…El Sonido del Silencio…
CAPITULO XXVI: En casa de Rukawa
La paz comienza con una sonrisa.
Madre Teresa de Calcuta (1910-1997) Misionera yugoslava nacionalizada india.
Hanamichi todavía no sabía qué hacía allí. Ir la semana anterior no le había servido de nada, y seguía pensando que ahora tampoco iba a servirle de nada. Pero el sábado había notado como Sawakita sí creía que ir serviría de algo y algo en ese chico le hacía pensar que su interés era sincero. Durante todo el domingo no había podido sacarse de encima la sensación de que debía intentarlo de nuevo y sentirse solo todo el lunes en el colegio no le había ayudado en nada a cambiar de opinión.
Esa misma tarde en la biblioteca Kaede siquiera entró en el aula de estudio, se quedó a fuera en una mesa distinta a la suya y Hanamichi se dio cuenta de que ya no podía más con esa situación. O Kaede empezaba a ser más comunicativo con él o le mandaba a la mierda definitivamente pero estaba harto de medias tintas. Se había ido de la biblioteca a la media hora de intentar estudiar sin poder concentrarse para poder pensar y había decidido intentarlo una vez más.
Era tarde y mañana había clases, pero le importaba un cuerno. Tenían que hablar y tenían que hacerlo ya.
Llamó al timbre y una voz femenina le respondió por el interfono.
—¿Hola, está en casa Kaede?
—¿De parte de quien?
—Sakuragi Hanamichi, un compañero de Shohoku —dijo nervioso. No había caído en que sus padres estarían en casa a esa hora.
—Sube —dijo la voz y seguidamente la puerta se abrió.
Cuando llegó a la puerta del piso de Kaede su madre ya le esperaba. Hanamichi se sorprendió de la gran belleza de la mujer. Era una mujer de imagen serena, con el pelo negro, largo, la piel muy pálida, los ojos color miel le recordaron a los de su propio padre, era alta y esbelta.
—Hola, soy Rukawa Yuri, la madre de Kaede.
—Encantado de conocerla señora Rukawa —dijo Hanamichi nervioso con una pequeña reverencia.
—Yo también me alegro de conocerte. Pero pasa, no te quedes en la puerta— dijo ella cediéndole el paso hacia el interior de la casa.
Hanamichi se dejó llevar hasta la sala. Era una estancia no muy grande, con poca decoración pero a pesar de ello cálida y agradable.
—Siéntate, ¿quieres tomar algo? —le ofreció ella.
—No gracias señora. Yo solo… —quería que avisara a su hijo y les dejara a solas para hablar, pero no se atrevía a decírselo.
Algo incomodo por la situación se sentó en uno de los sofás.
—Kaede nos comentó que habías tenido problemas de salud —dijo la mujer sentándose a su lado.
Hanamichi no dijo nada, demasiado sorprendido por la revelación de la señora Rukawa. No esperaba que Kaede hubiera hablado de eso con sus padres. De hecho no esperaba que Kaede hubiera hablado de él con nadie.
—Espero que te encuentres mejor —dijo ella ante el mutismo de Hanamichi.
—Sí, no fue nada. Solo… ¿le ha ocurrido nunca que algo le ha sorprendido tanto que por un momento hasta se olvidó de respirar?
—Creo que sé qué quieres decir.
—Me olvidé de respirar por unos segundos y perdí la consciencia, nada más. Lo que ocurre es que la enfermera del instituto es una exagerada e hizo venir a los del hospital con la ambulancia y todo.
—Bueno, me alegro que no sea nada, Kaede no supo contarnos qué ocurrió, pero se le veía tan afectado que…
—Venía precisamente a darle las gracias por haber venido al hospital a verme— la cortó Hanamichi esperando que con eso ella llamara a su hijo de una vez, le estaba poniendo nervioso que le dijera que su hijo estaba mal por él.
—Le diré que venga, le encantará saber que ya estás mejor.
Pero no se había levantado aún cuando se oyó la voz de Kaede.
—No hace falta —dijo entrando a la sala.
—Muy bien, os dejaré un rato para que podáis charlar —dijo ella levantándose.
Cuando su madre hubo salido Kaede cerró las puertas y, antes de girarse, preguntó:
—¿Qué haces aquí?
—Tu madre es una mujer muy… —empezó a decir levantándose.
—¿A qué has venido? —le interrumpió de nuevo Kaede girándose y enfrentándole.
—Quiero hablar contigo.
—Te dije que lo olvidaras.
—Lo he intentado, pero… No entiendo…
—No hay nada que entender.
Hanamichi se quedó en silencio por unos momentos. No sabía qué hacer, qué decir para que el otro le hablara.
Le observó sintiéndose impotente durante unos instantes y entonces lo vio claro, sí sabía qué debía decir.
—Está bien, si no quieres hablar como mínimo escúchame. No sé qué ha pasado, ni porqué, pero sé que… —Hanamichi sacó aire intentando reordenar sus ideas, sabía qué quería decirle, pero no sabía como hacerlo—. Supongo que te sonará extraño que te lo diga, a mí me pasa, —sonrió nervioso— pero…, gracias.
Kaede continuó sin decir palabra, pero su rostro denotaba cierta sorpresa.
—Aunque no sé porqué lo hiciste y, bueno, supongo que tampoco tengo que pedirte explicaciones pero, bueno, el caso es que viniste a verme al hospital y también fuiste el único que intentó hacerme volver al equipo así que…
Hanamichi calló antes de darle las gracias de nuevo.
Kaede estaba atónito, esperaba que le abordara con preguntas, que le acusara de quien sabe cuantas cosa: de mentirle, de querer usarle para algo, de querer reírse de él, de querer… y en vez de eso le daba las gracias. No sabía como reaccionar. No estaba preparado para eso.
—Yo… quiero ganar el título este año —murmuró Kaede incomodo ante el nuevo silencio de Hanamichi como si eso explicara el comportamiento por el que Hanamichi le daba las gracias.
—¿Sabes qué quiero yo? —dijo sentándose en el sofá de nuevo Hanamichi con aire ausente—. Un amigo con quien compartir los postres… —murmuró mirándose las manos y pensando en Makoto y Hideaki.
—¿Te has golpeado la cabeza? —le preguntó Kaede medio en broma medio preocupado por la extraña actitud de Hanamichi.
Al oírle Hanamichi no pudo evitar reír, aunque a la vez que soltaba una carcajada el pecho se le encogió y los ojos se le llenaron de lágrimas.
—¿Te encuentras bien? —preguntó, ahora sí, completamente preocupado Kaede sentándose a su lado, aunque no muy cerca, para estar a su misma altura y comprobar que estaba llorando.
—No —murmuró Hanamichi cuando pudo hablar de nuevo. Seguía mirándose las manos, sin mirar a Kaede para que no viera los esfuerzos que hacía para retener las lágrimas—. No estoy bien. Hace días que intento esconderlo, pero no estoy bien.
—Pero… —angustiado Kaede habló sin pensar primero—. ¿Quieres que llame a mi madre? ¿Que llamemos al médico? O…
—No, no quiero decir eso —dijo sonriendo Hanamichi que no esperaba ese grado de preocupación por parte del moreno, aunque era agradable—. Estoy enfermo zorro.
Dicho eso Hanamichi levantó la vista hacia Kaede.
—¿Cómo de enfermo?— preguntó asustado Kaede sin poder apartar la vista de esos ojos brillantes, por un momento casi sin respirar.
—No lo sé todavía— Hanamichi fue quien rompió la conexión visual bajando la cabeza de nuevo, le costaba hablar de todo eso y no quería llorar. —Puede que poco, pero puede que… y encima todos estos problemas en el colegio…
Hanamichi dudó antes de seguir hablando, no había querido admitirlo en voz alta hasta ahora porque sabía que al hacerlo se haría más real. Pero solo lograría que Kaede le contara qué estaba pasando si lograba que confiara en él y eso solo sucedería si confiaba él primero y se abría. Las ganas de saber qué estaba pasando y solucionar toda esa angustia incomprensible que había sentido las últimas semanas habían superado su miedo a que le hicieran daño.
—La verdad es que me asusta lo que puede pasarme y…— Hanamichi calló esperando la reacción de su compañero mirándole de reojo.
Kaede no se atrevió a decir nada, así que Hanamichi siguió hablando.
—Lo del otro día en el instituto… cuando vi que…— al ver que Kaede iba a decir algo Hanamichi le interrumpió. —No es eso lo que quiero decir, solo que… no me lo esperaba.
Kaede empezaba a pensar que quizá había una cámara oculta por algún lado, o que le habían abducido a una dimensión paralela.
—Me… impresionó supongo. Tanto… me olvidé de respirar y por eso me desmayé.
Los ojos de Hanamichi miraban a cualquier lado excepto hacia él. Para Kaede era evidente que no le era fácil decirle todo eso, pero no entendía a dónde quería llegar con todo ello…
—¿Por qué me lo cuentas?— preguntó sorprendido y también algo asustado.
—No lo sé. Quiero confiar en ti. Quiero que tú también confíes en mí— confesó. —Ya no confío en nadie, y no me gusta… supongo que yo también necesito un amigo. No estoy bien y… tú tampoco estas bien. Has demostrado que quieres ayudarme, por lo que sea, da igual… y ambos sabemos que a ti tampoco te sobran los amigos. Quiero que seamos más que compañeros, quiero que seas mi amigo. Sé que podemos ayudarnos el uno al otro y eso es lo único que me importa ahora.
Kaede no respondió.
—Por favor di algo— dijo pasado un tiempo Hanamichi. —Nunca le he pedido nada a nadie. Y te lo estoy pidiendo a ti.
—¿Por qué yo? ¿Qué ha pasado con tu banda?
—Nos peleamos, ya lo viste.
—¿Y yo que soy, el segundo plato?
—¡O venga zorro!— estalló al final Hanamichi, pedirle lo que le estaba pidiendo no era fácil ambos lo sabían. —Sabes que podemos ser amigos. Reconozco que todo este tiempo no me he portado muy bien contigo y que nunca te di la oportunidad que di a los otros.
—Dentro de dos días os reconciliareis y ésa estúpida pelea quedará olvidada— se mantuvo obstinado el moreno.
—No ha sido solo una pelea— Hanamichi se detuvo de nuevo. Pensó de nuevo en lo que le había dicho Sawakita sobre decirle como se sentía y luego se dijo: «de perdidos al río». Y murmuró. —Ellos… tú no sabes lo que es que nadie te tome en serio, que nadie crea que puedes hacer las cosas bien. Yo creía que ellos eran distintos, que pensaban que yo…
—Eres un idiota— le cortó bruscamente Kaede. —Lo que piensen los demás da igual. Tú, y sólo tú, sabes si puedes o no puedes hacer algo.
—Por eso. ¿Es que no lo ves?— de nuevo Hanamichi alzó la mirada para verle a la cara. —Tú siempre has creído que yo pudo ser algo más de lo que soy, por eso siempre te enfadas conmigo, porque soy un idiota que no se da cuenta de nada. ¿Qué hay de malo en querer tener un amigo así? Alguien que piense de mí que soy algo más que un inútil.
Esos ojos avellana, todavía húmedos, con esa voz de súplica era más de lo qué Kaede podía soportar.
—¿Y por qué ahora? —murmuró.
—Porque soy un idiota. ¿Qué más necesitas que diga?
Los siguientes cinco segundos fueron los más largos de su vida. Con los ojos clavados en esa mirada azul, penetrante, pendiente del más mínimo gesto de esa cara seria, estoica.
—Tienes razón, yo también pienso que de haber ido las cosas de otro modo habríamos podido ser amigos. Pero las cosas nunca van como uno quiere— murmuró de forma triste.
Kaede calló de nuevo y Hanamichi demasiado abatido para hablar de nuevo, tampoco dijo nada. Bajó la cabeza y se miró las manos, nervioso. Estaba a punto de llorar de rabia, todo lo dicho había sido por nada…
—Te propongo un trato— murmuró pasados unos instantes Kaede sorprendiendo a Hanamichi. —Ayúdame a aprobar los exámenes de recuperación y yo te haré volver a la cancha.
—No quiero volver a la cancha, pero acepto el trato— se apresuró a decir el pelirrojo sonriendo.
—Pero no habrá preguntas ni reproches. El pasado, pasado está— advirtió Kaede sorprendido por lo rápido que Hanamichi había dicho que sí sin hacer preguntas, preguntas que por otro lado sabía que seguirían allí, las verbalizara o no, preguntas a las que no quería responder y menos a él. Como mínimo no por ahora.
—Pero… no podemos olvidar todo, no podemos huir del pasado, eso no…
«¡Lo ves!» pensó Kaede.
—Solo te pido una cosa, que empecemos de cero— dijo sin vacilar el moreno, seguro de que Hanamichi dejaría de lado esa extraña idea de querer ser su amigo y todo volvería a la normalidad.
Hanamichi se dio cuenta que era eso o nada y aunque podía haberle mandado a la mierda y olvidarse de todo algo le hizo decir que aceptaba, sorprendiendo todavía más al moreno si cabe. Había tenido una idea y sabía que podía funcionar, haría todo lo posible para que así fuera y si Kaede no quería más preguntas, no las habría.
—Está bien. Nada de preguntas, nada de reproches ni interrogatorios. Pero si yo me olvido de lo que vi, tú también— dijo resuelto.
Kaede no llegó a verbalizar la pregunta que le vino a la mente, pero la cara de sorpresa y desconcierto fue suficiente para que Hanamichi le entendiera.
—Si yo no te pregunto por el profe de mates, ni porqué has intentado que vuelva al equipo, ni porqué me besaste el otro día…
Al mencionar eso, la cara de Kaede se tiñó de un ligero color rosado que a Hanamichi le hizo sonreír con algo de malicia. Si Kaede quería silencio, habría silencio, se dijo antes de seguir hablando. A ver hasta cuando aguantaba antes de querer hablar.
—Tampoco te preguntaré de qué conoces a Takeshi o a Sawakita, ni por qué sabes hablar en la lengua de los signos si eso es lo que quieres; pero entonces tú tampoco me lo preguntarás a mí: ni qué sé, ni qué me han contado, ni como les conocí, ni porqué te pido ayuda a ti y ahora. Nada.
Hanamichi calló y esperó la respuesta de su compañero. Sabía que era una apuesta arriesgada y esperaba no haber tensado demasiado la cuerda, porque de ser así dudaba que Kaede llegara a confiar nunca en él.
... continuará ...
Grissina: Me siento muy orgullosa de comunicaros que ayer esta historia superó el numero de reviews que recibí por "perderlo todo" y eso que no está terminada todavía. Estoy gratamente sorprendida por esta hazaña. Nunca esperé que ninguna de mis historias recibiría de nuevo tantos reviews y mucho menos más. Así que solo puedo daros las gracias. El apoyo que me demostráis semana tras semana me inspira y me anima a seguir escribiendo incansablemente todas las locuras que se me ocurren por extrañas que parezcan.
Antes de que me acuséis de querer provocaros un paro cardíaco al cortar el capítulo aquí (nada más lejos de la realidad) dejadme agradeceros de nuevo vuestro entusiasmo y dedicaros estas líneas. Porque a pesar de que escribo para mí, porque me hace feliz hacerlo, publico lo que escribo porque gente como vosotras me han recibido siempre con palabras hermosas de aliento y me hacen sentir orgullosa de poder compartir mis ideas de bombero en este magnifico y surrealista mundo virtual.
Gracias.
PS: (ahora ya podéis amenazarme todo lo que querásis) XD
