Nos vemos al final del cap, ¡DISFRUTÁDLO!

Capítulo 14.

Era agobiante, horrorosamente agobiante. El calor se pegaba a ella, haciéndola sudar como un pollo al as, provocando que se pegase más a las sábanas, humedeciéndolas. Era asqueroso. Así que no lo aguantó más, se levantó de la cama y salió de su cuarto. Caminó a paso apresurado por toda la casa. Bajó las escaleras, atravesó el hall, se metió en la cocina, salió por la puerta trasera y fue a parar al lugar indicado: las piscina.

Eran las tres de la madrugada y el maldito calor le provocaba insomnio. Era una putada que mañana fuese la boda de su madre y tuviese que levantarse temprano, no estaría en su mejor estado, pero ahora lo primordial era refrescarse, así que sin pensarlo dos veces se lanzó de cabeza a la piscina. En cuanto notó el contacto frío del líquido acariciar su piel se sintió en el séptimo cielo. Buceó un buen rato bajo el agua hasta que dejó de sentir por completo cualquier tipo de calor en su cuerpo. Se hizo la muerta, flotó, cerró los ojos y se relajó.

Ahora sí que podría dormir tranquila.

No; tranquila, precisamente, no. Habían pasado tres largas semanas desde todo el lío de los exámenes finales, desde la cena y desde la entrega de notas...¿Por qué todo era tan complicado? Desde que le pidió a Inuyasha que olvidara los besos de la cena y de la entrega de notas, él había estado muy distante con ella. Lo entendía, en cierto modo, pero, ¡joder!, es que lo suyo era imposible. Por el amor de Dios, en menos de un día serían oficialmente hermanastros. En menos de una día, legalmente, Inu no pasaría a ser su padrastro, y Sonomi pasaría a ser la madrastra de Inuyasha ¿En qué diablos estaban pensando al dejar que esas jugarretas siguieran entre ellos?

Pasaron largos minutos en los que se quedó en esa posición, con el ceño fruncido y los ojos cerrados, rayándose por el tema.

Pero esos momentos de reflexión se le fueron arrebatados de golpe cuando unas manos la agarraron de los hombros y la hundieron, sin dejarla subir a flote. Pataleó, hizo todos los esfuerzos posibles para liberarse, pero esas manos la empujaban hacia abajo sin dejarla subir. Le estaba comenzando a faltar el aire. Y ¡pum! Ese mismo individuo la volvió a subir a flote. Kagome alargó una pierna hacia atrás y le dio una patada en el vientre bajo a dicha persona para alejarlo de ella. Se secó los ojos y enfocó la vista.

-¡Pedazo de imbécil! -chilló- ¿Se puede saber qué haces, Inuyasha? -rezongó, acercándose al chico que tenía delante para golpearle en toda la cara- Casi me ahogas, ¡estúpido! -no consiguió más que el chico riera- Idiota... - le salpicó en la cara y después se volteó, enfadada.

Pero eso fue peor, porque él se le volvió a acercar silenciosamente y pasó sus brazos bajo los de ella, juntando sus manos en su nuca. Kagome estaba atrapada, no podía mover los brazos ni el torso.

-¿Pero qué... -y antes de poder terminar su pregunta, Inuyasha ya le estaba haciendo una ahogadilla-Imbrrre... -la sumergió- sueltamrre... -y otra vez.

Así como unas diez veces. Cuando terminó, Kagome estaba exhausta. Respiraba a grandes bocanadas. Forcejeó un poco más, intentando darle con el codo en algún sitio, y él, al final, la soltó. Comenzó a toser con violencia, preocupando al chico. Murmuró unas cuantas maldiciones por lo bajo, y, al borde del llanto, se separó de él, salió del agua y se tumbó en el césped.

Inuyasha salió tras ella y la siguió hasta tumbarse a su lado.

-Lo siento.

-Vete a la mierda -volteó y le dio la espalda. Sí, estaba a punto de llorar.

-Eh, va, perdóname... -comenzó, acomodando sus manos suavemente sobre la cintura femenina- Pensaba que te defenderías, pero se ve que te he pillado demasiado desprevenida -pasó sus brazos por el vientre y la acercó a él, notando su espalda curvada en su pecho-¿Me perdonas? -pidió con voz de perrito abandonado.

Kagome se giró, permitiéndole ver a Inuyasha sus lágrima, puso sus manos en el pecho del chico y lo alejó de ella.

-Lárgate -se levantó y se sentó en el borde de la piscina.

Error.

Inuyasha volvió a agarrarla por debajo de los brazos y la levantó hasta que los pies de la chica no tocaban el suelo. La apartó del borde y la colocó sobre el agua.

-¿Qué haces, imbécil? -bociferó, mientras sus piernas no dejaban de dar patadas al aire.

-¿Me perdonas?

Ella no contestó.

-¿Me perdonas? -intentó por segunda vez.

Silencio.

-Si no lo haces te soltaré y caerás al agua -amenazó.

-Ya ves tú qué problema.

-Muy bien.

Y no la tiró, sino que la cogió en brazos y se lanzó con ella encima. Kagome se tapó la nariz y se agarró con fuerza al cuello del chico. Cuando cayeron, él no la soltó, siguió amarrándola con fuerza sin dejarla escapar y la acorraló entre la pared de la piscina y él. La apretujó con todo su cuerpo, lo suficiente para que ella no se escapase, apoyó un brazo en el bordillo y con la otra mano le agarró el mentón y la obligó a mirarlo.

-¿Qué tengo que hacer para que... -se acercó a sus labios- me perdones? -y justo cuando estaba a punto de rozarlos con los de ella, Kagome habló:

-No estoy enfadada -mintió, y comenzó a reír suave y falsamente.

Lo que la había mosqueado eran las ahogadillas.

-¿Cómo? ¿Y esos insultos?

-¿Desde cuándo tengo que cabrearme contigo para llamarte imbécil? -se mordió el labio inferior en medio de una sonrisa traviesa y seductora.

Inuyasha era un estúpido.

-Eres cruel... -se acercó más, ansioso, a sus labios.

-Pues anda que tú... -murmuró.

Hasta que al final juntaron sus labios en un hambriento beso. Ella enrolló sus brazos alrededor del cuello de Inuyasha, y él posicionó sus manos en su trasero. Y Kagome, por una vez, no se molestó por ello.

Largos minutos duró ese beso, hasta que Kagome, aprovechando que el agarre de Inuyasha no era muy fuerte, se escabulló de entre sus brazos, se sumergió bajo el agua y salió del acorralamiento, nadando hacia las escaleras y saliendo pitando del agua. Pero antes de salir completamente, una mano agarró su tobillo.

-¿A dónde vas? -preguntó Inuyasha, de forma divertida.

-Eh... déjame adivinar... -puso cara de circunstancia- ¿A ninguna parte?

E Inuyasha estiró con fuerza de su pierna hasta que Kagome volvió a estar en el agua, a su merced. Y volvió a acorralarla contra la pared y la acribilló a besos, sin preámbulos. No la dejaba respirar, a la pobre.

-Inuyasha, para... ¿Te has propuesto ahogarme de cualquier forma o qué? -vio como él intentaba volver a besarla- Espera... ¿Qué dijimos sobre lo de besarnos?

-A buenas horas... -masculló, agarrándola de la cintura y atraiéndola más hacia él.

-No, en serio -murmuró, apartándolo un poco más de ella- Dijimos que nada de besos...

-¿Y no nos lo podemos saltar por un rato? -pidió, acercándose a su cuello y empezando a besarlo.

-Inuyasha, por favor, que en menos de veinticuatro horas seremos hermanos. No me jodas, ¿eh?

-Pues vamos a aprovecharlo -rezongó- Vamos a disfrutar que aún no somos hermanos estas últimas horas... -murmuró con voz ronca y suplicante, cerca de su oreja.

Kagome hizo como que se lo pensaba unos momentos.

-Es-estás bien... Pero afuera del agua, en el césped.

Inuyasha salió primero. Cuando Kagome lo vio subir por el bordillo con tanta facilidad se fijó en lo bien formado que estaba. Tenía la complexión de un atleta... era como un Dios. Un Dios en pantalón corto. Cuando él estuvo arriba ella le alargó la mano, y con cara inocente, le pidió que la ayudase. Inuyasha agarró su mano y ella, con toda su fuerza y aprovechando que él estaba medio agachado y desprevenido, ejerció toda la fuerza posible y lo lanzó al agua. Corriendo, salió de la piscina y para no perder tiempo en levantarse hizo la croqueta hasta quedar a unos cuantos metros del bordillo. Inuyasha sacó la cabeza del agua y la divisó. Ella corrió a levantarse y a ponerse a correr como una loca, intentando no resbalar, y él no tardó en salir del agua y ponerse a perseguirla. Dieron no se sabe cuántas vueltas alrededor de la piscina y por todo el jardín. Se escondió tras un árbol, pero vio como él se acercaba. Kagome creyó engañarlo, y él la agarró de la tripa y la subió a su hombro.

-¡Suéltame! -chillaba mientras le daba leves puñetazos en la espalda para que la soltara.

-Kagome, eres demasiado delgada, bajita y ligera como para pretender que te suelte -contestó-. Puedo contigo con un solo brazo -chuleó.

Se tiró al agua y ella fue con él. Definitivamente, nunca podría con Inuyasha.

En realidad debería hacerle caso. Era cierto que en unas horas serían hermanos y todo eso, así que más valía disfrutar ahora, ¿no? Porque sino ¿cuándo? Pero claro... Está ese inconveniente. Nada de besos. Desde que lo acordaron... Se lo habían pasado por el forro. Desde que acordaron esa norma no han faltado besos entre ellos, pero ¿por qué? Da igual. Ahora más valía no comerse el coco.

Como antes, él la acorraló contra la pared más cercana y la acercó mucho a él agarrándola de la cintura. Ella enrolló sus brazos en su cuello y sus piernas en su cintura -eso lo sorprendió- y comenzaron a besarse apasionadamente. Mas ninguno de los dos fue consciente que dos pares de ojos los observaron durante largo rato. Estuvieron varios minutos besándose, bebiendo de la boca del otro, acariciándose... No podían parar. Era extraño, pero se necesitaban, era... Como si unos fuese una parte complementaria del otro. Terminaron de saciar su sed e Inuyasha salió, con Kagome a su espalda, del agua. La dejó en el suelo y él se sentó con la espalda recostada en el tronco de un árbol del jardín. Ella, en cambio, se estiró sobre el césped, cerca de él, y contempló las estrellas. No había mucha contaminación lumínica, y eso se agradecía, la verdad. Cada uno estaba absorto en sus pensamientos, pero, de una forma u otra, sus pensamientos acababan coincidiendo:

¿Qué eran?

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Kagome, e Inuyasha, al estar observándola todo el tiempo, lo notó.

-Tienes frío, ¿verdad?

-Un poco -confesó, incorporándose.

Inuyasha no le dio tiempo a sentarse completamente. La agarró del brazo y estiró de ella hasta que ésta quedó entre sus piernas y su espalda pegada a su pecho. Pasó sus brazos por encima de sus hombros.

-¿Mejor?

-Sí -murmuró, apoyando su cabeza en el hombro masculino.

Estaba tremendamente a gusto entre sus brazos.

-Inuyasha -murmuró al cabo de largos minutos de silencio -¿Qué somos? -preguntó como quien no quiere la cosa, sin dejar de mirar al cielo.

Él se quedó mudo.

-Tú también lo has estado pensando y no has llegado a ninguna conclusión, ¿verdad?

-Sí -contestó Inuyasha, en un susurro.

Silencio. Suspiros. Silencio.

-¿Qué vamos a hacer? -lloriqueó abatida.

-Hey... -, murmuró, abrazándola más fuerte.

-No, "hey" no. ¿Qué nos está pasando? -se volteó y quedó frente a él -Hace poco más de un mes tú y yo no nos podíamos ver ni en pintura, ¿y ahora? Míranos, estamos aquí, besándonos como si fuésemos una pareja, cuando nos quedan horas para ser hermanos.

-Hace un mes también acordamos que dejaríamos de llevarnos mal...

-Sí, y eso conllevaba a no besarse, y esa regla te la has pasado por el forro.

-Perdona, pero dos no se besan si uno no quiere -le reprochó -Además, mejor besos que gritos ¿o no? -admitió con una sonrisa picarona.

-Sí, pero es que... joder Inuyasha, no podemos seguir así. Además, si esto pasa es por culpa nuestra. Si no quisiéramos no nos besaríamos, hay algo que nos impulsa a hacerlo. Este maldito juego empezó cuando me mudé. Ahí empezaron los fugaces besos, las venganzas... ¿pero ahora qué? Esto no puede seguir así... -una lágrima cayó solitaria por su mejilla -Inuyasha, tú... ¿sientes algo por mí? -preguntó, sin anestesia.

Inuyasha se quedó inmóvil, mirándola fijamente con los ojos entrecerrados.

Largos minutos de silencio.

-¿Y tú? -preguntó él, de repente- ¿Sientes tú algo por mí?

Más silencio.

-N-no lo sé... -suspiró- Recuerdo que antes de que lo dejaras con Kikyo lo hacíamos todo con mala leche, para jodernos, buscábamos venganza. Pero después... todo cambió. Empezaste a ser más amable, más considerado, más cariñoso... Y creo que me confundiste -confesó-. Tus buenos modales y tu cara bonita me han confundido -aclaró.

-O sea que, como mucho, lo que sientes por mi sólo es atracción física ¿no?

-Creo que sí... -mintió. En parte mintió, porque ella sabía que había algo más. Algo inexplicable, pero algo que, por otro lado, ella no estaba dispuesta a aceptar.

-Lo sabía...

-¿Cómo que lo sabías? ¿Lo sabías y has estado jugando así conmigo?

-No -se apresuró a responder- ¿Ves? Ya le estás dando la vuelta a la tortilla -hizo una pausa- No he jugado contigo. Tú has accedido. Yo no te he obligado a nada que tu no quisieses hacer -mintió.

Aquí todo el mundo miente. En parte sí que se había aprovechado un poco de sus dudas para poder "jugar" con ella. Y la había obligado a besarlo en casi todas las ocaciones. Pero ella al final había accedido... O había cedido...

-Entonces ¿qué hacemos? -preguntó ella.

-Yo ya te lo he dicho antes.

-¿El qué?

En vez de contestar la agarró de la nuca y comenzó a besarla autoritariamente, estirándola poco a poco sobre el césped, quedando ella bajo él.

-Aprovechar estas horas que nos quedan antes de ser hermanos y después ser simplemente eso, hermanos -y no la dejó contestar ni dar su opinión, directamente selló sus labios, y la correspondencia de ella le valió como respuesta.

Sin dejar de besarla la levantó y la cogió en volandas. Entró en la casa, la recorrió, la llevó hasta su habitación y la depositó sobre su cama. Kagome pudo sentir el agradable olor masculino por todas partes... Estaba realmente a gusto.

Inuyasha se situó encima de ella y la besó con ternura. Después de largo rato bebiendo de sus labios, los abandonó y se fue a su cuello, donde creó un recorrido de besos pequeños y delicados, por donde después pasó su lengua, dejando un cálido rastro de saliva. Kagome suspiró unas cuantas veces. Le gustaría tener algo de iniciativa, pero estaba demasiado aturdida allí abajo como para poder pensar en otra cosa que no fuera la placentera sensación que le estaban provocando los besos de Inuyasha. Lo único que ella podía hacer era deleitarse, aparte de sus besos, de la sensación que le provocaba acariciar los brazos y tórax del chico, por no hablar del arte que tenía él para acariciarle los muslos.

El calor comenzó a hacerse presente. Oleadas de excitación recorrían sus cuerpos, haciéndolos sudar de nuevo. Pero este sudor no incomodó tanto a Kagome como el de antes. Él metió una mano bajo la camiseta de ella, y fue subiendo poco a poco hasta llegar a su seno. Lo masajeó suavemente, deleitándose de su forma y tacto, sin despegar sus labios de la piel de ella. A Kagome se le escapó un suave gemido. No pudo evitar arquear la espalda, provocando que su pecho se acercase más a Inuyasha, y que una de sus rodillas se flexionara y rozase suavemente la erección del chico. Kagome enrojeció de golpe e Inuyasha suspiró.

-Kagome... ¿Estás segura de querer llegar hasta este punto? –murmuró él.

Silencio. Jadeos. Suspiros.

-Eso ha parecido más un ultimátum que una pregunta -contestó ella, débilmente.

-Contesta, por favor -su voz ronca sonaba a súplica.

Segundos de silencio y excitación.

Él no lo vio, pero una lágrima se escapó por el rabillo del ojo de Kagome, y ella le besó suavemente en los labios. Él pensó lo que no era, y siguió con su tarea, pero Kagome lo detuvi, y susurró:

-Siento dejarte así pero... No estoy preparada -acarició la mejilla del chico-. Además, si... -tragó duro- si después de esto sólo seré tu hermana, no podré ser nada más... Prefiero que no lleguemos a más...

Más silencio.

Tensión.

-D-de acuerdo. -Inuyasha lo estaba pasando muuuy mal.

Con cuidado se acostó boca arriba al lado de Kagome. Ella no se movió. Pero al rato no pudo evitarlo y reposó su rostro sobre el pecho de Inuyasha, el cual pasó un brazo por sus hombros y con la otra mano le acarició el pelo. Le besó la cabeza.

-Duerme; mañana será el gran día... -susurró.

Y ambos se quedaron dormidos al acto.


Muchachaaaaaaaas! Debéis darle las gracias por esta actualización tan temprana a mi queridísima amiga Judit, que me ha chantajeado para que lo publicara... (Judit, me las pagarás...).

Bueno mis niñas, espero que os haya gustado el capítulo, el próximo es la boda de los papis... ¡y la luna de miel! En la cual, Kagome descubrirá un oscuro secreto que rodea a la familia Taisho... ¡Jojojojo!

Un besazo enorme a todas, y muchísimoas gracias a las que comentan, ¡os quiero!

Se despide una fiel servidora:

Dark priinCess