El Sonido del Silencio

CAPITULO XXXV: La charla

El ejemplo es una lección que todos los hombres pueden leer.

Morris West (1916-1999) Escritor australiano


Cuando la película terminó los amigos de Hanamichi se levantaron bostezando. Éste y Kaede seguían profundamente dormidos uno encima del otro así que sin hacer mucho ruido se levantaron y se despidieron de la madre de Hanamichi.

Ella suspiró al entrar al salón y ver la estampa de su hijo dormido contra ese tímido y guapo muchacho. Estuvo un rato haciendo tareas del hogar intentando no hacer ruido hasta que vio la hora en el reloj.

Con cuidado se acercó a ellos y les despertó. Ninguno de los tres hizo mención alguna a la postura de ambos muchachos o a sus manos todavía enlazadas.

Hanamichi al darse cuenta que sus amigos ya se habían ido, miró a su madre y le dijo:

—¿Puede Kaede quedarse a dormir?

Ella, suspiró y dijo:

—Que llame a su casa y les pida permiso —dijo sonriendo al ver la cara de su hijo iluminarse como un nuevo día. ¿Cuánto tiempo hacía que no le veía así de contento por algo?

Pero unos minutos más tarde vio como se ensombrecía de nuevo al estar Kaede hablando con su casa.

—Pero mamá… —murmuró Kaede.

—Déjame hablar con ella —murmuró la madre de Hanamichi.

Kaede miró con cierta reticencia pero no podía decirle que no. Además detrás de ella Hanamichi le miraba con una mirada indescifrable y hacía que sí con la cabeza.

—Señora Rukawa, soy la madre de Hanamichi… no en absoluto… pero… entiendo… pero no es ninguna molestia, su hijo es un muchacho encantador… no… sí, así es… —Kaede no podía creer que la madre de Hanamichi estuviera hablando con su madre en un modo tan amigable, como si fueran amigas de toda la vida—. Sí, yo opino igual… no… sí, es cierto… es fuerte y es joven… sí… oh me encantaría… claro… sí, encantada de verdad. Un momento… —la madre de Hanamichi se apartó el auricular de la boca y lo tapó con una mano—. Kaede cariño, tu madre preferiría que fueras a dormir a casa. Tu hermana no te ha visto en dos días y ha preguntado por ti.

—Pero mamá… —dijo Hanamichi.

—Hanamichi hijo, habéis pasado todo el día juntos.

—Pero…

—Y mañana nos han invitado a comer a su casa así que…

—¿Qué? —murmuró algo asustado Kaede.

Definitivamente todo estaba yendo demasiado rápido.

Pero la madre de Hanamichi no les prestó más atención a los dos muchachos. Se puso de nuevo del auricular en la boca y siguió hablando con la madre de Kaede.

Hanamichi tomó a Kaede del brazo y lo arrastró fuera de la cocina.

—Ven —le dijo tirando de él—. ¿Hay alguna posibilidad de que te dejen salir un rato antes de volver? —preguntó el pelirrojo cuando llegaron delante de la puerta lejos del alcance auditivo de su madre que seguía entretenida hablando con la madre de Kaede.

—¿Para qué? —preguntó Kaede dando un paso atrás.

—¿Cómo que para qué? Para hablar, para qué va a ser, maldito zorro.

—¡Oh! —balbuceó aliviado.

Pero luego pensó en todas las cosas que creía que Hanamichi quería hacer esa noche a toda costa y se asustó de nuevo. No estaba preparado. Todo iba demasiado deprisa. Tenía que irse a casa y hablar con sus padres, arreglar el lío en el que estaba metido y luego ya vería si había modo alguno de que lo suyo con Hanamichi siguiera en pie. Pero primero debía encontrar el modo que todo dejara de dar vueltas.

—¿Oh? Kaede tenemos que hablar de todo esto, y de…

—Hablaremos mañana entonces. He de irme —le cortó. Estaba aturdido.

—Pero no puedes irte sin que aclaremos…

—No hay nada que aclarar.

—¿Cómo que…?

—Idiota, pensé que ya lo habías entendido —murmuró tomándole la mano y entrelazando los dedos con los suyos—. Me gustas y te gusto. No hay nada que aclarar. El resto puede esperar.

—Pero yo…

—Mañana —murmuró enternecido por la reacción de Hanamichi pero desando irse a casa. Tenía que hablar con sus padres y ya lo había demorado bastante.

—Creí que te apetecía quedarte…

—Yo no he dicho que no me apetezca… vamos, no quiero discutir contigo solo porque mis padres quieren que vaya a dormir a casa. No es como si estuviera diciendo que no quiero quedarme…

—Si te vas ahora, sin haber hablado… ¿Cómo puedo saber que no vas a cambiar de idea? —murmuró Hanamichi cabizbajo.

—¿Eres idiota?

—No, en serio… te vas, te pasas la noche pensando en los pros y los contras de todo esto y mañana me mandas a la mierda.

—¿Por qué esperar hasta mañana entonces? Vete a la mierda Hanamichi —dijo antes incluso de poder pensarlo.

—¿Y ya está? —se alarmó Hanamichi.

—No lo sé, dímelo tú. Tú eres el que sabe lo que ocurrirá, el que sabe lo que haré antes que yo siquiera lo haya pensado aún. ¿No? —dijo enfadado Kaede.

—No. No quería decir eso. Es solo que… muy bien, te gusto. ¿Y qué con eso? Saber eso no me sirve de mucho si no sé como te sientes con todo esto. No sé qué piensas que deberíamos hacer, ni lo que te apetece hacer al respecto. Ni siquiera sé si quieres hacer algo con todo esto. Sin haber hablado yo no sé…

Kaede abrió la boca para responderle a eso pero no dijo nada.

—Quiero hablar contigo cuanto antes porque no saber me pone nervioso —continuó Hanamichi—. Puedo soportarlo cuando solo es una cosa… pero ya son demasiadas cosas que quiero saber, que necesito saber.

—¿Como qué?

—Para empezar me gustaría saber si todo esto va a alguna parte. Pero hay tantas otras cosas… como saber si es la primera vez que te ocurre algo así. O si has pensado en como afectará esto al equipo, tanto si quieres salir conmigo como si no. ¿Y saben algo tus padres de mí? ¿O tus amigos?

—No, no es la primera vez que me enamoro de un chico si es lo que te preocupa.

—No quise decir…

—Y no —le cortó Kaede—. Mis padres no saben nada, porque yo tampoco sé si todo esto va a alguna parte. ¿Crees que es fácil para mí de asimilar todo esto? Esta mañana pensaba que no volverías a hablarme o a poner un pie en la cancha nunca más, y luego vas y me dices que… Podrías ser tú quien cambiara de opinión y mañana me mandara a la mierda ¿Has pensado en eso?

—No.

Entonces la voz de la madre de Hanamichi rompió el silencio.

—¡Chicos! ¿Dónde estáis? —dijo acercándose a ellos—. Estaba pensando que se ha hecho tarde y a ti te esperan en casa, así que ¿qué te parece si te acerco en coche? —dijo cogiendo una chaqueta que estaba colgada al lado de la puerta de entrada fingiendo no haber visto las manos cogidas de su hijo y Kaede.

—No es necesario —dijo Kaede soltando la mano de Hanamichi incómodo.

—Puedo acompañarle yo andando mamá, no hace falta que…

—No pasa nada, así veré donde vive y mañana será más fácil encontrarlo. Además no me apetece cocinar y estaba pensando en pasar a buscar fideos preparados al restaurante de Makiko…

Ninguno de los dos muchachos supo como negarse a la oferta y en silencio salieron de la casa y se subieron al coche.

El trayecto hasta la casa de Kaede fue corto y silencioso.

La madre de Hanamichi intentó hacerle preguntas a Kaede acerca de sus padres, para saber si les gustaban los dulces para traer algo de postres. Pero fueron respondidas de forma tan escueta que pronto desistió. Por el retrovisor podía ver a ambos chicos sentados mirando por las respectivas ventanas.

—Bueno aquí estamos —dijo la mujer deteniendo el coche delante del portal de Kaede.

—Gracias —murmuró Kaede algo incomodo abriendo la puerta. Antes de salir miró a Hanamichi pero no se atrevió a decir nada.

—Hasta mañana —dijo la madre de Hanamichi observando a ambos jóvenes con una sonrisa debajo la nariz.

Kaede miró al interior del coche después de cerrar la puerta una última vez antes de echar a andar hacia el portal de su casa.

Arrancando el coche pudo ver por el retrovisor a Hanamichi mirando hacia el joven Kaede que entraba en su casa no sin antes mirar hacia el coche una última vez. Y supo que no se había equivocado. Con un suspiro miró al frente y en silenció condujo hasta el restaurante favorito de su hijo.

—Estaba pensando… —murmuró cuando volvió del restaurante con las manos llenas de comida preparada—. Que me apetece ir al mirador.

—Mamá es tarde, estoy cansado.

—Hace mucho que no vamos allí. Me apetece hablar contigo un rato.

—Podemos hablar en casa.

—No es lo mismo —alegó ella buscando donde dejar todos los paquetes de comida preparada.

—Además no he cogido mi medicación —dijo casi alegre Hanamichi creyendo haber ganado la discusión.

—No te preocupes por eso, llevo tu medicación en mi bolso —dijo su madre sonriendo y encendiendo el motor.

—¿En el bolso? ¿Por qué?

—La puse allí para no olvidarla mañana. Tendré poco tiempo por la mañana para hornear algo para los padres de Kaede, y no quería dejarme tus pastillas por culpa de las prisas.

—Por qué no volvemos a casa y empiezas a preparar lo que sea que quieres cocinar y así mañana por la mañana no…

—Ya te dije antes que no me apetece cocinar ahora, por eso propuse lo de venir a buscar algo preparado.

—Está bien. Total ya casi hemos llegado —dijo Hanamichi sin ganas de seguir discutiendo mirando de nuevo por la ventana como el coche tomaba en ese momento el sendero que llevaba al templo Hase-Dera.

Unos minutos más tarde su madre detenía el coche en el mirador al que iban cuando él era más pequeño a pasar algunas tardes, cuando su padre todavía vivía.

—Siéntate aquí a mi lado —le dijo su madre cuando hubo detenido el coche.

Sin decir nada Hanamchi abrió la puerta y salió a fuera. El aire era frío. Se dio prisa en sentarse de nuevo en el interior del coche, esta vez en el asiento delantero.

—Te cogí tu plato favorito —le dijo su madre alargándole una caja de fideos—. Está bien, les pedí que fuera sin sal, puedes comer sin preocuparte…

—No es eso… —murmuró Hanamichi removiendo los palillos en los fideos sin llegar a comer nada.

—Hanamichi, escúchame —dijo ella de forma seria. Y cuando Hanamichi finalmente levantó la mirada de los fideos dijo—, sé que no soy tu padre y que nada podrá nunca substituirle pero… —Hanamichi se preocupó instantáneamente al oírla hablar de ese modo.

—Mamá ¿Qué…?

—Sé que a pesar de las peleas teníais una relación especial. Confiabas en él y él se sentía tan orgulloso de ti… Sé que crees que yo no te entiendo como él. Porque él fue siempre el rebelde, como tú. Yo no… Pero puedes hablar conmigo también, sabes.

—Mamá…

—Sé que estas últimas semanas has pasado por mucho. La enfermedad, las malas notas, el equipo, Kaede…

Hanamichi se quedó paralizado ante la mención del moreno.

—No pongas esa cara hijo —dijo ella riendo por debajo la nariz mientras se ponía unos cuantos fideos en la boca para disimular—. ¿Te gusta mucho verdad? —le dijo pasado un rato de silencio.

—¿Cómo lo supiste? —preguntó Hanamichi medio muerto de vergüenza pero incapaz de negar lo que sentía por Kaede.

—Soy tu madre Hanamichi. Sé cuando hay algo que te preocupa con solo verte.

—¿Por eso me contaste la historia de Ginta y el primo Subaro?

—No fui muy sutil, verdad. Bueno ahora ya sabes de dónde heredaste tu capacidad innata para meter la pata cada vez que hablas.

Hanamichi sonrió pero no dijo nada.

—Bueno, ahora viene la parte engorrosa de todo esto. Hanamichi ya sabes que no me importa de quien te enamores siempre que seas feliz con tu elección, y tu padre pensaba como yo.

—Lo sé mamá. Gracias.

—Supongo que debería haber hablado contigo de esto antes. Pero una parte de mí quería que siguieras siendo mi pequeño… pero ya no eres un niño, eres casi un hombre hecho y derecho y supongo que ahora que te has enamorado no pasará mucho tiempo hasta que empieces a experimentar.

—¿Experimentar? —preguntó desconcertado. No le había sonado nada bien eso de experimentar.

—Bueno, sí. Quiero decir que es normal. Todavía recuerdo lo qué es tener al lado la persona que quieres, el mundo girando solo por pensar en él, el estómago dando vuelcos extraños, el no poder apartar los ojos de él, el deseo, la curiosidad por su cuerpo y las ganas de que él descubriera el mío, el placer…

—¡Mamá! —exclamó Hanamichi azorado entendiendo por fin de lo que su madre quería hablarle.

—Hanamichi, sé que te incomoda que te hable de sexo cariño pero hay cosas que has de saber.

—Mamá por favor…

—Además no deberías avergonzarte, el sexo es algo natural y normal entre dos personas que se quieren.

—Ya bueno, pero no es un tema de conversación para una cena con tu madre. Y además entre gustar y querer hay un trecho muy grande. No ceo que debas preocuparte por…

—Claro que me preocupo. Precisamente porque gustar y amar no es lo mismo. No voy a intentar explicarte como se conciben los niños, no esa la charla que… porque supongo que todo eso a estas alturas ya lo sabes.

—Gracias a los dioses por eso —murmuró Hanamichi rojo como un tomate.

—Bien, porque el sexo es mucho más que hacer bebés. Aunque ese es un aspecto que no debes olvidar si estás con una chica.

Hanamichi no dijo nada. El día había pasado de ser algo fuera de lo normal al surrealismo total a demasiada velocidad para saber como reaccionar.

—Hanamichi, hacer el amor con alguien es… crea un sentimiento de unión como casi nada que puedas imaginar. No voy a decirte que no lo hagas todavía, porque no sería justo, ni bueno, pero sí te diré que lo pienses antes de dar ese paso con quienquiera que sea. Porque es un paso que no tiene vuelta a atrás. Y no quisiera que hicieras nada de lo que luego puedas lamentarte.

—¿Ya has terminado de torturarme? —preguntó aprovechando una pausa en el discurso de su madre.

—Hanamichi no te torturo. Solo quiero que seas consciente de que hacerse mayor implica responsabilidades y que una vez…

—Sí una vez hecho no hay vuelta atrás —le cortó él queriendo acabar con esa conversación cuanto antes.

—Oh dios mío Hanamichi cariño. ¿Me estás diciendo que tú ya…? —exclamó espantada la mujer malinterpretando las palabras de su hijo.

—Mamá de verdad que agradezco tu preocupación y… —calló, tampoco iba a admitir que era virgen delante de su madre. De hecho no tenía intención alguna de comentar nada más sobre su sexualidad con nadie nunca jamás de los jamases.

«¡Dios que bochorno!» pensó. Luego vio la cara de su madre y a pesar de todo quiso tranquilizarla.

—No tienes por qué preocuparte. Papá y tú hicisteis un buen trabajo educándome, aún y cuando a veces no lo parezca.

—Lo sé hijo, es solo que… tengo miedo de que no te sientas cómodo con…

—Claro que me incomoda hablar de esto. ¡Eres mi madre! ¡Las palabras sexo y madre en la misma frase no deberían estar permitidas!

—Pero es que una no existe sin la otra cariño. Los hijos no vienen de París precisamente.

—Vale, ya vale. Ya has traumatizado mi pobre y puro cerebro por lo que me queda de vida.

—Hanamichi ese no es modo de hablarle a tu madre —dijo sin poder contener una sonrisa asomándose por debajo de su nariz—. Además a tu edad no hay cerebros puros.

Hanamichi rodó los ojos ante el comentario de su madre y esta estalló en una sonora carcajada. Cuando pudo parar de reír miró a su hijo que empezaba a parecer enfadado, aunque sabía que solo lo aparentaba y dijo:

—Está bien, está bien. Solo una cosa más.

—Está bien, dilo y acabemos con esto —dijo resignado mejor aguantar ahora un poco más a que otro día le hablara de ello de nuevo.

—Cuando llegue el momento, a ser posible de aquí mil años, prométeme que usarás protección. Aunque sea con alguien de confianza, aunque no haya peligro de embarazo… no quiero perder a nadie más de SIDA o cualquier otra enfermedad.

—Mamá. Papá ya me dio la charla cuando…

—¿Lo hizo? —murmuró con los ojos cristalinos.

—Sí. Sin condón no hay sexo. Lo entendí entonces y no lo he olvidado. ¿Podemos por favor dejar de hablar de esto?

—No sabía que tu padre ya te había hablado de esto. Y estaba preocupada. Pronto…

—Mama. Lo entiendo de verdad. Y te lo agradezco. Pero no tienes de qué preocuparte.

—Muy bien. Solo una última cosa.

Hanamichi puso cara de exasperación.

—Sé que los jóvenes hoy en día estáis muy informados de todo, pero aún así si tienes alguna duda sobre algo me gustaría que recordaras que puedes hablar conmigo.

—Mamá eres muy amable pero… ¿De verdad esperas que voluntariamente me someta de nuevo a la tortura de hablar de sexo contigo?

—Solo si sientes que lo necesitas. Y no hablaba solo de sexo cariño. El sexo es algo importante en las relaciones, pero si los dioses quieren será algo que todavía tardarás un tiempo en…

—De verdad no quieres que lo haga… —murmuró Hanamichi entre sorprendido y enternecido.

—No es eso. Pero es que a vuestra edad… hijo el sexo siempre lo complica todo. ¡Y hay tantas cosas en una relación que deberías experimentar primero antes de llegar a ese punto! Todo el mundo se apresura a llegar al sexo como si fuera una meta, como si fuera un único tren y tuvieran prisa por subir a él, o miedo a perderlo. Y no se dan cuenta de lo que se pierden por el camino. No quiero que luego te arrepientas. Además el primer amor es algo muy importante.

—Mamá no es la primera vez que…

—Sí lo es hijo. Y tú lo sabes. Por lo menos es la primera vez que la persona que te gusta corresponde tus sentimientos.

—¿Tu instinto de madre te ha contado eso también? —se burló él al sentirse descubierto. ¿Tan transparentes eran?

—No cariño, vosotros lo habéis hecho. Resulta bastante obvio cuando os miráis, cuando os tocáis o incluso cuando os habláis, que os gustáis.

Hanamihi abrió mucho los ojos y notó como sus orejas ardían, señal inequívoca que su piel empezaba a rivalizar con el color de su pelo.

—Es un buen chico, y me alegro de que le gustes como él te gusta a ti.

Hanamichi no supo qué decir.

—Hoy me habéis hecho pensar tanto en Ginta y Subaro —murmuró ella, con los ojos centelleantes de nuevo.

—Háblame de ellos —murmuró Hanamichi pasado un rato.

Dicho esto empezó a comerse los fideos mientras su madre le contaba viejas historias de su amigo y el primo de su padre.


Grissina: Os debo una disculpa por el enorme retraso de este final. Cuando empecé a subir la historia casi estaba terminada, pensé que con treinta capítulos de margen podría acabarla a tiempo y me pudieron las ganas de compartir la historia con vosotras. No podía prever que las cosas se me iban a torcer como hicieron. He intentado acabarla muchas veces, pero mi estado emocional no era el adecuado, todo lo que lograba era retorcerlo todo en un amasijo de angustia y algo en mi me decía que eso no era lo adecuado. Muchos meses han pasado, acumulando borradores, unos más tétricos que otros. Al fin mi época oscura parece estar apaciguándose, lo que me ha permitido por fin escribir un final con el que me siento cómoda. No se si es el adecuado o no; tengo la ligera sospecha que mi reciente renovado optimismo lo ha distorsionado tanto como mi depresión distorsionó los diez intentos previos, pero lo cierto es que no me importa que esta historia tenga un final feliz y libre de dramas (más o menos).

En cualquier caso mil gracias por las decenas de rieviews que recibí con los primeros capítulos y que me han hecho querer seguir intentando acabarla hasta que lo he logrado. Espero que disfrutéis de estos últimos capítulos.