…El Sonido del Silencio…
CAPITULO VII: Ginta
Todo lo que se llama estudiar y aprender no es otra cosa que recordar.
Platón (427 AC-347 AC) Filósofo griego.
—¿Y tú qué hijo, no hay ninguna de esas chicas que te guste? —le preguntó su madre cuando entraban en la autopista.
—¡Mamá! —exclamó de nuevo Hanamichi avergonzado.
—No me digas que no hay nadie que te guste Hanamichi.
—¡Pues no, no lo hay! ¡Además eso no es asunto tuyo! —exclamó azorado. Aunque no estaba muy seguro de porqué.
—Está bien, ya veo que no quieres hablar de eso. Debe de gustarte mucho si te da tanta vergüenza contármelo.
—No me gusta nadie —dijo Hanamichi deseando llegar ya a donde fuera que estuviesen yendo para poder salir del coche y huir de las preguntas de su madre.
—Claro que sí, lo que pasa es que no me lo quieres contar. Pero tranquilo hijo estás en tu derecho de guardar silencio.
Hanamichi así lo hizo y durante un buen rato estuvieron ambos callados de forma incomoda.
—Cuando yo conocí a tu padre tampoco quise contarle nada a tu abuela —comentó su madre pasados muchos minutos de forma casual, como si esa frase salida de la nada formara parte de una conversación que hubieran estado teniendo durante el largo silencio.
—¿Por qué? —preguntó con curiosidad Hanamichi. Su madre casi nunca le hablaba de su padre, y mucho menos de cuando eran jóvenes. Aun cuando el repentino cambio de tea de su madre le confundió no quiso dejar pasar la oportunidad de oírle relatar una parte de su pasado.
—Por lo mismo que tú. Me daba vergüenza.
Hanamichi estuvo a punto de decir que él no tenía vergüenza, o que no le contaba nada porque no había nada que contar, pero su madre siguió hablando y prefirió no interrumpirla.
—Mi madre siempre me decía que de mayor me casaría con un vecino nuestro que era un par de años mayor que yo. Era un chico de una familia más acomodada que la nuestra, era alto y apuesto y siempre me había tratado con mucha amabilidad.
»Lo cierto es que durante mucho tiempo yo misma pensé como ella, deseaba que él me pidiera salir juntos, pues era muy agradable. Y es curioso porque Ginta era un chico bastante arisco con los mayores e incluso con mis hermanos y tampoco parecían gustarle los niños, pero en cambio conmigo era amble y me hacía sentir especial.
Hanamichi oía hablar a su madre muy atentamente, y no podía imaginársela como una cría enamorada de un galán de telenovela. Ella siempre había sido demasiado activa como para ser la típica heroína de las novelas románticas, pero no dijo nada.
—Cuando fuimos lo suficientemente mayores nos hicimos amigos, y todos esperábamos que de un momento a otro nos haríamos novios.
—Pero entonces conociste a papá —dijo resuelto Hanamichi.
—¡Ui no! A tu padre no lo conocí hasta un tiempo después. Lo que pasó fue que un día Ginta me confesó que estaba enamorado de alguien más.
—¡¿Como?!
—Sí. Una tarde que yo quise darle ese empujoncito que parecía estar esperando para pedirme salir, él me acabó confesando que a mí solo me quería como amiga. Yo no entendía nada, pues siempre me había tratado muy dulce y me miraba con infinita ternura. Él mismo me reconoció que eso era cierto, pero que lo que sentía por mí no era el tipo de amor que necesita una pareja para casarse. No me deseaba sexualmente vamos.
—¡Mamá! —exclamó de nuevo Hanamichi sin acabar de acostumbrarse al reciente desparpajo que le estaba mostrando su madre.
—Ay hijo que recatado eres —se quejó ella y luego siguió con la historia—. Primero me enfadé con él, porque yo me había hecho ilusiones y nos distanciamos durante un tiempo. Luego me di cuenta que en realidad yo tampoco le quería de ese modo, y un día fui a buscarle a su casa dispuesta a pedirle perdón y poder volver a ser amigos. Pero ya no vivía con sus padres. Fue muy extraño porque su madre me miró con cara compungida y me dijo casi a punto de llorar que Ginta se había mudado a Tokio hacía unos días, y cuando le iba a preguntar su nueva dirección o teléfono apareció el padre de Ginta por detrás de su esposa, y al saber que estaba buscando a su hijo me miró y me dijo:
»—Será mejor que te olvides de él pequeña, Ginta no va a volver —y me cerró la puerta.
»Un par de días más tarde llegó a mi casa una nota de la madre de Ginta con un número de teléfono garabateado y supe que era el número de Ginta.
—¿Le llamaste? —preguntó Hanamichi que a esas alturas de la historia estaba absorto en ella completamente.
Era difícil imaginar que su madre hubiera vivido cosas así, que hubiera tenido una vida con gente totalmente desconocida para él antes de su nacimiento y menos sin su padre a su lado.
—Sí, fue lo primero que hice, pero no me contestó nadie. Luego pensé que quizá Ginta trabajaba y esperé hasta la noche para llamarle de nuevo. No quiso hablar por teléfono así que quedamos en vernos el fin de semana, y fue entonces cuando me contó todo lo que le había sucedido. Sus padres le habían echado de casa porque no les gustó su pareja.
—¿Qué quieres decir, le echaron de la casa porque no quiso casarse contigo?
—El problema para sus padres no fue que no quisiera casarse conmigo. Al fin y al cabo yo era de una familia menos adinerada que ellos así que para ellos yo tampoco era tan buen partido, o no tanto como lo era Ginta para mí, supuestamente. Pero evidentemente cualquier mujer hubiera sido mejor que un hombre para ellos.
—No entiendo.
—Hanamichi hijo —dijo suavemente su madre y le miró apartando por un instante los ojos de la carretera—. Ginta era homosexual. Y no quiso casarse conmigo porque estaba enamorado de un chico. Un compañero de clase de la universidad.
Hanamichi no supo qué decir.
—Él me lo confesó cuando ese fin de semana nos encontramos en Tokio. Pobre Ginta tenía lágrimas en los ojos mientras me pedía perdón por no haber sido el hombre que yo esperaba. Creo que en ese momento fue cuando más le quise. A pesar de que al principio la noticia me cayó como un jarrón de agua fría, cuando vi como hablaba de su pareja, comprendí cuan egoísta estaba siendo.
»Nadie puede escoger realmente de quien se enamora. Y ese amor le había costado perder todo lo que tenía, sus padres le repudiaron y lo desheredaron con la excusa que ser homosexual era un deshonor para la familia; Los amigos de Kanagawa le habían girado todos la espalda. Y lo mismo le había sucedido a su novio.
»Vivían como podían en un pequeño piso en una de las peores barriadas de Tokio. Habían tenido que dejar los estudios a medias y ponerse a trabajar.
Hanamichi siguió callado, pero no pudo dejar de preguntarse si tal sacrificio habría valido la pena.
—Pero a la vez en sus ojos pude ver esa tarde un brillo tan intenso como especial. Estaba deprimido por todo lo que le había ocurrido pero no se arrepentía para nada de haberse ido a vivir con Subaro. No pude hacer mucho para ayudarles pues cuando mis padres se enteraron de porqué Ginta no me había pedido para salir me prohibieron verle. Pero nos escribíamos a través de una amiga suya de la universidad. Nunca, hasta el día que Ginta murió, perdí el contacto con él.
—¿Murió? —Se le escapó la pregunta en un susurro apagado a Hanamichi.
Los ojos de su madre lucían brillantes, rebosantes de lágrimas que no acababan de salir. Aunque su voz siguió templada y sin titubeos.
—Sí, hace muchos años, antes de que yo conociera a tu padre. De hecho así fue como conocí a tu padre. En el funeral de Ginta solo estábamos los amigos de Ginta y Subaru, ningún miembro de la familia de Ginta vino, y entre los pocos de la familia de Subaro estaba tu padre.
—¿Papá?
—Sí. Tu padre era primo hermano de Subaro.
—¿De Subaro, el primo Subaro de Estados Unidos?
—Sí, hijo.
—No sabía que Subaru fuese…, papá hablaba mucho de él pero nunca dijo que…
—Bueno, el resto de la familia nunca aceptó muy bien el paso dado por Subaru y cuando Ginta murió y él decidió irse del país se corrió un velo alrededor de ese tema y Subaru dejó de ser el gay de la familia para ser el primo que se fue a buscar suerte a Estados Unidos.
—¿Mamá, Subaru murió hace unos años verdad?
—Sí, poco antes que tú nacieras.
Hanamichi la observó un momento intentando absorber todo lo que su madre le había contado e intentando encontrarle algún sentido, pero no pudo.
—¿Porqué me has contado todo esto?
—Tus amigos me han hecho pensar en cuando era joven. Cuando tu padre aún vivía no hablábamos mucho de esa época porque nos recordaba esta historia y nos ponía tristes.
»Los primeros años juntos fueron tiempos difíciles. Después del entierro de Ginta nos encontramos con tu padre un par de veces por casualidad y al final acabó pidiéndome salir y yo acepté.
»Pero cuando la cosa empezó a ser seria me costó mucho plantarme delante de mis padres y decirles que quería casarme con el primo de Subaru. Como los padres de Ginta tus abuelos también eran muy anticuados y decían que Subaru era un demonio que había encantado a Ginta para cometer atrocidades como ser gay y que eso había matado al pobre Ginta.
—¿De qué murió Ginta? —Preguntó Hanamichi sin estar seguro de querer saberlo.
—De Sida —dijo ella segura pero con una nota de amargura en la voz—. Pero no es lo que estás pensando —añadió mirándole unos instantes—. A Ginta le tuvieron que operar porque lo habían apuñalado una noche al volver al piso, un delincuente juvenil que quiso atracarle y Ginta quiso resistirse.
»En esa época no se hacían muchas pruebas a la sangre que se donaba y la sangre que le pusieron en esa operación estaba infectada y Ginta contrajo el Sida. Piensa que estamos hablando de hace más de veinticinco años, no se sabía mucho del Sida, y los pocos medicamentos que habían eran demasiado caros para que Ginta y Subaru pudieran comprarlos.
—¿Y sus padres no le ayudaron?
—No. Ginta había escogido la senda del pecado según ellos, y eso le había llevado a vivir en ese barrio tan peligroso donde lo atracaron y a resultas de eso había sido castigado con esa enfermedad. Eso decían, pero todos sabíamos que en el fondo creían que había contraído la enfermedad por haberse acostado con otros hombres, con infinidad de ellos imaginaban supongo.
»Yo no pude hacer nada para ayudarles, solo era una estudiante que todavía vivía en casa de sus padres. Años después supe que tu padre les estuvo ayudando con lo que pudo, pero no sirvió para salvar a Ginta.
Hanamichi miró a su madre con un extraño nudo en el estómago y la vio llorar en silencio. Con una mano temblorosa, sin saber porqué, Hanamichi alargó su mano y secó una de las lágrimas que corrían por las mejillas de su madre, de forma tierna.
Ella ladeó la cabeza atrapando la mano de Hanamichi entre su mejilla y su hombro, en una caricia leve.
—Tu padre solía tocarme así cuando lloraba —murmuró ella llorando.
—Mamá… —murmuró Hanamichi sin poder evitar que su voz se quebrara y por sus mejillas resbalaran gruesas lágrimas. Se sentía terriblemente culpable de la muerte de su padre, sobretodo cuando veía a su madre tan triste.
—A papá le hubiera gustado que conocieras a Subaru, y a mí también. Os parecéis en tantas cosas. Tu padre solía decir que verte reír era como volver a verle a él. Estaba tan orgulloso de que te parecieses tanto a él.
—O mamá —exclamó Hanamichi llorando a lágrima viva como no había hecho desde el día que su padre había muerto—. Lo siento tanto… yo…
—Lo sé Hanamichi, pero no fue culpa tuya. No fue culpa de nadie.
No era la primera vez que le oía decirle eso, pero Hanamichi seguía sin poder creérselo. Sin saber qué decir, Hanamichi se quedó callado, con lágrimas todavía rodándole mejillas abajo mirando a sus pies.
Entonces su madre le puso la mano en la pierna en señal de apoyo y la sensación de angustia aumentó. Tuvo que girar la cabeza para evitarla y mirar por la ventanilla. No le parecía bien llorar delante de su madre, cuando la culpa de todo su dolor era suya, pero no podía parar de llorar.
Violentamente se secó las lágrimas de su cara con el reverso de su mano. Pero nuevas lágrimas volvieron a salir rebeldes. Repitió el proceso hasta tener la mano húmeda y luego lo hizo con las mangas, hasta que poco a poco ese llanto silencioso e incontrolable se apago.
... continuará ...
Grissina: Sé que los capítulos me quedaron muy cortos, pero os prometo que para compensar habrá muchos, ok?
Una confesión: no tenía intención de matar a Subaru cuando cree ese recuerdo, pero luego me pareció que tener el primo favorito de su padre en Estados Unidos era una vía de escape demasiado evidente para mi pelirrojo así que eliminé esa salida. Ahora ya no podré decir que yo no mato a los personajes que para sacármelos de encima... ¿o este no cuenta porque no llega a salir en la historia?
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