¡Holaaa! Aquí vuelvo con el segundo capítulo de ésta historia que me parece os ha gustado bastante, porque ocho reviews en un primer capítulo no los había recibido en mi vida, me habéis dejado flipada O_O

Pero me alegro de que os guste, porque no os imagináis para nada lo que os espera dentro de esta historia, os lo aseguro. Tendréis humor, romance y una trama que a mí, personalmente, me parece genial. Aunque respecto a eso no puedo pediros opinión, aquí la única que sabe de qué va el meollo del asunto soy yo, muahahahaha!

Pero es prometo que no os decepcionaré, ya creo yo que os gustará. Vamos, dejaría de llamarme yo Estefanía si a vosotras esta historia nos os gustara ¡Jum!

Bueno, dejo ya de daros la lata y os dejo leer ese "esperado" segundo cap que ansiáis, ¿si? ^-^

¡DISFRUTÁDLO! (Y nos vemos la final, jeje)

Capítulo 2.

-Bueno, chicos, no os portéis mal con ella –chinchó, tratándolos como a niños pequeños-, yo me voy con Sonomi –salió y cerró la puerta tras de sí.

-No me lo puedo creer –dijo esta vez en voz alta Kagome.

-Y yo menos –contestó el otro chico.

-¿Alguien me puede explicar que está pasando aquí? ¿Os conocéis? –preguntó el chico que la había recibido.

-No me puedo creer que tú, el arrogante y cínico de Inuyasha, ¡seas hijo del guapo y agradable Inu Taisho!- exclamó con lo ojos abiertos pasando por completo del otro chico.

-Ni yo me puedo creer que tú, la guarra y estúpida de Kagome, ¡seas la hija de la guapa y agradable Sonomi! –contraatacó Inuyasha.

-Creo que me estoy poniendo mala... –ironizó Kagome, poniendo una mano sobre su frente –Perdona, ¿puedes sacarme de aquí...? –le pidió al otro chico al que había ignorado.

-Si, vamos... –accedió, lazándole una mirada de rencor al otro chico.

La acompañó hasta afuera de la habitación y cerró la puerta tras de sí.

-Perdona, siento haberte ignorado –se disculpó la muchacha-. Me llamo Kagome, supongo que ya lo sabrás, ¿no?

-Si, Sonomi nos ha hablado de ti, yo soy Sesshomaru, encantado –contestó educadamente él.

-Te conozco –aclaró-. Prácticamente, todo el instituto te conoce –comenzó a caminar, saliendo de pasillo.

-¿A sí? –preguntó confundido, siguiéndola.

-Cielo, eres la fantasía sexual del noventa por ciento de las chicas del instituto, todas te van detrás-informó como el que no quiere la cosa-, pero como los tíos estáis ciegos no os dais cuenta... Bueno, hay algunos que se hacen los locos pero lo saben... aunque –volteó para buscarlo con la mirada, lo miró fijamente, viendo como el chico se sonrojaba al ser observado de esa manera –. Tú no pareces de esos.

El chico la miró expectante.

- Eh... cambiemos de tema: no hagas caso al enano ese, es un malcriado –dijo posicionándose a su lado y caminando con ella.

-Dímelo a mi, que me lo tengo que tragar todos los días –admitió ella, bufando de fastidio.

-Es verdad, que vas a su clase...

-Desgraciadamente... –contestó poniendo los ojos en blanco.

-Buf... Te acompaño en el sentimiento.

-Gracias –agradeció con un toque de sarcasmo, el mismo que había utilizado él.

Comenzaron a hablar sobre cosas triviales, cosas del día a día, también pusieron verde a Inuyasha, cada uno desde su punto de vista, contando anécdotas que pasaron por culpa de ese niñato, y mientras iban dando vueltas por la casa, sin fijarse bien Kagome en nada, hasta que al final acabaron sentados en una de los bancos de piedra del jardín.

-Te admiro –confesó ella de repente, finalizando un prolongado silencio que se había formado entre los dos.

-¿Por qué? –preguntó él, después de analizar la confesión.

-Por que yo no tendría los ovarios suficientes para aguantar como hermano a ese... estúpido –escupió, mirando hacia otro lado.

-Jajaja –rió Sesshomaru con ganas –. A todo se acostumbra uno, mujer –poco a poco dejó de reír, y en su cara se creó una expresión pensativa-. Ahora que lo pienso, mi hermano te ha nombrado más de una vez. Eso sí, siempre para echar pestes de ti. Qué idiota que es –admitió, suspirando- Cuando Sonomi nos dijo que tenía una hija que se llamaba Kagome, recuerdo que Inuyasha se asustó al pensar que eras tú. Se puso como una fiera –recordó, riendo para sus adentros.

-Dios, ¡menudo imbécil! Yo sí que me he asustado cuando lo he visto –admitió-. Y ahora que me fijo; tú, él y vuestro padre os parecéis, pero Inuyasha tiene el pelo negro y tú plateado como Inu Taisho, ¿Por qué? –preguntó confundida.

-Pues porque somos medio hermanos –contestó, y su rostro cobró unas facciones tristes- . Somos hijos del mismo padre pero de distintas madres...

-Joder, menudo don Juan el Señor Taisho, ¿no? –dijo divertida.

-Si –contestó, intentando reír con ella, pero la tristeza le pudo más.

-¿Y vuestras madres?...

Durante unos eternos segundos, sobre ellos volvió a cernirse un silencio sepulcral.

-La mía dejó a mi padre en cuanto me tuvo, nunca supe de ella –comenzó después de varios minutos de silencio, rompiendo el silencio-. Luego llegó Izayoi, que tampoco la recuerdo mucho, porque un año después de nacer yo, ella tuvo a Inuyasha, y cuando yo tenía tres años ella murió en un accidente de coche –relató, con un fina y transparente capa de agua cristalina cubriéndole los ojos-. Así hemos crecido nosotros, sin madre, sólo hemos recibido el cariño paterno. Digamos que somos… huérfanos de madre –terminó, limpiándose una lágrima que había caído por su mejilla.

-Dios –Kagome tenía un nudo en la garganta-. Lo siento –se disculpó, limpiándose cuatro lágrimas que le habían caído a ella también.

-No, tranquila –murmuró, formando una pequeña sonrisa en su rostro, enternecido-. Justo por eso apreciamos a Sonomi. Al principio nos asustó la idea de tener una madre –acarició el cabello de la morena-, pero luego nos dimos cuenta de que queremos recibir el amor materno, aunque sea un poco tarde –confesó, levantándole el rostro a Kagome para que lo viera, ya que ella había bajado la cabeza, apenada.

-Te entiendo –susurró de repente ella.

-¿Qué?

-Yo no tuve el cariño paterno –comenzó ella-. Nunca tuve un padre al que esperar cada tarde, un padre que me arropara todas las noches, que me protegiera de los truenos nocturnos –murmuró, recordando todos esos deseos de niña con rabia y asco-. El cabrón que se tiró a mi madre y la dejó embarazada se largó en cuanto se enteró que yo venía al mundo, dejando a mi madre con una mano delante y otra detrás. Ella solo tenía 18 años –se le escapó un sollozo- Por suerte, mis abuelos la ayudaron y ella pudo terminar su carrera. Gracias a eso, a mi nunca me ha faltado de nada, pero si me ha faltado algo que creo que Inu Taisho me puede dar… -no terminó la frase, porque sentía que el nudo de su garganta se hacía mayor al pensar en las palabras que tendría que decir ahora y que nunca había pronunciado- un padre.

Se secó las lágrimas, miro a Sesshomaru con los ojos brillantes y sonrió, intentando borrar esos recuerdos de su mente, animarse y animar a su nuevo amigo.

-Un padre. Y de paso, un pedazo de hermano como tú –concluyó, dándole un beso en la mejilla al peliplateado.

Sesshomaru primero se sonrojó, luego sonrió y finalmente la abrazó.

-Señores, la cena ya está lista –dijo una de las criadas de la casa saliendo al jardín para avisarles.

-Gracias Yuko –respondió Sesshomaru, con toda su buena educación.

Entraron mientras seguían charlando de sus cosas, llegaron a la mesa donde ya todos estaban sentados, Sonomi e Inu Taisho juntos e Inuyasha en la otra esquina con el Ipod a toda ostia. Ambos miraron sus lugares, el uno al lado del otro, y pegados a sus padres. No lo pensaron dos veces y se sentaron.

La cena estaba trascurriendo tranquila, iban charlando hasta que Inu Taisho pidió la palabra y comenzó ha hablar.

-Bueno, ya sabéis para que hemos celebrado esta cena, ¿no? –vio que todo asentían- Pues hay dos motivos más para reunirnos esta noche aquí... –anunció, haciendo una pausa larga para dar misterio al ambiente.

-Suéltalo ya papá –exclamó Inuyasha con desgana.

-Queremos informaros de que Sonomi y yo... –volvió a hacer otra pausa- Nos vamos a casar –confesó al fin, emocionado.

-¿Qué? –preguntó incrédulo Inuyasha.

-¿Quééé? –chilló una feliz Kagome.

-Y luego dices que Kikyo es una chillona, pues anda que tú... –chinchó Inuyasha, mirándola de forma burlona.

-No lo estropees anda –tajó la morena, asesinándolo con la mirada.

-Y eso conlleva... –siguió Inu Taisho –A que Sonomi y su hija se vendrán a vivir aquí.

-¿QUÉÉÉ? –ahí si que preguntaron ambos jóvenes, incrédulos.

-¿Pasa algo? –preguntó Sonomi.

-Claro que... –Inuyasha iba a negarse rotundamente, pero Kagome fue más rápida y lo interrumpió.

-Por supuesto que no. Un momento por favor... –dijo agarrando a Inuyasha de la oreja y arrastrándolo hasta el jardín, dejando a todos boquiabiertos.

-Ay, ay, ay, ay, ay –gemía de dolor el joven – ¿Se puede saber qué haces?

-¡Ni se te ocurra decir que no!

-¿Qué? –preguntó incrédulo- ¡Y una polla! ¡Tú no me mandas! –exclamó enfadado- Yo no quiero vivir contigo.

-¿Y crees que yo contigo sí? ¡Pues claro que no, idiota! –gritó, histérica- Pero hay que hacer un esfuerzo –dijo, respirando un poco más relajada-. Vivir bajo el mismo techo que tú sería lo último que haría en mi vida, pero piensa por una vez en los que te rodean y no sólo en ti –sermoneó-. Si yo acepto quedarme es porque así mi madre será feliz de una maldita vez, y sé que tu padre será un padre estupendo para mí y mi madre será estupenda para ti. Así que no dices que ella es guapa y amable, pues por mucho que te joda vivir conmigo piensa en cómo se sentirían nuestros padres si no quisieras que nosotras nos quedemos –lo miró fijamente-. Así que ahora entrarás ahí con tu mejor sonrisa y dirás que sí ¿Queda claro? –le amenazó de una manera que lo asustó, agarrándolo del cuello de la camiseta.

Inuyasha no contestó, sólo tragó duro.

-Tira, nada, tira... –dijo agarrándolo de la oreja.

-Ay, ay, ay, ay, ay "¿Pero se puede saber qué tan idiota soy? ¿Me estoy dejando vencer por Kagome? ¡No! ¡Tengo que hacer algo para parar esto!" –se regañó para sus adentros.

Agarró la muñeca de la chica, la de la mano que agarraba su oreja y la obligó a soltarlo. La hizo voltear para quedar frente a frente, y no se le ocurrió otra cosa más que besarla.

¡Pam!

-¿PERO SE PUEDE SABER QUÉ HACES?-gritó furiosa.

-Es para que pares, que vas como una moto –contestó, furioso también- "A ver si así se te quitan las ganas de vivir aquí." –pensó.

-Por muchas cosas que intentes no vas a quitarme de la cabeza la idea de renunciar a la felicidad de mi madre –contestó como si le hubiese leído la mente-, además tu hermano es encantador –completó, volteándose de golpe y abofeteando el rostro del chico con su melena azabache.

Inuyasha se quedó boquiabierto.

Y allí se quedó, pensando en como ella había sabido lo que él pensaba, viéndola entrar.

-¿Cuando nos mudamos? –preguntó sonriente Kagome, apareciendo en el comedor.

***

Los cálidos rayos del sol chocaron contra sus párpados, pero la sensación no fue muy agradable para sus ojos. Lentamente los abrió, analizando la habitación en la que se encontraba y recordando los acontecimientos de la noche anterior.

Giró su cabeza hacia el despertador y vio que eran las siete y media... ¿¡LAS SIETE Y MEDIA!?

Por el amor de Dios y la Virgen santísima, ¡¡¡LLEGABA TARDE!!!

Por todo el piso resonó un fuerte grito y segundos después se escuchó el sonido de golpes contra el suelo, la pared, cajones y puertas abrirse y cerrarse, entre más estruendosos sonidos.

Sonomi escuchaba todo eso con una divertida sonrisa en los labios.

-MAMÁ, ¿POR QUÉ NO ME HAS DESPERTADO ANTES? –chilló enrabiada la muchacha, corriendo de una lado para otro.

Era increíble el espectáculo que se formaba cada mañana en esa casa.

Kagome iba de una lado a otro; mientras con una mano se ponía un calcetín con la otra se lavaba los diente; después con una se ataba los pantalones y con la otra se cepillaba el pelo; después con un se ataba la camisa y con la otra se ponía una bota.

Le faltaban manos para hacerlo todo en menos de quince minutos.

Por suerte la mochila si la tenía preparada de la noche anterior. Se la colgó en la espalda y mientras salía dispara hacia la puerta cogía una manzana de la mesa de la cocina y le daba un beso a su madre.

-¡Hasta luego! –gritó cuando salió por la puerta.

-Menuda está hecha... –suspiró divertida su madre, viéndola marchar.

Corría como una condenada mientras tenía la manzana agarrada con los dientes, ya que necesitaba las manos para darse más impulso al correr.

Tendría que comenzar a ponerse unos cincuenta despertadores para despertarse antes, porque esas carreras cada mañana no eran normales, eran buenas para la salud, pero luego llegaba al instituto cansadísima.

Miró su reloj; menos cinco.

Se dio más prisa. Ya había entrado al edificio, pero ahora llegaba lo peor. Siempre se perdía, ¡tras malditos años ahí encerrada y aún no sabía cómo llegar su aula! Aparte de que era enorme, y al haber muchas curvas no podía correr tanto, sino se estampaba contra la pared.

Escaleras, escaleras, escaleras, escaleras, izquierda, derecha, todo recto, otra vez izquierda y...

¡Zas!

La puerta del aula se abrió de golpe. Detrás de ella pareció una agotada Kagome con el pecho subiendo y bajando descontrolado la respiración agitaba, media manzana en la boca y con los pelos revueltos.

Todos se la quedaron mirando estupefactos, y seguidamente aplaudieron.

-Felicidades Kagome, el profe todavía no ha llegado –informó Sango.

Entonces Kagome se dejó caer de rodillas al suelo.

-Uf... –suspiró recuperando el aire.

-Por los pelos, Kagome –dijo el profesor tras ella.

Se levantó de golpe, sin mirar atrás, y fue directa a su asiento.

-Muy bien, Kagome –felicitó otra vez Sango desde su derecha.

-No sabes... la paliza que me he dado... Me cago en la... –murmuró entre bocanadas de aire.

-Bien, chicos, abrid el libro por la página 154... –comenzó el profesor.

Matemáticas. Nos soportaba esa clase, como casi todo el instituto. Las aprobaba, pero con suficientes. Aun que el tema que estaban dando ahora le gustaba; ecuaciones. Cuando las practicó en los dos años anteriores se le daban muy bien.

Dio una ojeada a la clase, y vio a Inuyasha y a Kikyo muy pegaditos. ¡Qué cornuda que era la tía! Su novio la engaña con otra y aún así lo perdona. ¡Qué gilipollas!

Discretamente, escribió en un papelito y se lo pasó a Sango.

K: Sango, ¿sabes aquel tío del que te conté, el que estaba saliendo con mi madre?

S: si, ¿por?

K: adivina quiénes son sus hijos... xD

S: ¿quiénes?

K: Inuyasha y su hermano xD

S: ¿quééé? ¿y su hermano quién es?

K: Sessh, el de 4º =D

S: dios, pero si ese está ¡¡buenísimo!!

K: pues mi madre y su padre se van a casar y ¡¡yo voy a vivir con ellos!!

-¿Qué? –preguntó sin querer en voz alta Sango, mirándola con los ojos desorbitados.

Kagome se tapó la boca intentando retener sus sonoras carcajadas.

-¿Qué te pasa Sango?- preguntó el profesor.

-Eh... Es que... –balbuceó intentando pensar algo creíble –Es que me acaba de bajar la regla... –mintió.

-Ag... ves al baño, anda –contestó el profesor.

-Si –contestó obediente mirando a Kagome con cara entre burlona y enfadada.

Kagome no podía parar de reírse.

Sus miradas se mantuvieron hasta que Sango se perdió al otro lado de la ventana que daba al pasillo.

-¿Qué pasa Kagome? –preguntó un chico detrás suyo.

-Nada, hijo, nada –contestó aguantándose la risa.

Ese era Miroku. Un buen amigo suyo y de Sango, y, por desgracia, también buen amigo de Inuyasha. Es un chico muy atractivo, de pelo oscuro y recogido en una coletita tras la nuca y con unos ojazos azul marino increíbles. Pero como todo tío bueno, tiene un gran defecto: es un pervertido... A él le gusta Sango, igual que a ella le gusta él, pero no se atreven a confesárselo. Y para rematar, él tampoco deja de tontear con otras chicas, y claro, eso hace crecer el odio de Sango. Quien los entendiera...

Sango volvió poco después, pero esta vez con un mensaje de la directora.

-Kagome, la dire dice que vallas a verla a su despacho –le informó, lanzándole una mirada reprochadora.

-Voy... –contestó con desgana levantándose pesadamente del asiento y saliendo por la puerta.

Cuando salió por la puerta a través del cristal vio a Inuyasha y a Kikyo muy acaramelados. Los miró con asco, especialmente a Kikyo; nunca la soportaría.

Caminó despacio por los pasillos. Tendría que volver a bajar todas aquellas escaleras y cruzar todo aquel laberinto que era el instituto hasta la planta baja, donde estaba dicho despacho. Tres malditas plantas, iguales.

Al cabo de diez minutos llegó a su destino, tocó la puerta y después de escuchar un "pase" entró.

-¿Por qué no viniste ayer al castigo? –preguntó enfadada la directora nada más verla, queriendo andarse sin rodeos.

-Yo también me alegro de verla, ¿cómo se encuentra? –saludó irónica Kagome, sentándose en una de las sillas de delante del escritorio.

-Yo no te he dicho que te sentaras.

-No jodas, que me he pateado todo el instituto hasta llegar aquí –reprochó con fastidio.

-No jodo, levántate y contesta mi pregunta.

-Ya sabe por qué no vine. No gaste tiempo y saliva en esas tonterías –aconsejó con desgana.

-Es que tu responsabilidad como castigada era... –y así comenzó un sermón de a saber cuántos eternos minutos en los que Kagome divagaba en sus pensamientos y de vez en cuando iba asintiendo con la cabeza para que la otra pensara que la estaba escuchando –Así que espero que no te vuelvas a saltar un castigo y mucho menos volverte a ver por aquí por una pelea, ¿de acuerdo?

-Está bien ¿Puedo irme ya? –pidió impaciente.

-Sí.

-Pues hasta luego –y salió despreocupadamente.

Otra vez esa larga caminata hasta su aula, sólo de pensarlo ya estaba cansada.

Entró a clase. Todos se la quedaron mirando, pero ella hizo caso omiso de todas las miradas que sus compañeros le lanzaban y se sentó en su sitio.

Una vez sentada dio un largo suspiro y como por arte de magia el timbre sonó, y su cara se estrelló suavemente contra la mesa.

-Que tueste dios mío... –murmuró.

-¿Qué? ¿Cómo ha ido? –preguntaron Sango y Miroku a la vez.

-Lo de siempre, pero hoy ha variado un poco por lo de ayer, lo del castigo. De verdad que esta mujer no se entera... ya se lo dije, pero aún así pregunta.

-Eres una zorra –saltó Kikyo acercándose.

-Adivina de quién aprendí –murmuró Kagome tirando su rostro para atrás, dejándolo reposar sobre el respaldo de la silla y cerrando los ojos.

-Al menos ya te han puesto en tu lugar por no venir al castigo. Por tu culpa tuve que limpiar yo sola –reprochó.

-¿Y a mí qué me cuentas? –preguntó con desinterés- ¿Sabes algo? No me puedo creer lo cornuda que llegas a ser –dijo tranquilamente con los ojos aún cerrados.

-¿Qué es eso? –preguntó incrédula.

Kagome rió.

-Significa que tienes unos cuernos que no entras por la puerta –dijo riendo y abriendo los ojos para ver la cara de odio que tenía Kikyo.

Ésta levantó la mano con claras intenciones de abofetearla, pero alguien la agarró de la muñeca, impidiéndoselo.

-No lo hagas, Kikyo –dijo Inuyasha tras ella.

-No me lo puedo creer –murmuró Kagome, mirando para otro lado.

-Inu, ¿por qué la defiendes? –preguntó su novia, haciendo un puchero de tristeza.

-No la defiendo, te defiendo a ti –aclaró-. Piensa que si la golpeas el marrón te caerá a ti.

-Tienes razón –observó después de pensarlo unos segundos –. Además, no es bueno perder nuestro valioso tiempo con esta –dijo con desprecio.

-Al fin me dejan en paz –agradeció Kagome mirando al techo con las manos cruzada sobre el pecho, lo suficiente alto como para que los otros dos la oyeran y parasen de caminar, pero al final decidieron pasar de ella.

Kagome rió.

-Menudos lerdos –comentó con sus amigos.

-Veo que os queréis mucho –chinchó Miroku.

-Sí –contestó sarcástica Kagome.

-Venga, cuéntame eso –saltó Sango, insistiéndole a Kagome.

-¿El qué? –preguntó Miroku confundido.

-Que la madre de Kagome y el padre de Inuyasha se van a casar y van a vivir juntos.

-¿Qué?

-Grítalo más alto, Sango, que no te han oído los del C –dijo sarcástica Kagome.

-Y el cañón de cuarto también va a vivir con ella.

-Sesshomaru –aclaró Miroku- Pues claro, si son hermanos.

-Pues sinceramente, no se parecen en nada –comentó Kagome- Inuyasha es un prepotente, un cínico, un misógino y un retrogrado, en cambio, Sesshomaru es guapo, atento, simpático, cariñoso, amable... ¡Y está como un tren! –dijo con cara de pervertida.

-Jajajajaja –rieron a carcajada limpia los otros dos.

La profesora entró, comenzando la clase de música. Qué aburrimiento, dos horas seguidas haciendo música, bueno, explotando sus oídos con música clásica. Y para colmo era como con el profesor de Historia, Kagome y la de música se llevaban como perro y gato.

Pero como la mujer ya estaba acostumbrada, pasó de la muchacha, y Kagome se tiró las dos horas durmiendo.

El timbre indicando la hora del patio la despertó de golpe, sobresaltándola.

-¿Qué pasa? ¿Qué pasa? –preguntó alarmada levantándose de golpe.

-Nada, bella durmiente, que ya es la hora del patio –le aclaró Sango, sonriendo divertida.

-Ah, que susto –suspiró.

Abrió el bolsillo pequeño de su mochila y fue a sacar su desayuno.

Un momento ¿y su desayuno?

-Flash back-

-Kagome, te dejo el desayuno sobre la mesita del recibidor, ¿vale? –le dijo su madre a primera hora de la mañana desde el recibidor.

-Bbbrralleh… –contestó medio zombi, volviéndose a dormir.

-Fin del flash back-

-Mierda, me lo he dejado sobre la mesita –recordó -¡Me cago en todo lo cagable! –exclamó enfadada, rascándose la nuca, notando como sus tripas comenzaban a sonar.

Miró en su bolsillo. Un yen, dos yenes, tres yenes, cuatro yenes... ¡Maldita sea! Le faltaba uno y se podría comprar un bocadillo en la cafetería.

-Sango ¿tienes un yen? –preguntó.

-Espera... –murmuró buscando en sus bolsillos –Ni uno, lo siento.

-Vale, tranquila –dio una ojeada a la clase, y su próximo objetivo se encontraba hablando con su peor enemigo.

-Miroku... –lo llamó arrastrándolo de la oreja.

-Ay, ay, ay, ay ¿Qué quieres?- preguntó sobándose la oreja.

-¿Tienes un yen para prestarme? –pidió suplicante, estrechándose la tripa con los brazos – Te lo devolveré... –sus tripas sonaron – Lo juro.

-Un momento –buscó en sus bolsillos-, toma –le ofreció la moneda, pero cuando Kagome estaba a punto de cogerla, se la alejó –. Epa, primero, recompensa... –dijo poniendo la mejilla. Seguidamente ella le dio un beso en dicho lugar y él le entregó la moneda.

-Gracias –agradeció ella y se fue junto a Sango.

-Hale, vamos –y ambas se dirigieron a la cafetería.

Kagome se compró su adorado bocadillo, y ambas se sentaron en una mesa para comerse su desayuno.

-Hola chicas –saludó otra chica, morena, muy parecida a Kagome, que se sentó con ellas.

-Eh, ¿cómo estás Rin? –saludó Kagome.

¿Por qué no viniste ayer? –preguntó Sango, curiosa.

-Es que me acababa de bajar la regla y no me encontraba muy bien –explicó.

-Uih, la regla... –murmuró Kagome pensando en lo de esa mañana – Es verdad, ¿cómo te va a ti, Sango? –preguntó burlona

-Eso ha sido tu culpa –reprochó divertida.

-Es que ha sido buenísimo, se te han quedado todos mirando con una cara… jajajaja –dijo burlona.

-Mala, que eres mala –dijo intentando aguantar la risa –Por cierto Rin, ¿Sabes a quién conoce Kagome?

-¿A quién?

-A tu amor platónico.

Al escuchar esas palabras Rin abrió los ojos desmesuradamente.

-¿Quééé? –gritó levantándose, haciendo que toda la cafetería la mirara.

-¡Shh! Siéntate, anda –murmuró Kagome.

-¿Que conoces a Sesshomaru? –preguntó asombrada.

-Conocer, conocer... Básicamente, voy a ser su hermanastra y voy a vivir bajo su mismo techo –contestó sin anestesia.

Rin se quedó helada.

-¿Rin? ¡Rin! –la llamaron las otras dos chicas, poniendo las manos delante de su cara para ver si despertaba, pero esta seguía mirando un punto infinito en la blanca pared de delante suyo.

-"Ya sé cómo hacerla reaccionar" –pensó divertida Kagome- Acompáñame, Rin –dijo cogiéndola de la mano y arrastrándola hasta el patio sin previo aviso.

La hizo correr como un su vida hasta llevarla delante de Sesshomaru y sus amigos.

-¡Futuro hermanito! –exclamó alegremente Kagome, haciéndose paso entre la multitud de chicos y chicas que rodeaban al joven, abrazándolo.

-Ey, ¿cómo está mi futura hermanita? –bromeó correspondiéndole.

-Bien. Mira, te quiero presentar a dos amigas - dijo señalando a las dos chicas.

-Ella es Sango –presentó señalando a la susodicha.

-Hola –saludó Sango, y Sesshomaru le un beso en cada mejilla.

-Y ella Rin –pero nadie contestó- ¿Rin?

La pobre chica estaba petrificada allí delante. Pero volvió al mundo en el momento en que Sesshomaru la saludó y le dio dos besos.

La chica abrió la boca para hablar, pero sus cuerdas vocales no respondían.

-H-h-ho-hola... –balbuceó finalmente.

-Acuérdate Kagome, que esta tarde comienza la mudanza. He pedido que pongan tu habitación al lado de la mía.

-¡Vale! –chilló alegre como respuesta, dándole un beso en la mejilla -Bueno, nos vamos que tenemos que hacer unas cosas, ¡adiós!

De reojo vio a la chica que estaba al lado de su hermanastro, que la miraba con cara de pocos amigos.

Y finalmente, ella y sus amigas se fueron.

-Oye, Sesshomaru, que buena que está esa, preséntanosla, ¿no?- dijo un chico de pelo negro, recogido en una trenza y con los ojos azules.

-Cuidadito que es mi hermana, ¿eh? –bromeó Sesshomaru.

-Sí, tu hermana, que se toma muchas libertades –dijo enfadada la chica que había a su lado.

-Mira que llegas a ser celosa, eh, Kagura –murmuró amarrándola de la cintura, acercándola a él.

-No, celosa no. Pero esa chiquilla se cree aquí tu novia... –reprochó, haciendo un mohín.

-Mi novia eres tú, y eso no va a cambiar –y acto seguido la besó a apasionadamente.

-Oooooh... –suspiraron todos, sonriendo divertidos para chinchar a la pareja que dejó de besarse con una sonrisa en los labios.

***

-Dame las gracias que te he salvado el trasero... –molestó Kagome a Rin.

-Gracias... –contestó irónica.

-Madre mía, valla par... –murmuraba Sango con una gotita de sudor derramándose por su sien.

-Si tú no me hubieras llevado ahí no me hubiera pasado eso. Oh... –suspiró-, A veces me entran unas ganas de pegarte una ostia... –murmuró Rin.

-Tú no me dices eso en la calle –la encaró Kagome.

-¿Qué no? Te jugarás algo –le vaciló Rin.

-Tú eres tonta... –contraatacó la morena.

Y Rin le dio una bofetada.

-¿Pero de qué vas? –le gritó Kagome, devolviéndole el guantazo.

Y así comenzó otra pelea...

-Chicas, por dios, ¡parad de pelear! –gritó Sango intentando separarlas –Chicas, ¡que sois amigas! –gritó de nuevo, entonces las otras dos reaccionaron.

Ambas chicas tenían se miraban desafiantes.

-Coño, que sois amigas. Si os peleáis entre vosotras, ya me diréis... Daos la mano y pedios perdón –ordenó la castaña.

-Tsk... Perdón por haberte llevado delante del tío que te mola sin decirte nada –se disculpó con segaña Kagome, ofreciendo su mano.

-Perdón por haberme enfadado tanto –dijo estrechándosela.

-Y ahora un abrazo –y ambas chica obedecieron –Ya tenéis tela, ya. Que os tengan que ordenar que os perdonéis y encima perdonaos como niños pequeños... –chinchó la castaña.

-Bah... Vete a la mierda, Sango –contestó malhumorada Kagome, alejándose del lugar.

-Vale, vale, ya te traeré un recuerdo de allí –bromeó dejándola ir.

-¿A dónde va? –preguntó Rin.

-Ni idea. Déjala, a veces ella también quiere estar sola –cogió a su amiga del brazo y ambas se fueron a caminar por el amplio patio del instituto, charlando sobre sus cosas.

Caminó durante unos largos minutos, recorriéndose todo el patio del instituto, hasta llegar a su lugar preferido; el patio trasero.

Nadie iba allí, por eso le gustaba, allí podía estar en paz, y como se podía entrar desde la calle, ella se colaba cada vez que no estaba contenta con algo, o estaba molesta: allí podía reflexionar y pensar mejor en la cosas.

No era muy grande, pero si muy bonito, el pasto era de un verde esperanza que hacía resaltar la multitud de flores con colores distintos que allí habitaban, aparte de que había altos árboles, algunos más antiguos, otros más jóvenes. Pero había uno en especial, el que estaba más escondido de los demás, el más viejo... Tenía el tronco muy ancho y duro, y unas raíces que hacían de sillón donde ella posicionaba su trasero para sentarse.

Nadie conocía ese lugar, aparte de ella, claro.

Se sentó allí y encendió su MP4.

Eso sí que era vida. Suspiró, dejando escapar junto con el aire de su boca todo su cansancio. Sentada en un lugar cómodo, para ella, rodeada de naturaleza, con un olor puro a flores, a la sombra del calor y escuchando su música ¿que más podía pedir?

Inconscientemente comenzó a cantar la canción que estaba reproduciendo el aparato.

When I was a little girl

looking around at my little world,

never thought things could get so hard to handle.

Now I'm not a little girl,

I'm here in your crazy world,

nothing you do can be anticipated.

You don't have a life like this,

a could free you with a kiss,

all you have to do is leave me love you.

Why don't you leave me make it easy for you?

You don't have to try so hard,

just let it happen to you.

Stop moving around all over town

looking for something that can never be found…

I'll make it easy for you.

Unos aplausos la sobresaltaron.

-Maravilloso –elogió una voz tras el tronco del árbol en el que ella estaba sentada-. Tienes una voz preciosa.

***

¡Hola de nuevo! ¿Qué tal? Espero que bien, jiji.

No tengo muchas cosas que comentaros, sólo me gustaría pediros una cosa: si veis que uso demasiadas blasfemias, quejaos xD, porque a veces las escribo sin darme cuenta, me salen del alma, soy educada, pero a veces soy muy mal hablada, y utilizo un vocabulario… Que no lo hago a posta, ¿sabéis? Me sale cuando estoy cabreada, cuando algo me sorprende o cuando estoy muy contenta (vamos, todo el tiempo, yo vivo entre esos tres sentimientos ñ.ñ'), y no puedo controlarlo. Pero además, al ser escrito no se puede oír la entonación de las palabras, de determinadas palabras y expresiones, y a veces se puede confundir, aunque intento expresarlo con la mayor claridad posible, anunciando el tono en que lo dicen y todo. Pero si creéis que no es suficiente o que me paso, decídmelo, esto es para vosotros, y prefiero que os guste a vosotros antes que a mí.

Otra cosa que quiero recalcar es que… habréis notado que también suelo utilizar bastantes expresiones referentes a dios, ¿cierto? Quiero que una cosa quede clara: no creo en Dios, (eso no significa que crea en su eterno y principal enemigo, no ¿eh? Tampoco soy seguidora del demonio, vamos, sólo me faltaba eso, que me tomen por una satánica) simplemente, no puedo creer en algo que no he visto, y espero que respetéis mis creencias igual que yo respeto a los que creen, pero no es exactamente eso en lo que me quiero centrar. Os preguntaréis "Pues si no cree, ¿por qué las utiliza?" Pues simplemente porque de pequeña me medio obligaron a creer, he hecho la comunión y estoy bautizada, y he crecido entre ese tipo de expresiones (eso sí, de mi boca nunca ha salido un "me cago en Dios", y nunca va a salir), y claro, me he acostumbrado a decir "Dios…" cuando estoy sorprendida (aunque a veces me sale un "Coño…", eso depende del tipo de sorpresa, xD). Mi abuela cree que estoy poseída por el demonio al no creer, xD Mi padre no está de acuerdo, pero lo respeta, y a mi madre le da igual. Y mi hermano creo que tampoco cree. Pero en fin, da igual, no voy a seguir aburriéndoos con este tipo de paridas.

Y sobre la historia… Eso os lo dejo a vosotras, quiero que me contéis qué os a parecido, quiero que me recordéis las escenas que más os han gustado o las que más os han llamado la atención, las expresiones, descripciones, narraciones o diálogos, todo, ¡quiero saberlo todo! *________*

Y por último, agradecer los reviews. Gracias a las siguientes lectoras/escritoras que me habéis leído y habéis comentado:

KaoruLuxClyne24

kagome.54-2

setsuna17

yukino14

inukag22

MRS Taisho-Potter

hadaLila1992

evita95

Muchísimas gracias por aguantarme, bendita sea la paciencia que tenéis para soportarme. ¡Ah! Y no olvidarme de los que leen y no comentan, sólo os pido que os animéis, no cuesta nada, y os aseguro que os lo agradecería y me haríais muy feliz ^-^

Se despide una fiel servidora:

dakr priinCess