…El Sonido del Silencio…
CAPITULO XXXII: Takesato
Nada prende tan pronto de unas almas en otras como esta simpatía de la risa.
Jacinto Benavente (1866-1954) Dramaturgo español.
Corrió tanto como pudo. No podía creer que no se hubiera dado cuenta antes. No podía ser que Kaede hubiera llegado hasta ese extremo para ayudarle. Tenía que hablar con él. Se sentía culpable y estúpido. ¿Cómo no lo había visto antes…?
Era sábado, tenían partido contra el Takesato, seguro que Kaede estaría allí. Esperaba poder unirse al equipo si llegaba a tiempo. Y después del partido hablaría con el. Tenía que pedirle perdón, tenía que saber hasta qué punto…
Ambos equipos estaban en la pista calentando cuando llegó. El marcador indicaba que el Shohoku ganaba, pero de solo cuatro puntos. ¿Desde cuando su equipo tenía problemas contra el Takesato?
Parándose para recuperar el aliento observó sus compañeros que todavía no le habían visto entrar y entonces lo vio: Kaede entraba a canasta con desgana… y fallaba. Eso estaba mal, muy mal.
Corriendo se dirigió al banquillo, tenía que conseguir permiso del entrenador para volver al equipo, tenía que hacer lo imposible para que Shohoku revalidara el titulo. Eso era lo que Kaede quería y era exactamente lo que le daría, así tuviera que suplicarle al viejo que le dejara entrar en la cancha.
—Oh Hanamichi muchacho, llegas tarde —le dijo el entrenador que fue el primero en percatarse de su presencia.
—Entrenador. Quiero volver al equipo. Haré cuantos exámenes quiera, los haré delante suyo si hace falta, haré lo que me pida. Pero déjeme volver. He de…
—Primero debes cambiarte —dijo el hombre sonriendo.
—¡Gracias! —dijo saltando al cuello del hombre para abrazarlo.
—¡Hanamichi! —oyó la voz de varios de sus compañeros acercándose—. ¡Has vuelto! —dijeron cuando llegaron hasta la banca.
—Sí —dijo algo cohibido Hanamichi. Entonces vio a Kaede acercarse el último—. Quiero jugar. Quiero revalidar el título con vosotros —dijo mirando lo ojos azules que no se apartaban de él.
—¡Claro que si! —gritó Ryota que no cabía en sí de la sorpresa—. Cámbiate de ropa, rápido, la segunda parte está a punto de empezar.
Entonces avergonzado apartó la vista finalmente de Rukawa y murmuró:
—Pero no he traído mi ropa…
—Yo te prestaré unos pantalones cortos y Haruko buscará una camiseta de las viejas en el almacén —dijo Ryota.
—¡Estoy en ello! —gritó la chica mientras salía corriendo a por la camiseta.
—Los tuyos no le irán bien. Le prestaré unos míos —dijo Kaede empezando a andar hacia el vestuario sin esperar respuesta.
Todos se quedaron mirando al moreno estupefactos. Y luego se sorprendieron más todavía cuando Hanamichi lo siguió sin rechistar hacia los vestuarios.
—Chicos volved a la cancha —dijo el entrenador—. Vamos a tener una temporada muy interesante capitán —le dijo cuando el resto ya estaban de nuevo entrando a encestar.
—Eso creo entrenador —murmuró Ryota mirando hacia los vestuarios donde Hanamichi y Kaede habían desaparecido instantes antes.
Mientras, en el vestuario, Kaede fue hacia su bolsa sin decir nada y sacó unos pantalones cortos, unos calcetines limpios y las zapatillas de baloncesto de la temporada pasada.
—Creo que hacemos el mismo pie —murmuró sin mirarle.
—No hace falta… —murmuró Hanamichi.
—Te romperás los tobillos con eso —dijo señalando las deportivas que Hanamichi llevaba.
—Kaede… —no sabía qué decirle. Quería gritarle lo estúpido que era, quería reclamarle por sus acciones, quería regañarle por creer que su presencia en el equipo era más importante que mantenerse alejado de ése asqueroso profesor, pero no podía. Con qué derecho podía reclamarle nada cuando una parte de él se sentía emocionado ante el gesto de Kaede, aun sabiendo lo equivocado, erróneo y más que seguro repugnante que habría sido. Y por ello sentía que debía pedirle perdón—. Gracias — fue todo cuanto dijo mientras tomaba el pantalón y las deportivas que les estaba ofreciendo.
—No hay de qué, es solo mi ropa de entrenamiento —le respondió Kaede encogiéndose se hombros.
—No por esto, bueno por esto también pero hablaba de lo que… —¿cómo decir lo que no quería ni imaginar? Lo que no sabía aún y sin embargo le enfurecía y avergonzaba como si le hubiera sucedido a él— me prometiste devolverme al equipo y lo has hecho.
—Tú me ayudaste a aprobar. Estamos en paz.
—No. No lo estamos —dijo Hanamichi muy serio mirando al suelo de repente sintiéndose, por encima de todo, avergonzado—. Mira, no sé como lo hiciste, no sé qué le dijiste a ése estúpido profesor para que cambiara de idea y no hiciera examen de recuperación sino un examen sorpresa. Pero es más de lo que deberías haber hecho. Ese desgraciado pagará caro lo que…
—No. Escúchame bien —le cortó Kaede mirándole fijamente a los ojos—. Y quiero que por una vez me hagas caso. No harás nada.
—Pero… ése degenerado merece que…
—Lo sé. Pero te pido que no hagas nada, ni digas nada. Lo pasado, pasado está. Por favor.
—Me prometí que no te dejaría a solas con él y… —balbuceó Hanamichi incapaz de negarle lo que le pedía y sintiéndose todavía más irritado y por alguna extraña razón avergonzado por ello.
—Y nada. Cámbiate. Nos esperan en la cancha— dijo Kaede zanjando el tema y dirigiéndose hacia la puerta luchando por mantener bajo control la avalancha de sentimientos que la sola presencia de Hanamichi despertaba en él.
«¿Por qué habrá vuelto al equipo? ¿Soy un idiota por pensar que está aquí por… o…?»
—Kaede espera —dijo Hanamichi interrumpiendo sus pensamientos
Y éste se detuvo cuando ya tenía la puerta a medio abrir
—Luego…, ¿quieres venir a cenar a casa? —oyó que Hanamichi preguntaba en voz baja.
Kaede se encogió de hombros. Nervioso. De hecho tenía algo importante que hacer después del partido… era algo importante, que llevaba semanas posponiendo, pero tal y como estabn las cosas no vendría de unas horas más, pensó.
—¿Por qué? —preguntó inseguro.
—Tengo algo importante que decirte.
Kaede le miró de forma intensa durante unos instantes, vio a Hanamichi sonrojarse ligeramente y luego murmuró:
—Está bien —había perdido completamente la cabeza, estaba seguro de ello, pero quizá sería su única oportunidad de volver a estar a solas con Hanamichi y decirle lo que sentía por él.
Entonces Kaede salió del vestuario.
A dos pasos de la puerta se cruzó con Haruko que traía la antigua camiseta de su hermano para Hanamichi con una sonrisa en la cara. Pasó de largo como si ni siquiera la hubiera visto, pero luego miró atrás cuando la oyó llamar a la puerta del vestuario. Vio a Hanamichi abrir y se quedó mirando como la chica le entregaba la camiseta y él como un bobo se sonrojaba y le daba las gracias efusivamente.
Enfadado se giró y a pasos agigantados llegó de nuevo a la pista. Sin decir una palabra tomó un balón, empezó a correr, uno, dos pasos, dio un salto espectacular y se colgó del aro encestando la pelota en un impresionante mate.
—Hanamichi todavía no ha pisado la pista y ya se nota que ha vuelto al equipo —murmuró Mitsui cuando Kaede pasó por su lado después de recoger el balón.
Kaede le miró intensamente, pero Mitsui solo le dio una media sonrisa burlona y tras pararse en la línea de tres tiros encestó un triple. El primero que le entraba en toda la mañana.
Poco después el árbitro anunció los tres últimos minutos para el final de la media parte. Ambos equipos se retiraron hacia sus banquetas, el Takesato luciendo preocupado, pues los del Sohoku parecían haber recuperado su vitalidad con la inesperada llegada del alborotador pelirrojo.
El árbitro estaba pitando el último minuto para el final del descanso cuando Hanamichi saltó a la pista, con los pantalones y deportivas de Rukawa y la ancha camiseta de Akagi.
—Saldrá el mismo cinco inicial que la primera parte.
—Entrenador… —dijo Ryota preocupado mirando de reojo a Hanamichi.
—Chicos la mano al centro —dijo Hanamichi con una sonrisa de oreja a oreja y la mirada llena de determinación—. Ganaremos al Takesato y luego al Rionan, luego al Kainan y al Shoyo, nos clasificaremos para los Nacionales, llegaremos a la final contra el Sanoh, y esta vez ganaremos de paliza. ¿Ha quedado claro?
—¡Sí! —gritaron todos a la vez, espantando a los del Takesato que ya estaban entrando a la pista, mientras se ponían en corro con una mano encima de la que Hanamichi había extendido.
—Capitán… —dijo Hanamichi sonriendo mirando a Ryota cediéndole la palabra.
—¡UN, DOS, TRES…! —gritó éste complacido por el gesto de respeto de su amigo al dejar que fuera él quien diera el grito de guerra del equipo.
—¡SHOHOKU! —gritaron todos a una levantando las manos al cielo con energía.
Entonces los cinco iniciales saltaron a la cancha dispuestos a comerse el mundo, mientras sus compañeros desde la banca les animaban a ir a por todas incitados por Hanamichi.
Desde el primer instante de la segunda mitad los jugadores del Takesato tuvieron la sensación de estar jugando contra un equipo distinto. Lo que en la primera parte habían sido pases temerarios, tiros fallidos y jugadores despistados eran ahora una muestra de poderío, una maquina bien engrasada. No más balones perdidos, no más tiros fallidos, no más rebotes regalados, no más defensa fácil de burlar.
Antes de terminar la tercera parte ya les ganaban de más de diez y durante la cuarta la diferencia llegó a los treinta puntos, aunque el resultado final fue de 79 a 56.
A pesar de que Hanamichi permaneció en la banca todo el partido celebró tanto o más que los demás la victoria con gritos, abrazos y felicitaciones repartidas por doquier.
Pero alguien tenía mala cara a pesar de la victoria. Kaede no participó en las celebraciones, tan pronto terminó el partido tomó la llave del vestuario y se fue a la ducha. Hanamichi le vio y quiso preguntarle que qué mosca le había picado, pero no quería montar una escena, así que hizo como si no le hubiera visto. Tenían que hablar, pero a solas, no con todo el equipo mirando; y tenían toda la tarde para aclarar las cosas.
—¿Entrenador porqué no ha dejado salir a Sakuragi? —preguntó uno de los de primero en medio del alboroto.
—Porque como no estaba al inicio del partido no estaba inscrito en el acta, por lo tanto no podía jugar.
—Oh, claro —dijo el chico sonrojándose.
—Pero en el próximo partido estaré allí y no habrá quien me saque de la pista, ya verás —dijo Hanamichi cogiendo al chico por el cuello y alborotándole los cabellos.
Riendo se dirigieron hacia los vestuarios en grupo.
Kaede se estaba vistiendo cuando todos entraron en los vestuarios.
—¿Iremos a celebrarlo a Danny's? —dijo Ryota
—Sí, por favor, me muero de hambre —murmuró Hisashi mientras empezaba a sacarse la camiseta.
—Hoy no puedo cenar con vosotros, pero después del próximo partido…
—¿Por qué no? —dijo Hisashi que parecía decepcionado por la negativa de Hanamichi.
—Por que ya he quedado —dijo llanamente sonriendo intentando no mirar a Kaede para no sonrojarse—. Pero os prometo que la próxima vez…
—¿Ah sí? ¿Y con quien has quedado si se puede saber? —dijo a su lado Ryota con tono socarrón tocándole con el codo y sonriendo hacia Hisashi significativamente.
Pero al fin Hanamichi se puso rojo al ver que todo el equipo estaba pendiente de su respuesta.
—¡Se ha puesto rojo! —dijo Riyota riendo.
—¡Qué mono, nuestro Hanamichi está enamorado otra vez! —rió Hisashi.
—¡Uuuuhhhh! —se oyó desde el fondo del vestuario.
—No me he puesto rojo, es solo que… —intentó defenderse Hanamichi sin saber como salir de esa, pero meterse con él era demasiado divertido para el resto de sus compañeros.
—¿Ha aceptado por fin Haruko salir contigo? —dijo una voz des del fondo del vestuario sumándose al interrogatorio empezado por Hisashi y Riyota.
—¿Haruko? —dijo desconcertado Hanamichi—. No.
—¿Pues si no es Haruko quien es la afortunada?
—¿Has conocido a alguien estos días picarón?
—¿Es de Shohoku?
Estallaron varias preguntas a la vez.
Para ese entonces Rukawa ya estaba vestido del todo y esperaba al lado de la puerta con la bolsa de deporte en su hombro a ver qué diría Hanamichi, si respondería o no a las provocaciones de los chicos y si lo hacía qué excusa pondría.
—Yo no le llamaría afortunada, en cierto modo sí, acabamos de conocernos, y definitivamente sí es de Shohoku —dijo riendo Hanamichi ante el inesperado interés de sus compañeros—. Y ahora si no os importa, me voy que me esperan —dijo recogiendo su ropa que había dejado en un banco y haciendo un ovillo con ella pues no tenía bolsa donde guardarla.
—¡Pero dinos al menos como se llama! —dijo Hisashi cuando vio que realmente Hanamichi iba a irse así sin más.
—Sois unos cotillas. ¿Lo sabíais? No debería deciros nada más. Pero como estoy contento con vosotros por haber ganado sin mí en la cancha os lo diré. Panda de chismosos —murmuró negando con la cabeza, divertido por toda la atención que sus amigos le prestaban—. He quedado con Kaede —dijo riendo antes de salir por la puerta pasando por delante de Kaede que se había quedado demasiado sorprendido para reaccionar de modo alguno.
El moreno esperaba cualquier cosa, excepto que Hanamichi les cotara la verdad. Y menos de modo que pareciera que tenían una cita o algo así… Kaede se sonrojó al pensar eso y se sobresaltó al oír su nombre repetido por algunos de sus compañeros.
—¿Kaede? —murmuraron a la vez extrañados Hisashi y Ryota.
—Hay una chica en mi clase que se llama Kaede, pero tiene novio —murmuró uno de primero con cara de concentración.
—Quizá sea la chica esa de tercero, la que trabaja en el periódico…
—No, se cambió a Rionan a finales del año pasado —murmuró Hisashi mirando a la puerta con el entrecejo fruncido pensando.
—¿No hay ninguna otra Kaede? —preguntó Ryota pasados unos instantes de silencio en los que todos habían intentado recordar alguna chica del instituto llamada así.
—Idiotas —dijo Kaede incapaz de creer que no hubieran visto la evidencia desde el primer instante, saliendo del vestuario y dejando detrás de él un grupo de perplejos muchachos.
—¿Por qué Rukawa nos llama idiotas a nosotros y no a Sakuragi? ¿Nos estamos olvidando de alguien muy evidente quizá? —dijo uno de primero.
—No sé. Pero no creo que él sepa nad… —dijo Hisashi acabando de desnudarse. Pero mientras hablaba se dio cuenta de lo que había querido decir—. ¡Oh! ¡Rukawa! —exclamó sin poder creérselo.
—¿Qué pasa? —preguntó Ryota deteniéndose antes de quitarse los calzoncillos mirando a Hisashi que hacía extraños gestos con la cara mientras miraba a la puerta.
—¡Rukawa! ¡Es Rukawa! ¿Es que no lo ves? —exclamó Mitsui sin saber qué hacer con sus manos mientras gesticulaba hacia la puerta por la que Kaede acababa de salir.
—¿Qué es Ruka…? —y empezó a preguntar Ryota sin entender, pero entonces cayó en la cuenta.
—¡Rukawa se llama Kaede! —dijo uno de los compañeros de curso de Kaede y Hanamichi.
—¡Joder! —exclamó uno de los de primero.
—¡No me lo puedo creer! ¿Es una broma, verdad?
Mitsui y Ryota no pudieron decir nada, se habían quedado sin palabras.
... continuará ...
Grissina: Sé que todas esperabais algún tipo de violencia por parte de Hanamichi hacia Kaede, pero le prometió a Takeshi no volver a pelear y si algo hace bien mi niño es cumplir lo que promete (eso y meterse en líos, que evidentemente es su especialidad). Además no estoy de ánimos para escribir violencia, quizá en unos capítulos me sienta más inspirada para que Hanamchi le pida explicaciones con los puños a Kaede, de momento espero que lo que he escrito os haya gustado.
Muchísimas gracias por los reviews, son el combustible perfecto para seguir adelante.
Pronto más.
