Niñaaas, ¿me habéis echado de menos? Lo siento muchísimo, esto me duele más a mí que a vosotras, os lo juro. Pero ya queda poco... Solo quedan tres semanas, y esta es la última de exámenes... MUAHAHAHAHA! Estoy actualizando porque, como ya he dicho muchas veces, este cap ya está escrito,, sólo he tenido que releerlo y corregir alguna cosilla, y porque le examen que tengo mañana se me da bastante bien y parece fácil, así que me he permitido el lujo de traeros este cap que tanto esperáis, así que: ¡DISFRUTÁDLO!
Capítulo 7.
Otra vez. Ya era la sexta vez que iba al baño. Malditas drogas y maldito alcohol... La vomitera era interminable.
Iba y venía una y otra vez del baño a su cuarto, era insoportable, nunca en su vida volvería a consumir cualquier otra cosa de esas, que mal.
Al final se quedó dormida apoyada en el váter con una sabana encima.
***
Aún era temprano, pero como cada mañana, a esa exacta hora le entraban ganas orinar, por lo tanto se levantó a regañadientes de su cama. Salió de su cuarto y se internó en el cuarto que estaba delante del suyo, pero al entrar se llevó una sorpresa.
-¡Kagome! –exclamó alarmado al verla tirada en el suelo, apoyada en el váter. –Kagome, ¿estás bien? ¿Qué haces aquí? –la zarandeó a la vez que le preguntaba para intentar despertarla.
-Inu... yasha... –murmuró despertando, pero de repente abrió los ojos enormemente, apartó a Inuyasha, abrió la tapa del váter y...
-Oh, dios... Ag... –murmuró el chico al verla vomitar. Cogió una toalla, la humedeció con agua y una vez que Kagome terminó de echar las papillas se lo puso en la frente.
-Vamos a la cama, estas demasiado débil... –la cogió en brazos y la llevó hasta su cuarto. Una vez dentro la metió en la cama con el paño húmedo en la frente, y ella se durmió al momento. –Bien... –murmuró y salió de allí. Primero hizo lo que más necesitaba, orinar. Después bajó a la cocina y calentó agua en el microondas, le puso dos cucharaditas de azúcar y finalmente metió una bolsita de manzanilla.
La subió a la habitación de Kagome y se la dejó junto a la cama.
No tenía sueño, así que se metió en la ducha.
Se desvistió y se metió bajo el agua. Se puso a pensar.
¿Por qué sentía esa necesidad de protegerla? ¿Por qué se estaba comportando así con ella? Se supone que se llevan mal, ¿no?
No lo sabía. Sólo sabía que no soportaría que le pasase algo malo.
Sus besos. Se había vuelto adicto a ellos. ¿Y el beso que ella le dio ayer noche?
Una sonrisa graciosa se formó en sus labios al recordar las palabras de ella dijo después de besarle.
"-Tu siempre eres el que me roba besos, ¿no? Por una sola vez quería ser yo la que te lo robase a ti... para que sepas lo que se siente..."
Qué razón tenía. Ahora comprendía esa sensación, esa en la que te sientes imbécil por no ser tú el que da las órdenes. Siempre fue así con ella.
Salió del agua y se enrolló una toalla a la cintura.
Se dirigió a su cuarto, se vistió con ropa cómoda, vamos: con un pantalón corto y una camiseta amplia, y se dirigió al cuarto de su futura hermanastra.
Entró sigilosamente y cerró la puerta tras de sí.
Abrió levemente la ventana del balcón y miró a Kagome. La chica seguía en la misma posición en la que la había dejado y la manzanilla no había sido consumida.
Se sentó junto a ella y se la quedó observando. Tenía el pelo revuelto, pero aún así no dejaba de verse liso y lacio; su rostro denotaba cansancio pero a la vez felicidad, sus párpados cerrados, su nariz respingona y sus carnosos, gruesos y rojos labios, todo junto a su nívea piel, la hacían ver preciosa. La miró durante largo rato, queriendo guardar esa imagen de ella para siempre.
Salió de su embobamiento y la zarandeó para despertarla. Ésta abrió levemente sus chocolates ojos y lo miró profundamente.
-Levántate y tómate esto, anda, te sentará bien –la ayudó a incorporarse sobre la cama y le dio el vaso de manzanilla.
-Remedios naturales, ¿eh? –dijo oliendo la manzanilla y cerrando los ojos. La revolvió con la cucharita y comenzó a beberla, sorbo a sorbo, mirando de vez en cuando a Inuyasha, que no hacía otra cosa que observarla intensamente. –Gracias... –murmuró una vez hubo terminado de beberse la infusión, le devolvió también el vaso a Inuyasha, que lo cogió y se dispuso a salir del cuarto sin decir nada más, pero ella lo detuvo con una pregunta -¿Por qué lo hiciste?
Inuyasha no volteó, y una media sonrisa se formó en sus labios.
No dijo nada, y pocos segundo de esperar allí en pie se marchó dejando a Kagome con la duda.
***
La mañana pasó lenta y pesada. Se había pasado todo el tiempo con la mirada perdida en el exterior de la ventana, excepto cuando entraba su madre a su cuarto que se hacía la dormida y después volvía a fijar la mirada en el exterior.
Por unos momentos miró el reloj de su mesita y vio que eran las cuatro de la tarde.
No había salido del cuarto, ni para ir a comer, ni siquiera para ir al baño. Y la verdad, se extrañó que no le dijesen nada ni de que la madre naturaleza la llamara, pero le restó importancia.
Intentó dormir un poco, se había levantado muy temprano y no había hecho nada, tampoco dormir, así que le vendría bien descansar, pero cuando se dispuso a hacerlo alguien entró a su habitación.
No tenía ganas de nada, así que se hizo la dormida, pero en cuanto escuchó la voz y lo que le decía la persona que había entrado los abrió y la miró.
-No te hagas la dormida, levanta, debes comer algo. –Inuyasha era el que la alarmó.
-No tengo hambre. –se atinó a contestar ella.
Kagome dejó de mirarle, para fijar de nuevo la vista en la ventana. Inuyasha dejó la bandeja que traía en las manos sobre la mesita de noche y se sentó en el borde de la cama, siendo obstáculo entre la ventana y la vista de la chica.
Ésta cerró los ojos de forma cansada y dio un largo suspiro. Seguidamente se levantó, quedó sentada sobre la cama con la barbilla en las rodillas, envolviendo sus piernas entre sus brazos.
-Va, come algo, estas muy débil, y así no podré pelearme contigo, venga. –dijo sarcástico, pero su rostro se tornó serio al ver que Kagome lo miró directamente a los ojos, y éstos se empezaron a llenar de lágrimas. –Ey... ¿Qué te pasa? –preguntó asustado.
-¿Qué hubiera pasado si no llegas aparecer allí justo en aquel momento? – eso fue una pregunta retórica.
Inuyasha se quedó inmóvil.
Entonces, Kagome saltó, abrazó fuertemente al chico tirándolo hacía atrás y quedando él estirado en el borde de la cama y ella sobre él, entonces se echó a llorar.
Él le acarició la espalda y la cabeza.
Ella se aferró más a él y siguió llorando en su pecho.
Estuvieron así indefinido tiempo, hasta que él no lo soportó más y le habló.
-Deja de llorar, no lo soporto. Prefiero mil veces más verte enfada y que verte llorar, por favor... –se levantó junto con ella, quedando sentados ambos en el borde de la cama.
-No... No puedo... Sólo de pensar lo que aquel miserable hubiese podido hacerme si tu no hubieras llegado a tiempo... Sólo de pensarlo...
-Sí, pero llegué a tiempo, y tu estas aquí, conmigo y con todos, sana y salva. Así que ahora, come... –ordenó señalándole la bandeja con alimentos.
-No... –respondió débilmente ella, negando con la cabeza.
-Sí, sí... –alargó su brazo, y así medio cuerpo, hacia la mesita para coger la bandeja, pero fue parado repentinamente, ya que Kagome se colocó ante él y selló sus labios con un beso- ¿Pero qué...? –formuló en medio del beso. Pero lentamente volvió a su posición y correspondió al beso.
Kagome se abrazó al cuello de él y a éste no le quedó otro remedio que ir bajando junto a ella, quedando ambos estirados sobre la cama, él sobre ella.
-"¿Por qué no puedo separarme de ella? ¿Por qué siento que si me despego de ella me muero?" –pensó angustiado Inuyasha.
Quería separase de sus labios y cortar ese beso, después quería besarla más fervientemente para enseñarle que ahí el que manda es él, el que dice cuando hay que besar o no, pero, simplemente, no tenía los huevos suficientes para hacerlo.
El beso era lento y apasionado, y la que llevaba la iniciativa era ella. Ella fue la que pidió permiso para introducir primero su lengua.
Él no opuso resistencia, entreabrió más sus labios y jugueteó con la lengua de ella.
Posó una mano en el muslo femenino, y empezó a acariciarlo suavemente, hasta subir a la cadera de ella, luego a la cintura y de ahí la abrazó.
Pero de repente Inuyasha cortó el beso.
-Quieres repetir lo que hiciste ayer noche, ¿verdad? –preguntó burlón él.
-¿Qué hice? –preguntó ella confundida.
Inuyasha quedó en shock.
-¿No me digas… que no lo recuerdas?
-No... –contestó simplemente.
La divertida sonrisa en los labios de él se borró enseguida, pero poco después volvió.
-Lo último que recuerdo es que Bankotsu me toqueteaba y llegaste tu, todo lo demás esta borroso y no lo recuerdo. –admitió- ¿Por qué? ¿Qué hice? –preguntó curiosa.
Inuyasha sólo río, deshizo el abrazo y le señaló la bandeja, luego salió del cuarto sin decir más.
-¿QUÉ HICE? –le gritó Kagome tirando un cojín hacia la puerta.
***
Miró el reloj, eran las doce de la noche, y toda la casa ya estaba a oscuras y en completo silencio.
Ahora tampoco tenía sueño. Después de que pasara aquella escena con Inuyasha comió un poco y se dispuso a dormir, hasta las ocho de la noche, luego estuvo viendo un poco la tele hasta que todo comenzó a ser silencio, no quería molestar.
Tenía la mirada fija de nuevo en la ventana y de golpe una luz de la habitación de al lado se encendió, y después se escuchó abrirse el cristal de la ventana.
Lentamente se levantó de la cama y estiró su cuerpo.
De repente llegó a sus fosas nasales un leve olor a tabaco.
Sin hacer ruido abrió la ventana, dejando poco espacio, ya que a ella no le hacía falta más espacio para salir, y salió al balcón.
Miró a su izquierda, el cuarto de Sesshomaru, estaba a oscuras. Y después miró a su derecha. Inuyasha estaba dándole la espalda; tenía los codos apoyados en la gruesa barandilla de piedra del balcón.
Parecía mirar al cielo, y de vez en cuando le daba una calada al cigarro que tenía en la mano.
Lentamente se acercó a él, hasta quedar detrás de su espalda, se abrazó a su cuello.
-¿Por qué lo hiciste? –preguntó en un susurro, cerca del oído del chico.
Inuyasha se alarmó, deshizo el abrazo y volteó de golpe, viendo a una confundida Kagome.
-Tranquilo, que no muerdo. –dijo irónica, sonriendo orgullosa.
-Que graciosa... –dijo sarcástico. –¿No tienes nada mejor que hacer que venir a molestarme?
-¿Y ahora que te he hecho? –preguntó confundida.
-Nada...
-Veo que ya ha vuelto el odio… Ya decía yo que este comportamiento tan amable hacía mi estaba durando mucho... – dijo mirándolo fijamente. –Me voy, no quiero... molestarte. –dijo con desdén encaminándose hacia la puerta del balcón.
-¡Espera! –habló repentinamente. –Perdona... No me molestas.
Kagome sonrió medianamente, giró sobre sus talones y volvió hacia el extremo del balcón.
-¿Me vas a decir de una vez por qué lo hiciste?
-Hasta que no te lo diga no dejarás de insistir, ¿verdad?
-Muy agudo. –chinchó Kagome. –Dime.
-Primero de todo, es que fue una casualidad, en parte, que te salvara. Yo estaba buscando a Kikyo –dijo sin anestesia.
-Empezamos bien… -murmuró Kagome, mirando a otro lado.
-Pero escuché llantos –prosiguió el chico, haciendo caso omiso de su último comentario-, entonces entré y vi eso, y claro... No iba a dejar que... Ya me entiendes.
-Mmm... En parte te creo, pero hay algo que no me encaja.
-¿El qué? –preguntó nervioso.
-Que tú y yo... nos odiamos, así que no entiendo que me sacaras de allí. Por ti, como si me mataba ahí mismo, y tu, tan tranquilo.
-Tampoco... "Vale, Inuyasha, piensa, porque Kagome no se contentará con cualquier cosa... Piensa..."-pensó al ver la cara de incredulidad de la chica. –Lo hizo porque mi hermano te quiere mucho. –fue lo único razonable que se le pasó por la cabeza. –Él te quiere mucho, para él eres como una hermana de verdad, y sé que si te pasaba algo se hubiese puesto muy mal, y… es mi hermano, y yo no lo quiero ver mal... –dijo poniendo cara de perrito abandonado.
-Oh... –suspiró conmocionada acercándose más al chico y agarrándolo de las mejillas con las manos –No pensaba que quisieras tanto a tu hermano. En todo caso, y de nuevo, gracias... –sonrió dulcemente y plantó un beso en la mejilla del chico. –¿Tienes otro cigarro? –preguntó cerca de su oído.
-¿Ah? Sí, sí... –buscó nervioso en sus bolsillos y del derecho sacó una caja de cigarrillos. Sacó dos, uno se lo entregó a Kagome y el otro se lo quedó él, ya que el anterior ya se había consumido. Seguidamente procedió a encenderlo con el mechero que contenía también dentro de la caja y se lo pasó a Kagome. – ¿Tú fumas?
-Sí. ¿Por qué? – dijo encendiendo el cigarrillo que sostenía en sus labios.
-No, nada. Te veía como una chica mala, pero no pensaba que fumaras... –contestó apoyándose en el bordillo del balcón.
-Solo fumo cuando me estreso, por eso intento ser una chica mala, para que no me molesten. Aun que tampoco me estreso yo con facilidad, sólo en casos extremos. Pero bueno, éste ha sido porque me apetecía, nada más –habló sentándose en el borde, junto a él, pero en su balcón.
Un silencio se formó entre ellos. Sólo se escuchaban los suspiros al soltar el humo del tabaco.
-¿Por qué nos llevamos tan mal? –habló ella.
-Bueno, últimamente no nos llevamos tan mal, ¿no? –contestó dándole otra calada al cigarro.
-Sí, pero... piensa: desde que nos conocimos en primero, ¿te das cuenta de lo mal que nos hemos llegado a llevar? Siempre puteándonos, año tras año. No sé, creo que deberíamos empezar a llevarnos mejor, sin broncas, sin peleas, sin besos... –hizo una pausa para mirarlo. –Si vamos a tener que convivir bajo el mismo techo, más vale que hagamos que el día a día sea más agradable, ¿no? –finalizó dando una calada a su cigarro.
-Sí, creo que tienes razón. Deberíamos llevarnos mejor. A fin de cuentas, en pocas semanas, seremos hermanastros, ¿no? –dijo poniendo una sonrisilla en los labios.
-Cierto –contestó sonriendo igual.
-¡Hombre! ¿Quién iba a decir que erais capaces de entablar una conversación sin mataros? –habló una voz en el tercer balcón, siguiente del de Kagome.
-¡Sesshy! –saludó enérgicamente la chica.
-Hey… –contestó sin ganas el chico.
-¿De qué habláis, que no os estáis matando?
-Jajaja... -río ella. -Estamos haciendo las paces y acordando unas normas de convivencia para las próximas semanas. Al fin y al cabo, seremos casi hermanos, y tendremos que convivir bajo el mismo techo. Más vale que no haya guerras. -apuntó.
-Cierto... -dió un respingo al escuchar una musiquita en su habitación. -¿Si? Hola mi amor...
-¿Mi amor? -oyó Kagome, desde el balcón.
-La chica que lo recibió tan mimosamente en la fiesta... -aclaró Inuyasha.
-¡Ostias! -gritó de repente- Es verdad... -y agudizó el oído.
Estuvo diez largos minutos escuchando nada más que palabras de amor entre ellos dos. ¡Qué melosos, por Dios!
A los pocos minutos de colgar, Sesshomaru salió al balcón para desearles buenas noches a sus hermanos y volver a meterse en su cuarto y cerrar la ventana tras de él.
-Qué zorra... -murmuró Kagome.
-¿Qué pasa? -preguntó Inuyasha.
-No te enfades...
-¿Por qué?
-Lo que te voy a decir es algo muy, pero que muy bestia.
Segundos de silencio.
-Va, ¡suéltalo ya!
-No. No, que te cabrearás, y no me creerás.
-Que sí, venga, dímelo.
-Es que... En la fiesta de Bankotsu...
-Empezamos bien –ironizó esta vez Inuyasha.
-Cuando él me estaba llevando hacia la habitación en la que nos encontraste... -prosiguió- vi que en una de las habitaciones había tres personas...
-¿Y?
-¡Coño! Que estaba haciendo "eso"...
-Era una fiesta pet ¿qué esperabas?
-¡Que no, joder! No me refiero exactamente a eso, sino que los que estaban haciéndolo eran... Bueno, él no sé quién era, pero ellas...
-Kagome, ¿qué intentas decirme?
-Que... -titubeó -¡Kikyo y la novia de Sesshomaru se estaban montando un trío con un chico! -soltó sin anestesia.
A Inuyasha se le desencajó la mandíbula.
-¿Qué? No me lo puedo creer... -dijo incrédulo, dándole la espalda a Kagome y poniendo las manos en la nuca.
Kagome se pensó que su sorpresa era porque le había creído, pero resultó ser que no era así.
-De verdad, Kagome, me podía esperar cualquier cosa de ti menos esto... Calumniar a Kikyo, y por lo tanto a mí, de esa forma... Y encima, metiendo de por medio a la novia de Sessh, que ni siquiera la conoces...
-Inuyasha, te juro que es verdad...
-¿Cómo va a ser verdad? ¡Estabas pedo, y la rabia te puede! –gritó rabioso.
-¿Y eso a qué viene? –rechistó en tono ofendido
-Acuéstate y suda. -dijo descaradamente, y sin más se metió en su cuarto.
-Será imbécil... -masculló -Pues se va enterar.
Y entre insultos inteligibles se metió en la habitación.
*****
¿Qué? Muy flojito ¿no? La verdad es que ha habido muchísima calma, pero no es para menos, después de esa ajetreada noche... Algunas me pedíais el despertar de Banky... ¡po' va se' que no! Banky ya no va a salir mucho más -por no decir que no creo que le volvamos a ver el pelo. Debo admitir que uno de mis capítulos favoritos es el siguiente a este, así que... Tendréis que esperar un tiempecito más, ¿eh? Soy cruel, lo comprendo y lo comparto, jijiji. Y cada vez se acerca más el momento SesshXRin... Aiiis, ¡qué ganas! No va a ser como con Inuyasha y Kagome, pero van a tener sus momentos. Y bueno, procedo a gradecer los reviews de:
Crazzalice
setsuna17
Silvemy89
shang-yang
tania56
MRS Taisho-Potter
CONEJA
ayumi ayama
yo y mis amigas
InuYKag4E
DrackShadowx3
nany-08
Jajajaja, así que queríais un SesshXKagXInu, ¿eh?... Morbosas, ¡¡que sois unas morbosas!! (Debo reconocer que yo también...) Todas lo estabais deseando... pero siento decepcionaros, xd No habrá pelea entre los hermanos xD Y bueno, con respecto a lo de los consejos... A mi no me incomoda para nada =) Al contrario, soy una persona muy abierta y desvergonzada, así que no tengáis reparos; si creéis que os pasa algo que me podáis consultar a mí, yo ayudo encantada. Es lo que tenemos los piscis, que nos entregamos mucho a los demás... Vale, eso no debería haberlo dicho, pero es la verdad. Aunque bueno... tampoco quiero que nadie se sienta ofendido por lo que acabo de decir, no creáis que soy yo aquí... en fin... me voy ya que veo que sólo meto la pata; hasta le próximo capiii, ¡LAS QUIERO NIÑAS!
PD: Faltas ortográficas...
Se despide vuestra fiel servidora:
Dark priinCess
