Disclaimer: los personajes de Sailor Moon son propiedad única y exclusivamente de la Naoko T. yo solo los utilizo para mi diversión.

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Editado Por Adri...

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Es importante, es urgente que te quedes a mi lado

Inventaré los motivos que sean

para estar cerca de tí

Atado a tu amor-Chayanne

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Tú, yo… ¿Para siempre?

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No sabía cuánto había corrido, sólo quería estar lejos…

¡Solo!

De ella…

De él…

Tantos malditos años separándolos y siempre ella iba a él… Siempre a él.

¿Por qué?

Maldita sea ¿por qué?

Quería matarlos a ambos y de una vez terminar con su suplicio, con mi suplicio, con ese dolor que le taladraba no sólo el corazón si no los huesos, ella era una perra pisoteando sus sentimientos, arrancándole el alma desde que se la había tropezado en aquel parque junto a su doncella…

Tan Sere, tan especial. Su cabello rubio cubierto por un sombrero elegante… Selene, como un niño pequeño la observaba escondido entre los árboles del parque, mientras ella con actitud coqueta le sonreía debajo de su abanico de mano.

Y Nicolás la amaba, con locura, con adoración, investigó todo sobre ella, su chica de aromas a jazmín y fresas, no podía reconocer el aroma pero estaba ahí y ella seria para él.

Daria el primer paso en la fiesta del gobernador, se acercaría a ella y la cortejaría. Gracias a su inteligencia, y sus muchos años de vida había podido hacer algo de dinero en los juegos de mesa, ¡él era digno de ella!, No quería ir solo por lo que invito a Darien, era su mejor amigo, además que Seiya, su hermano, no podía estar en lugares donde hubiesen muchas personas, no envidiaba para nada su don.

Se colocó su mejor traje y cuando llego a la mansión la buscó por muchos minutos sin encontrarla, sintió como Darien afinaba el piano para tocar y negó con la cabeza, Darien y su maldita obsesión por el monstruo de marfil. Caminó hacia él y la vio.

Su nena de cabellos dorados miraba anonadada la forma en como su mejor amigo tocaba aquel monstruo de marfil… esa debió ser su primera pista, pero lo dejo pasar, se acercó a ella y trato de conversar pero su doncella no la dejo.

Pasaron días antes que volviese a acercarse a ella pero ella lo rechazó totalmente. Herido en su orgullo y con el ego destrozado Nicolás huyó.

Una mujer, otra, una más, muchas pasaron por su lecho intentando olvidar, pero ninguna olía tan bien como su nena, nadie tenía los labios como ella, así que volvió dispuesto a enamorarla ella era su mujer.

Intentó hacerlo, sin embargo, todo fue en vano.

La lujuria debía enceguecerlo. Mujeres llegaron a su vida, una tras otra que sólo servían para sofocar el fuego animal que recorría sus entrañas. Un rechazo tras otro por parte de su amada, los soportó estoicamente hasta enterarse de la verdad.

Selene Moon… Se casaba… Con Darien Shields.

Rompió el periódico en mil pedazos, todos y cada uno de ellos, con el alma enloquecida con el dolor de la traición

Maldito seas Darien Shields, Mil veces maldito

Bebió como poseso en la cantina de la ciudad, miles de mujeres admirando sus profundos ojos negros, su piel color canela y la musculatura de su cuerpo.

Cuando la noche llegó se entregó a los designios de la luna y corrió al bosque maullando como animal herido y dolido.

¿Cuántos días y noches estuvo refugiado entre la profundidad del bosque? Nadie podría decirla, sentía que algo dentro de él bullía de manera dolorosa…

Siempre Darien...Siempre tu maldito.

Darien hijo, es un chico que no da problemas—decía su padre cada vez que Nicolás llegaba a casa después de la escuela con un golpe en su rostro por peleas infantiles.

Darien me explica bien matemáticas—murmuraba Seiya mientras hacían sus deberes y Nicolás no tenía paciencia para explicarle a su pequeño hermano.

Hoy Darien me ayudo a cargar el alimento desde la cocina, chico deberías aprender un poco más de él

Cazas como una niña, a tu edad el joven Shields ya había cazado su primer zorro —expresaba su abuelo con orgullo.

Siempre Darien, siempre él… salió del bosque con una simple convicción Selene Moon no sería de él pero tampoco de Darien Shields.

Faltaba un día para la luna llena. Podía sentir el cambio en su cuerpo. Esperó… esperó y Darien se fue, no controlaba sus instintos, aún de hecho ninguno lo hacía. Cien años no eran suficientes para aceptar como tu cuerpo cambiase.

Esperó y atacó.

Ver el carruaje descontrolado de Selene le dolió, pero no tanto para evitar a desgracia, disfrutó ver sufrir a su mejor amigo, ahora enemigo. Se paró frente al carruaje, el cochero lo vio y le enseñó sus dientes asustando al hombre de avanzada edad.

La lucha con Darien fue gratificante por el sólo hecho de ver a su "amigo" con el alma y el corazón destrozado.

Sufre Shields… sufre, te lo mereces, por cada una de las cosas que me has quitado, por todo, no me importa si debes sufrir eternamente, no me importa…

Me la quitaste….

Porque sí;

La compañera de un lobo era una sola… Y era para siempre.

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Aulló una vez más a la luna rumiando su tristeza

Me haces daño nena, siempre me haces daño…

Los "Te amo" susurrados por su nena flores y frutas aun sonaban como ecos en su cabeza, se paró sobre sus patas sonriendo lobunamente… Como cada luna llena, cada cien años Darien Shields revivía su dolor.

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Seiya llegó justo a la ladera en donde había quedado en encontrarse con Andrew, sin embargo éste no estaba ahí, inhaló el aire fresco de la madrugada buscando algún indicio de una pelea o de Nicolás cerca, pero no había nada... Estaba cansado... Su vida estaba basada en cuidar a su hermano Nicolás a la distancia, en su mente tenía los recuerdos de los últimos momentos de cada una de sus victimas

Amaba a Nicolás, pero estaba agotado, desgastado, había dejado de vivir, para hacerlo en pro de él. Nicolás siempre había sido obstinado y caprichoso pero había sido Selene la que había detonado el lado cruel de su hermano.

El rechazo de la mujer hizo mella en el cuerpo de Nicolás, acostumbrado siempre a tener lo que quería aunque le costase, aunque tuviese que pasar por encima de quien fuese. No culpaba a Selene, el amor es pureza y en el corazón no se manda, tampoco podía culpar a Darien cuando su único pecado había sido amar, además que Darien era su hermano, su alfa aunque Darien lo negara.

Había hecho lo que todo licántropo hacia cada vez que la luna se colocaba en su punto máximo: entregarse a ella como un amante devoto.

No había sabido nada de Andrew ni de Darien esperaba que estuvieran bien porque tampoco había sentido a Nicolás. Había esperándolo a una distancia prudente de su casa mientras Andrew vigilaba a Serena. Darien había cortado toda conexión telepática hacia dos días atrás… Como todas las lunas llenas.

Miró la casa desde la pradera escuchando el leve latido del corazón de Sere, ni rastros de Rei, la pelinegra no estaba en peligro, así que no se molestó en investigar, seguramente había salido al pueblo y se había quedado ahí. Descansó sobre sus patas y dejo que su cuerpo cansado se recostara sobre la grama húmeda por la anterior tormenta

El sol no tardaría en salir y no sería hasta la próxima luna llena que podrían entregarse al frenesí de su naturaleza, estaba a punto de relajarse totalmente cuando algo capto su atención.

Sus orejas se levantaron y el ambiente se llenó de ese aroma que él podría reconocer a kilómetros de distancia.

El lobo de pelaje oscuro corría raudo y veloz por los bosques del pequeño pueblo de Osaka con los ojos inyectados de rabia, el dolor carcomiendo sus sentidos, Seiya entendió que aquel solo tenía algo en su mente:

Matar

Matar a Serena Tsukino por su desprecio, por lastimarlo como nunca nadie lo había lastimado, necesitaba sentir que cobraba venganza por su propia mano. Una vez más ella se arrepentiría de haberlo escogido a él, de sentenciarlo a cien años más de sufrimiento y dolor. Salió al claro que colindaba con el patio trasero de la mansión de Shields y miro la casa inhalando fuertemente buscando saber si él o ella se encontraban en casa.

Ni rastros de Shields…

Pero ella, ella olía malditamente a él, él la había marcado y eso lo hizo gemir internamente, antes de aullar fieramente

Vas a pagar Shields, Vas a pagar Maldito esta vez lloraras lágrimas de sangre esta vez quitaré su sucio olor de su cuerpo antes de matarla.

Apresuró sus pasos hasta llegar al campo abierto. No había rastros de Seiya ni de Darien en casa se precipito a la puerta trasera antes de sentir como algo lo golpeaba en el costado alejándolo varios metros de donde estaba.

Gimió ante la punzada fuerte y el crujir de sus costillas aun así se levantó para ver de frente al lobo gris que jadeaba por el golpe también.

— Apártate—masculló enseñando los dientes el lobo de pelo negro

—Vete de aquí Nicolás—siseó Seiya tomando la misma postura, patas erguidas pelo erizado y gesto fiero—Nada de lo que hay aquí te pertenece—murmuró el lobo más joven

Nicolás sonrió, en su mente Seiya pudo escuchar la carcajada cínica y sardónica que su hermano le daba –Quien me lo va impedir…Tu—dijo irónico Nicolás — piérdete. ¡Esto no es asunto tuyo Seiya!

—Si tengo que hacerlo lo haré, hermano- trataba de conciliar con su hermano.

—Ella es mía ¡tú lo sabes maldita sea!— protestó Nicolás

— No, Nicolás tienes que entenderlo ella nunca ha sido tuya

— ¡Lo defiendes a él!— el lobo enseñó sus dientes en un claro gesto de ataque –apártate Seiya o te juro por lo más sagrado que me va importar una verdadera mierda que compartamos sangre.

-No entraras por ella… ¡Basta ya Nicolás!, siempre es lo mismo… ¡Siempre!, acabar con su vida ¿para qué?, para que Darien sufra, para que tú sufras ¡Ella no te ama!, lo ama a él. Vuelve a la vida por él y tú te destruyes a ti mismo.

Seiya hablaba con la seguridad de ver como todo se repetía en un eterno retorno, vida, amor y muerte.

El lobo negro se puso rígido, como un perro ante un objetivo. —Cállate —dijo con furia.

—No, estoy cansado Nicolás, toda mi vida tras tus huellas ¡Joder tengo una vida inmortal! y tú tienes que entender que ella no es para ti, ella lo busca, lo encuentra ¡Nicolás! Mi hermano, Darien se vino lejos y ella llegó aquí, él intentó estar lejos y ella lo acorraló ¡Ella no te quiere!

— ¡Basta! ella es mía entiendes ¡MÍA!— se enfrentó a su hermano con furia.

— ¡Se entregó a él! ¿Qué más malditas pruebas quieres?, le dio su vida y su cuerpo se anudaron en una sola anoche, ¡ella lleva su marca!—y eso fue todo lo que Nicolás pudo soportar, cruzando el espacio que los separaba con veloces zancadas, con la mirada llena de odio y la rabia burbujeando en sus venas, se abalanzó hacia el cuerpo de su hermano atacándolo fuertemente.

Atravesó a su hermano de un solo golpe; golpe que mataría a un hombre común y mortal, mas Seiya era un licántropo y podía soportar golpes terribles como el que su hermano le asestó y que lo estrelló contra la pared, sin embargo Nicolás lleno de rabia no se medía y de nuevo golpeó a su pequeño hermano.

Seiya permaneció tendido sobre la espalda por un momento como un escarabajo aturdido. Luego saltó a sus pies, ignorando la cuchillada de dolor que le recorrió la espalda por los impactos.

—Intenta detenerme otra vez y el curandero va tener que armar tus costillas como piezas de puzzle Seiya...—Bramó Nicolás—no estoy jugando maldita sea —lo miraba furioso, directo a la cara:

Seiya lo sabía, Nicolás era el más fuerte de los tres, enfrentarse a él era peligroso, sobre todo cuando su hermano estaba inyectado de tanto odio y dolor. Sin embargo se había jurado que Sere no volvería morir. No una vez más, no ahora, cuando por fin Darien había decidido dejar su miedo.

Podría perder su vida en el intento de apartar a Nicolás de la casa, pero no dejaría que la mujer de su amigo y hermano se pusiera en peligro, fue esa la razón que lo llevo a atacar primero.

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Darien sentía una paz que nunca antes había sentido, había cazado, corrido y aullado con más emoción que en cualquier otra luna llena.

Había tenido sexo muchísimas veces pero ninguna había ido tan satisfactoria placentera como su noche con Serena... su Sere, su nena bonita de olor a chocolate fresco y exquisito.

La luna había sido el principal testigo de su entrega.

En el momento que sus cuerpos se habían unido, él lo había olvidado todo. Se había sumergido en el único ser que lo mantenía en pie: ella, ella entregándolo todo, ella permitiéndole ser quien era, ella quien se dejó marcar no solo por dentro sino también por fuera y eso lo tenía eufórico rebosando de felicidad. Sin embargo y a pesar de su felicidad había algo que no le permitía disfrutar de la dicha completa del apareamiento... Nicolás.

Tenía días sin saber de su paradero, algo inusual en él. Seiya y Andrew, en ese momento vigilaban la mansión y eso lo tenía un poco más relajado, había estado atento a cada sonido de la naturaleza y había procurado no estar lejos de casa, sabía que Sere no saldría si se despertaba. Llegó al lugar donde se había convertido en uno con ella y dio su último aullido de la noche dándole la bienvenida al astro rey, dispuesto a ir a casa y relajarse al lado de su hermoso y dulce caramelo.

Volvió a su forma humana caminando hasta el lago en donde había estado con Serena horas atrás, se quitaría un poco el aroma a bosque y tierra. Dejó que cada uno de sus músculos se relajara dentro del de agua inhalando profundamente.

Tantos años, cientos de ellos sintiéndose un maldito, siempre en la oscuridad, sin sosiego, deseando, soñando sin esperanzas, llorando su soledad y su luto. Ahora, todo era diferente, sentía algo que no había sentido en años: esperanza, fe.

Su mente estaba silenciosa. Cerró los ojos escuchando el trinar de los pájaros y dejando que uno u otro rayo de sol golpearan su piel, conectando mente alma y cuerpo en uno solo. Retiró el escudo que había puesto hacia dos días atrás. Estaba tan sumido en su estado de relajación hasta que un escalofrío recorrió su ser.

Serena…

Fue su primer pensamiento antes de escuchar el leve gemido claro y conciso de Seiya. Su cuerpo se tensionó, alerta. Salió del agua rápidamente volviendo a su forma lobuna de emprender la marcha hacia su casa intentando por todos los medios de comunicarse con Andrew si Seiya lo había llamado era porque el latente peligro estaba mucho más cerca de lo imaginado.

Cruzó el bosque maldiciéndose a sí mismo por haber ido tan lejos

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Rei abrió los ojos intentando enfocarse donde estaba. Recordó que hablaba con Yaten cuando un piquete en su cuello la hizo sumergirse en un profundo abismo oscuro. Intentó levantarse de la pequeña cama en la que estaba acostada, pero un fuerte tirón en su pierna la hizo sentase nuevamente. Miró lo que la había hecho caer para darse cuenta que estaba amarrada con un par de cadenas.

¿Qué mierda?

Tocó con sus manos la cadena atada a su tobillo derecho que la mantenía sujeta a la pared.

¿Un secuestro? ¿Y si la habían confundido con Serena?

Ella le había dicho que no saliera de la casa. Sere sabía que la estaban buscando… ¿Pero quién?

Que no cunda el pánico Rei…respira tranquila, respira y piensa claro.

Miró la única ventana que había en el cuarto, el sol brillaba fuera y podía escuchar los pájaros trinar

— ¡Hola!—gritó—Hay alguien que me escuche—gritó más fuerte pero no escuchaba nada… —Yo no tengo ni donde caerme muerta…—murmuró entre dientes jalando la cadena con toda su fuerza, lo único que consiguió fue un gran dolor en sus manos.

Era estúpido pensar que alguien la secuestrara por algún rescate, no tenía nada, ni un solo dólar en el bolsillo, en ese momento quiso llorar de rabia porque entendió hasta que punto dependía de Zafiro y de lo inútil y mantenida que era.

Estaba segura que detrás de su cautiverio estaba la mano de Darien Shields, Serena estaba en verdadero peligro. Darien la quería para él, había visto su mirada en ella cuando estaban en la mesa, sus gestos, todo. Serena estaba como en trance.

Tiró aún más de la cadena, temiendo por la vida de su amiga, tres pasos fuertes y pesados se escucharon poco antes de que la puerta se abriese y el rubio entrara por ella…

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Andrew había estado en el pueblo buscando lo necesario para hacer de la cabaña algo medianamente acogedor, sabía que iba a estar ahí mucho tiempo ya que su nena no parecía ser una mujer fácil.

Le había costado todo de si ayudarla con su problema automovilístico. Soportar su olor a motel barato y tratar con su comportamiento infantil y hostil, pero lo que más le había costado había sido no arrancarle la cabeza cuando la escuchó hablando por teléfono con el tal Yaten.

El sólo nombre le asqueaba, Rei no sólo había bajado la voz como si se tratase de una damisela en apuros, había sido coqueta, su esencia se había multiplicado por mil y lo había hecho gemir internamente de mera frustración; esa fue una de las cosas por las cuales ahora estaba atada a una cadena que estaba firmemente sujeta a la pared.

No te vas a escapar de mi nena…

Caminó por el sendero del bosque con las bolsas llenas de alimento, lo principal para sobrevivir, dando gracias al ser divino que había decidido parar la tormenta haciendo que el amanecer fuera claro. Había tenido que entrar a la fuerza al pequeño supermercado del pueblo, dejó suficiente dinero como para que compraran el triple de lo que él se había llevado. A medida que se acercaba a la cabaña podía sentir la respiración acelerada de Rei y su afanoso intento por liberarse de su amarre. Sonrió lobunamente apresurando sus pasos, quería llegar a verla, el exquisito aroma de su cuerpo lo tenía preso en una jaula de donde él no quería salir.

Si, tal cual como la primera vez, Raye lo había deslumbrado, con su cuerpo fantástico y su experiencia como mujer. Su cuerpo era su mayor arma y esta Rei no era muy diferente, afortunadamente para él ella no sabía lo tentadora y sensual que le resultaba. Abrió la puerta dando un ligero empujón y entró a la cabaña

— ¿Tú?—Rei preguntó con desdén al ver al rubio parado en la puerta.

—Puedes tirar y tirar linda—dijo él viéndola de reojo como ella halaba de sus cadenas. Sonrió irónicamente colocando las cosas que traía en la vieja mesa de madera. Joder tenía que esperar tres días antes que llegaran los muebles nuevos a casa de Darien o al menos eso le había dicho por teléfono el señor Tao.

— ¿Se puede saber qué demonios hago aquí? Suéltame maldito mastodonte.

—Estás donde tienes que estar nena –cortó el queso y el jamón antes de tomar pan y untarlo con mantequilla.

— ¡Mira pedazo de infeliz te ordeno que me sueltes ya!—gritó Rei enojada—o…

— ¿O qué? –Andrew se giró mirándola fijamente. Sus ojos eran oscuros y antiguos, llenos de ansiedad y de deseo.

—Mira yo no tengo dinero—la voz de Rei se quebró—Así que no vas a ganar nada teniéndome aquí junto a ti.

Andrew caminó dos pasos hasta llegar a la cama donde ella estaba atada — ¿y quién te dijo que lo que quiero de ti es dinero?—escupió con sorna antes de negar con la cabeza y darle una de sus sonrisas torcidas y sintiendo como ella le escupía en la cara.

—Eres un cerdo—murmuró ella entre dientes haciendo que él la tomara por el cabello en un movimiento demasiado rápido para un humano, Rei trago grueso—dime que mi madre no trato de engañarte, dime que no pagaré una deuda más por ella—aunque estaba asustada trato que su voz fuese fuerte.

Andrew sacó su lengua pasándola por sus labios tenerla tan cerca era intoxicante para él, por su mente se reproducían mil y una manera de poseerla. Sabía que tenía miedo, podía olerlo, sin embargo ella se mostraba fiera, tan fiera como debía ser su hembra, dejó que sus instintos lo dominaran apoderándose de los labios de la que era su compañera de vida por mucho que le desagradase la idea.

Rei lo mordió y esa pequeña "caricia" lo incitó a querer más, a amarla así: guarra y deslenguada. Sintió como las manos de su mujer golpeaban su pecho intentándole hacerle daño, pero eso era imposible, su pecho era duro como pedazos de lozas o mármol pulido, tiró más de su cabello sometiendo la boca de ella a su voluntad, sintiendo la resistencia de Rei para someterse a él, sería una lucha de titanes, lo sabía, pero él era un jugador nato. Rei gimió cuando él amasó sus pechos sobre la chaqueta que ella llevaba dándole acceso directo a la calidez de su boca, enrollando su lengua a la de ella, penetrándola como quería hacerlo un poco más al sur de su cuerpo, poco a poco la voluntad de la mujer disminuía haciéndolo sentir poderoso. Lamió, succionó y mordisqueó los labios carnoso y suaves sintiendo como ella se amoldaba a él, al menos eso pensaba justo antes de propinarle un fuerte mordisco en su labio inferior.

— ¡Bastardo, hijo de puta!—grito la rubia nuevamente.

Mía nena, ¿me marcas perra?

Andrew se separó de ella con la rabia bullendo en su interior, pasó su lengua por su labio sintiendo el sabor metalizado de la sangre y mirando la mancha rojiza en el labio de su hembra.

Suya…

—Eso fue malditamente sexy nena— sonrió lobunamente antes de pasar su dedo por la herida, sanaría en un par de minutos, se levantó de la cama justo para quedarse paralizado.

Darien lo llamaba, algo malo estaba pasando y la desesperación de su amigo era latente.

Caminó hacia la mesa y terminó de preparar el emparedado que estaba haciendo; un hombre lobo siempre debía proteger a su mujer aunque esta fuese una piruja.

Tomó una caja de néctar de la bolsa y colocó el emparedado en un plato desechable antes de caminar hacia la cama y dejar el emparedado cerca.

—Come—ordenó con voz ronca, dispuesto a girarse y acudir al llamado de Darien sintió el leve golpe en su espalda y volvió a girarse para encontrar a Rei con la respiración acelerada y se encaminó hacia ella viendo el miedo en su mirada, volvió a bajar su rostro hasta quedar frente de ella inhalando su maldito y adictivo aroma.

Joder como entendía a Darien… quizás hasta al maldito de Nicolás, era malditamente fastidioso.

—Puedes morderme o golpearme nena eso solo hará más divertido tu cautiverio, para mí claro está –volvió a sonreírle descaradamente, saliendo de ahí sin importarle las palabras malsonantes de su mujer.

Ohh si se iba a divertir de lo lindo mientras la sometía a su voluntad.

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Darien corría a todo lo que le daban sus patas, sentía el latir del corazón de Seiya cada vez más bajo y estaba completamente asustado ¿Dónde demonios estaba Andrew? Sabía que no tenía que culpar a nadie más que a él mismo, Serena era su responsabilidad no la de sus amigos, divisó el claro que estaba antes de llegar a la parte trasera de su casa.

Sus muslos se debilitaron, el sol brilló como nunca antes había brillado en Osaka, haciéndolo caer al suelo en su forma humana.

¡Maldición! Gimió para sus adentros antes de levantarse y correr hacia su hogar, en ese momento no importaba su desnudez, en ese momento solo importaba Seiya…. Serena y Seiya.

Aguanta Seiya voy por ti amigo….

Seiya había vuelto a su forma humana luego de varios golpes propiciados por Nicolás, sentía la sangre salir de su cabeza, Nicolás parecía no querer detenerse pero había vuelto igual a su forma humana, sus ojos eran tan oscuros como el carbón.

— ¡Levántate!... No querías luchar, yo te lo advertí, levántate o renuncia a esta estupidez y déjame ir a buscar lo que me pertenece —el chico de piel canela hizo el intento de levantarse pero sus huesos dolían.

Nicolás negó con la cabeza —eso supuse enano— estaba dispuesto a pasar sobre él y entrar a su casa, cuando Seiya lo bloqueó retomando la lucha cuerpo a cuerpo, garra y diente con diente.

Nicolás dominaba su cuerpo, no lo regia la luna tanto como Seiya o Darien, volver a adquirir su forma lobuna le costó minutos y sólo segundos fue lo que tardo en atacar a Seiya e ir directamente por su garganta.

El lobo más joven gimió quedamente antes de caer al suelo sin poder levantarse, Nicolás escupió la sangre de su hermano antes de enseñar los dientes y colocarse en posición de defensa esperando que el muchacho se levantase, pero no fue así, sonrió internamente justo antes de sentir un fuerte golpe en su costado izquierdo mucho más fuerte que el primero que Seiya le había propiciado

Miren quien ha decido aparecer—murmuró con sorna Nicolás, Darien le enseñó los dientes colocándose en posición de ataque, había sido muy difícil para él retomar su forma lobuna pero agradeció mentalmente a Andrew haberle enseñado tiempo atrás a dominar su cuerpo.

Nicolás gruñó abalanzándose contra él, arremetiendo con dientes y garras, gruñidos de advertencia salían de su garganta, gruñidos que sólo alimentaban la furia de cada uno de los lobos. Darien empujó fuertemente a Nicolás clavándole sus garras en el costado derecho, haciéndolo sisear, Nicolás se defendió con un envite perfecto lanzando a Darien cerca del cuerpo aparentemente inerte de Seiya, antes de caer ante la gravedad de su herida.

—Seiya—Darien envuelto en su pelo rojizo llamó a su mejor amigo, la sangre parecía salir cada vez más, aun así el muchacho abrió los ojos—aguanta por Andrew amigo –dijo acariciando su brazo con su cabeza…—Aguanta Seiya –sintió la leve cercanía de Nicolás nuevamente y se preparó para volver a la lucha.

Nuevamente volvieron a los envites constantes, Nicolás se valía de su don para someter a Darien, pero estaba cansado de todo, de tener misericordia con un hombre que no la había tenido por él.

Ni siquiera por la mujer que decía amar, Selene, AnaSere y ClaraSere habían muerto en sus manos sin ningún tipo de remordimiento y Seiya ¡Su hermano! miró el cuerpo de su amigo antes de levantarse con toda su fuerza y atacar a Nicolás en la misma herida que le había provocado antes haciendo el lobo aullar y sisear de dolor.

Miró la parte este del bosque y visualizó como Andrew corría hacia él con zancadas veloces. Enseñó sus dientes a Nicolás, sus ojos inyectados de rencor, su rabia latente por condenarlo a años de sufrimiento, estaba dispuesto a acabar con la miserable vida del hombre al que había llamado amigo una vez, pero una voz lo hizo recapacitar.

— ¡No Darien!—murmuró Seiya levantando su rostro—es mi hermano amigo, no lo hagas—su cabeza cayó como peso muerto sobre la nieve y Darien corrió hacia Seiya. En un parpadeo Nicolás había desaparecido justo cuando Andrew llegaba al patio trasero de la casa.

— ¡Seiya!—la desesperación de Darien era latente tanto él como Andrew habían vuelto a su forma humana –Seiya despierta… Andrew.

Apártate—rumio el rubio acercándose a él

—Andrew Seiya está…—Darien temía decirlo.

—Está muy mal herido tenemos que llevarlo adentro –el rostro de Andrew era indescifrable, durante su vida como licántropo se había topado con muchos compañeros heridos, pero Seiya estaba muy grave, la herida en su garganta no paraba de sangrar.

Entre los dos llevaron a Seiya hasta su habitación, se vistieron con viejos pantalones de deporte y camisetas. Andrew había lavado sólo sus manos y sin importar que su cuerpo estuviese lleno de lodo o el de Darien estuviese gravemente lastimado, empezó con su tarea de curar a Seiya, mientras Darien curaba sus heridas menores. Se concentró en suturar la de su garganta, afortunadamente no había tocado su vena aorta.

Limpió el sudor con su antebrazo, cuando cerró completamente la herida y suspiró al haber detenido la sangre.

— ¿Y?—dijo Darien mirando el cuerpo casi inerte del muchacho.

—No puedo hacer más por él Darien.

—Andrew— Darien rugió de impotencia.

— ¡Lo ataco un maldito lobo!—gritó el rubio— ¡No puedo hacer más nada! lo sabes así que no me presiones ¡maldita sea!

Darien toco a su amigo sintiendo su respiración acelerada y sus músculos en tensión.

—Tiene más de la mitad de los huesos rotos y ha perdido mucha sangre, pero nosotros sanamos con rapidez Darien, lo que en realidad me preocupa es su herida en la garganta, he detenido la hemorragia pero esa herida puede ser peligrosa.

— ¿Necesitas algo?

—Morfina, mucha morfina ahora esta inconsciente pero cuando despierte va ser el infierno Darien.

—Buscaré toda la morfina que pueda reunir.

—Debería revisar tus heridas.

—Yo estoy bien, Seiya y Serena son lo importante ahora.

—La anudaste a ti—no fue una pregunta.

—Ella siempre ha sido mía Andrew, nuestro destino estaba marcado desde la primera vez que nos vimos, por favor, sé que no tengo derecho a pedirte esto pero cuida de Seiya y Serena mientras regreso.

El rubio asintió—date una ducha si piensas salir, veo que dominaste la transformación.

—No. Simplemente actué Drew, simplemente actué.

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Estaba agotado, era más de medio día pero no le provocaba comer nada, Seiya había despertado poco después de que él hubiese llegado con la morfina. Sus gritos eran aterradores, era el infierno para él. Darien se sentía culpable.

Andrew había suturado y limpiado sus heridas pero todas eran leves en comparación con las de Seiya.

Se dio cuenta que Rei no estaba en casa, Andrew lo había mirado con cara de no preguntes y él no lo había hecho, no sólo por el hecho de que la morena era una completa desconocida para él si no que era la mujer de Andrew y él sabía que no podía dañarla.

Afortunadamente Serena estaba dormida, aun ajena a todo lo que había sucedido en la mansión, caminó hacia ella viéndola dormir como un verdadero ángel, se acostó a su lado necesitaba descansar, necesitaba saber que ella estaba ahí.

Todo es tan fácil cuando estás conmigo, no hay sufrimiento, ni dolor, eres mi paraíso personal, estás aquí ahora y ya no sufro Serena, se que ésta es mi última oportunidad contigo, la última, ya no habrá más, porque si mueres yo no voy a sobrevivir, ya no quiero, no puedo.

Andrew estaba con Seiya, su cuerpo absorbía rápidamente la morfina pero aun así lo mantenía levemente dopado.

—Darien la voz de Serena se escuchó adormilada

—Ssshhtt —Darien la acarició con su voz—Duerme preciosa… descansa.

— ¿Sucede algo?

—Voy a protegerte Sere… Voy a protegerte mi amor —Ella se removió entre sus brazos hasta quedar frente a él, jadeó al notar los golpes en sus rostro pero antes que pudiese si quiera decir algo Darien la beso.

Suavemente, rosando sus labios con delicadeza y dulzura dejando en ese beso que sus miedos salieran a flote, apretándose a ella, como un salvavidas, porque en efecto lo era… Serena Tsukino se había convertido en su todo, en el aire que él necesitaba para respirar, en la luz que podía sacarlo de las tinieblas en las que él vivía; a esta Sere no podía sucederle nada porque era como si lo matasen a él, había pasado cuatrocientos años sufriendo pero eso era todo. Él viviría para ella y envejecería junto a ella. Aunque fuese lo último que hiciera.

—Fue él ¿no es así Darien? —dijo Serena cuando el depositó tiernos besos en su mandíbula, Darien asintió soterradamente— ¿Estás bien?

—Yo lo estoy…

—Rei—dijo asustada.

—Ella está bien entre lo que cabe…—Serena arqueo una ceja sin entender—Serena —Ella negó —Sere— ella acarició su mejilla izquierda con la punta de sus dedos, estaba desnuda bajo las colchas y Darien solo portaba unos pantalones de deporte. No había nada sexual entre ellos en ese momento — ¿Recuerdas que te dije que tu olor era como el chocolate fundido?—ella asintió —Cuando encontramos nuestra pareja reconocemos su olor y quedamos automáticamente atados a ella, si nos rechazan nos llenamos de odio.

—Yo rechace a Nicolás, es por eso que él...

—Andrew y Rei son pareja de vida—decidió no hablar de Nicolás, Serena jadeó ante la información.

— ¡Pero se odian!- Serena se incorporó dejando ver su torso desnudo.

—Es una reacción normal, en parejas con diferencias, Andrew no la ha tenido fácil.

—Rei tampoco.

Darien beso su frente —Andrew la ha llevado a un lugar en donde se reencontraran como pareja.

— ¿No le hará daño verdad? —el negó, ella respiró tranquila, la afirmación de que su mejor amiga estaba a salvo en boca de Darien le hizo saber que Rei estaría bien, mil veces mejor que con el cabrón de su ex. Ahora lo que realmente le preocupaba eran las heridas de su compañero — ¿Por qué tus heridas siguen abiertas?

—Porque fueron provocadas por un ser de mi misma especie.

—Pero estás bien—el negó.

—Seiya está muy grave. Sus heridas son tres mil veces peores que las mías —la melancolía en su voz hizo que Serena se pegase mas a él fundiendo sus cuerpos.

—Seiya se repondrá, él es fuerte—dijo ella intentando animarlo.

—Eso es lo que más deseo Sere…—murmuró con voz ronca mientras ella lo abrazaba aun mas, sin dejar un mínimo espacio entre los cuerpos.

— ¿Nicolás?—preguntó otra vez.

—Huyó, está herido... Debí matarlo y acabar con todo de una vez.

—No. Tú no eres un asesino Darien.

—Volverá, lo sé.

—No tengo miedo—declaró ella.

—No debes tenerlo—beso su frente—Pase lo que pase yo te protegeré amor.

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Amo a este hombreeee Dios lo adoro espero les guste el cap, a mi nena hermosa Adri prometo echarle ganas mu!

Ary