Capítulo 11.

En la habitación de Kagome...

-¿Crees que todo esto es necesario, hija mía? -preguntaba Sonomi, bastante divertida, viendo como su hija terminaba de encender todas las velas rojas que había puesto en un mini altar en su habitación.

-Toda precaución es poca.

-Creo que si no crees en Dios, no funciona -comentó Inuyasha, apareciendo por la puerta, muerto de la risa.

-Da igual, necesito algo a lo que agarrarme.

-Si hubieras estado toda la tarde estudiando en vez de estar de cháchara por teléfono, que por cierto la factura te la voy a pasar a ti, ahora no tendrías que recurrir a tales extremos -sermoneó Sonomi- En diez minutos te quiero en la cama repasándote el libro, al menos.

-Que si, buenas noches -contestó pesadamente, cerrándoles las puerta en las narices a su madre y a su hermanastro.

Al día siguiente...

-Well, boys, you have fifty minutes to make the english exam, good luck -dijo la profesora de inglés después de entregar el último examen al último alumno.

-Bien, esto es pan comido -murmuró Kagome, comenzando a contestar las preguntas.

Por otro lado, junto a ella, Inuyasha estaba en blanco.

A la siguiente hora...

-Bueno, como ya sabéis, este es vuestro último examen, del cual muchas de vuestras notas dependen. Sabéis que cualquier cosa, incluso los dibujos, puntúan, pero en las preguntas de tipo test, descuenta. -anunció el profesor de matemáticas.

-Que hijo de... -murmuró Kagome.

-Bueno, disponéis de cincuenta minutos, buena suerte a todos.

En el cambio de clase...

-¿Qué tal te ha ido? -preguntó Inuyasha, alegremente, al ver a una Kagome deprimida con un aura oscura a su alrededor.

-¿No se me nota? -preguntó sin sacar el rostro de entre sus brazos, los cuales tenía posados sobre la mesa.

El chico la observó con preocupación, y ambos cogieron sus mochilas de gimnasia y se dirigieron a los vestuarios. Se cambiaron de ropa en sus respectivos vestuarios, y en cinco minutos estuvieron en el patio.

-¿Estás segura de que podrás? -le preguntó Sango, preocupada por el esguince de su pie.

-Que si -contestó de forma cansina- Ya hace dos semanas de eso, apenas me duele.

-Sea como sea, no fuerces mucho -comentó Inuyasha, acercándose a ellas.

-Sí, papá -ironizó Kagome, terminando de atarse fuertemente las bambas.

La profesora se acercó a ellos y pasó lista. Explicó brevemente las reglas del examen, que, aunque fuesen despacio, no podía parar de correr durante los 25 minutos que duraba la prueba, porque eso penalizaba, y que debían comenzar cuanto antes porque sino no les daría tiempo para ducharse después. Ya todos se estaban preparando para comenzar a correr, calentando, cuando la profesora se acercó a Kagome.

-Kagome, no te fuerces mucho. No debería darte este privilegio, pero si ves que el pie te duele demasiado, dímelo y paras. No te pondré la mejor nota, pero dependiendo del tiempo que aguantes, puedes estar segura de que te aprobaré...

-Gracias, pero prometo que no hará falta -dijo con orgullo.

-Sé que eres buena y que tu resistencia física es magnífica, pero solo han pasado dos semanas desde ese esguince. No es tiempo suficiente para recuperarse del todo.

-Tranquila -contestó, posicionándose junto a sus compañeros para comenzar la carrera.

La profesora sujetó con los labios el pito, programó el cronómetro y seguidamente silbó para anunciar el inicio del examen.

Los alumnos comenzaron a correr. Algunos más rápido, otros más despacio. Kagome e Inuyasha encabezaban la cola.

-Kagome... -la llamó Inuyasha, en tono de advertencia.

-Déjame -le cortó, acelerando.

Apenas le dolía ya el tobillo. No había problema. Además, la profesora les dejaba usar el reproductor de mp3, así que con música se entretenía más y no pensaba en el cansancio ni en el dolor. Pero ese método sólo sirvió los quince primero minutos. A partir de ese tiempo, por muy buena resistencia física que tuviera y por mucha capacidad pulmonar, hacía una par de semanas que no había hecho apenas ejercicio físico y los gemelos ya comenzaban a arder, y la garganta se congelaba y secaba al respirar tan seguidamente por la boca.

-Kagome... -volvió a llamarla Inuyasha al posicionarse junto a ella en la carrera.

Él le llevaba unas cuentas vueltas de ventaja, ya que ella, conforme pasaba el tiempo y se iba cansando, y su velocidad disminuía. Inuyasha, en cambio, seguía fresco, apenas cansado.

-Estoy bien, pesado -refunfuñó cerrando los ojos y respirando hondo por la nariz.

Y ahí vino el plato fuerte. Una punzada de dolor se hizo presente en su tobillo. Apretó los dientes.

-Te duele, ¿verdad?

-Cállate y lárgate -chilló, comenzando a correr más deprisa para librarse de él.

Pero el dolor, con cada zancada que daba, aumentaba más. Ya no podía controlar su respiración, y sus piernas se resentían.

-Mierda... -musitó- Tengo que conseguirlo... -respiró hondo e intentó dejar de banda el dolor, pero era imposible. Miró el reloj de su muñeca, el cual había activado a modo cronómetro para contar el tiempo. Todavía quedaban cinco minutos, cinco eternos minutos.

Buscó en su reproductor la canción más larga y animada que tenía, y comenzó a motivarse, a correr sin pensar en el dolor ni en el cansancio. Pero fue demasiado. Al poco rato, un pinchazo en el tobillo pudo con ella, haciéndola caer al suelo.

-¡Kagome! -gritaron Inuyasha y Sango.

Llegaron junto a ella al mismo tiempo que la profesora.

-Seguid corriendo si no queréis suspender -les ordenó- Yo me ocupo de ella.

Kagome estaba en el suelo, echa un ovillo, agarrándose fuertemente el tobillo.

-Lo has hecho muy bien, Kagome, tiene un notab...

-¡No! -la interrumpió, reincorporándose- Voy a seguir corriendo, solo ha sido un tropiezo -anunció, levantándose. Pero al apoyar el tobillo en el suelo, volvió a caer.

-Kagome, déjalo, ya está bien. Tienes el tobillo muy hinchado.

-Me da igual -insistió, y esta vez sí se levantó, apoyándose en el tobillo bueno, y comenzó a correr. Cojeando, pero corriendo.

Quedaban dos minutos para que esa tortura terminase. Y fueron los dos minutos más largos de su vida. Nunca creyó haber sentido tanto dolor. De lejos vio como la profesora introducía el pito entre sus labios y miraba atentamente el cronómetro. Tres, dos, uno... Y por fin el estridente sonido se oyó en todo el patio, y sonó a gloria en sus oídos. Lo había conseguido, sí, lo había hecho. Se desplomó contra el suelo, sintiendo que su cuerpo ya no respondía. Era tal el dolor del tobillo que ya apenas lo sentía. En pocos segundos se formó un corrillo de gente a su alrededor, ya que todos pensaban que se había desmayado o algo. La profesora la sonrió, y oyó como le anunciaba que tenía un sobresaliente. También vio como Sango se arrodillaba junto a ella, mirándola preocupada, y como Inuyasha la cogía en brazos para llevarla a la enfermería.

-Eres tozuda, ¿eh? -le murmuró Inuyasha, mirándola dulcemente, en el trayecto hasta le enfermería.

-Lo sé... -murmuró agotada, reposando el rostro en el pecho masculino.

En la enfermería le pusieron el pie en un cubo lleno de agua fría y hielo. Una vez la inflamación había bajado, le pusieron unas cremas y luego se lo vendaron fuerte. La enfermera volvió a ser cruel, y Kagome volvió a maldecirla. Inuyasha se meaba de la risa bajo la mirada asesina de Kagome.

-Chico, ves a buscar las cosas de esta niña loca y tráeselas, por favor.

-¿Qué? ¿Por qué? -inquirió Kagome.

-¿Tienes más exámenes hoy?

-¿Eh?... No...

-Pues te vas derechita a casa. Descansas, y mañana coges la muletas que te presté y que aún siguen contigo, y terminas la semana sin más escándalos. Se acabó el ejercicio para ti durante un par de semanas más, jovencita.

-Está bien... -murmuró a regañadientes.

Inuyasha se dirigió a los vestuarios y le pidió a Sango que hiciera el encargo por él. Sango, en cuanto terminó de ducharse y cambiarse de ropa, cogió sus cosas y las de Kagome y se dirigió a la enfermería.

-¿Cómo estás?

-Bien, pero me mandan a casa, la doctora está llamando a mi madre para que venga a buscarme, seguramente vendrá papá...

-¿Inu Taisho?

-Sí.

-Que raro se me hace oírte llamarlo papá -comentó, extrañada Sango.

Kagome la fulminó con la mirada. Sango le contestó con otra mirada, ésta de perdón.

-Cambiando de tema: ahora toca patio, así que me quedo contigo y luego te acompaño hasta el coche, ¿te parece bien?

Kagome contestó con un gutural sonido afirmativo, pero que denotaba cansancio, al mismo tiempo que dejaba caer la cabeza hacia atrás y respiraba hondamente.

La puerta se abrió de repente, y tras ella apareció Inuyasha, que la buscó por toda la estancia con una mirada preocupada.

-¿Que vas a hacer ahora?

Antes de que Kagome contestara, Sango avisó que se iba un momento al aula a dejar las mochillas allí, que enseguida volvía. Al quedarse solos, Kagome contestó.

-La doctora ha llamado a papá. Vendrá a buscarme en breve.

-Estás loca...

Kagome puso los ojos en blanco.

-¿Hasta cuando vas a estar repitiéndome lo mismo?

-Hasta que te des cuenta de que te podrías haber hecho mucho más daño. ¿Como puedes ser tan orgullosa?

-Habló...

Inuyasha suspiró pesadamente, y abrió la puerta cabreado para salir, justo en el momento en que Sango volvía, casi chocando con ella.

-¿Se puede saber a qué estáis jugando? -preguntó Sango, entrando y cerrando la puerta tras de si.

Kagome no contestó, simplemente la observó con una mirada significativa.

Sango fue impulsada hacia delante cuando la puerta, a sus espaldas, fue abierta de repente, dejando entrar a Rin y a Sesshomaru. Kagome se sorprendió de verlos juntos.

-¿Cómo estás? -preguntaron ambos al mismo tiempo.

-Bien, no es nada grave -anunció-, me forcé demasiado en el examen de educación física, nada más -informó.

Estuvieron un rato hablando los cuatro, animadamente. Sesshomaru se fue, y Rin y Sango se quedaron con ella, y la inflaron a preguntas. Kagome intentó persuadirlas, y estaba a punto de conseguirlo cuando la doctora le anunció que su padre ya estaba allí. Tal y como había dicho Sango, ella y Rin la ayudaron ha llegar hasta la puerta. Sango cogió la mochila de clase y Rin la de gimnasia, y entre las dos la ayudaron a poder caminar hasta el patio. Kagome enrojeció al pasar por en medio del patio y saber que todo el mundo la estaba mirando. La acercaron al coche y mientras Inu Taisho guardaba las bolsas en el maletero de su coche, las chicas ayudaban a Kagome a meterse en el coche y sentarse en el asiento del copiloto.

-Gracias, chicas.

-De nada -dijo Sango.

-Esta tarde iremos a verte, ¿vale? -dijo Rin, preocupada.

-No hace falta, tranquilas...

-Sí, si hace falta -zanjaron ambas, amenazadoras.

Kagome subió la ventanillas, mirándolas con una gotita de sudor derramándose por su sien y sonriendo de forma ridícula. Inu Taisho puso el coche en marcha y Kagome vio a lo lejos como Inuyasha la observaba desde las rejas de la puerta del instituto. Le dedicó una mirada neutra.

-¿Estás bien? -preguntó Inu Taisho.

-Sí, sí, tranquilo, sólo me forcé demasiado.

-A partir de ahora, a descansar.

-Sí... -murmuró al tiempo apoyaba la cabeza en el cabezal del asiento y daba un largo suspiro.

***

Lo primero que hizo en llegar a casa fue ducharse. Inu Taisho volvió al trabajo, y ella se quedó a solas con la servidumbre. Una vez aposentada en su cama, la ama de llaves no paraba de entrar cada dos por tres preguntándole cómo se encontraba y si necesitaba algo, pero Kagome, cansada, decidió hacerse la dormida hasta la dejara en paz. Últimamente usaba mucho esa técnica.

Esa tarde se la pasó vagueando en la habitación sin hacer absolutamente nada. De nuevo los calmantes le habían vuelto a provocar indigestión, así que la siesta que se echó le sentó de perlas. Luego vio la tele, y cuando se cansó se puso a leer, hasta que se dio cuenta de que, estando como estaba, a lo que más provecho le sacaría sería a estudiar para el examen del miércoles.

***

No veía la hora en que sonara el timbre para poder salir de allí. Por más que miraba el reloj, el tiempo parecía no pasar, parecía que la maldita aguja no se movía ni un mísero milímetro. Suspiró. Estaba muy preocupado por ella. Quería verla, necesitaba verla. Tenerla entre sus brazos, cuidarla, mimarla...

Cuando la vio tendida en el suelo, echa un ovillo amarrándose fuertemente el tobillo... Había sentido como su mundo se rompía en pedazos. Haberla visto de aquella manera, tan frágil y vulnerable... Y la maldita profesora impidiéndole acercarse. Cuando la vio levantarse y volver a caer, por un segundo pensó que mandaría al cuerno el examen e iría a ayudarla, pero ella comenzó a correr como si nada hasta el final... Era tan fuerte y cabezota esa niña. Cuando por fin la pudo coger en brazos se sintió feliz, feliz de poder tenerla entre sus brazos, de protegerla...

Un momento. ¿Qué le estaba pasando? ¿Cuando había comenzado a tener estos pensamientos respecto a ella?

En mitad de su análisis, el bendito timbre sonó, y cualquier resquicio de cordura que hubiese en él desapareció. Lo único que hizo fue coger su moto y salir disparado hacia su casa, ansioso por verla. Pero al llegar allí... Se sintió ridículo. Estaba plantado frente a la puerta de la habitación de ella, y no se atrevía a abrir la puerta porque sabía que ella no querría verlo, o que, al menos, no sentía la misma necesidad de tenerlo cerca que sentía él. Se sintió patético.

Giro sobre sus talones unos cuarenta y cinco grados y comenzó a caminar, arrastrando los pies, hacia la puerta de su habitación, pero un sonido sordo, proveniente de la habitación de Kagome, lo hizo retroceder y abrir la puerta de la habitación de par en par.

Su corazón dio un vuelco al encontrársela tirada en el suelo, con los ojos cerrados.

-¡Kagome! -exclamó acercándose corriendo a ella- ¿Se puede saber qué haces, burra?

-¿Inuyasha? -murmuró, deshorientada.

-No, soy tu prima la de China -ironizó, cogiéndola en brazos y estirándola en la cama.

-Yo no tengo primas en China... -susurró, agarrándose fuertemente del cuello de Inuyhasha.

-Suéltame, ¿quieres? -fanfarroneó, agarrando las muñecas de la chica para intentar desenroscar sus brazos de su cuello.

-No, no quiero... -murmuró, haciendo fuerza hasta tirar al chico sobre la cama, encima de ella.

-Ka-kagome... ¿Qué...?

-Calla y bésame -ordenó. Pero en vez de dejarlo cumplir la orden, fue ella quien hizo los honores y se lanzó a sus labios, buscándo los masculinos con gula.

Inuyasha estaba que no cabía en si de la sorpresa, pero eso no impidió que correspondiera gustoso a los deseos de la chica. Poco a poco él comenzó a llevar el ritmo de ese baile entre sus lenguas, comenzando a dominar la situación, pero ella aún se resistía, y de una brusco movimiento los hizo rodar sobre el colchón hasta posicionarse ella encima de él.

-¿Se puede saber qué mosca te...? -pero de nuevo fue interrumpido.

-Que te calles -ordenó sonriendo con picardía y volviendo a besarlo con fervor.

Después de un largo rato besándole en los labios, hasta dejárselos rojos y carnosos, Kagome se pasó a su cuello, dándole pequeños mordiscos y haciéndolo suspirar. Sin saber cómo, se acercó a su punto débil: la oreja, y un gemido ronco se dejó escapar desde su pecho. Pero Inuyasha no se iba a estar quieto, ni mucho menos. Imponiéndose, se levantó, quedando él sentando y Kagome sentada sobre su cadera, rozando sus sexos. Las traviesas manos masculinas se colaron bajo la camiseta de la chica, y ella le arrancó la camiseta de un estirón.

Los besos y las caricias continuaron. Cada vez menos piezas de ropa, cada vez más pasión y fervor hasta que llegó el momento del climax y...

-¡Kagome! -exclamó pegando un bote y sentándose sobre la cama.

Abrió los ojos al máximos observando todas y cada una de las cosas que tenía a su alrededor. Su armario, su escritorio, su cama, sus sábanas, la soledad de su habitación...

-Mierda... -murmuró al darse cuenta de que todo lo que había sucedido había sido producto de su subconsciente y de que, además, cierta parte de su anatomía estaba más despierto que él -No puede ser... -murmuró con pesadez el notar el dolor producido por su erección.

Dio un largo suspiro y se dejó caer hacia atrás. Sus respiración estaba descontrolada, así que se obligó a respirar profundamente unas cuentas veces hasta calmarse y hasta que la excitación abandonó su cuerpo.

-Maldita seas... No me vas a dejar ni dormir tranquilo... -miró el reloj despertador de su mesita: eran las dos de la madrugada. Tenía que dormirse ya... Pero no podía. Cierta persona no paraba de dar vueltas en su cabecita, así que más sigiloso que un gato se levantó de la cama, salió de la habitación y se metió en la contigua.

La miró con recelo. La luz de la luna que entraba por la ventana impactaba directamente sobre ella, haciéndola parecer fantasmal, un espectro fuera de su alcance, tan hermosa... Dormía plácidamente, y su rostro denotaba paz y serenidad. Despacio se acercó a la cama y se sentó en el borde de ésta, lo suficiente cerca como para poder oler ya el aroma de ella... Ese aroma tan dulce que lo volvía loco... Inevitablemente, una de sus manos fue directa a su rostro y lo acarició muy delicadamente, notando lo tersa y suave que llegaba a ser la piel de Kagome.

Observaba y acariciaba su piel tan embelesado que no se dio cuenta de que ella se despertó y abrió los ojos. Cuando se dio cuenta de ello, ya fue demasiado tarde, ella ya lo había visto y él anuló su contacto inmediatamente y la observó con los ojos desorbitados. Ella lo miró con sorpresa y luego desvió la mirada, sonrojada. Inuyasha también desvió la mirada y se levantó dispuesto a irse, pero su voz le hizo parar de caminar.

-No te vayas... Por favor... -murmuró, suplicante.

Él cerró la puerta que ya había abierto dispuesto a irse y se acercó a la cama, sentándose de nuevo en ella.

-Estírate junto a mi.

-¿Por qué? -preguntó con voz ronca.

-Quiero... Quiero que duermas conmigo... Esta noche...

Inuyasha se sorprendió muchísimo al oírla pero, evidentemente, no se negó a cumplir sus deseos, así que se acostó junto a ella, sin taparse -ya que tenía pensando irse en cuanto ella se durmiera, sino... a saber lo que podría a llegar a hacerle- y la abrazó de la cintura, acercándola a él. Kagome se acopló en su pecho, pasando un brazo por su cintura ya abrazándolo también. Se sentía tan a gusto entre sus brazos...

En un pequeño descuido se atrevió a mirar hacia arriba, y descubrió que él la observaba de una forma extraña. En su mirada encontraba tensión, cautela y ternura. Definitivamente ese tipo de miradas la iban a volver loca, le inquietaba no poder saber qué era lo que él pensaba, lo que sentía.

-Inuyasha... -pero fue interrumpida, ya que unos labios se posaron sobre los suyo impidiéndole continuar su frase.

Ese acto la pilló completamente desprevenida, no se esperaba que él la besara justo en ese momento. Al principio intentó resistirse, separarse de él y poder hablar, pero, a parte de que él había soltado su cintura para agarrar su nuca para evitar su huida, ella ya no era capaz de resistirse a sus labios... Últimamente su cuerpo había dejado de reaccionar negativamente hacia los actos de él. Es más, había aprendido a corresponderle casi inmediatamente sin ningún tipo de negatividad. Eso sólo podía indicar dos cosas: o que ya se había resignado y/o acostumbrado a ser besada a la fuerza por él, o que había comenzado querer besarlo ella también, a querer sentirlo cerca, a querer saberlo junto a ella, a querer que él la dominara de esa forma... Cada vez más se estaba convirtiendo en una gata mansa junto a él, cada vez se dejaba llevar más por lo que él quería, como si él mandara sobre ella...

Y por un segundo la cordura volvió a su cabeza y haciendo un gran esfuerzo logró separarlo.

-¿Se puede saber qué te pasa? -le reprochó en voz baja, no queriendo despertar a nadie.

En ese momento Inuyasha abrió los ojos y se dio cuenta de lo que había hecho. Cómo pensaba, había perdido el control, cada vez podía controlarse menos estando junto a ella...

-Lo-lo... lo siento... -murmuró con los ojos aún muy abiertos por la sorpresa. Mas rápido que despacio se reincorporó y se levantó de la cama, dispuesto a irse.

-¡Espera! -murmuró ella, agarrándole la mano.

Durante unos instantes se miraron fijamente a los ojos. Sus mirabas decían mucho, pero al mismo tiempo no decían nada, y Kagome se hartó de esa situación. De un fuerte estirón lo lanzó a la cama, y ambos quedaron el uno frente al otro sentados sobre sus rodillas. Sin más dilación, ella agarró las mejillas de Inuyasha y lo besó con dulzura.

De nuevo Inuyasha volvió a abrir los ojos con sorpresa, pero, pese a la expectación, sus manos terminaron en la cintura femenina, ejerciendo fuerza para acercarla más a él, y, por supuesto, sin dejar de besarla. Kagome pasó los brazos sobre los hombros masculinos, y él encerró su cintura entre sus brazos. Los besos cada vez se volvían más profundos, íntimos e intensos. Las manos de él se metieron bajo la camiseta femenina, y ella fue bajando poco a poco sus manos hasta llegar a los pliegues de la camiseta de Inuyasha, dispuesta a quitársela...

Toda la sangre de su cuerpo comenzó a concentrarse en cierta parte se anatomía de sólo imaginarse lo que ahora vendría. Y a su cabeza acudieron los recuerdos de ese sueño acabado de tener hace apenas unos minutos y...

-Mierda -murmuró, dejando de besarla repentinamente -Esto no puede ser -la soltó e hizo que ella soltara su camiseta para evitar que se la quitara, y esta vez, sin que nada se lo impidiera, salió de la habitación y se encerró en la suya, dejando a Kagome a cuadros.

*****

Hola mis niñas =)

Voy a tener que se breve y directa. No tengo mucho tiempo. Estoy en un pequeño puente casi a finales de trimestre, y las notas no me han ido demasiado bien, después de todo, el bachillerato no me está yendo como yo pensaba, me he columpiado un poco. Quiero pedir perdón por haber tardado tanto, y a mis lectoras de Atrapados en el siglo XXI, debo deciros que no sé cuando podré publicar, ya que me está costando más de lo que yo creía escribir el final de ese fic. El próximo capítulo de Polos opuesto, afortunadamente, no tardará mucho -quizá antes de navidad ya estará en línea, pero no aseguro nada-.

De nuevo quiero pedir disculpas, y disculpas adelantada, y quiero agradecer todos los reviews que he recibido hasta ahora -no tengo tiempo para poner vuestros nombres, desgraciadamente tengo que seguir estudiando-, de veras, sois mis motores, gracias a todas vosotras es que puedo continuar con esto. Y además de los estudios, también estoy pasando por una mala época con las amistades... Muchas gracias por estar ahí siempre, chicas. Os quiero. Hasta pronto.

Se despide una fiel servidora:

Dark priinCess