Después de cuatro años, volvía a ser verano. Me paseé, por Privet Drive. Y me paré en la calle cuatro, delante de la casa de los Dursey. Había perdido un amigo y aunque la vida seguía, siempre volvía el día en que lo vi por última vez. Suspiré, ¿Por qué lo seguía haciendo? Después de mi paseo volví a casa. Me abrió la puerta mi madre, le di un beso y le dije que me iba a duchar a lo que ella respondió que había venido alguien y que quería verme. Cuando la vi me sorprendió. Era una mujer alta, su oscuro cabello lo llevaba recogido en un moño. Iba vestida con un vestido verde, de esos que parecen vender en Halloween. Le sonreí, no sabía quien era. Miré a mi madre y me hizo una inclinación para que me acercara a aquella extraña señora.
-Fijate como has crecido. No te veía desde que te faltaba apenas unos días por cumplir el año. Eres el vivo retrato de tu padre.
-Yo creo que no.-La miré y levante una ceja. Mi padre era rubio con los ojos azules y yo tenía el pelo negro con los ojos color miel.
La señora miró a mis padres y ellos hicieron una negación con la cabeza. Noté que me temblaba todo el cuerpo, sabía que si me movía me derrumbaría.
-Bueno Niki, tus padres no son ellos. Ellos son tus tíos.
-¿Mis tíos?-la miré y los miré.- ¿Esto es una broma?
-No Niki. Eres maga. ¿No has notado nunca que te pasan cosas que no le pasan al resto de las otras personas? ¿Te has preguntado alguna vez por qué tienes esa cicatriz en tu cuello?-dijo y me quede callada, ella prosiguió.- La respuesta es simple, eres maga. Ahora les decía a tus padres que estas inscrita en Howarts, el colegio de magia, del cual yo soy profesora. Deberías haber entrado en el colegio cuando cumpliste once años, pero por diversos motivos no podías entrar. Era demasiado peligroso para ti. A lo de la cicatriz, tiene que ver con la muerte de tu madre. Ella, bueno, ella fue muy valiente. Intentó salvar a sus mejores amigos cuando celebraban tu cumpleaños y el de su hijo. Tu madre murió antes de que el-que-no-debe-ser-nombrado llegara hasta ustedes. La madre del otro chico murió al protegerte a ti y a él. Tu madre en cambio se interpuso entre la madre del chico, él y tú. Por suerte parecía que lo habíais matado pero ha vuelto. Y para que no te encuentre debes venir a Howarts, en donde estarás más segura. Tranquila, aquí tus padres están seguros. Nos les pasará nada. Lo único que tendrás conmigo.
-Pero estaré muy atrasada.
-Para nada. Vendré aquí a darte clases y en el colegio tendrás a alguien que te ayude con los deberes.
Miré a mis padres y suspire. Mi madre empezó a sonarse y me abrazó. Aunque ellos no fueran mis padres verdaderos, en el fondo de mi corazón lo seguían siendo. Al final de las vacaciones fuimos a una calle que nunca había visto antes. La profesora McGonagal, que era como se llamaba aquella mujer, dijo que se llamaba el callejón Diagon. Miré a todos lados, curiosa de lo que estaba descubriendo. Primero fuimos hacia lo que ella dijo que era el banco. Nos llevo un duende, que me miró curioso, pero enseguida siguió a lo suyo. La profesora me dejó en el recibidor. Vi a un chico rubio y alto que estaba con quien parecía ser su padre. La profesora me había dicho que tenía que llevar una túnica que era la que solían llevar los magos. Lo más asombroso de todo era que en mi casa había sacado un sombrero que hablaba para ponérmelo en la cabeza y así adjudicarme una casa. Estaban en la de Gryffindor, Slytherin Hufflepuff y Ravenclaw. Al final, me quedé en la de Gryffindorf. Decía que esa era perfecta para mí, que lo llevaba en la sangre. No sabía a qué se refería. El chico rubio se acercó y me dijo.
-Hola, no te había visto antes por aquí.
-Hola.-dije, que tenía que decirle, qué yo tampoco.
-Soy Malfoy como sabrás, Draco Malfoy.-dijo tendiendome la mano.
-No lo sabía, yo soy Niki.-dije con una sonrisa.
-Así que estás aquí Niki. Ah, hola Draco.-dijo la profesora Mcgonagal.
-Hola profesora.-dijo Draco.
-Hola profesora.-dijo el padre de Draco.- ¿Qué hace usted por aquí?
-Acompaño a esta alumna que se incorpora este año a Howarts, ya que es de intercambio.
-Encantado.-dijo el señor Malfoy.
-Encantada.-dije y enseguida miré a la profesora Mcgonagal. -¿No nos teníamos que ir?
-Si.-dijo.
Salimos de ahí. No miré hacia atrás. Notaba la mirada fría del padre de Draco clavada en la espalda. Apreté el colgante que siempre me había acompañado. La profesora me miró sorprendida y me dijo.
-¿Qué es eso?
-Es un collar que tengo desde que nací, mi…bueno… madre me dijo que lo tenía cuando me encontraron. Me podría decir quienes eran… digo… ¿Mis padres?
-Bueno eso lo tendrás que descubrir tú, ya que a mi no me está permitido rebelártelo, pero te puedo decir que ese medallón tenlo siempre. Es de tu padre.
-¿De mi padre?-dije y lo miré extrañada, tenía grabadas las letras S.B ¿Quién sería S.B?
Fuimos hacia la tienda donde vendían las varitas. La miré, se veía que estaba enfadada. No había ningún dependiente hasta que la profesora lo llamó por su nombre y apareció entre todo aquel desorden. Era un hombre mayor que saludó a la profesora con mucha educación. Me miró y la profesora le susurró algo al oido. Cuando terminó el hombre me miró asombrado a lo cual, me quedé confusa. Supe lo que la profesora Mcgonagal le había dicho sin necesidad de que dijeran algo. Lo sabía y ya está.
-Oh, así que eres tú. La pequeña… ¿Cómo te llamas?
-Niki.
-Oh, Niki. Se esperan muchas cosas de ti y de tu amigo el señor Potter.-dijo el señor Ollibander. Potter, así se apellidaba Harry. No supe que responder así que prosiguió.-No eres alguien normal, eres quien acabó con el-quien-no-debe-ser-nombrado. Tengo que hacerte una nueva barita. Haber, si la del señor tenebroso y el joven Potter eran del mismo fénix, no quedan más. Pero espera.-dijo cogiendo un tubo de ensayo en el que tenía agua. Parecía que hablaba solo.-tengo lágrimas de fénix, algo me dice que así te servirá. Toma.-dijo entregándome aquella extraordinaria barita.
-¿Qué tengo que hacer?-dije
-Agítala con suavidad.-dijo.
Así lo hice, la agité con suavidad, lo que permitió que los objetos se elevaran y yo me quedara fascinada con todo aquello. Empecé a reírme de lo increíble que me parecía aquello. Nos fuimos de ahí. La profesora me dijo que lo único que me faltaba era una mascota a lo que me dijo que escogiera una lechuza. Todas eran de color marrón, solo había una que hizo que llamara mi atención, una negra por la noche que me miró fijamente. Me gustaba esa. Se lo dije a la profesora Mcgonagal y ella me dijo que prefería los gatos. Sonreí, ella venía todos los días siendo un gato. A lo que pensé que sería una excelente compañera.
-Bueno Niki. Aquí nos despedimos.-me dijo cuando llegamos a mi casa.- Mañana tienes que estar a esta hora en el tren.-luego me dio un abrazo y desapareció.
