Capítulo 10.

A Rin se le disparó el corazón al ver la cercanía entre ella y el chico. Estirados, ella sobre él, pegados a más no poder, sus rostros a centímetros... Sesshomaru se lanzó y la besó...

Rin reaccionó rápido y, abriendo los ojos con incredulidad, quiso apartarse, pero él fue más rápido y posicionó una de sus manos en la nuca femenina. Así, por mucho que se resistiese Rin, terminaría cediendo, y eso fue lo que pasó, que Rin se abandonó, se entregó a aquel dulce beso con amargo sabor a alcohol. Pese al desagradable sabor, los labios de Sesshomaru no dejaban de ser suaves y tiernos, y tenía demasiado arte para besar, ya que sus labios se movían de una manera que la atrapaban, que la obligaban a continuar en esa danza tan maravillosa. La mano de la nuca, junto a la otra, pasó a acariciar la cintura femenina, y Rin perdió completamente el sentido de la razón. Cerró los ojos, sintiendo un enorme vértigo en la boca del estómago y como sus piernas temblaban a más no poder. Pero la falta de oxígeno se hizo presente y tuvieron que separarse...

-No sabes las ganas que tenía de hacer esto, Kagome -admitió Sesshomaru.

Esas palabras hicieron que Rin reaccionase y se levantase de golpe, con los puños alzados y cerrados, queriendo matarlo. La... La... ¡La había besado pensando que besaba a Kagome! Dios... Si no fuera porque estaba borracho, lo mataría a golpes. Mierda, mierda, ¡mierda!

-Duérmete, anda -dijo con frialdad, saliendo de la habitación.

Cabreadísima, se dirigió al baño, intentando recuperar la respiración e intentando clamar los latidos de su alocado corazón. Se desvistió y se metió bajo el agua fría. Al principio el frío líquido la crispó, haciendo que toda su piel se erizara, pero después terminó por acostumbrarse, y gracias a la baja temperatura del agua, pudo tranquilizarse. Con las yemas de los dedos rozó sus labios... Aún podía notar el sabor a alcohol y la calidez de los labios de Sesshomaru... ¡Maldita sea! Eso la había herido, la había lastimado muchísimo... Ella nunca imaginó que podría llegar a besarlo, nunca, en los cuatros años que llevaba enamorada de él; y la única vez que conseguía hacer realidad ese atolondrado sueño, él la confundía con su mejor amiga ¡Asco de vida!, gritó mentalmente. Pero... ¿Cabía la posibilidad de que...? No... Eso era imposible... O quizá no... Sesshomaru... ¿Estaría Sesshomaru... enamorado de Kagome?

Con esa preguntita salió de la ducha. Se secó y se puso un pijama. Se acercó a su habitación para ver como Sesshomaru, desparramado por toda la cama, dormía plácidamente. Sonrió al verlo tan tranquilo. Lo tapó, le apagó la luz y salió de la habitación para dirigirse al sofá, estirarse y quedarse dormida con la maldita preguntita rondándole en la cabeza.

Kagome...

-¡Oh, no! Tengo que avisarla -se recordó de pronto, cogiendo su teléfono móvil. Buscó en la agenda el número de su amiga y tecleó la tecla verde del teléfono, esperando a que por el otro lado contestaran- Kagome... Soy Rin, escúchame. Cuando venía para mi casa me he encontrado a Sesshomaru, iba borracho -le soltó- Sí, sí, está bien, está en mi casa, durmiendo la mona... Mañana te contaré, no te preocupes, sólo te llamaba para avisarte y para que inventaras alguna excusa para tus padres... Mañana en el instituto hablaremos e idearemos algo para encubrirlo y que tus padres no se enteren de su borrachera, ¿vale?... ¿Que por qué? Mañana te lo contaré, tranquila... Buenas noche, adiós... - colgó. Dejó el teléfono en el suelo y suspirando, hundió el rostro en un cojín.

Estaba muy cansada...


-¿Mi hermano borracho? -preguntó con incredulidad Inuyasha a Rin.

Ahora se encontraban los tres, él, ella y Kagome en el recreo, y Rin acaba de contarles todo lo sucedido la noche anterior.

Rin confirmó, por enésima vez, la pregunta de Inuyasha.

-Sí, lo encontré así. Me salvó y para devolverle el favor decidí subirlo a mi casa. ¿Qué hiciste tú, Kagome?

-Yo les dije a mis padres que Sesshomaru acababa de llamarme, y de parte de él, supuestamente, que como mañana había vaga de bachillerato se quedaba a dormir a casa de unos de sus amigos.

-Genial. Yo, en cuanto llegue a casa a la hora de comer, lo despertaré, si es que no se despierta antes, le explicaré qué ha pasado, porque no creo que recuerde nada, y ya le diré más o menos lo que tiene que hacer.

-Rin, gracias por todo -agradeció Kagome.

-Sabes que no tienes que agradecerme esto -contestó Rin, con un sonrisa en los labios. Pero sus ojos miraban con un poco de rencor a su amiga.


Los rayos sol caían sin piedad sobre sus párpados, atravesando las cortinas. Sus ojos se cerraron con fuerza, y, perezoso, se remoloneó entre las sábanas, hundiendo el rostro en la almohada, huyendo de la luz. Su nariz notó una agradable olor, un olor sumamente exquisito que provocó algo extraño en su cuerpo. Su corazón comenzó a latir con fuerza y hundió más, si era posible, la cara en esa almohada, buscando más ese perfume. Pero enseguida se dio cuenta de que se acaba de despertar, de que se encontraba en una cama, de que ese no era solo olor, por lo tanto, esa no era su cama y no se acordaba de nada de lo sucedido la noche anterior.

De un salto se puso en pie y observó todo a su alrededor. La luz del sol era suficiente para iluminar la habitación. Una cama de matrimonio era sobre lo que dormía. Con sábanas de color lila y negro. A los pies de la cama, pegado a la pared, había un escritorio y una enorme estantería con libros. A en la parte de la derecha, había un armario enorme, y junto a este, una gran ventana. En la parte de la izquierda la pared estaba libre, con algunos cuadros y fotografías, y junto a estos, había la puerta. Se levantó y procedió a salir de la habitación en busca de la salida de aquella casa que no conocía de nada. No era muy grande, así que no le costó encontrar y reconocer la puerta de salida. Pero se detuvo al ver que en esta había un papel colgado en el que ponía su nombre. La desenganchó de la puerta y procedió a leerla.

Sesshomaru:

Este... Bueno, como ves, no estás en tu casa. No creo que recuerdes nada, pero soy Rin, la amiga de Kagome, y estás en mi casa. En cuanto llegue te lo explicaré todo. Come algo si tienes hambre y siéntete como en casa ¿vale? Hasta luego.

Y antes de poder preguntarse qué leches pasaba, la puerta se abrió, dejando ver a una Rin que parecía estar ajetreada.

-¿Ya te has despertado? -preguntó con una sonrisa en los labios, entrando completamente en la vivienda y cerrando la puerta.

-A-ahora mismo... -balbuceó, dejándola pasar, observándola desorientado.

-Debes tener hambre, ¿no? -preguntó, dejando su mochila junto al sofá y dirigiéndose a la cocina- Vamos a comer, anda.

Sesshomaru seguía empanado*. Aún así, la siguió hasta la cocina y se sentó en una de las sillas que había en la pequeña mesa. Y la observó, observó todos y cada uno de los movimientos que la chica hacía. Vio como Rin sacaba de la nevera un bol lleno de pasta, le quitaba el film transparente y lo metía en el microondas. Después, abría uno de los cajones más altos e intentaba coger un par de platos. Pero no lo consiguió.

Fue a voltearse para coger una silla, pero chocó contra un pecho grande y fornido que, alargando al brazo, cogía un par de platos y se lo ponía sobre la encimera.

-Gracias -agradeció, volteándose rápidamente a mirar lo platos para que Sesshomaru no notase su sonrojo.

-De nada -contestó con una sonrisa sincera, volviendo a sentarse a la mesa.

Rin continuó con sus quehaceres -siendo observada fijamente por Sesshomaru, claro está-: de un cajón sacó un mantel y lo extendió por toda la mesa. Después, sobre ésta puso los platos, luego los cubiertos, y finalmente los vasos. Justo cuando puso una jara llena de agua fresca sobre la mesa, el microondas dio aviso de que ya había terminado de calentar la comida. Rin se acercó al aparato y cogiendo el bol de cristal con un trapo, lo acercó a la mesa, lo puso sobre esta y con una peculiar pinza de tenedor y cuchara, repartió la pasta en ambos platos. Todo, en completo silencio. Un silencio bastante incómodo.

-¿Podrías explicarme qué hago aquí, por favor? -rompió el hielo Sesshomaru, después de haberse zampado medio plato de pasta.

Rin tragó duramente el último bocado que se había metido en la boca antes de que él hablara. Luego, bebió un trago de agua. Respiró hondo.

-Ayer por la noche, mientras venía hacia mi casa desde la tuya, un par de hombres me atacaron, y tú me salvaste -soltó sin anestesia.

Sesshomaru la observó con una ceja alzada, incapaz de creerse lo que ella le acaba de decir. Aunque sabía que no mentía; ella no tenía porqué mentirle.

-¿Puedo saber qué habías estado haciendo antes de encontrarnos para estar tan borracho? -preguntó con cautela Rin. Aunque en verdad, se moría de ganas por saber qué era lo que él había estado haciendo.

Sesshomaru se lo pensó mucho antes de contestar. Aunque decirle la verdad no le afectaba en nada, tampoco. Tarde o temprano, se habría acabado enterando.

-Ayer me pasé la tarde bebiendo... porque me enteré de que mi novia me había estado engañando con otro, porque según ella "no le doy placer en la cama" -explicó, haciendo mohínes de asco y frunciendo la boca con rabia.

En ese momento, Rin se arrepintió de haber preguntado. Hubiese sido mejor no saber eso, porque ahora estaba roja como un tomate.

-Lo-lo siento... -se disculpó, avergonzada.

-Ahora ya no importa.

Y de nuevo, silencio. Y así estuvieron hasta terminar de comer.

-¿Un café? -preguntó Rin, recogiendo los platos.

-Por favor -contestó, ayudándola a recoger la mesa.

-No hace falta que me...

-He ocupado tu cama toda la noche y me has dado de comer, qué menos -le interrumpió antes de que pudiera terminar su frase.

Ahí Rin se calló y se dejó ayudar. Dejó los platos en el fregadero, pasándolos bajo el chorro de agua. Igual con los vasos y los cubiertos, y Sesshomaru se encargó de doblar el mantel y guardarlo en el cajón donde Rin lo había sacado.

-Espérame en el sofá, anda -dijo Rin, con una sonrisa de complicidad en los labios, al ver que Sesshomaru se había quedado plantado en la cocina sin saber que hacer.

Él asintió con la cabeza y se sentó en el sofá tímidamente. Rin prepraró la máquina de café y un par de tazas, y en unos minutos se reunió en el salón con el chico, que, desde que la había visto, no había dejado de observar sus movimientos.

Ella se sentó junto a él y se fijó en su café, y Sesshomaru hizo lo mismo, absorto en sus pensamientos.

¿Qué les diría a sus padres para que no le echasen bronca? ¿Le creerían si los mentía? No, pero mejor mentirles, nunca le había hecho falta así que ahora tampoco, pero... Contarles la historia sería demasiado incómodo... Pero... Un momento ¿por qué Rin lo había traído a su casa? Se supone que él, después de salvarla, debería haber seguido hasta su casa...

-¿Te estás preguntando por qué estás aquí, no? -comentó Rin, sacándolo de sus pensamientos.

Con solo una mirada, fue suficiente para darle la respuesta afirmativa que ella esperaba.

-Cuando me salvaste y te vi tan borracho... Quise agradecerte el favor, y pensé que si tus padres te veían así, se enfadarían. Así que cuando te traje aquí llamé a Kagome -Rin vio como un brillo iluminó los ojos del chico al pronunciar el nombre de su amiga-, le expliqué lo que había pasado y ella se encargó de mentir a tus padres -vio como él la miraba preocupado, no muy convencido-. No te preocupes, créeme que la maña que Kagome tiene para mentir es la mejor que existe.

Y con otra mirada, Sesshomaru le preguntó cuál había sido esa mentira.

-Les dijo que como mañana, o sea hoy, había vaga de bachillerato (otra mentira), te quedabas en casa de uno de tus compañeros para celebrar el cumpleaños de no sé quien. Esta mañana, yo, haciéndome pasar por la madre de Kagome, te he justificado en el instituto.

Sesshomaru la miró con los ojos desorbitados.

-Nunca más voy a fiarme de las mujeres... -murmuró en voz baja Sesshomaru.

-Los hombres sois demasiado cortitos para saber mentir a la perfección -comentó Rin, que lo había escuchado perfectamente, mirándo de soslayo y pegando otro sorbo a su café.

-Serás... -susurró Seaahomaru, volteando la cara a mirarla con un sonrisa pícara en la cara.

Rin rió, pero ese momento divertido duró poco hasta que ella se atrevió a preguntar algo que le quitaba el sueño.

-Sé... que no tengo derecho a preguntarte esto, porque apenas nos conocemos y nunca nos hemos tratado, pero... ¿A ti te gusta Kagome? -preguntó, con el corazón a mil.

Sesshomaru volteó el rostro, desconcertado.

-L-lo siento... soy una impertinente, no contestes si no quieres -corrió a excusarse Rin, mirándolo.

Entonces Sesshomaru volteó a encararla, y rojo como un tomate, contestó.

-S-sí... -contestó tímidamente, bajando el rostro.

Finalmente, el mayor temor de Rin se había confirmado. El chico del que estaba enamorada, estaba enamorado de su mejor amiga. ¡Genial!

-Pero por favor... no se lo digas a nadie, y mucho menos a Kagome. Sé que es tu mejor amiga, pero por favor... -le suplicó, acercándose peligrosamente a ella, mirándola con los ojos más rogadores que nunca había visto.

Rin se iba hacia tras conforme él se acercaba. Hasta que finalmente, para frenarlo habló.

-No diré nada, te lo prometo -de todas formas, tampoco iba a hacerlo. Pero, ya que le había sacado parte de la información... -Pero, ¿por qué no quieres decírselo? Eres el chico más popular, seguro que ella aceptará.

-No, las cosas no son tan fáciles -afirmó, volviendo a su posición inicial- Llevo... llevo casi cuatro años enamorado de ella.

Esas palabras rompieron el corazón de Rin. Casi cuatro años... Durante cuatro años ella había estado loca por él, y al mismo tiempo, él había estado pillado por Kagome... Qué ironía.

-La conocí gracias a ti -soltó sin anestesia. Eso cayó como otro balde de agua fría sobre Rin- Fue el día en que aquellas locas te golpearon, cuando tu estabas en primero... Cuando vi lo que Kagome hizo, sin conocerte apenas, me gustó mucho. Ella te salvó por puro altruismo, porque vio que lo que te estaban haciendo era injusto, y me pareció un gesto muy honorable por su parte. Eso me encandiló. Ella no era como las demás. Pero lo que más me llamó la atención de ella es que no estaba interesada en mí, no como el resto de las chicas del instituto -rememoró, con una sonrisa nostálgica-. Pero, para mi desgracia, enseguida comprendí porqué ella no se había fijado en mí -el rencor y la impotencia se hicieron presentes en su voz.

-¿Por qué fue? -preguntó Rin, ya curioseada y preocupada.

-Porque ella estaba enamorada de mi hermano.

Segundos de silencio y expectación.

-¿¡QUÉ! -chilló Rin con los ojos abiertos como platos. Subió los pies al sofá, se volteó completamente hacia Sesshomaru y cruzó las piernas a lo indio para estar más cómoda. Esa tarde iba a ser muy larga.

-Sí, cómo lo oyes -afirmó el chico.

-Pero eso es imposible. Si no se soportan, y nunca lo han hecho

-Justamente por eso -vio la cara de incredulidad de Rin- E Inuyasha también está loca y perdidamente enamorado de Kagome. Lo que pasa es que ninguno de los dos se da cuenta -hizo una pausa para que Rin asimilara lo que acababa de decirle- Llevo cuatro años escuchando a mi hermano hablar de ella. Para mal, sí, pero ya se sabe: quien se pelea se desea...

-Y entre ellos ha habido más enfrentamientos que en Iraq... -terminó Rin.

-Esta última semana ha sido horrible para mí -comentó Sesshomaru- Ellos se creen que no me he dado cuenta, pero... Los he visto besarse más de una vez en casa.

A Rin se le partió el alma al ver tanta tristeza en los ojos de Sesshomaru... Un amor no correspondido... Sus ojos comenzaron a segregar lágrimas. Todo eso parecía una paradoja, una jugarreta del destino.

-Me conozco casi toda la vida de Kagome gracias a mi hermano, y a un compañero al que le pedí que investigara cosas sobre ella -en ese momento abrió los ojos con sorpresa al darse cuenta de lo que había dicho- Por favor, que esto que te acabo de decir no salga de aquí, sino me tendrán por un psicópata.

Rin negó con la cabeza, derramando lágrimas aún.

-Lamento... haberte hecho llorar -murmuró Sesshomaru, acercando su mano al rostro femenino para secar las lágrimas de Rin.

-No, no -corrió ella a excusarse-, si la culpa es mía por haber preguntado...

Sesshomaru la observó fijamente por unos instantes.

-¿Y... por qué has preguntado? -preguntó, confuso.

En ese momento el corazón de Rin se paró. No podía decirle que él la había besado y luego la había confundido con Kagome y que eso la había hecho sospechar bastante...

-Es que... ayer... me confundiste con Kagome, y estuviste muy cariñoso... -contestó, tímidamente.

Sesshomaru se quedó mudo unos segundos.

-Siento haberte hecho pasar ese bochorno...

-Ahora ya no importa...

Rin, colorada como un tomate, hundió la nariz en la taza y bebió un gran sorbo de café, observando como Sesshomaru se sentaba igual que ella y la miraba fijamente.

-Pero... dejemos de hablar de mí... Cuéntame sobre ti -eso hizo que la llama de la esperanza se encendiera de nuevo en el corazón de Rin. Él se estaba interesando por ella- ¿Vives aquí sola?

Mala pregunta. A Rin le costó contestar.

-Hace casi dos años... mis padres y mi hermano murieron en un accidente de coche... -comenzó, bajando el rostro.

Sesshomaru se golpeó mentalmente.

-Yo había pasado la tarde en la biblioteca, estudiando, y al volver a casa y ver que no había nadie, llamé a los teléfonos de mis padres, pero ninguno me lo cogió -explicó-. En ese momento no le di mucha importancia, pero al cabo de una hora, me llamaron del hospital y me contaron lo ocurrido... Mi mundo se vino abajo en aquel instante... -sus ojos comenzaron a humedecerse de nuevo- El teléfono se me cayó de las manos, pero no pude hacer nada más que quedarme mirando a la nada, en estado de shock. Me pasé toda la noche despierta... Estuve tres días sin dormir, ni comer, sin hacer nada... Lo único que hice fue sentarme en el sofá y perder mi vista en la ventana. Mi mente se quedó en blanco... A los pocos días comenzaron a venir familiares... Mi abuela se quedó unos días conmigo, pero yo seguía sin soltar palabra y sin probar bocado...

Sesshomaru la observaba boquiabierto. No sabía que ella hubiese pasado por algo así, nunca. Como un acto reflejo se acercó a ella y la abrazó muy fuerte contra su pecho.

-Lo siento... -murmuró, besándole el cabello.

-Después de eso, en el entierro, apareció un tío mío al que veía cada ciertos años. Se ofreció a ser mi tutor legal -explicó, entre sollozos-. Como está forrado, no hubo problema. Él viaja mucho, lo veo una vez cada seis meses, y siempre me está mandando dinero para poder pagar el alquiler, mis estudios y para que no me falte de nada -prosiguió-, pero... la soledad que siento... Echo muchísimo de menos a mi familia, pero no me queda de otra que resignarme, porqué sé que nunca los voy a volver a ver...

Se abrazó al pecho del chico y lloró durante varios minutos, en los que por una vez en mucho tiempo se sintió protegida.

-Por favor, anímate... No soporto ver llorar a las chicas... -pidió Sesshomaru.

Rin, más calmada, se separó de él un poco avergonzada, se limpió las lágrimas y, como no, se disculpó.

-No sé porqué te he contado mi vida -comentó Sesshomaru- Pero no me arrepiento de haberlo hecho. Sólo te pido que...

-Soy una tumba, no te preocupes. Y si me lo has contado, es porque quizá necesitabas decirle todo lo que te estabas guardando a alguien, porque necesitabas desahogarte.

-Sí, pero ¿por qué tú? -se sentía extraño, no sabía porqué, pero esa chica le transmitía mucha confianza, sabía que con ella su secreto estaría bien guardado.

-Quizá por mi atrevimiento al preguntarte eso, no te ha quedado más remedio... -hizo una pausa- No, miento, podrías haberme mandado al carajo, si hubieras querido.

-Pero no lo he hecho.

-Cierto.

Segundos de silencio.

Rin se levantó y le quitó de las manos a Sesshomaru la taza de café, que estaba vacía. Llevó ambas a la pica del fregadero y volvió al salón mirando la hora en el reloj de pared colgado sobre la televisión.

-Kagome me dijo que esta es la hora sobre la que tus padres se suelen ir a trabajar. Creo que es hora de que vayas yendo hacia a tu casa -informó, sonriendo con amabilidad.

Sesshomaru asintió y se levantó. Se acercó a Rin y la abrazó muy fuerte.

-Siento... haberte hecho recordar las cosas malas que te han pasado... Pero quiero que sepas que no estás sola... Puedes contar conmigo para lo que quieras... -le susurró al oído.

A Rin le entraron ganas de llorar, pero de la alegría.

-Gracias... -agradeció, correspondiendo al abrazo.


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*Empanado: embobado, distraído, en Babia

Bueeeeeno, esta vez no me demoré tanto, y aquí os traigo el capítulo diez. No tengo mucho tiempo para explayarme aquí, así que procederé a agradecer los reviews de:

tania56

MRS Taisho-Potter

Silvemy89

Imparabble

Lorebelg

Laieta (Te quiero hermana, gracias por todo C=)

Alee-Chaann

yan

ShirShir

Niñas, gracias por todos vuestros halagos, palabras de aliento, ¡TODO! No tengo tiempo para agradecer todos y cada uno de los reviews, pero ganas no me faltan, jopé ¬¬ Muchísimas gracias por vuestro apoyo incondicional y todo vuestro cariño, en serio, valéis oro. ¡OS QUIERO!

PD: Lamento las posibles faltas ortográficas -.-'

Se despide una fiel servidora:

Dark priinCess