…El Sonido del Silencio…
CAPITULO III: TAC
Sonido: Fenómeno de propagación en forma de ondas elásticas, generalmente a través de un fluido (u otro medio elástico) que esté generando el movimiento vibratorio de un cuerpo
Cuando despertó, Hanamichi se sentía algo mejor. Se sentía algo inseguro y se incorporó con sumo cuidado pero aliviado se dio cuenta que el mundo parecía haber dejado de dar vueltas. En la mesita de noche había una bandeja con el desayuno y una nota de su madre.
"Tómate esto y la pastilla para el vértigo antes de levantarte.
He llamado al instituto para avisar que no irías hoy.
Al mediodía te recogeré para ir al hospital. Tenemos hora con el doctor a primera hora de la tarde.
Dúchate con cuidado. Si todavía estás muy mareado espérate a que llegue yo.
Te quiero.
Mamá"
Obedientemente se tomó las tostadas y el zumo, y con él la pastillita amarilla. No sabía si el mareo se había dio por efecto de la pastilla de la noche anterior o porque el ataque había cesado sólo, como el doctor dijo que haría. Pero estaba aliviado de ver que el mundo seguía estático a su alrededor al levantarse de la cama.
Se dirigió directo al baño. Cuando se vio en el espejo se sobresaltó. El ojo, que le costaba de abrir, estaba rodeado por un enorme moratón que estaba empezando a ponerse amarillo. Ambos labios algo menos hinchados que la noche anterior estaban claramente abiertos, pasó la lengua por encima de las heridas y el inconfundible sabor metálico de la sangre inundó su boca. Cuando se sacó la camiseta entendió el espanto en la voz de su madre la noche anterior. Su torso era una superficie blanca moteada con manchas irregulares de color entre azulado y verde amarillento de distintos tamaños. Era increíble que con esa sarta de golpes no le hubieran roto nada, o peor le hubieran dañado la espalda de nuevo. De todos modos tenía toda la musculatura dolorida.
—Nadie va creer que me caí —dijo suspirando al acabar de desnudarse.
Tenía las rodillas raspadas, un morado en una de las espinillas, un tobillo hinchado y otro morado enorme en uno de los muslos. Estaba literalmente hecho un cromo.
Despacio se metió bajo el agua tibia y dejó que ésta le recorriera toda la piel magullada relajando a su paso la musculatura dolorida. El agua le pareció una bendición.
Tras secarse se puso despacio crema en todos los hematomas que tenía. Se miró en el espejo y se dio cuenta que parecía un gato relamiéndose la heridas.
Siempre que pensaba en gatos le venían a la mente los ojos de Rukawa, con su fría mirada gatuna, llena de fuerza y superioridad.
Estando solo no tenía que disimular cuan abatido le dejaba pensar que nunca podría superarle. Desde que puso los ojos encima de ese arisco jilipollas sólo había querido poder dejar de sentirse tan idiota y patoso como le hacía sentir. Verse magullado y hecho polvo no le ayudaba en nada a luchar contra ese sentimiento de inferioridad apabullante. Todos sabían que Kaede Rukawa era el puto amo en la pista, él también lo sabía, y no es que quisiera quitarle el sitio, bueno sí lo quería, solo que se habría conformado con que alguien le respetase a él también.
Sabía que en el equipo ya no le consideraban un estorbo, pero de ahí a que pensaran que era bueno había un trecho muy grande que cada vez que Rukawa le hablaba se hacía más evidente. Eso era lo que le sacaba de quicio del moreno en realidad. Todos pensaban que era por Haruko. Pero era evidente que después de un año hasta él se había dado cuenta que ella nunca le miraría como le hubiera gustado. No era por ella por lo que se peleaba con Rukawa constantemente.
—Es por él —murmuró dándose una última mirada en el espejo. Pero no sería él quien les sacara de su error, pues hacerlo sería admitir el complejo de inferioridad que sentía. Y antes se dejaba matar que admitirlo en público.
Todavía con movimientos lentos volvió a la habitación y se vistió.
Su madre llegó como le había dicho al mediodía. Se cambió del uniforme del trabajo y emprendieron el camino al hospital.
A ninguno de los dos les gustaba ese lugar. Les traía malos recuerdos. Por eso ambos estaban tensos, callados, cada uno sumido en sus pensamientos.
Lo primero que le hizo el médico fue explorarle de nuevo. Como ya había ocurrido antes el doctor no se sorprendió mucho con la rápida recuperación de los golpes que Hanamichi tenía por todo el cuerpo.
Luego le hizo poner un pijama de hospital y le explicó lo que era un TAC y lo que le harían durante el proceso. A Hanamichi le tranquilizó un poco que el doctor le hablara claro y sin tapujos y no como si fuera un niño pequeño.
Poco después se lo llevaron. Estirado en la camilla vio a su madre quedarse en la sala de espera con la mirada compungida. Ella estaba más asustada que él, y eso le preocupó. Así que sin pensárselo dos veces e ignorando por completo los carteles de silencio de las paredes, se incorporó y le gritó mirando atrás para verle:
—Tranquila mamá solo me van a hacer una sesión de fotos del cerebro. Todos caerán rendidos al ver mi maravilloso cerebro de Tensai —cuando la vio sonreír por las estupideces que le estaba gritando se tumbó de nuevo sintiéndose un poco mejor.
El enfermero que empujaba la camilla le miraba con el mismo tipo de miradas que le echaba Rukawa habitualmente.
—Dilo —le murmuró enfadado—, no te cortes, ¿estás pensando que lo que van a encontrar es un cerebro para estrenar o algo así no? —dijo entre dientes sintiéndose menospreciado.
—No —le respondió él joven al cerrarse las puertas del ascensor y quedarse solos.
Hanamichi esperaba que el chico le dijera qué era lo que pensaba pero calló y ni siquiera le miró.
La prueba reveló que no tenía problemas en el lóbulo temporal debidos al golpe, que era lo que preocupaba al doctor. Aunque sí se apreciaban acumulaciones de líquido en el oído interno izquierdo, confirmando el síndrome de Méinère.
Luego de eso le llevaron a rayos X para asegurarse que no tenía nada roto en el tobillo.
Después de eso, cuando ya casi llevaba dos horas entre que esperaba en el pasillo por las pruebas y se las hicieron, una enfermera le encerró en un box de urgencias y le dejó allí. Poco después apareció el doctor con los resultados de la prueba en la mano, acompañado de su madre.
Les dijo que lo más preocupante, que era que Hanamichi tuviera un hematoma en el lóbulo temporal o alguna acumulación de líquido en el cerebro, había sido descartado con el TAC. Pero que de todos modos le gustaría ingresar a Hanamichi a la clínica para poder hacerle más pruebas durante todo el día siguiente para determinar el alcance y gravedad del vértigo que sufría.
Hanamichi pidió poder ir a dormir a casa para volver el día siguiente, pero entre su madre y el doctor le convencieron que debería hacer lo que el médico decía.
Así fue como media hora más tarde, todavía vestido con la bata verde abierta por detrás, fue subido a una habitación por el mismo camillero que le había llevado a hacerse el TAC.
—Si necesitas algo aprieta éste timbre y vendré.
—Gracias —dijo algo incomodo Hanamichi.
Estaba algo asustado por tener que pasar la noche en el hospital. Su madre había vuelto a casa a por su pijama y neceser, y no volvería hasta la hora de cenar.
—Lo siento pero la tele de ésta habitación no funciona así que no hace falta que le eches monedas. Volveré en una hora para traerte la cena.
Hanamichi se tumbó en la cama y miró a la ventana. La vista de la pared de enfrente era bastante deprimente, sobretodo ahora que estaba oscureciendo.
Antes de darse cuenta el enfermero ya se había ido de la habitación dejándole solo.
De repente sintió como si las paredes se le fueran a caer encima. Esa pequeña habitación de hospital era deprimente y estar solo no le ayudaba nada.
Angustiado se levantó y salió al pasadizo. No había nadie cerca. Vio al final una sala de espera vacía con un gran ventanal y sin pensarlo se dirigió a ella.
Había muchas sillas, una máquina de café y otra de refrescos. Se sentó cerca de una ventana y contempló el parque que se veía debajo. El sol se escondía detrás de los edificios tintando el cielo de color naranja.
Cuando el sol hubo desaparecido y ya solo podía ver las luces del tráfico de la calle de abajo Hanamichi se levantó y se dirigió a su habitación de nuevo. Había cogido frío andando solo con esa bata de manga corta.
Pocos minutos después de meterse en la cama para entrar en calor llegó su madre con el pijama. Cuando salió del baño con el pijama puesto el enfermero de antes le estaba dejando la cena en la mesa.
—Gracias —dijo su madre.
Hanamichi no dijo nada, solo se miraron con el enfermero y éste se fue a acabar de repartir las cenas de toda la planta.
La comida estaba horriblemente insulsa. Uno de los requisitos del doctor había sido comer sin sal. Para ayudar a eliminar la retención de líquido en el oído que le había provocado el ataque de vértigo. Y lo peor de todo era saber que a partir de entonces debería cuidar su dieta si no quería padecer otro ataque de vértigo.
Pero no pudo protestar pues su madre se lo hizo comer todo. Todo menos la gelatina que tan poco le gustaba.
Después de cenar su madre le dijo que tenía que irse a casa.
—Mañana haré como hoy, iré a trabajar por la mañana mientras a ti te hacen las pruebas y vendré al mediodía. Con un poco de suerte por la tarde ya estaremos en casa, ¿de acuerdo cariño? —le dijo levantándose de la silla donde había estado haciéndole compañía.
—Sí.
—Haz todo cuanto te digan los médicos mañana, ¿de acuerdo? —le dijo y le dio un beso en la frente.
—Que sí mamá.
—Y cepíllate los dientes antes de acostarte —dijo desde la puerta.
—¡Mamá! —exclamó Hanamichi exasperado por su madre.
—Vale, vale, ya me voy —dijo ella poniéndose el bolso al hombro—. Que duermas bien cielo.
—Tú también mamá —dijo él viéndola marcharse.
Pero no tuvo tiempo de pensar en qué podía hacer para pasar el rato hasta que le entrara el sueño que la puerta de la habitación se abrió de nuevo.
—¿Has terminado? —le preguntó el enfermero mirando la bandeja de comida con la gelatina todavía intacta.
—Sí.
—Bien. Intenta dormir, mañana por la mañana te levantaremos temprano.
—Ya…
Entonces sí que se quedó solo en la habitación. Había pensado en salir a la salita de espera otra vez durante un rato, pero luego pensó en lo dicho por el enfermero e intentó dormirse.
No le costó tanto como imaginó. Los nervios pasados durante todo el día le habían dejado agotado.
... continuará ...
Grissina: A las que me habéis dejado reviews, quiero agradeceros vuestras palabras.
A la pregunta de a quien ama Hanamichi... evidentemente la respuesta no os la daré ahora. Os tocará sufrir con mi querido pelirrojo. Sorry. ;P
Gracias por leer, gracias por comentar, gracias por los ánimos. Espero que os guste.
