…El Sonido del Silencio…
CAPITULO XXXVII: La verdad
Cuando se quiere dar amor, hay un riesgo: el de recibirlo.
Molière (1622-1673) Dramaturgo francés.
—Muy bien hijo, tú dirás —dijo su padre después de una buen rato de silencio tenso.
Al final la madre de Hanamichi se había ofrecido a llevarse a su hermana al parque para que ellos pudieran hablar. Habían salido hacía ya un rato y Hanamichi empezaba a estar a punto de explotar. Kaede había estado mirando al suelo todo el rato, se había sentado en el mismo sofá que el pelirrojo pero alejado, y no había abierto la boca.
—¿Recordáis que…? No puedo —dijo con un hilo de voz sin mirar a nadie, tenso hasta el punto de casi empezar a temblar.
—¿Prefieres que me vaya? —preguntó muy suavemente Hanamichi. Era muy consciente de que había algo en todo aquello que Kaede no quería que él supiera, quizá era eso lo que le estaba dificultando el hablar.
Pero el moreno dijo un:
—¡No!
Tan inesperado que les hizo dar un bote a todos.
—¿Quieres que les cuente yo…? —ofreció entonces Hanamichi pero no terminó la frase porque en ese momento se dio cuenta de que Kaede estaba llorando—. Dios, nunca debí permitir que…
—¿No es culpa tuya, recuerdas? —dijo Kaede casi en tono de súplica levantando la cabeza por primera vez desde que había entrado al salón. Tenía los ojos llenos de lágrimas silenciosas, y fue como si a Hanamichi le hubieran estrujado el corazón.
—¿El qué no es culpa suya? —preguntó el señor Rukawa.
Sin apartar la mirada de Hanamichi, Kaede empezó a hablar con voz muy baja tras una profunda respiración.
—En primero vi como un profesor intentaba propasarse con un alumno —Kaede suspiró de nuevo al ver la cara de incredulidad de Hanamichi—. Un compañero de clase, Okiguchi Makoto. Yo… amenacé al profesor con contárselo a alguien si lo intentaba de nuevo.
—¿Ese profesor es el mismo profesor de matemáticas con quien tuviste problemas por las notas? —Inquirió su padre mirando a ambos jóvenes atentamente y con el cejo fruncido.
—Sí —respondió Kaede tragando con dificultad—. Estuve todo el curso pendiente de Okiguchi, pero el profesor no se le acercó de nuevo, así que pensé que ya estaba todo solucionado. Este año ha entrado en primero un amigo de Okiguchi, Nakase Hideaki. Es muy pequeño, no tiene la fuerza física que Okiguchi o yo teníamos en primero, ni el carácter tampoco. Cuando el profesor se acercó a Hideaki me enfrenté al profesor de nuevo. Pero esta vez… yo no lo sabía, pero el profesor me había visto el año anterior besándome con… bueno, no besándome, yo… —empezó a tartamudear mirando a Hanamichi…
—¿Quieres que salga? —preguntó Hanamichi intentando que no se notara en su cara lo que estaba sintiendo.
—No —tomó aire de nuevo y mirando de reojo a sus padres, a quienes no se atrevía a ver a la cara, les preguntó— ¿Recordáis la noche que me preguntasteis por Hanamichi? ¿Cuándo…?
Pero no terminó la frase. Su madre había exhalado con una exclamación y ahora con la boca tapada por las manos miraba a su hijo y luego a su padre con los ojos desorbitados.
—¿Qué sucede? —preguntó asustado su padre.
—Cariño —musitó la señora Rukawa— ¡Él! ¿Ése profesor te ha estado…?
Kaede bajó más la cabeza si es posible, claramente deseando que la tierra le engullese. Entonces la mirada de la señora Rukawa topó con la de Hanamichi y este se sintió obligado a hablar.
—Siento mucho no haber hecho nada antes. Yo… un día oí como el profesor le ofrecía a Kaede unas clases particulares para aprobar el examen de recuperación. Kaede se negó en rotundo y yo estaba tan sorprendido que no me di cuenta realmente de lo que esa conversación había significado. Luego me echaron del equipo por culpa de ese mismo profesor y pensé que si Kaede y yo uníamos fuerzas lograríamos echarle del instituto y yo podría volver al equipo. Fue cuando hablé con él que me di cuenta de que lo que había sucedido le había afectado realmente. Yo… Kaede no ha querido contarme todo, pero sé que su miedo es real, y Kaede no se asusta, nunca, por nada. Estaba convencido a ayudarle, ya no por mí si no por él. Él y yo no nos llevábamos muy bien, así que no sabía como ayudarle realmente. Y entonces vi… —Hanamichi se detuvo, a la espera de que Kaede le hiciera parar, pero cuando el moreno no dijo nada y solo se encogió un poco más en su punta del sofá, Hanamichi decidió seguir hablando él—. Cuando le vi besando a ése profesor yo…
—Te quedaste sin aliento —dijo la señora Rukawa recordando la conversación que habían tenido días atrás en esa misma sala.
—Perdí el mundo de vista un segundo, caí y cuando desperté no oía nada. Estaba tan enfadado. Creí que, no sé, creí que Kaede solo se había reído de mí, que… fui un idiota pero le culpé de mi pérdida de audición. Pero luego vino a verme y… Cuando recuperé el oído me calmé y me di cuenta que Kaede no tenía la culpa de nada y que seguía necesitando ayuda así que vine a verle.
Kaede lloraba silenciosamente, mientras sus padres escuchaban a Hanamichi atentamente.
—Pero Kaede… bueno nuestra relación nunca había sido buena y la culpa es mía así que bueno… él no confiaba en mí. No quería confiar en mí, no quería mi ayuda y pensé en ir y decírselo a alguien, pero yo le había prometido no decirle nada a nadie. Así que le dije a Kaede que quería ser su amigo, insistí tanto como pude. Al final él solo aceptó intentarlo porque le prometí no preguntarle nada del pasado. Y sé que no debí prometérselo, es más, probablemente debería haber ido a dirección en cuanto supe lo que… pero realmente me apetecía ser su amigo y… Cuando empecé a tener problemas con el oído mi relación con… mis amigos y yo nos distanciamos. Estar pasándolo mal y no tener a nadie a tu lado es horrible, y no quería que él… No sabía qué hacer para ayudarle, no quería mí ayuda pero como mínimo podía intentar estar ahí par…
La mano de Kaede enlazándose con la suya le hizo dejar la frase a medias.
—Me había dejado en paz en primero porque temía que… —dijo Kaede con la voz rota, pero parecía que había controlado un poco el temblor, quizá por tener a Hanamichi agarrándole la mano—. Temía que le delatase, o quizás que le pegase, no lo sé. Pero luego se enteró de que soy… de que soy homosexual… y empezó a… al principio solo eran frases idiotas, flirteaba conmigo y yo le mandaba a la mierda, pero él seguía insistiendo. Yo… yo pensé que mientras solo fuera eso no pasaba nada, que como mínimo así quizá no molestaría a nadie más. Pero un día me dijo que sabía que yo era… dijo que se lo contaría a todo el mundo, que me echarían del equipo que… dijo que estaría callado si le daba un beso.
Las manos del señor Rukawa, que sujetaban su taza de te tan fuertemente que tenía los nudillos blancos, rompieron la porcelana a pedazos y el hombre soltó un alarido de dolor y frustración.
—¡Papá! —exclamó Kaede levantándose del sofá, soltando a Hanamichi y corriendo a mirar la mano de su padre, que sangraba levemente.
Pero este apartó las manos de su hijo y luego le envolvió en un abrazo posesivo y protector.
—Voy a acabar con ése hombre —murmuró mientras Kaede empezaba a llorar de nuevo.
Mientras, Hanamichi ayudó a recoger los trozos de porcelana del suelo, y siguió a la señora Rukawa a la cocina.
Mientras ella cogía un paño limpio de un cajón murmuró.
—¿Te gusta mi hijo, verdad?
—Sí —musitó Hanamichi casi muerto de nervios.
—¿Lo sabe? —preguntó algo más tensa.
—Sí
—Bien —le dijo con una pequeña sonrisa—. Ahora ayúdame con esto —le dijo tendiéndole el paño limpio y cogiendo ella otras cosas de la cocina y volviendo a la sala.
Cuando entraron, padre e hijo seguían abrazados, aunque Kaede estaba ahora recostado en el pecho de su padre y había dejado de llorar.
—A ver déjame ver esta mano —dijo la señora Rukawa.
Soltando a su hijo el señor Rukawa se dejó curar estoicamente, Kaede volvió al sofá y esta vez se sentó bien cerca de Hanamichi.
—Tu madre lo sabe —susurró Hanamichi tomándole de la mano.
—Papá también —dijo recostando la frente en el hombro de Hanamichi escondiendo una leve sonrisa. Hanamichi se tensó un poco al ver como desde la butaca eran observados por el matrimonio Rukawa.
—Gracias —murmuró el señor Rukawa cuando su mujer terminó de curarle la mano—. Kaede, sé que es duro pero necesito que acabes de contarnos qué sucedió. Luego iremos a la comisaría y cursaremos una denuncia. El lunes mismo iremos a hablar con el director. Y pronto ése hombre estará fuera de tu vida para siempre, pero primero has de contarnos qué sucedió.
—Lo entiendo —dijo Kaede levantando la cabeza del hombro de Hanamichi y mirando a su padre con aire sumiso, mucho más tranquilo que instantes antes.
—¿Quieres que me vaya? —le preguntó de nuevo Hanamichi con suavidad.
—¿Por qué no paras de preguntarle si quiere que te vayas? —dijo el padre de Kaede algo exasperado mirando a ambos jóvenes.
—Porque sé que hay algo de lo que no ha contado aún que no quiere que yo oiga. Porque tiene miedo de que me culpe de algo o de que deje de gustarme, no se —dijo Hanamichi mirando al señor Rukawa y luego a Kaede, con quien todavía estaba cogido de las manos—. Y aunque quisiera saber qué es lo que no me ha dicho prefiero no saberlo y que se acabe todo esto a obligarle a que me lo cuente y que luego se aleje de mí.
—Serás tú el que querrá alejarse de mí —dijo bajando la cabeza Kaede.
—No —replicó Hanamichi levantándole el mentón delicadamente—. Eso no pasará. Está bien, es posible que me enfade al principio, pero yo me enfado por cualquier cosa, y luego se me pasa.
—¿Y si no se te pasa?
—No hay nada que puedas haber hecho que…
—Pero es que… —Kaede estaba empezando a híper ventilar.
—Creo que se lo has de contar a alguien Kaede, y entonces te darás cuenta de que no has hecho nada tan terrible que yo no te pueda perdonar. Por favor, recuerda que estamos hablando de mí.
—Me odiaste durante un año porque la chica que te gustaba iba detrás de mí —se quejó Kaede.
—¿Y luego me enamoré de ti, no?
Kaede se abrazó a él y susurró en su oído.
—Prométeme que no saldrás corriendo.
—Te prometo que no saldré corriendo.
—¿Te quedarás aquí conmigo hasta el final?
—Hasta el final.
—¿Aunque estés enfadado?
Hanamichi se separó de él y le hizo mirarle a los ojos.
—Aunque me apetezca abrirte la cabeza de un cabezazo mortal, me quedaré aquí sentado a tu lado, te daré la mano y me morderé la lengua si hace falta.
—Solo intenta… recuerda que hay mis padres —dijo Kaede con una sonrisa triste mientras una lágrima corría por su mejilla.
Hanamichi se la secó con su propia mano y ambos jóvenes respiraron hondo.
—Hanamichi se queda —dijo Kaede girándose hacia sus padres como si no hubieran oído esa conversación entre ellos.
—Bien —dijo su padre todo serio, pero Kaede pudo ver como una sonrisa bailaba en sus ojos por unos instantes, su madre era mucho más evidente y su sonrisa era casi contagiosa.
Kaede tomó aire y prosiguió su relato.
—Yo… había días que no me molestaba tanto, que le consentía sus bromitas con una mueca de sonrisa solo para no tener que decirle que me dejara en paz otra vez, y él me subía la nota un punto cada vez que eso pasaba. Me siento como si llevara todo el semestre haciendo trampas. Y entonces Hanamichi empezó a tener problemas y casi de un día para el otro le suspendieron del equipo. Intenté que recapacitara e hiciera el examen pero no quería hacerme caso, y entonces se enteró de lo que sucedía, más o menos y… Fui a hablar con el profesor. Le pedí que por favor dejara volver a Hanamichi al equipo que yo… que si… yo… le dije que le besaría.
—¿Le besaste por mi?
Kaede negó con la cabeza gacha.
—Es aún peor. Al ver mi interés por ti empezó a sospechar que me gustabas y un día nos vio juntos hablando y… solo se acerca a los alumnos que sabe que son gays papá, creí que… creí que intentaría…
—Kaede —susurró Hanamichi que no le había soltado la mano y ahora le pasaba un brazo por los hombros de forma protectora—. Pero yo le habría dado una paliza si se le ocurre…
—¿Pero y si no podías? Me juró que si le daba un beso se olvidaría de ti por completo, incluso dejaría de hacerte la vida imposible en clase, te dejarían volver al equipo. Dijo que de todos modos tú nunca me querrías porque a los raritos como nosotros nadie les quiere nunca. Dijo que… yo solo quería que acabara todo y que tú no te vieras envuelto en nada. Habías sido tan amable conmigo los últimos días…
—¿Entonces fue cuando le besaste? —preguntó Hanamichi con suavidad.
Kaede hizo que sí con la cabeza.
—¿Kaede, hijo, fue esa la primera vez que le besabas?
Kaede hizo que no con la cabeza.
—A principio de curso me prometió dejar a Hideaki en paz si le besaba. Le dejó en paz y pensé que con Hanamichi sería lo mismo.
Se hizo el silencio unos instantes. Nadie parecía saber qué decir.
—¿Qué más ocurrió? —insistió su padre.
—Hanamichi nos vio, cayó al suelo, y al profe le entró el pánico. Me prometió dejarnos en paz a los dos si guardábamos silencio. Mi silencio por su silencio. Acepté, me convencí que con eso se acababa todo. Pero el hombre tenía miedo de lo que Hanamichi sabía. Tenía miedo de lo que yo sabía. Y meterse conmigo era superior a él. El día del examen de mates… se dio cuenta de que Hanamichi me había estado ayudando a estudiar y se metió conmigo.
—Fue el día que nos peleamos…
—Tú no querías volver hasta tener la nota segura en tu mano y yo necesitaba que volvieras, necesitaba que las cosas volvieran a la normalidad cuanto antes, y sabía que ambos habíamos aprobado, ni entregando el examen en blanco se hubiera atrevido a suspendernos… pero tú dijiste que no, y yo me sentía fatal y… Fui injusto, de algún modo sentía que me debías el volver al equipo y tú habías sido tan tajante que… Lo siento.
—Yo te culpé de perder el oído. Todos hacemos cosas estúpidas cuando estamos enfadados.
—¿Eso es todo hijo? intervino el señor Rukawa.
—Sí. Ayer Hanamichi volvió al equipo inesperadamente y al salir me convenció de deciros la verdad. La verdad es que estaba tan contento de verle que hubiera hecho casi cualquier cosa que me hubiera pedido —añadió sonrojándose un poco.
Hanamichi le abrazó y el padre de Kaede se excusó diciendo que iba al despacho a llamar a la comisaría.
—Kaede, hijo —dijo su madre hablando por primera vez desde que había acabado de curar la mano de su padre—. Deberías habérnoslo dicho antes.
—Señora Rukawa —intervino Hanamichi— él lo sabe.
Ella asintió con la cabeza y silenciosamente salió de la sala dejándoles solos.
—¿Como estás? —preguntó Hanamichi.
—Aliviado. Y muy cansado. Me siento como si pudiera dormir 14 horas seguidas.
—Me siento orgulloso de ti, Kaede. Te esforzaste para aprobar por ti mismo, no cediste a ése… y ahora se lo has contado todo a tus padres, incluso le has dicho a tu padre que estamos juntos.
—De hecho me lo ha preguntado él a mí.
—Tu madre también. Debemos ser muy evidentes.
Kaede suspiró y se recostó en el pecho de Hanamichi, que le rodeó con los brazos y se recostó en el sofá. Pasado un rato empezó a acariciarle el cabello a Kaede y éste murmuró:
—Me podría dormir así.
—Tú te puedes dormir hasta montado en una bicicleta —rió Hanamichi. Y tragó con algo de dificultad cuando la mano de Kaede le acarició el estómago.
—Hanamichi… la persona con quien me vio besándome el profe fue Makoto —susurró Kaede mordiéndose un labio y separándose de él—. Pero no es lo que piensas —añadió rápidamente—. Como quería vigilarle por si el profe de mates se acercaba a él de nuevo yo… nos hicimos amigos.
—Kaede no me debes ninguna explicación, ¿lo sabes verdad?
—Pero quiero contártelo —dijo tomándole una mano y empezando a jugar con sus dedos de forma nerviosa—. Makoto es mi amigo y no quiero que le odies. No es lo que crees —dijo levantando la mirada—. Al principio solo éramos buenos compañeros, pero luego cuando ambos descubrimos que el otro también era gay… de algún modo saber que no éramos los únicos nos unió y luego… Makoto es muy buen tío, se portó muy bien conmigo y un día…
—Kaede, de verdad, no hace falta que me lo cuentes.
Kaede le soltó la mano, y se retorció las suyas en el regazo. Hanamichi seguía bien sentado en el sofá, casi como si quisiera que el mueble le absorbiera. Kaede en cambio estaba sentado en la punta, casi a punto de levantarse.
—No. No es lo que crees, es solo que me da algo de vergüenza decirte por qué nos estábamos besando. No hemos estado nunca enamorados el uno del otro Hanamichi, es solo que… Fue… —entonces Kaede levantó la vista y al ver la mirada de Hanamichi, respiró profundamente, se mordió un instante el labio superior y luego cambiando de tono dijo—: Júrame por tu padre que Makoto no sabrá nunca que te lo he contado.
—Te lo prometo —respondió Hanamichi.
Entonces Kaede se sentó bien a su lado y sin mirarle empezó a contarle la verdad.
—Él no había besado nunca a ningún chico. Había tenido una novia el año anterior pero a las dos semanas de estar juntos le había dejado y luego había esparcido el rumor por ahí de que era muy mal besador. Makoto estaba empezando a salir con un chico y no se habían besado aún porque a Makoto de daba miedo que ese rumor sobre sus malos besos fuera cierto y…
—¿Y te ofreciste a probarlo tú o te lo pidió él? —recortó algo bruscamente Hanamichi a la vez que se incorporaba y se sentaba en el borde del sofá.
—Hanamichi, no te enfades —dijo estirando el brazo para cogerle del antebrazo—. Solo fue un beso —le dijo en tono lastimero—. Además, has dicho que no necesitaba darte explicaciones.
—¿Pues entonces para qué me las das? —dijo Hanamichi girándose de cara a él para verle la cara.
—Porque sé que no saber te hace daño —dijo Kaede sin titubear mirándole a los ojos—. Hanamichi, Makoto y Hideaki realmente son amigos míos, y me gustaría que… Sería un palo si mis amigos y mi… —dudó— ¿novio? —Tanteó alzando las cejas— no se llevaran bien, ¿no crees?
—¿Sabes qué creo? —preguntó Hanamichi muy serio.
—¿Qué? —preguntó ansioso y preocupado Kaede.
Entonces Hanamichi suspiró y se recostó sentado a su lado de nuevo.
—Creo, que me encanta como suena eso de novio —dijo sonriendo y dándole un golpe con el hombro a Kaede.
Kaede también sonrió y luego recostó su cabeza en el hombro de Hanamichi y entrelazó su mano con la del pelirrojo.
En ese instante se abrió la puerta de la sala. Era el padre de Kaede. Hanamichi hizo el intento de apartar la mano pero Kaede no se la soltó y Hanamichi no insistió.
—Kaede —dijo el señor Rukawa, que por un momento se quedó parado mirándoles las manos, pero pronto se recuperó de la sorpresa y se sentó en la butaca que había ocupado antes—. He hablado con Rikuto. Watanabe Rikuto es un íntimo amigo de la familia, es abogado —añadió mirando a Hanamichi, quien se sintió agradecido de ser incluido en la conversación de ese modo—. Me ha dicho que si queremos podemos ir a comisaría ya mismo, pero él preferiría poder hablar contigo antes. Sabemos que no es algo que quieras tener que contar muchas veces más pero él cree sinceramente que quizá te será más fácil si las preguntas difíciles te las han hecho ya antes de ir a hablar con la policía. En cualquier caso es tu elección.
—Papá —empezó a decir Kaede, pero se detuvo en busca de las palabras adecuadas—. No me gusta recordar lo que he hecho, pero lo más difícil ya ha pasado, tú y mamá ya lo sabéis todo y eso es lo único que me preocupaba. Ahora solo quiero que esto termine cuanto antes.
—Entendido. Hanamichi —dijo entonces el señor Rukawa, y el pelirrojo se tensó de golpe—. Riuko también quisiera poder hablar contigo, especialmente si quieres testificar en comisaría.
—¿Estoy en problemas? —preguntó asustado
—¿Problemas? —repitió el señor Rukawa claramente sin entender a qué se refería.
—Por no haberlo contado a nadie antes.
El señor Rukawa rió con un pequeño bufido y le dijo que no, que el abogado solo estaba intentando atar bien todos los cabos para blindar el caso y lograr el mayor castigo posible contra ese profesor.
—Cuenten conmigo para lo que sea, señor Rukawa —respondió con mucha pasión Hanamichi.
—Bien —respondió él con una pequeña mueca de sonrisa—. Mi mujer ha ido a llamar a tu madre. Si quieres ayudar tenemos que hablar con ella, eres menor y no podemos llevarte a ver nuestro abogado o a comisaría con nosotros si ella no está de acuerdo.
Kaede palideció pero no dijo nada.
—Ella lo entenderá, señor Rukawa —dijo Hanamichi aún de forma apasionada.
—Papá —dijo Kaede entonces —sería posible que hable yo con la señora Sakuragi antes de que hables tú con ella.
—Como quieras. ¿Hanamichi querréis quedaros a comer?
—Sí, claro señor Rukawa.
—En ese caso, porqué no vais a la cocina y ayudáis a poner la mesa —les ordenó amablemente el señor Rukawa.
Ellos se levantaron y Kaede guió a Hanamichi hasta la cocina, donde la madre del moreno estaba acabando de preparar la comida.
Tenían la mesa casi puesta cuando sonó el timbre.
—Voy yo —dijo Kaede y dejó solo a Hanamichi y a su madre.
Cuando hubo salido la señora Rukawa dijo:
—Hanamichi, quería darte las gracias.
Hanamichi le miró extrañado, y dijo:
—No es molestia, señora Rukawa —levantando los bastoncitos que tenía en la mano y estaba a punto de llevar a la mesa.
Ella sonrió.
—Eres un buen chico Hanamichi. Mi marido y yo te estamos muy agradecidos por haber estado al lado de nuestro hijo. Sé que no es fácil tratar con él a veces, especialmente cuando no quiere tenerte cerca.
—Él también ha estado ahí para mí, señora Rukawa. Él logra que me olvide de que estoy enfermo, ¿sabe? —le confesó poniéndose rojo.
—Asegúrate de hacérselo saber cuando todo esto acabe. ¿Lo harás?
—Sí señora Rukawa.
—Bien. Ahora vamos a presentarte a mi hija y luego comeremos —dijo amablemente y sonriendo se lo llevó de la cocina.
