Primero quiero corregir un error muy grande que cometí en el comentario primero del capítulo anterior: puse capítulo quince... O.o Se me fue la olla xdd. Quise decir capítulo cinco. Sólo es una pequeña aclaración que como el maldito de FF no me lo cambia...

Y bueno niñas ¿me echabais de menos? Yo a vosotras sí, me habéis tenido muy abandonada... T___T Ya sé que me he tardado demasiado, pero es el maldito instituto .

Comenté algo sobre la Castanyada... Se celebra el mismo día que Halloween, pero no tiene nada que ver. La Castanyada es una fiesta de origen catalán que trata sobre la Castañera y las castañas, nunca he llegado a saber totalmente qué significa, de qué va y porqué se celebra. Lo único que sé es que ese día las clases se reducen xD Y bueno... como dije, los de cuarto nos encargamos del bar para recaudar dinero, pero... Pusimos un montón de dinero cuatro personas -ya nos han devuelto el dinero =)-, y con el bar hemos sacado 608 euros, pero a eso hay que descontarle lo que hemos puesto estas cuatro personas y nos hemos quedado en 200 y pico euros, a repartir entre todos los que han colaborado. La gente que ha robado, que no ha hecho nada y que no va al viaje no ven ni un duro, aún así no sé a cuánto tocamos por cabeza, y ya dejo esto que os estoy aburriendo.

Sólo quiero decir que esta mierda de fiesta me ha costado la salud, y que si estoy subiendo cap es porque esto ya estaba escrito y sólo he tenido que corregirlo. "Atrapados en el siglo XXI", que desgraciadamente no corre la misma suerte, tardaré en subirlo.

Capítulo 6.

No podía reprimir aquellas fuertes ganas de besarla. Era tan tentador aquel momento.

Sus ojos se iban cerrando al acercarse cada vez más a sus labios.

Él la estrechó aún más contra él, como si no quisiese que se la arrebatasen de sus brazos, como si fuese a desvanecerse. Pero no, no lo permitiría, no sin antes haberla besado.

Ella, en cambio, estaba tan relaja y tranquila entre aquellos brazos... Se sentía tan protegida.

Un roce, primer contacto: una descarga eléctrica recorrió a ambos chicos de pies a cabeza. Pero ¿por qué? No era la primera vez que se besaban. ¿Por qué ahora sentían un extraño vértigo en la boca del estómago?

Sus labios se unieron, y lentamente fueron moviéndose, el uno al compás del otro, ladeando levemente la cabeza para que sus labios encajaran mejor. Era extraño, pero sus labios parecían estar hechos, moldeados perfectamente, para que encajasen exactamente los de ella con los de él.

El movimiento de sus labios era lento, suave y pausado, no había prisa, no había nada ni nadie más. En ese momento solo existían ellos.

Sin dejar de besarse, se abrazaron más fuerte. Ninguno quería parar, necesitaban más. Sus bocas seguían en movimiento perpetuo, jugueteando. Sin embudos, él pidió descaradamente dejar pasar su lengua dentro de la boca de ella. Kagome aceptó gustosa, entreabriendo más los labios. Sus lenguas se rozaron, luego se enredaron y finalmente comenzaron a bailar junto con el movimiento de sus labios. El beso iba pasando por distintas fases; primero era tierno, dulce y tranquilo, después pasó a ser más rítmico y amoroso, hasta convertirse en pasión pura, en un combate por ver quien era capaz de besar mejor y dejar exhausto al otro.

Sin cortar el beso, Inuyasha la levantó y la sostuvo entre sus brazos. La internó en el cuarto de ella y la recostó en la cama. Ella quedó bajo él, a su merced. No paraban de besarse, y las olas de excitación estaban haciendo acto de presencia.

No supieron cuanto tiempo estuvieron así, hasta que Inuyasha rompió el beso, dejando a Kagome a cuadros. Se separó de ella, quedando cara a cara, mirándola fijamente a los ojos, a esos mares de almendra que lo tenían cautivado.

Kagome tenía una mezcla de confusión y desilusión en la cara.

Una medía sonrisa se formó en los labios de él. Kagome no comprendía, y él le dio un beso en la frente para después irse cerrando la puerta a sus espaldas y dejando a Kagome sobre la cama con la cara más confusa que nunca puso.

***

El hermoso cantar de los pájaros y la brisa mañanera que entraban por la ventana la despertaron. Abrió los ojos levemente, y vio por la ventana como el sol se hacía presente a lo lejos. Miró el despertador: las siete. Aún tenía tiempo de dormir un poco más. Estuvo varios minutos intentándolo, pero era imposible; con lo que había pasado anoche se durmió y con lo que había pasado anoche se levantaría.

Estuvo horas y horas dándole vueltas al mismo tema, si antes de eso estaba confusa, esperate ahora.

Era increíble ver que con lo tarde que ella se solía levantar siempre, desde que se había mudado a esa casa se levantaba con tiempo de sobra. Nunca entendería porqué le pasaba eso.

Encendió la TV y se puso a mirarla, pero no sirvió de nada, su mente ya estaba ocupada con algo, y era imposible de quitárselo de la cabeza.

Una ligera opresión se formó en su vejiga. Vale, debía ir al baño.

Se levantó e intentó poner el pie en el suelo. Caminó unos metros y notó como el dolor se hacía presente, pero aún así no era un dolor muy fuerte, lo soportaría, y más esa noche, que tenía una fiesta.

Cogió una muleta, abrió la puerta y se dirigió al baño. Allí hizo sus necesidades, cambió el agua al canario, se lavó la cara y se recogió el pelo en una coleta para que no le molestase su larga melena.

Al terminar, agarró de nuevo su muleta y abrió la puerta, salió y nada más salir estuvo a punto de chocar con una imponente figura.

Inuyasha...

-Buenos días –saludó él secamente.

-Buenas –contestó ella igual.

Se apartó hacia la derecha para dejarlo pasar, pero él coincidió con ella y también se apartó hacia la derecha de ella; Kagome se apartó hacia la izquierda, y otra vez coincidieron, hasta que ella se hartó y habló:

-Yo a mi derecha y tú a la tuya.

Y así, al fin, cada uno pasó hacía su correspondiente lugar. Él se internó en el baño, y ella en su cuarto.

Tiró la muleta al suelo y caminó poco a poco hacía el balcón. Allí se apoyó en el grueso borde de piedra que hacía de barandilla y dejó que el fresco aire recorriese todo su cuerpo. Cerró los ojos para disfrutar más de aquel momento. Noto como algo suave rozaba su pierna y enseguida se dio cuenta de quién se trataba: Roxy que, como siempre, sabía acompañarla en el mejor momento.

Desde ese momento, el día pasó muy rápido; no desayunó, no comió y, por lo tanto, desde lo del baño, no se cruzó con Inuyasha. Su madre pensó que se encontraba mal, pero ella le dijo que no le pasaba nada.

Llegó la noche, eran las 10 y debía estar en casa de Bankotsu a las 12.

Entró al baño con un par de toallas. Se estuvo bajo del agua media hora, por lo menos, pero es que se relajaba tanto en la ducha, y más con el estrés emocional que sufría últimamente. Salió de la ducha, se enrolló alrededor del cuerpo una toalla y otra en la cabeza. Abandonó del cuarto de baño y corrió hasta su cuarto.

Uf... Nadie la había visto.

Se secó, y del armario sacó la ropa que se compró expresamente para esa fiesta. Se puso su ropa interior, después, con vendas nuevas cubrió su tobillo, se vistió la minifalda y, finalmente, el top.

Vale, ahora el problema estaba en las vendas: no quería que se le vieran. Ya que iba a ir sin muletas... ¡ya está, las botas! Se calzó unas botas altas, que le tapaban las vendas.

Volvió al baño y se rizó el pelo, dejando el flequillo recto y liso. Hay que ver las maravillas que hacían la espuma, la laca y el difusor maquilló levemente con un poco de colorete y gloss labial, excepto los ojos, que se puso rimel, se pintó la línea inferior y difuminó sus párpados, dando a sus ojos un aspecto profundo y un poco aterrador.

No parecía una chica de 16 años.

Se miró al espejo, satisfecha de su maña para arreglarse. Volvió a su cuarto y miró la hora; las doce menos cuarto.

Se dirigió al cuarto de Sesshomaru:

-Sessh, ¿a qué hora nos vamos? –preguntó asomando la cabeza por la puerta.

-¿Ya estás lista?

-Si.

-¿A ver? –pidió pícaro, y Kagome entró al cuarto. –Oooh, ¡qué guapa! Hay que ver que pedazo de hermana que tengo.

-Jajajaja –rió ella.

-Bueno, voy a avisar a Inuyasha, ¿vale?- anunció el peliplateado. Kagome se puso rígida y palideció.

-S-sí... –contestó débilmente.

Sesshomaru salió del cuarto, y tras él Kagome, que se metió en su cuarto, y escuchó como Sessh avisaba a Inuyasha. A los cinco minutos bajó al recibidor, y allí estaban los dos hermanos, su madre y su padrastro.

-Kagome, ¿a dónde vais?- preguntó autoritariamente Sonomi.

Kagome se irguió de nuevo, no le había dicho nada de la fiesta a su madre.

-Eh... A una fiesta –confesó, sonriendo amplia y falsamente.

Todo fue silencio, el cual rompieron todos, menos Kagome, al estallar en carcajadas.

-¿Qué? ¿Qué pasa? –preguntó la joven asustada.

-Era un broma –dijo Sonomi entre risas.

-Mamá –reprochó inflando las mejillas, dándole un toque súper infantil y adorable.

-Ve con cuidado, ¿vale? –dijo abrazándola –Y vosotros, cuidádmela –les dijo a los hermanos.

-Si –contestó fielmente Sesshomaru.

-Tsk –fue lo único que articuló Inuyasha.

Finalmente salieron de la casa. Inuyasha subió a su moto y Kagome a la de Sesshomaru junto con él. Esta vez si que llevaban un casco cada uno, eso relajó a la chica, aunque no estaban muy lejos de la casa de Bankotsu, dos minutos en moto.

-Dios, ¿esta es la casa de Bankotsu? –preguntó Kagome al bajar de la moto que estaba estacionada delante de la enorme casa.

-¡INUUU! –gritó una voz.

-Oh dios... –murmuró Kagome.

-¡SESSHYYY! –gritó otra voz.

Una chica se abalanzó sobre Sesshomaru para después besarlo. Era la misma chica que el otro día la miró mal.

Se sentía tonta allí en medio; a la derecha tenía a Inuyasha besando a Kikyo y a la izquierda a Sesshomaru y a esa.

-Agg –musitó débilmente, mirando a ambas parejas.

Se dirigió a la puerta principal de la casa, la abrió y nada más entrar se encontró a un montón de jóvenes.

Bueno, más que jóvenes, había parejas liándose, que digo, follando ahí en medio. Pasó por en medio pidiendo disculpas a todos e intentando no chocar e interrumpir a nadie, hasta llegar a lo que sería el salón. Allí había más adolescentes haciéndolo, otros bebiendo, otros fumando, y hasta alguna que otra guarra haciendo un "streepties".

Buscó con la mirada a Bankotsu y lo divisó en una más, fumando y jugando con otros chicos a saber qué, pero lo que no le gustó a Kagome fue la cocaína que se estaban pasando unos a otros y que esnifaban.

-¡Kagome! –gritó Bankotsu al verla. – ¿Cómo estás? –preguntó cuando estuvo con ella.

-Bien –notó como Bankotsu apestaba a alcohol y tabaco. Ahora se daba cuenta de que aquello era una fiesta pet. Ya era tarde para ver dónde se había metido.

-¿Quieres? –le ofreció Bankotsu una lata de cerveza.

-Mmm... No, gracias –dijo poniendo las manos delante de la lata para alejarla.

Pero Bankotsu siguió insistiendo y le ofreció un cigarrillo.

Ahí Kagome si aceptó.

-"Ya fumé una vez, no pasará nada porque vuelva a hacerlo" –cogió el cigarro entre sus dedos y le dio una calada.

Bankotsu la agarró de la cintura, la llevó a la mesa donde estaba jugando y la sentó sobre sus piernas.

Él y sus amigos siguieron jugando a ese juego, que era un poco extraño: consistía en decir alguna cosa que hayas hecho y depende de si los demás lo habían hecho tenían dos opciones, o dejar una prenda de ropa o esnifar coca. Tipo "Verdad o prueba".

Le ofrecieron juego a ella también, pero se negó, aún así siguió con un cigarro tras otro, hasta que al final esos cigarros se convirtieron en porros... Al haberse fumado dos ya estaba pedo, y en ese momento de pérdida, Bankotsu le hizo beberse una cerveza.

-¿A que ahora te encuentras mejor? –preguntó él, que estaba más pedo que ella, pero sin embargo parecía totalmente sereno.

-No lo sé... –murmuró Kagome medio tonta. Tenía las mejillas rojas y los ojos entre cerrados –Uff... Bankotsu, creo no me encuentro muy bien... ¿Puedo acostarme un rato en alguna habitación? –pidió amarrándose a él.

-Claro, ven –él la agarró de la cintura y la ayudó a caminar hasta una habitación ya que Kagome iba como un pato mareado.

Andaba fatal, se apoyaba en Bankotsu, porque sino se caía, además de que notaba su tobillo dormido. En el trayecto pasaron por delante de una habitación, de la que salían gemidos y más gemidos. Estaba entre abierta, y con una pequeña luz encendida.

Kagome pudo visualizar a Kikyo.

-Espera –le pidió a Bankotsu, este se paró con ella y juntos miraron adentro. – ¿Esa no es Kikyo? ¿Y ese quién es...? ¿Y esa...? –vio también a la chica que antes había besado a Sesshomaru.

Bankotsu se la llevó de allí y la internó en una habitación bastante aparatada.

-Eso era un trío, ¿no? -preguntó boquiabierta -Pero... ¿qué coño hacían Kikyo y la chica esa? ¿Y ese tío quién es?

-Relájate Kagome, esto es una fiesta...

-¿Pero cómo voy a relajarme? ¡Tengo que ir a avisar a Inuyasha y a Sesshomaru! –dijo levantándose de golpe y dirigiéndose a la puerta.

-Relájate –le ordenó de una forma un poco severa Bankotsu, agarrándola del brazo y sentándola en la cama.

Kagome se asustó y se sentó, obediente.

-¿Qué quieres tomar? ¿Cerveza, whisky, vodka, JB...?

-¿Tienes coca-cola?

El chico negó con la cabeza.

-Pues... JB.

Bankotsu preparó un vaso de JB y otro de whisky. Le dio a Kagome el correspondiente y se sentó junto a ella.

-¿De un trago? –preguntó el de golpe.

-¿Qué?

-A ver si eres capaz de beberte de un solo golpe este vaso de JB. No lo eres, ¿verdad? –la retó.

-¿Que no? –desafió, y de un solo trago se bebió el vaso de JB.

Una media sonrisa se formó en los labios del chico.

***

Al fin se había librado de aquel montón de drogadictos y de esas guarras pesadas.

No le gustaban ese tipo de fiestas, él era un chico sano, bueno, excepto que fumaba de vez en cuando, pero tampoco es eso que se dice fumadero pasivo. Si él estaba allí era porque lo habían invitando, porque estaba Kagome y porque Kikyo lo había obligado a ser su pareja. Que, por cierto, hablando de ésta última, hacía ya horas que no la veía.

Cogió su móvil y miró la hora, eran las tres de la madrugada, ya era hora de irse.

Comenzó a buscarla por toda la fiesta. En los lugares comunes, es decir, donde estaban todos, que eran recibidor, comedor, salón, cocina y piscina, Kikyo no estaba. Subió a la segunda planta, buscó en todas las habitaciones visibles, pero nada. Esa casa era enorme, así que se adentró en un largó pasillo que daba a la otra ala de la casa.

Había un silencio sepulcral, y estando oscuro como estaba todo, daba un toque terrorífico que asustaba a cualquiera.

Entonces empezó a escuchar murmullos lejanos, una chica pidiendo socorro.

***

Kagome estaba estirada sobre la cama de aquella habitación. No podía moverse, y su voz era tan débil que apenas se le escuchaba. La cabeza le daba vueltas, y sólo podía notar como el asqueroso de Bankotsu le estaba besando el cuello y el abdomen.

Estaba sobre ella, con los labios posados sobre su piel, con una mano tocándole un pecho y con la otra acariciando su muslo.

-Socorro... –murmuró débilmente.

Sacó con dificultad su teléfono móvil del bolsillo e intentó marcar el número de alguien, pero no podía ver bien la pantalla con suficiente claridad. Tenía los ojos empapados en lágrimas y notaba como todo su cuerpo le pesaba. Se sentía mareada.

No tuvo más remedio que quedarse quieta, dejando que aquel asqueroso tipo se aprovechara de ella.

El chico metió una mano bajo el top de la chica. Pasó de su cuello a besar su clavícula y a masajearle un seno. Kagome se removía del asco bajo él. Pero estaba demasiado débil para evitarlo o esquivarlo.

Ahora se daba cuenta de que él la había drogado, y la había drogado pero bien. Nunca debió beber ese baso de JB, ahí puso la droga, y la retó para que ella sola se lo tomara y se quedara así.

"Tonta, que eres tonta Kagome"

Ahí comprendió la situación en la que estaba, y también comprendía el porqué de las palabras que le dijo Inuyasha.

Entonces, con mucha rabia y arrepentimiento murmuró:

-...Inuyasha, sálvame... –rogó en un murmuro, mientras una lágrima roló por su mejilla hasta disolverse en la tela de la almohada de esa cama.

Ya casi no era consciente de lo que sentía: ni asco, ni rabia, ni repulsión, ni odio, ni pena... No sabía lo que ese cerdo le había metido, pero está claro que no era nada bueno.

Estaba a punto de quedar inconsciente por la prepotencia cuando notó que Bankotsu dejaba de estar sobre ella.

No tenía ni fuerzas para abrir los ojos... esa droga la había dejado tocada.

Escuchaba voces, que digo voces, gritos lejanos... ¿y esa voz? ¿Era Inuyasha?

Entonces no supo el qué, pero algo le hizo abrir los ojos, y ver como Inuyasha tiraba a Bankotsu al suelo de un puñetazo, y luego la cogía en brazos.

Como por instinto ella se agarró a su cuello y hundió su cara en el pecho masculino, en busca de calor y de protección.

-Tranquila Kagome, ya estoy contigo –le susurró para calmarla, ya que notaba el temblar violento de la chica entre sus brazos.

Con ella en brazos la bajó hasta la planta baja y salió por la puerta trasera.

-Mierda, no puedo llevarla en moto... Se me caería, ¡joder! –gruñó enfadado.

Así que no pudo hacer otra cosa que ir a pie. Por suerte, la casa no estaba muy lejos y Kagome no pesaba mucho.

Notaba que con cada paso que se alejaba más de aquella casa, más se iba tranquilizando Kagome. Lo temblores cesaron, pero aún así ella no dejaba de amarrarse fuertemente al cuello de él.

Diez minutos más tarde Inuyasha llegó a la mansión Taisho. Entró por la puerta trasera también. Sigilosamente subió a la segunda planta y se internó en la segunda puerta del pasillo de los dormitorios opuestos a los de la servidumbre.

La habitación de Kagome. Era la segunda vez que entraba.

La recostó en la cama, le quitó las botas con cuidado, ya que en su pie lastimado ella se quejó, la tapó y se dispuso a irse, pero la voz de ella lo detuvo.

-Inuyasha... Gracias –murmuró lo suficiente alto como para que él lo escuchara –Ven aquí... por favor... –pidió.

Él se dio la vuelta y se encaminó a la cama, se sentó en su bordillo y acarició el pelo de la chica.

-De nada... –susurró mirándola compasivo.

-Perdóname por no hacerte caso -murmuró apenada-. Debí haberlo dejado con él como tú me advertiste, sin embargo... -lo miró con los ojos llorosos y una clara expresión de arrepentimiento.

-Shhh... Tranquila, eso ya es agua pasada. Lo importante es que he llegado a tiempo de no tener un disgusto –acarició su mejilla, y notó como la mano de ella se posaba sobre la suya, incitándole a acariciarla más, insinuándole que necesitaba de su calor.

Debía contenerse, si seguía ahí acabaría atrapado por sus encantos de mujer.

Se levantó de la cama, apagó la luz y se dirigió a la puerta, pero el sonido de alguien estrellarse contra el suelo lo hizo voltear de nuevo: Kagome estaba tirada en el suelo.

-¡Kagome! –exclamó, y fue corriendo a levantarla – ¿Pero qué hace, burra? Métete en la cama, no estás bien –La cogió en brazos de nuevo y la recostó en la cama, pero ella volvió a amarrarse a su cuello, y oye, que no lo soltaba.

Él intentó zafarse del agarre, pero es chica tenía más fuerza de la que aparentaba. Estiró hacía atrás, la cogió de los brazos, le gruñó, pero ella no hizo nada, hasta que de un fuerte estiró ella quedó estirada sobre la cama con él encima.

Entonces abrió los ojos, que hasta ahora había tenido cerrados, y miró la expresión de incredulidad del chico. Una traviesa sonrisa se formó en sus labios y de golpe y sopetón unió sus labios con los de Inuyasha. Para él no fue nada desagradable el contacto, más que nada porque lo deseaba. Ella seguía con los brazos enrollados alrededor de su cuello y él la agarró de la cintura.

El beso iba haciéndose cada vez más intenso y apasionado. Pero entonces Inuyasha sintió más rabia al notar que en la boca de ella se mezclaban el sabor del alcohol, el tabaco y las drogas, cada vez sentía más odio hacia ese miserable ser que había drogado y tocado a Kagome.

Él cortó el beso y se la quedó mirando.

Ella aún tenía los ojos cerrados, las mejillas sonrosadas, pero no sabía si era del beso o del pedo que llevaba, y los labios rojos y más gruesos por la fricción.

-"¿Pero qué...?" –se preguntó mentalmente.

-Tú siempre eres el que me roba besos, ¿no? Por una sola vez quería ser yo la que te lo robase a ti, para que supieras lo que se siente-contestó como si le hubiera leído la mente.

Inuyasha se sorprendió y después sonrió dulcemente. Acarició con su dedo pulgar la mejilla de Kagome, le besó la frente, y ahora si, definitivamente, salió de la habitación.

***

Eran las tantas de la madrugada pero la fiesta no se terminaba. Música a toda ostia, gritos, gemidos, porros, cigarros, alcohol... algo realmente asqueroso. A esas horas, ni la persona más santa estaba en sus cabales, todos estaban pedo.

De golpe la música dejó de sonar.

Todos miraron alrededor para ver lo que pasaba, y una voz les aclaró sus dudas.

-LA FIESTA A TERMINADO, ¡FUERA TODO EL MUNDO A LA DE YA! LA POLICIA ESTÁ EN CAMINO!- anunció alguien, y como si de un huracán se tratase, todo dios salió de allí zumbando; por las puertas, ventanas o cualquier tipo de agujero que diese al exterior.

Inuyasha sonrió al ver el efecto de sus gritos. Una vez toda la multitud de adolescentes ebrios y fumados se fue, él se dirigió a la misma habitación en la que había golpeado a Bankotsu para ver si estaba allí, y, efectivamente, dicho insecto estaba en el mismo lugar donde él lo dejó: en el suelo con un golpe en la cara.

Se acercó a él y vio que estaba dormido. Eso no tenía gracia. Cogió la jarra llena de agua que había junto al minibar de la habitación y la vertió sobre la cara del chico, éste reaccionó rápidamente.

-¿Qué? ¿Qué? –preguntó levantándose alarmado.

-Muy bien, pequeño insecto... –dijo Inuyasha levantándolo del cuello de la camiseta.

-¿Q-qué haces? –preguntó asustado Bankotsu.

-Sabía que no podía fiarme de ti... eres un cerdo ¡HIJO DE PUTA! –le gritó a la vez que le daba tremendo puñetazo, tirándolo sobre la cama. Se subió sobre él y empezó a darle de hostias.

El otro, bajo él, intentaba esquivarlo y devolverle cada golpe, pero estaba demasiado confundido y ebrio como para seguirle.

-Ni se te ocurra volverte acercar a Kagome, ¡porque te juro que te mato! –gritó mientras seguía golpeándolo.

-INUYASHA, ¡BASTA! –gritó una voz tras él, que lo agarró de la tripa, lo levantó y lo separó de Bankotsu. Esa persona tuvo que ejercer mucha fuerza, ya que Inuyasha estaba enloquecido, la venganza y el odio se reflejaba en sus ojos y no paraba de patalear y gritar contra el medio inconsciente Bankotsu.

-¡Suéltame Sesshomaru! –gritó Inuyasha al verle la cara.

Pero su hermano mayor se posicionó delante de él y le propinó una bofetada en la cara.

Inuyasha dejó la cara de lado, con la mirada baja. Se calmó y después miró a su hermano con mucha rabia.

-Apártate o tú también recibirás... –advirtió el pelinegro.

-De eso nada... –pero no pudo seguir, ya que su hermano menor se lanzó contra él y su amigo –Inuyasha, ¡me cago en la puta! ¡Dime que ha pasado de una jodida vez! ¿Qué coño te ha hecho Bankotsu para que quieras pegarle? –le gritó cuando al fin pudo agarrarlo bien y tumbarlo en el suelo.

-¡No, mejor pregúntale a él qué es lo que le ha hecho a Kagome! –gritó con toda su ira.

-¿Eh? ¿Qué quieres decir? –hizo una pausa, y miró a su amigo. – ¿Qué le has hecho, Bankotsu?

Pero él, que recién se incorporaba, contestó confundido.

-¿Qué le he hecho?

-¡Pero serás cabrón! Di la verdad, hijo de puta, ¡di que has intentado violarla!

-¿Qué? –preguntó Sesshomaru en shock.

Todo quedó en silencio. Inuyasha se levantó mirando con furia al acosador. Sesshomaru tenía la vista perdida en algún punto infinito del suelo y Bankotsu estaba también sorprendido.

De golpe, Sesshomaru lo miró con rabia y confusión.

Bankotsu negó nerviosamente con la cabeza. No lo recordaba nítidamente, pero algo si le sonaba lo que Inuyasha había dicho. Lo único que quería era dormir de nuevo, olvidarse del tema e intentar recordar si eso era cierto, y su deseo se cumplió enseguida, ya que Sesshomaru le propinó el puñetazo más grande que le dieron en su vida, dejándolo tumbado en la cama.

-¿Cómo está Kagome? –preguntó saliendo de allí hecho una furia.

-Está bien, en casa, llegué a tiempo de que no le hiciese nada.

-De acuerdo. Gracias... –agradeció Sesshomaru.

Ambos cogieron sus motos y se dirigieron a su casa. En cuanto entraron, Inuyasha se fue a su cuarto y Sesshomaru entró al de Kagome. Ésta estaba metida en la cama, con cara de felicidad. Sesshomaru se extrañó al ver su rostro feliz, se suponía que debía estar mal por lo de ese cerdo.

-Pequeña... –acarició la cabeza de la chica –Me alegro de que estés bien... si no fuera por Inuyasha... –murmuró comenzando a pensar.

Ahora, al verla así, con esa carita tierna, tan inocente y frágil se daba cuenta de cuánto la quería. Si no fuera por Inuyasha ella no estaría ahí tranquila, durmiendo. Pero si no fuera, también, por Inuyasha… él podría estar con ella.

El obstáculo entre ellos dos era su hermano.

Él la amaba, sin duda. Llevaba tiempo enamorado de ella, pero era un amor imposible, además, él nunca se atrevería a decírselo, nadie lo sabía, y se aseguraría de que nadie lo supiese. Estaba claro que, por mucho que no quisiese aceptarlo, ella, de una forma u otra, estaba destinada a estar con su hermano, y en parte se alegraba, pero por otra estaba triste. Es duro renunciar a tu amor, pensó con recelo.

Nunca pudo hacerlo, y ahora tenía la situación a su favor. Acarició ambas mejillas de la chica y poco a poco se fue acercando a sus labios...

Estaban a escasos centímetros, podía sentir su cálido aliento bajo su rostro... y finalmente rozó sus labios con los de ella, hasta que los juntó formando un simple pero dulce beso. No los movió, solo los juntó a los de ella, notando su calidez. Algo lo alarmó; un movimiento de ella. Se separó de su rostro y vio que era una falsa alarma. Sonrió con dulzura. Aún notaba su corazón bombear... Acarició de nuevo sus mejilla, besó su frente y le susurró dos palabras:

-Te quiero.

***

Que penita... Pero no se me confundan, esto es un Inu&Kag y Sessh&Rin, Al final Sesshomaru descubrirá que lo que siente por ella es más un cariño paternal, de protección, no de amor de amor amor, de estar enamorado...bueno, ya me entendéis XD

¿Y qué?¿Alguien se esparaba algo así? Espero no haber decepcionado a nadie, si es así, decídmelo, que me pego un tiro ñ_ñ'

Bueno, no tengo muchas cosas que contar, ni tampoco ganas, estoy cansadísima, la fiestecita de los huevos me ha dejado hecha polvo y hoy encima he ido al cementerio a visitar a mi abuelo, así que bueno... tengo el ánimo por los suelos. No estoy de humor, y la semana que viene tengo dos examenes el mismo día, y ya me están estresando! T_____T

Esto conlleva a que, como dije en el cap anterior, hoy no contestaré reviews, los agradeceré y haré un general de vuestras dudas, y repito, cualquier cosa que queráis preguntarme, sea del fic, del otro fic o de mi vida en general, no tengáis reparos.

tania56

setsuna17

yukino14

Blossom012

MRS Taisho-Potter

Silvemy89

RefiraM

ayumi ayama

nany-08/NaDiia

kiki

Bueno... Hay cosas para contar Muahahaha! Por ahí ha habido una que me ha dicho que Inu debe dejar a Kikyo. Hombre... yo creo que si se entera de lo que ha visto Kagome en la fiesta, no sería muy lógico que siguiera con ella xD Pero eso se verá más adelante. Y con lo del verdadero Bankotsu me refería al de este cap... Aquí se debe haber desvelado ese pequeño misterio que surgió en el cap anterior jeje. Y... algo que me ha dejado K.O. ¿buena consejera en qué? A ver... la gente suele acudir a mí -no sé porqué- para pedirme consejos, si os referís a eso... Y, alguien me preguntaba si yo era la misma autora de un foro, aclaro: no, no lo soy. Yo solo he escrito y escribo para =P También me habéis dicho que no os esperabais un BanXKag, que un Hoyo o un Kouga vale, ¿pero un Banky? Tranquilidad que a esos dos ya les llegará su momento, muahahaha.

Por último quiero daros la gracias de todo corazón, porque de verdad, amo vuestros reviews, lloro de alegría cuando me decís que os encantan los caps, mis historias y todo en general, no sabéis lo que llego a emocionarme. Nunca podré agradeceros del todo este gran apoyo incondicional que me brindáis, ¡SOIS LAS MEJORES!

Decidme de todo el los reviews, ¡y espero que el cap os haya gustado!

Se despide vuestra fiel servidora:

Dark prinCess