El Sonido del Silencio

CAPITULO X: Sueños

Ves cosas y dices,"¿Por qué?" Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, "¿Por qué no?".
George Bernard Shaw (1856-1950) Escritor irlandés


Sentado en la cama Hanamichi no podía dejar de pensar en todo lo ocurrido esa semana.

La mañana siguiente iría con su madre al curso de lenguaje de los signos por primera vez y ahora más que nunca pensaba que iba a ser una completa pérdida de tiempo.

Desde que dejó de ir a entrenar para ir a la biblioteca a estudiar. No podía sacarse de la cabeza la sensación de plenitud consigo mismo, cuan orgulloso se había sentido, hacía apenas unos días, cuando por la mañana el profesor le hizo salir a la pizarra. Quería ser capaz de repetir un momento así.

Tampoco conseguía olvidar, a pesar de que eso sí lo había intentado, lo mucho que le había dolido la reacción de sus amigos. Hanamichi sabía que la mayoría de gente le consideraba un patán inútil, pero en el fondo, antes de ese incidente, siempre había creído que como mínimo sus amigos reconocían en él un potencial, quizás algo distinto pero especial. Ahora sabía que ellos pensaban igual que el resto de la gente, y dolía.

Ni como se había puesto de nervioso al encontrarse encerrado en la azotea, ni más ni menos que, con Kaede Rukawa. Todavía no entendía como habían acabado hablando tranquilamente de lo que le estaba sucediendo. Por alguna razón le inquietaba esa sensación de que el moreno pudiera estar preocupado por él. Le había molestado mucho que intentara convencerle de que el resto del equipo estaba preocupado o que en realidad sí les importaba su presencia en los entrenamientos, pero por otro lado… tanta pregunta, tanta insistencia… ¿no eran señales de que como mínimo él sí estaba interesado en saber qué le ocurría? No podía sacarse de la cabeza el por qué de ese extraño cambio de actitud.

—Capullo —murmuró sin poder evitar una sonrisa al recordar como habían salido de la azotea cerrada por dentro.

Rukawa había sonreído por primera vez en mucho tiempo viendo a Hanamichi reír por la estúpida broma del hombre de hielo. Y luego como si nada había sacado un móvil del bolsillo para llamar al conserje del colegio, que en menos de cinco minutos les había abierto la puerta. Por lo visto no era la primera vez que Rukawa se quedaba allí encerrado, ni que el conserje le ayudaba, o eso le había contado el hombre riendo mientas Kaede se hacía el sueco.

Después de eso había dudado un momento si volver al gimnasio esa tarde. Pero entonces se cruzó con su profesor de literatura que iba hablando por el pasillo con su profesor de matemáticas. Estaba seguro que el segundo le contaba al primero lo ocurrido esa mañana. Si su profesor de matemáticas se había tomado tan mal su ejercicio bien resuelto en la pizarra como pensaba, el de literatura querría hacerle el examen pronto. Y por eso había vuelto a la biblioteca, no sin dar un suspiro al pensar que en ese gimnasio quizá había un grupo de gente que realmente se preocupaba por él.

La señora Nene había escuchado paciente las explicaciones de Hanamichi, quien por algún motivo se sintió confiado y seguro de contarle todo. Ella había dicho que si no le importaba quedarse más horas en la biblioteca cada tarde podía ajustar el horario para que la semana siguiente pudiera dar como mínimo el examen de lengua y el de matemáticas que no podía tardar en caer tampoco.

Lo había hecho y ahora ya casi se sabía a la perfección los temas de literatura que habían hecho y era capaz de resolver todos los ejercicios básicos de matemáticas. Era consciente que su redacción seguía siendo infantil por la poca cantidad de kanjis que conocía, y que era incapaz de resolver los últimos problemas de cada lección por ser demasiado difíciles. Pero de todos modos se sentía satisfecho del trabajo realizado.

Era temprano. No había hecho ejercicio en toda la semana. Y a pesar de ello se sentía muerto de cansancio. Había sido una semana muy intensa.

Con ese pensamiento en la mente se tumbó y se durmió.

Estaba en la mesa de la biblioteca repasando la lista de kanjis que no conseguía aprender de memoria.

La biblioteca estaba en absoluto silencio. Extrañado levantó la cabeza para ver qué hacían la señora Nene o Kenji su ayudante que no hacían ni un ruido. Pero no había nadie.

Se levantó para ver si estaban en la sala de estudio. Pero al abrir la puerta salió a fuera, donde el aire era frío.

Un golpe de viento le arrebató la hoja de las manos.

Corrió para recuperarla, no debía perderla, pero el viento y la niebla no le dejaban ver donde estaba.

No sabía por dónde había llegado allí.

De repente entre la niebla una figura se dibujó delante de él. La miró unos instantes. Sabía quien era, había reconocido ese porte, esa figura alta y atlética.

Corrió hacia él, pero no lo alcanzaba, el otro solo se giró y caminó, Hanamichi le gritó que se esperara, pero él siguió andando impasible, «tan típico» pensó Hanamichi.

Se alejó demasiado, lo perdió de vista y cuando Hanamichi llegó donde él había estado parado observándole solo había la hoja de Kanjis con uno marcado, pero no sabía cual era.

No lograba recordar qué significaba. Repasaba la lista de Kanjis mentalmente una y otra vez y por más que lo intentaba no lograba descifrar qué significaba ése.

Sintió que le observaban e instintivamente abrió los ojos.

Su madre se había quedado viéndole dormir antes de despertarle.

Todo había sido un sueño.

—Buenos días —le murmuró su madre con una caricia.

Era extraño despertarse sin gritos ni despertadores. Todavía no estaba despierto, quería seguir durmiendo, algo le decía que todavía no debía despertar, que todavía no había descubierto… pero ya no recordaba qué era lo que tenía que descifrar.

Ensoñado sonrió a su madre y le murmuró:

—Buenos días mamá —ella se le acercó y le besó.

—¿Has dormido bien?

—Creo que sí. He soñado algo muy extraño —murmuró desperezándose. Su madre se sentó a los pies de la cama para escucharle—. Estaba en un lugar… creo que era un lugar alto, hacía fío y había niebla y yo buscaba algo y entonces él lo tenía pero…

—¿Él, quien, Hanamichi?

—No lo sé, no podía verle por la niebla pero lo tenía y luego me lo dejaba y se iba.

—¿Y qué era?

—No estoy seguro, lo llevaba cuando todos callaron y… no sé algo raro pasaba en la biblioteca y al salir hacía frío y lo perdía.

—Es raro pero no es nada con lo que he soñado yo. Hoy he soñado que iba a la farmacia y ya que estaba allí compraba pintura para pintar el salón. Pero la pintura no pegaba con las cortinas así que volvía y compraba tela para unas cortinas nuevas, pero ella no quería vendérmelas, decía que primero tenía que comprar una batidora porque sino no podía venderme las cortinas. Con lo bonitas que eran. Y luego la farmacéutica quería venderme un mueble también pero era demasiado pequeño.

—¿Demasiado pequeño? —preguntó desconcertado Hanamichi.

—Para la batidora —dijo ella convencida.

—Mamá tu sueño no tiene sentido, no puedes comprar pintura en la farmacia, ni cortinas, ni muebles a medida para una batidora que te obligan a comprar con las cortinas.

—Sí pero es que la farmacéutica quería hacer una especie de mercado de no se qué y…

Hanamichi no pudo contenerse más y rió de buena gana al ver la cara de su madre parecía que para ella todo ese galimatías tenía todo el sentido el mundo.

—Oye que yo como mínimo sé lo que hago en mis sueños. Eres tú quien persigue desconocidos en la niebla para que le devuelvan objetos robados que no sabe ni qué son.

—No era un desconocido, sé que le conozco.

—¿Quién era?

—No lo sé, no me acuerdo.

—Pues no debía ser muy importante —dijo su madre todavía riendo por debajo la nariz y levantándose—. Venga cariño levántate que al final llegaremos tarde.

Hanamichi recordó entonces lo que tenían que hacer esa mañana. No le apetecía nada. Se tumbó de nuevo y mirando al techó recordó la figura masculina y atlética entre la niebla.

«Sé que era alguien importante» pensó, pero no pudo recordar quien era o qué le había devuelto.

... continuará ...


Grissina: Sé que es extremadamente corto pero los sueños son efímeros.

PS: se aceptan apuestas ¿Con quien sueña Hanamichi? ¿Y qué significa el Kanji perdido? Me encantaría contrastar opiniones... ¿review, please?. Un beso y hasta el siguiente.