El Sonido del Silencio

CAPITULO XXXIV: Un amigo con quien compartir los postres

Cuídate de los que sólo ven desorden en el ruido y paz en el silencio.
Otto von Bismark (1815-1898) Político alemán.


Fueron unos instantes de oscuridad solamente, pronto Hanamichi empezó a oír voces a su alrededor de nuevo:

—¿Hanamichi? —oyó una voz grave y suave muy cerca de su oído.

Mientras, más lejos, pasos apresurados y la voz de su madre espantada:

—¡Cariño!

Y luego la de su amigo Yohei.

—¡Hanamichi!

Y un cuerpo poniéndose por debajo de su hombro.

Fue entonces cuando notó que otros brazos le abrazaban por la cintura y notó su cuerpo recostado contra el pecho de alguien.

—Kaede… —murmuró intentando abrir los ojos para volver a la realidad.

—Estoy aquí —murmuró en su oído la misma voz grave y suave de antes.

Poco a poco todos sus sentidos volvían a él. Se sentía mareado y algo confundido. Le pitaba el oído izquierdo. Su cuerpo pesaba, pero las fuerzas volvían poco a poco.

—Yohei —murmuró cuando pudo enfocar la vista y vio a su amigo intentando ayudar a Kaede a sostenerle haciendo de cabestrillo humano bajo su hombro derecho.

—No pasa nada, vamos a dentro —dijo su amigo en un tono que no era para nada común en él.

Hanamichi notó entonces como Yohei era por un momento el que sostenía su peso mientras Kaede pasaba su cabeza por debajo el otro brazo para quedar a su lado, sin dejar de abrazarlo por la cintura. Y luego entre ambos muchachos le ayudaron a caminar hasta el sofá.

—Llamaré al doctor… —oyó que su madre decía cogiendo el teléfono.

—Mamá, estoy bien —dijo sentándose en el sofá.

Ya podía enfocar la vista y el pitido en su oído, aunque no había desaparecido, había disminuido.

Ella le miró con el teléfono en la mano.

—Fue solo un mareo, estoy bien —aseguró el pelirrojo.

—Pero… —murmuró Kaede a su lado.

—¡Estoy bien! —exclamó exasperado—. Me giré demasiado deprisa eso es todo. Si hemos de ir al hospital cada vez que eso me ocurre tendré que mudarme allí definitivamente.

—Está bien —murmuró la madre de Hanamichi—. Pero si…

—Mamá, por favor —dijo Hanamichi sintiéndose avergonzado. Su madre le estaba haciendo parecer como un pobre enfermo delicado enfrente de todos sus amigos.

—Está bien, está bien. ¡Dejaré de comportarme como una madre preocupada, ya que a mi hijo parece que le molesta que me preocupe por él, y me dedicaré a preocuparme por sus amigos, que seguro que me lo agradecen más y mejor! —exclamó ella dejando el teléfono de mala gana y empezando a andar hacia la cocina.

Kaede no pudo evitar pensar en cuanto se parecían Hanamichi y su madre en la forma de hablar.

—Hola Rukawa —dijeron dos de los amigos de Hanamichi, el alto con bigote y el bajo gordito. Rukawa no sabía que sus nombres eran Chuichiro Noma y Nozomi Takamiya respectivamente.

—Vaya Hanamichi, entonces iba en serio lo que dijiste —dijo el rubio, llamado Yuuji Okutsu.

—Yuuji ¿cuando digo yo algo que no vaya en serio? —dijo Hanamichi mirando a su amigo directamente.

—Cada dos minutos aproximadamente —dijo entonces Chuichiro, el del bigote.

—¡Naa! Yo creo que no llega a los dos minutos, el otro día estuve contándolo y…

—Maldito gordinflón enano malintencionado —empezó a decir Hanamichi levantándose del sofá para saltar sobre Nozomi.

Pero de nuevo se levantó demasiado deprisa y tras unos pocos pasos se tambaleó, notando como de nuevo el mundo delante de él se difuminaba, aunque esta vez no se oscureció del todo. Consciente de su precario equilibrio alargó la mano y se agarró al cuerpo que tenía al lado buscando estabilidad y seguridad.

—¿Hanamichi? —dijo de nuevo la voz grave de Kaede en su oído.

—Uuuuu —dijo sintiendo su mareo desvanecerse y notando cada vez más los fuertes brazos de Kaede rodeándole por la cintura—. Nozomi Takamiya, tienes suerte de que me cogen, que si no te abro la cabeza de un cabezazo mortal ahora mismo —aunque evidentemente no hizo intento alguno para liberarse y siguió haciéndose el ofendido—. ¿Como osas insinuar…? —pero calló cuando oyó en su oído el inconfundible sonido de una risa ahogada.

Hanamichi calló, se giró y se quedó mirando a Kaede con expresión sorprendida. Por unos instantes sus ojos se encontraron y ambos muchachos sintieron como un calambrazo les recorría toda les espina dorsal.

—¡Vaya, pero si Rukawa sabe reír! —dijo Yohei rompiendo el silencio que se había formado en la sala, todos pendientes de los dos chicos que seguían todavía muy juntos, casi abrazados, mirándose intensamente.

Kaede dejó de mirar a Hanamichi y miró a su amigo con su más típica mirada zorruna y luego masculló:

—Idiota.

—¿Lo habéis oído chicos? ¡Ha dicho idiota! —exclamó Hanamichi separándose de Kaede y mirando a sus amigos—. Ya no soy YO el idiota, jajaja —profirió su más típica risa de tensai.

—Definitivamente creo que el golpe en la cabeza lo dejó más tarado de lo que ya estaba —dijo Chuichiro tocándose el bigote.

—¿Cómo te atreves? —dijo Hanamichi saltando sobre su amigo y placándolo en el sofá haciendo que estallara en risas mientras le daba pequeños golpes en el estómago sin ánimo de hacerle daño y que por el contrario solo hacía que hacerle cosquillas.

—¡Dale duro Hanamichi! —dijo Nozomi dando pequeños saltitos emocionados al lado del sofá.

Hanamichi no tardó en estirar un brazo para cogerle de la sudadera y hacerle caer encima de Chuichiro.

—¡Oh no! ¡Me toco el gordo! —dijo el del bigote riendo desde debajo de sus dos amigos.

—No es para tanto, Hanamichi pesa más que Nozomi —murmuró riendo Yuuji.

—Ahora veréis lo que les pasa a los que no me tienen respeto, panda de mamarrachos inmundos —dijo Hanamichi.

Mientras, evitando que Chuichiro y Nozomi se movieran, alargó el brazo de nuevo para tratar de alcanzar a Yuuji. Pero este se apartó y le esquivó.

—¿No creerás que me dejaré atrapar tan fácilmente como esos dos debiluchos? —dijo con una sonrisa socarrona el rubio.

—¡Oye! ¡A quien llamas debilucho! —exclamó Chuichiro incorporándose de repente haciendo que en el proceso Hanamichi y Nozomi cayeran al suelo.

—Estás en apuros Yuuji —murmuró sonriendo Yohei, que desde la butaca vio a Chuichiro saltar por encima del sofá y atrapar con facilidad el rubio.

—¡Oh si! —exclamó Nozomi levantándose del suelo y lanzándose encima de sus dos amigos tratando de alcanzar con sus cortos brazos al rubio que estaba debajo del corpulento Chuichiro, los tres removiéndose energéticamente en el sofá de nuevo.

—¡Yohei no te quedes aquí quieto! ¡Sálvame! —gritaba el rubio jadeante bajo el peso de sus dos amigos.

—Para que me…

—¡Maldito cobarde! —exclamó el rubio al ver que su amigo no quería mover un dedo por él.

—Eso Yohei, no me digas que no te atreves a intentarlo… —dijo Hanamichi todavía desde el suelo riendo.

—¿Qué no me atrevo? ¿Contra esos debiluchos? —exclamó en tono ofendido.

—¡Oye! ¡Yo no soy ningún debilucho! —exclamó Nozomi, incorporándose y enfrentando a Yohei.

—¡Y tú quieto aquí! —exclamó Chuichiro atrapando a Yuuji que había intentado escapar con la distracción causada por Yohei.

—¡Oh, no! —exclamó el rubio al notar el peso de Nozomi y Yohei caer encima de Chuichiro y suyo de golpe.

Sin dejar de mirar como esos grandullones amigos de Hanamichi se revolcaban en el sofá Kaede tendió una mano para ayudar al pelirrojo a levantarse del suelo y le sostuvo por los brazos cuando notó que se tambaleaba algo inestable todavía.

—¿Estás…? —empezó a preguntar Kaede preocupado, pero su pregunta murió en sus labios cuando Hanamichi le miró sonriendo, con un brillo en los ojos que no veía desde hacía semanas.

Y entonces Hanamichi gritó:

—¡Banzai! —y se lanzó enzima de sus cuatro amigos arrastrando a Kaede con él.

El moreno sin saber como acabó tumbado encima de Hanamichi y se sonrojo.

—¡Hanamichi! —gritaron sus cuatro amigos debajo de su peso.

Pero Hanamichi no podía decir nada, estaba riendo como hacía semanas que no hacía.

Un movimiento debajo de ellos hizo que los cuerpos de Hanamichi Kaede y Yohei acabaran en el suelo de nuevo uno encima del otro.

Riendo descontroladamente todos los miembros de la banda Sakuragi acabaron lanzándose del sofá encima del pelirrojo y los dos morenos. Y pronto acabaron los seis hechos un manojo de manos y pies, intentando incorporarse pero sin dejar que nadie lo lograra.

Rodaron, se pellizcaron, se dieron tirones en la ropa, pequeños golpes en el estómago más para causar cosquillas y hacer perder las fuerzas que otra cosa…

Cuando ya llevaban unos minutos en esa lucha, de repente Kaede que casi había logrado levantarse fue tirado a un lado por el brazo de alguien y sin saber muy bien como acabó tumbado por completo encima de Hanamichi que lucía un ligero sonrojo debido al ejercicio físico y que le sonrió anchamente colocando sus manos en sus caderas.

—Hola Zorro —dijo con los ojos llenos de una luz especial—. ¿Estás cómodo? —le preguntó antes de morderse el labio de forma sugerente.

Kaede no pudo decir nada. Estaba demasiado asustado y emocionado por la repentina cercanía. Profirió un leve gemido cuando el cuerpo de Nozomi fue a parar encima de ellos propulsado por Chuichiro aplastándoles un poco más, juntándoles un poco más.

—¿Llevas las llaves en el bolsillo? —susurró entonces Hanamichi en su oído en un tono que solo él pudo oír en medio del griterío que el grupo estaba generando encima de ellos—. ¿O es que te alegras de verme?

Hanamichi había oído esa frase una vez en la televisión y por algún extraño motivo le había quedado gravada; No entendía porqué le fascinaba de ese modo esa frase, ya que estaba convencido de que una chica que hablara de forma tan vulgar no le gustaría nunca y hasta ese momento, cuando la frase había salido inconscientemente de su boca, no había pensado seriamente en ser él quien pudiera decirla nunca.

A Kaede se le heló la sangre consciente de a qué se refería Hanamichi. Se puso pálido y luego enrojeció de golpe, y sacando fuerzas de donde no las tenía se levantó de golpe logrando desplazar los cuerpos de Chuichiro y Nozomi que cayeron encima de Yuuji y Yohei que estaban a su lado.

Espantado y avergonzado Kaede dio unos pasos atrás respirando dificultosamente.

—¡Vaya Kaede todavía te quedaban fuerzas! —dijo Hanamichi sentándose en el suelo sin apartar la mirada del avergonzado moreno. Se sentía algo confundido: acalorado y avergonzado por su propia desfachatez, desilusionado y enfadado consigo mismo por haber provocado que Kaede se alejara de él, y extrañamente fascinado y atraído por la reacción de Kaede, tanto antes como después de que abriera la boca y dejara salir esa estúpida frase de novela barata.

Kaede, ya en pié, se giró de espaldas al grupo para que no le vieran la cara y se puso a buscar algo en la bolsa deportiva para disimular.

—¿Hanamichi no ha ganado? —dijo la voz de Nozomi desde debajo del corpulento Chuichiro.

—Rukawa le ha ganado —explicó Yuuji.

—Como siempre —murmuró Chuichiro sentándose en el suelo liberando por fin a su gordito amigo que estaba rojo por el esfuerzo.

—¡Callad! —exclamó Hanamichi, apartándose de ellos con pose de indignado, intentando de algún modo mantener bajo control todo lo que estaba sintiendo.

Ellos, pero, no dejaron de reír y Kaede también sonrió al verle.

—¡Hanamichi! —dijo entonces su madre entrando en la sala—. Ahora que ya habéis acabado de destrozarme el sofá… ¿Por qué no hacéis algo útil y me ayudáis a poner la mesa?

—¡De inmediato! —dijeron al unísono los cuatro amigos de Hanamichi, todavía riendo por debajo la nariz pero algo avergonzados al ver el estado del sofá.

Yohei fue el único de los tres que se acercó al mueble e intentó recomponerlo colocando los cojines.

—Deja, ya lo hago yo —murmuró Hanamichi tomándole el cojín de las manos.

Entonces Yohei se fue a la cocina con sus tres compinches dejando solo a Hanamichi con Kaede.

—¿Me ayudas? —murmuró el pelirrojo acercándose a Kaede.

Kaede dio un respingo cuando notó la cercanía de Hanamichi en su espalda. Todavía ruborizado por el comentario anterior del pelirrojo se giró repentinamente enfrentándole y le dijo:

—Como vuelvas a hacer un comentario como ése cuando alguien pueda oírte…

—Está bien, la próxima vez que te note así de contento pegado a mi no diré nada —dijo acercándose a él, dejándose llevar por la gran cantidad de hormonas y endorfinas que su cuerpo había segregado durante la última hora y media.

—Más te vale —le respondió Kaede muy serio pero extremadamente nervioso por la cercanía del pelirrojo y la extraña, a la vez que irresistible, tensión que había entre ellos.

—Pero me dejarás que como mínimo… —dijo acercándose un poco más Hanamichi, deseando besarle finalmente.

—Ni te atrevas a intentarlo —se negó espantado Kaede dando un pasito hacia atrás.

—¿Me estas retando? —le dijo tomándole ambos brazos.

—¡No! Hanamichi para. Tu madre… —se revolvió aterrido Kaede intentando liberarse.

—Ella está muy entretenida con mis amigos para…

—¡Basta! —dijo entre dientes sin querer gritar, Kaede.

—¿De qué tienes miedo? —murmuró Hanamichi acercándose a él de nuevo.

—No tengo miedo —dijo Kaede dejándose vencer por el orgullo, avanzando un paso en vez de retroceder quedando así tan pegado a Hanamichi que éste se estremeció.

Kaede sonrió creyendo que Hanamichi se había puesto demasiado nervioso con su cercanía y que ahora le soltaría. Pero entonces Hanamichi lo tomó de improviso y lo lanzó al sofá, y luego se lanzó encima de él.

—¡Suéltame Hanamichi! —masculló de nuevo entre dientes Kaede revolviéndose bajo su peso, para nada quería atraer la atención de los amigos de Hanamichi o de su madre.

—¿Pues qué esperabas que hiciera, eh? —le dijo Hanamichi cuando logró inmovilizar al moreno debajo de él.

—Estás loco —dijo respirando dificultosamente, sintiendo la respiración acelerada de Hanamichi encima de él, sintiendo el pánico apoderarse de él al pensar en que ocurriría si los vieran justo en ése instante.

—Repite eso si te atreves —murmuró Hanamichi rozando con su nariz la nariz de Kaede de forma provocativa.

—¡No! ¡Ah! —susurró Kaede luchando para sacarse al pelirrojo de encima, temiendo ser besado pero deseándolo casi con igual intensidad.

—¡Ya Hanamichi déjale en paz! —dijo una voz detrás de ellos.

Kaede se congeló en horror y vergüenza y esperaba que esa interrupción hiciera saltar a Hanamichi de encima suyo finalmente, pero en vez de eso el pelirrojo, que, a pesar de todo, hasta ahora había estado intentando no aplastarle, se dejó caer completamente sobre él cortándole la respiración.

—Por mucho que le aplastes y tortures no cambiarás nada. Él ha ganado y tú has perdido una vez más, acéptalo.

—Él no ha ganado —dijo Hanamichi—. Yo hice que se levantara, que es algo distinto y por lo tanto técnicamente el mérito de la victoria es mío.

—Claro Hanamichi —dijo Yohei, como quien da la razón a un loco—. Anda suéltele ya que le estás asfixiando y tu madre nos espera para comer.

—Yo le hice levantarse —murmuró Hanamichi todavía sin soltar a Kaede.

—Mmmnnngg —intentó mascullar Kaede medio asfixiado, con la mano de Hanamichi en su boca dificultándole todavía más el respirar.

—Lo que digas, pero date prisa. O os quedaréis sin comida —dijo Yohei rodando los ojos y volviendo por donde había venido.

Entonces Hanamichi liberó la boca de Kaede que inspiró aire ruidosamente.

—Yo te hice levantarte, admítelo —dijo Hanamichi a escasos milímetros de la boca del moreno.

Kaede, incapaz de decir nada negó con la cabeza.

—Admítelo —le ordenó apretando sus caderas contra las de Kaede aplastándolo un poco más.

—En tus sueños —dijo Kaede orgulloso intentando no jadear con el contacto tan íntimo de sus partes con las de Hanamichi.

—En mis sueños haces mucho más que eso zorro… —dijo con una sonrisa Hanamichi soltando sus muñecas para entrelazar sus dedos con los de Kaede.

—¿De verdad sueñas conmigo Hanamichi? —preguntó sorprendido Kaede.

—A veces —admitió sonrojándose—. ¿Y tú?

Kaede no dijo nada, como toda respuesta se sonrojó.

Hanamichi estaba tan excitado que tenía miedo que si le besaba no podría detenerse ahí. Era consciente de que no era el momento ni el lugar para besarle como estaba deseando hacer. Su madre vendría a por ellos en unos segundos si no se levantaban deprisa y sabía que Kaede no le perdonaría que alguien les viera así.

Suspiró, pensando «tenemos toda la noche por delante». Nervioso por ese pensamiento le entraron las prisas por levantarse.

—¿Vamos a comer? —musitó Hanamichi, incomodo por el silencio y la cercanía.

—Vale —murmuró Kaede sonriendo ligeramente.

—Vale —murmuró de vuelta Hanamichi levantándose de encima suyo con cuidado, pero sin soltarle las manos, y luego tirando de él para ayudarle a levantarse.

En silencio colocaron los almohadones del sofá en su sitio y luego se encaminaron hacia la cocina, donde ya estaban todos sentados a excepción de la madre de Hanamichi que estaba acabando de colocar la comida del cazo en una fuente.

—¿Te ayudo? —dijo Hanamichi acercándose a su madre.

—No cariño, gracias, sentaos —dijo la mujer tomando ella misma la fuente llena de sopa de fideos y llevándola a la mesa.

Los amigos de Hanamichi habían dejado tres asientos libres juntos. Hanamichi le indicó a Kaede que se sentara al lado de Yuuji, el chico rubio que en estaba mirando la sopa con una gran sonrisa. Hanamichi se sentó entre Kaede y su madre. Y ella al lado de Yohei.

La comida se desenvolvió en medio de una amena conversación, donde los chicos le explicaron a Hanamichi lo que habían aprendido con Sayaka, haciendo mucho hincapié en el rápido enamoramiento de Yohei.

—Ya callaos, no es verdad. No me he enamorado de ella, solo estaba siendo amable —dijo Yohei luchando para no sonrojarse mientras lo decía, pues le era imposible no hacerlo al pensar en la chica.

Todos se rieron de él y admitieron que tenía muy buen gusto, pues la muchacha era realmente atractiva.

Cuando el reciente enamoramiento de Yohei ya estuvo más que discutido pasaron a hablar del equipo de baloncesto. La madre de Hanamichi que se había fijado que Kaede no había intervenido en la conversación en toda la comida le preguntó que como había ido el partido.

—Bien —murmuró el moreno cohibido.

—Oh pero el Takesato era un rival fácil para el Shohoku —dijo Yohei.

—Es cierto hicieron una pésima pretemporada y… —dijo Yuuiji.

—Sí y el año pasado quedaron casi los últimos… —añadió Nozomi.

—El entrenador que tienen no es muy bueno… —murmuró Chuichiro.

—¡Vaya! —exclamó la madre de Hanamichi.

Éste y Kaede estaban demasiado sorprendidos por lo bien informados que estaban sus amigos para poder decir nada.

—No sabía que el baloncesto os interesara tanto… —continuó ella expresando la sorpresa de los tres.

—Bueno… —dijo Nozomi poniéndose rojo.

—Es que…, de hecho… —empezó a decir Chuichiro tocándose el bigote algo tenso.

—No bueno lo que pasa es que… —dijo Yuuji haciendo gañotas extrañas.

Yohei solo sonrió pero no dijo nada.

—¿De dónde habéis sacado vosotros toda esa información? —preguntó al fin Hanamichi.

—De las animadoras, las Ru-ka-wa.

Kaede casi se atraganta.

—¿Qué? —exclamó Hanamichi.

—Bueno la gente les da menos crédito del que… —empezó a decir Yuuji.

—Esas chicas tienen un cerebro bajo esas lindas melenas… —murmuró Chuichiro.

—No solo les interesa tu culo… —murmuró algo enfadado Nozomi mirando a Kaede.

Y el que casi se atraganta ahora fue Hanamichi.

—Las chicas que se interesan por el deporte normalmente se vuelcan a ello, no me extraña que los chicos hayan aprendido todo esto de ellas —murmuró la madre de Hanamichi sonriendo al ver la reacción de los chicos, en especial la de su hijo.

—¡Mamá, pero es que no son una chicas cualquiera, son las RU-KA-WA!

—No les digas así —murmuró Kaede incomodo.

—¡Como sea! Son unas locas en minifalda y pompones que se pasan los entrenamientos y los partidos chillando el nombre de Kaede a todo pulmón. ¡Son unas…!

—No te metas con ellas, no tienen muy buen gusto en materia de chicos pero eso no te da derecho a… —empezó a defenderlas Nozomi.

—¡Que buen gusto ni qué ocho cuartos! —exclamó Hanamichi—. Son unas salidas, eso es lo que…

—¡Hanamichi! —le reprendió su madre.

—Mamá, es que tú no has visto como le miran. Le miran como si fuera un trozo de carne al que hincarle el diente —exclamó Hanamichi, refiriéndose a Kaede que no sabía donde mirar—. Te lo aseguro, creo que hasta le violarían si tuvieran la oportunidad.

—¡Hanamichi! Esas son unas cosas muy feas que decir —le reprendió su madre sorprendida por el arrebato de su hijo.

—No es cierto —las defendió Chuichiro—. Les gusta Rukawa porque es el mejor jugador del equipo y…

—¡Ya! ¡Y su culo no tiene nada que ver!

—Hanamichi creo que no deberías ponerte celoso, Rukawa ha demostrado más que de sobras que no le interesan esas chicas —murmuró Yohei.

Kaede estaba rojo de vergüenza, deseando que la tierra se abriera y se lo tragara. Y Hanamichi se quedó con la boca abierta ante el comentario de su amigo incapaz de decir nada y sonrojándose violentamente.

—Bueno, es evidente que no han pasado por alto la belleza de Rukawa, por decirlo del algún modo, pero no solo les interesa su físico; y la prueba es todo lo que saben del equipo y de los otros equipos y las posibilidades del Shohoku de ganar el campeonato este año —dijo Yuuji.

—Sí, en realidad les gusta mucho el baloncesto, son seguidoras del Shohoku y siguen atentamente a otros jugadores también, como Mitsui y otros jugadores de otros equipos —dijo Nozomi.

Todos intentando apartar la conversación del último comentario de Yohei.

—Si eso es cierto deberían animar a todo el equipo y no solo gritar mi nombre como unas locas —murmuró Kaede sorprendido por el rumbo de la conversación y por lo que estaba escuchando—. Lo cierto es que Hanamichi tiene razón, no es muy cómodo vivir con alguien alrededor gritándote todo el rato, aunque sea para animar, cansa.

—¡Ja! —dijo Hanamichi, recuperando el habla, más o menos.

—Esto… podríamos comentarles que te molesta que griten tanto tu nombre… —dijo Yuuji ignorando a Hanamichi.

—Me harías un gran favor —dijo Kaede sorprendido pero sin querer dejar pasar esa oportunidad de quitarse de encima ese grupo de histéricas.

—Sabía que ni siquiera a Kaede le gustaba la presencia de esas locas en el gimnasio… —murmuró Hanamichi por lo bajo, enfadado.

—Aunque… —añadió Kaede mirando a Hanamichi de reojo y luego a sus amigos con una mirada murria— es entretenido tener a alguien animándome tanto.

Hanamichi le miró con mala cara y entonces una mueca de sonrisa socarrona se asomó bajo los labios de Kaede.

—Sobretodo para hacer enfadar a Hanamichi —dijo Yoehi antes de echarse a reír.

Pronto el resto de sus amigos se reían del pelirrojo incluso Kaede, que reía por debajo la nariz.

—Soys todos una panda de inútiles, patanes y…

—¡Hanamichi ésa boca! —le regañó su madre que estaba trayendo los postres.

—¡¿Pero es que no has visto que se están riendo de mí?

—Bueno cariño, tú eres el que se exalta porque esas chicas parecen gustar de tu amigo… —dijo ella luchando para no echarse a reír con los chicos.

Hanamichi se cruzó de brazos con cara de enfado y murmurando cosas inteligibles por lo bajo.

Los chicos poco a poco pararon de reír y animadamente, sin prestar atención al pelirrojo enfurruñado, tomaron un trozo de tarta de chocolate que les ofrecía la madre de Hanamichi.

Kaede miraba de reojo al pelirrojo viéndole comerse la tarta con enojo y se sintió mal por haber incitado a sus amigos a hacerle enfadar. Así que se acercó a él y mientras todos estaban distraídos haciendo juerga le susurró:

—Me simpatizan tus amigos.

—No me hablo contigo zorro —fue la seca respuesta de Hanamichi.

—¿Aunque quiera compartir mi pastel contigo? —le susurró en un tono entre triste y juguetón que desconcertó al pelirrojo.

Ninguno de los dos podía acabar de creer que estuvieran hablándose en ésos términos; pero por otro lado algo en ellos les empujaba a ello con una fuerza que no podían ni querían resistir.

—¿Estas intentando comprarme con un poco de tarta de chocolate zorro? —entró en el juego Hanamichi.

—¿Funciona? —preguntó en tono esperanzado.

—Eres un tonto —le dijo tomando su plato para robarle un trozo de su tarta intentando que no se le escapara una sonrisa por debajo la nariz mientras se lo llevaba a la boca.

—Pero he conseguido que sonrieras —susurró Kaede tomando el plato de vuelta para tomar un pedazo de tarta y llevárselo a la boca de forma digna.

Luego sonrió disimuladamente cuando debajo de la mesa la mano de Hanamichi buscó la suya y entrelazó los dedos con los suyos.

Después de un día muy agitado para todos los seis muchachos decidieron hacer algo relajado después de la comida y ver una película fue la elección de la mayoría.

Se esparramaron en el sofá y el suelo de la sala de forma desenfada y pusieron una de sus películas favoritas.

A medio film Hanamichi y Kaede se habían dormido. La cabeza del primero en el hombro del segundo. En sus caras la tranquilidad de la tarde era más que evidente y sus manos entrelazadas eran difíciles de no ver.

Sus amigos al verles se miraron entre sí sin saber muy bien qué decir, así que no dijeron nada; Siguieron viendo la película como si ver a su amigo dormido así de tranquilo junto al que hasta hacía poco era su enemigo numero uno no fuera una estampa de lo más surrealista.

Hanamichi sonreía, ya tenía lo que quería: un amigo con quien compartir los postres.

... continuará ...


Grissina: Prometo que el beso llegará. Cuando sea el momento (o no). No queríais que les dejara salirse con la suya en le sofá para que su madre les viera, Kaede quisiera morirse de la vergüenza y se fuera por patas sin compartir el pastel de chocolate con Hanamichi, ¿verdad?.

Dicho esto. Quisiera dar las gracias a Diora por su sinceridad y su incondicionalidad. Porque nada me demuestra más que le gusta lo que hago que cuando se planta en un review diciéndome "me gusta, en serio, pero...".

PS: (el Novel, que no daría yo para poder siquiera soñar con eso! Gracias ) XD