…El Sonido del Silencio…
CAPITULO XXI: Revelación
¿Qué cosa más grande que tener a alguien con quien te atrevas a hablar como contigo mismo?
Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.
"Ding-dong"
—Llegas pronto —murmuró Hanamichi al ver a su amigo en la puerta.
Sin decir nada más se apartó y le dejó entrar.
—He pensado que podíamos hablar un rato antes de que lleguen los chicos.
—Estoy desayunando. ¿Has comido? —dijo sentándose en la mesa de la cocina e indicándole que se sentara también.
—Buenos días Yohei querido. ¿Has desayunado? ¿Quieres que te prepare algo? —dijo la madre de Hanamichi al verle.
—Buenos días. No hace falta gracias, he comido en casa.
—Hanamichi me ha contado que tú y los chicos vais a tomar el curso de lengua de los signos con nosotros. Me alegro.
—Sí, hemos pensado que sería lo más prudente. Además será divertido tener un modo de comunicarnos entre nosotros en clase sin que los profesores se enteren —dijo riendo Yohei.
Estaba de buen humor, era bueno poder volver a casa de su amigo.
—¡Yohei! —exclamó Hanamichi por el comentario de su amigo.
La madre de Hanamichi rió y salió de la cocina para ir al piso de arriba a arreglar las habitaciones, dejando así a su hijo y su amigo intimidad para recuperar el tiempo perdido. Hacía semanas que Yohei no pasaba por casa y eso solo podía significar que se habían discutido por algo; estaba contenta de ver que se habían reconciliado.
—Es cierto Hanamichi, va a ser muy útil. No sé como no se nos ocurrió antes —murmuró sonriendo Yohei al tiempo que le robaba una galleta del plato.
Hanamichi le miró comerse la galleta con deleite, pero no dijo nada. Yohei siempre hacía lo mismo, decía que no quería nada y luego le robaba la comida del plato.
—Están algo raras estas galletas —murmuró Yohei cuando hubo terminado de tragársela.
—Son sin sal.
—Hanamichi quería hablarte de lo que nos contaste ayer — dijo Yohei son comentar nada de la nueva dieta de su amigo.
—¿Sobre qué parte?
—La de ser amigos de Rukawa. No me malinterpretes —se apresuró a decir al ver como la cara de su amigo se ensombrecía de golpe al hablarle del moreno. —Sé que si tú dices que puede ser uno de nosotros es por algo, pero…
—No debes preocuparte por él. No quiere formar parte del grupo y yo tampoco lo quiero ya.
—Pero… ¿qué ha pasado? Parecías tan entusiasmado, tan seguro de… —murmuró Yohei sorprendido.
—Supongo que una vez más me equivoqué. Fui a hablar con él cuando entré.
—Lo sé, nos dijiste que lo harías.
—Fue… —Hanamichi calló al recordar a Kaede llorando hecho un ovillo en el suelo—. No tengo muy claro qué pasó pero… bueno al final nos peleamos.
Yohei alzó una ceja pero no dijo nada.
—Él quería a toda costa que volviera al equipo esa misma tarde y yo le dije que primero debíamos esperar los resultados de los exámenes —se explicó Hanamichi.
Yohei no dijo nada, le dejó hablar a su aire.
—Entonces me acusó de cobarde, de haberles abandonado y me enfadé con él. Nos gritamos y me acabó confesando que intentar hacer las paces le parecía una estupidez y que solo había accedido a ser mi amigo para que volviera al equipo. Estúpido engreído de mierda…
—¿Tanto te quiere de vuelta a la cancha? —le interrumpió sorprendido Yohei.
—Me da igual lo que quiera. Me engañó. Creí que quería ser mi amigo y no era así. Así que ya no tienes de qué preocuparte ya no volveré a hablar con él —dijo Hanamichi muy enfadado, pero bajo la ira Yohei detectó tristeza y eso era algo inesperado.
—Hanamichi, no intento defenderle, pero… ¿No crees que eres un poco radical con eso? Aún si solo era para que volvieras al equipo lo cierto es que por lo que nos contaste estuvo allí para ti cuando se lo pediste. Y además estamos hablando de Rukawa, debería ser un halago que te quiera de vuelta al equipo.
—Pues no lo es.
—Pues no lo entiendo. Has estado deseando que admita que eres necesario en el equipo desde que entraste en él. ¿Y ahora que lo logras ahora te enfadas? —le dijo Yohei en tono apacible. Y entonces decidió cambiar de táctica para comprobar algo—. Ya te dijimos que intentar ser amigo de Rukawa no saldría bien. Es frío, calculador y no tiene don de gentes, no pega contigo para nada y no deberías enfadarte porque él también se haya dado cuenta.
—No le conoces, él no…
—¿Él no qué? —le cortó. Había acertado. A pesar de todo lo ocurrido a veces seguía pensando que conocía a su amigo mejor que él mismo—. Tú mismo acabas de decir que te engañó solo para conseguir lo que quería. Pues bien, olvídate de querer ser su amigo y ya —insistió maliciosamente.
—No lo entiendes…
—No, no lo entiendo. Porqué tú quieres volver al equipo, ¿no? Pues aprovéchalo.
—No sé si quiero volver —confesó Hanamichi nervioso—. Es complicado —murmuró bajando la cabeza para que Yohei no le viera los ojos.
—Pues antes de enfadarte con todo el mundo quizá deberías saber qué quieres realmente —le regañó Yohei. Luego suavizó el tono y añadió— Hanamichi, sabes que elijas lo que elijas yo y los chicos te apoyaremos ¿cierto?
—No entiendo a qué viene esto ahora, ¿qué más os da a vosotros si vuelvo al equipo o no lo hago? —comentó Hanamichi confundido.
—No hablo de eso. Hablo de Rukawa y lo que sea que haya entre vosotros.
—¿Qué? —se alarmó Hanamichi—. ¿Se puede saber de qué hablas? Entre ése idiota y yo no hay nada, ni siquiera somos amigos. ¿Qué quieres decir con lo que haya entre nosotros?
—Hanamichi eres mi amigo y no te juzgaré, es todo lo que quiero decir —repitió Yohei luchando para no reír por la respuesta tintada de pánico de su amigo.
—¿Chicos estáis listos? —preguntó oportunamente la madre de Hanamichi bajando las esclareas con el cesto de la ropa sucia en las manos—. Si no salimos ya llegaremos tarde.
—Sí, ya estamos —dijo Yohei levantándose como si no hubiera interrumpido una conversación de lo más interesante.
Hanamichi tardó un poco más en reaccionar. No estaba seguro de querer saber qué había querido decir su amigo con lo de que no le juzgaría. No había nada que juzgar, ¿no? Pero no pudo evitar recordar la calidez de la mano de Rukawa en su mejilla y su corazón se estremeció.
«Estúpido zorro…»
Cuando llegaron al hospital el resto de muchachos de la banda les esperaban en la puerta principal. Yohei les saludó alegremente y también lo hizo la madre de Hanamichi, éste por el contrario seguía callado, sumido en sus pensamientos.
«…maldito gilipollas arrogante y egocéntrico…»
Su madre en vista que Hanamichi estaba en otro mundo guió a los impacientes muchachos hasta la sala donde se daba el curso. Cuando entraron le dio un codazo a Hanamichi para que prestara atención a sus amigos, haciendo que finalmente dejara por un momento a un lado sus preocupaciones para observarles con una sonrisa bajo la nariz.
Era divertido verles inquietos ante la novedad de aprender algo nuevo e inesperado y como, intentando aplacar los nervios, entraban a la sala saludando en voz alta alegremente recibiendo, como él en su primer día, sólo unos pocos saludos de vuelta.
—No hace falta gritar —les dijo la madre de Hanamichi antes de que su hijo se riera de sus amigos—, ellos no os oyen.
—¿Y como se supone que saludemos? —preguntó Takamiya nervioso.
—Mira —dijo ella enseñándoles a los cuatro amigos de su hijo el sencillo gesto con las manos que servía para saludar.
Ella sonreía mientras le observaban muy atentamente, concentrados como pocas veces les había visto e intentando repetirlo siguiendo sus indicaciones al pie de la letra.
—Mira Hanamichi ya sé decir ho… —dijo pasados unos instantes contento Yohei girándose hacia su amigo. Pero se quedó con la frase en la boca al ver con quien estaba hablando Hanamichi.
Las gráciles manos de Sayaka se movían despacio frente al pelirrojo y éste sonreía y le respondía torpemente, pensando en qué movimientos hacer antes de articularlos. Los ojos de Sayaka refulgían intensamente, contentos.
Yohei no pudo apartar los ojos de la hermosa chica y notar cómo sus cabellos caían al lado de su cara, de facciones delicadas, cómo el aire que entraba por la puerta hacía volar sutilmente la falda de su vestido de forma lenta dejando ver unas piernas blancas como copos de nieve, tan delicadas como el resto de su cuerpo.
—Cierra la boca o te entraran moscas —dijo uno de los chicos al ver la cara de embobado de Yohei.
—Creo que se nos ha enamorado —murmuró riendo otro mirando hacia donde estaban Hanamichi y Sayaka.
—Pues no me extraña, esa chica es preciosa —comentó el tercero también riendo al ver la cara de desconcierto de su amigo.
—Vayamos a que Hanamichi nos presente —dijo el primero, y tomando del brazo a Yohei, que seguía aturdido, empezó a andar con grandes zancadas hasta el pelirrojo.
—¿Amigo, no vas a presentarnos a tu bella amiga? —le dijo Nozomi Takamiya a Hanamichi riendo, viendo de reojo como Yohei seguía sin poder apartar la vista de la chica.
—¡Chicos! —exclamó Hanamichi algo sobresaltado. Pero luego les presentó a Sayaka y como los demás rió por lo bajo ante la incapacidad de Yohei de hilar dos palabras con sentido ante la chica. Por suerte para él ella no oyó los balbuceos del moreno, se limitó a sonreír y a decirle a Hanamichi lo que quería que les dijera a sus amigos.
Estaban enfrascados en una conversación sobre la escuela, presentándose, contándose las aficiones y otras banalidades similares cuando las luces se encendieron y apagaron repetidamente, dándoles a entender que era hora de empezar la clase.
Todos miraron desconcertados al techo de la sala y Hanamichi les explico que era el modo de en que Takeshi indicaba a todos que ya había llegado y que ya podían empezar.
Cuando Hanamichi vio a Takeshi acercándose sintió de repente un montón de cosas, nervios, algo de enfado, alivio por no tener que hablar con Sawakita y no le pasó desapercibida la extraña mirada que el enfermero le dedicó.
Hanamichi no intentó acercarse a él para hablar a pesar de que se moría de ganas de hacerlo, tenía demasiadas preguntas sin respuesta. Se sentó en silencio y oyó como Takeshi decidió que la gente se colocara en pequeños grupos para hacer unos juegos que había preparado.
Hanamichi y la gundam se pusieron con Sayaka y esperaron pacientemente a que Takeshi se acercara a ellos para decirles que juego les tocaba.
—He pensado que como es vuestro primer día quizá sería mejor un juego. Sayaka que sabe las normas os lo explicará —les dijo, ambas en voz alta y gesticulando, dándoles una pequeña caja blanca que contenía un mazo de tarjetas con dibujos—. ¿Hanamichi te apetece ayudarme con los niños? —preguntó luego sin su habitual seguridad en la voz.
—Sí, claro —murmuró, al tiempo que gesticulaba: «tenemos que hablar».
Sin esperar respuesta se levantó de la silla en la que estaba y se dirigió al rincón donde había los más pequeños.
—Pues vamos. Os dejamos en buenas manos —dijo Takeshi a los amigos de Hanamichi que le miraban alejarse de ellos con algo de aprensión—. Sayaka es la mejor enseñando a los novatos, ya lo veréis —le dijo con una sonrisa y luego siguió a Hanamichi.
Hanamichi estaba ya en el suelo saludando a los pequeños.
—Chicos, ¿qué os parece si hoy que hace buen día salimos al jardín y recogemos flores para vuestras mamás? Quizá sea el último sábado soleado antes de Navidad —dijo Takeshi arrodillándose al lado de Hanamichi.
Hanamichi le miró pero no dijo nada. Y entre los dos abrigaron a los pequeños y luego tomaron a las cuatro criaturas de la mano y salieron de la sala.
Hanamichi se forzó a no pensar en nada más que en los niños durante un rato y les ayudó a buscar las pocas flores que quedaran el los jardines aunque no fueran bonitas y como cortarlas para ponerlas en un ramo junto con otras hojas de plantas.
—¿Esta está bien? —preguntó la única niña del grupo.
—Claro que sí —le dijo Hanamichi con una radiante sonrisa mientras cogía a la pequeña en brazos—. Es perfecta. Como tú.
Esos cuatro pequeños eran hijos de familias donde alguien había perdido el oído y debían aprender a hablar con las manos para comunicarse con sus padres, madres o hermanos. Pero ellos oían perfectamente por lo que pronto Hanamichi se olvidó de hablarles con las manos y simplemente jugó con ellos.
Pasado un rato, cuando Takeshi creyó que Hanamichi se había relajado lo suficiente con el contacto con los niños les llamó y les propuso otro juego.
—A ver si me encuentran un buen montón de piedras pequeñas y bonitas para la manualidad de la semana que viene.
—¿Pero de qué tamaño? —preguntó uno de los niños con un pequeño ramo de flores en la mano.
—Del que queráis pero deben ser bonitas. Dejad los ramos aquí nosotros os los vigilaremos. No os vayáis muy lejos y no salgáis a la calle ¿Entendido? Shinosuke, toma a Sonoko de la mano y no dejes que se pierda. Ala a jugar.
Los cuatro pequeños salieron corriendo y riendo alegremente.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Hanamichi sin mirarle tan pronto como estuvieron solos.
—¿El qué? —dijo Takeshi sin estar seguro de a qué se refería.
—Hacer venir a Sawakita la semana pasada.
—Intentaba enmendar un error del pasado.
—¿Pero cómo? ¿Qué error? ¿Qué ganas tú con que Sawakita me cuente la historia de Rukawa?
—Nada. Pero sé que Rukawa no te contará nada y tampoco yo puedo hacerlo. Pero Eiji… Ambos son muy importantes para mí. Se pelearon hace un tiempo y no… ¿Qué te contó Eiji de lo sucedido, Hanamichi?
—Nada. Me preguntó por Rukawa, le dije que no le diría una palabra y luego se dio cuenta que todo había sido una encerrona tuya. Me dijo que hablara con Rukawa que sería lo mejor y se negó a contarme de qué se conocían ellos dos o contigo. ¿Qué me estáis ocultando todos? —le preguntó Hanamichi mirándole a los ojos.
—Es complicado —intentó evadir la pregunta Takeshi.
—No soy tan tonto como pensáis, puedo entenderlo si me lo explicáis. ¡Pero nadie me cuenta nada! —estalló al fin.
—No quería decir eso Hanamichi. Es solo que no siempre es fácil hablar del pasado. Lo que Kaede y Eiji no quieren decirte no puedo decírtelo yo, ya me he metido bastante entre ellos —admitió bajando la mirada.
—¿Porqué se pelearon? Ambos me dijeron que antes eran amigos…
—¿Kaede te ha contado algo de eso? —le preguntó Takeshi con esperanza.
—Bueno no, me dijo que antes de mí había tenido otros amigos, no me dijo quien. Pero Sawakita dijo que antes él y Rukawa habían sido amigos, el zorro no es de hacer muchos amigos así que supuse que hablaban de lo mismo.
—Sí fueron amigos —le confirmó Takeshi.
—¿Pero por qué ya no lo son? ¿Es porque Kaede es gay? —preguntó sin tapujos Hanamichi cansado de no recibir respuestas claras.
—¿Kaede te ha…? —murmuró sorprendido el enfermero.
—No, se le escapó a Sawakita cuando le conté que vi a Kaede llorar la tarde que nos vio en el ascensor.
—No le digas a Kaede que lo has averiguado por Eiji. Dios, Kaede le matará y luego me matará a mí. Y tampoco le menciones que le has visto llorar o te… —le intentó aconsejar el enfermero con evidentes signos de desesperación.
—Sabe que le vi —le cortó Hanamichi harto de tantos consejos sobre como tratar a Kaede pero nada de información de lo sucedido entre ellos en el pasado—. Le he visto llorar más veces, eso no es problema. El problema es… —pero Hanamichi calló indeciso.
—Hanamichi —Takeshi dudó un momento en si preguntar porqué había llorado Kaede más veces delante de él, pero decidió no hacerlo e ir directamente a lo Hanamichi pudiera responder. Takeshi suspiró y luego murmuró con tono suave— ¿Te has enamorado de él, verdad?
—No lo sé —murmuró asustado Hanamichi por esa confesión que había salido sola.
Takeshi sonrió mirándole de repente de forma distinta.
—Sí lo sabes. Por eso estas asustado. Deberías decírselo a él, no a mí.
—No puedo decírselo —masculló entre dientes Hanamichi.
—¿Por qué?
—Porque Sawakita me dijo que yo le gusto y… —se lamentó Hanamichi.
—¿Qué? —exclamó Takeshi alarmado y desconcertado—. ¿Desde cuando Eiji está enamorado de ti?
—¿Qué? —Exclamó a su vez Hanamichi—. ¡Él no, Kaede!
—¿Entonces cual es el problema? —no pudo evitar preguntar Takeshi con cierta desesperación en la voz.
—Que yo no… es decir… no es que no… pero… no estoy preparado para preguntarle si…—farfulló Hanamichi nervioso.
—No deberías tener miedo, sabes que no te va a rechazar…
—No me da miedo que me rechace —murmuró Hanamichi entre dientes de nuevo.
—Entonces, ¿cual es el problema?
—Kaede no confía en mí. No confía en nadie —dijo muy serio Hanamichi.
Esa respuesta sorprendió a Takeshi, de nuevo consciente que tenía delante un muchacho que era mucho más maduro e inteligente de lo que aparentaba ser.
—Tiene miedo que le vuelvan a hacer daño —murmuró el enfermero recordando como había conocido él a Kaede.
—Por eso quiero saber qué pasó contigo y Sawakita, por qué se enfadó con vosotros, por qué parece odiarte tanto, por qué huye de mí si intento ayudarle.
—Que yo te cuente lo que pasó no te ayudará. Si descubre que has estado indagando a sus espaldas solo lograrás que desconfíe más.
—No sé qué hacer —admitió Hanamichi desalentado.
—Habla con él.
—Nos hemos peleado —admitió Hanamichi en un tono algo infantil.
—¿Por qué?
Hanamichi suspiró antes de empezar a contarle todo a Takeshi.
—Hicimos un trato: yo le ayudaba a estudiar para aprobar el examen de mates para poder volver al equipo y él me ayudaba a volver al equipo.
—¿Cómo? —preguntó con sincera curiosidad el enfermero, sorprendido.
—Estudiando juntos y explicándole lo que no entendía…
—No, que como va él devolverte al equipo.
—No lo sé, no se lo pregunté —admitió Hanamichi dándose cuenta de ello por primera vez—. Yo solo quería poder pasar tiempo con él, intentar… da igual la cuestión es que hicimos el examen y me dijo que ya era hora de volver al equipo, pero se enfadó conmigo cuando le dije que debíamos esperar a saber los resultados del examen.
—Aja —murmuró muy atento Takeshi.
—Pero él estaba convencido de que habíamos aprobado ambos y que no debíamos perder el tiempo esperando. Insistí en esperar, porque aunque yo apruebe no sé si me dejarán volver y no quería decirlo en voz alta, solo quería… y entonces se enfadó más y dijo que debía volver al equipo, que se lo debía y que si no quería cumplir mi palabra por qué había hecho ese estúpido pacto con él. Me enfadé y le dije que no le debía nada. He sido yo quien le ha ayudado a aprobar y no al revés. Y además me dolió saber que intentar hacer las paces le parecía algo estúpido.
—Pero quizá sí que se lo debes.
—¿Qué? —murmuró desconcertado Hanamichi.
—Pensábamos que haciendo el examen que no quisiste hacer era la única manera de volver. Pero quizá él ha encontrado el modo de hacerte volver, quizá haya hecho algo para que tú puedas volver al equipo.
—¿Pero el qu…? —calló de repente entendiendo lo sucedido—. ¡Mierda! Es un estúpido. Él… ¡Le voy a…! —dijo levantándose de repente.
—¡Hanamichi tranquilo! ¿Qué ocurre? —es espantó Takeshi alarmado por el exabrupto de Hanamichi.
—Yo no podía volver al equipo si no daba el examen de recuperaciones, es cierto, pero luego nunca hubo examen de recuperación para los que suspendimos, solo un examen sorpresa ayer, para todos…
—¿Y? —dijo Takeshi sin entender nada.
—Kaede llegó tarde y sabía lo del examen. ¿Cómo no me di cuenta antes? ¡Me voy! Tengo que hablar con él, tengo que… Voy a… —dijo echando a correr hacia el hospital.
—¡Hanamichi! —dijo Takeshi sin poder seguirle porque no podía dejar a los cuatro niños solos. —¡Niños, venid! —les llamó para que se acercaran.
Pero no los tenía a todos con él todavía, que Yohei salió del hospital corriendo a su encuentro.
—¿Qué ha pasado? —preguntó el amigo de Hanamichi antes de que el enfermero pudiera decir nada.
—¿Dónde está Hanamichi? —preguntó Takeshi.
—Se ha ido corriendo balbuceando no sé qué de Rukawa y un examen.
—Ayúdame a entrar con los niños.
—Pero…
—Vamos —dijo Takeshi empezando a andar hacia el interior con un niño cogido de cada mano mientras Yohei hacía lo mismo y le seguía.
... continuará...
Grissina: Lo siento, lo siento , lo siento. Prometo intentar no desaparecer del mapa de nuevo antes de terminar de subir esta historia. Muchísimas gracias por el apoyo. Nos leemos pronto.
