El Sonido del Silencio

CAPITULO XVII: Déjame en paz

Huyo de lo que me sigue; voy detrás de lo que huye de mí.
Ovidio (43 AC-17) Poeta latino.



Queriendo escapar de Yohei y el resto, para no tener que decirles porqué no había ido a clase el día anterior, Hanamichi salió sigilosamente y se perdió entre la multitud de estudiantes que salían al jardín para comer. Pero encontrar un rincón tranquilo no era tarea fácil incluso en esa época del año con el frío empezando a asomar la nariz.

Al final terminó sentado en un banco medio roto que había muy cerca de la puerta trasera del colegio. Era uno de los pocos rincones sin cuidar del recinto escolar, demasiado cerca del generador de corriente del colegio para ser un lugar tranquilo o agradable, pero precisamente por eso, era también uno de los mejores sitios para estar solo. Hanamichi lo conocía de haber tenido allí, lejos de la vista de los profesores de guardia, innumerables disputas con otros estudiantes antes de entrar en el equipo.

Su fiambrera estaba igual que siempre llena de arroz insípido sin sal ni salsa solo acompañado de merluza hervida sin ningún condimento.

—Acabaré muerto de hambre —murmuró cogiendo con los palillos un trozo de pescado.

Pronto se cansó del arroz y el pescado sin sal, y dejó la fiambrera a un lado. No tenía mucha hambre, un nudo en el estómago no le dejaba comer siquiera la insulsa comida sin sal. No podía sacarse de la cabeza lo que había dicho Takeshi.

—Claro que tengo un problema… —murmuró pasándose las manos por la cabeza en un intento de disipar todos los pensamientos negativos que divagaban en ella.

—Creía que ya lo habías solucionado —dijo una voz a su izquierda sobresaltándolo.

—¿Qué quieres? —le increpó Hanamichi a quien no le apetecía pelearse con nadie en esos momentos, y menos con él.

—¿Tú sabías lo de los exámenes verdad?

—Como todos. No fui el único de catear lite hace un mes ¿sabes? Y si no hubo recuperación era de esperar que habría un examen para todos pronto. No sé qué quieres zorro pero no me culpes de tu suspenso, todos sabíamos que habría examen pronto.

—¿Copiaste?

—No. ¿Dónde quieres llegar con todo esto? Deberías estar estudiando en vez de molestándome con preguntas estúpidas.

—Tú también.

—Yo ya estudié os lo creáis o no. Y ya aprobé, así que dejadme todos en paz de una vez. No repetiré el jodido examen, ya te lo dije el otro día en la terraza. Que es dónde deberías estar tú en vez de venir a incordiarme.

—Demuestra que estudiaste y rinde el examen.

—¿Pero se puede saber qué coño pasa contigo hoy? Déjame en paz con eso.

—El último entrenamiento…

—No quiero saber nada del equipo. Estoy fuera y no voy a volver, así que haznos un favor a ambos y olvídame.

—Cuando dije que te quería de vuelta en el equipo iba en serio. Eres un patán y un patoso, pero no hay nadie más en el equipo con tu cuerpo y potencia. El equipo necesita alguien como tú bajo el aro que controle los rebotes.

—¿Pero qué mosca te ha picado? Si tanto te preocupan ahora los rebotes ponte tú a cogerlos. Quizá así te des cuenta que no es tan fácil como parece. El día que te hayas peleado allí abajo por un balón como yo ven y dime a la cara que soy un patoso si te atreves, capullo arrogante.

—Idiota.

—Vete a la mierda Rukawa. No se qué coño intenta Ryota mandándote a ti de entre todos para convencerme que haga el puto examen de los cojones.

Rukawa no contestó. Hanamichi enfadado se lo miró y decidió irse de allí.

—No sé que coño pasa contigo, pero el equipo no tiene porque pagar tu estupidez.

Hanamichi se giró de repente con el puño alzado y a punto estuvo de estamparle el puño en la nariz del moreno, que desprevenido no lo habría podido esquivar. Pero no lo hizo.

—¡¡Ja!! El equipo dice… ya no existe el equipo zorro, si es que nunca existió. La semana pasada me echaron y nadie dijo nada. Ya no soy parte del equipo, ni quiero serlo. Por mí como si clausuran el gimnasio, no sé si me entiendes. No me importa que mi cuerpo os haga falta bajo el aro, he estado un año diciéndolo y me habéis tratado de idiota, patoso, patán y… soy yo que no tengo porque aguantar vuestra estupidez.

Rukawa se quedó en silencio una vez más.

—Mas te valdría preocuparte de tu propios problemas Rukawa, que no tienes pocos precisamente. Cuando quieras denunciar a ése cabrón de mates dímelo, pero hasta entonces olvídate que existo.

Hanamichi pudo notar los ojos de Kaede clavados en su espalda todo el camino de regreso al edificio. Pero no le importaba.

Tras otro día espantoso en el colegio Hanamichi solo tenía ganas de encontrar un lugar apartado de todos para desaparecer. Los pocos lugares donde hasta ahora se había sentido en paz o feliz ya no le servían.

En casa, su madre todavía no le creía cuando decía que no había copiado. La tensión iba en aumento y ya no sabía como soportarlo.

Tenía la entrada vetada al gimnasio hasta que no repitiera el examen. Pero no iba a repetirlo, y además empezaba a creerse realmente que no quería volver al equipo. Desde luego no quería estar con ellos si siquiera les preocupaba saber la verdad de lo ocurrido.

Y no se hablaba con sus amigos. No estaba muy seguro de porqué, pero hacía dos días que no hablaba con ellos, y tampoco tenía ganas de contarles todo lo que sentía o le preocupaba. Quizá sus amigos no fueran tan buenos amigos después de todo.

El único sitio neutral que le vino a la mente fue la biblioteca.

No había vuelto a ir desde que supo la nota del examen y supuso que la señora Nene merecía saber que su esfuerzo había dado sus frutos aunque estos hubieran resultado más amargos de lo esperado.

Así que con paso lento se encaminó hacia allí. No sabía muy bien como darle las gracias a Nene por su ayuda cuando el haber aprobado los malditos exámenes le había metido en tantos problemas. Pero sabía que ella no tenía la culpa de nada y que había tenido mucha paciencia con él y había logrado lo que nadie antes había logrado, que aprobara con nota.

Cuando entró no le extrañó ver al joven muchacho detrás del mostrador en vez de la señora Nene. Era algo habitual y significaba que ella estaba atendiendo a alguien o arreglando algo en algún rincón de la pequeña biblioteca.

Él le dijo que estaba con un chico en la pequeña salita del fondo donde habían hablado por primera vez. Decidió sentarse en su mesa habitual y empezar a hacer los deberes mientras la esperaba. Seguramente Nene no tardaría en salir.

Pero Nene tardó más de lo que esperaba y Hanamichi pronto estuvo tan absorto con los problemas de mates que no oyó a Nene salir de la pequeña habitación ni al muchacho que había estado hablando con ella acercarse a él.

—¿Torpe, qué haces aquí?

Hanamichi dio un bote en la silla asustado por la repentina sensación de tener alguien detrás de él.

Cuando se repuso del susto, la confusión se apoderó de él.

—¿Qué haces tú aquí?

—Yo he preguntado primero —respondió altivo Rukawa.

—Y yo después.

—Idiota —murmuró Rukawa dándose la vuelta para irse, pero se encontró con Nene.

—Kaede, éste es el chico del que te hablaba antes. Creo que cursando las mismas asignaturas y teniendo las mismas aficiones os será más fácil estudiar juntos que por separado.

—¡¿Qué?! —exclamaron ambos mirándola asombrados

—Creo que os podréis ayudar el uno al otro.

—Pero señora Nene yo no quiero estudiar con nadie, me ha ido muy bien solo.

—¿De verdad? ¿Ya sabes los resultados de los exámenes? —preguntó ella con sumo interés.

—Es lo que venía a decirle. He aprobado con buena nota ambos exámenes. Eso prueba que estudiar solo me va bien.

—¡Oh! Pero eso es magnifico —exclamó ella sin escucharle—, y eso prueba que mis métodos de estudio funcionan. Estoy deseando que rindáis los próximos exámenes, serán un éxito —dijo ella muy contenta consigo misma como si quien hubiera aprobado el examen hubiera sido ella.

—Yo lo siento, pero no me interesa. Me voy —murmuró Kaede antes de girarse de nuevo hacia la puerta.

—¿Quieres volver al equipo, verdad? —le dijo Nene dejando de lado el tono alegre usado hasta ahora y poniéndose seria.

Kaede no contestó, se giró y la miró intensamente.

—Entonces quédate. Aprobar te interesa y mi método puede ayudarte.

—Sí, mejor que te quedes, el equipo te necesita ahora que yo ya no estoy. Pero intenta no hacerlo tan bien como yo en ése examen o todavía me acusarán de haberte impulsado a copiar o algo así —dijo Hanamichi amargamente levantándose y saliendo de la biblioteca sin escuchar las quejas de Nene.

Salió de la biblioteca andando cabizbajo.

No había andado ni dos manzanas cuando notó una mano cogiéndole del brazo, deteniéndole. Se giró sobresaltado. Pero se relajó un poco cuando vio quien le había detenido.

—¿Dónde vas tan rápido?

—Volvía a casa.

—¿Tienes prisa?

—No. ¿Por qué?

—¿Te apetece acompañarme? —le preguntó enseñándole lo que llevaba en las manos.

—Claro —contestó sonriendo por primera vez en días y sin pensárselo dos veces le siguió.

... continuará ...


Grissina: Me gustaría mandar mi apoyo a todas/os las/os chilenas/os que me leen y me mandan su apoyo continuamente. He pasado en cama la última semana con un catarro y cada vez que encendía la tele solo veía noticias de desastres naturales un otras otro. Tal parece que la tierra intente decirnos algo. A todos los que os haya tocado sufrir lo inevitable, en Chile o en cualquiera de los otros lugares inundado, sacudidos o arrasados por alguna fuerza mayor: muchos ánimos. Espero de todo corazón que las pérdidas hayan sido las mínimas y poder lograr distraeros un poco con mis relatos de todo este caos que se ha adueñado del mundo.