¡Disfutadlo!
Capítulo 16.
-Rin, Inuyasha, confesadlo ya -dijo Sango-. Es absurdo que sigáis ocultándolo.
-¿Confesar el qué? -preguntó Kagome, mirándolos a ambos- ¿Qué me estáis ocultando?
Pero ninguno de los dos chicos se atrevió a despegar los labios para hablar.
-Inuyasha y Rin se besaron en la discoteca la noche de la cena -soltó Miroku sin anestesia.
Y los susodichos lo fulminaron con la mirada.
-¡Miroku! -chilló Rin.
-Miroku, morirás... -prometió Inuyasha.
Kagome se había quedado de una pieza, petrificada en su asiento. Sus ojos, desorbitados, miraban justo lo que tenía enfrente, bueno, más bien a quien tenía enfrente, que la observaba igual. Sesshomaru estaba tan sorprendido y consternado como ella.
-¿Q-qué...? -preguntó, con la voz rota y al borde de las lágrimas.
Pero, de nuevo, ninguno de los chicos osó abrir la boca, ni siquiera para defenderse y justificarse.
Kagome se levantó de golpe, tirando la silla al suelo, y salió corriendo para meterse en la casa.
-Kagome ¿qué pasa? -le preguntó su madre al verla marchar.
Pero la chica no contestó, simplemente se tapó la cara para que nadie pudiera ver bien su rostro y se internó en la vivienda. Recorrió todo el hall y se metió en el salón, lanzándose al sofá a llorar.
Sonomi miró preocupada a su marido, dejó la servilleta sobre la mesa y se levantó en busca de su hija. No le costó mucho encontrarla, sólo le hizo falta seguir el sonido de sus sollozos. Se encaminó hacia allí. Kagome la oyó llegar, pues lo tacones resonaban por todos los lados. Sonomó la descubrió tirada en el suelo, con a cabeza enterrada entre sus brazos y éstos apoyados en el sofá.
-Kagome -la llamó, acercándose a ella. Lo primero que hizo fue levantarla, ya que esa imagen de su hija le hizo recordarse a sí misma en una época de la que quería olvidarse de una vez por todas. La enderezó y la hizo enterrar su rostro en su hombro, para que pudiera llorar-. Mi niña ¿qué te pasa? -le preguntó cuidadosamente, abrazándola y acariciándole la espalda.
La chica no podía dejar de sollozar e hipar a causa del llanto. Cada vez que intentaba hablar, sus palabras se entrecortaban por un nuevo sollozo, y conforme avanzaba, más fuertes, intensos y sonoros se volvían éstos.
-Me-me han engañado, ma-ma-mamá... -logró decir.
-¿Quién? -quiso saber.
-I-Inuyasha-sha y-y Ri-rin -musitó.
-¿Cómo?
-E-ellos... E-en la dis-discote-e-ca... -pero su madre no la dejó terminar.
-Cálmate, Kagome -pidió- Por favor, cálmate, porque así no podré entenderte -dijo mientras la sentaba en el sofá, le enjuagaba las lágrimas con los pulgares y le soplaba a la cara- Mi niña, cálmate. No conozco a nadie más fuerte que tú, así que necesito que te calmes para que me cuentes qué es eso tan malo que te han hecho para que te pongas así. Respira hondo -le aconsejó.
Kagome le hizo caso. Cerró los ojos y contó hasta diez varias veces mientras respiraba hondo hasta que su pulso se calmó y las ganas de llorar disminuyeron considerablemente.
-Así, muy bien; inspira, expira -le ayudaba, al tiempo que colocaba una mano en su pecho y con la otra le acariciaba la espalda-. Muy bien mi vida -le besó la mejilla y la sien-, ahora, cuéntame.
Kagome tragó saliva.
-Acabo de enterarme de que Rin e Inuyasha se besaron en la discoteca.
La noticia pilló a Sonomi tan desprevenida como su hija. Cosa normal fue que se quedara estupefacta y boquiabierta.
-¿Cómo has dicho?
-Sí, lo que has oído -confirmó-. Se besaron, y ninguno de los dos me había dicho nada. Bueno, ni ellos ni nadie.
-No lo entiendo... Pero, independientemente de las causas que les hayan llevado a hacer eso, que seguro que hay unas causas, ¿tú por qué te lo has tomado así?
-Joder, mamá. Mi mejor amiga y mi... -pero no supo que decir para describir a Inuyasha.
-¿Tu qué?
-Mi... -se lo pensó unos segundo. Su madre jamás podría enterarse de toda la historia- Mi hermanastro. Mi mejor amiga y mi hermanastro se besan y no me dicen nada ¿te parece normal?
-Pues si.
-¿Qué? -chilló, consternada.
-Si fuera tu novio, lo entendería, pero se trata de tu hermano y de tu amiga ¿Qué problema hay? A no ser que tú sientas algo por Inuya...
-¡No! -exclamó Kagome, antes de que su madre dijera terminara de soltar semejante barbaridad.
-¿Entonces?
Kagome se quedó en silencio y pensó unos segundo en las palabras de su madre. Tenía razón ¿Por qué se ponía así? Era cierto, él era sólo su hermano.
Sí, claro, sólo su hermano...
-Ah, pues tienes razón -contestó, haciéndose totalmente la loca-. No sé porqué me he puesto así. Supongo que serán los nervios, entre la boda y la loca de antes... -acto seguido se arrepintió de haberla nombra al ver como el rostro de su madre se ensombrecía ligeramente- Da igual, estoy bien. Y tú también -corroboró-. Sonríe, mamá, hoy es tu gran día.
-Cierto, mi amor -murmuró, abrazándola y dando las gracias por tener una hija tan valiosa y maravillosa-. Cariño, ¿tú me prestarías tus zapatos?
Kagome miró los pies de su madre y después los suyos propios.
-Es que estos tacones me están matando. Maldigo el día en que acepté que los compraras para hoy -maldijo, quitándoselos y viendo como su hija también se los quitaba para prestárselos-. Gracias, cariño.
-De nada, mamá -contestó sonriendo, al tiempo que se ponía los taconazos de su madre, que le encajaban a la perfección. Qué suerte tener el mismo número de pie.
-Bueno -murmuró Sonomi, levantándose y sintiéndose mucho más aliviada-, quédate aquí unos minutos más y acaba de recomponerte. En cinco minutos quiero volver a ver esa sonrisa radiante en el banquete.
-De acuerdo -respondió, sonriendo. Vio a su madre marcharse, y a los pocos segundos de salir por la puerta, en el umbral de ésta aparecieron Inuyasha y Rin, que se acercaron a ella con el rostro bajo y enrojecido.
-Kagome -fue Rin la que hizo los honores, sentándose junto a su amiga y cogiéndole las manos-, sé que he sido una amiga horrible, pero estaba borracha y me sentía despechada e Inuyasha se parece demasiado a Sesshomaru y...
-Tranquila, Rin -murmuró calmadamente, al ver como su amiga rompía a llorar. La abrazó.
La chica lloró largos minutos en so hombro, hasta que al final se recompuso y pudo volver a hablar de nuevo.
-Cuando te vi llegar con Sesshomaru me enfurecí, y me dio un momentáneo ataque de celos, así que aproveché que me habían sentado junto a Inuyasha para coquetear con él y joderte. En la discoteca, bebimos más de la cuenta, bailamos demasiado pegados y cuando nos dimos cuenta nuestras hormonas actuaron por nosotros y nos encontramos besándonos. Pero te juro que jamás hice nada de eso a drede. Antes muerta -se explicó.
Y Kagome supo que estaba diciendo la verdad. Ahora le encaja todo.
-Yo, Kagome... -comenzó Inuyasha.
-Recuerdo lo que me dijiste al salir de la discoteca. Que Rin coqueteó contigo y tú le seguiste el royo -confesó- Pero ¿por qué me lo ocultasteis?
-Pensábamos que te lo tomarías mal -dijo Inuyasha.
-Y no nos equivocamos -terminó Rin.
Kagome suspiró. Se puso de pie y los miró a ambos.
-Yo también quiero pediros perdón por haberme puesto así y por el escándalo que he formado. Lo siento -se disculpó, enrojeciendo levemente.
Rin se lanzó a sus brazos para abrazarla, y luego Inuyasha las abrazó a las dos. Pero al final, con una alegre sonrisa de alivio, volvieron a la mesa para proseguir con el banquete.
Antes de que se sirvieran los postres y la orquesta comenzara con la música de bailoteo, Kagome le pidió a Rin que la acompañara a hacerse fotografías con todo mundo.
Se acercó a la mesa principal y se hizo una foto con sus padres, otra con sus abuelos, y después de presentarse a los padres de su padre, también se fotografió con ellos. Volvieron a su mesa, y se hizo una foto con cada uno de ellos de forma individual: Sango, Miroku, Sesshomaru, Inuyasha y finalmente con Rin. Se fotografió también con el padre y el hermano de Sango, con su tío, hermano de su madre, y mujer, y luego con sus primas gemelas, e incluso se fotografió con Sonoko, la mejor amiga de Sonomi, y su familia.
Terminó las fotografías justo cuando trajeron la modesta tarta de tres pisos, de la cual comió todo el mundo. El bailoteo siguió al postre. Los músicos de orquesta fueron cambiados por unos enormes altavoces y un "DJ", que se encargó de poner la música más marchosa para que todo el mundo bailara. Y en mitad del baile, Sonomi lanzó su ramo, que por cosas del azar, fue a parar a las manos de Rin.
-¡Enhorabuena, nena! -la felicitó Kagome, acercándose a ella. Un tumulto de mujeres se levantaba en esos momentos del suelo tras lanzarse para intentar coger el ramo. Pero al final fue a parar a las manos de alguien que no lo había estado buscando.
La velada prosiguió sin más altercados, con muchas risas y muchos bailes, incluso canciones, porque hubo un rato en el que la gente se iba pasando el micro para cantar. Pero cuando el micro fue a parar a las manos de Kagome, ella no lo usó para tal fin.
-Por favor, ¿podrían parar la música? -pidió al DJ, el cual la miró confuso, pero la obedeció- Gracias. Eh... Bien... Eh... -esa maldita onomatopeya que aparece cuando te pones nervioso ya estaba comenzando a sonar demasiado por los altavoces, pensó la chica. Así que tragó duro y respiró hondo- Lamento haber detenido la fiesta, pero necesito decir algo -comenzó-. Necesito dar las gracias a Dios, al Karma o a quien sea por haber hecho que la familia Taisho se cruzara en el camino de mi madre, y por lo tanto, en el mío -dijo sinceramente-. Doy gracias por tener como hermanos a Inuyasha y a Sesshomaru -dijo, buscándolos con la mirada-. Sessh -dijo, dirigiéndose a él-, gracias por apoyarme y cuidarme. Siempre has sido amable y cariñoso conmigo, y yo a veces te he tratado fatal por culpa de mi insensibilidad y me egocentrismo. Muchísimas gracias por estar siempre ahí. Te quiero.
El chico atravesó la pista para rodearla con sus brazos y abrazarla efusivamente.
-Inuyasha -lo llamó, buscándolo-, pese a que seas un gruñón grosero, un idiota estúpido, un imbécil insensible y grandioso tonto -le soltó, sonriendo con picardía-, me has demostrado que cuando quieres puedes ser tan atento, amable y cariño como tu hermano -vio como él fruncía el ceño-. Y no, no te estoy comparando con Sesshomaru. Eres único -admitió-; me has enseñado muchas cosas, me has hecho rabiar como el que más, pero también me has hecho reír a más no poder, y, a tu manera, también me has ayudado y apoyado -admitió, mirándolo intensamente, haciéndole saber el significado de esas palabras, los recuerdos que se escondían tras ellas, recuerdos que sólo compartían ellos dos-. Gracias.
Él también atravesó el gentío de la pista y la abrazó fuertemente, acercando sus labios a su oreja y murmurándole un significativo "Idiota", de forma tierna.
-Te quiero -le susurró ella cerrando los ojos fuertemente, correspondiendo al abrazo.
Inuyasha se situó junto a su hermano y Kagome, armada con el micro en mano, se acercó a la mesa principal donde estaban sus padres.
-Papá -comenzó-, no sabes lo mucho que me alegra el poder llamarte así. Y acostúmbrate a escucharlo, porque a partir de hoy te voy a llamar siempre así -informó-. A ti te debo muchísimo más de lo que crees. No sólo eres un hombre genial y un padre maravilloso, sino que tú has sido el único capaz de hacer que mi madre volviera a sonreír, que volviera a encontrarle en sentido a su vida. Desde que apareciste en su vida alejaste toda la tristeza que se había acoplado en ella durante más años de los que yo puedo recordar. Gracias a ti, sus ojos brillaron y su sonrisa se ensanchó. Gracias a ti se acabó el sufrimiento y el dolor -confesó-. Sé que serás un padre estupendo y marido aún mejor. Muchísimas gracias y... -sonrió- cuida de mamá.
-Descuida -dijo con una enorme sonrisa, levantándose de su silla e inclinándose sobre la mesa para agarrarla del rostro y besarle ambas mejillas-. Sé que tú también serás una hija maravillosa. La hija que nunca tuve -le dijo, besandole la frente.
-Y ahora sólo me queda una persona a la que dar las gracias -aclaró, dirigiendo sus ojos a los de su madre- Sí, mamá, quedas tú.
Kagome rodeó la mesa, agarró la mano de su madre y la obligó a levantarse y a subirse a la tarima donde estaba el DJ.
-Señoras y señores, ésta mujer es mi vida -soltó sin anestesia-. Si hay alguien a quien debo darle las gracias desde lo más hondo de mi corazón, esa a ella -admitió, volteando el rostro para estar cara a cara con su madre y mirarla fijamente a los ojos-. Ahora mismo no podría explicar todos los recuerdos que tengo contigo, pues son tantísimos... Mis cumpleaños, los tuyos, todas las noches en las que dormíamos juntas, todas las tardes de charla en el sofá, todas las cenas que preparamos en al cocina... Por todo lo que me has dado, mamá. Por todo ello debo darte las gracias.
Los ojos de Sonomi comenzaron a llenarse de lágrimas.
-Porque es gracias a ti que me he convertido en quien soy -prosiguió-, porque es gracias a ti que nunca me derrumbé, que cuando caía tú me levantabas, me sacudías los pantalones y me dabas una cariñosa cachetada en el trasero para animarme a seguir hacia delante. Siempre estuviste a mi lado, apoyándome, mimándome y cuidándome, dándome más de lo que podías, superándote cada día para dármelo todo y más... Mamá, jamás en todo lo que me queda de vida podré devolverte TODO lo que me has dado, por eso espero que con este simple Gracias que ahora te digo, seas capaz de conformarte. Te quiero muchísimo. Te adoro y te amo -finalizó, viendo como las lágrimas caían en cascada por las mejillas de su madre. Y acto seguido, las suyas también comenzaron a descender por sus mofletes.
Ambas mujeres se abrazaron efusivamente y lloraron de alegría la una en el hombro de la otra, repitiéndose una y otra vez cuánto se querían y lo orgullosas que se sentían y lo felices que eran de tenerse la una a la otra.
Cuando se hicieron las ocho de la tarde, los invitados ya comenzaron a irse. Uno a uno fueron despidiéndose de los novios, los cuales estaban bastante agotados, la verdad. Habían sido demasiadas emociones en un día. Pero su fiesta no terminaba ahí. De hecho, comenzaba después de eso. Una vez todo el mundo se hubo marchado, los recién casados se dirigieron a su habitación, se cambiaron de ropa, poniéndose más cómodos, y procedieron a terminar las maletas, las cuales ya tenían medio -prácticamente- preparadas y terminadas para su maravillosa y ansiada luna de miel. A las nueves ya tenían en la puerta un coche esperándoles para llevarlos al aeropuerto, donde cogerían el pequeño avión privado de Inu No.
-¿Qué? ¿Avión privado? -preguntó Kagome, boquiabierta- Joder... -musitó, viendo como el chófer iba transportando las maletas de sus padres desde el hall hasta el coche.
Sonomi procedió a dar un cálido abrazo y un par de besos a sus tres hijos.
-Portaos bien y no arméis follón, ¿vale? -pidió Sonomi, sonriendo ampliamente- Yo me voy ya para el coche -informó saliendo del lugar-, no tardes, querido.
-¿Pero cuánto tiempo os vais? -preguntó Sesshomaru
-Un par de semanas, más o menos. Quizá se alarga, quizá se acorta...
-¿Dos semanas? -exclamó Inuyasha- Buah, de putísima madre.
-Papá, ¿no crees que es un poco arriesgado que os vayáis justamente esta noche? -le preguntó, acercándose a él para que quedara entre ellos.
-Sí, puedes estar tranquilo. Sonomi ya lo sabe.
Sesshomaru suspiró, aunque no muy aliviado.
Y justo en ese momento entró por la puerta alguien muy indeseable y cuya aparición no era esperada por ninguno de los presentes.
-¡Inu No Taisho! -chilló su ex-mujer, entrando por la puerta, luciendo una fantástica escayola sobre su nariz.
-Mayka, ¿qué haces aquí? ¡Deberías estar en el hospital! -exclamó, dando un paso hacia atrás para alejarse de ella.
-¡Esa maldita niña me ha roto la nariz! -gritó, señalando a Kagome. Inuyasha no tardó en ponerse frente a ella en pose protector- ¡Mira! -chilló, enseñando las radiografías que llevaba en la mano.
Inu No la alejó de los chicos y se internó en el salón con ella, cerrando la puerta tras ellos.
-Mayka, ¿qué quieres? -preguntó Inu No, cansado-. Tengo que irme, mi esposa me espera para irnos de luna de miel...
Unos minutos más tardes, ambos adultos se reunieron en el hall con los adolescentes.
-Chicos, Mayka se quedará aquí unos días -les informó.
La mujer los miraba altiva y burlona.
-¿Qué? -gritaron los tres a la vez.
-Lo que oís -afirmó- Mayka, te hospedarás en la habitación de invitados. Subiendo por las escaleras a mano izquierda -dijo mientras se lo señalaba- tienes tres habitaciones para elegir, así que escoge la que más te guste. Tienes baño propio -le decía mientras la empujaba hacia la escaleras- Ah, y cuídate de acercarte a los niños.
-Te recuerdo que a uno de ellos lo parí yo. Sesshomaru también es hijo mío.
-De eso nada -saltó el susodicho-. Tú no eres mi madre.
-Eso ya lo veremos -dijo Mayka, riendo como una loca y subiendo las escaleras.
Hubiera sido genial para los tres que se hubiera tropezado, hubiera caído y se hubiera partido la crisma. Pero hubiera sido demasiado bonito para ser verdad.
-Y vosotros tres no os metáis demasiado con ella. Dejadla que haga lo que quiera, y si se os acerca, ignoradla. Les he pedido a la cocinera, la ama de llaves y el mayordomo que se pasen por aquí cada día al menos hasta que ella se largue. Las sirvientas vendrán cada dos o tres días, aunque no estaría mal que les echarais una mano -dio un beso en la cabeza a cada uno de ellos-. Portaos bien y si pasa algo llamadnos. Adiós chicos -se despidió, salió por la puerta cerrándola tras de si. El silencio se hizo el rey de la estancia.
Los tres muchachos se miraron unos segundos. Y después, sin mediar palabra, cada uno se fue en una dirección diferente: Sesshomaru a su habitación, Inuyasha al salón y Kagome se dirigió al jardín, a ver como los camareros y las sirvientas terminaban de recoger las mesas.
Al asomarse al jardín, vio que en una de las pocas mesas que faltaban por recoger, estaba Rin, completamente sola, sentada en una silla y con un brazo apoyado en la mesa. Su mentón reposaba sobre ese brazo, y con la otra mano jugueteaba con la flores del ramo de Sonomi.
A Kagome se le partió el alma al darse cuenta de porqué estaba allí, así. Admiraba la fuerza y la entereza de Rin. Había perdido a su familia, y aún así era capaz de seguir viviendo, de seguir sonriendo, de no derrumbarse y querer morir. Estaba totalmente segura de que si a ella le pasara lo mismo, moriría con los suyos.
Muy despacio se acercó a ella y se sentó a su lado.
-¿Qué haces todavía aquí? -preguntó, intentando sonar curiosa.
-Hacer tiempo, supongo -respondió pausadamente, sin alzar la mirada para verla-. No tengo ganas de volver a casa.
No quiero sentirme sola de nuevo, pensó Rin.
-Entonces, no te vayas -soltó Kagome sin anestesia.
-¿Cómo?
-Quédate a dormir esta noche.
-Gracias, pero mañana volveré a la soledad de mi piso, así que prefiero irme ya.
-Pues quédate dos semanas.
-¿Qué?
-¿Qué? ¿Cómo? Chica, no preguntes tanto. A acaballo regalado no se le mira el dentado. Mis padres se largan dos semanas de luna de miel. Te pido por favor que te vengas conmigo a vivir a esta casa durante ese tiempo, porque yo sola con esos dos no lo voy a poder sufrir. Y no sólo con ellos -hizo una pausa al ver el rostro confuso de su amiga- nuestra amigita Mayka, la ex-mujer de papa, se quedarás unos días con nosotros.
-¿Qué? ¿Y eso por qué?
-Ni idea. Se ha presentado aquí justo cuando mis padres se iban, ha montado un pollo y, al final, no sé cómo, ha convencido a papá para quedarse aquí unos días. Espero que se vaya pronto. Y si dormimos las dos juntas me sentiré más segura. Así, al menos, no creo que entre en mi cuarto a apuñalarme con un cuchillo -bromeó, haciendo que Rin riera.
Las horas habían pasado volando. Cuando Kagome se dio cuenta, eran las tres de la mañana. Rin dormía como un tronco junto a ella. Aunque era normal. Se habían pasado la noche en movimiento.
Vieron una película mientras cenaban un combo especial de pizza y palomitas. Después habían sacado el karaoke y se habían puesto a cantar y a bailar. En la habitación de ella estuvieron hablando, riendo como unas descosidas, chateando en Internet, subiendo a la red las fotos de la boda, probándose ropa de Kagome, maquillándose... En fin, las típicas fiestas de pijama que se montan las chicas.
Ahora, después de tanto ajetreo y con el insoportable calor que bañaba la estancia, no podía dormir. Como envidiaba la facilidad de su amiga para dormir, y la profundidad de su sueño. Ahora mismo no habría ser en todo el mundo que pudiera despertarla, ni un ruido, ni un movimiento: nada.
Así que se levantó y se encaminó a la cocina. Abrir la nevera y sentir el maravilloso helor de la cabina le vino estupendamente. Dio un trago al cartón de leche fría y se quedó unos minutos frente a la nevera, fresquita.
Pero alguien la interrumpió, una mano cerró la nevera de un portazo, haciendo que la pobre se ahogara de calor otra vez, y dicho individuo la empotró contra la puerta.
Kagome, quiera que no, se asustó. ¿Y si era la lunática de Mayka que venía a matarla?
No. Esa escena se le hacía conocida. Sólo una persona había hecho eso antes. Con ella. En esa cocina.
-¿Inuyasha? -susurró.
Pero se fijó en un pequeñísimo detalle. Su aura. El aura de Inuyasha era de un hermoso color dorado. Y ese aura, aunque tenía cierto tono dorado, era más que nada rojizo. Como el aura de Mayka.
No me jodas, pensó.
Pero justo en ese momento, un coche cruzó la calle, haciendo que la luz de sus faros entrara por la ventana de la cocina e iluminara por unos segundos el rostro del misterioso individuo.
Y lo que Kagome vio la dejó aterrada.
En esos breves segundo había llegado a vislumbrar un rostro que ella conocía perfectamente. Un rostro masculinamente perfilado Esos ojos entre azulados y grisáceos que conocía tan bien, se habían vuelto de un dorado tan intenso como el oro. El cabello ya no era corto: había llegado a ver como una larga melena caía por la espalda del muchacho. Y en lo alto de su cabeza... ¡había un par de orejas de perro!
-¿Pero qué coño...? -llegó a murmurar antes de sentir como unos labios se posaban de forma violenta y autoritaria sobre los suyos.
Forcejeó con todas sus fuerzas hasta que logró separarse de él. De un empujón lo alejó de ella y se dirigió hacia el interruptor de la luz para prenderla. Se hizo la luz, y Kagome se horrorizó al descubrir que sus teorías eran ciertas. También descubrió que su pelo, aparte de ser más largo, ahora era de color plateado, como el de Sesshomaru y su padre. ¿Qué cojones le había pasado a Inuyasha?
-¿Quién eres tú? ¿Qué has hecho con Inuyasha?
El chico sonrió a medio lado, de una forma tremendamente seductora, dejando a la vista unos afilados colmillos.
-Kagome, soy yo -respondió con calma.
-¡Y una mierda! -chilló, comenzando a correr. Salió al hall y subió los primeros escalones, cuando frente a ella, de la nada, apareció ese extraño Inuyasha cortándole el paso.
-No eres lo suficientemente rápida para huir de mi..
Kagome se escandalizó y gritó de puro terror. Le asestó al chico una patada en la entrepierna y echó a correr escaleras arriba. A duras penas logró llegar a la habitación de Sesshomaru, cuya puerta abrió de par e par
-¡Sesshoma...! -pero se quedó muda al comprobar que Sesshomaru estaba casi igual que Inuyasha.
Él también tenía el cabello largo, más que su hermano incluso, pero no tenía las orejas sobre la cabeza, las tenía a los lateras, pero alargadas, en plan duende. En su frente había dibujada una media luna, y en sus mejillas tenía dos rayas rosadas, como si de cicatrices se tratasen. Su rostro era frío e impasible. Aterrador.
-¿Puede alguien explicarme... -comenzó, respirando hondo. Notaba que se mareada y que las rodillas le flaqueaban- que demonios está pasando aquí?
-Demonios, nunca mejor dicho -comentó Inuyasha, tras ella, que llegó a tiempo para sujetarla antes de que cayera desmayada al suelo.
Kagome despertó a los pocos minutos. La habían estirado en la cama de Sesshomaru y ambos chicos se habían sentado cada uno a un lado de ella.
-Kagome, no te asustes -comenzó Sesshomaru, al ver que, cuando ella despertó, los miró horrorizada-, somos nosotros, Inuyasha y Sesshomaru, somos tus hermanos -corroboró-, y pese a esta apariencia poco tranquilizadora no te vamos a hacer daño -aseguró.
-Por favor... -pidió ella, con voz de súplica- Explicadme que está pasando aquí -se sintió tranquila al notar que la mano de Inuyasha le acariciaba la cabeza, pero le asustó ver esas enorme garras que tenía por uñas.
-Todo se remonta a la era feudal -comenzó Inuyasha-. Nosotros somos descendientes de demonios.
Sesshomaru acarició el rostro de Kagome al ver cómo se estaba alterando.
-Tranquila. No somos seres crueles y despiadados como te han hecho creer. Para nosotros es casi una maldición. Nos gustaría ser normales, pero ya ves que no siempre llueve a gusto de todos -comentó-. Bueno, volviendo al tema: nuestros antepasados demonios tuvieron descendencia, pero la tuvieron con humanos. No es una gran historia, lo único importante es que poco a poco los poderes demoníacos se fueron perdiendo, y nosotros sólo nos convertimos en demonios las noches de luna nueva, como hoy.
-Un segundo -pidió Kagome-. ¿Me estás diciendo que mi madre se ha ido de luna de miel con un demonio? Más aún ¿Mi futuro hermano llevará sangre demoníaca en sus venas?
-Sé que es muy difícil de creer, Kagome, y tú no deberías haberte enterado hasta dentro de un tiempo, pero Inuyasha se vuelve más imbécil de lo que es en las noches de luna nueva -explicó Sesshomaru.
Inuyasha lo fulminó con la mirada.
-¿Mi madre lo sabe?
-Sí.
-Genial... Bueno, entonces supongo que no me quedará de otra que acostumbrarme -susurró, intentando convencerse.
-Claro que sí. No tendrás que verlo, siquiera. Sólo es una noche cada mes. Noche. Nos encerramos en nuestras habitaciones y no salimos hasta el amanecer. No pasa nada. Es más "normal" de lo que crees.
-Sí, bueno... -rió nerviosa- Creo que voy a ir a tomarme una tila, y a dormir, que el insomnio me está jugando malas pasadas... -comentó, levantándose y saliendo de la habitación.
-Si es que eres tonto, Inuyasha -le sarmoneó su hermano.
Inuyasha sólo bufó y salió de la habitación tras ella. La pilló justo antes de entrar a su habitación. La amarró de la cintura y de nuevo volvió a capturar sus labios. Pero Kagome se soltó y le arreó una buena bofetada.
-Inuyasha, aléjate. Ni se te ocurra acercarte las noches de luna nueva, y menos para esto. Somos hermanos, no lo olvides -le soltó en toda la cara, y justo después se internó en la habitación.
Inuyasha gruñó en mitad del pasillo y luego se encerró en su habitación.
¡Hola muchachaaaas!
Perdonadme la tardanza; el capítulo llevaba escrito bastante tiempo, pero se me olvidó subir. Ahora mismo me están pasando demasiadas cosas y no doy a basto, de verdad os pido que me perdonéis. A partir de ahora anunciaros que no sé qué pasarña con el fic, la semana que viene empiezo segundo de bachillerato, y sólo tengo medio capítulo 17 escrito... Por cierto, no quiero que nadie piense que a este fic que le queda poco, porque os lo digo ya: ¡esta historia va a ser larguísimas, o vais aburrir de ella. Pero en fin...
Lo único que me gustaría deciros esque tengo una amiga a la que le gusta muchisimo soñar, y que ¡anda! adora esta historia. Entonces me ha propuesto de reescribirla, cambiar los nombres y mandarla a una editorial, a ver si les gusta y me la publican. ¿Os lo imagináis? Polos Opuestos en papel de libro, pudiendose comprar en las librearías... Sería uno de mis sueños hechos realidad, por supuesto =D Pero en fin, no quiero soñar demasiado, que cuanto más alto vuelas, más duro caes.
Y para la usuaria que no se atrevió a comentarme desde su cuenta, quiero decirte que lamento no haber cumplido tus expectativas. Sólo me gustaría decirte que mi forma de expresión y mi ortografían han mejorado mucho desde los dos años que hace que subí el quinto capítulo de ésta historia. Pero si ni siquiera la trama te interesa, te aconsejo que no continues leyendola (que supongo que no lo habrás hecho).
Un beso muy grande a todas, y muchísimas gracias por vuestro apoyo. Y especiales gracias a Dubbhe por enviarme un mensaje y recordarme que tengo que subir capítulo. Moltíssimes gràcies noia, un petonàs!
PD: Perdón por las faltas ortográficas y/o de expresión u.u'
Se despide una fiel servidora:
Dark priinCess
