…El Sonido del Silencio…
CAPITULO XXXIII: Vale
Si buscabas el momento oportuno. Era ése.
Jack Sparrow; Piratas del caribe: La maldición de la perla negra.
Cuando Kaede llegó a la pista, vio que Hanamichi estaba hablando con el entrenador. Se acercó a ellos con cierta curiosidad, pero antes de llegar a la distancia donde pudiera distinguir lo que decían vio a Hanamichi hacer una pequeña reverencia, algo muy inusual en él, especialmente hacia el entrenador, y luego el hombre mayor le tocó el hombro amablemente; el pelirrojo sonrió y asintió a algo que el entrenador susurró. Después de eso Hanamichi corrió hacia él sin mirar al entrenador de nuevo.
—¿Vamos? —le murmuró cuando llegó a su altura con una radiante sonrisa en la cara.
Kaede no dijo nada, pero le siguió hacia la salida. Y en silencio echaron a andar hacia la casa del pelirrojo cada uno sumido en sus pensamientos.
«Tantas cosas por decir y no sé por donde empezar» pensaban ambos.
—¿Qué te ha hecho venir? —preguntó Kaede finalmente después de andar unos minutos en silencio, cuando ya estaban lejos del colegio.
Hanamichi le miró con una sonrisa en la cara, contento de que hubiera sido Kaede esta vez quien rompiera el silencio entre ellos.
—Tú —dijo directamente—. Vine corriendo en cuanto me di cuenta de lo que habías hecho. El único modo de que yo volviera al equipo era demostrar que no había copiado, el único modo de hacer eso era que repitiera el examen. El único modo de convencerme para hacer tal cosa era no darme opción a ello. Y aunque me da miedo saber cómo lo hiciste, sé que fuiste tú quien convenció al profe de mates para que en vez de hacer la recuperación a quienes habían suspendido, nos hiciera un examen sorpresa a todos.
Kaede no dijo nada. Nunca había esperado que Hanamichi se diera cuenta de lo que había hecho. Lo deseaba, deseaba que alguien se diera cuenta de lo que le pasaba desde hacía meses, desde el mismo instante en que todo empezó. Pero no esperaba que quien lo descubriera todo fuera Hanamichi y desde que había sucedido que no sabía como comportarse con él. Estaba confundido, quería que la seudo-amistad con Hanamichi fuera a más, pero en su interior una lucha le estaba dejando exhausto: no quería que Hanamichi supiera nada más, pero aun así en el fondo quería ser salvado. A veces se preguntaba porqué había tenido que ser él de entre todos, pero había momentos en que no podía menos que agradecer a los dioses que hubiera sido él y no otro quien lo descubriera.
—No debiste hacerlo. Debes alejarte de ése degenerado. Deberías denunciarle Kaede.
—¿Por qué no puedes olvidarlo? —murmuró Kaede mirando el suelo deteniéndose.
No quería apartar a Hanamichi de él pero tampoco quería que le hablase de ello, porque en el fondo sabía que tenía razón y que debería estar luchando, que debería haber luchado desde el principio pero no había podido, no sabía como… y ya casi no le quedaban fuerzas para luchar ahora.
—Por que no está bien Kaede —dijo Hanamichi suavemente deteniéndose a su lado.
—Ya lo sé. Se armará tanto revuelo… llamarán a la policía… solo por… ¿Y entonces? No quiero ser "el que fue acosado por un profesor" para siempre. Además él dirá que fui yo quien le incité. Dirá que es culpa mía, que yo… —estaba cansado para seguir callando.
—Kaede —murmuró tomándole la cara con una mano—. Nada de esto es culpa tuya. Y nadie le creerá si dice lo contrario.
Kaede tembló al sentir el contacto de la mano de Hanamichi en su mejilla y maldijo el momento en que decidió acercarse a Hanamichi. Deseaba tanto poder creerle.
—Y nadie tiene porqué saber nada. Hablaremos con el director, le explicaremos todo y nadie mas sabrá nada.
—Aún si con eso lográramos que le echen, él se encargaría de que todos se enteren de que yo… —dijo notando como una lágrima escapaba de sus ojos cerrados, incapaz de mirar a Hanamichi.
Kaede no se había sentido tan estúpido e impotente en su vida, ni estando con el profesor.
Temblaba ligeramente, estaba avergonzado por estar llorando de nuevo, por querer desmoronarse en los brazos fuertes de Hanamichi y a la vez odiándose porque precisamente él le viera en ése estado.
Hanamichi simplemente se acercó a él sin pensárselo y le rodeó con sus brazos. Habló sin pensar, casi a la desesperada:
—La banda les dirá a todos que era a mí a quien acosaba. Diremos que lo de acusarme de copiar fue porque le rechacé —su mente pensando en como atar todos los cabos para que esa idea surgida de la nada fuera factible—. Todos piensan que he estado actuando raro. Todos se lo creerán. Y nadie le creerá si intenta decir que fue a ti a quien… —siguió murmurando sin siquiera pensar realmente en lo que estaba diciendo.
—Pero Hanamichi… —dijo sorprendido Kaede levantando la vista del pecho del pelirrojo para mirarle.
Estuvieron unos instantes mirándose intensamente a los ojos y Hanamichi poco a poco fue consciente del sacrificio que estaba proponiendo hacer. La sorpresa vino cuando no se arrepintió de haberle ofrecido ayuda a Kaede sacrificando su reputación si hacía falta.
—Haré lo que haga falta para ayudarte a salir de ésta Kaede. Si no quieres que nadie lo sepa, nadie lo sabrá —le dijo soltándole, sintiéndose algo incómodo—. Pero debes hablar, no puedes seguir en silencio…
Hanamichi, pero, no dijo que tampoco él no podía seguir en silencio sabiendo por lo que Kaede estaba pasando, ya no más.
—¿De verdad harías eso? —murmuró separándose un poco más todavía mirándole intensamente, con restos de lágrimas en las mejillas y los ojos muy abiertos por la sorpresa.
—Sí, si es el único modo de que termines con esto —dijo Hanamichi sin vacilar un instante.
Y ese aplomo desconcertó más todavía a Kaede.
—¿Por qué?
—Porqué eres mi amigo. Y porqué sé que tú harías lo mismo por mí —dijo en tono suave pero sin titubeos. Entonces se acercó a él de nuevo y tomándole las manos entrelazó los dedos con los suyos. Pero Hanamichi se mordió la lengua para no decir más motivos por los que haría eso y más para ayudarle, no estaba preparado para decirlo en voz alta todavía—. Vamos —dijo pasados unos instantes Hanamichi turbado tirando de él para que se pusiera a andar de nuevo. En medio de la calle no era el mejor lugar para hablar de esos temas.
—¿Hanamichi, te gusta alguien? —murmuró Kaede en un tono casi inaudible cuando tan solo había andado unos pasos.
Hanamichi se paró y se quedó estático durante unos segundos, sintiendo la mano de Kaede entrelazada con la suya más que nunca.
«¿Y ahora qué?»
—¿No podías esperar a que llegáramos a mi casa para preguntarme eso maldito zorro? —le dijo sin mirarle, muerto de vergüenza y lleno de frustración por el don de la oportunidad de Kaede.
—El otro día dijiste que si alguien quería saberlo solo tenía que preguntarte —dijo Kaede con una sonrisa traviesa en los labios. A pesar del nudo en el estómago producido por los nervios el evidente nerviosismo de Hanamichi era muy alentador.
—Sí, pero… ¿tenías que preguntarlo ahora? —insistió Hanamichi con la esperanza de que Kaede le ofreciera la oportunidad de retrasar la respuesta al menos hasta estar en otro lugar más apropiado para decirle lo que quería decirle.
—¿Qué hay de malo en…? —pero no terminó de preguntar pues Hanamichi estalló primero.
—¡Que no es el momento! —dijo gesticulando de tal modo que soltó la mano de Kaede—. Estamos en medio de la calle zorro. No es así como debes preguntarle al chico que te gusta si tú también le gustas. Debe ser en el momento preciso, cuando haya el ambiente adecuado, cuando… —sin darse cuenta Hanamichi estaba diciendo más de lo que quería.
—Hanamichi —le interrumpió Kaede.
—¿Qué? —dijo el pelirrojo parándose de repente con la respiración agitada y girándose hacia él para encontrarse con los azules y profundos ojos de Kaede fijados en él.
Algo dentro de él le dio un vuelco.
—¿Te gusta alguien? —preguntó de nuevo Kaede con voz tranquila y sin aparta su mirada un instante.
—Sí —murmuró Hanamichi sonrojándose, espantado por lo que estaba punto de confesar, esperando oír la inevitable siguiente pregunta de Kaede e intentando reunir fuerzas para responderle como era debido.
Pero Kaede no le preguntó, solo dijo un leve:
—Vale —antes de ponerse a andar de nuevo.
Hanamichi parpadeó anonado, le miró alejarse sin entender qué acababa de suceder y luego dijo alzando la voz:
—¿Vale? —y empezó a correr para alcanzarle—. ¿Eso es todo lo que vas a decir?
—Sí —dijo Kaede, sin mirarle ni detenerse.
Hanamichi no podía creérselo, pero entonces notó como la mano de Kaede buscaba la suya y entrelazaba los dedos con los suyos. Un cosquilleo empezó a extenderse desde su estómago por toda su espina dorsal hasta cada punta de su cuerpo. Miró sus dedos entrelazados y un cálido sentimiento se apoderó de su pecho.
—Vale —fue cuanto Hanamichi pudo murmurar estrechando la mano de Kaede.
Ambos siguieron andando lanzándose furtivas miradas por encima del hombro para comprobar que quien andaba a su lado cogido de su mano era el otro y no una alucinación.
Al llegar a casa de Hanamichi éste se dio cuenta de que no había cogido las llaves al salir hacia el hospital, así que tendría que llamar al timbre. Esperaba que su madre hubiera vuelto ya.
Antes de hacer nada miró de reojo a su lado, Kaede se miraba los pies, estaba nervioso, él también, pero no soltó su mano.
Hanamichi se preguntaba qué diría su madre cuando les viera. Sabía que no tendría problemas, ella le había hablado de Ginta y de cómo su padre… estaba seguro que su madre había visto venir esto mucho antes que él. Sonrió tristemente al recordar esa historia y a su padre, sintiéndose reconfortado por la certeza de que su padre no le hubiera puesto pegas al verle llegar a casa cogido de la mano de otro chico.
Cogiendo aire para tranquilizarse levantó la mano que tenía libre y finalmente tocó el timbre.
Pero no fue su madre quien abrió la puerta apresuradamente, fue Yohei.
—¡Es Hanamichi! —dijo el chico al verle, evidentemente hablando con alguien que estaba en el interior de la casa.
Hanamichi y Kaede oyeron como una munión de voces respondía desde el interior de la casa.
—¡Ya era hora! —dijo su madre
—Por fin —dijeron sus amigos.
Entonces Yohei se giró de nuevo para verle y se percató de la presencia del moreno. Se quedó mirándoles inquisitivamente y ambos notaron como se le ensancharon los ojos al ver sus manos todavía entrelazadas. Hanamichi notó entonces como Kaede hacía el intento para liberarse, seguramente avergonzado, y eso lo sacó de su estado de perplejidad.
—¿Qué hacéis en casa? —preguntó Hanamichi sin esconder que estaba sorprendido, mientras apretaba la mano de Kaede entre sus dedos, dándole a entender que no iba a soltarle solo porque su amigo estuviera delante.
—¿Qué haces tú marchándote de ése modo? —le replicó Yohei apartando la mirada finalmente de las manos entrelazadas de los chicos y fijándose en los ojos avellana de Hanamichi.
—Lo siento, no tenía tiempo de pararme a explicaros nada, el partido contra el Takesato ya había empezado y… —dijo Hanamichi rascándose la cabeza.
—Creí que no querías volver al equipo —murmuró con sorna Yoei recordando su conversación esa misma mañana, luchando para no volver a poner los ojos en las manos de Hanamichi y Rukawa entrelazadas.
—¡No fue eso lo que dije! —exclamó Hanamichi preocupado por lo que Kaede pensara de él—. Yo solo… ¡¿Pero a ti que más te da si he vuelto al equipo o no?!
—Nada. ¿Hanamichi, he de repetirte lo que te he dicho esta mañana? —dijo mirando significativamente a Kaede que intentaba sin mucho éxito soltarse del agarre de Hanamichi.
—Me voy —murmuró Kaede, dando un último estirón a la mano de Hanamichi para liberarse.
—Pero… —dijo Hanamichi mirando a Kaede y soltando finalmente su mano.
—Ya me devolverás los pantalones y las deportivas el lunes en el entrenamiento.
—¡No, espera! —dijo con desesperación en la voz.
—Te están esperando —dijo mirando hacia Yohei.
—Me da igual, Kaede tenemos que hablar.
—Dejaré abierto —murmuró entonces Yohei notando como estaba de más en esa conversación.
Y entrando, les dejó solos delante de la puerta.
—No creo que… —empezó a decir Kaede, pero no pudo terminar.
—Quédate. Por favor —le interrumpió Hanamichi.
—No puedo. Tus amigos…
—¿No dijiste que querías conocerles…?
—Sí pero…
Se hizo un silencio incomodo entre ambos.
—Kaede, por favor, quédate. Pasaremos la tarde con ellos y luego puedes quedarte a dormir y hablaremos.
Kaede no quería decir que no y menos ante el evidente tono de súplica del pelirrojo, pero le daba pavor decir que sí.
—¿Pero qué les dirás? ¿Y qué dirá tu madre? ¿Qué…? —intentó argumentar. Kaede había accedido venir para decirle lo que sentía por él, pero no esperaba que hubiera posibilidades reales de ser correspondido y ahora… la actitud de Hanamichi le había hecho soñar con lo prohibido y… Necesitaba tiempo para poner las cosas en orden si lo que esperaba era cierto; pero todo iba demasiado deprisa.
—Nada. Todo irá bien. Creo que mi madre ya sabe que… que a mí… que yo… que me… —empezó a balbucear Hanamichi evidentemente también nervioso—. Ella ya sabe que me gustas Kaede. Y Yohei creo también lo sabe —murmuró finalmente poniéndose muy rojo y sin atreverse a mirar a Kaede directamente.
«Ya está, ya lo he dicho» pensó el pelirrojo sintiendo sus mejillas competir con el color de su pelo.
—¿Y por qué lo sabían todos menos yo?
Kaede no estaba sorprendido por la afirmación de Hanamichi, si no por el hecho que todos parecían saberlo y él justo era informado de ello.
—No te enfades. Ellos lo adivinaron, yo no… yo no me di cuenta hasta hace muy poco. Quería decírtelo, por eso te he invitado a venir. Yo… —empezó a balbucear de nuevo Hanamichi espantado.
¡Dios! ¿Kaede no podía ponérselo fácil por una vez?
—¿Y no vas a preguntarme si tú también me gustas? —le interrumpió Kaede, divertido por el nerviosismo de Hanamichi decidido a hacerle sudar un poco.
—¿Qué? —dijo descolocado por la pregunta del moreno antes de empezar a balbucear ahora ya presa del pánico—. Yo… sí bueno, yo pensé que… ¿No te gusto? —preguntó sin poder evitar que el miedo fuera tan evidente en su voz que sonó casi una octava más aguda de lo normal.
—Idiota. ¿Y este es el modo de preguntarle al chico que te gusta si tú también le gustas? —fue lo que le respondió Rukawa.
Hanamichi notó el alma volverle al cuerpo al oírle.
—No. Yo no quería preguntártelo así, yo quería esperar al momento perfecto para decírtelo y que… —Hanamichi intentaba explicarse pero estaba muy nervioso, demasiado, para darse cuenta de la sonrisa debajo la nariz de Kaede.
—Hanamichi el momento perfecto no existe —murmuró Kaede logrando mantener la voz tranquila, aunque por dentro estaba echo un flan, porque sabía que se acercaba el momento de decir lo evidente en voz alta: que a él también le gustaba.
—Te equivocas —murmuró Hanamichi recuperando de repente la seguridad en si mismo. Y entonces finalmente le preguntó —¿Kaede a ti te gusta alguien?
—Sí —dijo Kaede; Hanamichi tendría que ser más específico si quería saber más.
—¿Y ese alguien, soy yo?
—Debería decirte que no, por… —empezó a sermonearle Kaede.
—¿Pero soy yo? —le interrumpió Hanamichi con la voz todavía trémula pero con una sonrisa empezando a asomar por debajo la nariz.
Tras unos instantes de silencio el moreno murmuró:
—Sí.
—Esto hace este momento perfecto —dijo Hanamichi sonriendo anchamente.
—Idiota —dijo sonriendo a su vez Kaede, sintiendo el corazón latirle tan fuerte que pensaba que le estallaría el pecho.
—Ven, que te presentaré a mis amigos —dijo Hanamichi intentando no sonrojarse más todavía. Cogiéndole de la mano y tirando de él hacia dentro de su casa.
—No, espera —dijo algo asustado Kaede.
—¿Qué? —dijo Hanamichi deteniéndose.
—No puedo, no…
—¿No puedes qué?
—No puedo entrar a tu casa y decirles a tus amigos y a tu madre que… ¡casi ni les conozco! Yo no…
—No… Kaede, no tenemos que decirles nada. Además, no hay nada todavía que contar. Quiero decir, yo no sé lo que esto significa aún, no hemos tenido tiempo para… —Hanamichi respiró hondo antes de seguir hablando, no le gustaba balbucear como un idiota—. Zorro solo sé que has dejado de ser solo un compañero de equipo para mí y que me gusta lo que sea que está pasando entre nosotros y que no quiero que te vayas. Esto es algo entre nosotros, ellos no… solo quiero que mi madre y mis amigos… quiero que les conozcas y que te conozcan. Y quiero pasar más tiempo contigo. Por favor, quédate.
Kaede le miraba intensamente y Hanamichi no sabía qué pensar. De nuevo había expresado delante del moreno lo que sentía, lo que quería, sin escuchar esa voz dentro de él que de lejos le intentaba detener antes de quedar demasiado expuesto. Pero por primera vez sentía que merecía la pena correr el riesgo de que le hicieran daño.
—Yo… no quiero irme, pero…
Una cálida sensación recorrió el cuerpo de Hanamichi al oír las débiles palabras del moreno.
—Todo irá bien. Les gustarás, ya lo verás —le dijo apretando un poco su mano entre las suyas y sonriéndole anchamente. Hanamichi se sentía colorado, pero no le importaba—. Luego, cuando se vayan, hablaremos.
—Vale —murmuró Rukawa sin poder apartar la mirada de esos ojos avellana que le miraban tan intensamente que nada más que ellos dos tenía sentido en ese momento.
—Vale —repitió Hanamichi sonriendo, sin dejar de mirar a Rukawa, sintiendo como su corazón se aceleraba.
Ninguno de los dos era capaz de decir quien se había acercado al otro, pero sus caras estaban a menos de un palmo de distancia.
Hanamichi podía sentir la respiración cálida de Kaede, las manos fuertes de éste enlazadas con las suyas, la cercanía de su pecho, sus ojos penetrándole con su azul intenso brillantes como nunca antes los había visto y, por un segundo, algo más captó su atención: sus labios, rojos, pequeños, la boca entreabierta.
Hanamichi volvió a mirarle a los ojos sabiendo que lo que iba a hacer no tenía vuelta atrás. Y entonces, cuando sus labios estaban apunto de rozar los del moreno, su corazón a punto de explotar, todo su cuerpo temblando en anticipación por el que sería su primero beso de verdad…
—¿Pensáis entrar a comer? —dijo una voz desde algún lugar detrás de él.
Se sobresaltó de tal modo que dio un bote al oírle y desconcertado se giró para ver qué o quien le había interrumpido en el momento más crucial de su adolescencia.
—¿Mam…? —empezó a decir pero no terminó, la palabra murió en sus labios conforme todo a su alrededor se desdibujaba y sentía el mundo desvanecerse bajo sus pies y finalmente se volvía oscuro.
... continuará ...
Grissina: No me linchéis, prometo que el beso llegará pronto (más o menos) XD
Gracias una vez más por los incontables rr que me dejáis, nunca esperé lograr de nuevo el éxito que logré con "Perderlo todo" y mucho menos superarlo con creces.
