…El Sonido del Silencio…
CAPITULO XXVIII: Noche de estudio
La capacidad de reír juntos es el amor.
Françoise Sagan (1935-2004) Escritora francesa
La semana había sido larga. A pesar de comer juntos cada día el silencio entre ellos seguía siendo algo incómodo para Hanamichi y empezaba a pensar que haber hecho el esfuerzo de acercarse a Kaede no había servido absolutamente de nada.
Llegó pronto a la biblioteca. Saludó a la señora Nené, le pidió el aula de estudio y le dijo que cuanto Kaede llegara le dijera que le estaba esperando allí. Como mínimo desde que el lunes habían hablado el moreno ya no se quedaba en la sala principal alejado de él, sino que había vuelto a la pequeña sala con él. No es que estar encerrados a solas cambiara mucho las cosas pero cuando Kaede se quedaba a fuera Hanamichi sentía que el moreno le esquivaba y el rechazo dolía aún más que el silencio.
Tranquilamente sacó de la mochila la libreta de matemáticas, la calculadora y el estuche y lo dejó en la mesa. Antes de sentarse decidió poner las dos sillas al mismo lado de la mesa para poder estar de lado con Kaede en vez de uno frente al otro como habían estado hasta entonces.
Luego se sentó intentando convencerse de que las cosas no estaban yendo tan mal. Aunque no era fácil, porque seguía con las mismas dudas que durante la semana anterior, de todos modos tenía que admitir que no sentía toda la angustia y nervios de entonces. Y si Takeshi estaba en lo cierto, con lo de que solucionar sus problemas de estrés, eso tenía que ayudarle de algún modo a no tener más ataques. Así que de hecho las cosas estaban mejor, un poco.
Ya habría tiempo para saber la verdad, ahora lo importante era seguir con lo que estaba haciendo: ayudar a Kaede para que aprobara y se sacara de encima a ese profesor.
Aunque no dudaba de lo que había visto, que quien había provocado el beso fue Kaede, Hanamichi no podía dejar de pensar que Kaede era el primero en querer huir de ése asqueroso profesor.
Cuando pasado un rato se dio cuenta que Kaede todavía no había llegado, decidió sacar la libreta de lengua y hacer los deberes de esa materia mientras le esperaba.
Una hora y media más tarde tenía los deberes de historia y de lengua acabados y empezaba a ponerse nervioso.
—¿Dónde se habrá metido ése idiota? —murmuró levantándose para ir a la puerta.
Al abrir le recibió el silencio.
Por un momento tuvo una sensación de "déjà vu" y la sensación que iba a perder algo de un momento a otro. Pero no quiso pensar en eso y se dirigió a la mesa de la señora Nene.
—No sabrá por casualidad el teléfono de Rukawa.
—Claro, me lo dio igual que tú cuando le hice el carné de la biblioteca —le respondió solícitamente Saura Nene—. Pero no puedo darte su número.
—¿Pero puede llamarle? Es que hace mucho rato que debería estar aquí. Seguro que se le ha olvidado… Si no tiene que venir me iría a casa.
—Puedes hacer tus deberes mientras le esperas —dijo la bibliotecaria con su habitual tono calmoso y una sonrisa en los labios mientras tecleaba algo en el ordenador.
—Ya los he acabado —dijo raudo Hanamichi.
No creía que Kaede se hubiera olvidado de que habían quedado, pero quizá no quería venir más a estudiar con él. «O le ha pasado algo…» pensó alarmado.
—A ver —murmuró la señora Nene descolgando el teléfono y marcando el número que tenía en la pantalla del ordenador.
Hanamichi la observó hablar por teléfono con quien supuso era la madre de Kaede y hasta que no colgó no se atrevió a preguntarle nada. Le daba miedo lo que pudiera decirle.
—Kaede está de camino. Su madre me ha dicho que acaba de salir y que no puede tardar en llegar.
—¿Pero qué le ha pasado? ¿Por qué no ha vanido directo del colegio?
—Tendrás que preguntárselo cuando llegue. Su madre no sabía que su hijo estaba viniendo a la biblioteca a estudiar así que no le he preguntado nada más.
—Esta bien, le esperaré en el aula, a ver qué excusa tiene cuando llegue —dijo girándose para irse a la sala de estudio de nuevo.
—Hanamichi —le llamó Nene antes de que estuviera demasiado lejos.
—¿Sí? —dijo el pelirrojo girándose para atender a lo que le dijera.
—Nada. Tranquilo —dijo la mujer antes de sentarse frente el ordenador de nuevo.
Hanamichi siguió andando hasta la sala de estudio y cerró la puerta tras él.
Enfadado sostuvo la silla pensando en moverla de nuevo para quedar otra vez uno frente al otro en vez de uno al lado del otro. Pero se había movido todavía cuando la puerta se abrió de golpe y por ella apareció Kaede resoplando por haber corrido hasta allí.
—Llegas tarde —fue cuanto dijo Hanamichi dejando la silla en el suelo.
—Lo… sé… —balbuceó entre bocanada de aire y bocanada de aire Kaede.
—Siéntate o te va a dar algo —dijo Hanamichi señalándole la silla.
Kaede no dijo nada, no podía, pero se sentó.
—Ya he acabado mis deberes, así que si quieres podemos ponernos con lo del examen de mates en cuanto recuperes el aliento —comentó Hanamichi mirándole.
Kaede le miró intensamente, pero todavía sin decir nada. Poco a poco iba reduciendo la velocidad e intensidad con la que tomaba aire.
—Deberías entrenar un poco la forma física zorro, no puede ser que por correr cuatro manzanas de tu casa a aquí llegues resoplando de este modo… —comentó sentándose en la otra silla.
—¿Cómo sabes… que vengo de casa? —dijo desconcertado Kaede.
—La señora Nene acaba de llamar a tu casa para saber donde te habías metido.
—¿Le ha dicho a mi madre que he estado estudiando aquí?
—Creo que sí. ¿Oye, dónde te habías metido? He estado esperándote más de dos horas.
—He tenido que hacer un recado.
—Si tenías que tardar tanto podrías habérmelo dicho a la hora de comer.
—Ha sido un imprevisto. Además ahora ya da igual, tampoco hay mucho que hacer con lo del examen.
—Hoy quizá no, pero mañana si llegas a tiempo…
—No Hanamichi, el examen será mañana.
—¿Cómo lo sabes? El profe no ha dicho nada.
—Será mañana y será una prueba sorpresa para todos—dijo Kaede sin contestar a las preguntas de Hanamichi.
—¡No! Los exámenes sorpresa son un asco —se quejó el pelirrojo.
—Sí, pero éste no lo será para ti. Gracias por intentar ayudarme Hanamichi, aunque no haya servido de…
—Oye, el examen todavía no ha pasado, tienes hasta mañana para aprender a hacerlo todo bien. Ambos lo haremos bien, ya lo verás, solo hace falta un poco de genio y…
—No hace falta Hanamichi, de verdad —le cortó Kaede.
—No. Te prometí que aprobarías este examen y aprobarás. Te enseñaré a hacer los ejercicios…
—No hay modo de…
—Me pasaré la noche estudiando contigo si hace falta zorro, pero mañana aprobarás el examen y volverás al equipo —dijo con determinación Hanamichi—. Como mínimo ése desgraciado no se saldrá con la suya contigo murmuró con la voz llena de resentimiento.
Kaede le miró intensamente, de forma interrogante pero sin decir nada.
—Puede que incluso a mí me deje volver el entrenador cuando vea que no copié —comentó luego Hanamichi relajando el tono, ahora mucho más parecido a su usual despreocupación.
Esa última idea pareció hacer dudar al moreno.
—No podemos quedarnos aquí toda la noche —objetó Kaede.
—Podemos ir a mi casa, mi madre trabaja esta noche y estaremos solos. O podemos ir a la tuya si lo prefieres —añadió de repente sintiéndose algo nervioso con la perspectiva de pasar tantas horas solo con Kaede.
—Pero…
—Puedes aprobar mañana, ya casi te sale todo hasta mitad del último tema… —insistió Hanamichi al ver que Kaede seguía dudando.
—Está bien. Nos quedaremos aquí hasta la hora de cenar. Luego ya veremos —cedió Kaede.
—Pero y si no nos da tiempo a…
—Tú lo has dicho ya casi me sale todo hasta la mitad del último tema, solo debo aprobar, no hace falta que lo borde.
—Está bien. Hagamos la última lista de ejercicios los dos a la vez, así practicaré y mientras te podré ayudar donde te quedes atrancado.
Así empezaron a trabajar.
Pero solo les quedaban por delante un par de horas y para cuando Nene les avisó que iba siendo hora de irse a casa, les quedaba más de media lista de problemas por hacer.
—Con un par de horas más podríamos terminarlos todos —dijo Hanamichi mientras metía en su mochila la libreta llena de ejercicios.
—A ti ya te salen y yo… —dijo Kaede encogiéndose de hombros como si no importara.
—¿Y qué harás si en el examen salen los ejercicios de la mitad de la lista que no hemos…?
—No lo sé —le cortó Kaede incomodo por la pregunta—. Pero…
—No quiero darle a ése profe ninguna excusa para que se acerque a ti. Nunca más —ahora fue Hanamichi quien no le dejó terminar—. Si apruebas con nota tendrá que dejarte. Y podemos lograrlo. Solo necesitamos un poco más de tiempo.
—Ya me las apañaré. Me pondré a estudiar después de cenar y… —siguió insistiendo Kaede.
—Y te dormirás —sentenció Hanamichi recordando como el año anterior cuando Akagi les había obligado a estudiar para los exámenes finales había sido imposible mantener despierto a Rukawa.
Kaede no dijo nada.
—Me pediste ayuda con este examen. Déjame ayudarte —insistió Hanamichi.
Kaede le miró a los ojos por un momento y finalmente suspiró.
—Está bien. Vamos —murmuró Kaede incapaz de seguir negándose e intentando no pensar en las consecuencias de su decisión—. Iremos a mi casa a por mis cosas y luego iremos a tu casa —dijo saliendo del aula de estudio.
Hanamichi no dijo nada hasta llegar a fuera.
—Podemos quedarnos en la tuya si lo prefieres —murmuró Hanamichi de golpe, nervioso ante la perspectiva de una noche los dos solos en su casa.
—No. Habrá demasiado ruido antes de cenar y mis padres no nos dejarán quedar hasta tarde despiertos tampoco.
—¿Ni para estudiar? —eso le sorprendió realmente a Hanamichi.
Kaede negó con la cabeza.
—Bueno, mi madre no estará muy contenta tampoco si cuando llega por la mañana no hemos dormido un poco, pero para un examen supongo que no me castigará ni nada —comentó Hanamichi.
—No es por eso —le dijo Kaede—. Mi hermana no ha estado durmiendo bien y mis padres no me dejan quedar despierto hasta tarde cuando ella está en casa, para que ella se vaya a dormir temprano.
Hanamichi no supo qué decir. No estaba acostumbrado a que Kaede le diera información de ese tipo por su propio pie como si quisiera mantener una conversación.
—¿Qué edad tiene? —preguntó al final lleno de curiosidad.
«Kaede Rukawa tiene una hermana… curiosa información» pensó Hanamichi.
—Acaba de cumplir los siete años —dijo Kaede mientras se esperaban en un semáforo. Casi no había tráfico y habrían podido cruzan sin esperar la luz verde, pero ninguno de los dos parecía tener prisa por llegar.
—No sabía que tenías una hermana —murmuró Hanamichi cuando ya estaban al otro lado de la calle—. El otro día no la vi —Hanamichi se daba cuenta de que dejaba salir sus comentarios con cuentagotas, estaba nervioso y no quería cargarse esa atmósfera relajada que había en ese momento con un comentario desafortunado.
—No estaba en casa, pasa muchas tarde en casa de mis abuelos. Cuando yo era más pequeño también pasaba allí mucho tiempo. Mis padres trabajan hasta tarde muchos días y no quieren dejarnos solos.
Al ver que Kaede respondía a su curiosidad de forma tan tranquila, como si hasta hacía muy poco no hubieran sido enemigos declarados, se aventuró a seguir preguntando.
—¿Cómo se llama?
—Ami —respondido Kaede, esta vez sin información adicional.
Anduvieron un par de metros en silencio y Hanamichi comentó de forma ausente:
—A mí me hubiera gustado tener un hermano con quien jugar.
—Ami tiene siete años —dijo Kaede rodando los ojos.
—¿Y qué? —preguntó extrañado Hanamichi.
—Yo tengo dieciséis —añadió de forma sarcástica Kaede.
—¿Y eso es un impedimento para jugar a nada a caso? —le dijo de forma burlona Hanamichi, arriesgándose un poco a empezar una pequeña pelea, pero sin quererlo realmente.
—Nos llevamos nueve años idiota. No tenemos mucho en común —se picó Kaede.
Hanamichi sonrió por debajo la nariz y sin inmutarse por el insulto de Kaede le dijo:
—Tú y yo nos llevamos a penas unos meses y hasta hace poco tampoco teníamos mucho en común.
Se miraron un instante y Hanamichi pudo ver como la mirada dura de Kaede se relajaba y éste le sonreía débilmente antes de seguir caminando en silencio a su lado.
Unos instantes después ya estaban frente al portal de los Rukawa.
—Será más rápido si te esperas aquí —le dijo girándose hacia él, interponiéndose entre él y la puerta.
—Pero quiero conocer a tu hermana —dijo Hanamichi haciendo un pequeño puchero.
—No.
No era momento para insistir o tensar demasiado la cuerda, tenían una larga noche por delante y Hanamichi era consciente de ello.
—Bueno —cedió de forma rápida. Se sentó en las escaleras y antes de que se cerrara la puerta le dijo gritando— ¡No tardes!
Hanamichi no sabía si le había oído, pero lo cierto es que Kaede no tardó mucho. Bajó poco después con la bolsa de deporte en un hombro y la mochila con los libros colgada en la espalda.
—Ya podemos irnos.
—Vaya, eso ha sido rápido —dijo Hanamichi empezando a andar en dirección a su casa.
Caminaron en silencio un rato.
—¿Puedo preguntarte algo?
Kaede le miró interrogativamente pero no dijo que no y Hanamichi se lanzó a la piscina.
—¿Cómo sabes lo del examen de mañana?
—¿Tú qué crees? —fue la sarcástica respuesta que obtuvo.
—Que no quieres hablar de ello y que no volveré a preguntar —se resignó Hanamichi no queriendo pelear, aunque no pudo evitar añadir—, aunque técnicamente tengo derecho a preguntarlo.
—Sabes que la única forma de que nadie sepa nada del jodido examen es hablando con el profesor. Así que es una pregunta estúpida y… —empezó a decir enfadado Kaede.
—Está bien. Reformularé la pregunta. ¿Por qué…?
—Hanamichi, no quiero hablar de eso ni de nada que tenga a ver con él —le cortó muy serio Kaede—. Por favor —le pidió.
—Está bien. Lo siento. No debí preguntar.
Hanamichi vivía aproximadamente a la misma distancia de la biblioteca que Kaede pero en sentido opuesto. El resto del trayecto lo hicieron en silencio.
—Es aquí —dijo algo nervioso Hanamichi al llegar frente la puerta de su casa.
Al contrario de Kaede él y su madre vivían en una casa, no en un bloque de pisos, pero por otro lado el apartamento de los Rukawa denotaba claramente una posición económica bien estante mientras que su casa era más bien humilde, para no llamarla pobre.
—Perdona el desorden —murmuró al ver en la sala las cosas que la noche anterior había dejado tiradas por allí y que su madre le había dicho que recogiera o le castigaría sin salir una semana entera. Pero como no tenía perspectivas de salir se había ido a dormir sin recoger y ahora la sala parecía un campo de batalla.
—Estoy acostumbrado, parece la habitación de Ami —murmuró Kaede sin intención de incomodar al pelirrojo.
—Mamá habrá dejado arroz hecho y hay sopas de fideos instantáneos en el armario. No es una gran cena, pero servirá, creo.
Kaede no dijo nada, se limitó a asentir y seguirle hasta la cocina.
—Puedes dejar la bolsa en la sala, luego la subiremos a mi cuarto.
—¿A tu cuarto? —preguntó alarmado Kaede.
—Sí, lo siento, no tenemos cuarto de invitados así que tendrás que dormir en la cama que hay bajo la mía.
—Eso si duermo… —susurró Kaede desalentado ante la noticia de tener que dormir en la misma habitación que Hanamichi.
Aunque para su suerte Hanamichi lo interpretó mal y pensó que hablaba de los ejercicios de matemáticas que todavía tenían por hacer.
—Tranquilo, estoy seguro que no nos llevará más de una par de horas completar la lista de ejercicios, tres como mucho. No dormiremos las ocho horas de rigor esta noche, pero tampoco pasaremos la noche estudiando.
—Claro —dijo Kaede sin querer sacarle de su error saliendo de la cocina para dejar la bolsa en la sala y, de paso, intentar calmar los nervios antes de que Hanamichi notara que le temblaba el pulso.
Mientras, Hanamichi sacó dos tazones y los llenó de arroz que su madre había dejado preparado en la encimera. Luego sacó un pote de fideos instantáneos para Kaede y mientras los preparaba le indicó a Kaede dónde su madre escondía la sal.
—Cógela y ponte un poco en el arroz, sino no sabe a nada. Ya es bastante malo que yo tenga que comérmelo sin sal. Disfruta de ella tú que puedes.
Kaede no se atrevió a decir nada. Cada vez que Hanamichi mencionaba algo relacionado con lo de su extraña enfermedad se le llenaba el corazón de angustia. Quería preguntarle, pero hacerlo significaba tener que contarle él también lo del profesor y no estaba preparado para admitir sus errores ante nadie.
—¿Puedo poner mi comida de mañana en la nevera? —preguntó Kaede en cambio.
—Sí. Aunque no hacía falta que… podía haberte preparado algo al preparar mi almuerzo.
—Mi madre ya lo tenía preparado —dijo simplemente Kaede dándole la fiambrera y viendo como la ponía en la nevera.
—Siéntate si quieres —le dijo Hanamichi que seguía dando tumbos por la cocina, sacando de la cazuela un trozo de merluza hervida que su madre le había dejado preparado junto al arroz—. No tengo más pescado, lo siento. Pero creo que queda algo de pulpo de ayer en la nevera si quieres —dijo abriendo de nuevo la nevera.
—No hará falta con el arroz y los fideos será suficiente, gracias —dijo Kaede sentándose en la mesa.
Finalmente Hanamichi se sentó en la mesa con él y empezaron a comer.
Kaede estuvo a punto de ofrecerle parte de sus fideos al ver la cara de Hanamichi mientras revolvía el arroz sin sal con desgana pero no habría sido nada delicado recordárselo, ya era bastante duro seguramente no poder comer otra cosa para encima tener que rechazar un poco de fideos.
—Cuando terminemos, podemos ponernos a estudiar aquí, la mesa de mi cuarto es pequeña para los dos —dijo Hanamichi para romper el silencio que, aunque no era tan incomodo como otras veces, hacía demasiado que duraba para su gusto.
—Claro —dijo Kaede antes de ponerse en la boca la última cucharada de arroz. Kaede no dijo nada cuando Hanamichi recogió los platos dejando en su bol más de la mitad del arroz y el pescado. Pero le miró con preocupación.
—No me mires así, está horrible. Además no tengo hambre —dijo el pelirrojo al ver como su compañero le miraba de forma reprobadora.
Kaede no dijo nada. No quería discutir.
Mientras Hanamichi acababa de recoger fue a la sala y trajo su mochila y la del pelirrojo, las dejó en la mesa y sacó su libro y libreta de matemáticas.
—A ver dónde nos habíamos quedado… —murmuró unos minutos después Hanamichi mientras pasaba las páginas de su libreta de forma apresurada.
Y luego en silencio empezaron a hacer los ejercicios que les quedaban.
—Mierda —murmuró pasada una hora Kaede dejando el lápiz a un lado y separándose de la mesa.
—¿Qué pasa? —dijo Hanamichi levantando la cabeza de su libreta.
—El numero treinta y dos. Lo he hecho tres veces, y cada vez me da un resultado diferente. ¡Estoy harto!
—A ver, déjame ver lo que has hecho —dijo Hanamichi tomando la libreta de Kaede, mientras éste se levantaba y desperezaba—. Lo has hecho bien, seguramente es solo un error al introducir los datos en la calculadora. Yo lo he hecho igual que tú y me da lo que dice el libro. Mira —le dijo mientras cogía la calculadora y marcaba— 83xln(2)+(43/(45+79)). Por lo tanto X es igual a 166,3467 es decir que redondeando nos da 166,35. Seguro que te has dejado algún paréntesis. Vuelve a intentarlo.
—Necesito un descanso…
—¿Se te cierran los ojos? ¿Quieres un té? —dijo Hanamichi levantándose.
—Sí creo que sí. ¿Qué hora es? —preguntó el moreno siguiéndole con la mirada.
—Casi las once y media. ¿Quieres azúcar en el té?
—No, me gusta solo —dijo Kaede sentándose de nuevo.
—Sólo quedan diez ejercicios, creo que antes de la una podremos irnos a dormir —dijo Hanamichi abriendo el armario y sacando el té de él.
—Sakuragi… —murmuró Kaede mientras veía a Hanamichi poner a calentar el agua—. ¿De verdad crees que con esto podré aprobar?
—Es como aprobé yo la última vez, así que no veo porqué no tendrías que hacerlo tú —dijo girándose para verle al hablarle.
Luego se quedaron unos instantes en silencio de nuevo, mientras el agua se calentaba.
—¿Por qué de repente empezaste a estudiar? Es decir, antes te daba igual, tus notas estaban en el suficiente justo y de repente te pones a sacar notables… —intentó averiguar Kaede rompiendo el silencio.
—Porque estaba harto de estar solo con Haruko mientras vosotros entrenabais —admitió sin pensárselo Hanamichi—. Sabía que el profe de lite quería verme suspender de nuevo para fastidiarme y no estaba dispuesto a dejar que se saliera con la suya, así que le pedí permiso al entrenador para faltar a los entrenamientos y me dediqué a estudiar para las recuperaciones.
—Pues entonces no entiendo porqué no se creen que hayas sacado el notable si fue el entrenador quien te dio permiso para estudiar —dijo aceptando la taza que Hanamichi le alargaba.
—Eeee… —balbuceó Hanamichi antes de responder—. Es que el entrenador no sabía que tenía la intención de usar ese tiempo para estudiar. Le dije que debía ir al hospital por lo de… —dijo tocándose la cabeza al lado de la oreja izquierda.
—¿Pero por qué le mentiste? —preguntó confundido Kaede.
—Porque nunca pensé que… creí que si aprobaba me dejarían en paz y todo volvería a la normalidad. Nunca pensé que en sacar tan buenas notas ni que eso me iba a poner en peor situación. Y creí que el entrenador no me daría permiso para faltar al entrenamiento para estudiar para la recuperación, puesto que en realidad el resto del equipo había tenido tiempo de estudiar para aprobar a pesar de los entrenamientos.
—¿Pero por qué no le dijiste al entrenador que habías estado estudiando para los exámenes cuando te suspendió del equipo? —exclamó Kaede.
—¿Y admitir que le mentí? ¡Nooo! Además aun si lo hubiera dicho los profesores no me hubieran creído y el entrenador habría tenido que suspenderme de todos modos hasta que yo demostrara no haber copiado. No quería decepcionar más todavía al entrenador. Además en el momento en que ocurrió estaba tan enfadado con todos por no creerme que no se me ocurrió.
—Eres…
—Como digas que soy idiota te hecho a la calle a patadas —murmuró Hanamichi antes de que Kaede pudiera hablar.
Este le miró levantando las cejas.
—Eeeereees —dijo Kaede lentamente con una media sonrisa maliciosa bajo la nariz mirándole de forma desafiante.
—No te la juegues Kitsune —le advirtió Hanamichi.
—Uuuuunnn —continuó Kaede.
—No te atrevas a terminar esa frase.
—Eres un caso sin remedio —dijo sonriendo abiertamente justo antes de llevarse la taza de té a la boca.
—¡Le dijo la sartén al cazo! —exclamó Hanamichi tirándole a la cara el paño de cocina con el que acababa de secarse las manos. Y luego estalló en carcajadas.
Y pronto ambos estaban riéndose abiertamente como si fueran amigos de toda la vida y tirándose el paño de cocina hasta que no tuvieron fuerzas ni para eso.
—Está bien que rías conmigo y no de mí para variar —murmuró Kaede pasado un rato cuando ambos muchachos pudieron controlar sus carcajadas.
—¿Eh? Sí. Pero yo no me río de ti. Eres tú quien siempre se ríe de mí por ser más novato que tú.
—Solo lo hacía al principio, cuando a penas si sabías manejar el balón. Hace muchos meses que ya no pareces un novato y ya nadie se ríe de ti.
—Deberíamos ponernos de nuevo con las mates —dijo algo incomodo Hanamichi.
—Claro. Pero primero he de ir al baño —dijo Kaede también incomodo por la situación y el evidente cambio de tema de Hanamichi.
—La puerta del lado de las escaleras —dijo Hanamichi señalando hacia la entrada de la pequeña vivienda.
Y sin decir nada más Kaede se alejó de la cocina.
Cuando Kaede volvió del baño unos minutos más tarde, con el pelo húmedo y todavía secándose las manos húmedas en los pantalones de forma descuidada, se encontró con que Hanamichi estaba concentrado revisando los ejercicios de su libreta.
—Ya no te equivocas con los signos —murmuró el pelirrojo sin levantar la vista de los ejercicios cuando Kaede se sentó a su lado a la espera de que le devolviera su libreta—. Pero debes ir con cuidado con el orden de las operaciones. No usas los paréntesis como te dije el otro día y por eso te equivocas. Es preferible poner paréntesis de más que… ¿Qué? —preguntó Hanamichi nervioso dándose cuenta de que Kaede le miraba de forma penetrante con el semblante muy serio.
—Nada.
—¿Por qué me miras así? Se trata de que te ayude con esto. ¿No? Debo saber dónde te equivocas para… —balbuceó nervioso Hanamichi, no era la primera vez que la intensa mirada de Kaede le producía extrañas sensaciones en el estómago, pero no por eso le sorprendía menos.
—No es eso. Solo me has recordado a alguien y no me lo esperaba.
—Ah, bueno —dijo soltando el aire que no se había dado cuenta que retenía—. Pensaba que te habías enfadado porque te he corregido los ejercicios —dijo claramente aliviado de que no fuera así.
—Tranquilo. ¿Qué decías? —dijo Kaede inclinándose en la mesa y mirando a su libreta para ver lo que Hanamichi le había corregido.
Hanamichi se puso algo nervioso por la cercanía de Kaede pero se obligó a si mismo a no pensar en eso ahora y volvió a repetirle la explicación que un par de semanas atrás Nene le había dado a él sobre la importancia de los paréntesis. Y pronto estuvieron de nuevo trabajando en los ejercicios de matemáticas sin nada más en la mente.
Pasada otra hora Hanamichi soltaba el lápiz finalmente con un suspiro.
Kaede le miró y dudó un instante en si decir o hacer algo al ver que Hanamichi había terminado los ejercicios y a él todavía le quedaban tres por empezar.
—Mientras tú terminas subiré y prepararé tu cama, así podremos ir a dormir antes.
Kaede no dijo nada, nervioso al recordar que iban a dormir en la misma habitación. Vio a Hanamichi levantarse, lo observó recoger y llevar las tazas de té bacías hasta el fregadero.
—Ahora bajo, no te duermas eh —le dijo con una sonrisa antes de salir en dirección a la entrada, para subir luego escaleras arriba.
Kaede intentó dejar de pensar en lo que pudiera suceder luego en esa habitación para acabar los ejercicios, pero no tuvo mucho éxito. Había perdido la concentración y los números le bailaban, ya no tenían sentido seguir, estaba demasiado cansado. Tenía sueño y a pesar de todo tenía miedo de no poder dormir.
Soltó el lápiz y cerró los ojos. Luego se estiró en la silla y rotó la cabeza para desentumecerse el cuello.
Con un suspiro miró la libreta una última vez y la cerró. Agradecía el esfuerzo de Hanamichi para ayudarle, y tenía que reconocer que estaba más tranquilo ahora que sabía que podría hacer un papel decente en el examen de mates, pero no tenía sentido engañarse más, habría aprobado ese examen aunque lo hubiera entregado en blanco, así que no necesitaba perder más minutos de sueño por ello, ya había pagado bastante caro ese aprobado.
Guardó todo en su mochila y luego se acercó a la cocina para coger un baso de agua. Entonces vio los platos sucios y las tazas de te en el fregadero y sin pensarlo abrió el grifo y se puso a lavarlos.
... continuará ...
Grissina: Siento haber tardado en subir este capítulo. Lo cierto es que mi musa se ha tomado un respiro y la página en blanco y los centenares de versiones malas del capítulo que tengo entre manos que han acabado en la basura me han tenido algo atareada y desmotivada. Espero que la longitud y el contenido del capítulo compensen la espera.
¿Sabéis qué motiva mucho?
¡Exacto!
Gracias.
