Samantha

Comenzaba a notarme más despejada. Ya no estaba tan aturdida como me encontraba al haber salido de aquella cárcel acuática. Lo primero que se hizo cuando yo desperté, fue llevarme a una habitación cerrada herméticamente, durante el trayecto no paraban de comentar el regreso de la más letal de su época, me estaban poniendo enferma ya que seguía sin comprender muy bien lo que sucedía, veía muchos hombres con batas blancas (me supongo que serían científicos o algo parecido) y guardias de seguridad armados hasta los dientes. Me dejaron en una oscura y gris habitación, privada de ventanas o cualquier otra entrada de luz al lugar. Me sentía bastante incómoda sin prenda alguna que llevar encima, hasta que llegaron unos hombres con extraños ropajes metálicos. Me dejaron algo para ponerme, lo agradecí, mentalmente, claro, ya que no me sentía acogida, no sentía que ese fuese mi lugar. Todos salieron y cerraron. Me creía un animal enjaulado a punto de ser pasto de experimentos para grandes jefazos de la industria comercial.

Me acerqué hasta la ropa, que se encontraba bien doblada e impoluta, también había unas robustas botas con un pequeño tacón de cuña. Desdoblé aquel traje y comencé a ponérmelo... éste me recordaba bastante al que usé una vez en... los Juegos... aquellos Juegos que me convirtieron en una asesina. Parecía el traje de los entrenamientos. ¿Por qué me lo daban? Mis días de tributo habían acabado cuando escapé de los Septuagésimo Octavos Juegos del Hambre. Tal vez hayan encontrado la forma de localizarme, pero es imposible, recuerdo que hasta hace nada todo había acabado, ya no existían ni el Capitolio, ni los Juegos, pero este lugar parecía estar hecho por Capitolinos, no logro entender nada de lo que ocurre. Ya estaba comenzando a cansarme, fui directa a la puerta y comencé a tratar de abrirla, y como ésta se me resistía empecé a darle una serie de patadas en la parte inferior. Al instante apareció un extraño señor, que era el que parecía estar al cargo de todo esto, era el único que llevaba un traje de todos los que había visto.

―¿Qué estoy haciendo aquí? Debo volver con mi hermano y...

―¿Con su hermano? Oh... parece que no todo ha salido como esperábamos... Señorita Thor, su hermano... murió.― fue la respuesta. Cuando dijo aquello recordé todo, fue en la rebelión que había organizado... ¿Cómo he podido olvidarlo? No me perdono por ello. Juré vengarlo, que su muerte no sería en vano... He faltado a mi promesa. Parece que los Juegos no me han convertido solo en una asesina, por lo visto también me han convertido en una mujer sin sentimientos algunos.- En la rebelión que usted misma lideró. ¿No lo recuerda? Vaya... parece que vamos a tener que hacerle algunas pruebas para ver que más ha salido mal- continuó aquel hombre, que parecía no haberse percatado de que le ignoraba por completo, estaba demasiado ocupada tratando de contener mi ira.

Se me cogió de forma brusca entre dos guardias a los que se había llamado. Me llevaron por un largo pasillo que parecía no tener fin. El eco de todos los pasos en grupo me estaba poniendo histérica, solo deseaba que parase de una vez. ¿A caso era a mí a la única a la que le molestaba? Me estaré volviendo loca... sin embargo no me extrañaría, estas últimas horas están siendo las más confusas de toda mi vida.

Llegamos a una enorme puerta negra que llegaba de techo a suelo, uno de los guardias se acercó hasta la misma y con una tarjeta metálica activo un panel numérico. El mismo guardia se dispuso a teclear una secuencia de números, tras hacerlo el enorme portón se abrió dando paso a un extraño gimnasio... por algún motivo me sonaba bastante, conocido por completo, esta es… esta es la sala de entrenamiento de los Juegos, la reconozco, no cabe lugar a dudas.

―El proyecto ha sido un éxito, tenemos a Chrysta Clearwater en su pura esencia. Veamos que tal nos ha salido la señorita Thor.― Escuché decir a otro hombre trajeado refiriéndose a una chica morena que se encontraba en el puesto de tiro. Esa chica... yo la conocía, no personalmente... Pero, tal vez de los Juegos... No, no, de los Juegos no, recuerdo a todos los tributos de mi promoción. ¿De qué me suena esta chica? Su cara me es bastante conocida… ¡Ya está! ¡Ya me acuerdo! Ella fue la ganadora de uno de los Juegos del Hambre, de los segundos. Se encontraba en el panel de ganadores del Distrito 12, cuando yo gané los primeros Juegos en los que participé se iba a poner una foto mía en dicho panel, fue entonces cuando la vi. Pero... Si ella ganó los Segundos Juegos del Hambre y yo los Septuagésimo Séptimos... ¿Cómo es que sigue viva?

―Vaya, aquí está, la otra ganadora del Distrito 12― dijo aquel hombre, ya bastante maduro por las manifestadas canas en ambos lados de su cabello.

―¿Quién es?― Preguntó curiosa mientras fruncía el ceño la viva imagen de Chrysta Clearwater.

Antes de darle la oportunidad a aquel octogenario de pronunciar mi nombre, me adelanté y alcé la voz diciendo: Samantha Thor.

Seguí observándola esperando una respuesta que no tardó en llegar.

―Chrysta Clearwater, vencedora de los Segundos Juegos del Hambre.― la frialdad hizo acto de presencia en su tono de voz.

―¿Qué diablos? Eso… no puede ser― mascullaba de manera que resultaste como un pensamiento. ―Samantha Thor, ganadora de los Septuagésimo Séptimos y Septuagésimo Octavos Juegos del Hambre.

―Si es una broma, déjalo, no tiene gracia ― añadió alzando una ceja y con aire indiferente.

Mi aspecto, siempre me hacía parecer débil, seguramente ese era el motivo de que no me haya creído.

―No le miente, fue la ganadora de ambos Juegos… aunque a los Septuagésimo Octavos acudió como tributo como castigo por su osadía al liderar una pequeña rebelión contra el Capitolio. Era una Monican, el clan Rebelde.― Respondió por mí aquel viejo hombre. Tenía boca, podía responder yo solita.

―¿Los Rebeldes no fueron masacrados cuando terminaron los días oscuros?― Insistía ella.

―Digamos que se volvieron a reagrupar tras el segundo bombardeo de los distritos.― Continuaba hablando, no lo aguanté más e hice acto de presencia.

―¡Puedo responder yo a sus preguntas, gracias!

―Creo que ahora me toca preguntar a mí―repuso Chrysta, cruzándose de brazos. Parecía desconfiada como ella sola, aunque a fe de ser sincera, yo me encontraba en una situación muy similar ―Si eres quien dices ser, ¿cómo es que estoy viva?

No pude responder a aquella pregunta, ya que entró una horda de personas vestidos iguales que nosotros… ¿Qué era todo esto? ¿Por qué mencionábamos tanto los Juegos? Todo esto me está empezando a dar muy mala espina.