El Sonido del Silencio

CAPITULO XIV: Kaede

No existen las coincidencias, sólo lo inevitable.
Yuko, la Bruja de la dimensión. XXXHolic. CLAMP.



Ése sábado en el hospital alguien enseguida se dio cuanta que Hanamichi no estaba bien. Se había sentado en un rincón mirando por la ventana al llegar y ni se había movido cuando todos se reunieron en el centro para empezar la sesión.

Una mano en el hombro sobresaltó al pelirrojo. Sayaka le decía con gestos que se acercara al centro con el resto. La chica parecía enfadada con él por no haberle saludado pero a Hanamichi no le importó. Nada parecía importarle desde la tarde del jueves cuando le habían echado del equipo.

Se sentó lejos de Sayaka y lejos de su madre, no tenía ganas de estar allí. No prestó atención alguna a las indicaciones del enfermero referentes a lo que harían ése día.

—Hoy vas a hacer los ejercicios conmigo —le dijo una voz detrás de él sacándole de sus pensamientos.

No contestó, solo le miró y, sin saber porqué, se sintió aliviado.

—Está bien —murmuró—. ¿Y los pequeños? —preguntó mirando alrededor recordando que era con ellos con quien él pasaba las mañanas.

—Hoy no están. Ven, saldremos a que nos dé el aire

Después de decir eso le dio la mano para que se levantara y sin soltarle le condujo hasta los jardines del Hospital.

Hanamichi se sintió extraño andando por el hospital de la mano de ése extraño enfermero, pero no dijo nada ni intentó soltarse. Tenía la sensación que si se soltaba se iba a hundir más todavía de lo que ya se sentía.

Cuando llegaron a fuera pasaron de largo la zona más transitada de la entrada y se dirigieron hacia un rincón donde había un banco libre al sol. Se sentaron. Hanamichi pensó amargamente que hacía un hermoso día, ideal para ir al parque con el balón a practicar su tiro de media distancia.

—¿Qué te pasa? —le preguntó directamente, sin rodeos unos segundos después.

Por un momento Hanamichi pensó en decir que nada, pero antes de darse cuenta ya le había respondido con otra pregunta.

—¿Te han sacado nunca de algún lugar injustamente? —su voz sonó extrañamente calmada.

—Sí.

—¿Acusándote de algo que no era cierto?

—No. Lo que decían de mí era cierto, pero no por eso fue justo que me echaran.

—¿Pero era un lugar importante, donde querías estar por encima de cualquier cosa?

—Sí, lo era.

—¿Y te has sentido nunca traicionado por aquellos en quien confiabas?

—Desgraciadamente sí.

—Entonces ya sabes qué me pasa.

Hanamichi calló y parecía que no tenía ninguna intención de seguir hablando del tema.

—Si no quieres contarme más de lo que te ha pasado lo entiendo. Pero, ¿estás seguro de que lo que han dicho de ti no es cierto?

—¡Claro que estoy seguro! —exclamó enfadado—. Todo el mundo cree que soy incapaz de hacer nada bien. Pero eso no quiere decir que no pueda hacerlo.

—Si no pensara que puedes hacer las cosas bien no te habría dejado entrar en la clase. No me gusta perder el tiempo.

—Pero no eres tú quien me invitó a venir, fue el doctor —le respondió Hanamichi asombrado por la prepotencia de ése tipo.

—Yo le pedí que lo hiciera.

El enfermero le miró fijamente, hizo una pausa como sospesando si decir lo que estaba pensando o callarlo, y finalmente añadió:

—Pensé que si te invitaba a venir yo no vendrías.

Sorprendido por esa confesión y intrigando por esa penetrante mirada Hanamichi se olvidó de que estaba enfadado y le preguntó.

—¿Pero esto no es una actividad del hospital?

—No. El hospital nos cede la sala pero la actividad está subvencionada por una fundación privada.

—¿Y qué relación tienes tú con esa fundación?

—Yo… estoy en ella desde que empezó.

—¿Y por qué estás tú en una fundación para ayudar a los que pierden oído y a sus familias? ¿Porque de esto va todo esto no?

—Sí, de eso precisamente va todo esto.

—¿Entonces? —le increpó Hanamichi.

—Alguien a quien quería mucho cuando yo tenía tu edad perdió el oído hace unos años. No lo superó y le perdí. Desde entonces intento que la historia no se repita.

—No hace falta que nos compadezcas —le dijo enfadado Hanamichi.

Al enfermero le sorprendió que Hanamichi hablara en plural como si ya se sintiera parte de ése grupo de gente con un problema.

—Y no lo hago.

El enfermero calló de nuevo, sin dejar de mirarle con sus penetrantes ojos negros. Hanamichi se sintió turbado y no se atrevió a decir nada más. No quería molestarle.

Finalmente el enfermero habló de nuevo.

—Yo no supe como ayudarle a superarlo y cuando me di cuenta de en qué había fallado ya era demasiado tarde —dijo como explicación a una pregunta no formulada.

—¿Esa persona…? —Hanamichi no estaba seguro si era correcto preguntar pero por alguna razón incomprensible quería saber más de esa relación o quizá del pasado de ése extraño enfermero.

—¿Si éramos pareja? —le cortó—. Lo fuimos… pero se acabó. Se casó con quien sí supo ayudarle. Tiene un hijo de más o menos tu edad.

—¿Pero qué edad tienes? —preguntó sorprendido Hanamichi.

—Cuando le conocí yo era más joven que tú ahora, pero me saca mas de diez años.

—No has contestado a mi pregunta —dijo Hanamichi.

—No deberías preguntar la edad a las personas mayores que tú.

—Pero es que tú no pareces mucho mayor que yo, por eso he preguntado.

—Has preguntado porque has pensado que alguien de mi edad no puede tener un hijo de la tuya.

—Es cierto —admitió—, pero sigues sin haber respondido.

Entonces como respuesta le hizo unos gestos con las manos.

—Veintinueve —murmuró Hanamichi interpretando sus manos—. Vaya, pareces más joven. Oye dime una cosa, ¿cómo te llamas? —Hanamichi sonrió nervioso pensando que tras tantos días de conocerle era extraño preguntarle el nombre ahora.

Entonces él le hizo un gesto indicándole que no le oía y con gestos le dijo: «no puedo oír, lo siento».

Hanamichi sonrió al recordar que era sábado y estaban en una de las clases de lenguaje de los signos. Al ver lo que el otro pretendía, decidió unirse al juego y gesticuló con las manos la pregunta: «¿Como te llamas?»

«Takeshi» le respondió el enfermero.

Entonces empezaron a hablar con las manos. Takeshi le ayudaba gesticulando con la boca lo que le decía en silencio con las manos.

Fueron todo preguntas sencillas como "¿como estás?" "¿qué hora es?" o "¿de donde eres?". Que dieron lugar a una conversación simple y sin otra gracia extra que estar hablando en silencio absoluto.

Finalmente, cuando Hanamichi ya había preguntado todas las preguntas sencillas que había aprendido hasta entonces, se decidió a volver a temas más interesantes y, tras pensar un rato en como formular la pregunta que rondaba su mente, gesticuló:

«¿Como se llama él?» preguntó Hanamichi sonrojándose.

No sabía si la pregunta estaba mal formulada, pero los ojos de Takeshi le dijeron que le había entendido.

Hanamichi tenía la sospecha de que la 'pareja' de la que Takeshi había estado hablándole era un hombre y no una mujer, pero temía haberse confundido. Y preguntarle de ese modo le daba la excusa de que no conocía muy bien ese lenguaje y en caso de equivocarse siempre podría decir que se había confundido de signo.

Takeshi le miró unos instantes a los ojos, Hanamichi se sintió enrojecer y entonces él le sonrió levemente antes de gesticular:

«KA-E-DE»

La cabeza de Hanamichi se llenó de dudas y preguntas.

Kaede podía ser tanto un hombre como una mujer, pero no pudo evitar pensar en él como un hombre y eso le confundía mucho ya que ese nombre le había hecho pensar inmediatamente en el zorro. Kaede era un nombre bastante habitual tanto en chico como en chica, pero de todos modos se preguntaba si tendrían algo que ver esas dos personas.

La aparición de ese nombre y la palabra 'pareja' en la misma frase le había desatado la imaginación de mala manera y una infinidad de posibilidades, a cual más extraña, se le plantearon más deprisa de lo que nunca pensó que su mente podía funcionar.

Se moría de curiosidad. Pero no sabía si preguntarle más acerca de él. Y tampoco sabía como formular todas esas preguntas con las manos. Ya que intuía que a la que hablaran en voz alta de nuevo perdería la oportunidad de saber más acerca de su pasado y de 'ése' Kaede.

Se miró las manos e intentó recordar si Sayaka había usado alguna de las palabras que buscaba ahora para expresarse durante las semanas anteriores. Pero no recordaba ninguna.

—Ese sentimiento de impotencia que sientes ahora es lo que no quiero que sientas el día de mañana por no poderte expresar libremente —le dijo Takeshi en voz alta. Pero antes de que Hanamichi se atreviera a decir nada en voz alta añadió—, tenemos que regresar es casi la hora.

Hanamichi no dijo nada. Se levantó detrás de Takeshi y le siguió de nuevo a dentro.

De camino a casa su madre le contó que había estado toda la mañana con una simpática chica llamada Sayaka. En otra ocasión se habría muerto de curiosidad para saber de qué habían hablado su nueva amiga y su madre durante tanto rato, pero a penas pudo prestar atención a los comentarios de su madre.

En su cabeza no podía dejar de pensar en la historia que le había contado Takeshi. Se le hacía raro pensar en él con un nombre después de tantas semanas de pensar en él solo como 'él' o 'el enfermero'.

Esa tarde le llamó Yohei para saber si saldría con él y la banda a dar una vuelta. Sin pensarlo dos veces le mintió descaradamente diciéndole que no podía, que su madre le había castigado a no salir en toda la semana. No quería verles. Estaba convencido que querrían hacer broma con lo del sobresaliente y no estaba de humor.

Y de todos modos tan pronto su madre supiera que le acusaban de copiar seguro que le castigaría por el resto de su vida.

Pasó la tarde en casa, solo, tumbado en la cama pensando en todo lo que había ocurrido ésa semana.

... continuará ...


Grissina: Ya le puse nombre al enfermero. XD

Me pregunto qué estará pasando por vuestra mente en estos momentos... ¿review?