…El Sonido del Silencio…
CAPITULO XXIV: En el aula de estudio
No esperes que tu amigo venga a descubrirte su necesidad; ayúdale antes.
Juan Luis Vives (1492-1540) Humanista y filósofo español
Hacía días que no iba a la biblioteca. Pero no había motivos para no ir. El curso seguía y sabía que solo no podría superarlo. Además ahora que no estaba en el equipo y que ya no tenía amigos tampoco tenía nada mejor que hacer. Como mínimo en la biblioteca se sentía apoyado y comprendido.
Nene le recibió con una gran sonrisa y le acompañó hasta la sala de estudio diciéndole lo mucho que le había echado de menos.
—Gracias. He tenido problemas de nuevo y tuve que ir al hospital. Pero ya estoy mejor.
—Me alegro de oírlo muchacho. Anda entra que tienes mucho trabajo atrasado.
Hanamichi se dejó empujar a dentro de la sala de estudios, pero no fue hasta que la puerta se había cerrado tras él que se dio cuenta del extraño comportamiento de la bibliotecaria.
—Hola —murmuró sorprendido al ver que no estaba solo en esa sala.
No es que esperara que lo hiciera pero le dolió que no contestara.
—Supongo que Nene sigue creyendo que esto puede funcionar.
Kaede siguió sin decir nada.
—¿No piensas decir nada? Está bien, pues estaremos en silencio —dijo sentándose al otro lado de la amplia mesa de estudio.
Sin perder de vista al moreno, que apenas si se había movido, sacó de su mochila el libro de matemáticas y la libreta de ejercicios y se dispuso a hacer los deberes.
Pasaron media hora en silencio.
A Hanamichi le costaba mantenerse concentrado. Más de una vez estuvo a punto de decir algo, o simplemente irse de esa pequeña sala que por momentos le parecía más y más pequeña. Pero no lo hizo.
Tenía que hablar con el zorro. Tenía que averiguar por qué lloraba en el hospital, por qué había pegado a Takeshi, de qué se conocían, por qué le había ido a ver al hospital… pero sobretodo por qué había besado al profesor.
Pero no podía preguntárselo de buenas a primeras, esta vez no. El ataque frontal con Kaede no iba a funcionar, necesitaba rodear su muralla e infiltrarse sin que se diera cuenta y luego pillarle por sorpresa cuando no pudiera darle esquinazo. Su mente de estratega había pensado mucho en como lograrlo y por eso seguía sentado allí a pesar de la incomodidad de la situación.
Cuando terminó los deberes de matemáticas dejó a un lado el libro y la libreta y sacó el libro de literatura. Para la semana siguiente tenían que hacer un trabajo sobre la poesía del siglo pasado. Odiaba la poesía, la mitad de las veces no la entendía y la otra mitad le parecía ridícula.
Cuando ya había leído tres veces el mismo trozo de poema levantó la cabeza cansado y se dio cuenta que Kaede seguía en la misma posición que al entrar.
—No has hecho nada —murmuró.
Instintivamente se estiró un poco por sobre la mesa para ver qué estaba intentando hacer el zorro y vio que eran los deberes de matemáticas que él acababa de hacer.
Dudó un poco antes de murmurar:
—¿Quieres ayuda?
Kaede no dijo nada, le miró fijamente durante unos instantes. Hanamichi estaba a punto de decirle que era un capullo, cuando finalmente el moreno se encogió de hombros y luego hizo que sí con la cabeza lentamente.
—Está bien —murmuró levantándose y olvidando el poema encima la mesa para irse a sentar al lado de Kaede—. ¿Hasta donde sabes hacer tú solo? —le preguntó.
Kaede giró las páginas de libro hacia atrás hasta el inicio de dos o tres capítulos atrás.
—Bien —dijo Hanamichi sin saber muy bien como podía ayudarle, pero con ganas de intentarlo, quizá esa era la brecha que buscaba para penetrar sus defensas. Se estiró de nuevo sobre la mesa, esta vez para coger su libreta de matemáticas que había dejado apartada—. Mira, cuando me encallé aquí, Nene me dejó una guía de estudio que lo explica distinto a nuestro libro, y es más fácil de entender. Espera un minuto, voy a por ella.
Hanamichi no esperó repuesta por parte de Kaede, simplemente se levantó y salió de la salita para ir en busca de la mencionada guía de estudio.
Cuando volvió Kaede hojeaba su libreta de matemáticas. Sin decir nada la dejó donde estaba cuando se sentó a su lado y tomó la guía que le daba.
Con más entusiasmo del que el propio Hanamichi esperaba le contó las partes del libro que le habían servido más, la parte de la guía que había usado él para entenderlo. Le leyó los cuadros resumen que había copiado de la guía y luego le mostró la copia que había hecho en su libreta, donde además había añadido la nomenclatura que usaba su profesor de matemáticas habitualmente.
Kaede le escuchaba sin decir nada. Se apuntaba cosas a su libreta, marcaba cosas en el libro, y hojeaba la guía mientras él le hablaba.
—Ahora deberías empezar por los primeros ejercicios. Son más fáciles si los haces como te he explicado. Pruébalos, si tienes algún problema y te atascas dímelo.
Luego se levantó de nuevo y se sentó enfrente donde estaba al principio.
Kaede hizo los diez primeros ejercicios. Luego miró el reloj y empezó a recoger.
Cuando lo vio Hanamichi también miró el reloj y murmuró:
—Sí que se ha hecho tarde.
Cuando ya lo tenían todo recogido salieron del aula cerrando la luz y la puerta tras ellos. La biblioteca estaba desierta.
—Buenas noches —les dijo Nene desde detrás del tablero de la entrada.
—Buenas noches —respondieron ambos.
Era ya de noche y el frío les golpeó la cara.
—¿Por qué lo has hecho? —murmuró Kaede sin mirarle hablándole finalmente.
—¿El qué? —preguntó desconcertado Hanamichi.
—Ayudarme.
—Porque necesitas ayuda y yo puedo ayudarte —respondió Hanamichi.
... continuará ...
Grissina: Lo siento! Prometo que intento no retrasarme, pero se escacharró el ordenador de casa y desde entonces hemos tenido problemas con el internet y... bueno en fin. Sé que me diréis que ha sido muy corto pero como mínimo Hanamichi y Kaede han sido civilizados... Nos leemos pronto.
