El Sonido del Silencio

CAPITULO XXIX: Confidencias en la oscuridad

El idioma del corazón es universal: sólo se necesita sensibilidad para entenderlo y hablarlo.
Charles Pinot Duclós (1704-1772) Escritor francés.



—No hacía falta —dijo Hanamichi al entrar en la cocina.

Kaede se encogió de hombros y dejó la taza que tenía en las manos en la escurridera con el resto de cosas que había lavado para que se secara.

—¿Usas almohada? preguntó Hanamichi cogiendo la bolsa de deporte de Kaede mientras este se secaba las manos con el paño de cocina.

—Sí.

Iba añadir que no hacía falta que se preocupara por ello cuando Hanamichi siguió hablando.

—Está bien, yo tomaré la de mamá y tú puedes usar la mía, si no te importa.

—Está bien —murmuró Kaede de repente sintiéndose cohibido.

Su madre le había hecho coger su almohada, por eso había usado la bolsa de deporte, pero ahora no quería usarla, a la mierda sus cervicales delicadas.

—Pues ya podemos subir, ven —y Hanamichi volvió a ir hacia las escaleras.

Kaede vio entonces que en la pared de la escalera había varias fotos familiares colgadas.

Una mostraba una mujer de facciones marcadas, robusta, no era fea pero tampoco hermosa, sonreía mientras sostenía un rollizo bebé sonriente en sus manos.

En otra Hanamichi debía tener unos cinco años e iba de la mano de la mujer y de un hombre también grande, de facciones redondas, que tenía los mismos ojos brillantes y expresivos de Hanamichi.

Un paisaje de una playa que Kaede no supo identificar.

Una secuencia de fotos de Hanamichi vestido de Marinerito con probablemente no más de tres años, jugando con un velero de madrea en el suelo de un estudio fotográfico.

Un par de fotos de bodas, una de sus padres y otra más antigua, en blanco y negro, de sus abuelos seguramente.

—A mi madre le gustan las fotografías —murmuró Hanamichi.

Y entonces Kaede se dio cuenta de que se había parado en medio de la escalera observándolas y Hanamichi ya había llegado arriba y le observaba desde allí.

—Lo siento, no debí quedarme mirándolas —dijo subiendo.

—No pasa nada, están ahí para eso —dijo Hanamichi sonriéndole.

Pero Kaede pudo ver que había algo de tristeza en su voz.

—Son bonitas —comentó Kaede cuando llegó a la altura de Hanamichi mirando hacia la pared de la escalera por un instante.

—Nos ayudan a recordar las cosas buenas —murmuró Hanamichi andando hacia su habitación. Y Kaede le siguió—. Bueno, te toca dormir aquí —dijo Hanamichi señalando la cama supletoria que había instalado en medio de la habitación pegada al armario y la mesa de estudio. A penas quedaba espacio entre las camas para pasar—. El baño es la puerta de enfrente —dijo Hanamichi señalando la puerta entre abierta al otro lado del pequeño pasillo.

Kaede no dijo nada. Entró en la habitación tratando de no volver a quedarse encantado mirando todo a su alrededor, y se sentó en la que iba a ser su cama esa noche, al lado de donde Hanamichi había dejado su bolsa.

—Voy a por la almohada de mi madre. Te he dejado toallas limpias en el baño por si quieres ducharte.

—Gracias —murmuró Kaede. Estaba nervioso e incómodo.

Aprovechó que Hanamichi salía de la habitación para sacarse los pantalones del uniforme que llevaba puestos y se puso unos cortos que usaba de pijama, y luego se desabrochó la camisa y plegó ambas prendas para que no se le arrugaran.

Estaba dejándolas en el pequeño escritorio cuando oyó a Hanamichi en la puerta. Se tensó un poco. A pesar de que se habían visto desnudos muchas veces en los vestuarios la situación ahora era distinta, y se sintió desprotegido vestido solo con los pantalones cortos.

—Tranquilo puedes dejar tus cosas en la mesa, solo déjame algo de espacio para poner mi ropa —dijo Hanamichi entrando en la habitación.

Dejó la almohada de su madre en su cama y empezó a desabrocharse la camisa de su uniforme.

Viendo de reojo como Kaede se cubría el torso con una ancha camiseta de deporte gastada Hanamichi pensó que nunca antes le había parecido que su habitación era tan pequeña.

Hubo un pequeño momento embarazoso cuando Kaede trató de salir para ir al baño y Hanamichi, todavía estaba de pie, empezaba a desabrocharse los pantalones del uniforme. El espacio entre las camas era demasiado estrecho para pasar ambos.

—Lo siento —murmuró Kaede cuando se vio pegado al pecho desnudo de Hanamichi, cogiéndose con una mano en su bíceps para no perder el equilibrio y caer encima de él.

Hanamichi se ruborizó pero no dijo nada, Kaede tampoco dijo nada más, salió casi corriendo en dirección al baño y se encerró en él.

Hanamichi se acarició el vientre distraídamente intentando recordar qué estaba haciendo antes de que su bello se erizara y en su estómago algo diera un vuelco como si se hubiera lanzado al vacío desde un quinto piso.

Luego sacudió su cabeza y rápidamente se sacó los pantalones y se puso el viejo pijama de su padre. Había empezado a usarlo poco antes de que muriera y aunque estaba algo deshilachado y muy gastado seguía usándolo hiciera frío o calor.

Hanamichi evitó que la situación anterior se repitiera saliendo y esperándose en el pasillo para i al baño cuando Kaede saliera.

Y cuando volvió a entrar en la habitación Kaede ya estaba tumbado en la cama.

—Buenas noches zorro —murmuró Hanamichi al apagar la luz de la habitación.

Cuando ya estaba metido en su cama oyó a Kaede murmurar.

—Buenas noches.

—Pensaba que ya dormías —susurró Hanamichi.

Kaede, de nuevo, no habló enseguida.

—Todavía no —respondió en un murmullo.

—¿Estas nervioso por lo de mañana? —preguntó Hanamichi en un susurro girándose para quedar de cara a Kaede a pesar de que en la oscuridad no podía verle.

—¿Por el examen? —preguntó. Y luego respondió sin esperar— no —y no mentía. No era el examen en si lo que le preocupaba.

—Yo sí —admitió Hanamichi sin subir el tono de voz—. Sé que puedo aprobar pero aún así… es como antes de un partido, sé que podemos ganar pero aún así…

—Ya. A todos nos pasa eso antes de un partido. Es bueno, te mantiene alerta y concentrado.

—Quizá deberías ponerte un poco nervioso para el examen de mañana entonces —susurró sonriendo Hanamichi disfrutando de la calmada intimidad que se había instalado ente ellos.

—No. Irá bien. Ambos aprobaremos y luego de eso podremos volver al equipo y será como si no hubiera pasado nada —susurró Kaede con un suspiro, dejando entrever cuanto lo deseaba.

—Espero que no todo vuelva a ser como antes —masculló alarmado Hanamichi, no quería que nada entre ellos volviera a lo de antes, le gustaba lo que estaban construyendo ahora.

—Bueno, ahora que no nos pelearemos más, quizá consigamos jugar juntos; Eso ayudaría mucho al equipo y ciertamente sería algo diferente —susurró Kaede con una sonrisa al detectar el tono de Hanamichi. Tampoco él quería volver a los insultos y los silencios.

—Pero un poco sí que nos pelearemos, al fin y al cabo tú seguirás celoso de mi talentoso juego y yo seguiré queriendo ganarte a toda costa —susurró Hanamichi intentando no reír de contento por haber malinterpretado la primea frase de Kaede.

—Idiota —dijo Kaede con su tono habitual.

—No me llames idiota, ahora que se supone que soy tu amigo ya no puedes llamarme idiota —se quejó Hanamichi alzando un poco la voz enfadado.

—Claro que puedo —respondió en tono de suficiencia Kaede—. Si tú puedes hacer el idiota yo puedo llamarte idiota. Y además tú no debes enfadarte por ello porque los amigos no se enfadan por estas cosas —le riñó como quien habla con un niño pequeño.

Hanamichi se quedó callado sin saber si sonreír contento por estar bromeando pacíficamente con Kaede o enfadarse con él por tratarlo como un niño pequeño.

—¿A ti no te suena raro hablar de ser amigos? —murmuró divagando Hanamichi tras unos instantes de silencio.

—Suena bien. Duérmete ya y déjame dormir —le dijo Kaede dándole un golpe con la almohada en la cabeza, de repente sintiéndose azorado sin motivo.

Hanamichi se aguantó la risa y luego se quedaron en silencio otro rato

—No eres exactamente como creía —murmuró Hanamichi sintiendo que la oscuridad de la habitación le protegía lo suficiente como para poder decir esas cosas.

—En cambio tú sí eres como pensaba —le respondió Kaede sin titubear.

—¿Eso es malo? —preguntó Hanamichi preocupado.

—Supongo que no.

—¿Supones?

—¿Eres el eco ahora? —le increpó Kaede sin ganas de dar explicaciones.

—Solo quería saber qué piensas de mí —susurró algo dolido Hanamichi, al ver que el otro no quería hablar con él.

—¿Por qué te importa tanto lo que los otros piensan de ti? —preguntó con sincera curiosidad Kaede.

—No lo sé —dijo encogiéndose de hombros—. No me gusta que la gente piense cosas de mí que no son ciertas supongo.

—No debería importarte tanto lo que los otros piensen. No es tan importante.

—Sí es importante —le contradijo Hanamichi algo apasionadamente—. Para mí es importante que aquellos que quiero, la familia, los amigos y con quienes paso la mayor parte de mi tiempo sepan cosas de mí, las importantes, es importante para mí que conozcan la verdad y me quieran por lo que soy.

—Pero eso y preocuparse por lo que piensen de ti es distinto. Si lo que quieres es que los tuyos te aprecien por lo que eres, ni más ni menos, solo debes mostrarte tal y como eres. Y eso creo que ya lo haces. Y el resto que piensen lo que quieran.

—¿A ti no te importa lo que piensen los demás de ti? —ahora era Hanamichi quien tenía sincera curiosidad.

—No mucho. Es decir, sí claro, pero solo aquellos que realmente importan.

—Los del equipo no entramos en esa categoría supongo —susurró dolido de nuevo.

—Ya te dije una vez que ser compañeros y ser amigos eran cosas muy distintas, el grado de implicación es muy distinto. Los del equipo son mis compañeros. Confío en ellos en la cancha, y me importa lo que piensan de mí como jugador, pero no más. Me importa lo que mis padres piensan de mí como persona, pero mis compañeros que piensen lo que quieran.

—Pero también son amigos, no son solo compañeros —intentó argumentar Hanamichi, no le gustaba sentirse apartado de ese modo.

—Para ti quizá —siguió hablando Kaede sin perder la calma—. Nadie del equipo me considera un amigo y yo tampoco a ellos.

—¿Y yo no soy nadie…? —se le escapó a Hanamichi, aunque pudo contener las dos últimas palabras de la frase que su cerebro dejó salir por su bocota: «para ti».

—Tú no estás en el equipo —respondió elocuentemente, admitiendo que no le tenía en el mismo saco que al resto, pero sin admitir abiertamente dónde encajaba Hanamichi en sus esquemas. Y luego añadió— aún —como si quisiera recordarle que estaba haciendo todo eso en parte para hacerle volver al equipo.

—¿Quiere eso decir que te importa lo que yo pienso de ti? —se aventuró Hanamichi pasados unos instantes, cuando hubo procesado la información.

—Por extraño que parezca sí, un poco. Igual que a ti te importa lo que pienso yo, supongo vaya, o no me preguntarías tanto.

Hanamichi sonrió contento de oír eso. Era reconfortante, aunque confuso lo que esas palabras le hacían sentir.

—Supones bien —le confirmó, contento, sin importarle lo mas mínimo decirle que le importaba lo que pensara de él—. Ya que estamos en plan confesiones… ¿puedo preguntarte algo?

—Depende. Si sabes que no te contestaré no hace falta que lo intentes —le dijo algo cortante Kaede.

—No iba por ahí —dijo Hanamichi recordando de repente con pesar todos los terrenos vedados en su amistad con Kaede. —Me preguntaba si… es decir… A veces yo hacía este tipo de cosas con Yohei, hace tiempo, cuando éramos más pequeños, pasarnos la noche hablando y eso, y me preguntaba si tienes algún otro amigo con quien…

—En este momento no. Pero he tenido otros amigos antes que tú, si es eso lo que quieres saber. ¿O pensabas que eras el primero?

—No, yo… —respondió algo avergonzado Hanamichi—. Bueno, es solo que siempre vas solo y…

—No tengo tantos amigos como tú Hanamichi, pero…

—Sí bueno, ha quedado demostrado que tampoco tengo tantos amigos como pensábamos —comentó con algo amargura en la voz—. Para empezar los del equipo…

—Ellos se preocupan más por ti que por ningún otro —le interrumpió Kaede cansado de oírle decir tonterías como que nadie del equipo se preocupaba por él.

—Pues no quiero ni pensar lo poco que se preocupan del resto entonces, ya que ni siquiera han intentado hacerme volver —siguió diciendo de forma mordaz Hanamichi, sorprendiendo a Kaede, poco a habituado a oírle hablar en ese tono.

—¿Sabías que han estado presionando al entrenador, al profesor de literatura e incluso al director para que te readmitan en el equipo?

Hanamichi no contestó, no lo sabía ni se lo hubiera imaginado nunca.

—Mitsui y Miyagi hablaron con la chica esa del periódico escolar para que investigue un poco.

—¿Qué investigue qué? —esa información le sorprendió.

—A los profesores y a ti, para poder probarle al entrenador que no copiaste y que te readmitan en el equipo.

—Pero si no me creyeron la tarde que… —murmuró sin entender los actos de sus compañeros.

—Sí te creyeron, solo estaban sorprendidos. No es normal que un alumno que suele aprobar justito de repente saque tan buenas notas, ni tampoco es normal que el entrenador no te crea cuando tú le dices algo, ni que expulsen a alguien del equipo por haber aprobado un examen en vez de suspenderlo. No dijimos nada porque no supimos qué decir. Para cuando reaccionamos tú ya te habías ido.

—Pero… —balbuceó Hanamichi intentando entenderlo.

—Las cosas no son siempre lo que parecen —dijo con la voz tintada de tristeza Kaede.

Pero Hanamichi no podía pensar en porqué Kaede estaba triste. No entendía por qué sus compañeros no habían sido más directos con él.

—¿Por qué nadie me dijo nada? ¿Por qué no me lo has dicho hasta ahora? ¿Por…?

—Te lo dije hace semanas que todos estaban preocupados por ti. Y no quisiste creerlo.

—¿Pero por qué ellos no dijeron nada? —insistió Hanaichi obviando su error.

—¿Cómo iban a acercarse a ti si ni siquiera dejaste que los de tu banda se acercaran a ti?

—Lo de la banda no tiene nada que ver. Ellos creían que yo había copiado. Ellos… —intentó decir recordando las últimas discusiones con sus amigos.

—Ellos estaban tan sorprendidos como los del equipo. No pensaron en que te hubieras puesto a estudiar, es cierto, pero no les diste una segunda oportunidad. La gente se equivoca ¿sabes?

—¿Cómo te atreves a…?

—Eres muy intransigente. Si las cosas no son como tú las quieres, si no son como crees que deben ser, ya no están bien. No crees en que las cosas puedan estar un poco bien, no permites que quien se ha equivocado una vez pueda rectificar, no intentas nunca ver los matices, las cosas para ti son blancas o negras, y la vida esta llena de gris Hanamichi.

—¿Realmente crees que soy así? —murmuró muy dolido Hanamichi.

—¿Realmente crees tú que no lo eres?

Hanamichi no respondió.

—No debe ser fácil para ellos intentar estar siempre a tu nivel.

—Es muy fácil acusar a los demás… —le respondió Hanamichi intentando todavía reorganizar el alboroto de sentimientos y contradicciones que las palabras de Kaede habían desatado en su interior.

—No te estoy acusando. Solo quiero que entiendas porqué nadie del equipo se ha acercado a ti estos días. Y que eso no quiere decir que no hayan intentado por todos los medios hacerte volver.

El silencio se hizo de nuevo entre ellos, esta vez era pesado y doloroso para ambos.

—¿Por qué queréis que vuelva si creéis que soy una persona tan horrible?

—No eres una persona horrible —susurró instintivamente Kaede con voz suave, pero cuando se dio cuenta de que había respondido sin pensar primero lo que iba a decir añadió— solo eres un poco idiota a veces, pero nadie es perfecto.

—¡Deja de llamarme idiota! —exclamó Hanamichi angustiado incorporándose en la cama.

—Pues deja de comportarte como uno. Todos te quieren Hanamichi y si no te has dado cuenta es que eres más idiota de lo que pensaba. Cualquiera daría lo que fuera para tener la facilidad que tienes tú para hacer amigos y para que la gente te quiera. Tienes el don de caerle bien a la gente, sabes ser una fuente inagotable de simpatía, eres leal a tus principios y a tus amigos, todos lo saben y te respetan por ello. Y el hecho que te sientas tan herido por todo lo que está pasando solo hace que demostrarlo.

Hanamichi se sentó al borde de su cama sin saber qué decir o hacer en ese momento.

Pasado un rato Kaede se incorporó lentamente y cuando se hubo sentado en el borde de su cama frente a Hanamichi, con las manos tanteó buscando a su compañero.

Hanamichi notó como una mano se posaba en su pierna y otra iba directo a su cara. No supo si Kaede realmente no era capaz de distinguir su silueta en la oscuridad o le había tocado con premeditación pero no dijo nada.

—Sé que no eres idiota. No lo pienso en absoluto. Lo sabes ¿verdad?

Con ese extraño sentimiento en el estómago que estaba empezando a hacerse habitual, Hanamichi sintió como se le erizaba todo al sentir los ligeros movimientos del pulgar de Kaede en su mejilla. No fue capaz de articular palabra. Tampoco habría sabido qué decir. Todo cuanto hizo fue recostar un poco la cabeza en la mano de Kaede y luego lentamente asentir levemente.

—Bien —murmuró Kaede.

Y Hanamichi tuvo un sobresalto al notar que su voz sonaba más cerca de lo que esperaba.

—Deberíamos intentar dormir —murmuró Kaede un poco más lejos, pero todavía sin apartar esa mano caliente de su muslo y la otra de su mejilla.

—Sí —murmuró Hanamichi llevando su mano encima la de Kaede. Entrelazando los dedos con los de Kaede Hanamichi apartó esa mano de sí mismo.

Luego en silencio ambos se tumbaron en sus camas de nuevo, todavía con los dedos entrelazados. Y cerraron los ojos nerviosos, intentando dormirse.

—Buenas noches Hanamichi —susurró Kaede cuando muchos minutos más tarde la respiración agitada de su anfitrión fue calmada y sosegada, se había dormido.

Unos minutos más tarde él también dormía.

... continuará ...


Grissina: Siento el retraso, ayer jugó el Barça y ... en fin que al final después de vencer dos veces al Madrid en un solo día se me olvidó todo lo demás.

Espero que este capítulo os guste.

¡Gracias por los Reviews!

Y mil gracias por las correcciones ortográficas.