Samantha

Mis piernas no daban para más, llevaba tanto tiempo corriendo que incluso se me había olvidado el motivo por el cual lo estaba haciendo, sin embargo no paraba, no hasta al menos encontrar un buen refugio.
La mano me molestaba bastante; notaba un incómodo latido debido al corte que me hice con el cuchillo, bueno, al menos un arma más que me llevo. El arco no parecía querer colaborar en incomodarme menos, cada paso que daba hacía que notase la cuerda raspándome la garganta sin piedad, hasta que quedase en carne viva.

Este bosque parecía decidido a no acabar nunca, no encontraba ningún lugar que me sirviese para ocultarme. Paré en un árbol bastante menudo que apenas me tapaba, pero necesitaba coger un poco de aire para mantenerme con vida. Desconfiada, me descolgué la mochila del hombro y examiné cuidadosamente todo lo que traía; un paquete de vendas, (si no lo hubiése traído me habría sentido estúpida al jugarme la vida por la mochila) una cuerda, una linterna, una botella vacía y dos extrañas y pequeñas bases circulares metálicas, las dejé al fondo de la mochila, ya que desconocía su utilidad, metí el resto de cosas y me dispuse a comprobar las armas, en primer lugar el arco: este parecía sencillo a primera vista, de forma curva, cuerda bien tensada, metálico... nada en especial, pero entonces me di cuenta de que en la empuñadura había una pequeña mira. Mi puntería, y no es por alardear, era impecable, pero me venía bastante bien esta mira para que mis tiros lejanos fuesen certeros, ya que podía hacer aumento en la imagen con un botón situado en el cuerpo del arco. La verdad es que estas armas son bastante avanzadas, me costará lo mío aprenderlas a usar.

Dejé el arco a un lado y me dispuse a ver de cuanta munición disponía. Saqué las flechas del carcaj y las conté una por una; había un total de veinte flechas, una buena cifra, compatible con una victoria.
Aparte el arco, disponía del cuchillo que me lanzó Chrysta, craso error tratar de acertarme a tanta distancia, ya me ocuparé en su momento de que aprenda lo que debe y no debe hacer... por las malas claro está, resulta más placentero.
El atardecer se empezó a hacer notar en la arena, el cielo fue tomando un precioso color naranja en lo alto, no pensé que llegaría a ver un atardecer después del baño de sangre, siempre me he infravalorado bastante, tal vez sea hora de darme un voto de confianza.

Recogí todo y volví a pensar en un sitio donde ir a esconderme, entonces escuché un chasquido de una rama, al fondo, justo detrás de mí. Me volteé rápidamente y me fijé en una mano soltando golpes desordenados al aire, estaba demacrada y negruzca, con cortes por todas partes. Saqué una flecha y la acomodé en el arco, el cual había preparado anteriormente para una posible pelea.
¿Acaso lo que veía era un tributo a punto de morir? ¿Sería alguna trampa del Capitolio? No lo sé. Lo que sí tenía claro es que no pensaba huir, me enfrentaría a lo que estuviese tras ese árbol.

Di unos pasos más al frente y me detuve esperando a que saliese alguien o algo a atacarme, se trató de un algo. De lejos podría parecer una persona... a la que acaba de atropellar un camión. Tenía un aspecto dejado, sus ropas estaban harapientas y tenía la cara desfigurada por completo, con cortes y sangre por todas partes. Tenía una actitud bastante agresiva, parecía no percatarse de mi presencia, a excepción de cuando me movía, era entonces cuando enloquecía y daba golpes al aire, imagino que tratando de buscarme.

No le iba a dejar tiempo a que acabase conmigo, eso estaba claro, así que apunte a su cabeza y disparé; la flecha colisionó contra su cráneo, pero el extraño enemigo seguía en pie. Entonces de un salto se abalanzó sobre mí, me tumbó al suelo sin darme tiempo a cargar otra flecha, y la que tenía clavada en la cabeza me daba en la frente. Intercambiamos golpes hasta que me lo conseguí quitar de encima, me levanté y me dispuse a propinarle una patada en la cabeza, pero no parecía surtir efecto, como si no fuese capaz de recibir dolor. Me dio un fuerte golpe en la cara, dejando una estela de hedor impregnada en mi pómulo, que no tardó en amoratarse. Le devolví el golpe y otros dos, él me cogió por el cuello y me levantó en peso, el aire entraba cada vez con más dificultad en mis pulmones. Intenté darle golpes en el costado con las piernas, pero él no me soltaba, e incluso me zarandeó más hasta que sus brazos se cansaron y me lanzó contra un árbol. Mi espalda se acomodó a la forma del tronco antes de caer al suelo sin apenas consciencia.

De mi mochila cayó el cuchillo que me lanzó Chrysta, me aferré a él y traté de clavárselo, no me fijé muy bien donde, solo sé que evitó mi ataque y aprovechó para doblar mi brazo. Varias punzadas de dolor se apoderaron de mí, no sentía el brazo, sino un cosquilleo recorriendo mi cuerpo y una sensación amarga en la boca pero no podía permitirme fallar, el precio era la muerte. Me levanté a regañadientes e introduje el cuchillo varias veces en su pecho, luego un par de cortes y volví a introducir el cuchillo, pero esta vez en su cabeza, así hasta que dejó de moverse.
¡Maldita sea! Casi me mata. ¿Qué diablos tienen pensado para estos Juegos? ¿Acaso pretender que muramos todos? Por lo que veo no ponen mucho entusiasmo en otorgar un ganador a los Juegos...


Después de un parón vacacional, volvemos a la carga. ¡Nos leemos!