El Sonido del Silencio

CAPITULO XXVII: Comida en la azotea

¿Qué sería de la vida, si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo?
Vincent Van Gogh (1853-1890) Pintor postimpresionista holandés.



La mañana siguiente fue más fácil aguantar para el pelirrojo las miradas de Yohei y el resto durante toda la mañana. Ya no se sentía solo y eso, para su mayor sorpresa, era todo un consuelo.

Cuando salió del aula de nuevo casi no quedaba nadie en los pasadizos del segundo piso. Reconoció a lo lejos a los dos chicos con los que había comido la semana anterior, los vio entrar juntos en los baños, pero no les prestó más atención porque del aula A salía Kaede.

Resuelto sonrió levemente y acercándose a él le preguntó:

—¿Dónde vas a comer?

Kaede no respondió, empezó a subir las escaleras hacia el tejado y él le siguió. Cuando llegaron arriba Kaede se paró frente la puerta cerrada y le dijo:

—¿Va a ser siempre así?

—¿El qué? —preguntó desconcertado Hanamichi.

—Quiero que dejes de hacer esto —le dijo Kaede muy serio.

—¿Qué he hecho? —No le había gritado, ni insultado porque no le respondiera, se había mordido la lengua y le había seguido en silencio…

—No necesito un escolta —le espetó el moreno.

Entonces lo entendió. Y aunquen o se había acercado a él por eso le espetó:

—En esto no hay negociación —y se acercó un poco más a él para poder verle bien en la penumbra de la escalera—. No voy a preguntarte nada de ello, pero tampoco voy a dejarte a merced de ese tío.

—Salgamos —dijo Kaede incomodo por la cercanía del pelirrojo en el reducido espacio de las escaleras.

Hanamichi le siguió sin decir nada. Pusieron una piedra que aguantara la puerta abierta y luego buscaron un rincón al sol resguardados del frío viento de inicios de Diciembre.

—Tenemos que hablar de esto. Quedamos en que no me preguntarías sobre el tema, en que olvidarías todo lo que viste y lo que crees que sabes al respecto.

—No. Quedamos en que no te preguntaría, pero no puedo olvidarlo. No sé qué ocurre pero no por eso te dejaré a solas con ése…

—Ayer dijimos de cero —insitió Kaede—. Si empezamos de cero no vale usar nada de lo sucedido antes de ayer.

—Ya te lo he dicho, prometí no preguntarte por qué lo hiciste y no lo haré. No lo he hecho. Pero aunque no hubiéramos acordado… aunque no fuéramos amigos no te dejaría a merced de ése cretino.

—No necesito…

—Me da igual que tú no lo necesites —le cortó Hanamichi—. Yo sí. No sé qué ocurrió pero no dejaré que se repita.

—No se repetirá, te lo prometo— le sorprendió el moreno en un tono sumiso.

Hanamichi no supo qué responder, así que no dijo nada.

Y cuando Kaede sacó su fiambrera le imitó en silencio sentándose a su lado, aunque a una distancia prudencial, y ambos empezaron a comer.

—El otro día comí en el comedor… —comentó Hanamichi incomodo por el pesado silencio. Kaede no dijo nada y Hanamichi decidió tratar de entablar una conversación de nuevo—. Conocí un chico que va a tu clase, Okiguchi Makoto.

Kaede se atragantó al oírle decir ése nombre.

—¿Le conoces? —dijo ilusionado Hanamichi pensando que quizá ahora el moreno le respondería.

Pero éste no dijo nada.

—Estaba con un chico de primero, Nakase Hideaki, el chico ése al que le diste la nota para mí, ¿lo recuerdas? —Hanamichi no se dio cuenta, pero Kaede hizo una mueca extraña al oír el nombre del chico de primero—. Fueron muy amables. Me dieron tarta de postres —dijo recordando el delicioso sabor de esa tarta.

Como Kaede no dijo nada Hanamichi se quedó en silencio un rato. Intentó comer, pero después de cuatro tristes cucharadas de arroz dejó de llevarse comida a la boca.

—¿No vas a comer más?— le sorprendió la voz de Kaede.

—No tengo hambre— dijo revolviendo el insípido arroz sin sal. Estaba harto del arroz, de la comida sin sal, y del pescado hervido.

Kaede le miró mal.

—Es que no está muy bueno —añadió Hanamichi mirando su fiambrera tristemente.

—¿Quieres un poco de esto? —le ofreció Kaede de lo que quedaba de su propia comida.

—Gracias, pero no puedo comer comida normal —dijo con una sonrisa.

—Hanamichi… —murmuró Kaede bajando la cabeza—. ¿Hace mucho que estás enfermo?

—Unas semanas —murmuró Hanamichi.

Hanamichi estaba algo incomodo con los silencios de Kaede, pero esta vez no tuvo tiempo de pensar en otro tema de conversación porque Kaede habló de nuevo:

—¿Es…? Sé que ayer dijiste que no lo sabías pero… ¿Es muy grave?

—No me matará —respondió sorprendido.

Hanamichi juraría que le oyó suspirar al oírle.

—¿Es por lo de la lesión de la espalda? —se aventuró a preguntar Kaede por tercera vez.

Hanamichi estuvo a punto de decirle que si él no podía preguntarle sobre lo ocurrido con el profesor, tampoco tenía porqué responder a sus preguntas sobre sus dolencias. Pero ése pensamiento duró solo un instante, porque le apetecía decirle la verdad. Seguro que a Kaede no le había sido fácil preguntarle. Y si Kaede por fin quería hablar, hablarían, aunque fuera de eso.

—No. No tiene nada que ver. Es del oído. El medico me prohibió comer sal para ayudar a evitar la retención de líquidos, y evitar la inflamación de toda la zona —dijo tocándose donde se había golpeado.

Kaede hizo ademán de decir algo pero al final no dijo nada más y Hanamichi siguió hablando, ahora que había empezado le apetecía contarle todo lo sucedido.

—Hace dos meses me peleé con unos tipos…

—Recuerdo los morados —murmuró Kaede.

—Me golpeé la cabeza y desde entonces he tenido problemas de vértigo, pitidos en las orejas, y mareos.

—Pero sabes porqué…

Hanamichi negó con la cabeza. Era agradable que Kaede participara en la conversación.

—Son síntomas del síndrome de Ménière. Los médicos saben muy poco de esta enfermedad. Solo que es poco común, sobretodo en hombres, que puede que sea hereditaria, y que suele aparecer como resultado de un traumatismo, una infección o una inflamación.

—Suena grave —murmuró Kaede.

—Depende. Hay gente que vive toda la vida con pitidos en las orejas, otros sufren de vértigo constantemente, o incluso puedes quedarte sordo. Pero otros solo sufren ataques de vez en cuando.

—¿Y tu…?

—De momento solo he tenido algunos mareos y pitidos, hasta el otro día, que perdí el oído por unas horas tras golpearme la cabeza. Pero me recuperé. Cuando viniste al hospital me acababan de hacer unas pruebas de audiometría para ver si había perdido oído —entonces recordó la extraña escena del ascensor y le urgió más que nunca dejarle claro que lo que había visto no era lo que parecía—. Volvíamos hacia la habitación y me mareé. Me mareo en los ascensores. Perdí el equilibrio. Por eso me sostenía Takeshi.

Kaede no dijo nada.

Hanamichi suspiró, había dicho lo de Takeshi para intentar esclarecer por qué el moreno le había saltado al cuello de ése modo al verlos abrazados en el ascensor.

«Está celoso…», «…sabía que le gustabas, pero no tanto…» repitió una voz en su cabeza. Hanamichi sacudió la cabeza para apartar esa loca idea de su mente.

—Sawakita dijo que hace tiempo erais amigos —comentó Hanamichi—. ¿Es por eso que sabes tú la lengua de los signos?

Kaede no dijo nada pero negó con la cabeza.

—Pues no lo entiendo. ¿Cuándo aprendiste?

—Yo… es una larga historia.

—Está bien, lo siento no debí preguntar por el pasado —dijo desanimado Hanamichi.

Sabía de antemano que intentar preguntarle algo directamente no serviría de mucho, aunque había esperado que confesar lo de su oído y que lo que había visto en el ascensor del hospital no era lo que parecía le desataría la lengua un poco.

—Supongo que no lograré que me cuentes nada. No es que tengas que hacerlo tampoco —añadió recogiendo su fiambrera casi llena—. Bueno da igual.

Sin esperar respuesta por parte del moreno se levantó.

—Nos vemos en la biblioteca esta tarde.

Kaede no dijo nada. Solo un leve movimiento de cabeza le confirmó que había escuchado lo que le decía.

Cuando ya estaba en la puerta de la azotea Hanamichi se giró hacia Kaede y le dijo:

—No te duermas. Baja a clase cuando suene el timbre. Debes aprobar la recuperación como sea.

No se esperó a que Kaede respondiera, estaba convencido que no lo haría de todos modos, así que se giró y entró en el edificio.

... continuará ...


Grissina: Hubo acuerdo, lo que no significa que los problemas se solucionen de la noche a la mañana. Pero, eh, lo intentan.

Hace muchos capítulos que no lo digo pero sé que mi otografía deja mucho que desear así que si detectais errores ortográficos no os cortéis un pelo en decírmelo.

Suld Fair me advirtió de unos errores unos capítulos atrás que ya he corregido así que gracias por avisar. Esta historia es un poco mejor gracias ti.