filo de su espada o el cañón de su arcabuz.
Un hombre tan generoso como el mismísimo En On Mil Frichtimen (y no, sabía que no exageraba en lo más mínimo) pero tan peligroso como la más salvaje y agresiva de las bestias con tal de defender a quienes amaba, no hizo menos sino captar su atención y despertar fuertemente su curiosidad de conocerle en profundidad.
Definitivamente, no pensó que ese hombre sería capaz de generar tan brutal cambio en el continente...
En ella... Al grado en que acabaría irremediablemente enamorada de él. Primero intentando mantener a raya la creciente atracción que despertaba en sí misma y fracasando miserablemente en el intento, para posteriormente permitirse ceder un poco más cada vez, hasta ser completamente consciente de que podía confiar enteramente en ese On Ol Menawi después de ver todos los desvíos y tribulaciones que debió sortear para conseguir los materiales para que pudiera preparar apropiadamente el cuerpo de su madre y, con su siempre admirable diplomacia, expulsar a los evangelizadores de su aldea y, así, permitir que la reina se volviera uno con la tierra según las prácticas rituales insulares.
Siora terminaría atesorando cualquier momento que pudieran compartir solo los dos, especialmente después de que en un arrebato infantil de valor le confesara sus sentimientos y se descubriera completamente dichosa al ser correspondidos sus afectos con la misma intensidad.
Estar en sus brazos, permitirse entregarse en cuerpo y alma al hombre que amaba fue algo que superó cualquier clase de expectativa por su parte, y cada vez que pudieron tener la dicha de compartirse, fue tan placentero como la vez primera.
Su relación fructificaba en el tiempo, incluso comenzaban a hablar de vivir juntos en cuanto encontraran la cura para Constantin, en Vedrhais. Todo parecía ir de maravilla, Siora era feliz...
Hasta que las cosas dieron, de golpe, un giro de 180 grados. Constantin mejoró producto del ritual que Catasach realizó, pero comenzó a ambicionar más de ese embriagador poder, vinculándose cada vez más al Dios de las Mil Caras y atacando a cualquiera que considerase una amenaza, siendo con mucha dificultad contenidos los ataques en Hikmet, San Matheus y las aldeas insulares con ayuda de De Sardet.
Siora tuvo que ver a su pareja totalmente destruida, y teniendo que tomar la decisión más difícil de toda su vida: apoyar a Constantin en esta espiral descendente que solo traería caos a todos, o detenerle al costo que fuera, sabiendo de antemano que muy probablemente tendría que matarlo.
El diplomático atravesó su propio infierno particular, estallando en ira, en tristeza, en negación, y finalmente, aceptando la realidad lloró frente a ella, por primera vez desde que lo había conocido. Y la nativa deseó que pudiera transferirse a sí misma toda esa amargura. Hasta que en una mañana, a primera luz, De Sardet le dijo algo que la acompañaría por el resto de su vida:
"Formaremos una alianza con todas las regiones y detendremos a Constantin de una vez por todas".
Y así fue como comenzó la más larga y difícil tarea desde que habían emprendido este viaje, teniendo que hacer de todo para lograr apartar diferencias, posturas, rencillas y favoritismos entre unas y otras facciones, porque de otra forma todo estaría perdido.
Y llegó el día...
Reunido todo el grupo, el Legado de la Congregación de Mercaderes dirigió unas palabras para sus hermanos de armas:
"Debo detener a Constantin sin importar lo que me cueste, no solo para obtener un remedio para la Malichor, sino también para salvar ésta isla. Gracias, han sido unos aliados tan preciados, y de nuevo están probando la valía de su amistad.
Ahora, andando, sería una pena que llegáramos demasiado tarde.
Ah... y Siora...
Cair to (te amo)".
...
Sabía que ya se habían despedido, que tenía que dejarlo partir, que no podía desconcentrarse por pensar en ella, pero no pudo evitar que su cuerpo se moviese presurosamente hasta alcanzarle, y él la sintió llegar, como siempre había sido, por lo que no dudó en regresar sobre sus pasos hasta su Minundhanem, su amada. La chica le besó desesperadamente, procurando capturar cada milímetro de sus labios, intentando que su sabor, su intensidad, su textura se tatuaran lo más fidedignamente posible en ella.
Teniendo que separarse, sintiendo prácticamente dolor físico al hacerlo, se miraron a los ojos durante unos segundos que se antojaron una eternidad, y ambos susurraron las mismas palabras en el mismo tenor y momento exactos que terminarían de sellar un amor que nada habría de romper jamás:
"Coudend neis greda comolei (nuestros corazones laten juntos)".
Y, después de haberle dado un beso más, Siora solo le dijo "Ve", porque si no se iba ahora, no sería capaz de separarse de él ésta vez, y tanto Derdre como Vasco y la Almirante Cabral necesitaban de su ayuda.
Así, De Sardet la miró por última vez con todo el amor que albergaba en él para ella, para dar media vuelta y correr hacia donde Petrus ya le esperaba, camino a la cámara que albergaba a la deidad suprema de Teer Fradee.
Esa fue la última vez que le vió con vida...
...
Se encontraba al borde de su fuerza, ni siquiera lograba ver en dónde estaban Vasco y el resto de Nautas, o siquiera su propia gente. Estaba sola combatiendo contra un Nàdaig Fresamen, acompañado de varios tenlan. Estaba segura de que iba a morir, su estoque estaba roto y no le quedaba magia en lo más mínimo.
De pronto, ante ella sucumbieron tanto el imponente guardián como sus esbirros, sin aparente razón. Y ella no necesito más que un par de segundos para concluir que esto debió ser obra de su On Ol Menawi, por lo que sacando fuerza de donde no la había, comenzó a correr desesperadamente hasta la cámara principal, apenas escuchando a Vasco gritarle algo.
Cuando llegó, inmediatamente detectó a dos hombres tirados, uno al lado del otro, y el horror la comenzó a inundar al reconocer a su amado.
"¡ON OL MENAWI!" Fue todo lo que la mujer gritó mientras con rapidez se acercaba.
"No, por favor no, no me hagas esto, tú no por favor. Levántate, On Ol Menawi por favor levántate".
Todo se detuvo súbitamente cuando notó la completa ausencia de cualquier signo de vida en el Legado.
Lágrimas pesadas, dolorosas y punzantes comenzaron a correr libremente por su rostro mientras seguía buscando el más mínimo indicio de actividad vital.
"Por favor despierta, mi Minundhanem, ya todo terminó. Es hora de volver a casa. No me dejes... Por favor. No me dejes tú también".
La cruda realidad terminó por alcanzarla y golpearle directamente en la cara: Su pareja, su amado, su compañero de armas ya era uno con En On Mil Frichtimen. Se había ido, igual que su madre.
Dejó de percibir a su alrededor, completamente sumida en su dolor, gritando, maldiciendo, pero sobretodo llorando. No supo en qué momento los demás llegaron, hasta que Kurt la levantó contra su voluntad, y con ayuda de Vasco, la hizo salir de ese lugar.
Volteando una última vez hacia él, apenas pudo susurrar entre lágrimas "Coudend neis greda comolei. Por siempre, mi Minundhanem".
...
Han pasado tres años desde que todo terminó. Tres años en que Teer Fradee ha gozado de una gran prosperidad y tranquilidad. Por primera vez según tiene conocimiento, los casos de Malichor comienzan a disminuir, y las relaciones entre todas las regiones no han hecho sino estrecharse, y enemigos jurados como el Gremio de Erúditos y la Órden de Théleme gozan ahora de un excelente vínculo, así como muchos jóvenes insulares han comenzado a tomar mucho interés por la vida marítima y se presentan voluntarios para viajar con los Nautas. Ellos mismos gozan de muchos avances que los estudiantes de Hikmet han llevado a cabo, y ellos como insulares también reciben el respeto que durante tanto tiempo les fue negado, incluso participando en reuniones importantes como consejeros y como delegados.
Teer Fradee es más fuerte que nunca, pero no toda su gente lo es. Algunos no quisieron adaptarse al cambio y ahora vagabundean o están totalmente aislados de cualquier avance o progreso.
Y otros, como Kurt y como ella, simplemente no pueden o se niegan a superar la ausencia de quien tanto significó para ellos y se refugian en su trabajo. Él como comandante de la Guardia de la Moneda, y ella como Màl de Vedrhais.
Solo Kurt la entiende y es el único con quien ha mantenido cierto contacto. Alejarte de todos y centrarte estrictamente en lo profesional tiende a hacerte pocos amigos, claro está y ella nunca fue demasiado sociable para empezar.
Y sabe que, si él puede verlos, si él los está viendo, probablemente sufra por observarlos tan destruidos, tan perdidos. Pero simplemente no puede, no quiere seguir adelante.
A veces coquetea con la idea de tomar su propia vida, pero le aterra no llegar al mismo lugar que él, no poder reunirse con su amado, y por eso despierta un día más, y atiende sus obligaciones como Doneigad, y asiste en la medida de lo posible a su gente.
Día a día se ha obligado a repetir ésta misma rutina, y le aterra encontrar un día el valor para terminar con su existencia.
Pero lo que ella tiene no es una vida que valga la pena vivir. No es una vida que quiera vivir.
Pero seguirá, porque sabe que él la estará esperando y es mejor asegurarse su lugar a su lado defendiendo y manteniendo todo aquello que en vida él construyó.
"Espero verte pronto, mi Minundhanem. Cair to".
