El Sonido del Silencio

CAPITULO XIII: Fuera del equipo

Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena.
Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.


Había pasado casi una semana desde que hizo los exámenes y los profesores todavía no habían dicho nada de las notas. Hanamichi estaba nervioso y su optimismo se estaba disipando por momentos.

Ryota había anunciado que ése sábado no, el siguiente, harían otro partido amistoso, el último antes de empezar la competición. Y si suspendía alguno e los dos exámenes no podría jugar.

Esa mañana a la hora de comer Hanamichi se entretuvo unos minutos en clase ordenando los papeles que le habían caído al suelo al levantarse demasiado deprisa.

—Vamos bajando para coger sitio en el césped o nos lo quitarán, te esperamos abajo —le habían dicho sus amigos.

Hanamichi estaba de mal humor. El profesor de matemáticas le había hecho salir de nuevo a la pizarra, por tercera vez ésa semana, pero se había equivocado al resolver el problema y éste se había mofado de él. Para rematar la nefasta última hora de la mañana se le habían caído todos los papeles al suelo como si fuera un patoso de primera, y encima sus amigos no le habían esperado y se habían ido sin él.

Cuando finalmente salió del aula ya no había nadie en los pasadizos. Por una ventana vio a sus amigos en el jardín bajo el árbol de siempre riendo. Sintió una punzada en el pecho al ver que habían empezado a comer sin él. Se le pasaron las ganas de salir con ellos. No quería verles, pero tampoco quería quedarse a dentro solo. Entonces pasó por delante de la escalera que subía a la azotea y se le ocurrió subir.

La puerta estaba cerrada, sin la piedra que evitaba que se cerrara. Sonriendo pensó que seguro que Kaede se había quedado encerrado a fuera de nuevo. Algo indeciso abrió con cuidado la puerta y colocó una piedra para evitar que se cerrara. Le extrañó no ver a Rukawa en la azotea pero pensó que quizá estaba en algún rincón durmiendo al sol como un gato.

—Mejor —susurró, pensando que así se evitarían una pelea inútil.

Pero no había nadie en la azotea, cuando Hanamichi se dio cuenta que estaba solo allí arriba se sintió algo decepcionado.

—Mejor solo que mal acompañado —se dijo, pero sabía que no era cierto. No le gustaba estar solo y debía admitir que, tras la conversación de la semana pasada, estar con el zorro tampoco era estar mal acompañado.

Malhumorado se sentó en el suelo y sacó su fiambrera. De nuevo arroz sin sal, verdura hervidas sin sal, nada de fritos, nada de grasas; Parecía que su madre había añadido el "sin grasas" al ya bastante descorazonador "sin sal" de su dieta. Tenía hambre, pero esa comida no parecía nada apetecible. De mala gana se llevó un bocado a la boca y con desgana lo masticó y tragó.

Cinco minutos después solo había comido unos pocos bocados más y ya no podía seguir comiendo esa bazofia.

—Mamá —dijo Hanamichi cerrando la fiambrera prácticamente llena—. Tengo que buscarte un buen libro de cocina sin sal antes de que me mates de hambre.

Sin nada que hacer, Hanamichi se levantó del suelo y se asomó a la barandilla. Sus amigos no parecían preocupados por su ausencia. Algo dentro de él se revolvió al verles reír tranquilamente. Se alejó de la barandilla y recogió sus cosas. Empezaba a hacer aire y una nube había tapado el sol.

Con cuidado dejó la piedra donde la había encontrado y cerrando la puerta tras él y bajo las escaleras hasta el pasadizo de su clase.

No había llegado a bajar el último escalón cuando oyó una voz. Por algún motivo decidió esperar para no ser visto. Y entonces reconoció esa voz. Era el profesor de matemáticas.

—…estoy dispuesto a hacerte una recuperación especial, sabes que tengo debilidad por ti, pero debes prometerme que esta vez te aplicarás más. ¿De acuerdo?

Hanamichi no sabía con quien hablaba el profesor porque la alumna no decía nada. Pero el tono del profesor era bastante extraño para estar hablando con una alumna.

—Sabes que yo podría darte clases particulares después de los entrenamientos. Si te quedaras aquí conmigo estaríamos muy tranquilos y…

Por un momento Hanamichi pensó que esa oferta del profesor estaba fuera de lugar. Para empezar no estaba bien que un profesor diera preferencias de ése tipo a una alumna por encima de los demás, pero además a Hanamichi le pareció que había intereses ocultos en esa oferta.

Entonces la alumna que Hanamichi se moría de ganas por saber quien era dijo en tono duro y frío:

—Haré el examen, pero no tomaré clases particulares con usted.

Hanamichi reconoció ese tono de voz al instante y quedó petrificado donde estaba. La alumna acosada era Kaede Rukawa.

—Vamos muchacho no seas terco, sabes que esta situación es culpa tuya por no haber hecho lo que debías. Yo solo pretendo ayudar. Sabes que sin mi ayuda no podrás…

—Se lo dije, no pienso… ¡nunca! —murmuró en un tono de voz que Hanamichi nunca le había oído a Kaede.

—Está bien, ya recapacitarás. Te estaré esperando.

Sin entender muy bien porqué, Hanamichi sintió el enfado embargarle y también la confusión.

Todavía sin saber qué hacer Hanamichi subió escaleras arriba para no ser visto por Rukawa.

Si Rukawa había suspendido no podría jugar el siguiente partido. Y si no aprobaba la recuperación le echarían del equipo permanentemente igual que le ocurriría a él si no había aprobado los exámenes de literatura y matemáticas.

Hanamichi se sorprendió de no estar contento por esa noticia. Todo el contrario se sintió mal por Rukawa.

«Me sabe mal por él porque podría ser yo el expulsado» se dijo a si mismo mentalmente Hanamichi sin querer darle mas vueltas al malestar que sentía.

Pero, aunque no quisiera admitirlo, no podría dejar de pensar en lo que le había propuesto ése profesor a Rukawa. Alguien debería pararle los pies a ése tipo.

«Rukawa porque es fuerte y no se deja apabullar ¿pero que tal que hubiera sido otro más indefenso?» pensó preocupado.

Cuando ya había esperado lo suficiente para darle tiempo al profesor y a Rukawa de irse del pasadizo bajó de nuevo y se metió en el aula.

Pasó un rato dando vueltas a lo que había visto.

«Y aunque Rukawa pueda defenderse de él… no hay derecho que un profesor le acose así».

«¿Debería decir algo?»

«¿Pero qué diría Rukawa si supiera que he oído toda la conversación?»

«¿Y por qué debería preocuparme lo que él diría?»

Al final se convenció que era el propio Rukawa quien debía hacer algo contra ése profesor. Él ya tenía suficientes problemas. Rukawa en cambio era el preferido de todos y si él acusaba al profesor todos le creerían, en cambio a él…

Intentando sacarse todo eso de la mente y sin nada mejor que hacer, sacó de su carpeta los papeles con el alfabeto del lenguaje de los signos dibujado y empezó a practicar intentando recrear el nombre de gente que conocía comprobando luego si había dibujado con las manos las sílabas correctas cada vez.

Sayaka le había enseñado el alfabeto el sábado anterior pero todavía confundía algunas sílabas. Quería llegar a la siguiente clase dominándolo a la perfección.

—¿Qué haces? —le sorprendió una voz detrás de él.

Con el corazón latiéndole deprisa se giró y encontró en la puerta de la clase a Kaede mirándole con cara de curiosidad.

—Nada —dijo rápidamente Hanamichi tapando los papeles que tenía desparramados encima de la mesa de la vista de Kaede.

—Ya —murmuró el moreno.

Luego no dijo nada y pasados unos instantes de silenciosas miradas se largó dejando detrás a Hanamichi con una extraña sensación en el pecho, como un mal presentimiento.

Esa tarde a medio entrenamiento la puerta del gimnasio se abrió y entraron el profesor Ansai acompañado de los profesores de lengua y matemáticas. Hanamichi miró instintivamente a Kaede y vio como éste había pensado lo mismo que él, le habían dicho lo del suspenso de Rukawa a Ansai y ahora éste no le dejaría jugar más. Hanamichi reprimió las ganas de gritar que eso era injusto al darse cuenta que él no debería saber lo ocurrido esa mañana.

—Sakuragi, Rukawa y Yasuda, venid aquí.

Todos pararon un momento para observarles curiosos hasta que el entrenador gritó de nuevo:

—Los demás seguid entrenando.

No era habitual que el entrenador diera órdenes directas así que todos obedecieron inmediatamente.

La presencia de Yasuda hizo dudar a Hanamichi de que lo querían los profesores tuviera algo que ver con las malas notas de Rukawa. Pero no encontraba ningún otro motivo para hacerles salir de la cancha a medio entrenamiento. Por un momento temió que los tres hubieran suspendido, después de todo ninguno de ellos era un lumbreras precisamente.

—Chicos, los profesores acaban de darme sus resultados de las últimas pruebas. Rukawa y Yasuda han suspendido uno de los exámenes y por ello hasta que no aprueben la recuperación quedan suspendidos del equipo —dijo muy serio Ansai.

¿Quería eso decir qué Hanamichi había aprobado los dos o que los había suspendido los dos? Se preguntaron los tres muchachos.

—Los profesores han acordado haceros la próxima semana una prueba especial de recuperación en vez de esperar el siguiente para darles la oportunidad de poder jugar el último partido antes de empezar la competición. Confío en que se esforzarán al máximo para poder regresar a tiempo al equipo.

—Sí entrenador —murmuraron ambos con la cabeza baja.

—Entrenador yo…

—Un momento Sakuragi —le cortó el entrenador.

—¿Pero aprobé no? —preguntó algo asustado Hanamichi sin hacer caso del entrenador.

—No has suspendido —le dijo con tono algo rudo muy impropio de él, especialmente cuando hablaba con Hanamichi, y luego desvió la mirada a los otros dos que les miraban sorprendidos por esa afirmación y les dijo—, vosotros dos ya podéis ir a recoger vuestras cosas.

—Qué bien por un momento pensé que no podría jugar este sábado tampoco… —murmuró aliviado Hanamichi.

—¿Sakuragi, estudiaste para esos exámenes? —Le preguntó el entrenador cuando lo otros dos se hubieron ido.

—Sí claro profesor. Este genio trabajó muy duro para que no le pasara lo que a esos dos—dijo riendo Hanamichi contento de no haber suspendido como sus compañeros.

—¿Entonces por qué copiaste?

—¿Por qué, qué? —preguntó alzando la voz por la sorpresa de esa acusación.

—Sabemos que estos exámenes no los hiciste tú Sakuragi —murmuró el profesor de lengua.

—¿Y quien cree que los hizo sino? ¿O cree que se hicieron solos?—respondió.

—Los profesores creen que copiaste en ambos exámenes para poder asistir al partido del sábado.

—¡Pero yo no copié! —gritó. No le importaba si todo el mundo se enteraba de lo que le acusaban. Estaba furioso e indignado había trabajado mucho para aprobar esos exámenes—. ¿Con qué pruebas me acusan? —preguntó al ver que su grito había hecho retroceder sus profesores un poco.

—Ningún alumno que su nota máxima en primero fue un cinco pelado puede sacar de repente un notable alto en segundo —murmuró el profesor de lengua.

—Son ustedes una panda de…

—¡Sakuragi! —le reprendió el entrenador que estaba mucho más serio de lo habitual.

—Viejo esto no es justo. Yo estudié mucho para esos exámenes y…

—No hay manera de saber si lo que dices es cierto excepto que hagas el examen de nuevo Sakuragi.

—¡Pero no es justo yo ya lo aprobé!

—Los repetirás la semana que viene junto con Rukawa y Yasuda. Si apruebas podrás jugar comos ellos. Hasta entonces…

—¿Me está echando del equipo, viejo?

—No — fue toda respuesta del entrenador que acto seguido salió acompañado de los otros dos profesores.

—Te está dando tiempo para estudiar para los exámenes, porque el equipo te necesita el sábado —dijo Ayako viendo salir a los profesores y sin poder creer que Hanamichi hubiera copiado en un examen.

—No es cierto. Solo queréis que… —empezó a gritar Hanaichi primero mirándola a ella y luego a todos sus compañeros que de nuevo se habían detenido para ver lo que sucedía—. No pienso volver a hacer ése puto examen. Yo ya lo aprobé.

—Pero Hanamichi no seas idiota —murmuró Ryota—. Haz el exámen y…

—¡No! —gritó Hanamichi.

—Hacer el examen es el modo de demostrar que no copiaste.

—No. No tengo que demostrar nada ante nadie, me oís. ¡YO —gritó— no he copiado!

—Pero Hanamichi —dijo Haruko suplicante.

—¡Que os den! —gritó entrando al pasadizo de los vestuarios.

—¡Sakuragi!— exclamó enfadada Ayako.

—¿Hanamichi? —murmuró Yasuda asustado al verle entrar en los vestuarios hecho una furia.

Rukawa solo le miraba.

—¡Son unos cabrones! —exclamó enfadado dando un golpe furioso a su taquilla.

Hanamichi tenía los ojos llenos de lágrimas de impotencia que pugnaban por salir.

Esos dos profesores habían logrado sacarle fuera del equipo.

... continuará ...


Grissina: Mi intuición me dice que llegó la hora de desempolvar esa armadura medieval que me compré hace unos años... XD

Cuando en medio de una historia las cosas empiezan a ir demasiado bien, solo quiere decir que la trama está a punto de complicarse.

¿De verdad esperabais que solo Hanamichi tendría problemas?