¡DISFRUTÁDLO!

Capítulo 8.

Al día siguiente no cambiaron mucho las cosas: Kagome se levantó la primera, sus hermanastros detrás, desayunaron junto a sus padres y se fueron al instituto. Cuando llegaron, Bankotsu no estaba allí. Kagome suspiró tranquila y le pidió una cosa a Sesshomaru

Al rato vio con asco como la tal Kagura se acercaba cariñosamente a Sessh, y luego como Inuyasha se pegaba a Kikyo y la besaba apasionadamente. Con perdón por Sessh, pero qué estúpidos.

Las clases comenzaron. A primera hora, historia. Perfecto. Definitivamente, Kagome odiaba los Lunes, clarísimo.

El profesor se extrañó de ver que no llegaba tarde y de que ponía atención en clase, pero era normal, si no quería repetir, más le valía hincar un poco los codos. Lo mismo en las clases siguiente, con la diferencia de que adoraba el deporte y el inglés, así que ahí no hubo problema.

Finalmente la esperada hora del recreo llegó, y junto a Sango y Rin bajó al patio. Esperó los cinco minutos que había acordado con su hermanastro, asegurándose que ninguno de los dos estaba en el patio y de que sus novias sí, así que comenzó su plan.

Ayudándose con una muleta, ya que no le hacían falta las dos, se encaminó hacia donde estaba el grupito de Sessh, y su novia, en medio.

-¿Kagura, verdad? -preguntó, después de carraspear sonoramente para hacerse notar entre el grupo y captar su atención.

-Sí, ¿qué quieres? -preguntó con superioridad.

-Acompáñame -ordenó.

-¿Cómo? -alzó una ceja, confundida.

-Sólo hazlo y no preguntes.

La chica de ojos rojos calló y la siguió. Kagome se encaminó, ahora, hacia el grupito de Inuyasha, donde, por supuesto, Kikyo estaba siendo el centro de atención.

-Kikyo.

La chica la ignoró.

-Pedazo de zorra, acompáñame si no quieres que te arrastres de esos pelos mal cortados que tienes.

-¿Qué has dicho? –le gritó enfadada, dándose cuenta de que no iba sola- ¿Prima, qué haces tú con ésta?

Kagome río interiormente. De tal palo, tal astilla.

-Quiero hablar con vosotras –aclaró, viendo que estaba empezando a ser ignorada por Kikyo, y que Kagura empezaba a ser el centro de atención de la otra morena -Seguidme.

Ambas chicas, extrañadas, la siguieron hasta donde ella las guió: la biblioteca.

-¿Se puede saber qué hacemos aquí?- pregunto Kagura.

Kagome miró de un lado a otro cerciorándose de que no hubiese nadie.

-Aquí habrá tranquilidad.

-¿Para qué? –preguntó Kikyo.

No obtuvo respuesta, sino otra pregunta.

-¿Por qué los engañáis? –preguntó Kagome, sentándose en una mesa, delante de ellas.

En su voz se notó cierto matiz de recelo.

-¿Cómo? –preguntó de nuevo Kikyo.

-¿Cómo podéis ser tan zorras para engañar a vuestros propios novios?

-¿De qué estás hablando? –preguntó de nuevo Kagura, que ya empezaba a entender por dónde iban los tiros.

-No os hagáis las locas, confesadlo todo.

-Niña, me estás empezando a hartar… -murmuró Kikyo de forma amenazante.

-No, tú eres la que me está hartando a mí –le plantó cara- No podéis nergarlo, ¡os pillé en la fiesta de Bankotsu!

-¡Cállate! -chilló Kikyo.

-¡No me pienso callar hasta oír de vuestras propias bocas que en la fiesta de Bankotsu os montasteis un trío con otro chico!

-¿Tú como…? –comenzó Kagura, que estaba en shock.

-Ya os he dicho que os pillé. Definitivamente, con tías como vosotras ya entiendo porque tachan a las mujeres de guarras y putas.

-¡Pues sí!

Ese grito de Kikyo resonó por toda la biblioteca.

-Es algo normal –dijo de repente Kagura.

-¿Normal? -repitió la Kagome, atónita- ¿Tú ves normal poner los cuernos? –preguntó Kagome, boquiabierta- No me lo puedo creer… Tenéis con vosotras a los mejores tíos del instituto, y les ponéis los cuernos, y tan tranquilamente.

Las otras dos chicas no contestaron.

-¿Pero vosotras de qué planeta venís?

-¡Cállate! –explotó esta vez Kagura – ¿Si ellos no saben darnos placer en la cama de qué nos sirve que sean los más guapos?

Kagome abrió los ojos como platos.

-Es decir, que sólo salís con ellos por popularidad, ¿no?

-¡Muy aguda! –gritó Kikyo.

-Sois despreciables.

-Quizá, pero al menos sabemos lo que queremos –anunció Kagura.

-No. No tenéis ni idea de lo que queréis porque no sabéis lo que tenéis. Sois repugnantes.

Kikyo le dio tal bofetada a Kagome que le hizo voltear la cara.

-Esto no va a quedar así –dijo tranquilamente, con la cara aún volteada-. Me encargaré de que ellos se enteren.

-¿Y cómo lo harás? ¿Se lo dirás tú? –preguntó Kikyo, burlona.

-Bonita, ellos se fiarán antes de lo que les digamos nosotras antes de lo que les puedas decir tú.

-Eso está claro, pero ¿y si son ellos mismo los que os escuchan, eh, chicos? –preguntó, enfatizando en la palabra "chicos".

Una sonrisa de victoria se formó en los labios de Kagome, y de la estantería que había a su espalda aparecieron Inuyasha y Sesshomaru.

Las otras dos chicas palidecieron, mientras, los chicos gruñían.

-Bueno, como lo que viene ahora son discusiones de pareja, yo me voy, os dejo intimidad –y más ancha que estrecha, cogió su muleta y bajó al patio, escuchando por los pasillos los gritos de las dos discusiones que se estaban cociendo allí dentro.

-¿A dónde has ido? –le preguntó Rin, una vez Kagome se encontró de nuevo con ellas en el patio.

-Nada, a hacerles un favor a unos amigos.

***

Sango y Rin la ayudaron a subir a clase. Después, la primera se quedó con ella en su clase, y la segunda se fue a la suya, y Kagome y Sango se quedaron hablando hasta que vieron entrar a Kikyo, rodeada de todas su "amigas", llorando como una magdalena. Sin levantar la vista del suelo se sentó en su mesa, se cruzó de brazos y se echó a llorar con más fuerza, mientras las pesadas a su alrededor no paraban de acariciarle el pelo y la espalda.

Kagome se levantó de su asiento, ayudándose de su muleta y se encaminó hacia la mesa de Kikyo, tres asientos más atrás.

-Kikyo, no llores –le dijo Kagome, dejando a sus amigas boquiabiertas, que le hicieron paso para dejarla acercarse más a la mesa –. Míralo por el lado positivo: seguirás siendo popular, sólo que quedando como la zorra poligonera del instituto –se acercó a su rostro para poder hablar en voz más baja-. A fin de cuentas, la culpa ha sido tuya. Que yo os viera, fue sólo casualidad –y finalizó su discurso, dándole la espalda y marchándose hacia su asiento.

La cara de Kikyo cambió de un blanco pálido del llanto a un rojo intenso de la ira. Con los ojos rojos de las lágrimas, inyectados en rabia, se levantó de la silla y, por la espalda, fue directa a Kagome, pero, por suerte para la coja, alguien paró a Kikyo.

-Ni se te ocurra tocarla, porque si lo haces te mato –amenazó Inuyasha, sonando muy convincente.

Kikyo lo miró con rabia, se soltó de su agarre y volvió a su lugar, junto a sus amiguitas.

Kagome no se enteró de nada. Volvió a su asiento, junto a Sango, a quien le prometió que pronto le contaría lo que había pasado.

A los cinco minutos el profesor llegó, y la clase comenzó, y entonces Kagome se dio cuenta de que tenía un nuevo compañero a su derecha.

-¿Qué haces ahí? –preguntó con una ceja levantada.

-¿No es obvio? –preguntó Inuyasha, con la misma expresión que ella.

-¿Entonces dónde está…? –volteó la cara hacia todos los rincones de la clase buscando a un chico con gafas de culo de botella.

-Kagome, cállate, la clase ya ha comenzado –advirtió la profesora de física y química.

-¿El empollón? –preguntó Inuyasha, terminando la pregunta de ella- Le he cambiado el sitio, ahora se sienta junto a Kikyo –aclaró, nombrando con asco el nombre de su ex novia.

-Inuyasha, la advertencia de Kagome también va por ti – dijo la profesora.

-Pobre chico, no sabe el calvario que le espera junto a esa… -murmuró la morena.

-Dicen que el amor todo lo puede, ¿no? –dijo Inuyasha.

-Ese amor se le pasará rápido en cuanto ella lo mande al cuerno. Pobrecillo, con lo bien que me caía y acabará fatal… Quién sabe, quizá cae en las drogas.

-Hala, exagerada…

-Y encima, la guarra esa se ha llevado a mi chuleta* en los exámenes –admitió, resoplando.

-¿Qué? –preguntó con los ojos como platos.

-¿Cómo crees que apruebo la mayoría de los exámenes? –dijo negando levemente con la cabeza y poniendo los ojos en blanco.

-O sea, ¿Qué te caía bien sólo por interés?

-No, amigo. No me compares con Kikyo. A mí el chico me caía bien de todas las formas y desde el día que lo conocí.

-Ya…

-No me creas si no quieres.

-Oye, Kagome…

Ahí la chica notó que él quería cambiar de tema y dejó de mirarlo.

-¡Ya está bien! –gritó la profesora- Inuyasha, Kagome, al despacho de la directora.

-¡A sus órdenes mi capitana! –dijo Kagome, provocando la risa en algunos alumnos.

La chica, con toda la parsimonia, cogió la muleta y se levantó, encaminándose a la puerta.

-¿Quieres que te amoneste, también? –amenazó la profesora.

Pero Kagome no le hizo caso y salió de la clase, seguida por Inuyasha.

-Contigo no hay quien pueda…

-Contigo parece ser que sí, porque llevas unos días muy calmadito.

A Inuyasha se le dibujó una media sonrisa en los labios, pero Kagome no lo vio porque él iba detrás de ella.

Salieron del pasillo donde estaban las aulas del cuarto curso y Kagome, tan ancha, giró hacia la derecha, dirección hacia el pasillo de segundo.

-¿A dónde vas? El despacho de la dire está hacia allí –dijo el moreno, señalando la dirección opuesta a la chica.

-Cariño, ¿piensas de verdad que voy a ir? –dijo burlona Kagome, sentándose en uno de los escalones- Lo que me faltaba: encontrarme de nuevo con esa borde. La semana pasada me dijo que si volvía a verme por su despacho me hacía repetir.

-Eres increíble –concluyó el chico, sentándose a su lado.

-Gracias –agradeció con sarcasmo ella.

Silencio.

Pasaron largos minutos en completo silencio. Aburrida, Kagome se sacó del bolsillo su mp4, lo encendió y procedió a escuchar música. Inuyasha empezó a sentirse un poco bastante ridículo.

-Oye, Kagome… -empezó, justo como cuando la profesora los había echado del aula.

Kagome no lo escuchó, llevaba la música al tope.

Inuyasha resopló, levantando accidentalmente un mechón de su flequillo de una forma muy graciosa.

Sin previo aviso le arrancó un auricular de la oreja y volvió a llamarla.

-¿Qué quieres? –preguntó con tono enfadado, molesta porque la hubiesen interrumpido a media canción.

-¡Que me escuches!

-¡Pues habla! –le dijo, alzando la voz, arrancándole de las manos sus cascos.

-¡Pero es que con los cascos no me escuchas! –le agarró ambas muñecas para que no pudiese ponerse de nuevo los malditos auriculares.

Kagome bufó, cansada.

-¡Qué pesadito estás hoy! ¿No me mandaste ayer a la mierda? ¡Pues deja que me valla tranquila! –le reprochó, intentando zafarse del agarre de él.

-Es de eso de lo que quiero hablarte –confesó, bajando el tono de voz.

-Pues habla –dijo, suspirando.

Otra vez silencio. Kagome comenzó a impacientarse muy rápido, y el chico no dejaba de tomar aire intentando decir algo.

-Quería pedirte perdón… -dijo al fin.

Ella alzó una ceja y lo miró interrogante.

-Joder Kagome… -roló los ojos, abatido, pero segundos después los volvió a abrir, encarándola, mirándola fijamente- Perdón por no creerte y tratarte de loca y celosa ayer noche… -soltó del tirón- ¿Me… me perdonas?

Después de decirle esas palabras sí que la soltó; lentamente, pero la soltó.

Kagome lo miró con cara de angelito.

-Repítelo –pidió, o más bien, ordenó.

-¿Qué? –Inuyasha la miró alzando una ceja, con cara de confusión.

-¡Hazlo! –chilló.

-Pe-perdón.

-¿Por?

Inuyasha puso los ojos en blanco.

-Por no creerte y tratarte de loca y celosa.

A Kagome se le formó una sonrisa de oreja a oreja. Se acercó lentamente al rostro del chico, haciéndole creer que lo iba a besar, pero justo cuando sus labios estaban a punto de rozarse, ella desvió la cara hacia su oreja, y susurró unas palabras.

-Perdonado –susurró con una sonrisa, provocando que su cálido aliento chocase contra la oreja de chico – Volvamos a clase –concluyó finalmente.

Inuyasha se quedó con cara de tonto, pero reaccionó enseguida, la ayudó a incorporarse y ambos se dirigieron a clase.

-Tú sígueme el rollo –le dijo Kagome antes de entrar en el aula.

Inuyasha abrió la puerta.

-¿Podemos pasar, por favor? –preguntó Inuyasha educadamente.

-Pasad –los miró severamente -¿Qué os ha dicho la directora?

Y ahí entró Kagome en acción.

-Lo de siempre –comenzó Kagome, caminando, ayudándose de la muleta, hasta su lugar- Nos ha echado la típica charla de que no hay que hablar en clase, nos ha castigado a limpiar esta tarde los baños –se sentó, intentando no hacer mucho ruido con la muleta al dejarla caer al suelo- y nos ha mandado a clase. Nada nuevo –concluyó.

La profesora los miró dudosa unos instantes y después siguió con su clase.

-¿Has pensado en apuntarte al club de teatro? –le preguntó Inuyasha.

-No, ¿por?

-Porque mientes con tanta naturalidad… Lo tuyo es la actuación, chica –le dijo, sonriendo divertido.

-Anda calla –le contestó ella, mirándolo pícaramente y sonriendo, también divertida.

***

Las clases habían terminado por ese día. Como todos los días, los alumnos habían salido pitando del instituto.

Kagome, Sango y Rin fueron a casa de la primera a estudiar para los exámenes finales. Bueno, ese era el propósito. Llegaron, después de un cuarto de hora de pateada* desde el instituto, merendaron -otro cuarto de hora-, y se dispusieron a estudiar, pero a la hora se cansaron. Los cotilleos pudieron con ellas.

Sango y Rin estuvieron un buen rato acosando a Kagome para que les soltase todas sus movidas con Inuyasha, lo sucedido en la fiesta de Bankotsu y lo que había pasado esa mañana a la hora del patio. Kagome se vio a acorralada, y no tuvo más remedio que soltarlo. Aunque, a fin de cuentas, le vino bien desahogarse con sus amigas.

Después de una media hora de secretitos, las niñas se encapricharon con querer ver una película. Así que bajaron al salón.

-¿Terror o humor?

-¡Humor! –dijo Sango.

-¡Terror! –gritó Rin.

Estuvieron discutiéndolo durante un rato, pero ni la una ni la otra.

-¡Se acabó! Ni para Sango ni para Rin, ¡para mí! Vamos a ver un drama.

-¿Cuál? –gritaron ambas, asesinándola con la mirada.

-Un paseo para recordar*.

-¿Otra vez? –preguntaron de nuevo ambas.

-Es que me encanta, es preciosa… -admitió, con ojos soñadores.

-Sí, pero ya la tenemos muy vista. Ya no lloramos –reprochó Rin.

-Yo sí, ¿vale? –refunfuñó metiendo el CD en el DVD y dejando la carátula sobre la tele -¿Queréis palomitas?

-Por supuesto –dijo Sango, con una sonrisa de oreja a oreja.

-Qué tías… -caminando coja, pero sin la muleta, se encaminó a la cocina.

Pero cuando pasó por el hall, en ese momento entró Inuyasha por la puerta, con la ropa arrugada y sucia, son los pelos locos y un pómulo, una ceja y el labio heridos.

Alzó una ceja con cara confusa y preguntó:

-¿Qué te ha pasado?

Saltando a pata coja se acercó a él, que la sujetó por los codos cuando ya estaba lo suficiente cerca de él para evitar que se cayese.

-Nada importante.

-No por nada no importante estás herido –se le trabó un poco la lengua, pero continuó hablando-. Tira para arriba que te voy a curar eso.

-No seas tonta, no es nada.

-Que tires para arriba, ¡y ayúdame! –ordenó severamente.

-Va-vale…

Inuyasha obedeció. Kagome pasó un brazo por el cuello de él, y él pasó un brazo por la cintura de ella, y comenzaron a caminar juntos. Pero la lentitud con la que iban empezó a exasperar al chico, y sin previo aviso la aferró más de la cintura, la sujetó de las piernas y la pegó a su pecho, cogiéndola al estilo nupcial.

-¿Qué haces?

-Así iremos más rápido.

Y tanto que fueron rápido. En menos de la mitad del tiempo que hubiesen tardado en subir con Kagome en el suelo, llegaron al baño. Inuyasha la soltó y la dejó en el suelo delicadamente. Se agachó para buscar el botiquín que había en un uno de las armaritos de la pica y de él sacó alcohol y algodón.

Kagome empapó bien el algodón con el líquido de altos grados, y mientras, Inuyasha se sentó sobre la tapa del váter. Estaba con la cabeza gacha cuando Kagome se puso delante de él.

-Mírame –ordenó ella. Lo cogió de la barbilla y lo obligó a alzar el rostro.

Suavemente paseó el algodón por su ceja. Él cerró los ojos fuertemente, acto producido por el escozor de líquido. Kagome sopló intentando aliviar la sensación de quemazón, desinfectó la herida y limpió los restos de sangre que había alrededor. Después se fijó en el labio. Tenía un pequeño corte, que no dejaba de sangrar. Inuyasha estaba con los ojos cerrados, así que no vio la cara que puso Kagome cuando él, instintivamente, se relamió el labio inferior, limpiándolo de sangre. La chica tragó duro, le hubiera gustado ser ella la que quitase de ahí ese chorrito de sangre.

¿En qué estaba pensando ya? Se mordió el labio suavemente.

-Espera… -susurró suavemente.

Inuyasha abrió los ojos y observó extrañado cada movimiento de la chica, cada gesto. Arrancó otro trozo de algodón y lo empapó, pero de agua. Volteó y volvió a agarrar la barbilla del chico.

-Si te limpio el labio con alcohol, luego se te quedará un sabor muy malo… El agua lo limpiará igual –murmuró, mirando fijamente el corte, con el ceño fruncido, intentando no mirar el resto de los labios y la mirada de chico sobre ella.

-Ya podrías haberme limpiado la ceja con agua, también… -refunfuñó el chico, recordando el escozor que aún sentía en esa zona.

Kagome sonrió ampliamente, poniendo cara de niña buena, parpadeando repetidamente.

Con suavidad y delicadeza restregó el algodón sobre el labio masculino. Al rato terminó, pero no pudo evitar quedárselo mirando, hipnotizada. Involuntariamente acarició esos labios con sus dedos, contorneándolos.

Inuyasha disfrutó viendo como ella miraba embobada sus labios, mordiendo y relamiéndose los suyos. Estaba maravillado con esa caricia, pero la curiosidad de saber qué cara pondría ella al salir del trance en el que se encontraba, pudo con él. Así que con su mano agarró la muñeca de la chica, deteniendo el contacto. Kagome volvió en sí. Se miró la mano, luego los labios de Inuyasha, y finalmente sus ojos, hasta que ató cabos, y sus ojos se ensancharon formando dos esferas perfectas, y sus mejillas adquirieron un color rojo adorable.

Dio un respingo, volteó y se dispuso a recoger los cachos de algodón y tirarlos a la basura, y también a guardar el bote de alcohol y el algodón que no había utilizado en el botiquín.

Inuyasha se levantó, con una sonrisa, mirándola pícaramente, y se posicionó tras ella. Kagome respiró hondo, cerrando los ojos, pero cuando los abrió se encontró con una imagen impactante para ella. El espejo los reflejaba a ambos. Kagome delante, derecha, mirando estupefacta el espejo, Inuyasha detrás de ella, abrazándola tiernamente por la cintura, y reposando su barbilla en el hombro derecho de la chica.

Bruscamente, Kagome volteó, rompiendo toda la magia del momento, quedando entre los brazos del chico. Él puso sus manos sobre el mármol de la pica, acorralándola.

-¿Me vas a decir quién te ha hecho eso o no?

Inuyasha puso los ojos en blanco y suspiró.

-Me he peleado ¿contenta?

-No –lo miró con el ceño fruncido- ¿Por qué te has peleado? ¿Y con quién?

-Vale, vale, relájate mamá.

Kagome bufó, molesta.

-Ya deberías suponer con quien me he peleado, ¿no? –dijo, dándole un mirada significativa.

Kagome alzó una ceja, confusa. Lo estuvo pensando un par de segundos, para llegar a una conclusión.

-Desgraciadamente no tengo poderes telepáticos, así que si no es mucha molestia te agradecería que me lo dijeras.

-Joder Kagome ¿qué ha pasado hoy?

A Kagome se le abrieron los ojos de golpe.

-No me lo puedo creer –admitió ella, cruzándose de brazos.

-¿Por qué no?

-No te veía tan infantil.

-¿Qué pensabas? ¿Que después de tirarse a mi novia lo dejaría irse sin dejarle la cara hecha un mapa?

-Estoy segura de que sólo has ido tú y de que de Sessh, como un adulto, se ha quedado quietecito, ¿a que sí?

Si había algo que repateaba a Inuyasha, era que lo comparasen con su hermano mayor.

-Vale, sí, soy la oveja negra de la familia.

Kagome río. "Y qué oveja", pensó.

-Sois tan distintos –admitió Kagome, sonriendo-. Él es tranquilo, paciente, amable, simpático… Y tú, todo lo contrario. No puedes estarte quieto, no conoces el concepto de paciencia, ni el de respeto, amable eres a ratos, simpático... también a ratos… Eres una especie sin catalogar.

Inuyasha también sonrió.

-La primera vez, y creo que será la última, que yo he visto a mi hermano golpeando a alguien, a excepción de defensa propia, fue el sábado. Cuando lo de la fiesta de Bankotsu –Inuyasha quiso morderse la lengua al ver la mirada de tristeza que se le puso a Kagome al mencionar ese nombre-, recuerdo que Sessh le dio un único puñetazo que le sirvió para desfogarse y para dejar KO a ese cerdo.

-Tú, no. Por lo que vi antes de que me sacaras de allí, tú te recreaste. Echaste toda tu rabia sobre él, como si hiciera tiempo que no le pegases un puñetazo a nadie. Esta mañana Sessh me contó que te encontró después de la fiesta dándole una buena a ese hijo de perra.

-No, si lo que tiene de paciente también lo tiene de cotorra… -Inuyasha puso de nuevo los ojos en blanco.

Kagome volvió a reírse.

Se miraron a los ojos durante largos segundos, y ahí Kagome recordó el pómulo del chico, que se estaba volviendo de color lila.

Giro ciento ochenta grados sobre sus pies y cogió su estuche de maquillaje de sobre el mármol. Cogió la esponjita amarilla y la manchó de corrector, pero en cuanto Inuyasha vio que le estaba acercándo eso a la cara se apartó como si fuese a pegarle alguna enfermedad.

-Tú a mi no me maquillas –dijo, poniendo los dedos en cruz delante de la esponjita.

Kagome lo miró con una ceja alzada y una mueca de burla.

-Vale, entonces que papá y mamá te vean esa cara y te hagan pasar un buen bochorno a la hora de la cena –dijo, quedándose tan ancha, comenzando a guardar las cosas en el estuche de maquillaje.

Inuyasha se lo pensó unos segundos.

-Es-está bien…

Kagome sonrió, victoriosa, y paseando suavemente la esponjita sobre el pómulo del chico, disimuló el color de aquel morado.

-Perfecto.

Y esta vez sí se dispuso a guardar las cosas definitivamente.

-En fin, yo me vuelvo al salón –anunció, dispuesta a salir del baño, pero Inuyasha la agarró de la muñeca, deteniéndola.

-Gracias, Kagome.

La chica lo miró y le sonrió gentilmente.

-De nada –su mirada se perdió en la del chico, pero enseguida volvió en sí al ver que él no la soltaba- ¿Me sueltas, por favor?

-¿Ah?… -miró su mano- Sí, perdona.

Y más rápido que ella, salió del baño, travesó en línea recta el pasillo y se metió en su habitación.

Kagome, coja, bajó las escaleras y se dispuso a volver al salón.

-¿Por qué has tardado tanto? –preguntó Rin, al verla entrar al salón.

-Es que me ha dado un apretoncillo y he tenido que ir al baño… -mintió.

-¿Y las palomitas?- preguntó Sango.

-Y antes hemos oído voces -dijo Rin.

Kagome abrió la boca unas cuantas veces en vanos intentos de decir algo.

Ambas chicas la miraron pícaramente.

-¿Os quedáis a cenar? –intentó disimular Kagome, pero ya la habían pillado.

La agarraron de ambos brazos, la levantaron del suelo y la obligaron a sentarse en el sofá, en medio de las dos, a contarles lo que acababa de pasar con Inuyasha

***

En fin mis niñas, hoy no tengo mucho tiempo. Personalmente, la parte final de este capitulo me encanta. No sé a vosotras, así que quiero que me lo digáis. Como véis, esta será mi última actu del año (que mal suena si no fuera porque quedan menos de cuatro horas para cambiar de año), así, y como voy con prisas, agradeceré rápidamente a estas lindas muchachas que se tomaron su tiempo en leerme y aguantarme.

GLOSARIO:

-chuleta: creo que en américa latina se llama ¿acordeón? No sé, sólo os digo que es lo que se utiliza para copiar en los exámenes.

-Pateada: caminata.

-Un paseo para recordar: No sé si se llama igual en latinoamérica, creo haber leído "Un amor para recordar", pero para todos: "A walk to remember" con Mandy Moore.

AGRADECIMIENTOS A:

coneja

Shang Yang

setsuna17

MRS Taisho-Potter

kaoru-inuma

CarmenTaisho

tania56

Akee-Yasha

ayumi ayama

InuYKag4E

Yura Kishimoto

Una vez más, mis queridas niñas, tengo que daros las gracias por apoyarme incondicionalmente y siempre. De verdad, como vosotras no hay ningunas. Y gracias también a todos los que leen y no comentan, a los que me ponen en sus alertas y en sus favoritos tanto la historia como la autora. Sois muy grandes, y estas cosas calan hondo en mí.

¡FELIZ 2010 A TODOS, Y ESPERO QUE ESTE AÑO PROXIMO SEA MUCHÍSIMO MEJOR QUE EL ANTERIOR!

Y perdonadme las faltas ortográficas u.u'

Sin más dilación, vuestra fiel servidora se despide y se larga:

Dark priinCess