Los personajes de S. Moon son propiedad de Naoko T, yo sólo me atribuyo esta loca historia
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A mi querida Adri por estar ahí aunque sea invisible…Gracias mi mu y a Leslie que me ayuda para que no se pase nada de crepúsculo.
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Luna Llena I Parte..
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Besarte es sentir, el calor del infierno,
Miradas cómplices, de nuestro juego
Y sentarme junto a ti y saber que estás ahí,
Esta canción te hará sentir, el deseo...
Eres la llama de mi corazón,
La furia que cabalga en mi interior,
Estrella que ilumina mi valor,
Es tu cuerpo...
EN TU CUERPO—SARATOGA
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Serena estaba frente la estufa, revolviendo la pasta frente a un Darien que picaba finamente unos vegetales. Habían bajado del ático, el estómago de ambos reclamó algo comida y la Rubia se había ofrecido a hacer una de sus especialidades: Macarrones en salsa de vegetales y pollo.
—Entonces tu compañera decide que va a suceder—Murmuró Serena, mirando a Darien de manera risueña. Estaba hermoso infundado en un pantalón de deporte que colgaba de su cintura y una pequeña franelilla que marcaba sus brazos fuertes y su pecho esculpido.
—Exacto, una vez nos anudamos o entregamos a una hembra ella decide nuestro destino ser inmortales o simplemente envejecer.
—Mmm y ¿qué prefieres tú?—dijo ella, robándole un trozo de pollo y llevándoselo a la boca mientras Darien seguía picando, tratando de hacer caso omiso—de manera infructuosa— la sexy insinuación de su mujer.
—Yo estaré bien con lo que tú escojas—le dio una sonrisa lobuna mostrándole sus blancos y relucientes dientes.
—Así que estás seguro que yo soy tu compañera de vida—Darien Negó— ¿No?
—No, no eres mi compañera Sere—acarició su rostro con sus nudillos—Eres mi mujer, mi reina, mi todo y hare lo que sea necesario para protegerte esta vez.
—Seguirías estando conmigo si prefiero ser inmortal como tú— no hizo la pregunta, simplemente afirmó de manera dubitativa.
—Sere—Darien dejó el cuchillo a un lado de la tabla y lavó sus manos en el grifo que estaba a su lado, colocando sus manos húmedas en la cadera de ella —tu eres mi mundo y yo te he perdido muchas veces ya, no soportaría perderte una cuarta vez.
—Darien yo…—Serena tragó saliva al escuchar sus palabras
—Sé que quizás no alcanzas a comprender lo que yo siento por ti, pero he pasado muchísimos años esperándote como para permitirme el hecho de dejarte cuando estas a mi lado… Te pertenezco Sere, completamente, alma, cuerpo, vida y corazón son tuyos.
Una lágrima se deslizó por la mejilla de Serena; Darien besó su rostro atrapando la siguiente —Necesitas picar más tomates—dijo ella con voz ronca—La cebolla me hace llorar—le dio una sonrisa tímida y él besó su frente antes de seguir picando los pimientos.
Pasaron varios minutos sumidos en silencio supervisando sus respectivas labores hasta que Darien habló:
—Háblame de ti—murmuró él sin descuidar sus deberes.
—Sabes todo de mí—respondió ella con una sonrisa.
—Eso no es así—expresó él.
— Darien sabes lo importante, en mi vida no haya nada interesante que contar—contestó ella indiferente
— ¿Quién te rompió el corazón Serena?— murmuró entre dientes sintiendo la tensión de la mujer a su lado.
Cuéntamelo todo…quiero saber todo de tí, no debe haber secretos Sere.
—Cómo te... Seiya—murmuró ella peinando sus cabellos y alejándose del fuego—él no importa Darien, no es nadie.
—Fue alguien para ti y yo quiero saber, te he contado sobre Selene y Serenity.
Serena suspiró antes de impulsarse sentándose en el mesón de la cocina.
Es increíble como en unas pocas horas mi vida ha cambiado tanto que recordar a mi ex ya no me importa.
— Kenji me odia porque nunca he seguido sus normas—susurró ella — mi madre Ikuko había tenido abortos espontáneos antes de que yo naciera. Cuando quedó embarazada de mí, su útero quedó gravemente dañado, mi madre no pudo quedar embarazada nuevamente. Kenji quería un varón así que nos mudamos a Londres y adoptaron a Yaten —Darien detuvo su tarea mirando a su mujer.
— ¿Yaten no es tu hermano? —Inquirió sorprendido, las pocas veces que Serena le había hablado de Yaten lo hacía con cariño.
—Lo es de corazón—respondió ella inmediatamente—necesito esa salsa —sonrió amenizando el momento Darien tomó los vegetales picados y los colocó en el procesador encendiendo el botón de trituración —mamá murió cuatro años después de eso y Kenji empezó a instruir a Yat, al momento de elegir carrera él escogió lo que Kenji ordenó, yo me revelé y estudié filosofía y mitología, ese fue el primer distanciamiento de Kenji y luego fue mi trabajo pro bono en el museo de historia y Diamante…
No te enojes…él ya no importa.
Darien frunció el ceño haciendo que la cicatriz en su rostro se fuese una línea rojiza tensa—Nos conocimos en el museo él es historiador y bueno creo que me enamoré—Darien colocó la mezcla procesada en un sartén y encendió la estufa— era tan intelectual, tan libre y yo ansiaba libertad así que caí muy fácil. Yo daba todo por él así que cuando me anunció su traslado acepte venir con él sin importarme que Kenji me desheredara, —Darien escuchaba atento el relato sin embargo sus ojos estaban fijos en la mezcla rojiza que cocinaba a fuego lento—muévela un poco—le dijo señalando la salsa.
Tomó la cuchara de metal moviendo suavemente la mezcla—Continua Serena—Los ojos celestes de la rubia se fijaron en el rostro del chico, estaba tensionado y le había dicho Serena, no Sere como siempre la llamaba, los brazos de Darien fuertes y gruesos parecían barras de titanio tan tensionados que parecía que en cualquier momento explotarían.
Sere observó su cuerpo rígido y dio un largo suspiro
Darien no es Diamante, tú ya no eres más Serena…
—Nos mudamos a Tokio y allí empezó todo —dijo mirándolo fijamente—dolor, desesperación y cuando me di cuenta que no podía más me propuso matrimonio—sonrió de manera triste e irónica — Para luego engañarme con la perra de Esmeralda, era muy poca cosa para él, o al menos eso fue lo que dijo cuándo los vi en nuestro cuarto — Serena no podía verlo pero la mano de Darien había ejercido tanta fuerza en la cuchara con la que movía la salsa que la dobló al escuchar sus últimas palabras, Serena seguía mirando hacia el suelo.
Viéndola, a Darien le pareció una niña pequeña. Apagó el fuego y colocó los brazos a lado y lado de su chica, sus ojos se encontraron. Azules contra celestes, oscuridad y claridad, Serena abrió su boca para decir algo más, pero toda intensión de hablar fue sofocada por el beso fiero y pasional que Darien le propinaba.
Las manos del hombre se ubicaron en la cintura de la rubia, halándolo tiernamente hacia él; mientras ella abría sus piernas dejando que sus cuerpos quedasen juntos, Serena acarició la fuerte espalda cubierta con una fina camisa de deportes mientras que él cubría su boca con hambre. Una voraz erección golpeteaba su centro mientras ella intentaba seguirle el ritmo —nunca—Darien gruñó con los labios sobre los de Sere—beso—vuelvas a decir que —acarició su espalda por debajo de la camisa—eres menos que nadie —la empujó hacia delante—tú lo vales todo Sere... Todo—mordisqueo su labio inferior causando que ella gimiera y que buscase más contacto con él.
Serena sintió como todo su cuerpo se encendía, la sangre en sus venas parecía estar en una sección maratónica, necesitaba respirar pero también…
Mas bebé… Por favor…
Como si oyese sus pensamientos el animal en el interior de Darien rugió de excitación; sabía que Serena estaba empezando su etapa de ovulación, etapa que para los de su especie era aterrador. Sentir el deseo abrazador de la mujer, sus ansias, ella estaba en celo y el moría de ganas por aparearse con ella. Llevó sus manos a los costados acariciando su cuerpo con alevosía, besando su cuello hasta llegar al escote que mostraba las dos cumbres rosadas hechas para él, levantó la camisa de la rubia aullando en su interior por la maravillosa vista
Que no se detenga, por favor que no se detenga...
Darien retiró la prenda acariciando los pechos con los ojos oscurecidos por el deseo, fuerte sin delicadeza, dejando que el animal tomara absoluto control de la situación. Suspiros jadeos y gemidos se escuchaban en la cocina. Serena rendida en un mar de pasión y lujuria desenfrenada entregaba su cuerpo al hombre que hacía que su corazón latiese como en una carrera de caballos, sentía su cuerpo temblar bajo el tacto fuerte y rudo de Darien, sus pezones parecían lanzas duras como la roca. Cuando la boca ardiente y lujuriosa de Darien hizo contacto con su sensible piel, su cuerpo se estremeció como si estuviese conectada a la corriente dejándose llevar en un frenesí similar al que él, la había llevado en la mañana, su vientre bajo se contrajo salvajemente mientras gemía y boqueaba como pez fuera del agua. Darien gimió con voz animal, levantándola del mesón y golpeándola fuertemente contra el refrigerador, besándola aún más fieramente, rasgando el pantalón de deporte que ella poseía dispuesto a consumar su amor a hacerla suya de todas las maneras posibles.
Serena podía sentir la dureza en sus pantalones, metió las manos entre su sudadera de deporte tocando levemente el miembro de Darien haciéndolo sisear de placer.
Minutos, segundos, tiempo, nada existía en ese momento, Darien caminó con Serena anclada a su cintura. Despojando el mesón de la cocina cubierto de tazas y platos que Seiya acostumbraba a colocar allí. Depositó a Serena recostándola sobre el frío granito y repasando su cuerpo como si grabase cada pequeña curva a fuego, Serena también observaba sus brazos arañados por sus uñas, sus labios hinchados por sus besos, su corazón golpeteando contra su pecho.
Un rugido de furia estalló desde el pecho del hombre, iba a poseerla sin importar un mañana justo antes de escuchar la puerta principal abrirse de golpe estrellándose contra la pared
— ¡Si quieras podrías ayudarme montón de esteroides! —se escuchó la voz de una mujer
— ¿Rei? —preguntó Serena a nadie en específico, Darien se alejó de ella apretando las manos en puños.
—Puro músculo y nada de cerebro—Murmuró la mujer entre dientes haciendo que en la cocina Serena se levantara colocándose su ropa a una velocidad alarmante y saliendo de ahí antes que Darien le arrancara la cabeza a alguien.
—Rei—llamó a su amiga antes de mirar al magnífico hombre al lado de ella, Andrew era alto, mucho más musculoso que Darien y se veía a leguas que estaba conteniéndose para no arrancarle la cabeza a su mejor amiga, del pecho del licántropo retronó un rugido feroz e iba a hablar pero fue Darien el que habló.
—Vete Drew—Rei no pudo evitar el pequeño gritillo al ver aquel hombre demoledor, la cicatriz en su rostro era espantosa y ese hombre estaba tocando a su amiga—Ahora Drew—Murmuró Darien con dientes apretados.
Algo realmente extraño estaba pasando ahí, Andrew miró a Darien. Sus facciones eran fieras y determinadas, sus ojos eran dos fragmentos de carbón, Serena dejó de respirar. Los dos lobos se miraron fijamente por minutos que parecieron horas, la tensión en la habitación era latente, Serena volvió a enfocar los ojos en el hombre rubio, la dilatación de sus venas, sus manos cerradas fuertemente y el enojo surcaba su rostro, ¿Dónde estaba el Andrew juguetón de días atrás? Andrew cortó comunicación visual con Darien, no sin antes emitir un sonido fiero y girarse —Voy al estudio Sere —murmuró Darien en su oído cuando Andrew desapareció por la puerta —Ubica a tu amiga en una de las habitaciones, la más alejada de Andrew por favor—Serena se volteó, pidiéndole explicaciones con la mirada—después hermosa — acarició sus mejillas y deposito un casto beso en su frente.
— ¿Quién eres y qué hiciste con mi amiga Serena?—Murmuró la pelinegra una vez Darien había abandonado la habitación.
—Déjate de pendejadas—dijo Serena contundentemente, estaba frustrada y excitada aún — ¿Qué haces aquí Rei?—se cruzó de brazos mirándola con una ceja alzada.
—¿Qué hago aquí? eso es todo lo que tienes que preguntar, Maldita sea Serena, he volado por medio país para saber si estabas bien, cuando te fuiste de mi casa eras una masa de llanto y depresión y luego me hablaste del misógino que había comprado la casa de tu abuela pero claro con esa cara de…
— ¡Para ya! —Serena miró a Rei— No hables de Darien — levantó la voz, nunca lo había hecho.
Rei miró enojada y asombrada a su amiga— ¿Sabes Serena? Estaba preocupada por ti he dejado a Zafiro sol...
— ¡Corta el rollo Rei! ¿Qué te hizo Zafiro esta vez?—La mirada de la pelinegra se nubló entre lágrimas y Serena lo supo, Zafiro había intentado forzarla nuevamente a estar con uno de sus amigos, Serena se acercó a ella y la abrazo— ¿Por qué lo haces Rei?, ¿A quién le serviste de florero esta vez?
—Maximiliano Maxwell—Murmuró la pelinegra mientras subían las escaleras
—Sigo sin entender porque haces esa mierda...
— ¡Por qué lo amo!- gritó de manera no muy convencida.
—Eso no es amor Rei, es masoquismo — expresó mirando en qué habitación la ubicaría, siguiendo las órdenes de Darien. Lo mejor sería colocar a Rei al lado de su habitación
—Mira quien habla —Refutó la pelinegra con sarcasmo — cuántas veces te puso los cuernos Diamante y lo perdonaste?—musito ácidamente, en otros momentos a Serena le hubiese dolido pero se sentía tan feliz que nada le importaba
— Si lo acepto y aunque me destrozó lo detuve ¿cuándo lo detendrás tú?
— Ya lo hice... Lo dejé, Max intentó propasarse y cuando le dije a Zaf, él le creyó a él
— Típico— Resopló Serena
— Tomé el primer vuelo que estaba disponible y era a Tokio, de ahí alquile una camioneta y conduje hasta acá, me bañé en un hotel de mala muerte en el camino, Zafiro bloqueo mis tarjetas— Serena suspiró— Cuando llegue a Okinawa recordé que me dijiste una vez que tu abuela vivía por estos lares así que aquí estoy
— ¿Dónde te encontraste con Andrew?
— ¿Con el mastodonte con patas?— dijo la pelinegra esbozando una sonrisa— Tiene de guapo lo que tiene de Imbécil
— ¿Tú? ¿Hablando de Imbéciles?—Serena alzó una de sus cejas
—Para el carro Serena, ya lo deje —musitó hastiada mientras entraban a la habitación
—Seiya no está, Darien dijo que te ubicara
— ¿Darien?, el hombre de la cicatriz espantosa.
—Te fijaste en su cicatriz... — Serena suspiró impaciente.
Si te fijaras bien Rei, verías que es un hombre hermoso…
—Cruza la mitad de su cara obvio que me fije, con razón es amargado con esa cara ninguna mujer debe acercarse a él
—Rei te dije no te metas con Darien, no quiero volver a repetirlo así que si quieres permanecer aquí más te vale no decir ni una sola cosa mala de él, puedes quedarte en esta habitación, seguramente hay toallas en el baño.
— ¿Que hay entre tú y ese tal Darien ?—la pelinegra se sentó sobre la cama —para ser un hombre que te caía gordo, déjame decirte que lo defiendes bastante —enarcó una de sus cejas
— No lo entenderías Rei, date una ducha y si quieres puedes acompañarnos a cenar—murmuró antes de abandonar la habitación dejando a la pelinegra sola sentada en la cama.
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Darien había dejado a Serena con su amiga, su auto control se había desmoronado y estaba a punto de hacerle el amor a su Sere como lo había deseado, con pasión y la lujuria que lo abatían desde hacía casi 200 años
Pude dañarla... Pude dañarla
Repetía mientras se internaba en el bosque. Al llegar al claro no pudo evitar suspirar mientras caminaba hasta donde Andrew.
—Huele a perfume barato, a jabón de motel, seiscientos años y viene a burlarse de mí en mi cara y eso no voy a permitírselo Darien—gruñó Andrew entre dientes mientras derribaba un árbol.
—Andrew —lo llamó— ella no es Rosa, es Rei la amiga de Serena, No conocí a tu Rosa, pero debes estar seguro que no es la misma.
—Dices tú lo mismo de tu Sere, Darien—refunfuñó el rubio.
—No es lo mismo Andrew, ¿tiene Rei algún olor especial para ti?
— ¡Huele a puta!—renegó frustrado.
—Vamos amigo no puedes crucificar a la mujer por algo que hizo alguien de su pasado, la viste a los ojos, viste a Rei, no a Rosa.
Andrew detuvo el incesante golpe al árbol y lo miró a los ojos—Son diferentes—dijo sin aliento—pero se parecen tan tanto, son tan malditamente iguales Darien y yo la amaba— se dejó caer en el suelo—Yo la amaba amigo. Dime si tú le perdonarías a Serena haber estado con algún otro hombre.
—Serena no es virgen y Serenity tampoco lo fue.
—Pero estoy seguro como la mierda que tampoco, es una puta— levantó su mano en actitud de reto.
— ¿Que te hace pensar que Rei lo es?
—Huele a motel de mala muerte — pateó el suelo como niño caprichoso, tratando de dar una contundencia a su argumento infantil.
—Cuando venias de Tokio a Okinawa no viste la cantidad de hoteles de mala muerte que hay en la carretera, Andrew lo que me dices es algo estúpido—Darien se acercó hasta a él
—Ella debió quedarse en cualquier lugar de esos
—No me digas que ahora eres lector de mentes, curandero— Andrew negó con la cabeza—No conocemos a esta chica, así que descarga tu ira contra todos los árboles del bosque y vuelve a casa para cenar, Sere a estado preguntando por ti y por Seiya— un par de palmadas en el hombro desnudo de su amigo y camino de regreso a la casona, le había dicho a Sere que estaría en el estudio y quería que lo encontrara allí si necesitaba su ayuda.
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Serena miraba a Rei sentada a un lado de Darien mientras Andrew estaba al lado de ella, la tensión en la mesa era densa a tal punto que ni unas tijeras de jardinería podrían cortarla.
Seiya entró a la casa y todos giraron viendo al más joven de los tres hombres. Se le notaba cansado y pesadas bolsas demarcaban su rostro, el joven alzó la vista y dio un suspiro. La mirada de Darien se trancó en la de él y Serena miró nuevamente la comunicación silenciosa entre los dos hombres, Darien asintió con la cabeza dejando que la tensión que se había acumulado desde que había sentido la puerta abrirse desapareciera.
— ¿Te sientas a comer con nosotros Seiya?— Preguntó Serena de forma pícara, al mismo tiempo observó a su compañero que trataba de sonreír ante la situación y a Andrew que ardía de rabia y a una Rei que trataba de ser indiferente frente a esos hombres inmensos y misteriosos que estaban cerca de ella, sobre todo al rubio peludo con cara de pocos amigos.
Mastodonte con anabólicos…
—Gracias señorita Tsukino- El chico bajó la cabeza, tratando de hacer caso omiso a la mente de la hermosa mujer desconocida- he comido algo de camino y ya la luna está a punto de asomarse, sólo tomaré una ducha y me cambiaré de ropa—Serena asintió—me alegro que hayan arreglado sus diferencias.
—No te equivocaste Seiya—ella miró a Darien con ternura y éste le sonrió
—Yo nunca me equivoco señorita Tsukino
—Detectando engreídos—murmuró Andrew tamborileando sus dedos contra la mesa.
—Señor, voy a mi habitación
—Nos encontramos allí—dijo Darien mirando a Seiya y luego a Andrew.
— ¿Me he perdido de algo? –pregunto Rei mirando a Serena.
—Nada que te importe pelinegra—masculló Andrew.
—No te he preguntado a ti orangután.
Andrew iba a responder cuando su mirada se cruzó con la de Darien antes de que éste se levantara –Estaré en el estudio, puedes venir Andrew—el rubio asintió no sin antes lanzarle una mirada helada a la pelinegra a su lado, mirada que fue contestada de la misma forma.
Pelinegra tonta…
Mamut lleno de esteroides…
—Sigo creyendo que me he perdido de algo—musitó Rei una vez Andrew y Darien habían abandonado la habitación
—No es nada Rei…
—Parecían tener una comunicación telepática. Son raros…
—Son reservados, debes estar cansada Rei llevemos esto a la cocina y vayamos a la habitación—Rei asintió levantándose con Sere y recogiendo los platos
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Serena estaba sentada en la ventana mirando los pequeños copos de nieve caer. Hacía más de media hora que Rei se había internado en la habitación que ella misma le había asignado, no sin antes anunciarle que Diamante y Esmeralda se habían casado en una ceremonia por todo lo alto.
Esto no me duele—se dijo internamente, pero dolía, su vanidad femenina estaba resentida, no por el "amor" hacia un hombre egoísta como su ex, si no por el hecho que le hubiesen bastado un par de semanas para haber llevado a Esmeralda al altar cuando ellos llevaban casi seis años de noviazgo. Ella había visto en su Facebook que estaba comprometido, pero al parecer aun no actualizaba su estatus.
La puerta se abrió y ella giro su rostro observando el ceño fruncido de Darien
— ¿Sucede algo?—preguntó él entrando en la habitación, ella negó con la cabeza—sabes que puedo sentir tu estado de ánimo, no me mientas—llegó junto a ella agachándose y tomando su mano para darle ligeros besos.
Si le digo creerá que aún amo a Diamante
—Es la visita de Rei—peinó sus cabellos hacia atrás—estaba feliz aquí contigo, era como una burbuja—Serena soltó sus manos para acariciar sus mejillas – el que ella llegase simplemente me ha trastocado.
— ¿Quieres que se vaya?—Ella negó con la cabeza obligándolo a levantarse hasta que Darien se sentara en el espacio sobrante del marco de la ventana, ella subió a su regazo quedando ahorcadas de él y besando sus labios brevemente –Nena…
— ¿Tienes que irte esta noche?—murmuró ella sobre sus labios, él asintió
— ¿Qué te preocupa?
—Seiya perdió a Nicolás de vista, me preocupa que intente algo contra ti.
—No tiene manera de saber que estamos juntos Darien…
—Él lo sabrá nena, siempre lo sabe—ella volvió a besarlo y Darien se permitió acariciar sus piernas cubiertas por un short de algodón — ¿y esto?
—Rei me trajo algo de ropa—murmuró sobre sus labios.
—Tres días nena—acarició su costado mientras Serena besaba sus mejillas, haciendo un camino de besos, pequeño besos dulces por su cicatriz; acarició su nuca, enredando mechones de sus negros cabellos en sus dedos mientras se mecía levemente sobre él—nena.
—Shhstt, calla—murmuró succionando el lóbulo de su oreja, las manos de Darien se tensaron en su cintura para luego acariciar sus apetitosas nalgas. Serena tomó sus labios dominando parcialmente el beso, su lengua pidió acceso a la boca del hombre mientras el deseo nublaba sus sentidos.
Alientos entremezclados, besos furtivos y deseosos, lenguas bailando al son de una misma canción, Darien metió sus manos por la camisa de Serena acariciando su piel con pasión demostrándole con su tacto cuanto la amaba
Un quejido abandonó los labios de Serena haciendo que su cuerpo se tensara. Siseó y aguantó la respiración, Darien se separó de ella mirándola con los ojos desorbitados
—Estoy bien –musitó ella intentado retomar el beso, pero Darien la alejó— ¿Darien?—sus ojos celestes se trancaron en los azules de él mientras sentía sus manos palpar la piel de su espalda, ella mordió el interior de su mejilla justo cuando Darien presionó el lugar que había presionado mientras se besaban
—Gírate—ordenó. Su voz no salió dulce, era como un pedazo de hierro caliente
—Darien no es nada…—
—Gírate ahora Serena—ella suspiró fuertemente bajándose de su regazo y girándose para que él levantara la camisa hasta encontrarse con el causante del siseo de su mujer— ¿Cuándo?
—No es nada Darien yo— sus palabras eran suplicantes.
— ¡¿Cuándo?!—gimió entre dientes observando el moretón verdoso que se formaba justamente debajo de sus costillas
—Esta mañana cuando estábamos en la cocina, creo que fue cuando –Serena calló pero igual se dio cuenta que no podía mentirle—cuando me empujaste contra la nevera…
— Yo lo sabía— dijo levantándose y alejándose de ella—Soy un maldito bruto yo lo sabía.
—Darien es solo un golpe—intentó justificarlo.
— ¡No es el hecho del golpe!—gritó—tengo que mantenerme lejos de ti— ella se acercó a él y Darien se alejó –No Serena… Entiéndelo, No te quiero cerca de mí—musitó él –No hasta después de la luna llena—gruñó antes de darse media vuelta y salir de la habitación
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Serena despertó al sentir el sol impactar en su cara, había estado despierta casi toda la noche escuchándolo desde algún lugar del bosque. Habían pasado cincuenta y seis horas desde que él había salido de la casa para no volver, al menos sabía que Andrew y Seiya lo cuidaban.
Con Nicolás en cualquier parte del pueblo temía que pudiese hacerle algo.
Ella se había mantenido con Rei entre la casa a pesar de las constantes quejas de la pelinegra por estar enclaustradas. Serena lo había prometido, le había prometido no salir hasta después de la Luna y llena y afortunadamente ese día había llegado
Durante el día ella y Rei estuvieron viendo películas, Serena sentía que su cuerpo ardía a pesar de que afuera unas leves motas de nieve caían sobre el césped
—No puedo creer que no haya un auto en esta maldita casa—expresó Rei enojada.
—Darien se llevó el de él, Seiya no tiene y Andrew está de paso—murmuró Serena sin dejar de ver su libro.
Había releído el último párrafo en más de una ocasión, sabía que Darien estaba sufriendo. En el sonido triste y desgarrador de sus aullidos lo delataba, Sere pudo entrever la inmensidad de la tristeza que un hombre como Darien podía sentir. Era un lobo, extraño, misterioso y con esa cualidad propia de aquellos animales: ser uno sólo con los bosques.
Un aullido atravesó el espacio, Serena se estremeció ante las sensaciones que aquel desgarrador sonido le causaba.
Dolor…
Felicidad…
Soledad…
Melancolía…
Todos ellos eres tú…lobo…
Los tres últimos que había escuchado eran aullidos melancólicos, tristes y agobiantes y ella los sentía, sentía que cada aullido era como si le enterraran pequeños dardos en el corazón, pero el último fue el más desolador.
Que soledad tan horrible.
—Voy a acostarme Rei—musitó cerrando el libro, tenía un leve dolor de cabeza, el pecho comprimido y corazón palpitando a viva voz, amaba a Darien Shields. Antes de él, nunca hubiese podido imaginar que unos cuantos días eran suficientes como para enamorarse de alguien.
—Serena son la siete y treinta de la noche —dijo la pelinegra reticente.
—Me duele la cabeza Rei, tú puedes quedarte si lo deseas, sólo no vayas a ningún lado, parece que va a nevar otra vez
—Nevar es lo único que sucede en este pueblo del infierno, desearía no haber venido hasta acá.
—Nadie te invitó Rei, viniste porque quisiste y nadie te retiene tampoco, no quiero volver a discutir contigo—dijo recordando la discusión que habían tenido el día anterior cuando Rei había insinuado que ella estaba ahí por Serena, cuando sabía perfectamente que ella estaba ahí huyendo de Zafiro.
—Serena, que te han hecho, siempre hemos sido buenas amigas y ahora parece como si quisieras alejarme de ti—de hecho era lo que la rubia quería, quería que pasara la luna llena y quería estar nuevamente con Darien; que le tocara el piano o el violín, quería cocinar junto a él y quería besarlo nuevamente más que nada en el mundo.
—Nada Rei, solo que aquí en este pueblo maldito como tú lo llamas he encontrado la paz que siempre he buscado, la tranquilidad que necesito —y el amor, se dijo para sus adentros—Aquí no existe Kenji, ni mi madre, No existe Diamante y Esmeralda —negó con la cabeza—Ni siquiera existe Yaten.
— ¿Piensas quedarte aquí? — los ojos amatistas de la mujer no parpadeaban, ¿Dónde había quedado la chica apocada que siempre temía expresar lo que sentía? — ¿Para siempre? —Preguntó Rei consternada — ¿Seguro que no te golpeaste con algo? ¿No has recibido visita extraterrestre o algo similar? —expresó cuando Serena asintió
—Yo sólo quiero seguir viviendo como hace unos días, voy a recostarme Rei, te dejo mi computador —se encaminó a la salida de la sala—suceda lo que suceda no salgas de la casa —murmuró antes de subir las escaleras.
Al llegar a su habitación abrió la ventana escuchando los aullidos de su amado, suspiró fuertemente y se recostó sobre la cama cerrando los ojos y musitando en voz baja el nombre de su hombre: Darien…
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Darien estaba famélico, tener a Serena tan cerca lo estaba carcomiendo en un fuego abrasador que lo carbonizaba, sabía que iba ser doloroso pero temía por ella. Nicolás no había dado señales de vida y aunque él había estado cerca de Serena, no se había permitido verla, al recordarla o intentar hacer algo tan estúpido como ir a su casa la imagen de su espalda magullada lo golpeaba fuertemente. Él la había lastimado sólo por no poder mantenerse lo suficientemente lejos de ella, pero ahora desde el lugar que estaba podía sentir su aroma y eso lo estaba enloqueciendo.
Su animal interior deseaba ir por ella, marcarla como suya de una buena vez, pero el humano que aún habitaba en él sabía que podía matarla y no soportaría otros cien años sin ella…
Decidió correr por el bosque sin alejarse completamente, Seiya estaba en los límites del bosque y del pueblo; Andrew estaba cerca de casa vigilante. Él había decidido estar más en el centro del espeso bosque.
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Andrew enfadado, le encolerizaba de sobre manera que esa mujer estuviese cerca de él y que no pudiera hacerle pagar por haberle roto su corazón. Nunca había sabido que había sucedido con Rosa, cuando se dio cuenta en que se había convertido huyó lejos donde nada ni nadie lo reconociera, lo último que supo de sus padres era que lo habían dado por muerto, lo único que podía sacar de ahí era que Rosa seguramente le había tocado volver al burdel de mala muerte de donde nunca había debido salir.
—Ojala hayas muerto de sífilis perra—musitó sentándose sobre sus patas traseras mirando fijamente la única luz encendida en toda la casa, eran apenas las nueve de la noche y en unas horas la luna sacaría lo peor de su naturaleza. Él, Seiya y Darien se reunirían en lo más profundo del bosque para entregarse completamente a los rayos lunares, sabía que Nicolás estaría haciendo lo mismo, por más que lo intentara la Luna llena era la soberana de los de su especie.
Un movimiento en la casa lo hizo levantarse y enfocarse de manera concentrada, haciendo que sus orejas puntiagudas hicieran el movimiento que todo lobo hacía cuando se concentraba en su presa.
Rei salía del lugar, no iba a ningún lugar preciso, simplemente caminaba envuelta en un abrigo mientras pateaba la nieve. Rei movió su cabeza dejando que los cabellos negros se mecieran al compás del viento y haciendo que a su nariz le llegara ese olor que él tanto amaba: el olor a lluvia fresca…
Andrew se levantó aturdido, era la primera vez que podía identificar el olor en una fémina. Los lobos o licántropos como Darien prefería que lo llamasen, no identificaban un olor específico en cuanto a mujeres se refería; todas olían condenadamente bien, pero sólo una, su compañera eterna tenía un olor propio, único, tan adictivo que su cuerpo reaccionaba completamente a él, Darien ya se lo había dicho y el dolor lacerante en su órgano reproductor se lo comprobaba, Rei Hino, era su compañera de vida, aunque la odiase.
Perra, perra vida mía…estoy jodidamente condenado.
Vio como Rei se alejaba de la casa en posición contraria de donde él estaba mientras sacaba su celular y marcaba unos números… esperó atentamente, vigilando cada movimiento hasta que su sentido auditivo escuchó un nombre
—Hola Zafiro…
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Serena despertó con el corazón latiéndole furiosamente, la frente perlada en sudor y la boca reseca, miró el reloj que estaba en la cómoda de Darien para darse cuenta que era casi media noche, había dado tantas vueltas en su cama que al final había decidido ir a la habitación de Darien y acostarse sobre sus colchas. Aunque él no dormía allí, las sábanas aún sostenían el olor de su hombre, su compañero; y como Darien lo había dicho su mundo, podían llamarla loca pero en esos momentos estaba segura que Darien dependía de ella tanto como ella de él.
Fue al baño y lavó su boca. Se quedó unos minutos frente al espejo. La habitación de Darien era tan varonil, tan de él, imaginó esperarlo ahí todas las madrugadas. Salió a la habitación y observó el balcón cerrado, era la habitación con mejor vista al bosque, y ella sabía el porqué, ya una vez lo había visto bajar desde la ventana del ático.
Abrió las puertas dejando que la brisa helada golpeara su rostro, había una pequeña capa de nieve en el suelo por lo cual dedujo que había nevado mucho más fuerte de lo que estaba haciéndolo cuando ella se acostó a dormir. Miró la luna en el cielo tan hermosa y magistral y luego enfocó su vista en el bosque, estaba punto de cerrar las puertas y volver a meterse a la cama cuando lo escuchó.
El aullido fue espeluznante, triste, doloroso y melancólico, Era él, su Darien, llamándola desde algún lugar pero ¿Dónde?, un nuevo aullido aún más desgarrador que él otro se escuchó y Serena corrió a su habitación buscando su chamarra, no podía seguir soportándolo, su corazón parecía quebrarse tras cada aullido, revisó el cuarto donde Rei dormía plácidamente y luego caminó escaleras abajo escuchando el lamento de su lobo, suspiró profundamente y abrió las puertas principales de la casa saliendo de allí y caminando hasta el bosque. Caminando hacia su amor…
Caminó entre ramas dejando que sus pies se hundieran en la nieve, no había tomado zapatos cómodos, sólo había tomado su chamarra y había salido, era como si una fuerza extraña la hubiese obligado salir de casa aunque ella no quisiera hacerlo. Caminó sin importar el viento que parecía tomar más fuerza, caminó sin importar la nieve que caía sobre su cuerpo; simplemente camino siguiendo el aroma a bosque y tierra húmeda que sólo Darien podía tener, internada en el bosque Serena caminaba a ciegas hasta que vio una luz.
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Sabía que Seiya lo vigilaba, no tenía un pelo de idiota, el imbécil de su hermano lo había traicionado al quedarse con Darien una vez que su disque amigo se quedara con Selene, desde ahí había hecho todo lo posible para que no estuvieran juntos, pero ella seguía apareciendo y cada putos cien años él tenía que matarla, si no era suya no era de nadie tan simple como eso.
Sólo mía…sólo mía… ¡mía!
Se había ido unos días del pueblo intentando despistar así a Darien, sin embargo Seiya seguía vigilando su casa así que él estaba internado en el bosque roseado de cuando desodorante se encontrara en la tienda con la única finalidad que Darien ni el rubio captaran su aroma.
Sintió pequeñas pisadas sobre la nieve, el leve castañeo y unos pasos y lo supo… Su nena bonita había hecho la misma estupidez que había cometido en las veces anteriores, salir a buscar al maldito de Darien Shields, pero él mismo se aseguraría como las veces pasadas que no lo encontrara.
¿Qué tenía de malo él que ella nunca lo escogía?
En ese momento no le importaba
Estas aquí amor mío, estas aquí y encontraras tu muerte— murmuró antes de inhalar fuertemente y agudizar sus sentidos.
Ella no llegaría a Darien Shields.
No me importa nada Sere ¡nada! Pueden pasar mil años y algún día caminaras, pero hacia mí, no a él…no a él.
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Serena caminó más rápido sin importar el golpe que acababa de darse con una rama de un árbol bajo.
Un claro.
Caminó aún más rápido hasta llegar al lugar y entonces sus ojos se quedaron trabados en el animal frente a ella, era enorme, el pelaje era Pelinegro y Serena lo supo ese era Darien.
—Darien—ella lo llamó suavemente y él se giró mirándola aterrado—Darien—volvió a llamarlo, sabía perfectamente que allí en el fondo de su alma detrás de todo ese pelo de fuego, dientes y babas estaba su Darien, él que la había cargado mientras la llevaba de camino a casa, él estaba ahí, lo veía en sus ojos, caminó dos pasos hacia él escuchándolo gruñir antes de enseñar sus dientes.
—Aléjate Serena—gimió en voz ronca —Aléjate de mí por un demonio.
—Yo... No me harás daño Darien, he llegado hasta aquí hasta la luna, soy tuya, tan tuya como ella—señaló al astro que iluminaba la oscuridad de la noche—Y te amo
—! Soy una bestia!—gruño—!un animal!—su respiración estaba agitada
—No me importa, yo amo lo que se esconde debajo del pelo—dijo ella con voz ahogada—por favor Darien déjame tocarte—se acercó un poco más a él haciendo que retrocediera— ¡No soy de Cristal Maldita sea!—gritó ofuscada—No soy ni Selene, Ni Serenity, ni la otra Sere Soy Serena Tsukino, soy tu mujer, tu compañera de vida maldito perro pulgoso.
Darien gruño.
—Déjame tocarte por favor—lágrimas gruesas corrían por sus mejillas—déjame amarte, déjame demostrarte que no voy a dejarte... Por favor—Volvió a acercarse a él.
Darien gimió a la Luna, estar tan cerca y a la vez tan lejos lo mataba, aulló audiblemente antes de recostarse en sus patas delanteras y gemir dolorosamente
Serena se acercó, tenía miedo... mucho, pero lo amaba, era adicción, necesidad, sentía que necesitaba tocarlo y lo hizo
Acarició su pelaje a lo largo de su mandíbula sin importar lo húmedo de la zona
—Te amo—le murmuró—te amo odioso cabrón, patán de quinta, chucho asqueroso, te amo.
Con la mano libre limpio su mejilla y él gimió nuevamente.
Esto no va terminar nunca Serena…tú y yo, siempre y para siempre.
Ella subió la mano por su pelaje pelinegro hasta situarlas detrás de las orejas, acariciando con suavidad. La respiración de Darien era arrítmica e inclemente; Serena se acercó un poco más a él, sólo un poco y en un segundo Darien había desaparecido.
Vuelve, estoy aquí yo soy tuya…
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Mi pobre Dar, esta tan asustado mi lobito, Chicas le debo una disculpa porque se me habia olvidado subir cap! perooooooooooooooo Aqui esta y por partida doble...
Besos!
