El paso de las horas estaba comenzando a ser especialmente lento para Romulus, Vigilante Jefe de los Juegos, mientras que veía como la tributo del 11, Sunset, se marchaba del gimnasio tras haber realizado algunos lanzamientos de cuchillos y varias trampas. Se encontraban finalizando los entrenamientos privados; ya habían pasado casi todos los tributos, primero el chico y luego la chica; solo faltaba por realizar la prueba las dos chicas del 12. Y la verdad, por mucha fama que hubieran tenido cuando las eligió para clonarlas, estaba demasiado cansado de ver los mismos ejercicios casi siempre como para sentirse paciente con las dos que faltaban por desarrollar sus pruebas. Otros años, los tributos a partir del Distrito 4 comenzaban a decaer en sus sesiones privadas, lo que le suponía un cierto alivio; sabía que cuando la chica del 4 se retiraba podía dedicarse a comer o simplemente a pensar en sus asuntos, puesto que los demás no harían grandes cosas. Sin embargo, este año estaba siendo completamente diferente, cosa que debería haber supuesto teniendo en cuenta los tributos que habían seleccionado para estos Juegos. Para empezar, todos ellos habían tenido algo que los remarcó de los demás, motivo por el cual se encontraban allí, obviamente. La chica del 3 logró montar una trampa eléctrica usando simples trozos de hilo conductor; el chico del 7 realizó buenos tiros usando varias hachas, mientras que la chica del 10 destripó un maniquí con un solo cuchillo.

―¿Qué creéis que harán las que entrarán ahora? ―preguntó Venus, sirviéndose con aire distraído un trozo de pavo asado que había en un bufé preparado en su tribuna ―¿Pensáis que harán lo mismo que en los entrenamientos diarios?

Romulus se encogió de hombros, algo distante. Durante los tres días previos, Chrysta y Samantha prácticamente se habían dedicado a alardear de sus habilidades. La primera se había señalado como una tiradora de cuchillos realmente buena; llegando a competir con la chica del 2 y empatando ambas por no errar ni un tiro; la segunda parecía un poco al margen, como si quisiera reservarse todo su potencial para más adelante. Si había de ser sincero, de aquellas dos, Sam era la que más le llamaba la atención, por el simple hecho de que desconocía lo que iba a ser capaz de hacer ahora que se iba a encontrar sola en el gimnasio. Si los rumores que corrían sobre ella eran ciertos, podría llegar a ser realmente sorprendente.

―Llama a la primera de las chicas ―ordenó con tono cansado, mientras que se acomodaba. Sí, se moría de ganas de ver a Sam, pero antes debía entrar su compañera. Al no haber un tributo masculino por el 12, habían tenido que cambiar un poco el modo de actuar para con ellas, de tal forma que seguían un orden alfabético, motivo por el cual Chrysta sería la primera en entrar.

―Enseguida ―fue la respuesta que obtuvo de otro Vigilante, el cual se encargó de dar el aviso. Pocos minutos después, la joven hacía su entrada en el gimnasio, con su característico paso duro y altivo al mismo tiempo. Romulus no pudo menos que poner los ojos en blanco, puesto que le parecía un tanto irónico el hecho de que esa muchacha escuálida, venida de la zona más pobre del más pobre distrito, se comportara como si viniera del 1 o del 2. Bien era cierto que ella había ganado unos Juegos, pero había algo en sus gestos que no era propio del 12, algo que solo se veía en los chicos que venían preparados de antemano: el orgullo, y la confianza en sí mismos. Aquella chica destilaba seguridad en cada uno de sus movimientos.

Chrysta se colocó en el centro del gimnasio, manteniéndose firme y recta. Clavó sus ojos grises en los Vigilantes, bajo su ceño perennemente fruncido.

―Chrysta Clearwater ―dijo con voz clara ―Distrito 12.

"Como si necesitara saber quién eres" pensó el hombre con cierta amargura. Pero sin embargo, lo que le dijo a la tributo fue:

―Procede.

Chrysta sostuvo la mirada un segundo más y luego giró sobre sus talones, caminando flechada hacia la zona de lanzamiento de cuchillos. Romulus bostezó disimuladamente; ya la había visto hacer ese ejercicio miles de veces, de modo que bien podría echarse un sueñecito o comer algo antes de que entrara la otra chica. Que otro Vigilante la puntuara; el olor a pavo asado era demasiado tentador como para prestarle atención a una chica que seguramente acabaría muerta en cosa de dos semanas.

Se levantó de su asiento y se dispuso a cortar un buen trozo de carne, cuando alzó la vista durante un momento por un gesto más bien involuntario. Chrysta se había colocado varios cuchillos en la cintura de su traje de entrenamiento, pero en esos momentos no los estaba lanzando, ni siquiera manipulando, sino que se encontraba frente a una de las siluetas, con un cuenco de pintura roja a sus pies, seguramente sacado de la estación de camuflaje; dibujando algo con sus dedos que no era capaz de ver desde su posición. ¿Qué estaría tramando?

La curiosidad venció al hambre, de modo que dejó el plato sobre la mesa y volvió a tomar asiento, observando a la tributo del 12, que seguía trazando algo sobre la lámina. Si tan solo se moviera un poco, podría ver que era lo que estaba dibujando, pero la chica se había colocado de tal forma que fuera imposible ver lo que estaba haciendo desde su posición.

Finalmente, pareció satisfecha con su trabajo, pues apartó el cuenco con el pie, para luego caminar unos pasos hacia atrás con deliberada lentitud. Cuando estuvo a una distancia que ella pareció considerar aceptable, se apartó un paso hacia la izquierda, y Romulus finalmente pudo ver que era lo que ella había estado haciendo.

La silueta central de las láminas de tiro tenía dibujado el emblema del Capitolio justo en el centro de la misma, en torno a la diana central que tenía en el pecho. Un murmullo como un zumbido bajo se extendió entre los Vigilantes mientras que el hombre fruncía levemente el ceño, observando como Chrysta sacaba uno de los cuchillos que tenía encima y se colocaba en posición para tirar. Lanzó el arma, acertando en la cabeza de la diana pintada, justo donde se encontraba la cabeza del águila que conformaba el símbolo de la ciudad. El siguiente cuchillo, se clavó en el haz de flechas que conformaban la parte baja del emblema. Y el último de todos, lo lanzó contra la diana central que al mismo tiempo era el centro del símbolo.

―Está loca ―musitó alguien ―Está como una verdadera cabra.

―De no ser complicado encontrar una sustituta para ella, la mandaría matar si estuviera en mi mano ahora mismo ―replicó otra persona.

Chrysta se había girado nuevamente, y observaba a los Vigilantes con una sonrisa dura en su rostro. Romulus no tuvo más que verla para saber que lo que acababa de hacer había sido premeditado y planeado cuidadosamente; y no precisamente para bien. Por la forma en la que ella sonreía, parecía estar realizando una venganza que a él le resultaba algo desquiciante.

―Retírate ―le espetó. La joven, sin mudar el gesto, caminó a buen paso hacia la salida, y a los pocos segundos ya se había retirado del gimnasio.

―¡¿Se puede saber qué es lo que tiene esa chica en la cabeza!? ―bramó un Vigilante de avanzada edad ―¡Ya podemos irla marcando como objetivo!

―Calma, Thelonius, no vaya a ser que te vuelva a dar la úlcera ―repuso Romulus con tono exasperado ―Tenemos que mandar limpiar esto antes de que entre la otra chica.

―¡Vamos a tardar un siglo en terminar! ―se quejó Venus ―Si tenemos que llamar a un avox para que arregle todo esto bien podemos tener otros veinte minutos más aquí.

―¿Prefieres limpiarlo tú? ―le espetó. La mujer negó con la cabeza y se concentró en su plato, casi vacío, mientras que Romulus se encargaba de llamar a un par de avox para que trataran de borrar, en la medida de lo posible, el dibujo que Chrysta había hecho sobre la lámina.

Tenía que reconocer que su actuación, a pesar de lo controvertida que había sido, le había llamado la atención. Siempre había visto a Chrysta como alguien apegado al Capitolio, de hecho su conducta durante los días previos había sido bastante elocuente: pensaba como los profesionales, y en el desfile parecía tan encantada de encontrarse allí… no esperaba que bajo toda esa complaciencia que ella demostraba ante los Juegos latiera el alma de una rebelde. De hecho, Chrysta no había iniciado ningún levantamiento; había sido tributo y luego mentora, por lo que se decía en su ficha de archivo. Nada más. Aunque, ¿y si no hubiera tenido la ocasión? ¿Habría intentado levantar el país de haber podido o se habría quedado a un margen? Fuera como fuese, no pensaba darle la ocasión de intentarlo.

Venus tuvo razón en el hecho de que la limpieza de la lámina tardó sus buenos veinte minutos. Cuando Samantha fue llamada, la Vigilante estaba despotricando que iba a perderse una fiesta a la que había sido invitada con todos los honores.

―Métete la fiesta por donde quieras, pero el trabajo es lo primero ―repuso algo fuera de sus casillas, mientras que Samantha hacía su aparición, caminando lenta pero firmemente. Romulus se giró hacia ella, analizándola. Tenía la misma firmeza que su compañera, pero mientras que Chrysta rebosaba orgullo, Samantha desprendía determinación por todos sus poros. Tomó lugar frente a la tribuna, alzando la barbilla en un gesto altivo.

―Samantha Thor ―señaló con claridad ―Distrito 12.

―Procede ―volvió a repetir el Vigilante, acomodándose en su asiento. Entrelazó las manos, esperando con cierta avidez ver que era lo que esa chica tenía planteado hacer. ¿Tiraría flechas? ¿Haría algún truco de supervivencia, se dedicaría a trepar por toda la sala? Según se decía, en sus Juegos había sido una luchadora capaz, y se moría por ver hasta dónde podía llegar. En su fuero interno, de hecho, Samantha, junto con su compañera, era una de sus candidatas favoritas.

Observó a la chica con cierta sorpresa cuando vio que pasó de largo de los arcos. Había usado los mismos con mucha asiduidad durante los entrenamientos, pero estaba claro que se había guardado algo para esta ocasión. La chica se encaminó hacia uno de los monitores de lucha cuerpo a cuerpo, con el cual cruzó unas palabras en un tono tan bajo que desde la tribuna fueron inaudibles. Luego, la tributo, acompañada del monitor, caminaron hacia la zona acondicionada para la lucha, tomando posiciones en la misma. Resultaba un tanto gracioso ver a esa chica tan delgada frente a un hombre mucho más ancho que ella. ¿Pensaba demostrar sus dotes de agilidad esquivando sus ataques, por un casual? No sería una mala táctica, teniendo en cuenta que muchos tributos lucharían cuerpo a cuerpo, de modo que si ella sabía cómo evadirlos, podría tener posibilidades de sobrevivir.

Durante varios segundos, tanto Samantha como el monitor se quedaron quietos, evaluándose, sin osar dar el primer paso. Entonces, sorprendentemente, Samantha se echó hacia delante, corriendo con fuerza los pocos metros que la separaban de su contrincante, apretando las manos en puño y bien dispuesta a golpearle con ellos. El hombre esquivó el ataque de la chica y trató de aferrarla de tal modo que pudiera reducirla, pero ella se limitó a dar un par de pasos, esquivando limpiamente las manos de su atacante, sin apenas sorprenderse o parecer preocupada por la posibilidad de un golpe. Giró sobre sí misma, encarándose hacia el monitor, corriendo hacia el mismo, alzando nuevamente sus puños para golpearle.

Pero en esa ocasión, su ataque fue diferente. El hombre, viendo que Samantha volvía a intentar atacarle con los puños, fue a esquivar los mismos, pero en el último momento la chica fintó hacia un lado y con habilidad deslizó una pierna entre las del hombre, haciéndole perder el apoyo sobre el suelo y logrando que cayera. Éste, sin embargo, aferró sus manos a las piernas de Samantha, haciéndola caer con él. Ambos colapsaron sobre el suelo con un golpe sordo, pero la tributo aprovechó el impacto del mismo para, realizando una extraña torsión de su cuerpo, lograr ponerse en pie, abalanzándose luego contra el entrenador, pisando sus manos con sus pies y arrinconándolo contra el suelo. No habían pasado ni cinco minutos desde que iniciaran la pelea y la chica había reducido a su rival sin recibir ni un solo golpe.

―Impresionante para alguien del 12 ―musitó una mujer en tono bajo. Y no podía estar más de acuerdo. Esas tácticas de lucha eran propias del Distrito 2 sobre todo, donde los tributos tenían un intenso entrenamiento cuerpo a cuerpo. Que alguien proveniente del distrito minero fuera capaz de hacer esas fintas era extraño, aunque teniendo en cuenta que Samantha había participado no en unos Juegos, sino en dos, y para más inri saliendo victoriosa de ambos, que supiera dichos ejercicios no era tan descabellado. Podría haberlos aprendido en el Capitolio cuando se preparaba para la arena.

―Retírate ―ordenó. Se llevó las manos a los ojos, sorprendido por las chicas del 12. Una había demostrado cierto arrojo desafiando tan abiertamente al Capitolio, y la otra se había señalado como una chica de muchos recursos.

―El distrito minero ha venido este año pisando fuerte ―señaló Venus.

―No podría estar más de acuerdo ―respondió.


Tras vario tiempo sin actualizar por problemas de las autoras, volvemos a la carga. ¿Qué os han parecido las pruebas que han hecho las chicas? Ya mismo van a tener que ir a la arena...

Creemos conveniente detallar que las habilidades de lucha de Sam las aprendió con los Monicans, y las fue perfeccionando en los Juegos. Lo señalamos para evitar que la gente pueda creer que posee habilidades "fuera de lo común" o similares.

¡Nos leemos!