El Sonido del Silencio

CAPITULO XII: El examen

Felicidad: estado de ánimo del que disfruta de lo que desea.



Como Hanamichi ya esperaba, el lunes por la mañana los del curso de segundo tuvieron examen sorpresa de lengua y matemáticas.

Como le había recomendado la señora Nene el domingo, a pesar de sentir que necesitaba estudiar más, después de cenar no volvió a estudiar, estuvo con su madre viendo un programa, juntos, después de ir a visitar la tumba de su padre por ser el primer día de Noviembre, y finalmente se había ido a la cama temprano. De ese modo se había levantado descansado y cuando se encontró con las hojas de los exámenes delante supo perfectamente qué debía hacer.

Contrariamente a lo que muchos esperaban no protestó cuando los profesores anunciaron el control sorpresa como hicieron los demás, él tomó sus hojas en absoluto silencio, intentando no perder la concentración, y lo respondió todo tan bien como supo.

A la hora del recreo la Gundam se había pasado todo el rato quejándose del examen y del profesor y Hanamichi por primera vez no se unió a ellos. Oírles quejarse más de media hora seguida de lo mismo cuando él no se sentía molesto, pues ya se los esperaba, se le hizo de lo más pesado. Desconectó de lo que le decían y se puso a pensar en Sayaka y en las ganas que tenía de verla el sábado siguiente para aprender más de ella y del lenguaje de los signos.

Sin hacer caso de sus amigos Hanamichi se tumbó en el césped del patio y miró las nubes correr. Había una que parecía un conejo. Hacía viento y corría deprisa por el cielo. La siguió con la mirada hasta que se escondió tras el gran edificio de la escuela. Y de pronto vio una silueta en la parte más alta del edificio.

Rukawa le miraba apoyado en la barandilla. No distinguía su cara pero sabía que le estaba mirando fijamente, lo sabía con la misma certeza que tenía de no poder apartar la mirada de él.

—¡Hanamichi! —le chilló muy cerca uno de los chicos haciéndole dar un bote—. ¿Que no nos oyes?

—¿Qué mierda pasa contigo tío? —le dijo Hanamichi sobándose el oído. Luego se levantó enfadado y se alejó de ellos sin decirles nada.

—¡Hanamichi! —le gritaron sus amigos viéndole alejarse hacia la puerta del edificio.

Él sólo les hizo un gesto obsceno con el brazo y ellos enfadados no le siguieron.

Ese grito en la oreja le había espantado. No quería ni pensar en la posibilidad de tener problemas de oído. Y menos por esa panda de estúpidos que eran sus amigos.

Era un día soleado y por eso no había nadie en las clases. Hanamichi tampoco quería quedarse encerrado en la escuela. Pero no quería salir al patio de nuevo con sus amigos.

Desanimado se dirigió a la clase. Tras asegurarse que no había profesores dando la ronda en ese piso, se sentó en su antiguo pupitre al lado de la ventana y vio a sus amigos hablar. Siquiera Yohei le había seguido y ahora se sentía sólo viéndoles a ellos juntos, hablando y riendo.

Además tenía hambre. Con lo de la dieta sin sal cada día comía menos y peor. Prefería tirar esa bazofia sin gusto a nada y pasar hambre a comérsela. Pero se le hacía la boca agua de ver las comidas de sus amigos y saber que no podía pedirles que la compartieran como habían hecho tantas otras veces.

Un ruido en la puerta de la clase le sobresaltó.

Rukawa le miraba desde la puerta. Ninguno dijo nada, se quedaron mirando fijamente. A Hanamichi le pareció que los ojos de Rukawa le miraban distinto de otras veces, tenía la sensación de que el moreno quería decirle algo, era la misma sensación que en el sueño cuando intentaba descifrar lo que significaba ése kanji. Eso es, era un kanji lo que había perdido en ese sueño, ahora lo recordaba. La idea de que esa mirada pudiese darle la respuesta que buscaba le cruzó la mente.

Se levantó de la silla para acercarse a él y entonces el timbre sonó y Rukawa se marchó por el pasillo hasta su aula.

—¡Rukawa! —le gritó Hanamichi desde la puerta antes de que nadie llegara al segundo piso dónde ellos estaban, sin estar muy seguro de qué le iba a decir.

Rukawa se paró y se giró para verle. Pero siguió en silencio.

—Nos vemos esta tarde en el entrenamiento —dijo al final Hanamichi, cuando el ruido de pasos acercándose indicaba que estarían solos pocos segundos más.

—¿Y ése problema que…?

—Solucionado —dijo sonriendo.

Rukawa asintió levemente con la cabeza y se metió en su aula. En ese momento el primer grupo de estudiantes llegaba al segundo piso riendo y hablando.

Hanamichi sonrió para sí mismo y murmuró:

—Sí —y también se metió en su aula de nuevo. Aunque esta vez se sentó en su propio pupitre, a primera fila, para la última clase antes del entrenamiento.

Cuando el timbre sonó de nuevo Hanamichi no se entretuvo y corrió hacia el gimnasio. Tenía ganas de correr.

A pesar de haberse apresurado todo lo que pudo cuando llegó a los vestuarios casi sin respiración, alguien ya salía de ellos cambiado y listo para entrenar. Rukawa le dijo:

—Estás en baja forma torpe —y siguió andando hacia la cancha sin darle oportunidad de replicarle.

Dentro el vestuario Hanamichi murmuró:

—Dame una semana maldito zorro y ya veremos quien es el que está en baja forma.

—¿Ahora hablas solo Hanamichi? —preguntó una voz detrás de él. Mitsui acababa de llegar.

—¿Contamos contigo esta semana? —le dijo Ryota que había entrado detrás de Mitsui.

—¡Chicos! —exclamó contento de verles. Aunque no tenía motivos para ello, estaba alegre, con ganas de comerse el mundo—. Hoy vamos a hacer el mejor entrenamiento de la temporada, y mañana será mejor y el otro mejor todavía. Y para cuando empiecen los partidos importantes seremos invencibles —exclamó antes de estallar en carcajadas y salir a la pista ansioso por empezar .

Y realmente fue un buen entrenamiento. Hanamichi consiguió mantenerse más concentrado de lo habitual evitando dispersar así al resto de sus compañeros. A pesar de que no pudo evitar los insultos entre sus jugadores estrella Ryota estaba contento y no le hizo quedarse a recoger balones como habitualmente hacía.

Hanamichi aprovechó para pasarse por la biblioteca antes de ir a casa. Quería contarle a la señora Nene que ya había hecho el examen y que gracias a su ayuda estaba seguro que esta vez iba a aprobar.

Cuando finalmente llegó a casa Hanamichi seguía de muy buen humor.

Esa noche cuando su madre le insistió para que sacara la basura lo hizo sin chistar, cuando ella le pidió que pusiera la mesa, de nuevo, no puso pegas para hacerlo, así se ganó que su madre le dejara tomar helado de chocolate de postre. Habían cenado tranquilamente hablando.

Hanamichi no le contó nada de los exámenes a su madre porque a pesar de haber dicho a la señora Nene que seguro que había aprobado, no las tenía todas y prefería no gafarlo. Se lo diría cuando le dieran las notas. Estaba ansioso para que llegara ese día y deseó que los profesores hubieran corregido los exámenes para el día siguiente mismo.

Hanamichi se durmió con una sonrisa en los labios esa noche.

... continuará ...


Grissina: Lo sé, lo sé, es muy corto... que difícil es haceros felices. Con lo fácil que es hacerme feliz a mí: ¡un review con vuestra opinión y soy una mujer feliz por el resto del día!