Hoy hay malas noticias, pero nos os la voy a poner aquí, prefiero que leáis el capítulo primero, los disgutos al final.

Sólo quiero decir una cosa: me alegro de que no os importe lo de las palabrotas, en serio, es algo que me sale del alma (eso demuestra lo que llego a meterme en la historia -.-), incluso alguna de vosotras me habéis dicho que lo hace más gracioso. Yo creo que también, que para determinadas escenas o diálogos, quedan hasta chistosos. Y porque no podéis escuchar la entonación... xD Y también quiero agradecer que a nadie le importe lo de mis creencia religiosas, bueno, creencias pocas, jeje. Me alegro de que eso no os moleste, porque sé que mucha gente sí que cree.

Y bueno, para las que ansiábais este capítulo, aquí os dejo la mudanza, jajaja. ¡DISFRUTÁDLO!

Capítulo3.

Se sobresaltó, y fue tan rápida la manera en que volteó la cabeza que por un momento pareció que se la iba arrancar del cuello.

Tenía el rostro desencajado, con una mezcla de horror, vergüenza e inocencia.

-Soy Bankotsu –dijo el chico simplemente, sonriéndole.

-Yo Kagome –contestó sonrojada. Era la primera vez que la pillaban cantando.

-La hermanastra de Sessh, si, antes te he visto –comentó-. Pero éste no me había dicho que cantabas tan bien –dijo ofreciéndole un mano para levantarla.

-Es que... no suelo cantar delante de nadie –confesó aún con las mejillas ardiendo al rojo vivo-, es un hobbie íntimo que tengo, jeje –ella agarró la mano masculina y se impulsó para levantarse y quedar de pie ante él.

Era bastante alto y estaba cuadrado, pero era exquisitamente atractivo. Una larga tranza caía por su espalda y una simple mirada de sus preciosos ojos azul turquesa te hacían caer rendida a sus pies.

-En serio, cantas como los mismísimos ángeles. Qué suerte tiene Sessh de tener una hermana como tú –disimuladamente él la agarró por la cintura, pero claro, Kagome no era para nada tonta, y notó lo que él quería –. Oye... si te invito a una fiesta que doy el sábado por la noche en mi casa, ¿vendrías? –preguntó seductoramente, utilizando un acento y una cara de carnero degollado que enternecía a cualquiera.

-No sé... ¿Hay que llevar pareja? –preguntó acercándose más a él, dejando que los brazos masculinos rodeasen por completo su cintura, mientras ella hacía círculos con los dedos sobre el pecho de él.

-Por supuesto, pero tú no hará falta que traigas una –murmuró apretando más a la chica contra él.

-Y... ¿por qué yo no?- preguntó inocentemente.

-Porque tú serás mi pareja... –muy lentamente se iba acercando al rostro de ella.

Kagome tenía una sonrisa pícara y atrevida en los labios. Parecía muy decidida a lo que iba a hacer, pero por dentro estaba hecha un flan.

Que un chico así, como él, tan apuesto, guapo, atractivo, esté a punto de besarte es como para estar así.

Y él cada vez se acercaba más a sus labios. Un poco más, ya casi estaba... Pero el contacto nunca llegó ni siquiera a ser un simple roce porque cuando estaba a punto de ocurrir, el timbre sonó, devolviéndolos a mundo, provocando que Kagome se separara rápidamente de él dándole una mala excusa y largándose corriendo.

Le estaban entrando calores y notaba un enorme y candente rubor sobre sus mejillas. A estas alturas ya debería estar más roja que un tomate, así que se apresuró más, corriendo con la cara baja.

¡Había estado a punto de besarse con uno de los tíos que están más buenos del instituto!

Sí, porque aparte de Sesshomaru, descartado por ser su futuro hermano, estaba él, su mejor amigo, Bankotsu; otro de su curso que se llama Kouga; Miroku, pero él descartado también porque es su mejor amigo; Inuyasha, no quería reconocerlo, pero el niño tenía su punto, pero descartado igual por la misma razón que Sessh. Y... otro de bachillerato que se llama Kosuke. Según una encuesta que se hizo en la web del instituto, esos seis chicos son los más deseados de todo el centro.

Corrió hasta llegar a su aula, y nada más visualizar a Sango, la cual charlaba con unas chicas, la agarró del brazo y la arrastró hasta su mesa.

-¡Sango, Sango, Sango! –gritó emocionada.

-¿Qué, qué, qué? –contestó entre incrédula y sarcástica.

-He estado a punto de liarme con... –se acercó al oído – ¡Con Bankotsu!- le susurró.

-¿Qué dices? –sus ojos se ensancharon. –No.–afirmó convencida.

-¡Qué sí! ¡Y me ha invitado a la fiesta que da el sábado en su casa, y ha dicho que yo seré su pareja! –dijo con una sonrisa de oreja a oreja, pegando saltitos de alegría.

-Mira que llegas a tener suerte, guarra –le reprochó con cariño.

-Lo sé, lo sé –contestó orgullosa.

***

¡Al fin! Los últimos minutos de la última clase del día.

-"Qué suene ya el puto timbre, hostia." –se repetía ansiosa una y otra vez en la cabeza.

Tres, dos, uno... ¡¡Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!

-¡Sí, sí, bien! –murmuró contenta de librarse de las clases. Recogió sus cosas lo más rápido posible, le dio dos besos a Sango y salió por patas de allí.

Se pateó todo el instituto, bajó tres de las cuatro plantas y corrió hasta la salida.

Allí lo vio, de espaldas, apoyado en el muro. Su corto pelo brillaba al ser reflejado por el sol y su fantástico cuerpo estaba relajado, apoyado allí.

Corrió, y le saltó a la espalda, para enrollar sus brazos en su cuello y saludarlo.

-¡Sesshy!

-Kag... me estás... ahogando... –murmuró como pudo.

-Ups, lo siento, jeje –balbuceó nerviosa soltándolo y aterrizando en tierra. Entonces ahí se dio cuenta de que Bankotsu estaba allí presente.

-Le he pedido que nos ayude con la mudanza y tal... –empezó Sesshomaru, sobándose el cuello y respirando hondo para intentar recuperar el aire, mientras veía como ella miraba a su amigo extrañada – ¿Te importa?

Kagome se había quedado embobada observando los azules ojos del amigo de su hermanastro

–Eh... ¡No!... –contestó al fin –Por supuesto... que no me importa... –sonrió levemente al moreno.

-Pues vamos. Kag, tú sube en mi moto, Bankotsu irá en la suya.

Los tres caminaron hasta donde estaban estacionadas las motos. Bankotsu se subió en su Kawasaki plateada, y esperó a que los otros dos se subiesen a la honda cbr negra y plateada de Sesshomaru.

-Ten... – dijo Sesshomaru dándole su único casco –Póntelo.

-¿Qué? ¿Y tú? –preguntó ella.

-Nada, póntelo tú. Si pasa algo, que me pase a mí –dijo despreocupadamente, poniendo en marcha el motor.

-No, pero... llévalo tú –murmuró con el casco entre sus manos.

-¡Qué no! Y no te lo diré más veces, póntelo y punto –ordenó en un tono demasiado severo.

Ella no volvió a rechistar y se lo puso, ambos se subieron a la moto, pero antes de arrancar ella habló.

-Ve con mucho cuidado, si no la que te matará después seré yo –gritó.

-Que sí –murmuró el chico con una traviesa sonrisa.

Ella se agarró de la cintura masculina, y ahí pudo notar lo bien formado que estaba su futuro hermanastro.

Bankotsu iba tras ellos.

Poco a poco fue notando como la velocidad de la moto iba subiendo.

-Sesshomaru, por favor, que tú no llevas casco, no corras...-pidió.

-Tranquila... ¿no me digas que te da miedo la velocidad?

-Por supuesto que no, pero si te pasa algo me sentiré muy mal, por favor, no corras tanto –suplicó apretando un poco más sus brazos enredados en la cintura de Sesshomaru, apoyando su cabeza en su espalda.

Entonces Sesshomaru aflojó la velocidad.

Cinco minutos más tarde llegaron a la mansión.

Aparcaron las motos en el jardín, y él abrió la puerta de la casa, dejando pasar a los otros dos.

-¿Kag? –preguntó Sonomi al verla. Se ve que estaba en el recibidor, dando vueltas de un lado para otro, esperando impaciente al camión de las mudanzas.

-¡Mami! –saludó abrazándola y dándole dos besos.

-Kag, ¿sabes quién está aquí? –preguntó su madre emocionada.

-No... ¿Quién? –preguntó confundida.

La mujer silbó, dejando a los otros tres un poco confundidos, pero sus preguntas se resolvieron al ver que por una de las puertas que había en el gran recibidor apareció una perrita de media estatura, monísima, negrita entera con dos manchas blancas alrededor de los ojos.

-¡¡Aaaah!! –gritó Kagome emocionada, mientras las lágrimas se acumulaban en sus ojos –¡¡ROXY!!- corrió a abrazar a la perrita que ladraba de alegría y movía la cola graciosamente –¿Pero...? –miró a su madre –¿Cómo es que...? Pero si estaba en...

-Lo sé –sonrió la mujer-, lo hablé con Inu y me dijo que no le importaba que estuviese aquí -aclaró con una sonrisa de oreja a oreja, acercándose a acariciar a la perrita.

Esa perrita era... su mejor amiga, incluso antes que Sango. Ella en el colegio tuvo problemas, siempre llegaba a casa llorando y su único apoyo era esa perrita. Siempre que ella llegaba triste, se encerraba en su habitación, y la perrita tan espabilada, se colaba dentro, se tumbaba con ella sobre la cama, y velaba su llanto. Pero hace tres años, cuando se mudó a ese piso en el centro, no admitían perros, al menos no perros grandes, y Roxy tenía un tamaño considerable, así que esta vivía en el templo Higurashi con los abuelos de Kagome y ella la iba a visitar, pero cada vez con menos frecuencia.

Sesshomaru y Bankotsu estaban enternecidos al ver esa escena; dos mujeres, preciosa, abrazando a una bonita perrita.

En ese momento entraron por la puerta Inuyasha y Kikyo.

La perra, al verlos, empezó a ladrar y a gruñirles.

Se acercó a Kikyo, la olió de arriba abajo y luego empezó a gruñir, y luego a ladrarle enrabiada.

Kikyo estaba un poco confundida e Inuyasha iba a darle una patada a Roxy cuando de repente algo cayó sobre él, impidiéndole golpear a la perra y cayendo al suelo.

-Tócala y te arranco la pierna –lo amenazó Kagome.

Inuyasha sintió miedo de aquella mirada tan enfadada que tenía Kagome, además, su larga melena hacía sombra sobre su cara, haciéndola ver más terrorífica.

-Va-vale –tartamudeó –¿Te quitas de encima mío? –la chica obedeció y se alejó de él acercándose a la perra para acariciarla y tranquilizarla.

Una bocina sonó fuera de la casa, y todos salieron para comprobar que era el camión de la mudanza.

Inuyasha y Kikyo se fueron hacía algún lugar de la casa, y Sonomi, Sesshomaru, Bankotsu y Kagome comenzaron con la mudanza de las dos mujeres, buenos mejor dicho de Kagome, Ya que los muebles del piso, en general, no le hacían falta porque ya tenía aquí otros, y mucho mejores, sólo algunas pertenencias importantes de Sonomi, para el cuarto que ahora compartiría con Inu Taisho, pero todo lo demás era lo de Kagome, su cama, su armario, toda la ropa que no le había cabido en la maleta que se trajo antes su madre, y bueno, todos sus muebles, pero estos los subirían los de la mudanza por el balcón de su habitación con una grúa. Era cierto, su nuevo cuarto era enorme, entrando por la puerta, por lo menos tenía cinco metros de largo por seis de ancho, con las paredes de color blanco y en la pared que daba a la calle había una amplia puerta que daba a un grandísimo balcón.

-¡Dios! ¡Es enorme! –gritó impresionada al entrar al cuarto con dos grandes maletas.

-Sabía que te gustaría –dijo Sesshomaru con una sonrisa un poco arrogante –La mía es la de la izquierda de la tuya.

Y así empezó al fin la mudanza. Entre Kagome, Bankotsu y Sesshomaru cogieron todas las cosas que se podían subir por la espalera, cajas, objetos y, desde afuera, con una grúa, unos hombres subieron los muebles, la cama, el armario, la cómoda.

Una vez los muebles estuvieron todos allí dentro, entre los dos "machotes" allí presentes, acomodaron cada mueble donde les dijo Kagome. La chica se lo pasaba bomba al ver a aquellos dos sudar como cerdos obligándolos a obedecerla. Una vez cada mueble estaba en su lugar adecuado, la ayudaron a abrir cajas, llenar estanterías, colgar "posters", guardar su ropa.

Cuando ambos chicos encontraron dos tangas, fue la hostia.

-¡Aaah! ¡Soltad eso! – gritó Kagome sonrojada, quitándoselo de las manos a Sesshomaru.

-Jajajaja –reía Bankotsu. Pero éste se calló al ver como ella también le quitaba a él el que tenía entre sus manos.

-Gracias por la ayuda, chicos, ¡ya puedo sola con lo que queda! –dijo nerviosa arrastrándolos hasta afuera de la habitación. –Roxy... si alguna vez estos dos entran en mi habitación échalos, ¿vale? –le pidió a la perra que había estado toda la tarde con ellos, saltando de alegría y metiéndose por el medio. Kagome le acarició la cabeza.

-Los has visto... eran... –afuera de la habitación los dos chicos reían con ganas, en dirección a la habitación del peliplateado.

-La cena ya está lista –anunció la ama de llaves, apareciendo de repente tras ellos.

-De acuerdo, ahora bajamos –dijo tranquilamente Sesshomaru.

Seguidamente, la mujer se fue.

-Joder, tío, esta mujer me da miedo –murmuró Bankotsu.

-Jajaja... –rió divertido –Espera... –entró a la habitación de Kagome- Kagom... –pero no pudo terminar de nombrarña. La visión que tenía ahora de la chica lo había dejado en shock, pero volvió rápidamente al mundo al ver lo que estaba haciendo, y cerró la puerta de golpe – ¡Perdón! Kagome, baja que la cena ya esta lista –dijo desde el otro lado de la puerta, rojo como un tomate –Vamos, tira... –le dijo a Bankotsu, para que dejase de preguntarle que había visto.

Kagome ahora estaba un poco, que digo poco, muy sorprendida. Sesshomaru la había visto en ropa interior, y ella se había quedado ahí quieta, sin decir nada.

Gritó al darse cuenta de todo. Y el grito resonó por toda la casa.

***

Ahora iba vestida más cómoda, con un short negro, una camiseta de tirantes rosa pastel que le llegaba hasta media tripa y el pelo recogido en una coleta alta.

Bajó al comedor. Como le había dicho Sesshomaru, la cena ya estaba servida, pero había dos cosas diferentes a las usuales, había una cosa buena y otra mala.

La buena: que estaba Bankotsu, la mala: que estaba Kikyo.

Desde la puerta del comedor lanzó una mirada desafiante, pero a la vez confundida a Kikyo, que le respondió con una de triunfo. Entonces vio como Inuyasha, que estaba sentado a su lado, pasaba un brazo por sus hombros.

La cena transcurría en un sepulcral silencio. Inu no Taisho los miraba contento a todos, al igual que Sonomi. Pero Kagome miraba mal a Kikyo, Sesshomaru miraba a su hermanastro, Inuyasha le lanzaba mirada de advertencia a su hermanastro y a su futura hermanastra, y Bankotsu, disimuladamente, miraba a Kagome.

Por un momento, Kikyo miró a Sonomi con envidia y con asco, Kagome comprendió enseguida por qué, y se enorgulleció, pero le lanzó una mirada de advertencia a Kikyo, hablándole con la mirada. "O dejas de mirar así a mi madre o te giro la cara de una guantazo", pensó Kagome, deseando que ese pensamiento llegase hasta la cabeza de su enemiga. Y pareció funcionar, porque Kikyo dejó de mirar a Sonomi.

Los primeros en terminar fueron la pija anoréxica e Inuyasha, que se fueron del comedor agarrados de la mano.

-Buah... No puedo con ellos –dijo Kagome enfadad una vez esos tortolitos ya no podían escucharla.

Kagome tenía a un lado a Inu Taisho que, al escucharla, pasó su brazo por los hombros de ella y le dijo algo:

-A mí tampoco me gusta esa chica, tenemos que alejarla de Inuyasha –dijo con doble sentido, pero Kagome no lo pilló.

-No, no, ¿a mí qué me cuentas? Por mi, como si se casan. Me preguntó si serán capaces de vivir juntos un gamberro arrogante, cínico, misógino, retrogrado y con poca paciencia, con una pija anoréxica, superficial, materialista, egoísta y caprichosa –tomó aire -¡Bah! No duran ni una semana –añadió cabreada Kagome, levantándose de la mesa en dirección hacia la cocina.

-Sí que le cae mal mi hijo, ¿no? –le preguntó a su futura esposa.

-No lo traga.

-Él está igual con ella.

-A mí me huele, a que aquí va a pasar algo –murmuró Sonomi levantándose. Inu Taisho, como perrito faldero, se fue con ella.

Entonces Sesshomaru y Bankotsu no tuvieron más remedio que irse a algún lugar de la casa a hablar sobre cosas de tíos...

Kagome se metió en la cocina. Las asistentas se asustaron al verla allí, hasta que ella dijo que venía en son de paz, que estaba allí buscando un vaso de leche con miel. Después de convencer a las mujeres de que se lo quería preparar ella, y le costó mucho convencerlas, se preparó su adorado vaso de leche con miel.

Salió de allí, ya que aquello, a aquellas horas, parecía un gallinero; las sirvientas gritando y corriendo de un lado a otro, que si la escoba, que si la fregona, los paños, la lejía...

Se alejó lo más que pudo y pensó que podría ir a ver el resto de habitaciones y salas que el día anterior Sesshomaru no le enseñó. Solo vio las estancias de la primera planta, así que de la segunda solo conocía su habitación y la de Sesshomaru.

Subió las escaleras y enfrente de ella se abría un largo pasillo, con cuatro puertas en el lado izquierdo y tres puertas a la derecha, y al final una gran ventana que daba al jardín trasero, desde donde se veía la gran piscina que tenían.

Abrió la primera puerta que había en la pared de la derecha, estaba muy oscura, solo la iluminaba una ventanita que parecía estar medio oculta tras alguna pared semitransparente. Tocó la pared y palpó una especie de interruptor, lo prendió y pudo ver con claridad de que habitación se trataba: era el cuarto de baño. Era muy grande y moderno, todo de mármol azul con detalles beige, con un plató de ducha muy amplio y con una puerta de cristal semitransparente. Se fijó que en una de las paredes había una puerta. Dejó el vaso sobre el mármol de alrededor de la pica, y sigilosamente se metió por esa puerta.

La cerró tras de sí y cuando volteó la cara para ver lo que había, gracias a la gran iluminación que entraba por el gran ventanal que daba a la calle y la pequeña lamparita que había, se encontró con una habitación matrimonial. Seguramente la de su madre e Inu Taisho, ya que estaban allí las maletas de Sonomi. En otra pared vio otra puerta, había otra más, unos metros delante de ella, pero prefirió entrar a la que tenía a su izquierda, hizo lo mismo que con la anterior y acabó volviendo al pasillo.

Bueno, involuntariamente, ya se había recorrido media planta, ahora tenía delante de ella la puerta de su cuarto y la de Sesshomaru, la que aún no había visto era la primera.

Lentamente se dirigió a ella. Puso la mano sobre el pomo y lentamente lo fue girando. Una vez éste estaba al límite, ella no abrió lo que se dice lento, y una vez su vista se fijó en una figura que había allí, tuvo que aguantarse la risa.

Allí se había encontrado nada más y nada menos que a Inuyasha y Kikyo ¡dándose el lote! Ambos chicos dejaron de besarse y la miraron con enfado, confusión y sorpresa.

-¿No te han enseñado que antes de abrir hay que picar a las puertas, bonita?

Kagome se tapó la boca con la mano que tenía libre.

-Perdón –murmuró con la mano aún sobre sus labios, para que no escuchasen sus carcajadas. Cerró la puerta de golpe -¡Qué asco! "Y pensar que mi cuarto está al lado, por dios, que... agh..." –pensó asqueada.

Aún le quedaba una habitación por ver, la que estaba enfrente de la de Ssshomaru. A paso decidido se dirigió hacia aquella puerta de madera blanca. Pero al pasar por delante de la puerta de Sesshomaru chocó con alguien.

-Ui, lo siento... –murmuró Kagome.

-Tranquila, ¿estás bien? –preguntó la otra persona, que al parecer era Bankotsu que salía de la habitación de su amigo.

-Sí –contestó simplemente- ¿Ya te vas? –preguntó, ahora sí, haciendo un puchero de tristeza e inocencia.

-Sí, tengo que irme ya. Es muy tarde y mi madre se preocupa –dijo con desgana.

-Pareces un niño malo, pero aún así sigues obedeciendo a mamá, ¿no? –dijo melosa ella, insinuándosele.

-Sí –recorrió la cintura de Kagome suavemente hasta enrollar sus brazos sin dejarle escapatoria –Esta mañana nos hemos quedado en algo, ¿no? –preguntó pícaramente.

-Creo que en esto –y al fin consiguió lo que llevaba esperando desde la hora del patio, besarlo.

Deslizó lentamente sus manos por su pecho, hasta enredarlas alrededor de su cuello.

Era un beso lento. Sus labios chocaban produciéndole una pequeña descarga eléctrica en cada roce.

Era una sensación tan placentera para ambos...

Levemente, fue estrechándola más contra él, y ella lo agarró de la nuca para profundizar más el beso.

Bankotsu rozó con su lengua los labios carnosos de la chica, pidiéndole permiso para dejarlo entrar. Ella aceptó gustosa entreabriendo sus labios y empezando a jugar con su lengua y la del chico.

Aquel sabor tan dulce, proveniente de los labios de Kagome, tenían loco al muchacho...

Ella, al notar la satisfacción de él, entreabrió los ojos. Vio sus ojos cerrados, su flequillo, su pelo corto...

Un momento ¡¿Cómo que pelo corto!?

Abrió los ojos desmesuradamente para ver que no se estaba besando con Bankotsu, sino ¡¡con Inuyasha!!

Se separó de golpe, bajó la cara avergonzada. Su respiración se volvió agitada. Por suerte, Bankotsu pensó que lo hizo por falta de aire y la abrazó más fuerte.

-Me tengo que ir, preciosa. Mañana nos vemos –le susurró al oído con la voz entre cortada y ronca.

Kagome le miró, y respiró aliviada al ver que el que tenía delante volvía a ser Bankotsu. Éste le dio un tierno beso en la mejilla y después su fue.

Kagome lo siguió con la mirada hasta que lo perdió al bajar las escaleras.

No dijo ni mu y se metió en su cuarto.

Rápidamente, y cabreada, se quitó la ropa y se desparramó sobre la cama, respirando hondo.

"¿Se puede saber qué coño me ha pasado?",pensó angustiada.

¿Cómo se había podido imaginar a Inuyasha mientras se estaba besando con Bankotsu? Y lo peor ¿Cómo le había podido gustar?

¿Pero qué mierda le estaba pasando? ¿Tan jodido era aquel beso que nunca lo olvidaría? Pero si no le gustó...

Mentira, sí le gustó.

Pensando y comiéndose el coco con eso, se quedó dormida, sin saber que en la habitación de al lado otro chico estaba igual que ella, pensando en lo mucho que le había gustado el beso que él le había robado a ella el día anterior en los pasillos del instituto.

***

Aún estaba en ropa interior, la noche anterior cuando se durmió, y fue tan cerca del borde de la cama, que se acabó cayéndose de ella. Al recibir el golpe se despertó, pero estaba tan somnolienta que se metió en ella definitivamente sin ni quiera ponerse algo encima.

Notó la claridad del alba entrar por su ventana e iluminar la estancia entera. Refunfuñó unos insultos inaudibles, y de mala gana se acabó de despertar. Miró el reloj: las seis y media.

"Joder, sí que es temprano" pensó incrédula, y más sorprendida al notar que ya se le había ido el sueño, sobre todo al recordar todo lo que le pasó la noche anterior.

Ya sabía dónde estaba el baño, así que cogió ropa limpia, un par de toallas y salió de su cuarto. Cruzó en diagonal el pasillo y se metió rápidamente en el baño.

Dejó la ropa y las toallas a un lado del largo mármol y abrió el grifo. Se deshizo de las dos únicas prendas que vestía y se metió bajo la ducha.

Cerró los ojos y se dejó relajar bajo la tibia agua. Las gotas, que empezaban por su melena, se deslizaban suave y placenteramente por cada centímetro de su piel y terminaban en sus pies.

***

La luz del sol chocaba violentamente contra sus párpados, haciéndolo despertar malhumorado.

Se revolvió varias veces bajo sus cobijas, intentando buscar oscuridad para dormir de nuevo, pero ahora ya era imposible que se durmiese.

Tenía unas ojeras que le llegaban hasta los pies, el pelo revuelto, y una cara de sueño que no podía con ella.

A duras penas salió de la cama, apartando de mala gana las sábanas, y arrastrando los pies salió de su cuarto y se internó en la puerta que tenía justo delante de él.

Como iba despistado, abrió el grifo del agua caliente de la pica, y comenzó a lavarse la cara tranquilamente, a ver si así se despertaba un poco, pero eso no fue lo que lo despertó, lo que lo consiguió fue el bestial gritó que lo dejó sordo y lo hico pegar un salto del susto.

-¿Pero qué...? –asomó el morro a la ducha y se encontró con algo que lo hizo abrir los ojos de golpe.

Kagome cerró el grifo de golpe ¿A qué venía que el agua de repente saliese helada? Giró sobre sus pies y se encontró con la sorpresa de la mañana: a Inuyasha viéndola desnuda.

Otro grito resonó por toda la casa.

Entonces por la puerta entró Sesshomaru, y por la otra puerta que había en ese baño, entraron Sonomi e Inu Taisho.

Sesshomaru estaba rojo, al igual que su hermano, y Sonomi estaba empujando a Inu Taisho hacia el cuarto, ya que se había quedado igual que sus dos hijos.

-Eh... vale... –murmuró Kagome con una sonrisa irónica en los labios –¿PODRÍAIS DEJAR DE MIRARME? –gritó roja de la ira y de la vergüenza.

-Chicos, fuera, va –dijo Sonomi empujándolos a ellos dos afuera también.

A Sesshomaru no se le iba la risa tonta, pero Inuyasha... A él no se le iba a olvidar nunca la imagen que acababa de ver.

Veinte minutos más tarde Kagome salió totalmente arreglada del baño. Después de ella entraron Inuyasha y Sesshomaru, peleándose por quien se aseaba antes, pero por supuesto tardaron menos que ella, cada uno.

A las siete y cuarto ya estaban todos desayunando en la mesa del comedor.

Todo era silencio. Sonomi tenía un leve rubor en las mejillas, Kagome estaba completamente roja, pero de la rabia, Inu Taisho, tenía la cara más seria que nunca y los otros dos hombres de la casa estaban aguantándose la risa.

Por parte de Kagome, el ambiente estaba muy tenso. Ella fue la primera en terminar de desayunar, ya que ella no era de comer mucho a primera hora, y tampoco es que se sintiese muy cómoda allí. Subió a su cuarto, deberían ser las siete y media. Lo bueno es que hoy no llegaría tarde y no tendría que echarse esas carreras matutinas.

Se colgó la mochila en la espalda y salió de su cuarto.

Bajó lentamente las escaleras, se acercó a la puerta, iba a abrirla para irse cuando una voz la detuvo.

-Espéranos Kagome –le pidió Sesshomaru bajando las escaleras.

Kagome se apoyó en la puerta, con una cara de mala leche. Pero Sesshomaru no podía dejar de reírse.

Éste pasó por delante de ella, y detrás de él salió Inuyasha que le susurró, divertido, algo a Kagome:

-Bonito culo –y salió con una sonrisa burlona en los labios.

Kagome respiró hondo. Tuvo que utilizar todo su autocontrol para no abalanzarse sobre Inuyasha y matarlo a golpes.

Al salir y quedar delante del jardín, ambos chicos se dirigieron a su izquierda, ella los siguió y los tres quedaron ante la puerta del garaje, donde estaban estacionadas dos motos. La de Sesshomaru ya la conocía, la honda cbr negra y plateada, y al lado había una Kawasaki azul eléctrico.

Sesshomaru se subió en su moto e Inuyasha en la otra. Entonces Sesshomaru, como la tarde anterior, le ofreció su casco a ella, la cual no tuvo más remedio que aceptar, y se subió detrás de él a la moto.

Con un mando a distancia, las rejas de metal, en forma de puerta, se abrieron y ambas motos salieron disparadas de la mansión.

Kagome ya se había acostumbrado a ese tipo de velocidad, solo le advirtió a Sesshomaru de que fuese con cuidado.

Llegaron en cinco minutos, supuso que caminando serían unos quince.

Al llegar, Inuyasha se fue con Kikyo sus amigas y sus amigos. Sesshomaru se fue con su grupo, y como Sango ni ningún amigo suyo estaba todavía allí, ya que sólo eran menos cuarto, Kagome se fue con Sesshomaru, y con un poco de suerte se encontraría con Bankotsu.

Es verdad. Ahora que lo pensaba, le estaba empezando a gustar ese chico, pero lo de ayer noche le sentó fatal. Aunque mejor así, si se enrollaba con él igual se olvidaría de esa idiotez que tenía con Inuyasha.

Fue donde estaba Sesshomaru, y, efectivamente, estaba Bankotsu, que al verla se le encendieron los ojos.

-Preciosa ¿cómo estás?- esas palabras provocaron en la chica un sonrisa y un sonrojo.

-Bien... –dijo acercándose a él –¿Puedes venir un momento? -Lo abrazó para disimular lo que le acababa de decir oído

-Claro –contestó correspondiendo al abrazo, también para disimular.

Kagome lo agarró de la mano y lo alejó de la multitud de estudiantes que se empezaba a acumular ahí.

-¿Qué pasa? –preguntó él, incrédulo.

-Voy a ir al grano, ¿quieres liarte conmigo?- soltó sin anestesia.

Durante unos segundo, el chico se quedó mudo. Kagome lo miró significativamente para devolverlo del lugar en el que estubiese su mente.

-¿Por qué no? De acuerdo –le bastaron unos segundo más para decir esas palabras.

Kagome sonrió traviesa, acercándose hasta él para unir sus labios en un ferviente beso, el cual, medio instituto allí presente, vio, quedándose con una cara de "¿Hola?".

Había allí presente un chico, que sin saber porqué, al ver ese beso la sangre había empezado a hervirle y a circularle muchísimo más rápido por la venas. Toda la gente empezó a murmurar un largo y sentimental "Ooooooh" que hizo que ellos se separaron un poco avergonzados.

Kagome entró feliz a su aula, tanto que su aura deslumbraba, todo ella brillaba de felicidad.

-Dios existe, ha venido a verme – le dijo a Sango, suspirando.

-No, ya lo veo, ya. Te acabas de besa con uno de los chicos más guapos del instituto, ya me dirás –contestó Sango con picardía.

En ese momento entraron por la puerta Inuyasha y Kikyo agarrados de la mano, y como no, acompañados de todos sus admiradores.

Kagome ni los miró, pero Sango sí lo hizo, y pudo ver la mirada reprochadora que Inuyasha le lanzó a Kagome. Se calló, por respeto a él, y a su amiga, ya que si decía algo, aquí se montaría la gorda.

***

El timbre sonó, liberando a todo ser viviente que hubiera en esa escuela.

Tanto alumnos como profesores recogían rápidamente sus cosas. Las puertas se colapsaban...

Pero ella no, ella estaba en las nubes, con la mirada perdida. Recogía sus cosas poco a poco, entre suspiro y suspiro. Una vez lo tuvo todo guardado, se colgó la mochila en la espalda y caminó lentamente para salir del aula.

Sango la esperaba impaciente en la puerta, todos iban con prisa menos ella. Salió agarrada del brazo de su amiga, caminando lentamente -sacando de quicio a Sango-.

De repente una mano se posó sobre su cintura, y instintivamente se giró para ver quién era.

-Hola preciosa ¿has pensado mucho en mí? –preguntó seductoramente Bankotsu.

-Demasiado, ¿y tú? –preguntó como embobada, enredándose entre los fuertes brazos de su rollete.

-No te me quieto de la cabeza –murmuró abrazándola.

Salieron así hasta la calle.

-¿Dónde quieres ir, preciosa? –preguntó Bankotsu.

-No sé –contestó confundida.

-Ejem... –carraspeó Sangro tras ellos –Kagome, ¿recuerdas que ayer me prometiste que hoy a la salida iríamos de compras?

-Es cierto -recordó-. Banky, lo siento, ¿lo dejamos para mañana? –preguntó en un tono infantil muy dulce.

-Como tú quieras –y la besó.

-Entonces, hasta mañana –dijo separándose del beso y yéndose con Sango.

Bankotsu se fue con su moto y ambas chicas caminador hasta el centro comercial.

Se compraron todo lo que les dio la gana: camisetas, minis, zapatos, complemento.

Kagome recordó que el sábado tenía una fiesta, así que se compró un poco más de ropa, pero para una ocasión especial, o sea, para esa. Se cogió un top ajustado, que moldeaba perfectamente su firme pecho, de manga larga acabadas en campana, de color negro. Después una mini tejana, de color azul oscuro y unas votas negras, terminadas en punta y con tacón casi de aguja.

Eran cerca de las 7 y ambas chicas estaban agotadas, así que pararon a sentarse y tomar algo en una de las heladerías del centro.

-Oye Kagome –comenzó Sango.

-Dime –contestó mientras tomaba un poco más de helado.

-No te quiero engañar, porque sabes que nunca lo he hecho y antes muerta, y más si es por tu propia seguridad, pero a mí... Bankotsu no me hace mucha gracia –comentó, reposando pesadamente sus manos, que aguantaban el helado, sobre su regazo.

-Pero Sango ¿tú tienes ojos en la cara? ¿Has visto lo bueno que está? –preguntó Kagome sorprendida.

-Sí, pero es que no sé... No me gusta cómo te mira, yo no me fiaría de él.

-Pero si sólo es un juego –dijo degustando de nuevo su preciado helado.

-¿Cómo? ¿De qué hablas?

-Que fui yo quien le pidió rollo, estoy jugando con él, es para divertirme –mintió, ya que lo había hecho para quitar de su mente a cierto moreno –Cuando quiera ir a más, haga algo indebido o me canse de él, cortaré y punto –contestó, quedándose tan ancha.

-Madre mía –murmuró la castaña.

-Tranquila, que no dejaré que me toque un pelo, y aunque no te guste, yo lo estoy conociendo y es súper majo y atento.

Kagome cambió de tema, se terminaron el helado charlando sobre la ropa recién comprada y luego cada una se fue hacía su casa.

Lo bueno de estar en el mes mayo es que los días eran más largos, por lo tanto no oscurecía tan pronto.

Llegó en diez minutos a casa.

Tocó el timbre y le abrió su madre.

-¿Aún no tienes llaves? –preguntó incrédula Sonomi.

-No, aún no –dijo entrando con todas las bolsas en ambas manos, que por lo menos llevaría cinco o seis en cada una.

-Oye, ¿y tú de dónde vienes a estas horas?- preguntó Sonomi aparentando enfado.

-Venga, no te enfades, que vengo de comprar, y te puede servir algo –intentó sobornarla.

-¿A si? –preguntó pareciendo una adolescente.

-Anda, vamos a mi cuarto –dijo divertida Kagome.

Ahora parecían justo al revés, Sonomi la adolescente y Kagome la madre.

Una vez en su cuarto ambas empezaron a coger la ropa, y a tirarla por el suelo, mirar unas prendas más que otras... Eso parecían las rebajas.

-¡Qué mona es ésta, Kagome! –gritó emocionada Sonomi, con una mini tejana en las manos.

-¿A que sí? Y mira, esta camiseta –dijo enseñándole un camiseta al estilo palabra de honor, ajustada al pecho y dejando caer lo demás en cascada hasta la cadera. Era de color blanco con topos negros.

-Dios... –dijo cogiéndola entre sus manos con mucho cuidado, como si se fuese a romper.

-Mamá, pareces una cría... ¡hasta te ilusionas más que yo! –dijo burlona.

-Es que hace mucho que no me compro nada... me lo prestarás, ¿no? –preguntó inocentemente.

-Pues claro, desde siempre todo lo tuyo ha sido mío y todo lo mío ha sido tuyo –dijo suavemente –Alguna vez tenemos que volver a irnos tú y yo juntas de compras, que hace tiempo que no compartimos una de esas tardes –cotilleó con su madre.

-Sí –dijo con una sonrisa traviesa.

Así se tiraron por lo menos una hora, hasta que a las ocho o así una sirvienta entró y las avisó de que la cena estaba preparada.

Ambas se pusieron cómodas -por no decir que se vistieron casi iguales, con una camiseta de tirantes, un pantalón de deporte ancho, y el pelo recogido en una alta coleta-.

Bajaron a cenar. Sonomi se sentó junto a Inu Taisho y Kagome, se sentó, claro está, al lado de Sesshomaru.

Inuyasha casi no cenó nada. Fue el primero en irse de la mesa, los demás se quedaron allí, a comerse sus postres y después tomarse su café. Aunque Kagome tomó, como no, leche con miel.

Después de que Inuyasha se fuese todos empezaron a hablar más amenamente. No se sabía el porqué, pero Inuyasha transmitía tensión, por eso, mientras él estuvo presente nadie abrió la boca.

Después de una hora más o menos Sesshomaru se fue a su cuarto, los futuros esposos se fueron también a la suya y ella se fue al jardín.

Quería pasear un poco, despejarse... La brisa fresquita del aire nocturno le iba de maravilla, ya que dentro de esa casa hacía mucho calor, no sabía por qué.

Empezó a pensar en lo que ayer noche le había pasado mientras besaba a Bankotsu.

Llevaba todo el puñetero día pensando en eso ¿Por qué se imaginó que era Inuyasha quien la besaba? ¿Tanto le había gustado aquel beso?

Es que no le entraba en la cabeza.

Sintió como el viento acariciaba su piel y seguidamente le producía un escalofrío. Entró en casa.

Aún estaba maravillada por la enormidad de aquella mansión. Caminó lentamente, observándolo todo minuciosamente.

Subió las escaleras despacio, sin prisa. Se dirigió al pasillo donde estaba su habitación, giró la esquina adentrándose en el pasillo y no pudo seguir hasta llegar a su cuarto. De repente un fuerte brazo la agarró de la cintura y de los brazos, sin dejarla moverse, y otra mano se encargó de taparle la boca para que no gritara. Entonces, ese fuerte ser la adentró en una habitación oscura, iluminada débilmente por la claridad que entraba por la ventana.

***

Aiii, a mi personalmente me gusta esto último ¿Quién será? ¿Un ladrón? ¿Un violador? Yo lo sé, muahahaha! Qué puñetera que soy (A) (que lástima que no se vean los iconos -.-).

Vale, aquí vienen las malas noticias: me he retrasado un poco con este cap, pero eso tiene su explicación. Se me ha fastidiado el word en el portátil. Sí, necesito una clave que no tengo para poder acceder al programa, y yo ya estoy hasta el moño . Por favor, si alguien tiene esa clave, que me la de, POR FAVOOOR T____T El programa que tengo yo es el "Microsoft Office Word 2007", sí alguien puede ayudarme, me salva la vida, salva los fics ¡y nos salva a todos! Porque claro, al menos para mi, no es muy agradable tener que estar en el ordenador de torre, con todo el ruido que hace y lo viejo que es. Además, de que estoy volviendo a las andadas utilizando en worpad ¬¬ y claro, ahí no tengo corrector ni tengo na', y con todo el perdón... eso es una puta mierda -.-

Y bueno, agradezco los reviews de:

evita95

setsuna17

lerinne

yukino14

InuYKag4E

Silvemy89

tania56

Quiero agradeceros vuestro apoyo incondicional, y también vuestros esfuerzos por soportarme ñ.ñ' Y quiero pedir perdón por las posibles faltas de ortografía ¬¬' A todo esto, mi otro fic en línea "Atrapados en el siglo XXI" tiene el mismo problema que éste, así que necesito ayuda, en serio, no me gustaría dejar de publicar viendo lo que esto os está gustando.

Y por último, os pido que me expreséis vuestra opinión, que me hagías todos tipo de críticas, buenas, malas, constructivas, ¡TODO! Eso me ayudará a mejorar, y eso es lo que quiero, quiero ser de las grandes, ambicio la perfección, muahahaha! No, pero de verdad, quiero saber que os parece.

Y bueno, un saludo enorme para todaaas, ¡se os quiere!

Se despide vuestra fiel servidora:

dark priinCess