El Sonido del Silencio

CAPITULO XVIII: Conversando en la cancha

Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa sino lo que ama.
San Agustín (354-439) Obispo y filósofo



Hanamichi no se acababa de creer que hubiera quedado con él para otro encuentro, si se podía decir quedar a la invitación que le hizo. De hecho no se acababa de creer que hubiera decidido aceptar la primera propuesta, la tarde anterior, para ir a jugar un partido en la cancha del parque, con él.

Andando hacia el parque de nuevo, esta vez con su balón en las manos, no podía evitar recordar todo lo sucedido el día anterior desde la extraña discusión con Rukawa en la escuela hasta encontrarlo luego en el único sitio que le quedaba para estar solo… y la rabia que eso le había provocado todavía bullía en él, aunque no sabía muy bien porqué.

Pero luego el día había dado un giro extraño. La primera sorpresa fue que precisamente entre toda la gente con quien podía encontrarse se topara con él. Inmediatamente la siguiente fue que también jugara a baloncesto y que le invitara a jugar con él sin pensárselo dos veces.

—Aprendí hace mucho tiempo —le había dicho cuando le preguntó desde cuando jugaba. Pero aunque tenía mucha curiosidad para saber como, con quien o por qué había empezado, Hanamichi no había insistido más y se había limitado a jugar.

Poder practicar un rato le había hecho mucho bien, poder descargar energía, descargar la rabia y la tensión que había acumulado los últimos días. Pero lo más sorprendente había venido luego, con la charla.

Una conversación que Hanamichi no había podido sacar de su cabeza en toda la noche.

Sentados en la pista, sudados y respirando todavía con dificultad después de un igualado uno a uno Hanamichi había sacado coraje de no sabía donde y le había preguntado.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Adelante.

—¿Kaede era…?

—¿Si era un chico?

Hanamichi se había sonrojado sin saber muy bien porque. Había girado la cara avergonzado y por ello se había perdido la sonrisa de Takeshi.

—Sí, lo era —había contestado mirando a lo lejos—. Lo es —murmuró luego, más para sí que para Hanamichi, y luego se había quedado sumido en sus pensamientos de un modo tal que Hanamichi no había osado decir nada más—. Bueno, de hecho cuando yo le conocí ya era un hombre más que un chico —había añadido instante más tarde rompiendo el silencio.

—¿Te molesta que te pregunte? —se había aventurado a preguntar Hanamichi.

—Te propongo algo, yo respondo a una pregunta tuya por cada pregunta que tú me respondas a mí.

Hanamichi se lo pensó antes de responder. Pero finalmente accedió.

—¿De dónde te echaron la semana pasada? —había sido la primera pregunta del enfermero.

—Del equipo —masculló Hanamichi intentando contener la rabia que esa injusticia le hacía nacer en su interior.

Se quedaron en silencio unos minutos.

—¿No vas a preguntarme nada más? —dijo casi en un murmullo mirándole de reojo.

—No lo sé —había respondido Hanamichi dubitativo—. No estoy seguro de qué preguntar.

—Pregunta lo que quieras saber.

—Ya —Hanamichi calló durante unos instantes antes de preguntar algo al fin.

Sentía mucha curiosidad por la vida de Takeshi pero por un lado sentía que se estaba metiendo en donde no le llamaban al preguntar y por el otro una pequeña alarma le hacía tener la sensación que se estaba poniendo la soga al cuello al insistir en ir por ese camino. Pero a pesar de ello al final había dicho:

—¿Has vuelto a verle?

—Sí. Le veo de vez en cuando.

—¿Y…? —iba a preguntar de nuevo Hanamichi.

—Ah, primero me toca a mí —le había cortado con una sonrisa maliciosa Takeshi.

Y Hanamichi tuvo la sensación de estar delante un gato jugando con un pobre ratón desorientado y no le gustó ser el ratón.

—¿Porqué te echaron del gimnasio?

—Aprobé los exámenes con demasiada nota así que los profesores asumieron que había copiado y me echaron del equipo por eso.

—¿Copiaste?

—No. Y ahora me tocan dos preguntas a mi. ¿Cómo le conociste?

—Era mi entrenador.

—¿Te liaste con tu entrenador? —exclamó azorado Hanamichi pensando de repente en su propio entrenador y escandalizándose todavía mas.

—Yo no he dicho que me liara con él. Me enamoré de él, eso sí.

—¿Y él de ti?

—Esa es una buena pregunta, pero me toca. ¿Si no copiaste porqué te echaron? ¿Tienen alguna prueba de ello o…?

—No. Me echaron porque son unos amargados. Los anteriores exámenes los había suspendido y… —Hanamichi entonces le había contado como por ello acabó herido y en el hospital, y como luego había decidido ponerse a estudiar— … es irónico, que me pusiera a estudiar para que no me suspendieran y poder seguir en el equipo y que al aprobar solo haya logrado precisamente que me echaran de él.

—¿No hay nada que…? —había empezado a preguntar muy interesado, pero luego se detuvo, —está bien, perdón, te toca a ti.

—¿Se enamoró tu entrenador de ti?

—A veces. A mi me gusta pensar que sí.

—No se vale responder con evasivas. Yo te he contado mi historia.

—No era una evasiva. Hubo días en que creí que me amaba. Incluso hubo un día en el que él me dijo que me amaba.

—¿Te lo dijo? ¿Pero era cierto?

—Sí, creo que en eso nunca me mintió. Después todo cambió y… bueno no duró mucho. Esto no se lo cuentes a nadie o te corto las pelotas —comentó haciéndole reír, luego siguió hablando, recordando—. Antes de su llegada al equipo yo había sido el eterno segundón; Sí algunos decían que tenía posibilidades pero nunca llegaba a ser la estrella del equipo, porque ése había sido siempre el hijo del entrenador, un hombre déspota y estricto que ante la junta escolar era intocable y por ende su hijo, la estrella del quipo, también.

»Pero el último año el entrenador encontró otro trabajo y se mudaron y entonces llegó Kaede al instituto. Era mucho más joven que el anterior entrenador (y muchísimo más guapo, todo hay que decirlo). Tenía ideas nuevas respecto los métodos de enseñanza, estaba lleno de energía y ganas de hacer grandes cosas. Él vio algo en mí y me convertí en la estrella del equipo, pero en el proceso… bueno, me enamoré y él…

—¿Como supiste..?

—Primero dime, ¿no hay alguien a quien acudir para que te readmitan o algo que puedas hacer?

Tras un suspiro de resignación murmuró:

—Podría rendir el examen de recuperación con los que han suspendido. Pero no pienso hacerlo —se apresuró a añadir—. Yo no copié, y ellos lo saben. Así que no hay nada que hacer. El entrenador no puede dejarme volver si estoy suspendido, y los profesores no me aprobaran si no repito el examen. Pero tampoco quiero volver.

—¿Cómo que no quieres volver?

—No quiero volver donde no me quieren. Me apunté al equipo para gustarle a una chica, no me mires así, es cierto, y por eso nunca les he gustado a lo chicos. Aunque luego me enamorara del juego y además se me diera muy bien no les ha importado nunca. De echo ése es otro motivo por el que no les caigo bien: soy bueno, ya lo has visto; Y a ellos no les gusta tanto como pensaba supongo.

»A pesar de todo yo creía que me consideraban parte del equipo. Pero me equivoqué, como siempre. El día que me echaron, lo hicieron delante de todos, los muy cabrones saben dar donde mas duele. ¡Y que si dolió! Nadie movió un dedo por mí, todos callaron. Creo que incluso les alivió saber que me perderían de vista. Así que no, no quiero volver.

—¿Ninguno de ellos ha hecho nada para que vuelvas?

—No. Desde que pasó todo esto ni siquiera mis amigos me dirigen la palabra. Solo…

—¿Solo…? —le había incitado a seguir Takeshi.

—Ah no, me toca a mí preguntar, desde hace rato —Hanamichi se acababa de dar cuenta de que Kaede había sido el único de cuantos conocía que se habían acercado a preguntar si todo iba bien, o que había insistido en que se dejara de idioteces, hiciera el examen y volviera al equipo, y no estaba preparado para admitirlo—. El otro día dijiste que te habían echado de un sitio al que te gustaba ir por algo que habías hecho. ¿De dónde te echaron?

—De muchos lugares. No todo el mundo considera que mis gustos sean decentes, por decirlo del algún modo.

—¿Qué ocurre, te gusta ir desnudo por ahí, o qué? —había dicho en un intento de relajar el ambiente, mientras en su cabeza seguía bailando la idea de que Kaede había sido el único en preocuparse un poco, aunque fuera por interés, en él.

—No Hanamichi, me gustan los hombres.

—Ah, eso —había murmurado poniéndose rojo, por la metedura de pata y por algo más que no estaba seguro de querer saber qué era.

—Sí, eso. La mayoría de la gente se asusta fácilmente de aquello que no conoce o que no comprende. Y todavía hay mucha gente que le da miedo eso que, arrugando la nariz, llaman homosexualidad; Para ellos, una rara enfermedad que no saben de donde ha salido. Y cuando la gente tiene miedo puede reaccionar de forma muy violenta y cruel.

—Pero no tienes porqué contarle a nadie que…

—No Hanamichi, —le había cortado tajante— lo que no debería suceder es que el hecho de saberlo implicara nada. Es cierto que no tengo porque contarle a nadie nada de mi intimidad, pero que el hecho de que se sepa, como se sabe cuando alguien está casado o que tiene hijos, no debería comportar un cambio de actitud tan despectivo como el que muchos nos encontramos.

—Lo siento, no pretendía molestarte o algo, yo solo…

—Solo quieres saber. Lo sé. Y lo entiendo. Ojala yo a tu edad hubiera encontrado a alguien con quien hablar sin sentirme juzgado.

—¿Por eso me has invitado a venir a jugar? ¿Por lástima?

—No Hanamichi, ya te dije el otro día que no te tengo ninguna lástima. Pero sí, he pensado que hablar te iría bien. Ambos sabemos que hay algo que te preocupa y si pronto no lo resuelves puedes tener problemas serios de salud. Si hablando contigo consigo ayudarte y evito que eso ocurra, adelante con ello.

—¿Siempre has sido así de altruista o es cosa de la edad?

No había acabado de decirlo que Hanamichi ya se arrepentía de haberlo dicho.

—Lo siento —murmuró avergonzado.

Por alguna razón había algo de Takeshi que le desconcertaba hasta tal punto que cuando creía perder el control de la situación lo convertía en alguien que no sabía ni que pudiera ser, un clon del Kitsune pero con más mala leche. Ya había experimentado esa sensación antes, en el hospital y no quería que la charla acabara mal por no poder controlarlo.

—Tuve un novio con ése mismo problema.

—¿Qué problema? —había preguntado algo desorientado pero desconfiando Hanamichi.

—Cuando se sentía amenazado, o acorralado le salía una lengua viperina que nadie sabía de donde le venía. Era extraño porque cuando estaba tranquilo podía llegar a ser de ese tipo de persona que despierta la ternura de uno, como tú.

—¿Siempre eres tan directo con todo el mundo? —había exclamado entre enfadado y azorado Hanamichi.

—Kaede me enseñó que la mejor defensa es un buen ataque —había contestado tranquilamente Takeshi sonriendo tristemente.

Se había hecho un nuevo silencio entre ellos. Takeshi pareció perderse en sus recuerdos y Hanamichi estaba demasiado cortado para poder hilar dos palabras, así que por una vez había optado por callar. Después de observarle unos instantes Hanamichi había estado a punto de preguntarle si todavía le quería, pero al final no lo hizo.

—Se ha hecho tarde, debería irme ya —había dicho Takeshi incorporándose tan de repente que Hanamichi se sobresaltó y se mareó un poco al querer levantarse tras él.

Hanamichi había tenido la sensación de que se le acababa de escapar un instante especial y aunque no sabía muy bien de qué iba ese momento le había quedado mal sabor de boca. Había estado, de nuevo, a punto de decir algo sobre ello pero al no saber bien qué decir calló.

—Vengo muchas tardes a practicar, si te apetece jugar un rato siempre es mas divertido jugar con alguien que jugar solo.

Esa había sido la invitación que Takeshi le dio y que ahora él estaba usando.

Hanamichi se preguntaba, mientras iba hacia la cancha de nuevo, si esa tarde volverían a hablar de Kaede, del del pasado de Takeshi, y también si él se atrevería a sacar el tema del maldito zorro.

... continuará ...


Grissina: Ayer no pude actualizar, cayó en mi tierra una nevada muy intensa e inesperada y me pasé el día intentando que el peso e la nieve no rompiera más cosas de las necesarias. Espero que ayer pasarais un buen día de la mujer trabajadora.

Aquí os dejo un pedacito de la historia de Takeshi, para aquellas que estaban interesadas en él. Ya me diréis qué os ha parecido. Nos leemos pronto.