Samantha

Todo estaba siendo exactamente igual a las anteriores veces; la elección de tributos, el desfile, los entrenamientos, las entrevistas, y por último…, los Juegos. No había nada en especial que lo hiciese diferente, sin embargo esa sensación de que todo era completamente desconocido para mí se arraigaba más y más. Pero no tenía ningún miedo, he ganado dos veces los Juegos valiéndome de mi astucia y de mi fuerza. Mis plenos conocimientos en armas y estilos de combate me darán ventaja sobre el resto de los tributos, eso puedo asegurarlo, ¡qué diablos!, puedo incluso afirmarlo. Samantha, ¿por qué esta desconfianza de pronto? En los Septuagésimo Séptimos Juegos del Hambre me alcé con la victoria con un simple juego de manos para torcerle el cuello a Slade, de nuevo aquí presente en los Juegos. He sido la que más bajas se atribuyó en su promoción, la ganadora… Entonces… ¿de dónde procede ese temor a una posible derrota? Lo mejor será mantener la mente fría, recordar que una vez prometí vengar la muerte de todos aquellos que lucharon a mi lado y estuvieron siempre conmigo: Craven, Daniel, mi hermano… Trevor…

El desfile de tributos había finalizado, ya habían terminado de exponernos como a trofeos de sus dichosos Juegos. Aquellos gritos de fervor que pronunciaban mi nombre como si se tratase de su salvadora me ponían enferma, me producían asco, repugnancia… El resto de tributos parecían bailar entre tanta hipocresía, habían olvidado que todo era pura ficción y apariencia. Incluso mi compañera de distrito saludaba sonriente al público, como si hubiese olvidado de dónde venimos. Es cierto que tu actitud frente al público y su aceptación hacia los tributos puede conseguir más o menos patrocinadores, pero me resulta imposible saludar aunque sea con una mirada esquiva a la gente que bombardeó mi distrito, que asesinó a mi madre y a mi hermano y me arrebató al único hombre por el que una vez pude llegar a sentir algo. Si el desfile me iba a ayudar a conseguir patrocinadores realmente me daba igual, solo quería que los Juegos comenzasen de una vez para matarlos a todos y poder olvidarme de todo este infierno. Si lo que querían era un espectáculo como nunca antes lo habían visto, bien, lo tendrán. Se arrepentirán de haber despertado a la asesina que ellos mismos se encargaron de crear, pero que les resulta imposible de parar.

Una vez que abandonamos el Círculo de la Ciudad se nos encerró en el Centro de Entrenamiento, donde dedicaríamos la mayor parte de nuestro tiempo a perfeccionar nuestras tácticas de sigilo, asesinato, supervivencia y de cacería.

Sin darme yo cuenta, unos robustos guardias (de aspecto bastante diferente a los que había cuando me sacaron de la cápsula acuática) me dirigieron a un ascensor que se encontraba al final de un pasillo iluminado hasta la saciedad, de la misma manera venía mi compañera de distrito, esa chica morena con aires de superioridad. Ambas nos dirigimos una mirada fría a la vez que forzada. Dentro del ascensor el silencio era bastante incómodo, se oían algunos que otros suspiros sin llegar a pronunciar palabra. Ella se seguía mostrando igual de distante, aunque no era eso lo que me sacaba de quicio, sino esa altanería que va de la mano con ella. Mientras yo la miraba de reojo, ella alzaba constantemente la ceja y con la mirada al frente. Me molestaba tanto su actitud que empecé a apretar bastante los dientes aguantándome las ganas de responderle a lo que me dijo antes del desfile.

Las puertas terminaron por abrirse y dejaron paso al enorme salón del Distrito 12. La verdad es que nuestra planta estaba bastante bien acomodada, y al ser la última de todas gozábamos de una vista que los demás ni soñaban.

―Aquí estáis― comentó un hombre de cabello color chocolate y ondeado. El tono de su voz resultaba tranquilizador y sereno… debía de ser nuestro mentor, aunque lo ponía en duda bastante, ya que ese color azul que tiene en los ojos es bastante intenso, impropio de mi Distrito.

―Sí, por fin llegamos… ha sido el viaje en ascensor más largo de toda mi vida, eso debería ir más rápido― expresé mi molestia, la cual iba realmente dirigida a mi compañera.

―Podrías haber subido andando si piensas que vas a correr más― soltó de pronto Chrysta.

De acuerdo, esta chica está a punto de conocer a una Samantha que nadie ha visto nunca, y no le va a gustar.

―Escucha, si te crees que por ser mayor que yo vas a poder soltarme comentarios como ese, vas lista y…

―Vaya, veo que hay chispa entre vosotras dos, eh.― El mentor del Distrito paró la "conversación" antes de que llegase a mayores, y de hecho, lo iba a hacer.

―Vuelve a hablarme así y te juro que te corto el cuello- me espetó Chrysta echando mano del cuello de mi vestido, antes de que aquel hombre la sujetara con firmeza, haciendo que esa loca se revolviera, como si estuviera incómoda. No lo pude evitar y ese agarrón de cuello terminó por hacer desvanecer la poca cordura y paciencia que tenía hasta el momento. Preparé el mejor de mis puñetazos dados hasta ahora y lo dirigí hacia su cara, este fue interrumpido por el ágil, veloz y corpulento brazo del mentor.

―¡Esta te la guardo para la arena!― bramó la chica ―¡No pienso dejar que pases del baño de sangre!

Maldita loca, me hace perder la cabeza. Nunca antes había intentado agredir a un compañero de distrito, ni siquiera al anterior que tuve, en los Septuagésimo Octavos Juegos. Solo una situación ha tenido un parecido con esta, y fue en los entrenamientos con Cindi Know, pero al menos aguanté hasta los entrenamientos, esta mujer no me ha dejado siquiera llegar a mi habitación.

―Buenos reflejos, saco de boxeo― me dirigí algo más calmada hacia el mentor.

―Tienes que tenerlos, y bien agudizados… sobre todo si quieres sobrevivir a los Juegos, por cierto, tal vez ya os lo imaginabais, soy vuestro mentor, me llamo Bradley y se supone que debo asegurar vuestra victoria, para ello necesito saber lo que tenéis pensado.

―Creo que si me conoces lo suficiente sabrás que yo voy a ir con los profesionales― señaló Chrysta con el ceño fruncido.

Me lo imaginaba, no querría hacer alianza conmigo, pero yo tampoco con ella, no la veía necesaria para ganar… Más bien la veía como un estorbo, seguro que ganó sus Juegos por pura suerte.

―Yo voy en solitario, así de sencillo.

Bradley no quiso hacer más esfuerzos en intentar que aunáramos fuerzas para ganar, lo veía inútil, del mismo modo lo veía yo. Siempre he ganado sola y pienso seguir haciéndolo.

Subí las escaleras de mármol hasta mi habitación, lo mismo hizo Chrysta, cerrando de un portazo al entrar. Al abrir mi puerta, nada más entrar, me tiré en la cama y disfruté durante unos segundos de la comodidad de aquella cama tan blanda, que se hacía a la forma de mi cuerpo proporcionándome el mayor conforte posible. Luego, algo más calmada y menos encolerizada, me quité el dichoso vestido del desfile y me puse algo del inmenso armario repleto de ropa. Volví a tirarme en la cama con la intención de despejarme un poco, pero toda mi mente se encontraba repleta de pensamientos sobre los Juegos anteriores y por venir. Sentía que mi único cometido era existir para ser tributo y nada más; entrena, coge tu arco y mátalos a todos, en esas tres sencillas pautas se podía resumir mi vida. Mientras seguía dándole vueltas a todo en mi cabeza, me iba dejando adormecer, tal vez fuese lo mejor, dormir y esperar que todo sea una terrible pesadilla. Cerré los ojos y poco a poco fui abandonando mi cuerpo, todo se quedó oscuro y frío…

Al llegar la mañana lo pude comprobar, todo era real, no se trataba de una pesadilla. Estaba realmente de nuevo en los Juegos, ya lo iba asimilando mejor.

Hoy comenzaban los entrenamientos, donde nos iban a enseñar cosas que ya todos sabemos de memoria y podemos ejecutar a la perfección. Sí, básicamente hoy haríamos durante varias horas ejercicios inútiles que supuestamente nos ayudarán a sobrevivir.

Saqué del armario el impoluto traje de tributo, este tenía acomodado en cada hombro unas elegantes rayas rojas y grisáceas, con el número 12 en la espalda y en ambos brazos, de resto era negro y parecía bastante ajustado, me lo puse y salí de mi habitación. Al bajar las escaleras observé a Bradley conversando con una mujer de aspecto extravagante: pelo en diferentes tonalidades tales como azul, verde y rosa. Ropa metálica en rojo chillón y altos tacones de plataforma, ya por descarte esa debe ser nuestra escolta. Me percaté de la ausencia de mi irritante compañera.

―¿Dónde está la otra chica?― pregunté sin bastante ánimo.

―Salió bastante temprano a entrenar. Deberías ir también.

¿Me ve vestida así y me dice que debería ir a entrenar? ¿Qué se piensa? ¿Qué voy a limpiar los retretes de todas las habitaciones y después a sembrar al campo? Si ganó los Juegos en su época, los ganó porque el resto de tributos se suicidarían.

Ya me encontraba bajando en el ascensor, me estaba preparando mentalmente para tratar con el resto de tributos, la mayoría de ellos seguramente tendrían un egocentrismo único, por no decir todos. Ni se me pasaba por la cabeza aliarme con nadie, lo veía una pérdida de tiempo, intentar ganar juntos siempre ha salido mal y no iba a hacer ahora el intento.

Cuando llegué al gimnasio ya había una gran cantidad de tributos entrenando en los puestos de lanzas y espadas. Observé a los profesionales entrenando en el puesto de espadas. Esa tal Clove es buena, se mueve bastante rápido, debo tenerlo en cuenta. Por otro lado, veo a Chrysta entrenando con los cuchillos y a pesar de que me caiga como una patada en los traseros, he de admitir que tiene una habilidad increíble y una puntería inmejorable.

Por suerte, el puesto de tiro con arco se encuentra solo. Corro hasta allí y me atribuyo un arco situado en una mesa acristalada, luego cojo una flecha y la coloco sobre la cuerda. Ya tengo el centro de la diana fijado, tenso y disparo. Justo en el centro, ya estoy acostumbrada a esto. Sigo disparando flechas durante un buen rato hasta que me fijo en que Chrysta abandona los cuchillos y se junta con una chica rubia y de piel bastante pálida, ¿se aliará con esa chica? No la he visto hacer nada en los entrenamientos, se estará reservando para la arena.

Dejo el puesto de tiro con arco y me dedico a observar a los otros tributos, ver con qué se dominan mejor e ir memorizándolo para poder aprovecharlo en los Juegos. De momento nadie parece tener ninguna habilidad del más allá; cuchillos, arcos, espadas y lanzas, es todo lo que veo. Seguramente ninguno se haga a la idea de que aparte de dominar el arco podría asesinarlos con un simple toque en la garganta, perfecto, un punto a favor.


Aquí os traemos otro cap. Aprovechamos para agradecer los RR recibidos, tanto The Secret Girl como yo. Personalmente, (y hablo solo por mí misma) me ha molestado algo que se tache a Chrysta de "presumida". Chrysta no es una presumida porque sí, simplemente es orgullosa, que no es lo mismo.

También señalo algo que nos molesta ya no solo a mí, sino a ambas autoras. No olvidéis que este fic está siendo escrito por DOS PERSONAS, aunque se esté subiendo en esta cuenta. A la hora de comentar, no pongáis "sube pronto" o "escribes bien" porque nos da la sensación de que solo una se está llevando el mérito, y esto es un trabajo conjunto.

¡Nos leemos!