Samantha

Ya me había quitado de encima las sesiones privadas; creo haberlo hecho bien, aunque siempre es mejor esperarse lo peor aquí dentro, ya que nunca recibirás el más mínimo apoyo de nadie (exceptuando algunos casos) y tienes que valerte por ti mismo, si no, estás muerto. De alguna forma u otra siempre te sientes así…

Solté mi melena y empecé a desenredarla con paciencia y maña, al ser tan larga costaba mantenerla presentable, sobretodo en un sitio en el que no haces otra cosa sino correr, saltar, trepar, luchar… Un par de mechones me cayeron en la cara cuando empecé a trenzarme el cabello, los dejé tal cual y me apresuré a vestirme, ya que quería aprovechar un poco más el tiempo de entrenamiento que aún nos quedaba y perfeccionar un poco aquellas habilidades que tenía estancadas. Espero no cruzarme con mi compañera, Chrysta, con la cual no he vuelto a cruzar palabra desde aquella charla en la azotea con Bradley, donde consiguió que la odiase un poco más de lo que ya lo hacía; siempre con esos aires de superioridad, su descaro, su altanería, su mirar frío y esa manera que tiene de dirigirse a los demás, como si supiese desde que nos trajeron que volvería a ganar los Juegos. Puede que sea cierto que domina bastante bien (por no decir a la perfección) el manejo de los cuchillos y el arco, pero eso es lo único que nos ha mostrado, apenas ha pisado otros puestos en los entrenamientos, seguramente pueda superarla en velocidad y en un combate cuerpo a cuerpo, aunque… tal vez solo se esté reservando lo mejor y, de ser así, tal vez tenga que empezar a tomarme en serio sus amenazas. Sin embargo no me voy a dejar amedrentar, puedo hacerle frente sin ningún problema, estoy segura.


En cuanto las puertas del ascensor se abrieron, observé que no iba a ser la única tributo con ganas de practicar unas cuantas horas previas a las entrevistas. Slade se encontraba allí, mi eterno rival y asesino de Dan, se encontraba machacando a un maniquí con sus enormes brazos atiborrados de músculos. Me fijé en la cicatriz de su rostro, que permanecía exactamente como la recordaba la primera vez que la vi, por aquel entonces me asustaba bastante ese gorila redomado, pero dejó de hacerlo en cuánto le arranqué la cabeza de un tirón.

Por otro lado también vi a esa tal Clove, la maestra de los cuchillos, es gracioso que ella y Chrysta se hayan aliado: me divertiré viendo cómo se matan la una a la otra. Claro, eso si no me adelanto yo.

Dediqué el tiempo a dar un par de tiros con el arco, hasta que me cansé y observé a una chica de cabello oscuro y mirada severa detrás de mí, dando toquecitos con la pierna derecha contra el suelo. El incesante sonido se me metió en la sien y terminé tan agobiada que le tiré el arco de sopetón en los brazos. Ella soltó un imperceptible quejido, pero lo ignoré, ya me metí en una pelea durante los entrenamientos de mis primeros Juegos y sé que no conllevan buenas consecuencias, aunque… era divertido.

―Vaya, veo que por aquí no han cambiado muchas cosas― oigo decir con voz profunda, grave, inicua y con un pequeño toque de sarcasmo, la voz de Slade ―, misma actitud, misma expresión… ¿Se puede saber cómo demonios han decidido traer a alguien tan patética de vuelta?

Un fuerte impulso trataba de obligarme a plantarle un buen puñetazo en el tabique de su nariz, pero preferí responder tranquila a la vez que maliciosa:

―Puede que a la gente le divirtiese que te arrancase la cabeza sin apenas pestañear.

Slade frunció el ceño.

―¿Qué? ¿De qué estás hablando?― añadió una incrédula risa, se sentó y continuó― Que alguien me explique en qué universo paralelo ha ocurrido algo similar.

Estaba bastante confundida en este mismo instante. Creí que recordaría su muerte, aunque claro, una persona muerta no recuerda nada… no vive.

Me alejé tratando de comprender, pero era inútil, supuestamente solo debía preocuparme el poder mantenerme con vida y para ello sería necesario bastante entrenamiento, el cual estaba evadiendo involuntariamente. Una vez percatada de lo primordial para la supervivencia, me puse manos a la obra con ello; fui hasta el puesto de escalada casi bailoteando en mis pasos, el monitor procedió a explicarme los principios básicos: una cuerda iba a ser esencial (espero poder atribuirme una mochila que lleve una cuerda en la arena), luego, tenía que fijarme bastante bien en huecos y salientes de la corteza del árbol que me sirviesen de apoyo, y lo más importante de todo, que subiese al árbol más alto de todos lo más alto posible.

Mientras intentaba escalar esa improvisación de árbol sintético, no hacía más que resbalar, me volvía a agarrar con facilidad pero en un momento en el que necesitase subir lo más rápido posible, me vería perdida. Subí hasta el final del árbol y me sentí realizada, aunque claro, no me iba a salvar y ayudar a sobrevivir el saber trepar.

Intentando destacar un poco, salté desde bastante altura al suelo; mis pies notaron un fuerte e incómodo cosquilleo cuando chocaron contra la colchoneta de seguridad, que de poco sirvió. Me tambaleaba hacia delante y hacia detrás tratando de mantener el equilibrio, por suerte esa parte no la vio nadie, el único testigo de mi torpeza natural fue el monitor, y no creo que lo vaya a ir comentando entre los tributos. Me alejo medio cojeando medio presumiendo de mi hazaña, luego observo que todos los tributos comienzan a marcharse. Ha llegado la hora de prepararse antes de las entrevistas.


―¡No, no, no y no!― vociferó la escolta, exasperada por mis inútiles habilidades sociales para meterme al público en el bolsillo.― Lo hemos repetido alrededor de mil veces, ¡tampoco es tan difícil!: Como ganadora y luchadora que soy, pienso darlo todo en la arena. ¡Aquí tenéis a vuestra ganadora de los Ducentésimos Juegos del Hambre!― dijo, tratando de hacerse pasar por mí en las entrevistas.

Está completamente ida de la cabeza si siquiera tiene la esperanza de que diré eso.

No.

Jamás.

Me niego.

―Una preguntita― comencé diciendo en tono repipi a la vez que burlón―: ¿sería posible no parecer una idiota sin cerebro? ¿Sí? ¡Gracias!― mi irónica y falsa sonrisa desapareció y dejó una notable línea recta en mi boca, alcé una ceja y puse los ojos en blanco, acto seguido eché la cabeza atrás, apoyándola en el cojín del enorme sofá del salón.

―Sencillamente estoy intentando que no parezcas una inepta, harapienta y rústica tributo del Distrito 12.― Añadió con toda la calma del mundo, como si sus palabras no resultasen insultantes. Creo que incluso creía que me halagaba.

―Está bien, no tengo por qué aguantar esto. Me marcho.

No iba a soportar que ninguna estirada como ella me viniese a decir lo que tengo o no tengo que hacer. Estoy harta de acatar las órdenes de todo el mundo, de que se me castigue constantemente por tratar de hundir esta basura de sociedad. No pienso dejar que nadie más me mangonee, no voy a ser la marioneta de nadie, y mucho menos del Capitolio. Si participo en estos Juegos lo haré, pero a mi manera… como lo he hecho siempre, pero esta vez lo pienso cumplir.


¡Aquí traemos un nuevo capítulo! Al parecer Chrysta y Sam no son las únicas enemigas que hay en la arena... En el siguiente sabremos por fin sus puntuaciones y las entrevistas... ¡la arena está a la vuelta de la esquina!

¡Nos leemos!