Samantha
Se trataba de eso, me lo sospechaba, para ser sinceros. Mi vuelta a los Juegos del Hambre era inminente… no me ha quedado muy claro a qué edición de los Juegos, pero era todo un hecho, volvería a ser una tributo; otra vez a poner buena cara a todos aquellos que deseo matar con todas mis fuerzas, de nuevo tendré que aprender a sobrevivir en un medio hostil, alejado de la mano de Dios… si es que existe. Matar a los demás tributos, ver sus caras mientras abandonan este mundo, todo se iba a volver a repetir, con una simple diferencia, esta vez tenía compañera de equipo, la mismísima Chrysta Clearwater, ganadora de los Segundos Juegos del Hambre, era lo único positivo de todo esto, ella debe poseer mucha experiencia, me supongo que los primeros Juegos eran bastante más agresivos y primitivos que estos modernos; debe de saber cómo matar tan solo con la mirada… bueno, tampoco nos diferenciamos mucho. Es cierto, sí, sé asesinar de manera sigilosa, conozco todo tipo de ataques cuerpo a cuerpo y si consigo un arco ya pueden correr todos para salvar la vida, ¿pero he de sentirme orgullosa de ello? Todo eso me servirá de gran ayuda en la arena, sin embargo ese no es mi cometido… ¡Ya estoy harta! Es así de sencillo, estoy harta, cansada, hastiada, saturada de estos malditos Juegos. Esta ya va a ser mi tercera vez en la arena, creo que me merezco un descanso, desde los 15 años he llevado el grupo de supervivientes del Distrito 12, luego me uní al grupo de Monicanos para luchar contra la tiranía de la Unión, los cuales me capturaron y me hicieron participar en los Septuagésimo Séptimos Juegos del Hambre, cuando gané dichos Juegos, sufrí una traición de los Monicanos, los cuales me utilizaron, me volvieron a capturar y de vuelta a los Juegos del Hambre, esta vez es su Septuagésima Octava edición… ¡No puedo con más! Esto es demasiado injusto, demasiado. Todos los días de mi vida luchando por sobrevivir, día tras día, tras día, tras día, tras día… Así hasta que me muera, me imagino. Acéptalo Samantha, has nacido para matar, ese es tu único cometido en este asqueroso lugar.
Yo sigo preguntándome lo mismo, esa pregunta que me tortura, la cual no tiene respuesta: ¿cómo he vuelto aquí? No me acuerdo de absolutamente nada, está todo en blanco, como si hubiesen hurgado dentro de mi cerebro y hubiesen borrado los últimos años, a excepción de todo lo referido a los Juegos del Hambre.
Otra cosa que no me quito de la cabeza es como Chrysta Clearwater continúa con vida, tan joven… como si el tiempo no hubiese pasado para ella, como si fuese inmortal. ¡Maldita sea! Me estoy volviendo loca cada segundo que pasa, necesito respuestas, son demasiadas preguntas, la mayoría de ellas incoherentes y completamente fuera del tema de los Juegos, pero ahí están, molestando en mi cabeza, la cual siento como un vaso vacío, sin nada dentro. Sé que hay algo, no sé el qué, pero hay algo que debo recordar, debo traerlo de vuelta, pero no algo me impide llegar hasta ello, como si estuviese bloqueado y necesitase una clave para acceder a lo que sea que debo recordar. ¿Qué me han hecho? Siempre he tenido las cosas muy claras en mi mente, ahora es completamente diferente, como si fuese un huésped dentro de mi propio cuerpo, desconocida para mí misma, es exactamente eso, no me reconozco, no sé quién soy, porque esta mujer que veo no soy yo en absoluto.
Chrysta
Cuando aquella mujer que se hacía llamar a sí misma presidenta nos comunicó el cometido por el que se nos había reunido casi sentí como las piernas me fallaban, al tiempo que notaba como el calor escapaba de mi cuerpo. Se me hacía algo extraño que el simple hecho de volver a la arena me diera tanto pavor, cuando de hecho me había presentado voluntaria para ir a los Segundos Juegos del Hambre. Claro que en ese momento yo no sabía lo que era estar en los Juegos, lo que era tener que convivir con la muerte día a día, luchando con todas mis fuerzas por sobrevivir. Había visto morir a mi mejor amigo en mis propios brazos; había padecido hambre y frío, y en más de una ocasión estuve a punto de morir. Casi se podría decir que había salido viva de puro milagro, pero ahora veía que todo había sido en vano, que de nuevo tendría que volver.
¿Tenía miedo? Antaño no, pero ahora por mis venas corría el temor ante lo que me esperaba, un temor que me esforzaba en ocultar tras mi habitual máscara de frialdad e indiferencia, como había venido haciendo desde que mi hermano falleció en los Días Oscuros.
Puede que fuera un tanto irónico que estuviera asustada ante algo que, en el fondo, había deseado desde que volví al Capitolio durante mi Gira de la Victoria. No olvidaba como aquella primera noche que pasé en el mismo, cuando fui entregada a aquel hombre que pagó el precio marcado por el presidente Ice por mi compañía, deseé desde el fondo de mi alma poder volver a ser una tributo, poder volver a tener algo que me motivara a actuar, como hiciera en el pasado la idea de los Juegos. Y ahora veía ese sueño cumplido, aunque no era como lo había venido imaginando; podía comprobar que una vez que ese deseo se veía cumplido no era tan hermoso como pudiera haberme parecido. Había visto a todos esos tributos que habían congregado para la ocasión, a cada cual más feroz. ¡Hasta Seaview, a la que empecé a considerar casi una amiga durante mi paso por su distrito en mi Tour se encontraba allí! Y Sunset… ¿cómo es que ella estaba entre nosotros? Sunset estaba muerta, yo misma la maté al final de mis Juegos, vi como su cuerpo colapsó sobre la nieve con mi cuchillo clavado en su garganta.
Lo cierto era que los demás tributos suponían otro desconcierto más, sin contar con la idea de ir a los Juegos. No entendía por qué Sunset o Silk, mi vieja aliada la cual falleció por caer al mar al quebrarse el hielo, se encontraban con nosotros, del mismo modo que me traía de cabeza esa tal Samantha, que se decía ganadora de los septuagésimo séptimos Juegos. Supuestamente, estábamos aquí para celebrar los duocentésimos pero, ¿cómo era posible que hubieran pasado casi doscientos años? Y si habían pasado, ¿cómo es que estaba viva? ¿Cómo era que no tenía recuerdos más allá del final de mi Gira de la Victoria? Ni siquiera era consciente de haber vivido los Terceros Juegos, los que me tocarían experimentar como mentora. Algo raro estaba pasando, pero no se nos había dicho nada al respecto, lo cual era aún más desconcertante. Me sentía como un ratón al que hubieran decidido usar como un experimento.
Pero por mucho miedo que sintiera, por muchos recelos que me royeran el cerebro, no dejaba de ser Chrysta, no dejaba de desear volver a alzarme con la victoria, como hiciera en el pasado. Jack había muerto para salvarme la vida, no lo podía olvidar con toda facilidad, y lo mínimo que podía hacer para honrar su memoria era tratar de sacarle el máximo provecho a su regalo. ¿De qué habría servido que se sacrificara, aceptando en su pecho el cuchillo que debería haberme matado, si al final iba a acabar muriendo en otros Juegos? Por diferente que fuera la ocasión en la que ahora me encontraba, por lejanos que pudieran ser ya mis Juegos del Hambre, volvía a ser una tributo, y como tal debía actuar. Tenía que empezar a preparar las estrategias, a pensar en mis rivales, a planear la victoria… al menos de ese modo no pensaría en esas inquietantes preguntas que rondaban por mi mente y a las que nadie parecía tener una respuesta.
Las prioridades que tenían eran obvias: entre ganar o adivinar qué era lo que estaba pasando, prefería ganar; luego ya podría hacer todas las cuestiones que deseara. Pero si moría, esas preguntas nunca serían formuladas.
Aquí os traemos un capítulo más, donde hemos intentado mostrar lo que sienten nuestras chicas ante la idea de enfrentarse otra vez a la arena. Hemos visto que Clove ha tenido bastante buena acogida, y os aseguramos de que va a aparecer bastante, pero no diremos más ;)
Aprovecho para señalar de parte de The Secret Girl que deberíais leer ambos fics antes de empezar con este, porque lo más seguro es que acabaríais liándoos. Tened en cuenta que en localización temporal, este fic continúa a los que ambas hemos escritos de cada personaje, y como que puede ser tedioso tratar de asimilar tanta información de un sopetón.
También me parece conveniente recalcar algo que aunque parezca absurdo, es importante; aunque el fic se esté publicando en mi cuenta, las autoras del mismo somos DOS, The Secret Girl y yo.
¡Nos leemos!
