Disclaimer: los personajes de Sailor Moon son propiedad única y exclusivamente de Naoko T., yo solo los utilizo para mi diversión
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Puedo sentir el animal en el interior
Mi resolución se está debilitando
Golpeando en las puertas de mi mente
Es casi irresistible
No puedo comenzar a describir
El hambre que me siento de nuevo
Ejecutar si quiere sobrevivir
Para la bestia se acerca a la vida
Tomar más de un rayo de luz de la luna está contaminada
Disturbed The Animal
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Nueva Vida….
—Déjame ir...—murmuró la pelinegra por enésima vez en esas últimas dos semanas—Por favor déjame ir—murmuró al borde de las lágrimas, al principio había peleado, lo había insultado pero ya no le quedaban fuerzas, ya no quería pelear, simplemente quería cerrar los ojos y despertar de la pesadilla en que la envolvía el hombre frente a ella. Éste no la miro, si bien no había intentado más que herirla con sus palabras crueles y duras no había intentado propasarse con ella, Rei suspiró ante el silencio de su acompañante, se le veía triste y abatido, sin embargo no hablaba con ella, subió sus piernas pegando sus rodillas a su barbilla.
Sere seguramente la estaba buscando y ella estaba sola con esos dos hombres en la casa, temía por la vida de la pequeña y frágil Serena, Sere no era fuerte como ella, Sere era una hojita al viento en plena tormenta temía por su amiga y ¿por qué no?... También temía por ella, sin embargo a pesar del miedo que recorría sus entrañas se sentía extrañamente segura con el rubio hijo de puta, como ella lo había bautizado.
Andrew era apuesto, muy apuesto, los primeros días de su encierro él se veía preocupado, entraba y salía de la casa varias veces en el día, algunas veces solo se sentaba frente a ella y la miraba, otras cuando ella luchaba él lo hacía igual; palabras mordaces, malsonantes e hirientes salían de ambos pero no pasaba más de allí, luego de un rato de discusión se iba y no volvía hasta por la mañana cuando el sol ya había despuntado.
Hacía dos días que no le hablaba, sus rostro se desfiguraba por el dolor y sus semblante se tornaba triste, llegaba a la cabaña cubierto de barro y maleza se metía al baño y salía de él sólo con una toalla atada a su cintura, dejándola ver su cuerpo musculoso y tonificado, había equipado la cabaña un par de días después que habían llegado, ahora tenían no solo una cocina si no un par de muebles más.
Lo vio pasar las manos por sus cabellos en un signo de furia e impotencia antes de respirar profundamente y levantarse de la silla, estaba sin camisa como casi siempre, enfundado en unos vaqueros de talle bajo con cada músculo de su ancha espalda flexionándose, Andrew era atractivo, y le había contado toda esa historia de los licántropos y las parejas de vida lo cual ella veía como una locura... El tipo estaba loco, para muestra ella seguía atada a una cadena en la pared, seguiría intentando escapar y sacaría a Serena de allí, a ella no le lavarían la cabeza como su amiga.
Los hombres lobos no existían, y eso de una pareja de vida era una ilusión.
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Andrew se levantó de la silla caminando hasta la pequeña estufa que había conseguido para la cabaña, funcionaba con luz eléctrica... En cierto punto era bueno que la cabaña tuviese energía
Hacía dos días que él se había ido, se sentía un fracaso como médico y como amigo, Darien estaba destruido y en cierta parte él lo entendía, él no había estado tanto tiempo con el chico como su amigo, tomó la lata de frijoles enlatados y la vertió en una olla, no quería comer, los de su raza podían pasar días sin probar bocado, pero Rei no hacia parte de él, ella aún no lo aceptaba necesitaba anudarla a él para poder reclamarla como suya. Pero no la forzaría, no podría aunque la odiaba, le había contado el origen de su naturaleza, estaba intentando ser paciente pero la pelinegra no parecía ayudar y en dos semanas sería luna llena nuevamente, revolvió la olla los minutos necesarios para calentar la mezcla antes de colocarla en un plato y acercar el alimento a la rubia que giró su rostro cuando lo sintió cerca.
—Come—ordenó con voz dura, estaba harto de ser suave.
—Déjame ir—murmuró otra vez la chica con lágrimas en los ojos y Andrew maldijo en su interior ¿dónde estaba la mujer fuerte que él había conocido en aquella carretera?
—Sabes que no lo haré—murmuro sin ganas—Tienes que entender Rei-
—Los hombres lobos no existen no soy tu pareja de vida no huelo a lo que dices quiero irme a casa—grito la rubia jalando sus cadenas
— ¿Con quién? —Exclamó enfadado—Con Zafiro, ¡Con el maldito que te vende como puta!—se acercó peligrosamente a ella— ¡por qué a eso es lo que estas acostumbrada no Roxanne!
— ¡Mi nombre es Rei! ¡Y no me conoces maldita sea eres un maldito loco!
—No tengo que conocerte para saber qué clase de mujer eres: ¡Una ramera!—escupió con sorna—te gusta ser un juguete de deseo para los demás hombres, eres una maldita cualquiera.
—Cerdo—grito Rei escupiéndole el rostro
Andrew rio, cínica y violentamente —No tienes más nada que hacer que escupir y llamarme cerdo, ¡soy un maldito hombre lobo!
— ¡Si me soltaras verías que soy capaz de más de eso idiota! —exclamó la pelinegra con furia.
—Piensa lo que quieras—dijo entre dientes el rubio—pero no te soltaré—sentenció— tienes dos opciones o aceptas tu destino o te mueres atada a esa puta cama—dijo con desdén antes de girarse para irse, necesitaba correr, olvidarse un maldito segundo de la impotencia que recorría su cuerpo.
—No eres más que un maldito cobarde—rumió a la rubia con odio—solo eso...
Andrew negó con la cabeza y salió de la pequeña casa quería estar solo.
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La música provenía del ático, Darien estaba tocando lenta, dolorosamente se desgarraba en cada melodía primero había tomado el piano y luego estaba destruyendo el violín, se sentía frustrado y culpable... Serena era su responsabilidad no la de Seiya, colocó el arco sobre las cuerdas deslizándolo de manera parca y sombría la música era su mejor amigo ahora.
La vida era injusta años sufriendo por no tener a la mujer que amaba y ahora que la tenía el dolor de perder un amigo laceraba su corazón, Seiya era más que un amigo, el chico era el hermano que nunca había tenido... él había luchado pero no era fácil recuperarse del ataque proporcionado por alguien de su misma raza, más aun sí a eso le se le sumaba que había sido de su misma sangre... Seiya había luchado hasta su último aliento, cuando el brillo de sus ojos había desaparecido llevándoselo a las profundidades de la muerte.
Ni los rezos de Serena, ni los nulos esfuerzos de Andrew ni siquiera toda la morfina que había logrado conseguir lo habían salvado del dolor de sus huesos quebrados y sus órganos perforados Seiya se había ido.
Tiró el violín con fuerza contra la pared, viendo como la pieza de madera se convertía en escombro, gimió frustrado y paso las manos por su cabello en un gesto de desesperación hacían dos días que el cuerpo de Seiya Kou había sido incinerado como lo ordenaba la tradición.
Desde esos dos días se había internado en el ático, sin saber que sentir o que hacer, solo con el dolor desgargante en el pecho y el peso de la conciencia sobre sus hombros. Serena había estado pegada a su puerta rogándole que compartiera su dolor con ella, pero no podía hacerlo, su dolor era suyo su frustración era cruel y su deseo era claro: Venganza
Venganza por cuatrocientos años de dolor, venganza por la muerte de su hermano.
Nicolás pagaría en carne propia el haber destruido a su propia sangre, abrió la ventana dando un grito agónico antes de despojarse de su ropa y correr, necesitaba dejar el humano atrás y dar paso a la bestia que habitaba en su interior, estaba anocheciendo y la oscuridad y la luna eran sus mejores aliados, lo buscaría, lo encontraría y se olvidaría de la compasión.
El mataría a Nicolás con sus propias manos.
Basta de consideraciones.
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Hacía dos días que lo había dejado de sentir... Su aura había estado débil hasta que había desaparecido completamente y eso solo significaba una cosa… Seiya había muerto.
Su pecho se contrajo con dolor al saber que su hermanito ya no estaba, sus manos ahora estaban manchadas de sangre. Inhaló profundamente mientras escurría el agua en su herida, durante años había matado tantos hombres. Richard Black había sido el último.
Si tan solo no te hubieses entrometido...
Tomó el puñado de plantas medicinales y las colocó sobre su costado, Darien y Seiya lo habían lastimado y las heridas de un hombre lobo no eran fáciles de cicatrizar, era incomprensible que su piel se recuperara rápidamente con algún otro rasguño pero no cuando el atacante era de su misma estirpe.
Siseo con dolor al colocar la planta sobre la herida, se había escondido en los límites de Osaka, dejó que su cabeza se apoyara en la roca en la cual estaba recostado mientras seguía con la curación, Darien Shields pagaría con sangre haberlo lastimado, había sido un completo estúpido intentando quitar a Serena del medio cuando sabía que el problema real era Darien.
Sólo esperaba que fuese luna llena pronto y que estuviese recuperado para ese momento…Entonces Darien sabría el verdadero poder de Nicolás Kumada.
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Serena lo vio correr al bosque en su forma lobuna, desde que había podido controlar la transmutación lo hacía con regularidad, ella había estado sosteniéndolo cuando Seiya estuvo delicado, los gritos de dolor se escuchaban por toda la casa, Andrew y Darien consiguieron tanta morfina como habían podido pero todo había sido insuficiente, Seiya había luchado hasta el final pero la muerte había sido mucho más fuerte que él y hacían dos días que había muerto ante la mirada atónita de Darien y el desespero de Andrew por no poder hacer más nada por su amigo.
Y Darien se rompió, la culpa lo consumió y se encerró completamente en el mismo, por las noche podía escuchar el aullido de dolor mientras ella cerraba las puertas con seguro y se sentaba en el marco de la ventana y observaba el cielo sin estrellas del viejo Osaka. Tampoco sabía cómo estaba Rei, pero en el fondo de su corazón sabía que Andrew era un hombre cabal y no lastimaría a su amiga a pesar del odio que parecía tenerle, Andrew era un hombre duro pero solo era mirarlo a los ojos para ver que a pesar del rencor sentía algo muy fuerte por Rei, una atracción como la que ella había sentido por Darien.
Comió un poco de cereal y caminó hacia las escaleras, había estado devolviendo el estómago en esos últimos días sin embargo no había querido agobiar más a Darien o simplemente preocuparlo por un simple virus, arrastró sus pies hacia la habitación de su pareja y quitó su ropa dejando que una de las camisas de él cubriesen su cuerpo antes de dejarse caer en los cojines de la cama aferrándose a su almohada como cada noche, necesitaba dejar de pensar, había recibido mil llamadas de Yaten pero no había tenido cabeza para contestar ninguna, hacía más de dos años que ella había perdido contacto con su hermano y se sentía muy débil y emocional como para tener una conversación con él, inhaló profundamente el aroma a bosques de Darien y cerró los ojos cayendo en un profundo sueño.
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—Satone soy yo—el hombre rubio caminaba por el aeropuerto de Osaka, a su lado una joven de cabellos azules y mirada profunda caminaba siguiendo sus pasos—Estas seguro que Serena está en Osaka—Habló recalcando su acento inglés, había pasado años buscándola, él sabía que estaba en Tokio con Diamante, pero su padre no le había permitido viajar y buscarla personalmente—Maldición Sere qué demonios te paso para que te escondieras en este maldito pueblo—murmuró entre dientes mientras sentía la presión en su brazo quitó sus lentes oscuros y miró a la chica junto a él, ella le brindo una sonrisa enorme antes de acariciar su redondeado vientre—¿Te sientes cansada? —ella suspiró—Podemos irnos a un hotel y mañana en temprano tomar la avioneta que nos lleve a Port Angls—acarició la mejilla de la mujer.
—Estamos bien—murmuró ella con voz suave y melodiosa.
—Prefiero evitar—expreso él brevemente preocupado—Debías haberte quedado en casa.
—Sabes perfectamente que no iba a hacerlo y menos con tu visión
—Te amo—beso el dorso de su mano y ella acarició suavemente su mejilla.
Ambos caminaron hasta la salida del aeropuerto y tomaron el primer taxi libre que vieron y pidieron que los llevara al hotel más cerca del aeropuerto, a pesar de llevar las manos unidas ella sabía que su esposo estaba muy lejos de ahí, la pelea con su padre había sido muy fuerte así que apretó aún más su mano demostrándole que ella estaba ahí.
El hombre se recostó en la cama no sin antes sacar su celular y marcar un par de teclas.
—Mañana a las 8 am Kelvin —dijo al que recibía su llamado, llevaba varios meses soñando con la rubia de grandes ojos azules tan diferente y tan igual que él. Había estado preocupado había pagado el doble a James Satone para que la encontrara como fuera pero no fue hasta la llamada de hacia unas semanas atrás que había doblado su búsqueda e incluso se había peleado con su padre.
—Yat— la pequeña azulada camino hacia el tomando sus manos —todo estará bien.
Él asintió
—Lo sé pequeña—besó el tope de los cabellos de la que era su mujer desde hacía año y medio antes de colocar su mano en el vientre sintiendo las patadas de su bebé. — ¿Estás segura que están bien?
—Sip lo estamos —ella sonrió —Selene y yo estamos bien cariño.
— ¿Crees que me perdone Amy?—descanso la cabeza en el vientre de la mujer—La deje sola, no la defendí… Fui un cobarde—suspiró—me puse de lado de papá aun cuando el corazón me indicaba que era el lado incorrecto.
—No sabias lo que hacías realmente —susurró ella deslizando los dedos por sus cabellos plateados.
—Lo supe cuando te vi —un amago de sonrisa cubrió su rostro y Amy sonrió de vuelta este era el Yaten que ella amaba, no el Tsukino que dirigía un imperio en Tokio, no el hijo perfecto que Kenji quería que fuese. No el hombre que se colocaba la máscara de hierro tan pronto salía de su pequeña casa.
—Creo que deberíamos dormir—murmuró ella y el asintió —Te amo Yaten.
—Y yo a ti pequeña—susurró él de vuelta. No había sido fácil que Kenji aceptara a Amy Mizuno en su familia pero él había luchado, tanto como Serena lo había hecho, pero Kenji era un hombre astuto e inteligente no le convenía perder a Yaten. Serena era otra historia. Suspiró sonoramente sintiendo el peso de la cabeza de su único amor en el pecho y las pequeñas patadas de su hijita en su vientre y no queriendo dormir.
Cerrar los ojos significaba volver a encontrarse con ese enorme monstruo de cabello negro que se abalanzaba inclemente hacia la diminuta figura de su pequeña hermana.
Te irás conmigo Sere, nunca nadie te alejara de mí.
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Lo había buscado por todos los rincones del bosque de Osaka, sabía que estaba herido aunque no tenía la certeza de que tan grave podía ser la lesión, contaba con que no sanaría rápidamente y era el mejor momento para atacar, lo haría por él, por Sere y por Seiya, sintió en las pisadas de otro licántropo cerca y el pelo de su lomo se erizó completamente, los pasos se escuchaban cada vez más cerca de él, inhaló profundamente y fijó su vista entre la maleza del bosque justo antes de ver el lobo de pelo amarillo salir de ella e inclinarse hacia él.
Ambos podían compartir el dolor de haber perdido un amigo, aullaron a la luna, promesas de venganza, sangre y dolor en aquel sonido, y al final habían decidido ir con sus respectivas parejas no sin antes prometerse mutuamente que buscarían a Nicolás hasta acabar con él.
Volvió a la gran casa y sin cambiar su forma lobuna trepó hasta entrar a la casa, solo él sabía de la entrada a ese lugar, y se cercioraba que fuese así cada vez que usaba ese pasadizo. Deambuló por la casa buscando a su compañera hasta sentir su aroma en la que era su habitación, era fuerte y supremamente adictivo, estaba locamente enamorado de su Sere de cabellos color del sol y ojos azulados, se acercó a ella viéndola dormir, su respirar acompasado, tenía una de sus camisas de pijama y estaba envuelta entre las sabanas, una ninfa del bosque, una diosa que era suya, se acercó aún más a la cama colocando su cabeza sobre el colchón mientras se echaba en sus patas traseras, estaba amaneciendo ya y se sentía agotado tanto física como emocionalmente; Serena abrió los ojos encontrándose con el par de zafiros del animal frente a ella, movió su mano hasta acariciar detrás de sus orejas y Darien se dejó mimar por unos segundos, la necesitaba ahora más que nunca .
La vio levantarse de la cama y sentarse a su lado en la alfombra, aferró sus brazos al cuello del animal y se acurrucó a su lado causando que un gemido de dolor brotara desde el cuerpo del lobo, ella lo consolaba, no necesitaba palabras para trasmitirle que ellos estarían juntos que se cuidarían el uno a otro.
Los minutos pasaron y ambos mantuvieron sus cuerpos cerca hasta que poco a poco el animal fue desapareciendo, las orejas volvieron a su lugar habitual y poco a poco el hocico desapareció dejando entre sus brazos al hombre que ella amaba, sintió sus brazos cernirse alrededor de su cuerpo y ella se pegó mucho más a él mientras la colocaba en su regazo, no necesitaban más nada. Sus labios se unieron en la danza más antigua del mundo mientras él subía la camisa para acariciar su tersa piel se dejó caer en la alfombra mientras ella terminaba de quitarse la ropa y lo besaba en el rostro, sus ojos, su boca, su cicatriz hasta unir sus labios nuevamente.
Ella se entregaba a él y el recibía todo lo que ella quería darle, paseo la manos por su vientre sintiéndolo duro bajo su tacto al tiempo que notaba como el agradable aroma acaramelado de su dulce se incrementaba, había estado demasiado ocupado con Seiya como para notarlo, llevaba semanas sin saber lo que era el descanso, pero ahora que se había desconectado de todo, podía sentirlo, el sueño la inapetencia y el dulce sabor de su nena tenía un significado, uno muy grande...No habló lo que él ya intuía dejó que sus ojos se conectaran por breves instantes antes de decirle que la amaba y besarla con toda la pasión y amor que había reservado cuatrocientos años para ella, ahora más que nunca necesitaba vencer a Nicolás, cobrar venganza, Serena se había convertido en el tesoro más preciado de todos sus bienes desde el momento que la había visto muerta de frio en el jardín de la casa, pero ahora era más que eso, dentro de su cuerpo Serena guardaba la joya más preciosa para cualquier hombre o licántropo… La beso, tomándola con suavidad hasta depositarla en la cama y le hizo el amor con delicadeza y dulzura mientras besaba la marca en que la había proclamado como suya, porque ella lo era y haría lo necesario para mantener su palabra.
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Había llegado hasta la cabaña, debatiéndose en entrar o no, se odiaba por tenerla cautiva, cuando su cuerpo solo quería acurrucarse a ella y buscar consuelo, el consuelo que solo podía darle su otra mitad.
Sabía que no sería fácil, pero llevar dos semanas junto a ella y no poder tocarla lo estaba matando, su olor cautivaba sus sentidos, la necesitaba, usaba el desprecio y el resentimiento como un escudo para no desearla como lo hacía, pero en estoy últimos días y tras la muerte de Seiya en lo único que podía pensar era en el mínimo gesto de afecto que necesitaba de ella.
No cambió a su forma humana, era el momento de que Rei dejara de pensar que se estaba volviendo loco, no había que tener el don de Seiya para poder leer sus pensamientos, la pelinegra era para él un libro abierto, conocía sus miedos y sus anhelos solo con escucharla hablar. Había mandado una fotografía a Riley Banks su abogado para que investigara todo a cerca de Rei Hino, encontrándose con no muy gratas noticias mientras leía el informe.
Rei había trabajado en el burdel de su madre hasta la edad de 16 años cuando había escapado de éste junto con Zafiro Black, un mesero del lugar luego que su madre la hubiese golpeado por no atender a un cliente. Zafiro era todo lo que ella tenía y el muy bastardo se había aprovechado de ella coaccionándola para que ella fuese la dama de compañía de sus amigotes.
Inspiró profundamente el aroma a bosques se había despedido de Darien horas atrás prometiéndose no solo a él mismo si no a su mejor amigo que encontraría a Nicolás Kumada y lo desmembraría luego de verlo suplicar clemencia. Nunca en sus seiscientos años de vida lobuna se le había muerto un paciente, su don le permitía reconfortar al enfermo y sanar al desahuciado, había tratado con muchas heridas proporcionadas por otros lobos y sabía perfectamente lo que le había ocurrido al pequeño de la manada.
El dolor de Seiya no era físico, el dolor de Seiya provenía desde el musculo que latía para bombear la sangre, o desde el hipotálamo como decían algunos científicos el dolor de Seiya provenía de saber que su propio hermano lo había atacado hasta dejarlo moribundo, que su propia sangre había estado dispuesto a acabarlo.
Empujó la puerta con su hocico entrando a la cabaña, aun no amanecía completamente y sabía que Rei estaría dormida sorprendiéndose al encontrarla despierta y en la misma posición en la que la había dejado en la tarde del día anterior
Un pequeño grito se escapó de la boca de la pelinegra mujer mientras se sentaba en el rincón de la cama rodeó sus piernas con sus brazos y lo miró con temor, pero eso no lo hizo retroceder, Andrew avanzó hacia ella lentamente mientras veía como las lágrimas corrían por las mejillas de su mujer, se subió sobre la cama y Rei se encogió aún más si eso era posible.
Andrew no quería pelear, estaba tan cansado y tan dolido, que dejó que la parte derecha de su cabeza acariciara el muslo de Rei, sintiendo el temblor de su cuerpo y los pequeños sollozos que escapaban de su boca; volvió a repetir la acción una vez más sin obtener más que temblor y lágrimas. Se separó de ella mirándola a los ojos y dejó que su nariz húmeda se colara entre las manos de su mujer, la necesitaba el deseo ahora mismo estaba escondido en un lugar muy lejano, quería consuelo, lo necesitaba como nunca antes lo había necesitado, dejó la cabeza sobre sus rodillas y Rei alejó las manos completamente de él, cerró los ojos y dio un suspiro.
Durante minutos ninguno de los dos dijo o hizo nada Rei lo miraba fijamente con los ojos anegados en lágrimas, su corazón latía de forma vertiginosa, se había despertado al sentir el aullido de un lobo y cuando lo vio entrar su cuerpo se había tensando pensando en el final, no podía correr no podía esconderse lo único que podía hacer era encogerse y tratar de pasar inadvertida, sin embargo cuando el inmenso lobo de color arena se había subido en la cama, su cuerpo la traicionó sus sentidos se pusieron alerta y las lágrimas brotaron a borbotones de sus ojos. Odiaba ser débil, odiaba saber que iba a morir, pero no fue así el lobo acarició sus piernas y luego posó su cabeza sobre sus rodillas como si buscase algo de ella.
Las manos picaban por tocarle, era la primera vez que veía un animal de ese tamaño tan cerca de ella y que no estaba dispuesto a maltratarla. Durante sus años de vida había sido maltrata primero por su madre y luego por Zafiro, con ambos fue cobarde una cobarde disfrazada con una coraza de valentía que no tenía, su madre la había vendido al mejor postor y si no hubiese sido por Zafiro ella fuese una puta más de The Chalets, para eso servía, para los amigos de su amante; sentía que tenía con Zafiro una deuda de vida una que no podría pagar. Cuando pasó tanto tiempo sin saber de Serena fue la excusa o la escapatoria perfecta para ella. Por lo menos durante unas semanas.
El lobo suspiró con los ojos cerrados, y ella estiró su mano hasta dejarla en el lomo del animal que tembló ante su tacto, ya podían verse los primeros rayos del sol y ella solo esperaba que Andrew llegara pronto antes que el lobo decidiera que era mejor devorarla, acarició su lomo temerosa una, dos, tres veces observando atenta cada movimiento del animal.
—No vas a hacerme daño verdad lobito —murmuró la pelinegra sin dejar de pasear su mano por el lomo del animal — ¿Por qué entraste aquí?
Andrew quiso contestarle pero no era el momento sentía que había ganado algo este día así que simplemente se quedó con la cabeza en sus rodillas disfrutando del toque de su mujer.
Hizo un leve quejido, con aquella mano sobre su lomo, Andrew entendió lo solo que había estado durante seiscientos años. Se había negado la soledad, se había negado el deseo de añorar a su compañera, y ahora que ella estaba allí, a su lado, hermosa, perfecta, Andrew viejo lobo entendió todo lo que la había extrañado.
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Serena se había quedado dormida después de hacer el amor con Darien, saberse entre sus brazos la hacía sentir segura y amada, sabía que él había venido a ella buscando consuelo y ella se lo había entregado, había sido dulce y suave, desde la noche de luna llena no habían intimado y todo había sido tan diferente tan especial. Dio un suspiro enterrando más la cabeza en su duro y pétreo pecho parecía de mármol pero para ella era la mejor almohada en la que había descansado, la habitación estaba completamente oscura pero ella sospechaba que era algo tarde su estómago rugió confirmando sus sospechas pero no quería salir del abrazo de su hombre.
—Estas despierta—no era una pregunta pero ella asintió. —Tienes hambre…—volvió a asentir sintiendo el apretado abrazo de Darien en su cuerpo —vamos a comer—ella levantó su rostro mirándolo con todo el amor que sentía por él.
—Gracias por venir a mi anoche…—murmuró acariciando su rostro.
Darien tomó su mano y la llevó a su boca dándole un ligero beso en el dorso de ella—Gracias a ti por darme lo que necesitaba.
—Te amo…
—Eres mi vida Serena Tsukino, lamento haberte apartado—suspiró—También te amo bebé, mucho—sonrió una sonrisa ladeada que llegaba hasta sus ojos, el estómago de Serena volvió a rugir y Darien se levantó hasta quedar sentado en la cama —quédate aquí buscare algo para que desayunes —miro hacia la ventana—o almuerces. —dio un pequeño beso en su nariz antes de salir de la cama completamente desnudo hasta llegar al closet y tomar uno de sus pantalones de yoga, ella hizo un mohín cuando su sexy y apetecible trasero estuvo cubierto por la tela—volveré pronto—ella sintió y se dejó caer en la cama justo antes de sentir su estómago contraerse y correr en dirección al baño de Darien.
Se miró al espejo viéndose un poco verde, había vomitado más de lo que había comido la noche anterior y agradecía que Darien al parecer no lo hubiese notado. Se lavó la boca con suficiente agua y tomó su cepillo de dientes, el solo olor del dentífrico hizo que su estómago se revolviera… de nuevo. Salió a la habitación y tomó la camisa de Darien que había tomado la noche anterior y sus pequeñas bragas antes de bajar las escaleras de dos en dos hasta llegar a la cocina.
Darien la vio entrar y sonrió aun sin que ella pudiese verlo, había sentido su aroma desde que salió de la habitación así como la había escuchado vomitar, tuvo que plantar bien todas sus extremidades al suelo para no correr a su habitación pero sabía que eso era normal al menos en las primeras semanas.
Necesitaba hablar con Andrew, había escuchado de bebes lobos pero no sabía todo a ciencia cierta, Serena dio un beso en su espalda desnuda antes de caminar hacia la alacena y empinarse para tomar una lata de atún.
La abrió y se sentó en la isleta con un tenedor —sé que estás cocinando— dijo después de haber llevado el primer bocado a la boca y haber gemido de gusto—pero necesitaba comer algo de esto.
A pesar de su dolorosa erección, Darien sonrió terminando de dorar el tocino no podía culparla por querer comer, menos cuando lo hacía por dos, se sentaron uno al lado del otro disfrutando de la comida fruta leche, jugo de naranja tostadas y tocino con bacón.
— ¿Vas a comerte eso?—pregunto Sere señalando con su tenedor un pequeño pedazo de tocino en el plato de Darien.
—Tómalo bebé —dijo sin dejar de sonreír se sentía eufórico aunque su corazón aun tuviese la pena de haber perdido a Seiya.
—Eres un amor, he comido y comido, siento como si no hubiese comido nada—susurró ella dando un mordisco al tocino.
— Sere —ella lo miró— ¿te ha dado por comer carne cruda esta última semana? — Serena lo miró sonrojada, hacia unos días atrás había sido imposible no poder masticar un pequeño pedazo de filete, habían momentos en que el hambre se evaporaba de ella y otros en que quería comer hasta saciarse.
—Solo fue un pedazo pequeño, de niña lo hacía —se mofó y el la atrajo, dándole un beso en sus cabellos.
— ¿Satisfecha? —murmuró cuando ella tomo el ultimo bocado de tocino.
—Por el momento—dijo ella sonriendo, el tomo sus manos entre las suyas y dio un beso en cada palma.
—Necesito hablar contigo —mientras cocinaba había pensado en preguntarle primero a Drew pero Sere estaría nerviosa era mejor que él le explicara y luego que entre los dos disiparan las dudas, ella abrió los ojos enfocando su atención en él —Solo prométeme que no entraras en pánico.
—No iras a buscar a Nicolás ¿verdad? — Darien tensó su rostro y ella soltó sus manos— Darien no lo harás—sentencio levantándose del taburete.
— Nicolás tiene que pagar Sere eso no está en discusión —hablo entre dientes.
— ¡Te matara! No le importó su hermano, te matara y… — Darien la envolvió entre sus brazos.
—No voy a permitir que Nicolás nos vuelva a separar —beso sus cabellos —pero no es de eso que quiero hablar Sere…— tomó sus manos y la llevó hasta el taburete.
— ¿Entonces?
—Te amo y lo sabes—acarició el contorno de su rostro—El día de la luna llena —alzo su mentón para que sus ojos se encontraran—fue el día más feliz de mi existencia —ella sonrió —te reclame como mía porque tu así lo quisiste —no sabía cómo explicarle—te hice mía sin reservas Sere.
—Lo sé— ella toco su mejilla—Yo te hice mío también —tocó la cadena que colgaba de su cuello y el asintió.
—Has vomitado esta mañana—ella enrojeció —Y ha tomado todo de mí no salir a socorrerte.
—No es como si pudieras decirle a mi estómago que no devolviera la comida—se burló.
—Has comido carne cruda y por lo que veo en la despensa has acabado con nuestra dotación de atún.
—yo lo…
—Shss, Sere no sé cómo explicarte esto—dijo interrumpiéndola y colocando la mano en su vientre—Creo…Creo que —paso la mano libre por su cabello—Creo que estás embarazada.
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Habían pasado un par de horas desde que Darien le había dicho que estaba embarazada, tocó su vientre y suspiró. Darien estaba acostado a su lado y ninguno de los dos había dicho nada el simplemente la había tomado en brazos luego que ella quedara en shock, Serena suspiró fuertemente antes de hablar
—Entonces tendré un cachorrito— Darien no dijo nada en su fuero interno no sabía si reír o carcajearse… Aunque ¿qué sabia él?
—No lo sé —dijo después de unos minutos—Creo que será un bebé normal, habría que preguntarle a Andrew.
— ¿Esto es algo extraño no?
—Los únicos que conozco de mi misma especie son Andrew, Nicolás y Seiya —susurró él —No voy a negarte que estoy algo asustado—ella se giró hasta quedar frente a él.
—Averiguaremos juntos. —sentenció y él sonrió dejando un mechón de su cabello detrás de su oreja.
— ¿Estás asustada? —preguntó él sin poder leerla por completo, estaba demasiado nervioso como para utilizar su don.
—Algo, pero como te dije será algo que averiguaremos juntos—le beso los labios y él sonrió antes que ella volviese a descansar su cabeza en su pecho—Como te gustaría que se llamara…—ella abrió los ojos de repente— ¿Sera solo uno verdad? — Darien sonrió.
—Eso espero… Estaré junto a ti —se quedó en silencio y suspiró—Si es niño ¿podemos llamarlo Seiya? — Serena sintió como sus ojos se llenaron de lágrimas antes de asentir.
—Lo llamaremos como tú quieras amor—dijo volviéndose a girar hasta mirarlo e iba a volver a besarlo cuando el sonido de un auto deteniéndose alerto a Darien, se levantó de la cama y camino hasta la ventana.
—Quédate aquí bebé —murmuró él tomando una camiseta de su closet y saliendo de la habitación. Sere se levantó de la cama y corrió a la ventana justo para ver al hombre salir del auto y tomando la mano de una chica pequeña, estaba nevando nuevamente y no parecían ser malas personas aun así haciendo caso omiso a la recomendación de Darien salió de la habitación y bajó las escaleras de dos en dos hasta llegar al recibidor y quedarse de piedra al ver al hombre peliplateado que miraba a Darien de forma indescifrable.
Yaten…
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Apareció la perdidaaaaaaaaaaaaaaaaaa, Dsex me consume cada minuto de mi tiempo pero no dejare esta historia inconclusa gracias a Adriana, LESLIE y a Verónica por ayudarme con el beteo de este capitulo.
Ary
