Nota: Este es el último capítulo. Muchísimas gracias a quienes habéis seguido la historia, me hace muy feliz que os guste. Tengo empezados más Bellarius, así que espero empezar a subir otro dentro de poco. Hasta entonces, ¡mil gracias de nuevo, os adoro!


Cuando el sol cayó, los Black volvieron juntos a los bosques que rodeaban la Mansión Black. Aquellos árboles que los vieron jugar, crecer y desencantarse con el mundo seguían susurrando al viento de una forma especial. Pronto encontraron su árbol, la enorme haya por cuyas ramas trepaban de pequeños para ver las estrellas. Cuando estuvieron listos, en una nube negra apareció Morgana. Sirius cavó un agujero con su varita lo suficientemente grande para dos personas (porque Bellatrix pensaba dormir con él). Colocó una manta al fondo y dejó otra para taparse. Después, se giró hacia Morgana.

—¿Estás listo?

—Listo —respondió él con una sonrisa.

Bellatrix le cogió de la mano y no lo soltó. Morgana se acercó a él y lentamente le mordió en el cuello. No tomó su sangre, solo le mordió y con eso bastó. Seguidamente, a Sirius le entró un sueño profundo. Bellatrix lo depositó en el agujero, se tumbó junto a él y los cubrió con la manta. Antes de taparse la cabeza, miró a Morgana y murmuró:

—Gracias.

—De nada, mi pequeña. Buenas noches y feliz eternidad.

Bellatrix los cubrió bien a ambos y con un gesto de la mano de Morgana, quedaron sepultados.

Al anochecer siguiente Bellatrix fue la primera en despertar. Se puso nerviosa cuando notó que Sirius no reaccionaba, pero al final empezó a revolverse y ella suspiró aliviada. Lo agarró de la cintura y sin ningún esfuerzo los sacó a los dos. Se sacudieron la tierra y Sirius ejecutó un hechizo limpiador.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó Bellatrix.

—Un poco raro, pero bien —respondió sonriente.

—Es normal, estás en la fase de tránsito, aún no eres un vampiro —explicó Bellatrix—. Ahora tenemos que encontrar a alguien para que muerdas… Pero justo después nos tendremos que marchar, porque es normal volverse un poco loco los primeros días… Creo que deberías despedirte de Potter y tus amigos ahora, podrás escribirle y venir a verle en unos meses.

—Ah, de acuerdo, buena idea —dijo Sirius que no había revelado a su ahijado sus nuevos plantes.

—Te espero en el club dentro de dos horas, ¿de acuerdo?

—Perfecto —respondió él.

Le dio un beso de despedida, pero le supo a poco y se siguieron besando durante varios minutos.

—Que ganas tengo de que seas vampiro y no necesites respirar para poder besarnos sin parar durante horas —murmuró ella.

A Sirius, que no había caído en esa ventaja, se le iluminaron los ojos. Sonrió emocionado y prometió acudir cuanto antes. Se apareció en Grimmauld Place donde Harry salió a recibirle. Ginny estaba con él, pero se marchó a otra sala para darles espacio. Sin perder tiempo, Sirius se lo contó todo. "Vaya…" murmuró Harry sin saber qué decir. Sirius le dio un par de minutos para que procesar la información y que formase una opinión.

—¿Qué te parece? —le preguntó al fin.

—Me parece muy bien —decidió el chico finalmente—. Te robaron media vida en Azkaban y desde que saliste has invertido todo tu tiempo en protegerme, así que es justo que te devuelvan los años que te han quitado… y muchos más. Y más si estás con la persona que quieres —sonrió Harry—. Dumbledore siempre dice que el amor es lo más importante.

—¿Qué ha sido de él, por cierto? No apareció en la batalla, ¿no?

—Vino cuando terminó, ayudó a curar a los heridos y a reparar los destrozos. Me preguntó qué había pasado, pero antes de que respondiera, sonrió y me dijo: "Veo que ya está hecho" —relató Harry.

—¿Eso qué significa?

—Ni lo sé ni me importa, Sirius. Ahora que todo ha terminado, no pienso preguntarle nada a Dumbledore nunca, no sea que me líe alguna otra.

Su padrino profirió una sonora carcajada y estuvo de acuerdo. En ese momento, Tonks y Lupin entraron en la sala.

—Te marchas con ella, ¿verdad? —preguntó Lupin esta vez con una sonrisa.

—Sí, Lunático. Bella es mi vida y aquí todos tenéis una familia.

Sirius también sonrió al ver a Ginny cogiendo a Harry de la mano y a Tonks y a Lupin mirándolos con actitud protectora. El hombre-lobo le había contado a la auror quién era la misteriosa Beatrice y cómo les había ayudado en la guerra y había estado dispuesta a dar su vida por Sirius.

—¡No me puedo creer que esa chica fuese mi tita! —exclamó la auror— Entiendo que necesitéis unas vacaciones, pero cuando volváis me la tienes que presentar y esta vez de verdad.

—Prometido. Para Navidad seguro que os hacemos una visita —aventuró Sirius.

Solo a Harry le contó que ahora era medio vampiro. Su amigo probablemente lo deduciría, pero de momento era un secreto que deseaba guardar. Los abrazó uno por uno, prometió escribirles y se marchó.

Entró al club nocturno donde su prima le salió a recibir.

—Ya lo he preparado todo. Nos vamos esta noche a Geiranger, un pueblecito en el fiordo más espectacular de Noruega. Está rodeado de montañas y en una de ellas conseguí una casa bastante grande durante mis primeros años. Aparte de lo oscura que es esa zona, las montañas impiden que pase la luz, así que podremos llevar el horario que queramos.

—Suena perfecto —sonrió Sirius—, pero falta lo de…

—Sí, mira, tengo una voluntaria —murmuró Bellatrix.

Entraron al bar. Tras la barra estaba Nellie charlando con Julia. La pelirroja miró a Sirius con veneración y aseguró que sería un honor ser su sangre fundacional. A la psiquiatra le fascinaban los vampiros y realmente deseaba que Sirius compartiera su sangre con ella. Además, solía estar borracha y eso lo hacía todo más interesante.

—¡Será superromántico! —comentó Eleanor— Yo soy la humana de Bella y Julia será la tuya.

—Si de verdad estás segura… —comentó Sirius nervioso.

—Completamente. A cambio tú, más adelante, podrás darme alguna gota de tu sangre. Tiene propiedades sanadoras y hace que envejezcas mucho más despacio —explicó Julia que había investigado mucho—, ¡odio envejecer!

Como todos estuvieron de acuerdo, el trato quedó cerrado. Aún así, el animago estaba bastante nervioso: él seguía siendo humano, no le resultaba natural morder a alguien y mucho menos sorber su sangre… Bellatrix le habló con suavidad:

—No te preocupes, sientes dentro de ti la necesidad de su sangre… La sientes, Sirius, yo la sentí aquella noche en que me cuidaste y me convertí.

El animago asintió casi hipnotizado acercándose al cuello que le ofrecía Julia. Sus colmillos se habían afilado en las últimas horas y, además, seguía tendiendo tendencias caninas…

—Hazlo despacio, acércate más… Muy bien, así —le indicó Bellatrix—. Así, perfecto. Julia te indicará si le haces daño.

La pelirroja no tuvo ninguna queja pese a que no era una sensación agradable (la primera vez nunca lo era). Cerró los ojos, apretó la mano de su novia y antes de que se diese cuenta había terminado. Sirius se separó de ella, se relamió y le dio las gracias.

—Ahora lo que los vampiros responsables hacemos es curarle la herida. Muérdete el pulgar y colócalo en su cuello.

No era una herida como tal, solo la marca de los dos colmillos, pero Sirius obedeció. En cuanto aplicó unas gotas de su sangre, la piel volvió a ser blanca e inmaculada.

—Ya está. Hora de irnos. ¿Tenéis el equipaje? —les preguntó Bellatrix a las muggles.

Ambas asintieron señalando un par de maletas junto a la barra.

—¿Cómo? —preguntó Sirius desconcertado— ¿Ellas también vienen?

—Alguien ha amenazado con suicidarse si no la llevábamos… —comentó Bellatrix mirando a Eleanor con reproche— Así que sí. Ellas vivirán en el pueblo que te digo que hay en el valle, también conseguí una casita ahí.

—¿La conseguiste?

—Sí, asesiné al dueño para alimentarme en mis primeras semanas —reconoció la bruja—. Pero da igual, era mala persona, trataba mal a su gato. El caso es que tenía una casa muy bonita que será perfecta para ellas. Con nuestro dinero, no necesitarán trabajar.

—¿Tú estás de acuerdo, Julia? —le preguntó Sirius a su nueva humana.

—¿Bromeas? ¿Vivir tranquila con mi novia sin tener que trabajar y pudiendo leer y beber todo el día? ¡Es mi mayor sueño!

El animago sonrió y asintió. Cada uno cogió su equipaje y Bellatrix extrajo un traslador en forma de bota. Los cuatro pusieron la mano a la vez y aparecieron en la casa en del valle de Noruega. Era realmente preciosa, con cinco habitaciones, dos salones, tres baños su propio jardín e incluso huerto. Eleanor se echó a llorar y abrazó a su novia y después a Bellatrix.

—Nunca he sido tan feliz —aseguró entre hipidos.

—Me alegro mucho, mi pequeña muggle. Te prometí que no te dejaría sola.

Bellatrix la besó en la mejilla y la dejó con su novia que compartía su dicha. Seguidamente, los Black se marcharon a toda velocidad a su mansión. Sirius hizo un par de comprobaciones: seguía pudiendo ejecutar magia con su varita y también se podía transformar en Canuto (solo que ahora el perro corría a cámara rápida, a Bellatrix le resultaba muy cómico).

—Como imagino que sientes mucha ansiedad, adrenalina y ganas de hacer el salvaje… —empezó Bellatrix desabrochándose la camisa— Creo que tengo la actividad ideal para que te vayas adaptando.

A velocidad sobrehumana, Sirius se quitó la ropa. Bellatrix seguía teniendo más fuerza y energía que él, pero esta vez disfrutaron del sexo durante varios días seguidos. Y así fue por varias semanas. Bellatrix le ayudó a adaptarse estupendamente y Sirius se sentía la criatura más afortunada de la tierra. Una noche, volaron hasta el pico de una de las montañas y se tumbaron en la cima a contemplar las estrellas. Estaba nevado y hacía frío, pero Bellatrix no lo sentía y a Sirius ahora le bastaba con una chaqueta fina.

—¿En qué piensas? —le preguntó Sirius mientras le acariciaba la mano.

—En lo que me contaste de que Dumbledore apareció tras la batalla y ni siquiera quiso saber qué había pasado.

—Ah sí, según me dijo Harry fue como si ya lo supiera, fue raro.

—Estaba pensado… Si Morgana aún vive, quizá Merlín también.

—¿Insinúas que Dumbledore es Merlín? —preguntó Sirius epatado.

—No lo sé, podría ser… En cualquier caso, ambos han aprendido a vivir respetándose y logrando el equilibro del bien y del mal, así que supongo que está bien.

—Es una teoría interesante —murmuró Sirius—. Lo único claro es que Dumbledore es un desgraciado manipulador, se mire por donde se mire.

—Toda la razón —sentenció Bellatrix riendo.

Aunque pronto dejó de interesarles. Hogwarts pertenecía ya a otra vida en la que ninguno de los dos fue realmente feliz, desde luego no como ahora. Encontraron, sin embargo, a Regulus: vivía en Francia con su mujer de sangre pura y dos hijos y tenía un trabajo de Innombrable en el Ministerio. Estaba tan satisfecho con su situación y sus logros, que incluso se alegró de ver a su hermano. Se reconciliaron tras muchos años. Ambos continuaron con sus vidas, pero se escribieron y visitaron con frecuencia.

Las que también estaban pletóricas eran Eleanor y Julia: Sirius les dio el dinero que ganó en su demanda contra Fudge y ellas decidieron montar su propio club nocturno. A Eleanor le encantaba ser la jefa y organizar fiestas y a Julia el alcohol gratis. Como en esa zona la población vampírica era muy alta, pero no tenían ningún bar para reunirse, su local se llenaba cada noche nada más abrir. Pronto amortizaron la inversión y empezaron a obtener pingües beneficios.

En pocos meses, Sirius controló su nueva naturaleza híbrida y disfrutaba de lo mejor de ambos mundos: bebía whisky con Julia y cócteles de sangre sintética con Bellatrix. La vampira se sentía tan feliz de haber encontrado un compañero que ella misma le propuso matrimonio. Antes de que terminase su propuesta, Sirius ya le había dicho que sí tres veces. Se casaron una tarde en una ceremonia mágica a la que solo sus dos muggles acudieron de testigos (ya harían otra más adelante en Londres, no había prisa) y ofició la propia Morgana. Cuando el ritual terminó, se besaron sin parar durante dos horas porque ahora no necesitaban respirar.

—Si Morgana es nuestra madre vampira… —murmuró Sirius esa noche cuando estaban los dos acostados— ¿significa que somos hermanos?

—Pues… Creo que en términos vampíricos sí lo somos. Pero aquí no hay ningún tabú con el sexo ni nada de eso, ya lo sabes.

—Lo sé, pero ¡es perfecto, hemos ido con el incesto hasta el final! ¡Hemos superado a todos los Black!

Bellatrix se echó a reír y confirmó que así era. Eran familia de todas las formas posibles: esposos, primos, hermanos… Además de que Sirius seguía siendo la sangre fundacional de Bellatrix y él el primer humano que le perteneció a ella. Se querían de todas las formas posibles con una intensidad que ninguna otra especie alcanzó jamás. Los vampiros se hacían más poderosos con el paso del tiempo y ellos dos lograron hazañas que nadie antes había creído posible.

Su relación con Morgana mejoró. Bellatrix la perdonó y descubrió que podía conseguir cualquier cosa de la bruja más poderosa de la historia únicamente poniendo su cara de cachorrito inocente. Así que pronto logró que hiciera inmortal también a Eleanor y Julia, que ya eran parte de su familia.

Sirius y Bellatrix viajaron por todo el mundo, criaron dragones sobre los que montaron, exploraron las profundidades de los siete mares, bailaron sobre volcanes en erupción y volaron hasta casi rozar la luna. Y estuvieron juntos, riendo y devorándose, por toda la eternidad.

FIN