Ayer no pude subir la historia pero la subo ahora. Espero que la disfrutéis y sigáis leyendo


-Harry. ¿Pero qué es lo que tienes en la mano?-dije cogiéndosela bruscamente. Leí ''No voy a decir más mentiras''-¿Así es es cómo quiere castigarte? Se lo que decir a Dumbeldore.

-No.-dijo Harry apartando la mano.

-Harry, ella no puede hacerte eso. Va en contra de las normas.-dijo Hermione.

-Yo te acompaño si quieres.-dije ofreciéndome.

-No, no quiero molestar a Dumbeldore con mis problemas.

-Harry, es su trabajo.-dije suplicante.

-No, él ya tiene bastante.-contesto Harry.

-No seas cabezota.- Empezó a decir Hermione.

-Podéis dejarme en paz para variar.-dijo él molesto.

-Si te lo decimos es porque nos preocupamos por…-empecé a decir,

-¡Déjame en paz!-gritó.

-Vale.-dije levantándome.- Ya lo has dejado claro.

Subí al dormitorio de las chicas. Hermione llegó unos monumentos después. Me quedé en la ventana viendo el paisaje compuesto por llanuras y montañas. Hermione y las demás se quedaron dormidas. Me recosté hacia atrás y cerré los ojos. Pensé en lo que le había pasado a Harry, era un cabezota. Me pregunté si sus padres eran así. Suspiré. Noté que la brisa de la noche me daba en la cara y volvía a abrir los ojos. Un fénix rojo venía volando hacia mí. Era Fawkes, cuando estuvo al lado mía picoteó mi manga del pijama e intentaba arrastrarme hacia algún sitio fuera de la habitación. Le rogué que se callara y me puse un abrigo y lo seguí. No me pillaron. Supe que si iba con él (cómo bien me había dicho Dumbeldore) nadie me vería- Salimos hacia el bosque prohibido, donde tenía estrictamente prohibido ir. Tragué saliva y me adentré hacia él. Fawkes me llevó hacia un claro donde había un lago donde se reflejaba la luna, pero había un caballo blanco como la luna que estaba arriba. Me acerqué despacio para no asustarlo. Cuando estuve lo suficientemente cerca para ver si estaba herido o no vi que tenía alas. Era a lo que los muggles llamaban Pegaso. En la película de Hércules salía uno, pero esté era hermoso. Me quedé quieta y el animal levantó la cabeza y mis ojos se encontraron con sus oscuros ojos como la noche y brillantes como las estrellas. Se acercó hacia mí y olisqueo mi brazo. Pareció satisfecho por lo que se encontró porque me dejó tocarlo. Me agaché ya que me llegaba por la cadera y le sonreí. Ahora si que vi que la blancura del animal se había teñido de rojo en una de sus alas. La toqué y la extraña criatura dio un alarido de dolor. Mi mano estaba llena de sangre. Pensé que Fawkes, al ser un fénix podía ayudarme pero no había rastro de él. Me agaché y vi como tenía la herida. Me mordí el labio como havía cada vez que pensaba. Se me ocurrió una idea. Me quité todo lo que llevaba de abrigo y los zapatos. Me remangué el pantalón hasta que me llegó a las rodillas y me metí en el agua para que el caballo alado hiciera lo mismo. Me siguió y ya en el agua empecé a limpiarle la herida. El agua cristalina empezó a teñirse de rojo, lo que le parecía aterrorizar al caballo.

-Tranquilo, tranquilo.-le susurré.

Hubo un silencio sepulcral después de eso. Salí de ahí y cogí mi abrigo y la bufanda y empecé a enrollarle el ala herida. Vi al animal agradecido. Sonreí. Luego me puse seria. Podía pasarle cualquier cosa en el bosque. No estaba seguro ahí, decidí quedarme en el bosque. Yo sabría cuidarme sola. Me recosté en el árbol más cercano al extraño animal, me puse los zapatos y los calcetines. Me bajé el vuelto del pantalón y lo observe. Él o ella me miraba con curiosidad.

-Es hora de dormir.-le dije.-Es de noche. Mañana tengo clases y no se si podré salir de aquí.

Pareció que me entendió porque se recostó al lado mío. Vi que era una chica. Mañana le pondría un nombre.