Chrysta
Estaba comenzando a arrepentirme seriamente de lo que había hecho durante las pruebas privadas. Si se pensaba con frialdad, había cometido una soberana estupidez lanzando cuchillos contra el emblema del Capitolio, pero en su momento estaba tan convencida y pagada de mí misma que actué sin pensar en mis consecuencias. El mismo error que siempre cometía, hiciera lo que hiciese; fuera el año que fuera. Fue mi impetuosidad la que me puso entre la espada y la pared con el Presidente Ice; y ahora seguramente me condenaría a tener una nota pésima. Era lo suficientemente consecuente como para saber que mi afrenta contra el Capitolio no iba a quedar impune, seguramente los Vigilantes me darían la nota más baja para convertirme en la menos deseada por los patrocinadores.
Cuando ambas subimos a la planta de nuestro distrito tras las pruebas, Bradley intentó sonsacarnos que habíamos hecho, pero por mi parte no tuvo respuesta alguna. No quería hacer partícipe a nadie de lo que había hecho en el gimnasio, a fin de cuentas era algo que solo me incumbía a mí y a un presidente muerto hacía ya muchos años. Se podía decir que era parte de mi revancha contra todo aquello que me forzaron a adorar para evitar dañar a los míos.
Claro que no puedes eludir para siempre a una persona que está viviendo en los mismos metros que tú, y menos cuando todo el equipo del distrito tiene que sentarse en el salón de la planta a ver las puntuaciones por el televisor, todos en silencio, pero cada uno mirando a los demás como pensando en quien va a ser el primero que abra la boca.
En esta ocasión, fue Claudette, la escolta. Sinceramente, no entendía que hacía esa mujer con nosotros, teniendo en cuenta que este año no había tenido que ir al distrito a sacar los nombres de las urnas de la cosecha, aunque quizás hubiera decidido mantenerse en el puesto como simple diversión. Para muchos habitantes del Capitolio seguro que tener un contacto tan cercano con los tributos debería de ser casi un entretenimiento con ciertos toques honoríficos.
―¿Qué creéis que os habrán dado como calificación? ―inquirió con tono chillón, mientras alzaba sus muy delineadas cejas violetas ―El año pasado la cosa no fue muy bien, solo obtuvimos un tres y un cinco… ¿qué sacásteis en vuestros respectivos Juegos? ¡A lo mejor por fin este año tenemos unas puntuaciones decentes!
―No agobies a las chicas ―Bradley metió baza, aunque por la forma que tenía de mirarnos, me daba la sensación de que él estaba tan nervioso como la mujer. Mientras no comenzara a bombardearnos con preguntas, me daba igual como se encontrara ―Dentro de nada vamos a ver las puntuaciones por la televisión y ya podrás ver si sus resultados se salen de la media o no.
Sam alzó levemente las cejas, pero no dijo nada. Por mi parte, no hice ningún gesto, limitándome a clavar los ojos en la televisión, donde un hombre alterado físicamente hasta lo grotesco anunciaba las puntuaciones de los tributos de este año:
Los profesionales, como era de esperar, sacaron notas que oscilaban entre el ocho y el diez. Silk sacó un nueve, lo cual no estaba nada mal; Seaview por su parte se quedó en un ocho. La chica del 7 obtuvo un siete; mientras que su compañero alcanzó el diez. Los distritos 9 y 10 se quedaron en seis y sietes; mientras que Thresh y Sunset sacaban un diez y un ocho respectivamente. Ahora llegaba el turno de nuestro distrito; y yo sería la primera en recibir la nota, debido a que nosotras íbamos por orden alfabético. Tragué saliva, intentando prepararme para el choque que me supondría el uno o el dos que me otorgarían. En mis anteriores Juegos obtuve un diez, pero dudaba que fuera a tener dicha nota este año, teniendo en cuenta mi comportamiento. Pero por mucho que me había preparado de antemano para la nota, no me esperé lo que mis ojos vieron en pantalla. Un doce. ¡¿Me habían puesto un doce después de todo?! ¿Cómo es que me beneficiaban de ese modo? Aquello no tenía ni pies ni cabeza.
―¡Oh, cielos! ―Claudette lanzó un gritito agudo, para luego empezar a aplaudir, presa de la emoción.
―¡Bien hecho! ―Bradley me dio un golpe amistoso en el brazo, aunque no me permití cambiar el gesto. Algo no iba bien, no podía ser cierta esa puntuación. ¿Los Vigilantes dándole una nota alta a una chica que había demostrado sin reserva alguna que odiaba al Capitolio? Entre eso y la insignia que me había decidido a llevar, lo iba a tener crudo para sobrevivir… tal vez hubieran acordado hacerme la vida imposible en el estadio como venganza por mis actos.
La siguiente en aparecer fue Samantha… con otro doce. Los agudos gritos de la escolta resonaron por la estancia, mientras que ahora el equipo se volcaba con la tributo para felicitarla.
―¿Se puede saber qué es lo que habéis hecho para que os den esas notas? ―inquirió nuestro mentor ―Hacía siglos que nuestro distrito no tenía unas puntuaciones tan altas.
―Que lo diga ella primero ―repuse sin mucho ánimo. No entendía que era lo que estaba pasando, y eso me ponía de mal humor.
―¿Ahora vas a hacerte la educada? ―me espetó, pero me limité a soltarle un gruñido despectivo. Prefería que ella entretuviera un poco a Bradley para luego intentar escabullirme. Me daba la sensación de que no iban a ver con buenos ojos mi actuación ―Simplemente luché contra un monitor ―añadió.
―¿Luchaste cuerpo a cuerpo? ―inquirió el hombre, a lo que ella asintió ―Pues ya tuvo que ser impresionante. Me gustaría haberlo visto… y en cuanto a ti, Chrysta, ¿qué hiciste?
―No te interesa ―repuse vagamente, mientras que fingía un enorme interés por mis uñas mordisqueadas.
―Soy tu mentor Chrysta, sí que me interesa ―apostilló él.
―¡No es asunto de nadie lo que hiciera en mi prueba! ―exclamé de mal humor.
―¡Deja de comportarte como una idiota de una vez, joder! ¡Intento ayudarte y solo me pones trabas, una tras otra!
―¡Dibujé el símbolo del Capitolio sobre una lámina y le tiré varios cuchillos! ―bramé fuera de mis casillas ―¿Contento?
Un silencio aplastante siguió a mis palabras. Bradley me miró con el ceño fruncido, mientras que Samantha parecía haberse encontrado con que en vez de estar bebiendo vino, estuviera bebiendo agua sucia.
―¿Tú… has lanzado cuchillos… contra el emblema del Capitolio? ―inquirió, sorprendida.
―¿Acaso te sorprende? ―repuse con cierto sarcasmo ―No es oro todo lo que reluce, ni las personas actúan de un modo por propia voluntad. Creo que me has juzgado demasiado pronto, como muchos otros.
Dicho esto, me levanté de mi asiento y me permití abandonar la estancia, encerrándome en mi habitación con un sonoro portazo. Me dejé caer sobre el suelo, con la espalda apoyada contra la puerta, mientras intentaba asimilar todo lo ocurrido, desde la prueba hasta aquel doce que podía ver parpadeando tras mis ojos.
―A ver, esto ya está… ¡Listo, abre los ojos!
La voz de Caesar me hizo abrir mis párpados, para enfrentarme a la imagen de mí misma en el espejo de mi habitación. Por la enorme ventana entraba la luz mortecina del crepúsculo, tiñendo la estancia en tonos naranjas y rojos. Esta noche serían las entrevistas a los tributos, el último paso antes de los Juegos; mañana a estas horas estaríamos ya en la arena. Dicha idea me provocó un escalofrío, pues el hecho de que el estadio se encontraba ya tan cerca, me ponía especialmente nerviosa. Durante las horas que había pasado siendo acicalada por el equipo de preparación, había estado rememorando demasiadas escenas de los Juegos que no quisiera haber recordado, como la muerte de Jack, o la caída al mar de Silk. Se me hacía extraño pensar que en cuestión de unas cuantas horas, me encontraría en un nuevo estadio, luchando a muerte como en aquella ocasión. ¿Podría salir viva de la arena como hice con anterioridad? Posibilidades y ganas no me faltaban, pero al mismo tiempo era consciente de que mis rivales no iban a ser tan simples como los de antaño. Todos los que estábamos allí éramos asesinos consumados; y estaba segura de que lo iba a tener más complicado a la hora de intentar salir viva de una pelea.
―Bueno, ¿qué te parece?
De mala gana, clavé mis ojos en mi reflejo, el cual antes había ignorado mientras mi mente se paseaba por las oscuras regiones de mis recuerdos. Alcé levemente las cejas, mientras que estudiaba, sorprendida, el atuendo que mi estilista me había preparado: una especie de armadura en tonos negros, con mangas picudas, unos pantalones negros y unas robustas botas oscuras. Me habían trenzado el pelo con hilos de tonos dorados, y me habían oscurecido los ojos con maquillaje negro.
―Es… original ―repuse, sin saber cómo definir lo que veía. Me daba la sensación de ir vestida de un modo un tanto estrambótico, pero al menos no era un vestido, lo cual agradecía.
―Teniendo en cuenta que todos parecen conocerte como "la feroz profesional del Distrito 12" no iba a ponerte un vestidito de gasa ―respondió con una sonrisa.
―¿Y eso lo has deducido tú solo? ―le espeté de malas, abandonando la estancia sin apenas molestarme en pedirle permiso. Aquel hombre se me había atragantado desde que nos encontramos por primera vez, antes del desfile, y tampoco había hecho méritos para que me cayera mejor. No era más que otro capitoliano; otra persona que seguramente bramaría por la sangre de todos nosotros. Y eso no podía pasarlo por alto.
Me reuní en el vestíbulo de la planta junto con Claudette, Bradley y Samantha, la cual apareció vestida con un vestido sencillo en un tono rojizo oscuro. Miró mi atuendo de arriba abajo, pero no quise entrar a una discusión nuevamente, tenía que pensar en lo que iba a hacer cuando fuera mi turno. La vez anterior estuve practicando con mi mentor, pero en esta ocasión pedí que se me dejara carta blanca a la hora de elegir mi faceta en la entrevista. Ya tenía un perfil marcado como el de una chica borde y engreída proveniente de un distrito bajo, solo tendría que seguirlo.
La entrevista de los tributos se realizaba en un enorme escenario construido delante del Centro de Entrenamiento, en el Círculo de la Ciudad. Los tributos subimos en fila india, primero el chico y luego la chica, y desfilamos por el estrado hasta tomar asiento en nuestros respectivos lugares, formando un semicírculo. Un hombre con un brillante cabello rubio platino y un traje en tonos plateados hizo su aparición, cosechando un estruendoso saludo por parte del público. Se presentó como Klaus Rambaldi y dio comienzo a la ronda de entrevistas.
No presté mucha atención a las entrevistas. Sí que estuve medianamente atenta a las de Silk, Seaview y Sunset, pero poco más. Silk realmente cautivó al público son sus modales encantadores pero su arrojo y su decisión; la callada Seaview fue una de las más aclamadas, y la feroz Sunset atrajo bastantes aplausos.
―Y ahora ―señaló el presentador, cuando Sunset se hubo sentado ―Proveniente del Distrito 12, tenemos a Chrysta Clearwater, ¡la ganadora de los Segundos Juegos del Hambre!
La gente ovacionó mientras que me ponía en pie y avanzaba hacia el frente del escenario con paso firme, tratando de ocultar el miedo y el odio que me corrían por las venas tras mi máscara de indiferencia. No saludé al presentador, como venía siendo habitual en mí, simplemente alcé un brazo con aire aburrido hacia la multitud, para luego tomar asiento.
―Es verdaderamente un honor tener a la primera ganadora del Distrito 12 con nosotros ―comenzó el presentador ―Por lo que se recuerda, diste mucho que hablar durante tus Juegos. ¡Una profesional del distrito minero, nada menos! ¿Cómo es que rompiste el molde, por llamarlo de algún modo, de los tributos del Distrito 12.
Oh no. Mierda. Una pregunta trampa, estaba segura. Yo había aprendido el manejo del arco y los cuchillos entrenándome en el bosque, y dudaba que vieran eso con buenos ojos. Entrar en el bosque se castigaba con la muerte, y no quería añadir algo más a la lista que pudiera tener el Capitolio para quererme fuera del juego lo antes posible. Pero tampoco podía quedarme callada; los segundos volaban y tenía que conseguir hacerme de notar en los tres minutos que tenía.
―Se dice que los magos no revelan sus secretos ―respondí con frialdad ―De modo que yo tampoco lo haré. ¿No tenéis suficiente con verme en acción?
Mis palabras fueron acogidas por un coro de vítores que consideré innecesarios. Cielo santo, había dicho lo más tonto para salir del paso, pero esa gente parecía gritar ante las palabras que dijera, fueran cuales fueran.
―Sin duda ―respondió el hombre ―La vez anterior conseguiste una alianza con los tributos de los distritos altos. ¿Vamos a verte de nuevo aliándote con algunos compañeros de batalla de los viejos tiempos, o tendremos la ocasión de verte en solitario?
―Siempre me he caracterizado por ser una profesional, aunque sea un poco peculiar ―respondí ―Y los profesionales siempre van juntos, ¿no es cierto?
―Por supuesto ―un nuevo bramido ensordeció las palabras de Klaus ―Si mal no recuerdo, te presentaste voluntaria antes incluso de saber el nombre de la candidata para los Segundos Juegos. Se te notaba deseando venir a la arena, si me permites el comentario… ¿qué ha supuesto para ti verte de nuevo en los Juegos? Seguro que debes de sentirte muy orgullosa de estar de vuelta, ¿me equivoco?
―Es para mí un honor poder saldar las cuentas que no fueron saldadas con anterioridad ―repuse ―Digamos que tengo asuntos pendientes que resolver en la arena.
No era cierto, pero no podía decir otra cosa. ¿Me creerían acaso si les decía lo mucho que aborrecía estar allí? ¿Me tacharían de mentirosa si les contaba lo enfadada que me había sentido cuando escuché que iba a volver a ser una tributo?
―Y ahora hablemos de tu puntuación, ¡un doce, ni más ni menos! ―Klaus no cambió su tono animado ―¿Puede saberse qué es lo que demostraste para que los Vigilantes te dieran una nota tan alta?
―Creo que vieron algo que no esperaban haber visto ―repuse con una sonrisa afilada como un cuchillo. No iba a ser tan idiota de contar lo ocurrido en la sesión privada.
―¿La habéis oído? ¡Sin dudas esta chica es una caja de sorpresas! ―el público bramó, mientras que sonaba el zumbido que significaba que mis tres minutos habían terminado ―Sabes Chrysta, creo que tienes madera para volver a ser una ganadora de estos Juegos. ¡Chrysta Clearwater, la feroz profesional del Distrito 12! ―añadió, alzándome una mano como hicieran conmigo en el pasado y dejando que la multitud me ovacionara.
Samantha
Había llegado el momento; tantas horas de preparación con mi escolta Claudette (insoportable hasta el fin) me serán de gran utilidad ahora.
Mi compañera Chrysta se encuentra respondiendo a las preguntas de Klaus Rambaldi, el entrevistador de esta gala de los Juegos. Observo la entrevista desde mi asiento al fondo del escenario; Chrysta se encontraba contestando a las preguntas con su habitual frialdad, para luego levantarse y ser ovacionada por los asistentes.
Me estoy poniendo mala, el nerviosismo me ataca y siento unas irremediables ganas de salir huyendo, aunque como todos sabemos aquí dentro, es imposible.
La entrevista parece estar finalizando. Chrysta realiza un último gesto hacia los presentes y regresa a su asiento. Al acercarse me dedica una mirada desafiante, yo se la devuelvo y espero a que me presenten:
―Y ahora demos la bienvenida a... ¡Samantha Thor, más conocida como la Chica Secreta!― me da la entrada y me obligo a tomar aire y a avanzar hacia el frente del escenario. Antes de entrar me limpio un poco la parte baja del vestido, que es tan corto que puedo mover las piernas con total libertad, es bastante sencillo: tiene un color violeta bastante apagado apenas notable, me llega hasta algo más arriba de las rodillas y lleva un pequeño escote que da paso a una fresca brisa.
Klaus está esperándome mientras que yo me quedo observando el escenario. Cuando termino de avanzar una luz cegadora me impide distinguir entre los manchones borrosos que veo, aunque uno de ellos me ofrece la mano, la cual acepto ya que me ayuda a sentarme y doy gracias a ello; de un momento a otro iba a terminar por caerme. Se comienza a aclarar todo y empiezo a distinguir con bastante nitidez, el rostro de Klaus me mira fijamente y su boca no para de moverse; puedo notarle pequeñas arrugas al cada lado del labio inferior.
―¿Samantha?― Pregunta unas tres veces, a la tercera me doy cuenta de que se dirigía a mí.
―Sí, sí, todo perfecto― respondo automáticamente sin tener idea de lo que me decía. ¿En qué momento ha comenzado la entrevista? Debo centrarme.
Klaus se ríe sonoramente, se detiene, coge aire y comienza de nuevo:
―Te decía que es un honor volver a tener a una de las ganadoras más feroces de todos los Juegos.
―Ah, gracias- añado insípida. Observo a Claudette tras una cristalera al fondo del escenario llevarse una mano a la cabeza y poner los ojos en blanco. La verdad es que tiene razón, debo intentar meterme al público en el bolsillo, hagamos el intento.― La verdad es que no creo que sea una de las más feroces... Pero puede que sí de las más torpes― la gente comienza a reírse y yo trato de hacer lo mismo, pero termina pareciendo más un quejido―, recuerdo que en mis primeros Juegos lo único que hacía era caerme y darme contra árboles y... personas- esta vez me salió una risa creíble.
―Bueno,Samantha, ¿cómo lo ves para esta edición de los Juegos? ¿Hay rivales a tener en cuenta?
―Un par de ellos. La verdad, todos son rivales a tener en cuenta, es decir, son los tributos más capaces que han habido hasta el momento...
―Entonces...
―Serán unos Juegos bastante interesantes.― Añado tratando de cerrar ese tema, ya que no tengo respuesta que sirva. Klaus parece haberme entendido y pasa a otra pregunta.
―¿Y qué tienes pensado hacer en la arena? ¿Cómo nos vas a sorprender?
―Bueno, sorprender, lo que se dice sorprender pues... no creo que sorprenda, siempre intento seguir los mismos pasos que me han llevado hasta la victoria hasta ahora, aunque claro, innovar siempre viene bien. En definitiva, no creo que cambie mucho mi estrategia, añadiré alguna que otra cosa, seguramente.
―Eso quiere decir que volveremos a ver a la increíble Chica Secreta como la recordábamos, nos alegra saberlo― el público comienza a aplaudir y a gritar, la mezcla de tanto ruido se me hace ensordecedora, pero trato de ocultar mi mueca de molestia.
―En parte― respondo con una pequeña y falsa sonrisa. El público enloquece y vuelve a aplaudir, genial, música para mis oídos... nótese la ironía.
―Ahora querría preguntarte algo un poco más... personal, pero por supuesto solo si cuento con tu permiso.
Me da miedo lo que pueda preguntar, pero aún así asiento y espero su pregunta.
―Es respeto a tu hermano...
El silencio se apodera del lugar. Mi corazón da un vuelvo y yo, mientras tanto, intento reprimir las lágrimas y el dolor que me han golpeado como un bloque de cemento en la cara.
―Verás― continúa Klaus― sabemos que él falleció hace un tiempo a la temprana edad de ocho años y la gente del Capitolio quería transmitirte su apoyo y preguntarte cómo ha sido ese duro golpe para ti.
¿Son idiotas? ¿Realmente me están preguntando esto? ¿Cómo va a haber sido para mí? ¿Cómo se atreven a preguntar eso? ¡Ellos han sido los culpables de su muerte! Todavía tienen la desfachatez de preguntarme esto... Vamos Sam, cálmate, debes resultar lo más encantadora posible... Pero... resulta que... yo no soy encantadora.
―Es... gracioso que me preguntéis esto cuando...― alzo la vista y veo al equipo del Distrito 12 hacerme señas de que no diga lo que estoy a punto de decir, pero no puedo callarme, no puedo.― Cuando... aún...- ¿Qué vas a hacer Sam? Piensa, pero piensa rápido- cuando aún es demasiado pronto para mí, lo siento. No puedo.
Quería matarlos a todos, pero creo que he hecho bien.
Bajo la mirada y aguanto las lágrimas para que no salgan, me las seco y vuelvo a levantar la cabeza. El público aplaude con fervor y vitorean mi nombre.
―Bueno, creo que no queda nada más que preguntar― dice Klaus apoyando su mano en mi pierna izquierda.― ¡Despidamos a Samantha Thor, la Chica Secreta!
Me levanto y salgo de allí corriendo, apretando el puño tanto que me duelen los nudillos.
Continúo escuchando lo que dice Klaus tras mi salida.
―Ahora os pondremos unas imágenes del paso de los tributos por sus anteriores Juegos― añade y el público aplaude como si no hubiera mañana.
Observo las imágenes en la pantalla de la sala, me veo a mí asesinando a diestro y siniestro en el baño de sangre de mis segundos Juegos, veo a Slade clavar su espada en el pecho de una tributo, a Chrysta saltar por encima de la tributo del 11, Sunset, y dispararle una flecha. Eso es lo que veo, violencia, dolor, sangre, eso es lo que representan los Juegos del Hambre.
Recuerdo lo que que mi hermano me dijo antes de ir a los Juegos, que estaba seguro de que ganaría y de que me volvería a ver, pero eso nunca se cumplió.
Claudette aparece detrás de mí, me observa sonriendo y me da un fuerte abrazo.
―Lo has hecho estupendamente, ¡todos de adoran!
―Sí, me adoran, sin embargo, yo a ellos los odio.
―Si solo los odias, es que no hacen bien su trabajo ―dijo Chrysta a mis espaldas con un tono frío. Fui a responderle, pero vi cómo se alejaba a buen paso, hasta introducirse en uno de los ascensores y desaparecer. ¿Podría ser cierto que toda esa adoración que parecía sentir hacia los Juegos no fuera más que una máscara? ¿Quién era realmente Chrysta?
¡Aquí os dejamos otro cap! ¡Por fin van a empezar los Juegos del Hambre? ¿Qué os han parecido las notas de las chicas? ¿Y sus entrevistas?
¡Nos leemos!
