Los personajes de S. Moon son propiedad de Naoko T yo solo me divierto con ellos

Amor, quédate… quédate

Quiero más de tus besos, necesito tu cuerpo

Hazme el amor, mátame de placer

Amor, quédate… quédate.

Amor quédate… Jean Carlos Canela

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A mi querida Adri por estar ahí aunque sea invisible…Gracias mi mu y a Leslie que me ayuda para que no se pase nada de crepúsculo.

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Juntos…

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Serena estaba acostaba en su cama pensando en lo que había sucedido en tan poco tiempo. Su cabeza era un mar revuelto de preguntas sin respuestas, sin embargo sentía su cuerpo en paz absoluta.

Por primera vez en mi vida siento que pertenezco a algún lugar.

Cerró los ojos y pensó en los hechos irrefutables:

Darien era un licántropo.

Habían tres mujeres cuyos nombres terminaban con el mote "Sere". Parpadeó ante el asombroso hecho ¡un licántropo en pleno siglo veintiuno! un hombre rodeado de una fuerza mística, una persona dominada por la luna. Sintió el aullido de dos lobos en el bosque y sonrió.

La lluvia había tomado fuerza nuevamente pero no le importaba, él estaba junto a ella, un nuevo aullido se escuchó y ella volvió a sonreír tontamente.

—Van a hacerlo toda la noche —su voz fue dulce y aterciopelada — he bloqueado mis pensamientos.

Serena giró para ver a Darien Shields apoyado en el marco de la puerta, tenía una sudadera de pijama gris y una camisa sin mangas y había recuperado su estatura normal. Pero sus brazos aun conservaban abundante vello... Se veía realmente hermoso; Sere gimió ante la imagen, sin embargo acalló su deseo.

El cabello de él estaba húmedo por lo que ella suponía que había tomado una ducha, aun así persistía aquel olor a bosque y tierra húmeda.

Es irreal…

Sonrió como adolescente al verlo acercarse con dos tazas humeantes en sus manos.

—Chocolate— susurró él sentándose en la cama mientras ella lo seguía antes de tomar la taza que él le ofrecía de dulce manera. La lluvia parecía no dar tregua pero estar ahí cerca del calor de Darien le daba a su cuerpo calidez y una sensación de hogar, tomó el chocolate ronroneando de gusto y Darien sonrió tomando un sorbo de su taza—imagino que tienes muchas preguntas que hacerme — dijo él minutos después dejando la taza sobre la mesa de noche y brindándole una sensual mirada.

—Varias—ella degustó el humeante liquido gimiendo en el proceso, Darien sonrió enseñándole el bigote de chocolate y haciéndola que ella sacase su lengua para limpiarlo, los ojos del Pelinegro se achicaron un poco más, negó con la cabeza y emitió un largo suspiro.

—Entonces tú dirás—levantó su mano retirando el chocolate de una de la comisuras de la boca de ella.

—Me dijiste que en la cueva habías encontrado tu maldición — el brillo en los ojos de Darien se oscureció — si no quieres contarme...

Él negó con la cabeza mientras su rostro se contraía ante los recuerdos — había un lobo en esa cueva—suspiró—nos atacó—Serena se acercó a él colocando sus manos en su mejilla.

—Lo siento, no tienes que— le brindó una mirada sincera y condescendiente.

—Sere...—posó su mano sobre la de ella y luego giró su rostro besando las frágiles manos de su mujer— vivimos de milagro y por un poco de pólvora que aún tenía la escopeta de Seiya —Serena acaricio sus labios con las yemas de sus dedos antes de que él los capturara entre sus dientes, quitando la tensión del momento.

—Que tan grave estuviste—para ninguno de los dos pasó por alto el ligero tono de voz de ella.

—El más herido fue Nicolás, fue quien se movió de primero y atacó, yo estaba petrificado. El lobo sacudió a Nicolás como si fuese una hoja abrió su pecho con sus garras de una manera tan impresionante— su voz era apresurada y tempestuosa — Seiya trató de defender a su hermano, pero el animal le mordió fue cuando yo reaccione Seiya es más que mi amigo es mi hermano pequeño saque una daga que siempre guardaba entre mis botas y ataque.

Serena escuchaba de manera concentrada el relato, podía ver las imágenes en su cabeza.

—Te lastimó el rostro...—Darien negó.

—No fue el lobo pequeña aunque hubiese deseado que fuese así— Levantó su camisa dejándola ver las cicatrices que marcaban su pecho y Serena recordó haberlas observado cuando lo vio la primera vez, y como se había sentido su cuerpo al verlo sudado y sin camisa—no hagas eso.

— ¿Qué hago?—respondió inocentemente.

El rostro de Darien se tiñó de un rojo bastante intenso—No te excites —es difícil para mí mantenerme cuerdo cuando tu aroma me golpea, es mucho más fuerte cuando piensas cosas indebidas.

— ¡Puedes leerme el pensamiento!— Chilló ella sonrojada.

Él negó —No, pero puedo sentir tus estados de ánimo.

—Quiero besarte...—susurró ella de forma inesperada. Nunca había sido una mujer arrojada, pero ahora dudaba de sí misma y de quien era realmente.

—Hazlo...—su voz se escuchó enronquecida—no voy a detenerte—sus labios volvieron a unirse en un ritmo suave y delicado completamente sincronizado, el sabor de sus alientos entre mezclados, Serena se movió hasta quedar sentada sobre sus piernas sintiendo la erección debajo de sus pantalones de deporte. Lentamente una de sus manos tomó su cuello con ternura y acariciaba sensualmente con la yema de sus dedos en pequeños círculos.

La necesidad por sentirlo era primaria, casi mortal. El beso que empezó suave como si se acariciasen dos pétalos de rosa subió de intensidad, el corazón de Serena tembló entre los brazos de su amante... Un jadeo necesitado escapó de su pecho al sentir como el miembro erecto de Darien Shields se irguió aún más entre la tela.

—Sere detenme—murmuró él con voz ronca— o detente tu ¡maldita sea! — a pesar de sus palabras su cuerpo le pedía lo contrario sus caderas se movían en contra de ella haciéndola sentirse como si estuviese en el paraíso—Sere.

—No quiero que te detengas... No lo hagas—sus manos se enredaban en los Pelinegros cabellos del hombre.

—Hasta la luna llena…—murmuró agonizante—por favor nena, por favor—ella se alejó de él respirando fuertemente la erección de Darien se veía imponente entre los pantalones de franela. Cerró los ojos intentando calmar el latido de su corazón, al abrirlos Darien se veía abatido.

Se ve tan solo…tan inmensamente solo…

Por un minuto el silencio los absorbió a ambos hasta que él se levantó en dirección a la salida—Lo siento—murmuró con voz pastosa —yo... yo— cerró sus puños con fuerza — me estoy quemando de deseo por ti—dijo él suavemente su voz seguía ronca —pero no quiero lastimarte—hueles demasiado apetecible para mí, creo que debo darme una ducha.

—No te vayas... —Serena gimió ante la idea de quedarse sola y con el deseo en carne viva.

—No es fácil para mí estar aquí ahora.

—Me comportare— ella alzo su vista a él y le brindó una mirada de niña buena y tímida.

—No quiero que lo hagas.

—Siento que voy a quemarme— se levantó hasta llegar a él.

—Lo sé, yo siento lo mismo —estiró su mano hasta la mejilla—llevó trescientos años deseando poseerte Sere.

—Tú nunca...—un pequeño sonrojo tiñó las mejillas de la joven —digo— mordió su mejilla internamente y bajó su cabeza.

—Contigo nunca—murmuró él levantándole la barbilla—Sere— la mirada azul y profunda la recorrió de palmo a palmo —aunque tuviste miles de nombres y eras diferente físicamente tu esencia sigue siendo la misma... —se acercó peligrosamente —me controlas —sus rostros estaban tan cerca que besarlo nuevamente era urgente, sentía que si no lo hacía podría morir. Sus labios volvieron a tocarse suaves y dóciles, un beso tierno que sellaba un pacto de amor inmortal, Darien beso su boca, su nariz sus mejillas en un acto de absoluta devoción por su compañera de vida hasta separar sus rostros mirándola a los ojos y decirle que la amaba sin importar el tiempo o el espacio, que su amor por ella era incluso más grande que el universo y que la amaría tanto como durase su existencia.

Las lágrimas picaban en los ojos de Serena, le asustaba de sobre manera sentir la adoración que él sentía por ella, pero inexplicablemente se sentía igual de atraída que él.

El dolor por los amores pasados, el trago amargo sufrido por Diamante, los malos tratos que Kenji había tenido hacia ella; todo aquello perdía sentido cuando la mirada de Darien Shields azulada y penetrante se fundía con la de ella en promesas selladas con un amor que había traspasado el tiempo.

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Tres días habían trascurrido desde que Darien y Serena habían hablado.

La luna llena estaba cada vez más cerca y por leves momentos Darien sentía que perdía el control de sí mismo; se abstraía en el violín o el piano mientras Serena lo observaba impotente por las noches cuando su naturaleza interna aclamaba por su liberación.

Darien aullaba a su luna bonita por la maldición que lo obligaba a alejarse de su dulce Sere. Sus sentidos se agudizaban, la casa era lo más importante ahora, era como un cofre que mantenía oculto el tesoro más preciado para él.

Seiya y Andrew no habían regresado desde la noche de tormenta en la que los sentimientos de los amantes habían dominado la situación.

Darien le explicó que lo habían hecho para darles intimidad, Seiya estaba cerca vigilando a Mina debido que Nicolás se tornaba mucho más agresivo cuando la luna reina se acercaba, mientras Andrew andaba en el bosque o en el pueblo, según él la única vez que le abrió su mente el rubio curandero se había divertido mucho a costillas de él.

Serena y Darien estaban recostados sobre la cama en la habitación de Darien, eran las 4:35 de la mañana y luego de una carrera por el bosque varios aullidos y una caza rápida, él había vuelto, duchado rápidamente y puesto un pijama; dispuesto a verla dormir, aunque fuera una tortura mantener en su interior al animal salvaje.

Sus ojos se abrieron al ver a Serena, acostada en su cama, tenía la sudadera que le pertenecía y una camisa de franela, sus ojos estaban cerrados fuertemente por lo que se percató que ella no dormía.

Se acercó sigilosamente, aspiró como un adicto el dulce olor de su hembra antes que ella lo atrajese a su rostro besándolo profundamente. Se habían besado tanto como habían deseado.

Para Darien sentir el aliento de su mujer era maravilloso y exquisito. La amaba, la adoraba e idolatraba. Cuando el beso subía de intensidad él se alejó viendo como Serena jadeaba intentando controlar el latir de su corazón. Unió sus frentes y dejó un dulce beso en la nariz de ella.

—Dame un segundo—susurró él—creo que necesito otra ducha—sonrió y ella asintió

Serena se sentó en la cama, ¿Qué demonios le estaba sucediendo? Se había levantado en medio de la noche y había caminado hacía la habitación de Darien necesitaba sentir su olor y su calor cerca. Suspiró fuertemente y alzo la vista al sentir pisadas.

Darien salió de la ducha con una nueva pijama de deporte y sin franelilla, ella fijó su mirada en el duro y bien definido pecho de él, en los cuadritos que dividían su abdomen y volvió a suspirar juntando un poco sus piernas.

Si sigo de esta manera, voy a volverme loca.

Escuchó un leve rugido.

Era él que la miraba con ojos de lobo en cacería.

Darien negó con la cabeza— Sere me lo estás haciendo difícil —susurró— secándose el cabello con la toalla y caminando hasta la cómoda para buscar una franela

—No te la pongas— habló ella cuando el tomo una franela negra del cajón—déjame verte Darien— susurró— él tiró la toalla a la cesta y caminó hacia la cama con los pies descalzos y el cabello alborotado.

—Sólo faltan cuatro días nena—tomó sus manos y las beso—sólo cuatro días…ten un poco de paciencia — sí, como si fuera fácil para él.

—Lo sé, es sólo que — movió su pie de manera nerviosa y clavó sus ojos en el suelo — Te deseo—murmuró ella —me comportaré, lo prometo, sólo quiero pasar lo que resta de la noche junto a ti.

Él sonrió antes de acostarse. Dejó que ella se acurrucara a su lado, el calor de su cuerpo lo hizo vibrar mientras encerraba con sus brazos el pequeño cuerpo caliente. Besó su cabello y se deleitó en el exquisito olor que de Serena emanaba.

Chocolate dulce.

Sexo ardiente.

Gotas de lluvia golpeando los cristales de las ventanas, ramas rosando el tejado, la respiración aleatoria de dos amantes y el latir de dos corazones al sonido de uno solo.

Ojala esto fuera para siempre…

Ojala allí afuera no existiese peligro…

Ambos soñaban lo mismo.

La mano de la Rubia trazaba planos imaginarios por su piel repasando cada cicatriz. Serena respiró fuertemente sobre el pecho de Darien dejando un beso donde se escuchaba el atronador sonido del corazón de aquel mitológico ser— ¿Darien? —lo llamó.

—Dime pequeña.

—Has estado con otras mujeres— No era una pregunta, pero igual Darien asintió y ella respiró profundamente — ¿Cuándo está cerca la luna llena? -él volvió a asentir.

—Entonces porque...— él no la dejó terminar.

—No es que no quiera Sere—suspiró fuertemente mientras la arropaba más fuerte entre sus brazos—Ellas no huelen a nada, no tienen ese narcótico aroma que tú llevas y que puede llevarme a cometer locuras- enredó sus manos entre su espeso cabello — A las mujeres les decía que eran días de juego, les permitía amarrarme y—un sonrojó cubrió su rostro—permitía que ellas llevaran el control, pasaba la noche cazando o corriendo hasta quedar exhausto, antes de ir con ellas, contigo —Una de sus manos se desenredó del cabello y con uno de sus dedo acarició el rostro de la Rubia —contigo es diferente Sere, a ti —besó sus labios brevemente —a ti quiero adorarte mi exquisito caramelo, quiero fundirme en ti a tal punto que no sepas donde empiezas tú y donde termino yo — Serena lo beso extasiada por sus palabras—para eso necesito ser yo Sere, no la bestia que habita en mí.

— ¿Y si te amarro?—le preguntó con voz pequeña

—Sere—su voz salió divertida —quiero.

—No—ella tomó su rostro —no entiendes — se sentía furiosa —yo...— sabía que su cara no podía estar más roja — yo te necesito… Darien, necesito aplacar el ardor, el fogaje, me estoy asfixiando— exclamó zafándose de su abrazo.

—Lo siento—dijo el fundiendo sus ojos con los de ella—no quiero lastimarte quiero disfrutarte pequeña, ¿puedes tu entender eso?

Serena suspiró una, dos, tres veces —creo que iré a darme una ducha—dijo molesta levantándose de la cama.

—Sere—su nombre salió como un lamento.

—Ahora no Darien — expreso vehemente saliendo de la habitación.

Si de algo estaba seguro Darien Shields, era del deseo que sentía por su hembra. Tocó su miembro erecto por los mimos que su mujer le había estado haciendo ¡joder era hombre! Un hombre enamorado hasta el último de sus huesos. Trescientos años deseando amarla y ahora que ella estaba tan deseosa como él su bonita luna se lo impedía.

Enterró su cabeza en la almohada mientras escuchaba el sonido de la regadera; sus sentidos se dilataron a tal manera que el pequeño gemido de su otra mitad lo tensó, Sere se masturbaba a pocos metros de él y el sonido de sus jadeos combinado con el fuerte olor de su excitación lo estaban enloqueciendo.

¡Por todos los dioses bebé! Me vuelves loco…

Llevó su mano a su falo erguido, caliente, duro y deseoso por ella.

¡Joder!

Una gota de líquido pre seminal cayó del glande haciéndolo sisear y mover su mano de arriba a abajo.

Malditos cuatro días—siseó entre dientes mientras escuchaba a su mujer jadear. Apretaba su agarre un poco más, sólo un poco más. El grito de Serena recorrió cada una de sus terminaciones nerviosas haciéndolo estallar en un frenesí de placer. Con el corazón atragantado y a medio satisfacer, limpió su propia excitación, su miembro aun erguido entre sus pantalones de deporte dolía.

Salió de la habitación y caminó los pocos metros que lo separaban de su compañera de vida. Necesitaba tenerla cerca, necesitaba beber de ella.

Abrió la puerta del baño de la habitación en donde ella descansaba. Sus ojos quedaron trancados en su cuerpo perfecto, en la nívea piel y los turgentes pechos excitados por su anterior aventura. Un gemido salvaje brotó de su pecho antes de abalanzarse a sus labios como el animal que era encajándole su miembro entre sus piernas.

Aun cubierto por la tela mojándose ambos por el agua de la ducha aún abierta.

Las manos de Darien acariciaron el contorno desnudo de Serena, sus labios devoraron los de ella con alevosía y pasión, necesitaba alimentarse de ella; no quería pensar, el olor a chocolate derretido embotaba sus sentidos. La Rubia gemía y jadeaba entre sus labios rastillando su espalda con sus uñas, lo deseaba, su cuerpo se fundía por él, no habían explicaciones.

Era sólo el deseo abrazador de poderse entregarse a lo que sus instintos pedían a gritos.

—Darien—gimió con voz entrecortada mientras él lamia su cuello.

—Shsstt calla—la voz de él fue ronca y distorsionada —no digas nada amor—susurro tomando sus labios.

El beso fue salvaje, agónico, profundo y necesitado ella se entregó a sus besos a su necesidad Darien apretó sus pechos y ella no pudo evitar jadear cuando el tiro de su muy adolorido pezón, las manos de ella le arañaron la fuerte y musculosa espalda de él mientras en tiraba, lamia y succionaba sus pechos con sus manos abrió aún más sus piernas masajeando suavemente el clítoris de su mujer, estaba duro y erecto por su anterior atención sumado a las que ella le estaba dando, sus labios descendieron hasta encontrarse con el manojo de nervios rosados e inhalo. Fuertemente llenándose del aroma que deprendía el cuerpo de su hembra antes de dar un lánguido lametazo.

Serena creyó morir en ese momento su cuerpo se calcinaba cada vez más se había enojado no con Darien si no con ella misma, comprendía que él quería protegerla pero ella lo deseaba, lo deseaba con pasión desmedida con un fuego inquebrantable que parecía ir en aumento cerró la puerta de su habitación de un sonoro portazo y se desnudó caminando hacia el baño y abriendo el agua fría y dejando que golpeara su cuerpo, sus manos cobraron vida propia dándole a su cuerpo el placer que su pareja le negaba se penetro con dos dedos mientras pensaba en el hombre que estaba a pocos metros de ella, la respiración se le entrecorto y maldijo entre dientes cuando su cuerpo entero exploto ante la sensación maravillosa que otorgaba el orgasmo.

Aun se recuperaba de su pequeña travesura cuando Darien irrumpió en su baño sus ojos eran negros como el carbón, su mirada parecía tener flamas, las flamas de un fuego arrebatador que los consumía lentamente y su erección era tan larga y gruesa que podía palparse en su pantalón. A su boca volvió el recuerdo de sus besos; besos considerados mortales. Aparecieron todos ellos en su boca. Se comunicaban, así, igual, como habían aprendido hacerlo. Hacía calor aunque el agua estaba malditamente helada.

Eran dos seres dejándose fundir en el fuego; ella completamente desnuda y él a medio vestir.

Darien encajó su cadera a la de ella, alineándola de tal manera que su glande rozaba con el clítoris de Sere haciéndola jadear y gemir como un animal en celo. En ese momento Serena Tsukino sintió como su cuerpo se dividía en pequeñas esferas de placer que golpeaban una tras otra impidiéndole respirar.

Darien tocó sus pechos, los amaso con sus grandes manos mientras una de ella se encajaba en la piel de sus hombros. Lamió, succionó y torturó sus pezones, primero uno y luego el otro.

Sintió como uno de sus largos dedos acariciaba su manojo de nervios y cuando pensaba que no podía sentir más placer, él se postró de rodillas subiendo sus piernas a sus anchos hombros, pasando su serpentear lengua por toda su intimidad.

Voy a morir… ¿puede haber algo como esto?

El calor se expandió a diez mil grados.

El deseo revotó en su cuerpo, su sangre corrió más aprisa, el aire le faltaba, sus dedos se enterraban ahora en el cabello húmedo del hombre debajo de ella.

Pegada al azulejo del baño gimoteó agarrando mechones del cabello Pelinegro mientras el lamia, succionaba y la penetraba con su lengua logrando que las esferas del placer rebotaran en su interior uniéndose unas con otras hasta que fue imposible soportar más. Dejó que el volcán que amenazaba con explotar su cuerpo hiciera erupción emitiendo un grito entrecortado con el nombre de él y dejando que la lava de su placer se apoderara de cada uno de sus sentidos.

Darien lamió hasta la última gota de la lubricación de Serena. Sabia exquisito y su cuerpo le pedía más. El animal exigía llevarla a la cama y follarla de todas las maneras posibles, pero el cuerpo desmadejado de Serena hacia que el humano en su interior estuviese satisfecho. Relamió un par de veces más, toqueteando su clítoris con su lengua y sintiendo como temblaba levemente antes de levantarse con cuidado y tomarla entre sus brazos.

Serena estaba aún en el frenesí causado por el extraordinario orgasmo que simplemente se dejó hacer, estaba demasiado cansada como para mover siquiera un dedo, apenas y podía respirar. Darien la había levantado entre sus brazos y había cerrado la regadera, había secado su cuerpo con verdadera adoración y luego le había puesto una camisa que ella reconocía como de él antes de depositarla en la cama.

—Darien—lo llamó cuando lo sintió alejarse.

—Shsstt, descansa mi amor—susurró él, dándole un beso en la frente y saliendo de la habitación los ojos le pesaban y antes que pudiese hacer algo ya estaba sumida en un profundo sueño.

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Despertó pasado medio día, sentía el cuerpo pesado y dolorido, sin embargo ver a Darien junto a ella la hizo sonreír

—Buenas tardes—dijo él con una sonrisa tatuada en su rostro—debes estar hambrienta—extendió hacia ella una bandeja con huevos con bacón y tostadas con mermelada, jugo de naranja café y frutas.

— ¿Hace cuánto estas aquí? —pregunto ella acomodándose en la cama.

Sonriendo ante semejante desayuno y sintiéndose mimada y amada.

Nadie me ha amado realmente…sólo él, lo sé.

—El suficiente como para adorarte cuando duermes — acarició su mejilla suavemente y colocó la bandeja sobre sus piernas—verte dormir es realmente adorable Sere—musitó—come amor —pico un poco de fruta con un tenedor y lo llevó hasta la boca de la Rubia que lo aceptó gustosa.

—Lamento lo que sucedió—dijo ella bajando su cabeza.

—No, no lo lamentas así que no mientas -ella no pudo evitar sonreír.

—No, no lo hago—se sonrojó— fue... No hay palabras para explicarlo, gracias.

—No me las des, hice lo que tenía que hacer, satisfacer a mi mujer.

El corazón de Serena latió desaforado en su pecho —Tú... ¿te fuiste?...

—Necesitaba correr pequeña—dijo Darien acariciando su cabello.

— ¿Estas bien? Digo tú no...

—Correr me relaja, yo aún puedo esperar un poco más hasta después de la luna llena —volvió a alimentarla y entre ambos se estableció una comunicación íntima y sensual.

El resto de la comida fue una conversación banal repleta de besos mimos y caricias.

Sin la tensión sexual latente entre ambos, Serena se colocó unos nuevos pantalones de deporte cortesía de Darien y juntos subieron al ático.

Había ido varias veces allí en esos tres días. Sin duda ahora todo se sentía mejor, más relajado. Ambos tenían sonrisitas tontas tatuadas en sus rostros, Darien soltó la mano de Serena y caminó hasta el estuche que contenía el violín mientras ella se sentaba en el sofá a admirarlo. Lo vio sacar el instrumento como si de un bebe se tratase y suspiró tontamente enamorada cuando Darien colocó el arco sobre las cuerdas. Estaba profunda e irrefutablemente enamorada de él, cada poro de su cuerpo lo gritaba, cerró los ojos y recordó brevemente lo ocurrido en el baño antes de escuchar la sonrisa de Darien

—Lo siento nene—le dijo con picardía mirándolo coqueta y el negó con la cabeza divertido. Sabía que no lo sentía. Sere vio como él suspiraba antes de deslizar el arco por las cuerdas dejándola observar como cada uno de los músculos de sus brazos se contraían, mientras él creaba la maravillosa melodía.

Se sintió en paz en casa como hacía mucho no se sentía.

Darien tocó varias piezas para ella, todas hermosas y sentimentales mientras ella observaba los libros.

La música dejo de sonar cuando el vio como ella tocaba levemente uno de sus cuadros.

— ¿Quién es?—dijo ella mirando el óleo.

—Tú—susurró él y ella negó con la cabeza—es Serenity.

— ¿Quieres hablarme de ella?—preguntó con suspicacia, Darien dejó el violín sobre el piano, caminó hasta el óleo quitándolo del trípode y luego se sentó en el sofá. Por minutos se mantuvo en silencio, sólo observando el retrato. Su rostro se contrajo ante los recuerdos de Serena se acercó arrodillándose frente a él y tomando su rostro con sus manos —no es necesario...

—La conocí en Rio de Janeiro hace más de ochenta años, ella era maestra de arte contemporáneo, era hermosa, sus ojos eran verdes y tenía la piel canela contrastando con ese cabello rojo pasión y ese andar de caderas batientes que podía volver loco a media población masculina de Brasil — sonrió ante el recuerdo —Bailaba como una verdadera garota, yo estaba de paso, había ido porque estaba buscando en que invertir. Fue sólo verla para caer rendido a sus pies, así ha sido siempre.

—Conmigo no—refutó Serena—fuiste un hijo de puta conmigo.

— Y lo siento amor, no fue mi intención, quería protegerte aun quiero hacerlo. Tú eres lo único por lo cual yo sigo vivo, la esperanza de verte y tratar de cuidarte mejor de lo que hice en vidas pasadas.

— ¿La amaste Darien?—le preguntó. Era tonto sentir celos por ella misma, mujeres que existieron años atrás y que sin embargo tenían su alma.

—Te amo desde hace trescientos años pequeña—acarició el contorno de su rostro—con Serenity las cosas fueron más intensas, ella era como tú.

— ¿Como yo? — Los ojos de Serena brillaron.

—Si pequeña—colocó el cuadro a un lado del sofá y alzó a Serena dejándola en su regazo—pasión, vitalidad, fuego Sere.

—Con ella también—los colores se le subieron al rostro al recodar la mañana y sintió como el cuerpo de Darien temblaba bajo el de ella.

El negó divertido tocándole la sien con un dedo,—tú vas a ser mi muerte Serena Tsukino, me niego completamente a estar sin ti pequeña— murmuró—a ella no la toque como a ti hoy, con ninguna me había atrevido, la época no me lo permitía en un principio y luego—callo de forma triste.

— ¿Y luego?—Sere insistió.

—El destino no lo quiso así. —dijo él con voz baja—la luna llena estaba en su punto máximo así que yo había desaparecido, le prometí volver al día siguiente, ella sabía de mi naturaleza nos despedimos y me fui a una isla ubicada a 400 km de Rio— ella murió esa noche.

— ¿Supiste cómo?—acarició la cicatriz que cruzaba su rostro y él tomó su mano besando la punta de cada uno de sus dedos.

—Un asaltante—murmuró—Rio estaba en pleno carnaval y al parecer ella se negó al asalto, forcejearon y...

—Le dispararon—el negó, sin querer contarle toda la historia.

—La estrangularon Sere —el gesto de horror que adquirió el rostro de la Rubia hizo que el la abrazara fuertemente contra su pecho, sabía perfectamente quien había sido el asaltante, suspiró profundamente y habló en voz baja— voy a suplicarte algo Sere—susurró él con voz queda —en cuatro días yo debo salir, pero te pido por favor que tú te quedes aquí y te mantengas a salvo por ti y por mí.—junto sus frentes—por favor pequeña tienes mi corazón en tus manos, cuida de el por favor—ella asintió sin dejar de mirarlo y luego besó sus labios levemente, aun no podía decirle que lo amaba, pero estaba segura de algo; si ella tenía el corazón de Darien, él tenía su cuerpo, su alma y su vida entera.

—Porque siento como si me estuvieras ocultando algo—murmuró ella cuando el depositó un beso en su frente

—No te oculto nada—respondió él aun sabiendo que mentía. Nicolás estaba cerca y él era el mayor peligro.

Abrazó a Serena, inhalando su aroma achocolatado y perdiéndose en el perfume de su mujer mientras veía los copos de nieve caer.

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Habían pasado tres días desde que Andrew había salido de casa de Darien, al principio quería correr y quizás ir al prostíbulo del pueblo.

Necesitaba correr, cazar comer y una buena follada, ¡si señor! al menos Darien había logrado hablar con Serena, su amigo era un maldito quejica al menos con eso pararían sus lamentaciones.

Había dormido en lo profundo del bosque, vigilante a que cierto licántropo no se acercara demasiado, aunque Seiya lo mantenía vigilado y sabía que estaba en el pueblo. Algo le decía que ese hijo de su gran madre iba a hacer algo. Lo conocía, cuando todo estaba más tranquilo, es cuando la tormenta es más fuerte le decía su padre de niño.

Amaba la libertad de correr con el viento en su contra. Sentir la hierba mojada bajo su pelaje, aunque lo volviese una porquería, pero también extrañaba caminar en dos piernas, así que luego de comunicarse con Seiya había dicho que le daría una hora más a los tortolitos.

Iría a casa de Beryl y jugaría un ratito con Amy esa peliazul lo ponía a mil y es que él las prefería así ojos verdes cabellos de colores, nada que le recordara a la maldita de Rosa.

Se levantó del suelo y fijó su mirada en el bosque cubierto de nieve.

Tokio era una maldita bolsa de agua, era más lo que llovía y nevaba que lo que había sol, pero él lo amaba. Sacudió su pelaje y empezó caminar en dirección al pueblo, hasta que un pequeño sonido llamo su atención.

— ¡Maldita Chatarra! —Gimió la chica con frustración — Andrew se colocó en lo alto de la carretera viendo el trasero de la mujer, era perfecto, redondo y se veía firme y nalgueable. Sus piernas largas y enfundadas en esas botas de cuero altas parecían indeterminables, lo único malo es que era pelinegra a pesar de tener la cabeza metida en el capo de la carcacha que conducía. Lo tenía lo suficientemente largo como para ver sus puntas, la chica seguía maldiciendo mientras Andrew se echaba sobre sus patas traseras admirándola como un animal… Porque lo era.

— ¿Me estas jodiendo no? —preguntó la chica en tono mordaz, ¡me alquilaron una maldita chatarra! —gritó —al parecer hablaba por celular. Andrew le dio una mirada a la camioneta una Toyota Corolla la cual seguramente había sido un excelente medio de trasporte cuarenta años atrás—sonrió socarronamente antes de mover todos sus músculos y ordenar al animal volver a su interior, era difícil y complicado, pero seiscientos años de práctica lo hacían ver mucho más sencillo.

Cuando su cuerpo fue humano nuevamente, se colocó el pantalón que dejaba atado a una de sus patas traseras y sacudió su cabello rubio.

Los restos de tierra y miró sus manos llenas de lodo, estaba hecho un asco, pensó en ir al lago y volver pero la Barbie Stacy Malibu parecía tener prisa, y estaba perdiendo la paciencia con el cacharro, además era un poco de tierra nada más, suspiró audiblemente antes de empezar a descender.

—Maldito GPS, ¡maldito pueblo! — pateó con furia el suelo — me las vas a pagar Serena Tsukino, joder que si me las vas a pagar, deje todo tirado por venir aquí a salvar tu culo del misógino que vive en casa de tu abuela y esta maldita chatarra ¡Joder! ¿Dónde diablos voy a conseguir una maldita grúa? si estoy en el pueblo en donde el agua llega cansada — musitó y Andrew sonrió la chica parecía una caja de monerías.

Repasó detalladamente a la mujer. Sus ojos nunca le fallaban, pero no había nada mejor que observar una bonita mujer de cerca, podía quizás ponerle un suéter negro en la cabeza mientras la follaba, si de algo era conocedor Andrew Furuhata era de su labia para envolver mujeres. Su mirada de niño pícaro, sus pequeños hoyuelos, ninguna mujer podía resistírsele.

La chica soltó maldición bastante fuerte para una dama y Andrew sonrió aún más. La chica tenía la boquita sucia y no había nada que a él le gustara más que eso. Carraspeo un poco y la chica se giró aguantando su brazo, lo primero que vio Andrew fue la gran herida que tenía en su brazo derecho, lo segundo fue sus ojos y allí marcó su fin.

La vida era una perra… una jodida y gran perra.

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Taran!... Dios como ame este Cap!, lo adore y espero que a ustedes también le haya gustado mucho… Mi pobre Drew jajajaj XD, como ustedes saben Gine me acompaño hasta el cap pasado por eso quiero darle las gracias a mi amiga Salem que es mi crítica y a Adri o (Madame S) que acepto montarse en ese barco antes que lo revisara alguien más, muñeca gracias por apoyarme, tener tu apoyo me reconforta mucho sabes que te quiero y admiro.

Sin más nos vemos el próximo fin de semana… Dios mediante.

Ary